Disclaimer: Nada me pertenece. No lo hago con fines de lucro. Es una adaptación. Personajes: J. K. Rowling. Historia: Anne Weale.
Capítulo 5
La voz tenía un leve tono de autoridad y una parte de ella resentía aquel tono. La otra parte más transigente de su naturaleza le recordó que ella había sido brusca con él antes. No podía esperar palabras suaves después de descargar él.
—Los tablones desnudos de tu habitación pueden tener astillas. Si no has traído zapatillas, te prestaré las mías. Te quedarán grandes, pero son mejor que nada.
Harry abrió la puerta de su habitación y apareció casi al instante con unas zapatillas de felpa de las que regalan en los hoteles de lujo.
— ¿Y tú? —preguntó Hermione cuando las posó delante de ella.
— Yo tengo los pies más duros.
Unos segundos más tarde, Hermione estaba mirando la puerta de su habitación cerrada.
Cuando Hermione llamó a su puerta a la mañana siguiente, no obtuvo respuesta. Llamó de nuevo. Silencio. Abrió la puerta y miró dentro. La habitación estaba vacía.
Bajó al piso inferior y lo encontró en un pequeño comedor en la parte trasera de la casa.
—Buenos días. ¿Has dormido bien?
—No mucho.
— ¿Y eso?
Un poco de sensación de culpabilidad.
— ¿Por qué? Por pelearme contigo anoche... en el camino de vuelta. No tenía justificación.
—Lo siento.
Harry apartó su silla de la mesa, se volvió a sentar y le hizo un gesto.
Sin saber lo que tenía en mente, Hermione obedeció a su gesto y él la atrajo hacia su regazo.
— ¿Qué te parece si aprendemos del manual de Lorcan?
La noche anterior, el chiquillo había tropezado sin querer con su hermano y antes de que el niño se enfadara, le había dado un beso y le había dicho con rapidez:
—Perdona, Lysander.
A Hermione le sorprendió que Harry se hubiera fijado. Sonriendo dijo:
—Perdona, Harry.
Entonces le dio un beso en la sien, donde Lorcan había besado a su hermanito.
Pero no acabó allí. Harry la atrajo besándola en los labios de una forma que le derritió las entrañas.
—Aquí lo tiene, señor Potter.
Cuando la dueña dejó el desayuno, Hermione debería haberse levantado de su regazo, pero Harry no se lo permitió. Rompiendo el beso y sin parecer turbado en absoluto, contestó:
—Gracias, señora Figgs. Tiene un aspecto excelente. Este es tocino casero, Hermione.
—Nada que ver con el empaquetado industrial. ¿Te apetece a ti?
Como ya no la sujetaba, Hermione se levantó.
—Sí, por favor. Una sola loncha y un huevo.
Con un gesto resplandeciente, la dueña se retiró a la cocina.
— ¿Por qué te has sonrojado? —preguntó Harry cuando Hermione se sentó enfrente—. Estoy seguro de que ya se ha fijado en tu anillo. Y probablemente se estará preguntando por qué dormimos en habitaciones separadas. ¿Fue eso idea de Luna o tuya?
—Me lo reservó Luna —admitió Hermione—. Y también dejé claro que nosotros pagaríamos la cuenta. Incluso con los precios de la señora Figgs, ellos no pueden permitírselo. Sus recursos están al límite.
—Me pregunto si necesitarán asesoramiento financiero. Es extraordinario cómo la gente no consigue sacar el mayor partido de sus recursos —dijo Harry pensativo—.
¿Crees que Rolf se ofendería si sacara el tema y le hiciera algunas sugerencias?
—Creo que le encantaría tener el consejo de un experto. Él no es muy ducho en contabilidad. Ni tampoco Luna. Los dos prefieren el trabajo manual con las plantas.
Después de desayunar volvieron a la granja y Harry le pidió a Rolf que le enseñara las instalaciones. Lorcan se fue con ellos y Luna metió a Lysander en el parque.
—No le gusta que lo encierren si Lorcan está por los alrededores, pero si no, no le importa.
Cuando estuvo segura de que los hombres estaban lejos como para no poder oírlas, Hermione preguntó:
— ¿Qué te ha parecido Harry? ¿Qué ha dicho Rolf de él?
