¡Esto era genial! ¡Magnifico! ¡Simplemente increíble! Rolanda Hooch lo había llevado hacia el aula de Encantamientos Avanzados, había sacado a Marcus Flint, capitán del equipo de Slytherin, de ahí y luego había pedido hablar con Snape urgentemente.

-Se que no están necesitando a un nuevo buscador aquí en Slytherin, pero vale la pena poner a Terence Higgs en la banca por este chico- Dijo, muy seria y señalando a Harry. Marcus miró a Harry como solo un Slytherin puede hacerlo; ambas cejas en alto y mirada superada.

-¿Qué tiene este crío que Terence no tenga?- Preguntó con solo un dejo visible de su interés.

-Recién tuvo su primera clase de vuelo-

-Eso solo nos dice que no debemos meterlo en el equipo- Comentó, fríamente Snape.

-Y acaba de hacer "El Amago de Wronski", sin ningún problema y con una escoba más vieja que la Barredora- La cara de Flint cambio enseguida a una de deleite, pasando su brazo por los hombros del más chico.

-Dime, Potter, ¿te interesa el Quidditch?-

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Al ser Slytherin, el secreto de que Harry era el nuevo buscador se mantuvo, realmente, en secreto. Solo sabían los integrantes del equipo y Harry le contaría a Draco, Pansy, Theo y Blaise; quienes sabían mantenerse callados fuera de la Sala Común.

Esa era otra cosa que Harry había descubierto, las serpientes parecían muy tranquilas y taciturnas fuera de la Sala Común; pero dentro, eran como una gran familia. Al ser tan pocos los que tenían los requisitos para entrar, todos conocían a todos, todos se hablaban con todos y nadie molestaba a nadie; mientras este otro no los hubiera traicionado. El que traicionaba, era dolorosamente apartado e ignorado por el resto; si no era alguien de confianza, pues no le hables.

-¡Chicos, tengo algo que contarles!- Todos fueron a encerrarse en el cuarto de Draco y Harry, al ser tan pocos, los cuartos se dividían de a dos personas; excepto el de Crabbe y Goyle, quienes también compartían con Pucey.

-No te echaran, ¿no?- Preguntó Pansy preocupada, caminando de un lado a otro casi tan rápido como lo hacía Hermione en sus épocas.

-No, no; gracias a Merlín no- Tranquilizó Harry, la tensión fue liberada inmediatamente.

-¿Entonces qué es tan importante?- Comentó Theo, ya con los ojos nuevamente sobre un libro.

-¡Seré el nuevo buscador de Slytherin!- Todos le miraron impresionados.

-¿Nuevo…?- Comenzó Draco.

-¿¡Buscador de Slytherin?!- Siguió Blaise emocionadísimo -¡No ha habido un buscador más joven en siglos!-

-De hecho, solo en un siglo- Corrigió Nott.

-¡Esto es genial, Harry! Felicidades- Gritó Pansy jubilosa –Ahora seremos imparables y los de Gryffindor tragaran tierra- Comentó en un estado de competividad –Sin ofender ni a Granger, ni Longbottom- Agregó.

Esa misma noche estaban yendo muy tranquilamente hacia el comedor cuando Ronald Weasley, Finnigan y Thomas los interceptaron.

-¿Vuelves a Londres, Potter?- Rió, descaradamente; por fin podía ver cómo hubiera sido el pelirrojo si sus hermanos no le hubieran obligado a nada.

-En tus sueños- Contestó, intentando seguir hacia su mesa pero el pelirrojo lo volvió a interceptar. Ahora todo el grupito Slytherin tenía el ceño fruncido; mala señal.

-A ver, Weasley- Comenzó Draco con irritación –Al parecer alguien olvidó que en la clase de vuelo de hoy, salvamos el trasero de uno de los suyos; ¡ahora déjate de joder y move el culo que para algo lo tenes!-

-¿Longbottom? ¿Enserio? Por favor, nuestra Casa lo prefiere muerto- Harry se hartó, en serio lo hizo; con un hechizo no verbal de aquellos que tuvo que aprender cuando se convertía en Auror, petrificó y ató al pelirrojo dejando a todos en silencio y algo boquiabiertos cuando descubrieron que fue Harry. Este dio tres pasos hacia delante, los Gryffindor dos hacia atrás, y se acuclilló junto al cuerpo caído.

-¿¡Qué le has hecho?!- Preguntó Dean asustado.

-Te delataremos con Snape- Rugió Finnigan.

