Disclaimer: Nada me pertenece. No lo hago con fines de lucro. Es una adaptación. Personajes: J. K. Rowling. Historia: Anne Weale.
Capítulo 7
Hermione cruzó la sala para acercarse a los altos ventanales franceses que daban a la terraza. Desabrochándose la chaqueta, se quedó mirando al jardín un minuto antes de darse la vuelta para ver lo que estaba haciendo Harry.
Él también se había quitado la chaqueta y la había posado sobre una butaca. Ahora se estaba acercando a ella lentamente con una mirada tan intensa que no dejaba dudas a lo que pretendía hacer.
Hermione inhaló para calmarse, pero esa vez no le sirvió de nada. Al llegar a ella y rodearla en sus brazos, las emociones contenidas se desataron en un torrente de lágrimas.
Fue el momento más vergonzoso de su vida. No podía creer haberse derrumbado de aquella manera, pero sus sentimientos estaban fuera de control. No podía hacer nada para contener las lágrimas y los estremecidos sollozos que la sacudieron.
Harry la siguió abrazando acariciándole la espalda como si fuera un niño desconsolado y le puso un pañuelo inmaculado en las manos temblorosas.
Con voz baja y calmada dijo:
— Está bien, Hermy. No te preocupes, has tenido mucha tensión. Lo que necesitas es descansar.
Le sorprendió que hubiera usado el nombre que sólo usaba su familia. Secándose los ojos dijo:
—Lo siento... No suelo hacer esto.
—Estoy seguro. Pero estas circunstancias son excepcionales. Yo me voy a ver las noticias. Tú vete a cepillarte los dientes y métete en la cama. Después de ocho horas de sueño te sentirás una persona diferente.
—Pero...
—No hay peros que valgan... Haz lo que te digo y sé buena chica —parecía hablarle a una adolescente. — . Buenas noches. Que duermas bien.
Agotada y agradecida por su comprensión, Hermione obedeció. Cuando se despertó, las cortinas estaban abiertas.
Por un momento, Hermione permaneció inmóvil para orientarse. Estaba echada de medio lado de cara a los ventanales. Fuera, el sol se estaba levantando anunciando un glorioso día, como había previsto Harry.
¡Harry! ¿Dónde estaba?
Con precaución y lentamente, se dio la vuelta y volvió la cabeza. Harry estaba dormido a su lado. Parecía estar desnudo. La ropa de cama le cubría hasta la cintura, pero la parte superior quedaba expuesta. Como había notado el día anterior, su piel tenía el brillo de la seda. Esa mañana, el pelo normalmente echado para atrás y brillante como el plumaje de un pájaro negro, estaba revuelto.
Hermione siempre se había sentido atraída por las texturas. Ahora sintió el fuerte impulso de estirar la mano sobre su ancha espalda y acariciarle el pelo de la nuca.
En vez de hacerlo, permaneció inmóvil pensando en lo considerado que había sido la noche anterior sin mostrar ningún enfado o frustración cuando ella se había comportado como una idiota histérica.
El recuerdo de su derrumbamiento le hizo morderse el labio con enojo. Era tan poco propio de ella ponerse a llorar. Ella siempre había sido fuerte... había controlado sus emociones...
Pero Harry había acertado: un largo sueño le había restaurado. Aunque no ansiosa, se sentía preparada para enfrentarse al día. ¿Qué hora sería? ¿Cuándo se despertaría él?
Miró hacia la mesilla. Eran las siete menos cuarto, su hora habitual de despertarse. Había creído que Harry sería una persona madrugadora. Pero, ¿a qué hora se habría acostado? Quizá muy tarde.
Se estaba preguntando si despertarlo y compensar su comportamiento de la noche anterior con un beso cuando el largo cuerpo se removió. Entonces rodó de espaldas y empezó a abrir los ojos.
Pero cuando esperaba que la mirara y le diera los buenos días, los cerró de nuevo y lanzó un gemido.
Por un momento, Hermione pensó que estaría enfermo.
¿Te encuentras mal? —preguntó con ansiedad esperando que el hotel tuviera un médico de guardia.
Parecía que Harry se había olvidado que estaba allí. Mirándola con los ojos entrecerrados, murmuró:
—Tengo un horrible dolor de cabeza. Es culpa mía. Tomé demasiado brandy anoche.
Parpadeando, se incorporó sobre los codos con los ojos abiertos ya pero con mirada poco amistosa.
