Capítulo 27
The empty room
– Geez, Suiza, ¿Tú crees que alguien en verdad llegara tan lejos para vengarse? – América medio rió, medio lloró. La historia no terminó de la manera en que él esperaba. Suiza no respondió. – Oye...
– ¡Aléjate de mí! – Gritó Romano a su hermano menor, quien ahora había corrido donde él, España, Prusia y Francia. Italia negó con la cabeza.
– Prométeme que nunca harás algo escalofriante como ir a gastar dinero hasta morir sólo por mí. – dijo entre sollozos.
–Bien, no por ti, ¡maldición! – Gruñó Romano, apenas capaz de mantener a Italia al margen. Pero él tuvo que agarrarlo alrededor de la cintura para que dejara de correr hacia Francia cuando éste lo invitó a acurrucarse a lado de él.
– ¡Detente, idiota! No vayas hacia él.
– Ah, pero estoy asustado y necesito a alguien conmigo. –pretendía el francés, nervioso.
– Esa es incluso una mejor razón para no dejarlo ir. – observando alrededor de la sala, solo notó que la mayoría de las naciones se habían separado en grupos a través de las historias contadas. Además, ellos, los tres nórdicos estaban en un holgado grupo tal como los bálticos. Rusia estaba con sus hermanas (aunque todavía alejándose de Bielorrusia cuando podía), e Inglaterra y Canadá estaban tratando de obligar a América para que saliera debajo de su chaqueta con la que se cubría la cabeza. El resto de los países estaban separados en grupos regionales. A excepción de Alemania, Japón y China.
– ¿Qué? ¿Por qué? ¿Ustedes tres no están asustados aún?
– ¿Por qué deberíamos? – Alemania alzó una ceja. – Son sólo historias, contado entre un grupo de… amigos podría decirse?
– Hai, además, es lindo poder estar todos juntos y compartir creepypastas. Esto es algo que deberíamos hacer más seguido.
– Oh. – De repente China se veía afligido. – Pero… no creo que deberíamos compartir todo el tiempo…
The Empty Room
Basado en "Mr. Widemouth"
Créditos a: perfectcircle35
Cuando era joven, mi familia y yo vivíamos en una pequeña casa cerca de la orilla de un bosque. Recuerdo que pasaba muchas horas con mis amigos ahí y jugando a escondernos y buscarnos y perseguirnos, tejiendo entre los brotes del bambú. A veces sólo estaríamos en el frente del jardín y jugando Hombre Ciego hasta que el sol se ocultara. Recuerdo que siempre me divertía cuando jugaba a fuera.
Sin embargo, las historias de jugar afuera eran incluso más coloridas. A veces me gusta pensar que nada más tengo una muy creativa y vivida imaginación, pero una parte de mí, muy dentro de mi mente me dice que me estoy engañando a mí mismo. Los recuerdos de mis momentos dentro de la casa estarán dentro de mi hasta el día de mi muerte.
Cuando tenía cinco, el doctor me diagnosticó un severo caso de Chikungunya y la fiebre me tumbó en la cama por varias semanas. Mi madre me dio té varias veces y libros para leer en caso de que me aburriera, pero ambos padres me dejaron muchos días solo por horas para que pudiera descansar. Nunca les dije que rara vez me quedaba dormido mientras se iban.
– ¿No quieres ir afuera ahora?
Suspiré mientras cambiaba la página de mi libro. No puedo recordar cuándo fue la primera vez que le conocí, fue en algún momento después del diagnóstico del doctor, pero desde ese día, él estaba empecinado en que saliera del cuarto. El chico de cabello claro y ojos púrpura permanecía conmigo desde el primer día de mi fiebre.
–No, Ivan, estoy enfermo, aru. – le contesté un poco impaciente. – Así que no puedo salir hasta que esté mejor.
Ivan me miró desde el borde de mi cama, desconcertándome ligeramente. Su sonrisa y ojos brillantes eran tan… escalofriantes.
– Da, entonces te ayudaré a estar mejor. Podemos jugar un juego.
– ¿Un juego? ¿Ahora?
– No, no ahora. Después. –estuvimos en silencio por un rato mientras continuaba leyendo. – Me gusta tu cuarto.
El aparentemente comentario fuera de lugar hizo que lo volteara a ver curioso.
– ¿Qué?
– Me gusta tu cuarto. Es realmente grande. ¿Crees que podría tenerla?
–¡No! Es mi cuarto. Sólo te estoy dejando permanecer aquí. – Eso era en parte verdad. Nunca supe donde vivía Ivan (si realmente vivía fuera de la casa), pero sé que cuando sea que mis padres vienen a revisarme, él "misteriosamente" desaparece debajo de la cama. El me dijo que era porque si mamá y papá lo ven no lo dejarán estar conmigo.
No creo que eso pasaría.
Esperamos hasta que mi padre se asegurara de que tuviera suficientes libros para mantenerme ocupado por varias horas, luego Ivan salió desde su escondite y dijo entusiasmado. – ¡Juguemos el juego ahora, da!