—Si yo no estuviera felizmente casada, pelearía contra ti por conseguirle. Y a Rolf también le ha caído bien.
— ¿Crees que a la abuela le gustará?
—Por supuesto. ¿No le gustaría a cualquiera? Pero lo que quiero saber es cuándo cómo y dónde pasó. ¿Puedo probarme ese maravilloso anillo?
—Claro — Hermione se lo quitó y se lo pasó.
Ya había preparado las respuestas que le daría a su hermana y esperaba poder escabullirse sin demasiadas mentiras.
—Harry quieres que nos casemos enseguida. ¿No te parece una locura?
—Si habéis tomado la decisión, ¿para qué esperar? Rolf y yo supimos en cuanto nos conocimos que estábamos hechos el uno para el otro. Tuvimos que esperar casi un año para ahorrar algo de dinero, pero eso no os pasa a Harry y a ti. Ese anillo es fabuloso. Debe ser millonario...
Hermione no hizo ningún comentario. Para su alivio, su hermana no relacionó la riqueza de Harry con el cambio de situación de su madre. Con un poco de suerte, nunca lo haría.
— ¿Le has dado algún consejo a Rolf? —preguntó Hermione a Harry cuando estaban abandonando el pueblo en dirección a la autopista.
—Todavía no. El problema básico es la falta de efectivo. Rolf no quiere meterse en grandes créditos, lo que es bastante sensato, pero no progresará mucho sin equipo nuevo. Quizá invierta algo de dinero en su negocio. ¿Te fue bien con tu hermana?
—Sí. De pequeñas reñíamos mucho, pero ahora nos llevamos muy bien.
A la hora de comer se detuvieron en un restaurante de carretera, pero Hermione no comió mucho, sabiendo el banquete que les esperaría en casa de la abuela.
La señora Wilkins vivía en un bungaló comprado por su yerno en un buen momento financiero cuando le habían expropiado su antigua casa.
El garaje del bungaló estaba abierto para que Harry pudiera meter el coche inmediatamente. Apenas acababa de apagar el motor cuando apareció la abuela a recibirlos con un cálido abrazo para su nieta y un gesto cortés con un intenso escrutinio para Rolf.
— Podría terminar con tortícolis de mirarte, muchacho — ella no llegaba al metro sesenta y mantenía su fuerte figura encorsetada en un vestido de flores de los que compraba por catálogo—. Pasa a sentarte para que pueda estar a tu nivel. La cafetera está puesta y he preparado Fat Rascáis. Son una de mis especialidades de la cocina de Yorshire —entonces miró a su nieta—. Estás demasiado delgada. No creo que comas adecuadamente salvo cuando vienes a verme.
—Anoche cenó muy bien... bueno, los dos lo hicimos. Su otra nieta es una gran cocinera.
—Por supuesto que lo es, muchacho. Yo la enseñé. Ah, no tendréis que gastaros el dinero de la tarta de bodas. Es increíble lo que cobran por una tarta de tres pisos. La prepararé yo misma, la congelaré y nadie notará la diferencia.
—Es muy amable por tu parte, abuela, pero no vamos a tener ese tipo de boda
—dijo Hermione mientras entraban en la casa.
La abuela se paró en seco.
— ¿Qué quieres decir?
—Harry quiere que nos casemos cuanto antes y en la intimidad... en un juzgado.
— ¿Oh, sí? —La señora Wilkins le dirigió una mirada funesta—. Pasad los dos a la sala. No tardaré ni un minuto.
— Como es idea tuya, tendrás que convencerla tú — le susurró Hermione a Harry.
Y para su sorpresa, él lo hizo. Desde el momento en que entró en la cocina para ayudarla a llevar la bandeja hasta media hora después en que se dejó convencer para comer la tercera pasta, Harry la tenía comiendo en sus manos con una combinación de encanto e intuición que eran dignos de ver.
Pero la abuela tenía sus propios trucos. — Mientras nosotras recogemos, ¿Podrías ir a echarme esta carta al buzón? Está al lado de la carretera. Justo a la derecha de la puerta.
En cuanto se deshizo de él, cosa que Hermione estaba convencida de que había planeado, la abuela empezó sin rodeos:
—Tu madre me dijo que era encantador. Y no es que tu madre sepa juzgar el carácter de la gente, pero por una vez ha acertado. Me ha caído bien nada más verlo. Este hombre te conviene y te irá mucho mejor que con el otro joven.