—No hay como media botella de alcohol fuerte para sedar una libido hiperactiva—dijo con sarcasmo antes de apartar la ropa de la cama para soltar una maldición cuando el movimiento le agravó el dolor de cabeza.
Era la primera vez que Hermione veía a un hombre totalmente desnudo y apenas le dio tiempo a un rápido vistazo antes de que desapareciera en el cuarto de baño.
Se preguntó si levantarse, ponerse la bata y salir al balcón a tomar un poco de aire fresco. No se había dado cuenta hasta el momento, pero en el aire flotaba un fuerte olor a brandy.
Saltó de la cama y, a punto de ponerse la bata un poco menos transparente que el camisón, se detuvo.
Después de la ducha podría sentirse lo bastante recuperado como para querer consumar su unión. Si la encontraba fuera de la cama, podía pensar que era otro desplante.
Volvió a meterse en la cama a escuchar el sordo sonido de la ducha.
Pasó casi media hora antes de que apareciera Harry afeitado y con una toalla enrollada en la cintura.
—Todo tuyo —dijo sin mirarla apenas mientras se acercaba a la cómoda.
Hermione salió de la cama consciente de que su camisón italiano, estaba más diseñado para revelar que para ocultar. Pero Harry no volvió la cabeza
Él ya se había ido de la habitación cuando Hermione salió del baño. Cuando se reunió con él en la sala, lo encontró leyendo un periódico francés.
—Vamos a desayunar abajo, ¿te parece?
Hermione se preguntó por qué siempre prefería comer en público.
—Tengo paracetamol en el bolso si quieres.
— Nunca lo uso, gracias. El café me despejará el resto del dolor de cabeza.
Perdona por la indirecta de antes.
—Fue culpa mía. Siento lo de anoche. Tenías razón: el sueño me ha restaurado. Supongo que incluso una boda íntima es una ocasión estresante —sonrió—. ¿Podemos empezar de nuevo?
—Por supuesto.
Pero su sonrisa era contenida como si hicieran falta muchas más disculpas ante el fiasco de la noche anterior.
El hotel tenía todo tipo de desayunos internacionales. Ellos escogieron el francés, aunque fue Hermione la que se comió la mayor parte de los croissants. Harry bebió mucho zumo de naranja y café.
Hasta que empezó a hacer sugerencias acerca de cómo podía pasar la mañana, Hermione se había olvidado de que no la pasarían juntos. Él ni siquiera le había dicho a dónde iba a ir o qué iba a hacer.
En otras circunstancias, la perspectiva de pasar unas horas en una histórica ciudad extranjera hubiera hecho que Hermione saliera corriendo a conseguir información a un centro de turismo. Pero como Harry ya había enumerado las principales atracciones, no era necesario. Sólo tenía que escoger las opciones más atractivas.
Se despidieron en el recibidor del hotel. Harry no le dio un beso de despedida. Ni siquiera en la mejilla.
Hermione se sintió despreciada. Su plan de irse por su cuenta había sido hecho antes de lo que había pasado la noche anterior. Incluso si hubieran hecho el amor y todo hubiera sido dorando entre ellos, la habría abandonado.
Sin humor para ir de compras, se dedicó a visitar los monumentos que databan del siglo quince. Llegó pronto al lugar en el que habían quedado, que era un café con terraza y sombrillas.
Pidió un refresco de limón y se sentó a escribir unas tarjetas postales. Estaba escribiendo la segunda cuando el bolígrafo se le acabó. Lanzó un suspiro de exasperación.
— ¿Puedo prestarle el mío? —dijo alguien con un fuerte acento inglés.
Era el hombre de la mesa de al lado. Hermione se había fijado cuando se había sentado en que era un hombre joven y atractivo, pero enseguida había apartado la mirada.
—Muy amable por su parte.
Aceptó su oferta y siguió con lo que estaba haciendo consciente de que el hombre la estaba mirando y preguntándose si querría hablar con ella. Si era eso lo que pretendía, ya podía pensar en otra cosa, aunque pensándolo mejor, no sería malo que Harry viera que le resultaba atractiva a otros hombres. Le devolvió el bolígrafo al acabar.
—Muchas gracias.
—Un placer. ¿Está de vacaciones?
—Sí, ¿Es usted de Burdeos?
Al principio, la conversación siguió las líneas habituales. El hombre se presentó a sí mismo como Draco y le dijo que era un dibujante de arquitectura con aspiraciones a convertirse en pintor.
