Aca les traigo otro capitulo... Para que vean que estoy libre y tengo el tiempo y dedicacion a escribir. Bueno ojala les guste...Nos vemos pronto!
Grimmjow presiono sus muñecas en el colchón a ambos lados de su cabeza y subió sobre ella. Sus ojos eran oscuros y su expresión intensa. Sosteniendo su mirada, dio un golpe con las rodillas para separar sus muslos y apretó su pene contra la apertura resbaladiza de su centro. Esto la hizo sentir confundida. Su sexo, estaba listo y cremoso para él, apretado en respuesta.
-¿Me quieres, Nelliel?- le pregunto Grimmjow en suave tono.
-Sí.- jadeo ella.
-¿Estas dispuesta a dejarme tenerte en todos los sentidos… de cualquier manera que yo elija? ¿Todavía me quieres sabiendo que puede ser que te tome de maneras que nunca has sido tomada?-
Su estómago se agito. Ella se detuvo por un momento, sintiendo el duro empuje de el contra ella, imaginándose su longitud dentro de ella, frotándose ligeramente en la suavidad de ella. Por las Diosas, daría cualquier cosa. Cualquier cosa que él quisiera hacerle, ella estaba lista.
-Si.- contesto ella suavemente.
-¿Estas dispuesta a entregarte a mí por completo, aun sabiendo que puedo ser un peligro para ti?-
-Si.- dijo ella uniformemente. Ella movió sus caderas, causando que su miembro frotara contra su clítoris. Ambos gimieron al unísono. –Si.- suspiro ella.
Nelliel se despertó con un grito de asombro. Vio que ya era de día, rayos del sol se infiltraban por la ventana. Su respiración era rápida y fuerte, y los restos del sueño atormentaron su cuerpo ya alerta. Contemplo repentinamente llevarse a sí misma al clímax, pero no sabía cómo hacerlo y sospecho que eso solo la dejaría vacía y más necesitada que antes.
Solo había una cura para esta dolencia en particular. Se sentó en la cama, sin saber que la había despertado, y empujo el cobertor de la cama a un lado con sus pies descalzos. Fuera hacia frio, ni el cobertor ni el fuego que aún seguía encendido hicieron poco para calmar la frialdad del lugar.
Ella echo un vistazo a su alrededor de la cabaña y se dio cuenta que Grimmjow no estaba. Ella se levantó intranquila y se dirigió al lavabo, lavo su rostro con agua fría y preparó agua caliente para darse un baño. Debía calmar estas absurdas sensaciones que la comenzaban a dominar con más frecuencia y más fuerza.
Esta necesidad por él se volvía tediosa y la tentación era cada vez más insoportable para ella. Claramente la necesidad sexual en ambos era fuerte, a pesar de ser una joven inexperta e inocente ante estas cosas.
Una vez llena la tina de madera, ella se retiró la bata lentamente y su ropa interior. El agua caliente reconforto cada parte de su cuerpo y de su atormentado ser. Al cabo de unos minutos, acabo de enjuagarse y salió para secarse.
Se estaba secando cuando Grimmjow entro sin previo aviso. Ella se asustó y se cubrió con la toalla inmediatamente. El la miro con intenso interés. –Lo lamento yo…- ella negó inmediatamente con la cabeza.
-No, está bien.- contesto ella suavemente. El no respondió. Se quedó parado allí, mirándola con una mirada que parecía dejarla vulnerable y desnuda al mundo. El corazón de Nelliel latía fuerte en su pecho, estaba nerviosa, aterrada, pero quería seguir.
Ella le dio la espalda y lo miro tímidamente. –Solo, date la vuelta… y no mires.- susurro. El la observo sorprendido, y aletargado le hizo caso. Su cuerpo se había tensionado al escucharla decir literalmente que se quedara. Escucho la toalla caer al suelo y luego ligeros movimientos. Después de un rato, ella ya vestida le pidió que se girara. Grimmjow la vio vestida con su larga falda color oliva y su blusa de mangas largas blanca. Algo dentro de él se desilusiono, pero era mejor así.
El día continúo su transcurso sin mucha novedad. El aburrimiento la carcomía, pasaba sola la mayor parte del tiempo dentro de aquella cabaña. Grimmjow salía y se quedaba horas afuera, intentando conseguir más comida. El clima aun no mejoraba del todo y ella no podía ayudar en mucho.
La noche había llegado y ella nuevamente lo esperaba, inquieta de que algo le sucediera. El entro y fragmentos de nieve entraron tras él. Hacia demasiado frio afuera. Él se acomodó para dormir y la miro a ella quien yacía sentada viendo cada movimiento que el hacía.