— ¿Qué otro joven?
—Puede que hayas mantenido la venda delante de los ojos de tu madre y de tu hermana, pero no delante de los míos. Siempre supe que te gustaba el hijo del chofer aunque nunca supe qué habías podido ver en él. Pero es normal que las adolescentes tengan esos enamoramientos. A mí también me pasó, lo que fue una lástima. Esperaba que a ti se te pasara el tuyo, y se te ha pasado, gracias a Dios.
—No tenía ni idea que sabías lo de Ron.
—Hay un viejo refrán que dice que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Tú te pareces mucho a mí, sólo que tú has tenido más suerte. A los catorce estabas enamorada del amor, igual que yo. Como una tonta, me casé con mi primer amor y viví para arrepentirme. El tuyo se casó con otra dejándote en libertad para escoger a alguien más apropiado.
—Sólo acabas de conocerlo. ¿Cómo sabes que es más apropiado?
—Cuando llegues a mi edad sabrás distinguir entre uno bueno y uno malo. Aunque no quiero decir que Ron fuera malo. Me atrevería a decir que le irá bien como profesor o algo así. Pero no era un hombre como para mantenerte en orden.
—Yo no quiero que me mantengan en orden. El matrimonio es una relación de compañerismo.
—Eso es lo que debería ser —la señora Wilkins colocó el último platito en la escurridora de plástico—. Yo estuve casada durante treinta años con un hombre que era más débil que yo. Lo sabía, él lo sabía y eso nos causó problemas. Tú no tendrás ese problema con Harry.
—Espero no tener ningún problema con Harry.
—Algunos tendrás. Dos personas con fuerte personalidad no pueden crear un hogar juntas sin unas cuantas discusiones. Hasta ahora has hecho siempre lo que has querido. Tu madre nunca te ha levantado la voz y tu padre te dio todo lo que deseabas. Me pregunto cómo no te malcriaron. Supongo que podrás darme las gracias por eso... a mí y a las profesoras del colegio al que hice que te mandaran. Habéis salido bien las dos, tú y Luna, pero tú necesitas a alguien más fuerte que Rolf. Alguien un poco más excitante.
—No veo nada de excitante en la banca —protestó Hermione—. Creo que es una ocupación aburrida.
—No más aburrida que ser matemático como Ron. Aunque tengo que reconocer que Harry no parece un banquero. Parece más un hombre de esos que navegan por el mundo en yates o hacen safaris en África. No me lo imagino detrás de un escritorio. ¿Está contento con su trabajo?
—Supongo. No se lo he preguntado. La abuela pareció escandalizada.
— ¿Llevas ese anillo de compromiso y no sabes si está contento con su trabajo? Esa es tu misión en la vida de ahora en adelante... asegurarte de que sea un hombre feliz.
—Si no lo fuera, no me habría regalado el anillo. Tus ideas sobre el matrimonio son un poco anticuadas, abuela. En estos tiempos, no depende sólo de la mujer el que salga bien.
—Nunca dependió, cariño —dijo la abuela con firmeza—. Un buen matrimonio lo constituyen dos personas deseando lo mejor la una para la otra y moviendo cielo y tierra para conseguirlo.
—Yo sé que Harry quiere tener varios hijos. Los dos lo queremos.
—Los hijos tampoco hacen un matrimonio. Son un préstamo que tienes contigo unos cuantos años... después se van. Sois vosotros dos y el amor que os tengáis la parte importante.
Aquello la estaba poniendo los nervios a flor de piel. Ansiosa por cambiar de conversación, Hermione la desvió:
— ¿Cómo supiste que amaba a Ron? Nadie lo sabía, ni siquiera Luna.
—No, lo ocultaste muy bien, menos ante tu abuela. Y ha sido lo mejor, tal y como han salido las cosas. Ron se habría sentido incómodo en la boda si hubiera sabido lo que sentías por él. Ese día me sentí muy orgullosa de ti, Hermy. Pusiste una cara valiente y no dejaste que nadie supiera lo infeliz que te sentías. Sin embargo, ha sido lo mejor.
—Tú...
Se detuvo al ver la cabeza de Harry pasar por delante de la ventana.