—Burdeos ha dado tantos artistas... Odilon Redon, Rosa Bonheur. Fue la primera mujer en un mundo de hombre. ¿Y para qué lo necesitaba? —Estaba especializada en pintar animales y vestirse con pantalones era más fácil para ella para sentarse en las ferias y mercados pintando caballos y ganado. Vivía en el siglo diecinueve en que las mujeres tenían mucha menos libertad. No es como ahora, que pueden ir donde quieran y hacer lo que quieran.
Había estado alabando su pelo y diciéndole lo mucho que le gustaría pintarla cuando Hermione notó que se acercaba Harry pero aparentó no haberlo visto.
A su marido no le gustó encontrar a un extraño inclinado hacia ella y con el brazo apoyado en el respaldo de su silla. Draco le estaba preguntando si le gustaría posar para él.
Pero Harry contestó por ella.
—Desde luego que no —dijo con frialdad—. Mi esposa tiene todo el tiempo ocupado.
Draco se puso de pie muy turbado. —Perdone. No sabía... Pulverizado por la mirada acerada del alto inglés, Draco se retiró.
—Había creído que a estas alturas habrías perfeccionado la técnica de levantar barreras —señaló Harry con sequedad al sentarse.
—No he tenido que llegar hasta ese punto. Hermione le explicó lo del bolígrafo.
Llegó entonces el camarero con los menús. Mirando el vaso de Hermione, Harry preguntó con heladora cortesía:
— ¿Otro refresco para ti?
—Una copa de vino blanco, por favor.
La noche anterior, Harry había estudiado con atención el menú, pero ahora apenas lo miró por encima antes de pedir un entrecot y una ensalada.
—Necesito un poco más de tiempo, por favor. Hermione sonrió con dulzura al camarero.
—Desde luego, señora.
Sabiendo que Harry estaba irritado, Hermione se tomó más tiempo del necesario antes de decidirse por filetes de merluza con alcachofas.
— ¿Y para empezar, señora?
—Nada, gracias... pero quizá un pudding de postre.
— ¿Algún vino con el entrecot, señor?
—No, gracias.
Incluso con el camarero, el tono de Harry era notablemente ácido. En cuanto estuvieron a solas, dijo en voz baja:
—Déjame aclararte algo. Nuestro matrimonio puede ser poco corriente en algunos aspectos, pero no es ni será nunca una relación abierta. Tú me perteneces ahora. Si alguien te hace proposiciones, espero que le dejes muy claro que no estás libre.
—En ese caso tendría sentido que no me dejaras sola mientras estás ocupado con cosas más importantes — contestó ella enfadada—. Y una mujer no es una posesión... al menos en esta parte del mundo. Se supone que es una compañera igual. Y si te vas a poner celoso sólo porque hable con otros hombres, será mejor que nos separemos ahora. No podría soportarlo.
Su discurso fue interrumpido por el camarero con el cesto del pan.
Si no querías que te dejara sola, ¿por qué no me lo dijiste?
—Porque era evidente que, fuera lo que fuera lo que tenías que hacer, preferías hacerlo solo.
— ¡Bobadas! Iba a ir a las afueras... a una de las zonas industriales. —No es una zona interesante. Pensé que preferirías el centro.
— ¿Qué estabas haciendo ahí?
Comprar cierto equipo en que los franceses son muy buenos.
No le explicó más. Hermione sabía que estaba todavía furioso y no sin justificación. Ella había animado al pobre Draco a que creyera que estaba sola. Pero si Harry no podía entender que era extraordinariamente egoísta dejar a la esposa sola el primer día de la luna de miel, se merecía la dura lección.
Entonces llegó la comida. En otras circunstancias, Hermione hubiera paladeado hasta el último bocado, pero esa vez comió de forma mecánica dividida entre el enfado ante la reacción machista de Harry y el arrepentimiento de haber provocado el enfado.
Intentando considerar la situación de forma desapasionada, pensó que Burdeos no era el lugar apropiado para una luna de miel. Quizá, para una pareja enamorada podría ser el paraíso, pero incluso así, un sitio tranquilo y romántico sería mejor que una ciudad bulliciosa.
Cuando tomaron el café, Harry pagó la factura. En el taxi de vuelta, Hermione tenía la fuerte impresión de que en cuanto llegaran a la suite, Harry le haría el amor a modo de castigo, con o sin su consentimiento.