-Solo está petrificado, Thomas. Y me gustaría ver que le intentaran hacerle creer que alguien de primer año de su Casa, petrificó a un Gryffindor con un hechizo no verbal y sin varita- Harry rió sombríamente –Y aunque les creyera, ¿creen que movería un dedo para quitarle puntos a uno de los suyos?- Ambos chicos dudaban que aquello pasara; por otro lado, Harry sabía que era imposible que le quitaran puntos, quizá solo castigarlo una semana –Miren, ustedes no me caen mal-

-¿A, no?- Dijo sardónicamente Seamus, señalando al petrificado y atado pelirrojo.

-No, ustedes no. Él es otra cosa; explíquenle que no se meta y no nos meteremos con ustedes- Luego miró con asco a Ronald –Con ninguno de ustedes- No esperó a que contestaran, los movió a un lado y se fue junto al resto del sequito de Slytherins con la cabeza bien en alto.

-¿Harry?- El chico se sentó tranquilamente y luego miró a Blaise.

-¿Si?- Preguntó dubitativo.

-¿Dónde aprendiste eso? ¡Es genial!- El chico les sonrió abochornado y se rascó la nuca.

-Son unos trucos viejos- Restó importancia.

-¿Trucos viejos?- Se escandalizó Theo –Nos van a enseñar hechizos no verbales en quinto o sexto, Harry. ¡Estamos en primero!-

-Y eso que solo nos enseñaran los simples: Accio, Repulso; como mucho un Reparo- Comentó el único rubio –Tú ya te sabes el Petrificus Totalum, el Incarcerous y quién sabe qué otros más- Puntualizó.

-Bueno, solo los básicos para una batalla si me quedo sin varita; siendo quien soy, debo estar preparado- Dijo, encogiéndose de hombros, sacándole importancia a las semanas, casi meses, que le había llevado dominar la mitad de encantamientos no verbales que se requerían; y sirviéndose una pechuga de pollo. Todos se observaron en muda conversación, pero era obvio que el azabache no quería seguir discutiendo sobre eso.

-¿Y cómo vas con eso de Nicolas Flamel?- Preguntó Pansy, como si del clima se tratara; Harry ya estaba acostumbrado a no ver grandes reacciones de parte de sus compañeros, cuando las hacían, las personas creían que les había crecido otra cabeza.

Irónico, pensó Harry, que esas mismas personas creyeran que cómo no tenían reacción alguna, siempre estaban planeando algo macabro.

-Oh, de maravilla- Contestó con una sonrisa bien fingida. La verdad era que no había buscado nada, pues ya sabía todo lo que necesitaba.

-Todavía no entiendo para qué quieres saber sobre él- Potter caviló todas sus oportunidades y cayó en cuenta de que tendría que decirles algunas cosas si quería que ellos sigan con él, no podía guardarles tantos secretos del mismo año donde ellos estaban viviendo.

-Él es el creador de la piedra filosofal- Comentó a la ligera.

-Eso ya lo sabíamos, cuéntanos lo que en verdad sabes- Dijo Draco acercando su cabeza de forma secretosa, los demás le siguieron y Harry suspiró.

-La piedra está en Hogwarts; la cuida Fluffy, el perro del cual hable con Hagrid la otra vez. Este se encuentra en el tercer piso, donde Dumbledore no quiere que vayamos-

-Es medio descabellado pensar que Dumbledore mantiene un cerbero dentro del colegio, ¿no lo crees?- Dijo Pansy, cuidadosamente.

-Te sorprendería los secretos que guarda ese viejo bajo esa sonrisita de bonachón- Respondió con sorna, todavía no se sacaba muy bien de la cabeza el libro de las cosas que Albus Dumbledore le había escondido –Y si no me crees ve a ver; aunque no te lo recomiendo, las tres cabezas muerden- Parkinson rió.

-No, gracias. Apreció mi vida- Luego de comer, aunque antes de levantarse, Snape llamó a Harry.

-Potter, en mi despacho en cinco minutos- Y salió del comedor con su túnica negra ondeando tras él.

-¿Creen que algún día podre hacer una salida tan dramática como aquella?- Preguntó con una simulada ilusión; todos rieron y terminaron de comer antes de que Harry se disculpara, parara y saliera hacia el despacho de Severus en las mazmorras.

Tocó la puerta sin ningún apuro, en las lecciones de Oclumancia había estado tan apurado con terminar todo aquello que siempre tocaba demasiado rápido; no era hasta hoy en día que Harry reveló que era una de las cosas que irritaban de más al grasiento profesor.