La parte superior de la ventana estaba abierta. ¿Habría escuchado él lo que estaba diciendo? ¿Querría enterarse de la causa de su infelicidad? Pero su cara no desveló nada cuando apareció.
—Tiene el jardín muy bien cuidado, señora Wilkins. ¿Lo hace usted misma?
—Tú debes ser un genio de las altas finanzas, muchacho, pero no tienes ni idea de lo que cobran en estos tiempos los jardineros profesionales. No me puedo agachar tan bien como antes, pero seguiré cuidando mi jardín hasta que me encierren en un asilo para ancianos. Y tendré que estar en muy malas condiciones para permitir eso.
El bungaló tenía tres habitaciones. Esa noche, Harry durmió en la grande doble y Hermione en la individual. Permaneció despierta pensando en él y en su cabeza a sólo unos centímetros de la suya al otro lado de la pared. Pronto dormirían juntos. Le costaba menos imaginarse a Lavender y Ron en la misma cama que a ellos dos.
El que la abuela hubiera conocido sus sentimientos la tenía inquieta. Aunque Hermione había renunciado al amor, pensamientos como el que acababa de tener, la saltaba de vez en cuando. Quizá fuera tan difícil dejar de amar a alguien como quitarse un viejo hábito como fumar o morderse las uñas. Quizá la única cura para un viejo amor fuera un nuevo amor.
Pero incluso si pudiera amar a Harry, él no quería eso. Amarlo sólo le causaría más infelicidad.
En el desayuno a la mañana siguiente, la abuela dijo:
— Como vas a negarle su día gran día a mi nieta, al menos tendréis una bonita luna de miel.
Harry estaba extendiendo mermelada casera en la tostada y le contestó con una sonrisa:
—Yo no le negaría a Hermione nada que quisiera, señora Wilkins. Ella también ha pensado que una ceremonia íntima sería más apropiada y menos estresante dada la reciente viudedad de su madre.
—Sí, supongo que tienes razón —concedió a regañadientes la abuela—, pero me encantan las ceremonias bonitas y ya no estaré aquí para cuando los pequeños Lorcan y Lysander se casen.
—Probablemente estarás, abuela. La bisabuela vivió hasta los noventa y tantos, ¿no?
—Sí, y eso que tuvo una vida difícil. ¿A dónde creéis que iréis de luna de miel?
—Todavía no lo hemos hablado. Lo discutiremos hoy —dijo Harry con un tono que no admitía más preguntas.
Como Hermione ya había notado, se le daba bien erigir barreras para guardar su intimidad. Era una técnica útil, sobre todo con una persona tan entrometida como a veces podía llegar a ser su abuela.
— ¿A dónde te gustaría ir de luna de miel? —Preguntó Harry en el camino de vuelta—. ¿Tienes algún sitio favorito al que te gustaría volver? ¿O a alguno en que ninguno de los dos hayamos estado antes?
Hermione pensó en los sitios a los que había viajado con su madre y con amigos, pero no le apetecía repetir. Fueran donde fueran, para una pareja que no estaba enamorada, pasar la luna de miel iba a ser una dura prueba.
—Creo que prefiero que me sorprendas.
— ¿De verdad? —Harry apartó los ojos un segundo de la carretera para mirarla— ¿Estás segura?
—Estoy segura de que eres capaz de organizar una luna de miel mágica y misteriosa.
—No te preocupes por eso. Intentaré no decepcionarte.
Si hubieran sido una pareja enamorada, ella debería haber dicho que a cualquier parte con tal de estar juntos, pero sólo comentó:
— Me gustan las sorpresas. De paso, me gustaría leer el informe de tu detective acerca de mí. ¿Hay algún motivo por el que no pueda verlo?
—No, ninguno. Te mandaré una copia.
Después de llevarla a casa, Harry no sugirió alargar el tiempo juntos y regresó enseguida a Londres.
Al verlo alejarse, Hermione pensó que el beso de buenas noches había sido casi de compromiso, como si finalizadas las visitas de rigor, ya tuviera la mente en otra parte.
El anuncio salió en la sección de Futuros Matrimonios de dos de los periódicos importantes al día siguiente. La madre de Hermione los cortó y los pegó en uno de los dos álbumes en que guardaba los recuerdos de los acontecimientos importantes de la vida de sus hijas.