Le dirigió una mirada de soslayo. Harry estaba mirando por la ventanilla y lo único que pudo ver fueron las líneas angulosas de su mejilla y su mandíbula. Él había dicho que le pertenecía. ¿Sería capaz de tomarla sin tener en cuenta sus deseos? ¿Sería un salvaje en lo más hondo a pesar de la superficie civilizada? La noche anterior había sido amable, pero quizá ya hubiera perdido la paciencia con ella.
En el ascensor, Hermione sintió un cosquilleo de mil mariposas en el estómago. Pero no era el mismo tipo de pánico que había sentido la noche anterior. Ahora era una cierta excitación mezclada con aprensión.
Harry abrió la puerta. Incluso enojado, se apartó a un lado con la cortesía habitual.
—Gracias.
— ¿Cuánto tardarás en hacer el equipaje?
— ¿Volvemos a Londres? —preguntó ella sorprendida.
—No seas tonta. No imaginarías que íbamos a pasar toda la luna de miel en Burdeos, ¿verdad?
— ¿Y qué otra cosa podía pensar?
—Querías un viaje mágico y misterioso. Vamos de camino a uno de los sitios más bonitos de Europa... a los valles montañosos de los Pirineos. Burdeos era sólo una parada para no tener que conducir toda la noche.
— ¿Y cómo vamos a llegar hasta allí? —He alquilado un coche. Puedes conducir tú también si quieres. ¿Sabes conducir por la derecha?
—Practiqué algo en Estados Unidos.
Mientras Hermione empezaba a empaquetar, sintió alivio de que el enfado entre ellos se hubiera pasado. Pero también, si tenía que ser sincera, sentía un poco de frustración de que la pelea no se hubiera resuelto como ella había esperado.
Hasta que no estuvieran en la cama juntos, hasta que hubiera pasado aquella prueba, siempre habría tensión entre ellos. El sexo era al fin y al cabo para lo que estaban hechas las lunas de miel.
Una hora después de abandonar el hotel, ya habían dejado Burdeos atrás y se dirigían al sudoeste, a la cordillera que separaba Francia de España.
Harry había dibujado en el plano la ruta exacta y se lo había pasado a Hermione para que hiciera de copiloto, pero parecía saber el camino de memoria.
— ¿Conoces bien los Pirineos?
—Una parte de ellos sí. Son adictivos. El tiempo no es muy fiable, pero nunca lo es en las montañas a menos que bajes mucho más al sur.
Aunque la mayor parte de la ruta era por autopistas, hacia el final de la tarde llegaron a las laderas de las montañas en cuyos picos distantes todavía brillaba la nieve.
Las carreteras se hicieron más estrechas y el terreno más montañoso. Cuando Harry paró el coche frente a un pequeño hotel llamado La Terrase, Hermione comprobó que era un establecimiento muy diferente al hotel de Burdeos. Varios campesinos vestidos de mono azul, dejaron de hablar cuando Hermione pasó por delante de Harry, que los saludó al instante para recibir en respuesta un coro de saludos:
—Señor, señora...
Les dieron una llave y subieron ellos solos a una habitación del primer piso que estaba a oscuras. Cuando encendieron la luz, el dormitorio resultó ser del mismo tamaño que el cuarto de baño del hotel de Burdeos. Una cama doble baja ocupaba la mayor parte del espació. La televisión, en lo alto de la pared, parecía una cámara vigilante.
—Espero que no te parezca demasiado rústico — dijo Harry al posar las maletas.
A Hermione no le importaba, pero le extrañaba que él lo encontrara aceptable. Como en la habitación de Burdeos, tenía ventanales franceses que abrían hacia dentro por las contraventanas de madera. Hermione las abrió y salió al balcón bajo el alero del inclinado tejado típico de sitios de mucha nieve.
— ¡Oh, qué vista tan fabulosa!
Tras la cabeza del valle se elevaban los majestuosos picos cubiertos de nieve que brillaba bajo la suave luz de la tarde. A media distancia, los altos pastos descendían hasta acabar en los densos bosques perennes.
—Bonita, ¿verdad?
Hermione lo miró viendo una expresión en su cara nueva para ella. Estaba intentando descifrarla cuando oyeron una llamada en la puerta y Harry se acercó a abrirla.
La propietaria, una mujer corpulenta de mediana edad llevaba una hielera y dos copas.
— ¿Lo encargaste por anticipado? — Harry asintió.