-Pasa, Potter- El chico abrió sin hacer ruido y cerró tras él. La habitación estaba tal cual la recordaba; llena de frascos con líquidos y cosas asquerosas, también libros por doquier –Siéntese, y no quiero ver que se mueva de allí- Dijo, señalando un sillón para una sola persona. Harry se sentó, al poco tiempo Snape volvió y le entregó lo que, obviamente, era una escoba; su nueva Nimbus. El azabache la dejó en su regazo y vio directamente a los negros ojos del pocionista.

-Profesor, puedo discutir algo con usted- Harry sabía que Severus, al ser Jefe de Casa de Harry, no le podría decir que no aunque quisiera.

-Adelante, Potter-

-Sé que mi padre fue de lo peor con usted y con otros más; un verdadero hijo de puta, si puede disculpar mi vocabulario. Pero yo no soy él. Y aunque, por lo que me han dicho, soy casi su igual; no planeó darme aires de grandeza, ni tampoco mantener una enemistad que yo pueda frenar. Al mismo tiempo, y aunque no sean míos, me disculpó por los errores que alguna vez cometió, juzgándolo tanto a usted como a otros que no se lo merecían- Potter le mantuvo la mirada hasta que Snape se volteó.

-Vete de una vez, Harry- El muchacho se sorprendió y una vez que llegó a la puerta las palabras empezaron a deslizarse solas por sus labios.

-Señor, sé que es algo impertinente pero, ¿por qué el cambio repentino?-

-Como usted mismo dijo, no hay que juzgar a los que no se lo merecen, y llamarlo por su apellido solo mantendría la animadversión- Harry sonrió complacido y cerró la puerta tras él.

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Cuando habló con Flint, este le había preguntado si sabía jugar y él había respondido que sí; aunque también recalcó que estaba algo oxidado y que necesitaría un poco de práctica. Marcus aceptó y le dio una copia de las llaves de las instalaciones de Quidditch de Slytherin, de donde podría sacar prestada una snitch para practicar; Harry le había pedido a Draco si quería acompañarle.

Si bien ser Slytherin era un buen cambio para Harry, esta cualidad también tenía desventajas; no era recomendable ser Slytherin y andar solo por cualquier lado, incluso Harry tenía bien en claro eso.

-Has estado muy callado- Comentó el azabache.

-Ansío verte jugar- Respondió a la muda pregunta.

-Draco…-

-No pasa nada, Potter- Contestó bruscamente, Harry sabía que no conseguiría nada si explotaba; debía ser paciente.

-¿Ahora soy Potter?- Dijo cómicamente; luego cayó abruptamente –En serio, Draco; tú me preocupas-

-¿Y los demás no?- Cortó.

-Por supuesto que sí, solo que contigo me es diferente- Explicó; el azabache aceptaba que él se interesaba más por los sentimientos del rubio que por los de cualquier otra persona allí. No quería dar un paso en falso y volver a su relación de semiodio, cuando una de las dudas principales que no le dejaban dormir en su otra vida había sido, qué hubiera pasado si llegaba a conocer realmente a Draco como amigo.

-Eres un hijo de puta- Concluyó, mientras llegaban a los vestidores; Harry distinguió irritación en su voz.

-¿Por qué…?- Alargó, mientras luchaba con las protecciones y el rubio miraba para otro lado.

-¿Sabes el infarto que casi le agarra a Longbottom cuando le salvaste y no apareciste en todo el día? Pensó que te echarían por su culpa- De repente, Harry se sorprendió al escuchar un gruñido y un dejo de preocupación en sus palabras –Pansy estuvo como loca, Theo no tocó sus libros en todo el día, muy ocupando siempre viendo a las puertas por si aparecías; incluso Blaise parecía treparse en las paredes como gato en celo, y yo…y yo…- Entonces el azabache se volteó a ver al rubio; este se mordía el labio con rabia y apretaba los puños con fuerza; sin embargo, se obligaba a intentar mantenerse calmado sin mucho éxito.

Harry no pudo contra él mismo y abrazó al Malfoy frente a él; Hermione y Ron jamás le habían contado cómo habían estado aquel día, por lo que ahora le contaban: mal y muy culpables.

-Pensamos, que te echarían- Terminó, no separándose de él, pero tampoco devolviendo el abrazo.

-Tienes razón; soy un hijo de puta-

Luego de aquel…emh… ¿desliz? Harry y Draco, agarraron la pequeña pelotita y la llevaron al exterior; el chico se la lanzó a Malfoy, que la agarró con un rápido reflejo.

