13 de Octubre de 1918

Bruselas, Bélgica

7:25 am

La noche fue un leve suspiro. Deseo con todas las fuerzas de su corazón que todo hubiese sido una mera pesadilla, pero el ruido de la escotilla al abrir y el forcejeo para sacarla de aquel hueco la trajeron devuelta a su desagradable realidad. Habían partido hacía ya una hora de aquella casa deshabitada en medio del bosque. El frio de la mañana le calaba los huesos. Su cuerpo había recibido poco descanso pero había sido lo suficiente para guardar algo de energía dentro de ella, pues sabía que no aguantaría más.

Todos caminaban en fila por un camino lleno de fango saliendo del bosque de Soignes, el hombre que había intentado abusar de ella la noche anterior los guiaba a todos montado en su caballo, a su lado, cabalgaba en cambio aquel otro hombre, el que la había salvado de imprevisto. Los demás los seguían. Todas las mujeres llevaban las manos atadas y eran vigiladas por algunos soldados que iban a sus espaldas, apuntándoles con los rifles.

Al salir del bosque, avanzaron un poco más y la caravana se detuvo. De repente, el hombre de delgada contextura se acercó. Les dio la orden a los soldados de soltar a las mujeres. Su rostro era hosco, pero en su mirada brillaba algo oscuro, una maldad abismal.

-¡Déjenlas ir!- ordeno. Su tono de voz llevaba un vago reflejo de esperanza pero la verdadera maldad se escondía detrás de ese vaho de luz.

Todas las mujeres los miraron atemorizadas. Ella solo quería acabar con esa pesadilla y esa era su oportunidad. Algunos soldados empujaron a las incrédulas mujeres y estas salieron corriendo por el vasto campo a las afueras del bosque de Soignes.

-¡Disparen!- un grito eufórico detrás de ellas rezumbo. Corrieron con todas las fuerzas de su ser. Los disparos de los rifles Ak49 empezaron a retumbar en la intemperie. Todas ahogaron un último respiro, el miedo las consumió.

Cada una de las mujeres cayó a su lado. Debía salir viva de ahí, corrió hasta que no pudo más y se desplomó en el pastizal al igual que todas sus compañeras.

El silencio retorno en las afueras del bosque, solo era un campo lleno de cuerpos en esa lúgubre mañana de octubre.

-¡Teniente!- lo llamo el lánguido hombre. Este se acercó en su caballo y lo miro con una seriedad penetrante.

El capitán le indico que se acercara y verificara si había quedado alguna con vida. El solo cabalgo hasta donde yacían los cuerpos. Dudaba que quedara alguna con vida, era imposible que alguna hubiese sobrevivido a la ráfaga de disparos.

Montado en su caballo blanco y con la punta de su rifle se cercioraba si quedaba alguna con vida. Uno de los cuerpos se removió, el apunto su arma y le disparo. El cuerpo quedo inerte. Lo mejor era acabar con su agonía. Estas mujeres no tenían salida.

Camino a lo largo del campo y no hubo movimiento alguno. Se dio la vuelta para unirse nuevamente a la tropa pero de repente una se levantó y corrió velozmente hacia el bosque adentrándose nuevamente en él.

Bufo molesto y su rostro se endureció. Miro donde estaba el capitán y este le hizo un gesto de perseguirla. No podía quedar ninguna con vida, ningún rastro de aquel clan. Chasqueo los dientes, furioso arreo su caballo yendo detrás de aquella mujer. Se arrepentiría.

El ejército avanzaría sin él mientras iba tras una aldeana. La tensión que había entre él y el capitán designado para ese escuadrón era desmedida, por tal razón deseaba regresar cuanto antes. La relación entre ambos era solo a base de órdenes. Aun así, una pequeña parte dentro de él agradeció el hecho de alejarse de todo esa agitación. Aun así, estaba furioso.

Nelliel corrió con todas las fuerzas de su ser. No sabía de donde provenía este poder para avanzar pero agradeció por ello. Corrió entre los árboles y el fangoso suelo. Pronto escucho el galope de un caballo detrás de ella.

Dios…

Algo la empujaba a seguir adelante a pesar de que su cuerpo se debilitara. Corrió hasta llegar a las orillas de un rio extenso. Había una barca ahí, cruzaría el rio y se salvaría. Quizás.

Comenzó a empujar la barca pero esta era pesada. Estaba débil. Un grito de dolor e impotencia salió ahogado de su garganta, aun así empujo la barca hacia el agua. El sonido de los cascos del caballo golpear la tierra se escuchaban cada vez más cerca.

-Un poco más, solo un poco más… por favor- murmuro al viento. La barca estaba ya flotando y ella se metió a la gélida agua para poder empujarla un poco más y subirse.

El agua helada le llego hasta los huesos. Sintió una sensación escalofriantemente horrible en su cuerpo que al mismo tiempo la despertó del adormecimiento. El hombre, aquel que la había salvado llego a la orilla del rio. El corazón de Nelliel latió rápidamente, sintió su alma salir de su cuerpo.

-¡No!- grito en su mente desesperada.

Intento débilmente entrar a la barca. Solo había un remo. Maldijo a los dioses por su cruel destino. Empezó a remar inútilmente lejos de la orilla. Lejos de aquel hombre. Miraba hacia atrás para cerciorarse que él no la siguiera, que se había alejado lo suficiente pero al hacerlo se dio cuenta que el caballo estaba ahí parado sin su jinete. Su corazón se disparó, se tensó aún más. Miro por toda la orilla y el ya no estaba ahí. El miedo apareció con más fuerza.