—Las mujeres de mi familia siempre decían que después de un largo viaje, una copa de champán y una ducha era lo mejor para reanimarse. Me daré una corta ducha y después podrás usar el baño todo el tiempo que quieras. El comedor abre a las ocho.
— ¿Has estado aquí antes?
—Sí... pero no en esta habitación y estuve solo — llenó las copas —Vamos a tomarlas fuera, ¿te parece? Pero primero... —la tomó de la mano y la atrajo contra sí— ¿Un beso para hacer las paces?
Hermione apoyó las manos en su pecho. El instinto le decía que en aquel sencillo hotel las cosas irían mejor.
—Siento lo de hoy, Harry. La verdad es que flirteé un poco con el francés, pero sólo para hacerte pagar el abandono. Creía que habías escogido Burdeos para resolver asuntos del banco.
—Cómo has podido pensar que iba a dar prioridad al banco antes que a mi luna demiel.
—La mayoría de la gente con carreras interesantes siente pasión por ellas y lo entiendo. Es sólo que sentía, que dadas las circunstancias deberías concentrarte en mí.
—Y pretendo concentrarme en ti, Hermione. Desde ahora tendrás mi atención completa.
Sólo aquello fue suficiente para acelerarle el pulso y Hermione se sintió decepcionada cuando la soltó y le pasó una de las copas.
El balcón tenía dos sillas de director y Harry las desplegó.
—Mañana te llevaré ahí —dijo con la vista clavada en los pastos después de sentarse—. Es una zona maravillosa para caminar. Y en esta época del año lo tendremos casi para nosotros solos.
Harry apuró la copa con bastante rapidez y se fue a la ducha. Al escuchar el agua correr, Hermione pensó si mientras ella estuviera en la bañera, él la esperaría echado en la cama con la toalla alrededor de la cintura esperando hacerle el amor antes de bajar a cenar.
El sonido de los cencerros la hizo bajar la mirada. Un rebaño de ovejas avanzaba por la calle con el pastor y el perro detrás. Al pasar frente al hotel, el pastor le hizo un gesto de saludo y ella se preguntó si aquel hombre habría salido del valle en su vida. Entonces recordó la expresión de Harry al mirar el paisaje. Era como si hubiera sufrido una transformación sutil, convirtiéndose en una persona más relajada y menos distante. ¿O habrían sido imaginaciones suyas?
Como por la mañana, Harry salió del baño con la toalla enrollada alrededor de la cintura.
—Me temo que está lleno de vapor. No tiene ventana, sólo un pequeño ventilador.
—Déjame servirte otra copa.
Harry ya le había llenado la bañera. Echada en el agua caliente después de haber añadido un poco de aceite aromático, dio un sorbo a su copa y se preguntó sí él habría corrido las cortinas y abierto la cama.
Aunque le había dicho que se tomara su tiempo, Hermione pensó que no debía mantenerlo esperando mucho tiempo. Después de todo, llevaban casados más de treinta y seis horas y hasta ahora había sido muy paciente en no disfrutar de la luna de miel por una causa u otra.
Hermione estaba a punto de levantarse para secarse cuando oyó una llamada en la puerta.
—No está cerrada. Puedes pasar. La puerta no se abrió.
Voy a encargar una merienda para mañana. Cuando estés lista daremos un paseo por el pueblo, ¿de acuerdo?
—De acuerdo —repitió ella medio aliviada medio decepcionada de que el momento de la verdad tuviera que retrasarse de nuevo.
Cuando bajó al bar, los del pueblo ya se habían ido y Harry estaba tomando una copa con dos personas con las mochilas en el suelo.
Los dos hombres se levantaron cuando Hermione se acercó y Harry la presentó:
—Esta es mi mujer. Somos Harry y Hermione Potter.
—Nosotros Hannah y Neville Longbottom. ¿Cómo está, señora Potter? El hombre extendió la mano y su mujer la de Harry.
Debían de tener alrededor de cincuenta años y una estupenda forma física, estaban en mitad de sus vacaciones de senderismo. Habían tenido suerte con el tiempo y habían pasado días recorriendo una red de caminos de ganado y rurales que habían trazado.
Siempre pasaban sus vacaciones caminando. Neville era un experto escalador pero su mujer sufría vértigo con las alturas así que no escalaban juntos.
Al principio, Hermione pensó que habían ido a La Terrasse a tomar una copa pero resultó que se albergaban allí. Cuando se retiraron, Harry y Hermione se fueron a dar su paseo.