Durante la mañana, un mensajero entregó un paquete Express. Hermione lo vio antes que Charity y lo recogió para subir en el acto a su habitación.
La mayor parte de la investigación del detective era parecida a lo que su madre tenía recopilado en el álbum. El informe decía que había sido extremadamente discreta en sus relaciones con los hombres, lo que no era de extrañar.
Había muchos recortes de ella en fiestas, pero siempre hablando con alguna amiga. En Londres, la señorita Granger frecuenta, tiendas de moda y restaurantes elegantes, señalaba el informe.
Después entraba en muchos detalles de sus padres y abuelos, así que Harry ya debía haber sabido qué esperar en sus visitas.
Lo más sorprendente de todo era una nota de la directora de su colegio:
"Hermione no aprovechó su tiempo al máximo aquí y sus logros no estuvieron a la altura de nuestras expectativas.
Pero nos dejó con la impresión de que, cuando descubriera su profesión, la realizaría bien y se convertiría en un miembro de la sociedad con recursos."
¿Cómo habría conseguido el detective un comentario de la formidable señorita McGonagall? ¿Y por qué con recursos? Aunque sabía el significado de la palabra, la buscó de nuevo en el diccionario: una persona de recursos era una persona ingeniosa, capaz y cargada de iniciativa para tratar con situaciones difíciles.
Pero no había sido su iniciativa lo que había solucionado su situación después de la bancarrota de su padre. Ella sólo se había agarrado a la solución que le habían ofrecido.
A sugerencia de Harry, se fue a Londres de nuevo a la semana siguiente supuestamente a comprar su traje de novia. Lo cierto es que lo que quería era ver a Harry, pero descubrió que había salido de viaje a Bruselas y que estaba sólo la señora Potter.
—Iba a irme a Devon, pero pensé que no te gustaría quedarte sola.
De hecho, Hermione lo hubiera preferido. Podría haberse pasado muy bien las horas en la biblioteca de Harry averiguando sus gustos en lectura en vez de verse obligada a escuchar indirectas de lo poco apropiada que era para la dinastía de los Potter.
Lo sobrellevó lo mejor que pudo, pero se negó a que lady Potter le acompañara a hacer sus compras. Ya había decidido que se pondría algo que ya tenía y que sólo compraría lencería de lujo.
Harry regresó en su segunda noche en Londres sorprendido y probablemente disgustado de encontrarse a su abuela en casa.
Después de la cena, le pidió que los excusara a los dos para irse a la biblioteca.
— ¿Qué tal lo has llevado? —preguntó de camino.
—Bien. Como ya sabrás por tu informe sobre mí, ir de compras es una de mis ocupaciones favoritas.
Él sonrió y le alcanzó la mano.
—Entonces, deberías estar de buen humor y no lo pareces. ¿Te arrepientes?
El contacto de sus fuertes dedos debería haber sido reconfortante, pero no lo fue.
— ¿Quieres decirme en serio que tú no tienes ninguna duda?
—Si la tuviera, me olvidaría de todo. No tienes por qué seguir con esto, Hermione. Si de verdad crees que no podrás soportarlo...
—Lo que quiero saber es por qué me has elegido a mí. Tiene que haber más razones de las que me has dado.
Harry le soltó la mano y se quedó en silencio hasta que llegaron a la biblioteca. Cuando cerró la puerta, le hizo un gesto para que se sentara en uno de los sofás antes de sentarse él en el otro. Por primera vez desde que lo conocía parecía agotado y Hermione se preguntó si su viaje de negocios le habría salido bien.
—Cuando perteneces a una familia como la mía, tienes responsabilidades especiales. Aprendes eso muy joven. Yo crecí aceptando que con el tiempo la acumulación de la tradición caería sobre mis hombros. Desde hace mucho tiempo, los Potter se han casado sobre todo con hijas de banqueros.
De repente se levantó y empezó a pasearse por la habitación.
—Creo que es hora de renovar los genes. Tu padre empezó de la nada y llegó muy alto aunque luego fracasara. Yo lo admiro por ello. Y hay posibilidades de que ese empuje se transmita a otra generación y motive a nuestros hijos.
— ¿Y no podrías haber encontrado a otra con ese empuje que hubiera tenido mejores resultados académicos?