– O-okay. ¿Qué es, aru?
Ivan caminó hacia la puerta.
–Es un juego especial que sólo se puede jugar cuando nadie está viendo. Tenemos que jugarlo en cuarto vacío. – El cuarto vacío era el que estaba al final del pasillo. Era un viejo cuarto que mi madre y padre nunca se molestaron en decorar o en ponerle muebles; lo consideramos un espacio extra. Estaba indeciso en ir con Ivan desde que no tenía permitido salir de mi cama sin permiso. Pero Ivan insistió en que fuera, así que fui.
Sobre el Cuarto Vacío es que hay una ventana en el lejano muro con vista al patio trasero. Ivan corrió hacia la ventana, empujándola firmemente hacia arriba hasta que la abrió con un suave crujido. Él me llamó con señas. Ví hacia el suelo.
Estábamos en el segundo nivel pero desde que mi casa en una forma inclinada desde esta altura estaría lejos de dos historias.
–Muchas veces me gusta jugar a aparentar. – Sonrió el rubio. – Pretendo que hay un gigante y elástico trampolín justo debajo de la ventana, así que brinco. Si aparentas lo suficiente serás capaz de saltar aquí abajo. ¿Quieres probar, da?
Tenía cinco años y estaba enfermo de fiebre, así que esa lógica sonaba razonable para mí. Aún, consideré la posibilidad. – Parece que está muy lejos allá abajo.
–Pero se supone que así debe ser. No es divertido ni tantito divertido si la distancia es corta. En todo caso mejor brinca en tu cama si quieres. – Mi menuda alucinación me dejaba imaginar a mi mismo saltando desde mi ventana, listo para revotar cual pelota. Tal vez era porque mis padres me habían educado con poca tolerancia por soñar despierto excesivamente pero pronto descarté la idea.
– En otra ocasión será. No tengo ahora la energía para saltar. Y es muy difícil imaginar un trampolín esperándome en el fondo cuando no hay uno.
Aunque sonreía, los ojos de Ivan brillaron con luz trémula y un aura siniestra que emanaba. Pero tan rápido como lo espeluznante vino, desapareció sin rastro.
– Oh. Okay entonces, tal vez en otra ocasión será. – Regresamos a mi habitación, donde permanecimos el resto del día escondidos tranquilamente.
Unos días después, después de que mis padres checaron mi temperatura, Ivan asomó su cabeza en mi cuarto. Salté, ignorando que para empezar él había dejado mi cuarto. – Da, Tengo otro juego que podemos jugar. Quiero enseñarte a hacer malabarismo. – lo observé burlonamente mientras entraba a mi cuarto cargando una pequeña caja. – Podemos practicar con ellos.
Miré dentro de la caja. Estaba lleno con cuchillos cortantes.
– ¡Aiya! ¡Podemos hacer malabares con estos! Mis padres no me dejaran salir si me ven agarrándolos. Seré castigado por al menos un año.
– Pero es mucho más divertido hacer malabares con cuchillos. – El chico hizo pucheros. – Después de todo, qué es más emocionante de ver: ¿alguien haciendo malabares con pelotas o alguien haciendo malabares con espadas? Los cuchillos también son una buena opción.
No pensé en la primera opción, pero una parte de mí se dio cuenta de que Ivan no me dejaría otra opción a menos que tuviera una muy buena razón en su lugar.
–D-después quizá, por favor. He escuchado que para hacer malabares se necesita mucha concentración y aún estoy un poco mareado por el resfriado, aru. No sería divertido para ninguno de los dos si acabo tirándolos por todos lados y mis padres vendrían al escuchar el ruido.
Por un segundo, el chico sonriente de ojos morados me sonreía titubeando y podía ver una mirada amenazadora desde su cara. Luego parpadeó, una sonrisa abierta fácilmente remplazó el ceño fruncido como si nunca hubiera estado ahí.
– Da, tienes razón. No queremos que tus padres vean. – Tomó la pequeña caja y la escondió debajo de mi cama. No dormí bien esa noche.
Los años pasaron. Hace tiempo que me había curado del resfriado, pero Iván seguía insistiendo en jugar para estar mejor. Me empezaba a preocupar. Cuando era joven, Ivan era un pequeño niño, quizá un centímetro más bajo que yo. Pero ahora era casi medio pie más alto y me di cuenta que podía intimidarme para hacer cosas que no quisiera hacer. Nunca hice referencia alguna sobre nuestras alturas mientras él estaba por ahí.
El seguía molestando para que jugara sus juegos "juegos", cada uno de ellos se convertían más y más peligrosos, pronto caí en la cuenta, para mi bienestar. Él sugería jugar a "las traes" en una intersección llena de movimiento, saltar sobre ramas de viejos árboles, e incluso subir de un lado de la casa hasta el techo después de que lloviera. Una vez, después de una tormenta de nieve, me llevó de vuelta al Cuarto Vacío y me dijo que saltara desde la ventana, diciendo que la nieve afuera era suave y amortiguaría mi caída. Había sido joven la primera vez pero ahora era lo suficientemente grande para saber que no era verdad. Y con cada sugerencia que hacía, era más y más difícil para mí darle una excusa válida para evitarlo.