El pueblo tenía una antigua torre de reloj, un monumento de la II Guerra Mundial y edificios de todas las épocas desde el siglo catorce. Más o menos paralelo con la calle principal había un arroyo burbujeante con un puente antiguo de granito. Cerca, en una pradera, bajo las extendidas ramas de un dulce castaño, las gallinas picoteaban el césped.
—Eso sí es una bonita imagen —dijo Harry—. Las gallinas viviendo como la naturaleza pretende.
Hermione había estado pensando lo mismo.
Al seguir andando, Harry la tomó de la mano.
— ¿Te gusta esto?
—Mucho. Es un sitio precioso.
—Pensaba quedarnos aquí dos noches y movernos a otro sitio. Si quieres, podríamos cruzar la frontera y pasar unos cuantos días en España.
— ¿Hablas español?
—Lo suficiente como para defenderme.
Harry siguió sujetándole la mano todo el camino de vuelta al hotel y sólo se la soltó para abrirle la puerta. Al entrar, los Longbottom bajaban las escaleras.
—Nos morimos de hambre —dijo Hannah —. Ocho horas al aire libre te abren un apetito de lobo. Como parece que somos los únicos huéspedes aquí, podíamos reunimos para cenar, ¿qué os parece?
—Perfecto —acordó Harry—. Si sólo somos cuatro personas, parecería muy antisocial sentarse en mesas separadas.
La comida con los Longbottom fue la primera que Hermione disfrutó de verdad desde su llegada a Francia. Resultó que Harry era tan buen escalador y entusiasta como Neville y mientras hablaban de su deporte, Hannah le explicaba a Hermione su trabajo, que era dar soporte técnico a usuarios de una marca de ordenadores.
Sólo como pasatiempo, Hermione se había comprado un PC y había aprendido a usarlo, así que le pudo hacer algunas preguntas inteligentes y se divirtió mucho de las anécdotas de la gente que usaba la línea caliente.
— ¿Cuánto tiempo lleváis casados? —preguntó Harry durante el postre. Fue Hannah la que le contestó.
—Treinta y cinco años en septiembre y que se han pasado volando, ¿verdad, Neville? Su marido asintió con una sonrisa.
Nos casamos muy jóvenes... o eso pensaba nuestras familias. Pero hasta ahora todo ha ido muy bien —dijo con un guiño de picardía hacia su mujer.
—Por desgracia, nuestros hijos no han tenido tanta suerte —dijo Hannah— Nuestro hijo está divorciado y nuestra hija vive con alguien. Hay mucho de eso en estos tiempos. Es un cambio agradable encontrarse a una pareja joven que son marido y mujer para variar. Para mí, esas parejas no son lo mismo que un compromiso real.
Era evidente que suponía que Harry y Hermione llevaban casados algún tiempo.
— ¿Cuál creéis que es el secreto de vuestro éxito? —preguntó Harry.
—La amistad —aseguró Neville—. La diferencia entre un matrimonio que dura y otro que no, es la amistad. Esa es la base del éxito.
En cuanto terminaron la cena, los Longbottom se despidieron y se retiraron. Para entonces ya había algunos comensales más, pero ninguno era inglés.
—Parece que disfrutaste de la compañía de Hannah. Te reías mucho —dijo Harry mientras tomaba el café. Hermione le contó las anécdotas y le hizo reír también. Entonces, cuando su sonrisa se desvaneció, un brillo diferente asomó a sus ojos.
— ¿Te gustaría tomar el aire fresco o nos vamos arriba? Hermione mantuvo la mirada.
—Vamos arriba.
Una nueva sonrisa le produjo unas atractivas arrugas en la comisura de los labios.
—Todavía hay más café en la cafetera.
—No quiero más. ¿Tú?
La mano derecha de Hermione estaba sobre la mesa jugando con el borde de la taza. Harry se la tomó y se la llevó hasta los labios dándole un beso en los nudillos. Aún más suavemente susurró:
—No... Te quiero a ti.
Dejaron las servilletas y se levantaron. Al hacerlo, hubo una conmoción en la entrada del bar. Había aparecido un policía y otro hombre y estaban hablando con la mujer del dueño, que les respondió con agitación.
Cuando Hermione y Harry abandonaron el comedor, el policía le dirigió una mirada especulativa y entonces le habló en francés.
La conversación que prosiguió fue demasiado rápida para que Hermione pudiera entenderla.