Él no le quito la mirada de encima y ella tampoco lo hizo. Sospecho que ella lo estaba retando. Grimmjow se quitó el largo abrigo negro y fue ahí cuando ella se levantó. Él no se movió en absoluto y la siguió con la mirada. Nelliel se acercó lentamente a él. El fuego estaba encendido y el calor lo envolvía, agitando más su interior. Nelliel se acercó algo tímida hasta el, quedando frente a frente.
Ellos se miraban fijamente a los ojos, había intensidad en sus miradas. El trago saliva e intento quitar su mirada pero ella se movió. Delicadamente acerco sus manos y desabotono la chaqueta blanca. Él se lo permitió. Las manos de Nelliel pudieron sentir a través de la camisa los músculos firmes de su pecho, de sus hombros y de sus brazos. Ella jadeo suavemente y dejo la chaqueta a un lado, en la silla. Luego de eso, jalo la camisa negra fuera de su pantalón y la levanto quedamente fuera de su cabeza. Pudo ver los músculos duros de su abdomen, de su pecho, de sus brazos. La luz del fuego parpadeaba sobre la piel expuesta de su torso.
Su corazón dio un vuelco como su mente se disparó sobre sí misma. El la miraba fijamente a los ojos. Ella pudo ver en sus ojos azules la lujuria arder. Nelliel supo en ese mismo instante lo que era.
Estaba aterrada de continuar. El la intimidaba de muchas maneras, pero quería continuar. Él pudo ver el miedo en sus ojos, vio su mirada bajar suavemente hasta sus pantalones negros. Ella levanto las manos pausadamente y las coloco justo en el cierre del pantalón. Realmente Nelliel no sabía cómo proceder. El la miro, algo divertido y sonrió con sorna sin que ella lo viera.
Nelliel sintió el repentino agarre de sus manos sobre las de ella. Ella tembló. -¿Por qué?- pregunto el con voz seca y profunda.
Ella solo lo miro temerosa. –No lo sé… - susurro. Nelliel sintió que lo mejor era no continuar. Se sintió insegura por unos instantes pero el, la agarro por la cintura y la llevo en su contra. –Estas cometiendo un grave error, Nelliel.- murmuro mientras bajaba a la boca de ella.
Nelliel se puso rígida, y luego se relajó contra él, ajustándose a la curva de su cuerpo. Su boca era dura y caliente en la de ella y el choque le robo la capacidad de respirar por un momento. Ella hizo un sonido bajo con la garganta y se levantó de puntillas, tratando de abarcar la mayor cantidad posible, devolviendo el beso ferozmente.
Grimmjow deslizo las manos por su cintura y aliso su espalda para enredarse en los cabellos en la nuca de ella. Sus labios bailaban en la boca de ella, los labios alternadamente se separaban por lo que podría permitir a su lengua rozar la de ella. Él le sabia a menta y a selva, el picante aroma de él la hizo medio embriagarse. Su cuerpo estallo a la vida. No quiso alejarse de el en ese momento. Lo único que quería era a este hombre haciéndola vibrar hasta el clímax.
El beso fue como ningún otro que hubiera recibido nunca. No era un beso de mero deseo. Se trataba de posesión. Una toma de aliento y labios y lengua por Grimmjow. Una parte de ella, se sintió feliz de darle todo a él. Se sentía como si hubiera estado esperando una eternidad en hacerlo. Lo que es más, se sentía completamente bien.
El agarro el borde de la bata de ella y la saco por la cabeza. Se agito como un suspiro en el suelo junto a ellos. Ella quedo completamente desnuda mientras el todavía traía puesto sus vaqueros negros. Nelliel se había quedado sin sus bragas a propósito esa noche. Había algo erótico en eso. Algo en lo que la hacía sentirse vulnerable ante él y que la excitaba.
Retrocedió y la tomo desde la cabeza a los pies. La luz en sus ojos estaba lejos de estar fríos cuando volvió a capturar su mirada. El frio de la habitación no la toco. En cambio, su carne se sentía caliente, ansiosa. Se movió para desabrocharle el pantalón, pero el la agarro por las muñecas y la llevo hasta la cama. El la volvió hacia él, presionando la parte posterior de sus rodillas hasta el borde del colchón, y le dio un suave empujón. Ella cayó de espaldas y él se acercó a ella, mirándola, y teniendo a su vista cada centímetro de su cuerpo excitado.
