Capítulo 19

Cauchemar

China veía fijamente a la joven nación asiática.

– No sé qué pensar de ti.

– ¿Qué tal el Creador de todo?

– No, aru.

– ¿Saben?, siempre he pensado en tener un hijo, pero ahora ya no estoy tan segura. – Dijo pensativa Hungría. – No quiero que vean cosas que nadie más puede ver y que se asusten por ello.

– Pero estoy seguro de que los hijos le darían mucha alegría a tu vida. – Sonrió Rusia. – Pregúntale a Inglaterra.

– Si, alegría. – Rezongó sarcásticamente el inglés, mirando a América específicamente.

– Ah, el solo oír sus dulces voces llenas de pureza e inocencia. – Suspiró Francia soltara una risita y pusiera su brazo en el hombro de Canadá. – Ya sabes, extraño mucho los días cuando eras mi pequeña y linda colonia.

– Mi hermano no estuvo tanto tiempo contigo. – Se apresuró a recordarle América.

– Y una cosa más. No necesitamos dos pervertidos corriendo alrededor de este lugar.

– Suiza, me heriste. – Fingió haber sido herido en el pecho. – Broma aparte, tan adorables como ellos, estoy seguro de que ninguno de ustedes puede negar que los niños tienen una afinidad espeluznante para no leer la atmósfera. Y no estoy hablando de alguien como Italia y América; digo que cuando hablan, lo hacen con ingenuidad, no con estupidez. A veces me he preguntado qué tan lejos pueden llegar antes de que sus palabras causen problemas.

– ¡Wow! Eso es muy profundo de tu parte, Francia. – expresó Inglaterra genuinamente impresionado, aunque no lo demostrara. – Pero trata de explicarte más cuando te refieres a que cualquier niño puede causar algún daño. }

– Bueno, si tu insistes…

Cauchemar – Nightmare

Basado en "The Bad Dream"
Créditos a su autor anónimo.

– ¿Papá?

Abres y cierras los ojos cansadamente. Por un momento te preguntas si es la brisa desde la ventana abierta lo que hizo que te despertaras antes de ver la silueta de tu hijo en el marco de tu puerta, agarrando su osito de peluche. Miras al reloj. Su avivado color rojo fácilmente te permite checar la hora: son las 2:37 de la mañana. Te apoyas en un codo.

Oh mon petit Matthieu, ¿qué sucede?

Matthieu permanece vacilante desde la entrada de la puerta hasta el interior de tu cuarto, como no queriendo entrar.

– Tuve un mal sueño.

– ¿Quieres dormir conmigo esta noche? Puedes contarme todo si quieres. – Te ríes entre dientes suavemente cuando le dices esto. Normalmente todo el mundo haría un comentario de cuán obsceno estabas actuando, sobre todo porque te referías a un niño, por decirlo así. Dirían que estabas siendo un viejo pervertido. Aun cuando tienes límites, y asimismo, era sólo un deseo natural de estar cerca de tu hijo cuando tiene miedo.

Pero tu hijo no se acerca.

– No, papá.

Te sientas un poco más derecho. Era raro que tu hijo acepte la oportunidad de dormir contigo (¡en el sentido no sexual, por supuesto!). Apenas puedes verlo temblando en la oscuridad. ¿Qué tan terrible fue la pesadilla?

"Pourquoi non moncher? ¿Por qué no?"

Matthieu tragó saliva.

– P-p-porque en mi sueño, c-cuando te contaba sobre mi sueño, la-la persona a lado tuyo volvió a meterse a la cama.

Fue el segundo más largo de tu vida, te quedaste mirando espantosamente a tu hijo, petrificado. Ahí es cuando te das cuenta de que nunca invitaste a nadie a dormir contigo esa noche.

Ni qué dejaste la ventana abierta antes de ir a la cama.

Las sábanas al lado de ti comienzan a cambiar...