-Nada mal; quizá el año que viene entres- El niño se sonrojó de vergüenza.

-Yo no quiero jugar al Quidditch- Mintió.

-No me mientas; no puedes conmigo, ¿recuerdas?- Comentó riéndose -¿Qué posición te gusta?- Preguntó, sabiendo que Draco había sido buscador, pero ahora él ocupaba el puesto…también intentaba no reírse por la mala intención en la frase.

¡Oh, vamos! Él en realidad tenía treinta y tres años, podía reírse del humor negro.

-Cazador- Dijo el chico, parecía haberse rendido en el tema de intentar mentirle, pero seguía algo cohibido.

-Pues serías excelente- Le apoyo verdaderamente interesado en ver su rendimiento como cazador del equipo – ¿Me tiras la snitch?- Preguntó mientras se elevaba unos metros en el aire.

-Claro-

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Quizás era porque ahora estaba en Slytherin, o porque practicaba casi todos los fines de semana Quidditch con Draco; pero Harry no podía creer que ya hubiera estado dos nuevos meses allí. Si aquel pasado Halloween se había despertado con el olor a panques de calabaza recién horneados, allí, donde estaba más cerca de las cocinas, se había despertado con los olores de todos los manjares para aquel día.

Todos estaban emocionados, el profesor Flitwick había anunciado que comenzarían con los hechizos de levitación; ahora Harry podría hacer que sus libros arriba de la mesa vayan a su cama sin que Draco le observara como si se burlara de él por saber más.

Todos habían sido ubicados en parejas; Harry estaba con un emocionado Blaise, aunque poco mostraba de emoción fuera de la Sala Común, pero Harry podía notarlo por el ligero temblor de excitación, el brillo en los ojos negros, las fugaces miradas que decían cómo estaba a punto de explotar si no tomaba profundas bocanadas de aire cada tanto y, lo más importante, había entrado saltando como loco en su cuarto para despertarlos de un clavado en su cama.

Draco estaba algo contrariado al ser pareja de un Hufflepuff, específicamente de Ernie Macmillan, que le hablaba al otro rubio hasta por los codos; jactándose de ser, también, sangre pura, lo cual, Harry había aprendido, en realidad le valía un reverendo comino. Mientras Harry reía su desgracia, Pansy hacía pareja con Theo, por lo cual, todavía la clase estaba en condiciones de estudio; bueno, si no se contaban todos los cuchicheos de los Hufflepuff, ya que los Slytherin intentaban mantener silencio el mayor tiempo posible.

-Bien, niños, el encantamiento básico de levitación es 'Wingardium Leviosa', no olviden hacer un movimiento correcto de muñeca: Swish y flick; tampoco olviden la pronunciación, recuerden al mago que en vez de 's' pronunció 'f' y se encontró debajo de un búfalo- Todos practicaban menos Harry, que ayudaba a Blaise con el movimiento de muñeca.

Draco logró elevar la pluma en su quinto y frustrante intento, Pansy al decimoquinto; Theo al tercero, y Blaise… bueno, Blaise en el número veintitrés, pero lo logró. Todos parecieron encontrarle la vuelta tarde o temprano, y cuando lo hacían, los Hufflepuff saltaban de alegría mientras los Slytherin sonreían con suficiencia. A Harry le preocupaba más el hecho de que Hermione estaría con Weasley ese mismo día y que él la heriría con su feroz comentario.

A la hora de la cena, Harry se separó del resto y se dirigió al baño de niñas, sabía que solo estaría Granger, así que abrió la puerta sin tocar.

-¿Hermione, dónde estás?- Detectó rápidamente un llanto delicado y un sorbido de nariz en los últimos baños; Harry abrió suavemente la puerta y encontró a la castaña hecha un ovillo en el suelo, llorando desconsoladamente y tapándose el rostro entre las manos.

Harry ya la había visto así más veces de las que le gustaría haberlo hecho, pero esta vez sabía qué hacer; la envolvió en un abrazo, dejándola llorar en su hombro y acariciándole los revoltosos cabellos.

–Vamos, Mione; fue Weasley, ¿no? Él no se merece esas lágrimas- Dijo, fingiendo demencia, le secó las lágrimas y la sacó del lugar –La cena recién comienza; hoy servirán de todo, y, como eres súper especial, te sentaras junto a mí en Slytherin- La chica sonrió ante el dramatismo y se dejo arrastrar por el azabache; Harry haría lo que fuera por no verla llorar nunca más.