El encontró su mirada y la sostuvo. Sus ojos no se separaron mientras él se desnudaba. Se sacó las botas y dejo caer sus pantalones negros. Por último, se arrastró hasta la cama sobre ella, sujetándola debajo de el con sus manos a ambos lados de la cabeza.
Ella rompió entonces su mirada y miro su pecho. Largas cicatrices, gruesas marcaban las protuberancias musculares de sus brazos y de su pecho. De la guerra, probablemente. Con un dedo trazo la longitud de una y luego de otra. Cuando recorrió su relieve, acaricio su masculina tetilla hasta que Grimmjow se estremeció.
-La guerra- murmuro. –La guerra marco de esta manera todo mi cuerpo.-
Nelliel lo miro conmovida. Se sentía ansiosa y nerviosa a la vez. Sus manos temblaban moderadamente al igual que su cuerpo bajo el, pero estaba segura que lo deseaba. Ya no era ella, era otra persona dentro de ella, llena de un calor abrasador y con una enorme necesidad de sentirse deseada, amada y segura. Su lado racional intentaba luchar y parar esta locura, pero la fuerza del deseo era mayor. Su pensamiento se desvaneció y sus manos acariciaron la piel de su tonificado cuerpo. Ella lo acaricio con curiosidad, con la yema de sus dedos.
Su cuerpo era duro, como el de una roca. Se preguntó cuántas mujeres había tenido a lo largo de su vida. Grimmjow gimió y el sonido reverbero a través de ella. Ella se inclinó y lo beso en los labios, bajo a su garganta y después lamio una cicatriz larga en su hombro, probando la sal caliente de su cuerpo.
De repente, el sujeto sus manos y las coloco a cada lado de su cabeza. –Es mi turno.- gruño, bajando la boca a su pecho. Ella arqueo la espalda mientras sus labios sensuales se cerraban alrededor de uno de sus pezones y su lengua los bañaba por encima. Grimmjow gimió y cerró los ojos. Deslizo la mano hacia su cintura, sus caderas para acariciar el exterior de sus muslos.
Nelliel se estremeció bajo sus manos, su cuerpo entero escéptico de que finalmente conseguiría lo que anhelaba desde la última vez que la toco. Su clítoris despierto estuvo inflamado y tan sensible, que la menor fricción la llevaría a un clímax estremecedor. Si su toque en el muslo por si solo podría hacer eso, no estaba segura de poder soportar cuando acariciara su zona más sensible. Sus dedos se cerraron alrededor de sus hombros y se agarró, así como se revolvió bajo el. Sus dientes rasparon suavemente sobre el pezón y Nelliel se quejó. - Mas.- exclamo ella. Nelliel se sorprendió de su repentina exigencia.
Grimmjow se separó de su pezón y le beso en el estómago, trabajando hacia abajo. -¿Qué quieres hermosa?- pregunto.
Ella jadeo suavemente. –Todo.- murmuro dulcemente. Nelliel decidió dejarse llevar por esta otra mujer que la había poseído. Era la misma lujuria personificada.
Le separo los muslos y se estableció entre ellos. Grimmjow rozo el dedo por su sexo hinchado y la examino de cerca. El cerró sus ojos y gimió. -¿Todo? No tienes idea de todas las cosas que quiero hacerte. Por todos los santos, eres lo más hermoso que he visto nunca, Nelliel.- gimió. –Agarra tus rodillas con tus manos y muéstrame todo.- le ordeno. –Sepárate, quiero contemplarte y saborearte.-
Ella dudo.
-Dijiste que querías todo de mí, Nelliel.- dijo sombríamente. –Soy muy dominante en la cama y debes hacer todo lo que pida. ¿Estás de acuerdo?-
El sueño había regresado a ella. En su sueño, él había logrado que ella estuviera de acuerdo con sus caprichos, sin importar cuan desviados fuesen. Algo se agito en su estómago, algo que excito una parte oscura de sí misma. Ella asintió con la cabeza e hizo lo que él le dijo que hiciera, extendió las rodillas hacia atrás y arriba, dándole un punto de vista totalmente despejado de su vagina.
Grimmjow gimió profundamente en la parte posterior de su garganta. – Debes saber dulce.-
Nelliel suspiro, este hombre la hacía estremecerse con cada palabra. Sus palabras arrebataban la poca razón dentro de ella, excitándola sobremanera.
Le paso los dedos por los pliegues y deslizo suavemente un dedo dentro de ella. Con el pulgar, masajeo el clítoris en un movimiento circular. Un placer culminante coqueteo fuerte por su cuerpo, ella jadeo y arqueo la espalda. El dejo la presión sobre su clítoris.