Remo con toda la fuerza que le quedaba. No podía, simplemente no podía dejarse vencer. De repente, la barca dio un vuelco estrepitosamente botándola a las heladas aguas de aquel rio. Sintió desvanecerse. Perderlo todo. Las imágenes de la matanza de su padre, de su aldea, de toda la gente que vivió ahí y compartió con ella se estrellaron fugazmente en su mente. Pensó que era el fin y que era momento de unirse a todas esas almas perdidas de su clan.

Algo sorpresivamente la saco del agua y de sus pensamientos. El hombre la había sacado del agua y subido a la barca nuevamente. El también esta mojado.

Aquella mujer temblaba del frio. Busco en el bote algo para abrigarla pero solo estaba el único remo que había encontrado. No podía brindarle su chaleco pues este estaba mojado. Recordó que traía un pequeño maletín consigo al bajarse de su caballo. Miro adentro y había una cobija pequeña, no estaba empapada. Tenía suerte.

La obligo a sentarse y coloco alrededor de su pequeño cuerpo la cobija. Toda esa pesada ropa que cargaba ella la debía estar matando. Debía cruzar el rio rápido y encontrar un lugar donde refugiarla rápidamente.

Después de una hora de estar remando el silencio era lo único que los acompañaba. Ella se había quedado dormida a su parecer y había abierto los ojos.

-¿Cómo te encuentras?- su gruesa voz despertó todos los sentidos del cuerpo de Nelliel. Ella no le respondió.

Aquel hombre le sonrió. No entendía su comportamiento y tampoco estaba para hacerlo. –Me llamo Grimmjow Jaegerjaquez- le dijo él mientras seguía remando. Nelliel no era capaz de mover un centímetro de su cuerpo. Todo le dolía y sintió que iba a enfermar terriblemente. Sus cansados ojos reparaban en aquel hombre de ojos azules y de cabello azulado. Su ropa por lo visto estaba seca pero aun podía ver su atlética y musculosa complexión acentuada perfectamente a través de la vestimenta.

-Pronto llegaremos a un lugar donde puedas descansar- la mueca de desdén que el traía desapareció y sus facciones se endurecieron. Parecía que hablaba en serio. Ella se removió inquieta cuando él dijo eso. –No te sientas incomoda, no tengo intenciones de asesinarte.- Nelliel sintió algo de alivio dentro de ella, quería creer en esas palabras pero sabía que eran una farsa.

–Claro, siempre y cuando seas obediente.- termino de decir y una sonrisa cruel apareció en sus labios. Ella cerró los ojos enojada. Estaba harta y cansada para esas idioteces. Si deseaba matarla preferiría que lo hiciera en ese mismo instante. Quería llorar pero sus ojos estaban escasos de lágrimas de tanto llorar la noche anterior.

El siguió remando con una sonrisa en su rostro. – ¿Cómo te llamas?- volvió a preguntarle el. Nelliel levanto la mirada, se estaba sintiendo muy exhausta y enferma como para siquiera ser parte de su juego. No estaba en condiciones para unirse a su amena conversación, el frio la estaba matando lentamente. No respondió.

El rio divertido. Ella estaba fastidiándose aún más. Esta situación la había denigrado de la peor forma posible. –Pertenezco a la sexta fracción del ejército de Las Noches, sirvo a Lord Aizen- el continuo. Nelliel percibía algo de orgullo en su voz. –Debes haber escuchado ese nombre anteriormente- menciono.

Si, si lo había escuchado y lo odiaba con todo su ser. Recordó a su padre días atrás hablando con los ancianos del clan y sus consejeros sobre la aproximación del ejército de Las Noches a la aldea. El bufo –Créeme, no eres la única que lo odia. Siempre quise unirme al ejército, pensé que debíamos ayudar a nuestro país. En cambio, nos hemos vueltos enemigos del mismo lugar que nos vio nacer.- sus palabras salieron en un susurro al final. Nelliel vio en el rostro de aquel hombre impotencia y gran decepción. Había ira en su mirada.

El silencio reino nuevamente.

Al cabo de una hora, sintió el fuerte golpe de la barca anclarse a tierra firme. Ya no podía abrir los ojos. Su cuerpo estaba desfalleciendo. Sentía escalofríos y el pecho le dolía. Su respiración se había hecho lenta y pesada. Todo su cuerpo lo sentía adormecido y el malestar se apoderaba de todo su ser. Si él no la asesinaría, la misma fiebre lo haría. Él se levantó y salto fuera del bote, jalándolo a tierra firme. Grimmjow subió a la barca para sacarla y llevarla adentro de aquella cabaña. Vio su pálido rostro. Sintió algo de pena por aquella mujer. La cargo hasta la cabaña y la deposito en la cama que había. Parecía que habían deshabitado el lugar hacia poco. Alguien había vivido ahí y había huido. Agradeció por ello. Grimmjow salió y busco madera para quemar, adentro había una chimenea, eso los abrigaría a ambos y si el destino lo permitía, aquella mujer y el sobrevivirían. La respiración de Nelliel se volvió pesada, su mente entro en un estado de inconsciencia. El mundo real había dejado de existir.

El encendió la chimenea con prisa. La salud de esa mujer estaba agravándose con rapidez. De cierta manera, se sentía culpable por ello. No deseaba más muertes marcando su alma. Eran suficiente por el momento.

Una vez que el fuego estuvo estable, él se acercó y la observo descansar. Aun tiritaba con fuerza. Debía sacarle la ropa y ponerle otra seca que había encontrado ahí, sino moriría. Sabía que lo odiaría por ello si despertaba pero era por su propio bien. Él se acercó y empezó a retirar la ropa aun empapada por partes. Grimmjow se detuvo y la observo con detenimiento, era una mujer muy hermosa a pesar de estar desaliñada. Era muy tarde para lamentarse por su situación. Era un soldado, trabajaba para el ejército más poderoso de Bélgica, aun así, su alma ya había sido consumida. No había vuelta atrás.