—Las cualidades que hacen que una chica sea un cerebro o capitana de algún deporte no son a la fuerza las que un nombre busca para su esposa. Tú tienes otros atributos —deslizó una mirada de aprecio sobre su cuerpo—. Ven aquí...
Hermione no estaba segura si le gustaba que le hablaran con un tono tan autoritario, pero a la vez le excitaba su dominio. Se levantó y cruzó la sala para sentarse a su lado, pero se encontró en su regazo.
Sentada sobre sus muslos, sus ojos estaban al mismo nivel.
—Acabo de pasar cuarenta y ocho horas rodeado de los mayores tiburones de las finanzas. Es relajante estar a solas con alguien femenino para cambiar —deslizó un brazo por encima de sus piernas y enterró la otra mano en su pelo—. Cuéntame algo de ti. ¿Qué has comprado?
—Cosas para llevar a donde quiera que vayamos. Siempre viajo ligera de equipaje y compro en el destino lo que me haga falta.
Hermione era consciente de que no era fácil concentrarse en lo que estaba diciendo. Parecía que el cerebro se le estaba cerrando y sólo los sentidos le funcionaban.
—Bien. Ése es mi sistema también. Raramente viajo con más de una bolsa de viaje y un neceser.
Hermione tenía la sensación de que Harry tampoco estaba concentrado en lo que estaba diciendo. Su mano derecha le estaba acariciando la cadera y el pulgar de la izquierda se deslizaba sensual tras el lóbulo de su oreja. Sabía que muy pronto iba a besarla y que aquel beso iría mucho más lejos que los anteriores.
Pero al momento siguiente pasaron dos cosas. El teléfono empezó a sonar y al mismo instante ella fue consciente de la respuesta involuntaria en el cuerpo masculino causada por proximidad.
Harry masculló una maldición pero no intentó retenerla cuando Hermione saltó de sus piernas. El teléfono estaba en una mesa al extremo de un sofá.
Las llamadas a la mansión las contestaba normalmente el mayordomo, así que debía ser alguien muy especial para llamar al apartamento privado de Harry. La voz tenía un timbre femenino, pero pronto le quedó claro que era alguien que quería saber por qué no había sido invitada a la boda.
Mientras escuchaba la diatriba indignada de la otra persona, Harry se reclinó y cerró los ojos y Hermione se preguntó qué pensaría si se acurrucaba contra él y le hacía algo erótico como lamerle el lóbulo de la oreja o deslizar la mano por su vientre. Comprendió que tenía un fuerte deseo de ver cómo era el cuerpo de aquel hombre de negocios sin los caros trajes que llevaba.
Ella había visto por primera vez el cuerpo desnudo de Ron cuando tenía quince años y ella diez en la piscina de los Granger. Era el primer año en que su padre trabajaba como chofer de la familia. Desde luego, Ron no era el ideal de la sexualidad masculina, pero en cuanto se habían quedado a solas se había sentido tentada de desabrocharle la camisa y deslizar la mano en su interior para explorarle el torso: un impulso que había sentido más de una vez en compañía de Harry.
Harry despidió a la persona que llamaba y colgó, pero no volvió a atraer a Hermione a su regazo. En vez de eso, se levantó y dijo:
—Era una de mis primas que quería saber por qué vamos a celebrar una boda íntima. Estoy un poco agotado esta noche. Si no te importa, me retiraré temprano.
— Por supuesto que no.
Parecía cansado, pero no tan cansado. Sólo un momento antes había parecido dispuesto a hacerle el amor. Debía ser una excusa para evitar la tentación y mantener su promesa.
Volvieron al rellano, se despidieron y tomaron direcciones diferentes.
Con su abuela, su madre y su hermana, pero no Rolf, que se había quedado cuidando a los niños, Hermione pasó la noche anterior a la boda en un hotel reservado por la secretaria de Harry.
La cena fue en el restaurante del hotel.
—Así que no conoceremos a su familia hasta mañana —protestó la abuela— Si fuera mi nieto el que se casara y su familia hubiera hecho un viaje tan largo, habría preparado la bienvenida en mi casa, por muy pequeña que sea. Parece que su familia no quiere conocer a esta parte de la familia.