-Todavía no. Pienso saborearte lentamente Nelliel.-
Diosa, planeaba torturarla. No estaba segura cuanto aguantaría, la manera en que la tocaba este hombre… era sorprendente.
Inserto un segundo dedo para unirse al primero, estirando los músculos de su sexo. Sus ojos en blanco en su cara mientras él le sacaba los dedos de su espesor hacia fuera y los empujaba de nuevo lentamente. Volvió a acariciar su clítoris, haciéndole estremecer el cuerpo.
Ella gimió y dejo caer la cabeza hacia atrás al colchón, arqueando la espalda y punzando sus duros pezones al aire. Su humedad corría por sus muslos internos. El toque de sus manos era suave y delicado, un placer que jamás había experimentado en su vida y que solo el sabia como complacer su virgen cuerpo.
El quito los dedos de su paso y barrio con su lengua por encima de ella, trazando los labios de ella con su boca caliente y chupando suavemente. Su lengua jugaba con la entrada de su paso para luego empujar dentro de ella. –Eres tan dulce. Como me lo imaginaba.- deslizo la lengua hacia atrás dentro de ella una y otra vez, como si fuera su eje. Nelliel quedo sin aliento y se resistió en la cama. El la agarro por las caderas, sosteniéndola en su lugar. –Dulce, caliente y apretado.- dijo cuándo se detuvo. –No puedo esperar para deslizarme dentro de ti.-
El froto ligeramente su dedo hacia abajo para jugar con su ano. Ella se movió de un tirón y él le hizo callar. –Recuerda Nelliel, dijiste que querías todo.-
Grimmjow acaricio todo su cuerpo otra vez mientras clavaba su lengua en su vagina. Lo hizo tratándola con completa suavidad al tocarla. Los nervios que ni siquiera ella sabía que poseía saltaron a la vida, dejando escapar un gemido. Diosa ayúdala, a ella le gustaba. Le gustaba todo. Le encantaba la forma en que le ordenaba en la cama y como el la tocaba.
Ella se quejó. - No puedo tener suficiente de ti.- gruño él y volvió a jugar, alternativamente, con su clítoris. Con la punta de su lengua y con su humedad dibujando la hendidura de su boca. Nelliel dejó escapar un grito ahogado y su cuerpo se tensó. Quería que él deslizara su pene dentro de ella y que chocara contra ella. Ella quería oír el chasquido de su piel contra la suya. Quería sentirse poseída por él y perder el control al mismo tiempo. -Dios... Nelliel. Date la vuelta. Sobre tus manos y rodillas.- Su voz temblaba.
-¿Grimmjow?-
-Nelliel.- dijo guturalmente. -Haz lo que te digo. No te arrepentirás- Él se levantó, permitiendo que ella se moviera. Ella se levantó y se dio la vuelta. Sintió las manos de él por sus nalgas y cerró los ojos, apoyando la mejilla contra el edredón fresco de la cama. Nelliel apenas podía sentir el frío de la cabaña. Grimmjow había calentado su cuerpo a un ritmo frenético. Él insertó dos dedos en su paso, una vez más, esta vez por detrás. No empujó, sino que simplemente dejó que sus dedos se extendieran y la llenaran a ella.
-Abre las piernas más lejos hermosa- le pidió a ella. Ella separó las piernas y eso le dio espacio a él para frotar su clítoris con la otra mano. Los dedos del placer dispararon en su columna vertebral y en todo su cuerpo. La hacía querer más, querer terminar. Nelliel sollozó con un nudo en la garganta. Grimmjow metió los dedos dentro y fuera, y al mismo tiempo, tomó su clítoris entre dos dedos y le frotó el pequeño manojo de nervios sensibilizados hacia atrás y adelante. Su punto culminante fue duro y rápido. Se estrelló sobre ella en una explosión y lanzó un grito por la fuerza de la misma. Las olas de placer la invadieron, robándole el aliento y ocasionándole un grito de asombro. Sus músculos se apretaron y se relajaron en torno a sus dedos y sintió el líquido de flujo de su centro fuera de ella. Los espasmos que siguieron a su paso hicieron que su visión se oscureciera y estuvo a punto de desmayarse a causa de la fuerza de la misma.
- Eso es- ronroneó Grimmjow a sus espaldas. Ella se dejó caer sobre la cama y se volteó para recostarse sobre su espalda. Ella brillaba por el sudor, a pesar del aire frío. Su respiración se hizo rápida.