Nunca le dije a Ivan pero mi familia planeaba mudarse un poco después en primavera después de mi décimo aniversario. Mi papá fue promovido y tendríamos que ir a la ciudad para que le quedara más cerca su trabajo.
– Decirle a Iván. – se preguntaba la noche anterior de la mudanza; Ivan yacía en el suelo justo a lado de mi cama. – ¿Qué me dirías si me fuera, aru?
El chico no dijo nada al principio, solo me lanzó una dura mirada.
– Tu no te irías. Debemos estar aquí por siempre. – la manera en tan fría en que lo dijo… fue como si fuera algo ya decidido, algo más que una premonición. Los cabellos en la parte trasera de mi cuello permanecieron se quedaron en su lugar.
– Dui, bien entonces, buenas noches. – Miré hasta que Ivan desapareció por completo debajo de mi cama antes de que intentara encender la luz.
Después de encenderlas y avanzar lentamente debajo de mis sábanas, Ivan hablo desde la oscuridad. – ¿Da, Yao? Tengo algo que quiero darte pronto.
–Puede esperar. – Le dije, con mi voz un poco más alta de lo normal.
Al día siguiente mis padres y yo subimos nuestras pertenencias en un camión de mudanzas. Empaqué todas mis cosas en secreto para que Ivan no sospechara. Después de asegurarme que mi cuarto estuviera completamente vacío fui a buscar a Ivan. Mientras me alegraba de que no estuviera en mi cuarto para verme empacar, me puse un poco inquieto sobre dónde podría estar. Alguien me dijo que checara el Cuarto Vacío. Encontré a Ivan mirando desde fuera de la ventana hacia el patio trasero.
– ¿Hm? ¿Yao? ¿Qué es eso? – Se volteó hacia mí en tanto entraba, se veía casi aburrido, su sonrisa ya no estaba en su cara cuando y sus ojos raramente sin brillo.
– Yo… yo quería decir que nos iremos después de mañana. – le contesté con incertidumbre. – Y-y-y que no sé cuando regresaremos.
– ¿Es así? – Su voz estaba tan carente de emoción; me hice un pequeño paso atrás.
–Pe-pero quería decirte que puedes quedarte con mi cuarto. – Eso llamó la atención de Ivan, y parpadeó con sorpresa.
– ¿Da? ¿Enserio?
– Si. De hecho, te lo doy ahora mismo. – el chico parpadeó otra vez antes de entrecerrar sus ojos.
– ¿Por qué?
–Porque me iré por un largo tiempo y no sería justo para mi dejarlo mientras estoy lejos y tu estarás aquí.
– ¿Y cuándo volverás? – preguntó Ivan. – ¿Puedo quedármela aún cuando regreses?
–Por supuesto. No sé cuando regresaré… pero sí. – Ivan no dijo nada por un largo momento antes de que su cara se iluminara de repente.
–Gracias, Yao. Oh. Quiero darte lo que te prometí la última noche.
–O-okay. – contesté y observé que dejaba el cuarto, tarareando para sí. Una vez que estaba fuera del alcance de mi vista y corrió afuera. Mis padres me esperaban en el carro.
– ¿Terminaste de checar por segunda vez de asegurarte que llevas todo? – preguntó mi mamá desde el asiento del copiloto mientras de un salto me senté en el de atrás.
–Sí. – dije de manera entrecortada, mi corazón latía tan fuerte, lo que hacía que se sintiera como un colibrí. Mi padre encendió el motor y nos fuimos lentamente de la propiedad. Mientras nos fuimos, lancé un vistazo hacia la ventana de mi cuarto. Podía ver la silueta de Ivan. Estaba observándome, sus ojos violeta oscuro se clavaron en los míos. En su mano derecha sostenía un tubo de hierro. No sé de dónde lo había conseguido pero casi podía jurar que tenía una delgada capa de mugre roja cubriendo la cabeza. Rápidamente miré a otro lado.
Habían pasado muchos años desde entonces. Volví a esa vieja casa para recordar. No es nada más que una concha hueca ahora; un incendio hace unos meses atrás destruyó el interior, dejando sino las paredes aún de pie. Caminé alrededor de la casa hacia el patio trasero, temblando un poco por la brisa de otoño. Me percaté de la ventana que conecta al Cuarto Vacío.
Ivan estaba allí. Me estaba saludando. Y la pipa aún estaba en su mano.
Siento mucho haberme ausentado por un largo rato pero ya estoy de vuelta dejando unos nuevos capítulos pero prometo que subiré más seguido para concluir pronto como debió ser desde hace un tiempo. Espero dejen algún comentario que me haga saber si les está gustando la historia o para cualquier cosa. Gracias por tomarse el tiempo de leer :3