—Somos sus huéspedes aquí, mamá —dijo la madre de Hermione — Este es un hotel precioso y nos han puesto flores en las habitaciones.
—No nos han invitado a su casa, lo que quiere decir que no somos bien recibidas.
—Eso son bobadas, abuela —dijo Hermione con firmeza aunque creía que la anciana tenía parte de razón en lo referente a lady Potter — Lady Potter es mayor que tú y no tiene tu energía. Celebrar aquí la comida de la boda será menos estresante para ella.
—Pensé que habías dicho que tenía mayordomo y más personal. No sería ella la que haría el trabajo.
—Sí, pero sigue siendo estresante tener una recepción en tu propia casa, mamá —los disculpó su hija.
— ¡Ocho personas! ¿Lo llamas a eso una recepción? Así siguió protestando hasta que Hermione, exasperada dijo:
—Me estás disgustando, abuela. Casarse te pone bastante nerviosa sin que le encuentres tú defectos a todo. ¿Podemos hablar de otra cosa, por favor?
Más tarde, mientras se preparaba para meterse en la cama al lado de la de su hermana, Luna comentó:
—Cuando dijiste que casarse te ponía bastante nerviosa, sólo era para que se callara la abuela, ¿verdad? No pareces nada nerviosa.
— ¿No es eso lo normal en las novias? ¿No lo estabas tú la noche antes de casarte con Rolf?
— Yo estaba en la cama con Rolf —dijo su hermana con una sonrisa — Hacíamos el amor a cada oportunidad. Cuando estaba todo el mundo en la cama, me escabullí de mi habitación y me colé en la suya. Sus padres estaban en la habitación de al lado, así que tuvimos que ser más silenciosos que ratones. Y fue mucho mejor que la noche siguiente. Yo estaba agotada de estar todo el día de exhibición. Las grandes bodas son divertidas para los invitados, pero agotadoras para los novios. Tú estarás en mejor forma mañana de lo que estábamos Rolf y yo.
Hermione soltó una carcajada, que era lo que pretendía su hermana. Sin querer que Luna supiera lo preocupada que estaba, dijo con tono cuidadoso:
—Me pregunto a donde iremos. He metido un traje de baño y un chal por si hace fresco por las noches.
— ¿Quién sabe? La idea de una luna de miel perfecta para Harry podría ser ir a pescar a un tranquilo lago. Quizá no deberías haberle dado carta blanca. Pero mientras no quiera ir a hacer puenting... Ese es uno de los planes que tiene más enloquecido a Rolf —dijo Luna con una mueca—. De todas formas, mañana te enterarás de lo mejor o lo peor.
"En más de un sentido" pensó Hermione. Siguieron hablando hasta que Luna no le contestó más y Hermione supo que se había quedado dormida.
Lanzó un profundo suspiro deseando que el sueño le borrara el torbellino que tenía en la cabeza. Se recordó a sí misma que en muchas partes del mundo la gente se casaba por otras razones que el amor y que parecía funcionar tan bien como en los países en que el amor se consideraba la única motivación.
Pero seguía sintiendo que iba a lanzarse a una aventura que tenía más posibilidades de salir mal que bien.
Astrid Saotome: Gracias por tomarte el tiempo de comentar, es muy importante para mi saber que hay alguien que me lee, pero mas importante es la que me demuestra que me lee, así como todas las personas que me dejan un comentario para darme ánimos o decirme lo que les parece mi historia. Trato en lo mas posible de actualizar diariamente, en especial porque ya subo las historias cuando las tengo terminadas, entonces para mi es mas rápido subir el capítulo sea donde sea que me encuentre, solo necesito una conexión de Internet y ya está. Esta historia es muy hermosa, ya verás muy pronto. Reitero de nuevo mi agradecimiento contigo y espero que te haya gustado este capítulo.
Aldana-N-A : Gracias, la verdad no son las primeras historias que escribo, hace unos años escribía así mismo, pero la verdad las críticas eran muy duras y no tenía la madurez que tengo ahora para poder aceptarlas, aparte que muchas chicas que son canon (Hannys) me sacaban de mis casillas, así que decidí borrar todo y solo me dediqué a leer. Pero ahora soy una persona diferente, cambié mi nick y empecé a escribir de nuevo, quizás en algún momento vuelva a subir mis pequeñas historias.