-Abre tus piernas para mí.- le ordeno él. Nelliel extendió sus muslos, dejando al descubierto su vagina. Ella se despertó aún a pesar de su clímax. Él se arrodilló y hundió el rostro entre sus muslos, lamiendo toda su crema. Nelliel quedó sin aliento al sentir su lengua lamiendo codiciosa sobre sus labios y su clítoris. Hizo un pequeño ruido, como si fuera lo mejor que había probado nunca, y Nelliel jadeó y se apretó el edredón con ambas manos bajo su ataque voraz.
-Por favor- sollozó. Otro clímax tensó su cuerpo y cuando Grimmjow cerró la boca sobre su clítoris y lo chupó, se precipitó hacia delante y la sobrecogió. -Ah, sí- susurró él. Cuando los espasmos de su orgasmo todavía la atormentaban, él separo sus muslos de par en par y deslizó suavemente la cabeza de su pene en su vagina. -¡Grimmjow!- exclamó ella. Se deslizó una pulgada, se retiró a continuación, y se deslizó un poco más dentro. Un dolor estallo dentro, pero al parecer trataba de no lastimarla con su longitud. Poco a poco ella lo tomó. Él la estiró como nunca había sido estirada, llenando cada pedacito de ella.
Ella ahogó un grito y luego gimió profundamente en su exquisito placer. -Tu sexo es tan resbaladizo, dulce y apretado- dijo con los dientes apretados. Sacó casi todo hasta el final y la tomó de las caderas. En un suave, duro oleaje, él mismo se enfundó en su interior hasta la empuñadura. Ella gritó cuando los espasmos le atormentaron una tercera vez. Los músculos de su vagina pulsaron y apretaron en torno a su eje como cuando la ávida boca de él la consumió.
Grimmjow echó atrás la cabeza y gimió bajo y profundo. Entonces él comenzó a moverse. Nelliel vio las estrellas cuando la gruesa surcada longitud de él se movió como un pistón dentro y fuera de ella. Él la abrazó por la cintura y sus caderas golpearon la cara interna del muslo con cada movimiento hacia el interior, produciendo un sonido golpeando la carne sobre la carne. Ella tomó las mantas y se sostuvo cuando él tomó su sexo duro y rápido, una y otra vez. La cabeza de su pene rozó algún lugar sensible dentro de ella con cada movimiento hacia adentro, haciéndola llorar y llorar con el placer de hacerlo.
Ella gemía sin recato, indiferente de que cualquier persona pudiera ser capaz de oírla. Sus dedos apretaban y liberaban las sábanas y, separó sus rodillas todavía más lejos, dándole un acceso completo y libertad de acción sobre ella. Él se quedó mirándola, con la mirada intensa. Por un momento sus miradas se encontraron. Nelliel sentía una especie de aceleración entre ellos, un toque de su alma contra la suya. Grimmjow abrió los ojos y apartó la mirada. La felicidad de Nelliel disminuyo en ese momento, pero pronto no pensó más en eso... no pensó en nada más.
Grimmjow agarró sus caderas y aumentó el ritmo y la potencia de sus golpes con un propósito único que le quitó el aliento a ella. Su pene se frotó en el punto de placer profundo de ella. Con cada golpe él la frotaba ligeramente a la perfección. Eso la redujo a un jadeo, gimiendo envolviéndola de necesidad. Él se adelantó y tomó un pecho en cada mano, amasando y masajeando. Él pellizcó los pezones entre sus dedos. Su próximo clímax le golpeó tan duro.
Ella tomó aire y lo soltó en un grito. Los músculos de su centro comprimieron su pene. Grimmjow la llamó por su nombre y ella lo sintió estallar dentro de ella, su eje pulsando mientras lanzaba sus semillas para bañar su vientre. Se desplomó a su lado. Su respiración era áspera en sus oídos. Él la atrajo hacia sí y rozó los labios en su sien. -Vas a ser la muerte para mí, mujer-murmuró. -Quiero más de ti.-
Hicieron el amor de nuevo, esta vez más lento, luego otra vez, una vez más después de esa. Nunca se arriesgó a mirarla de nuevo a los ojos. Parecía renuente a arriesgar la clase de conexión que habían compartido un momento antes. Fue justo antes del amanecer que se desplomaron sobre el colchón por el tiempo final, entrelazados sus miembros, y se quedaron dormidos. Cuando Nelliel despertó horas más tarde su cuerpo estaba deliciosamente dolorido y lo sentía lánguidamente relajado. Ella buscó a Grimmjow quien le había metido bajo las mantas pesadas de la cama y alimentado el fuego de modo que ahora ardía en lugar de que chisporroteaba.
Pero Grimmjow no estaba.
