A petición de Astrid. Ahora se feliz y espera hasta pasado mañana. Besos.


Disclaimer: Nada me pertenece. No lo hago con fines de lucro. Es una adaptación. Personajes: J. K. Rowling. Historia: Anne Weale.

Capítulo 8

Media hora más tarde, Hermione estaba de nuevo en la mesa tomando una taza de café con Hannah. Sus dos maridos habían salido con el equipo de rescate de montaña, que al estar cortos de personal habían ido a buscar voluntarios por los hoteles.

Lo único que las dos mujeres sabían del accidente era que había pasado aquella misma tarde. Dos chicas extranjeras habían salido a escalar juntas. Una se había caído y estaba gravemente herida y la otra se había perdido al ir a buscar ayuda.

—Es una suerte que Harry y Neville estuvieran aquí — dijo Hannah—. Si la chica herida está en una pared, necesitarán un equipo completo de hombres para sacarla de allí —se estremeció al pensarlo—. Sólo de pensarlo me pongo enferma. No puedo soportar ver a Neville escalar. Me gustaría poder hacerlo con él, pero siento vértigo sólo en lo alto de una escalera. ¿No te dan miedo las alturas?

—Realmente no lo sé. Nunca lo he probado.

Se estaba preguntando cuánto duraría el rescate. Largo tiempo, por el aspecto de los hechos. Podría ser de madrugada antes de que Harry volviera.

—Puede que te guste. ¿A qué se dedica Harry?

—Es banquero.

— ¿De verdad? Parece en tan buena forma que no me lo imagino en un despacho.

— ¿Le gusta su trabajo?

—Es una tradición familiar. Su padre, su abuelo y su bisabuelo ya eran banqueros.

—Ya entiendo... Entonces debe tener mucha presión sobre sus hombros —dijo Hannah con tono de simpatía—. A Neville también le pasó un poco lo mismo. Cuando terminó el colegio, la escalada no era una opción como carrera. Su padre era dentista, así que Neville siguió sus pasos aunque nunca le ha llenado del todo. Se muere de ganas de jubilarse para poder empezar a divertirse. Siento que en ese aspecto, ha perdido su vida —terminó con un suspiro.

Llevaban una hora hablando cuando Hannah dijo:

—Creo que deberíamos acostarnos. No tiene sentido esperar sentadas.

Sola en la cama doble, Hermione permaneció despierta bastante tiempo. Había sido un día extraño, que había empezado mal y había acabado incompleto.

Pero había algunos momentos que podía recordar con placer, como cuando Harry le había besado la mano en la mesa con expresión de deseo.

Y ella había respondido entonces. El vino que había tomado, la conversación de la cena y el éxito del matrimonio de los Longbottom se habían juntado para hacerla concebir esperanzas de que su extraña relación con Harry pudiera ser algo bueno y duradero.

—Pero ¿seguiría manteniendo el optimismo a la mañana siguiente?

Se despertó sobresaltada para encontrarse a Harry a los pies de la cama. Se había quedado dormida con la luz encendida. Incorporándose, estaba a punto de preguntarle que qué había pasado cuando él se llevó un dedo a los labios.

Entonces se sentó a su lado y dijo en voz baja:

— Se acabó el pánico. La chica está de camino al hospital. Tiene el brazo roto pero va a ponerse bien. Perdona por haberte despertado.

—No importa —susurró ella—. Debes estar agotado. ¿Te apetece una taza de té?

La habitación tenía una tetera para calentar agua, una selección de tés y café o chocolate.

—Preferiría un beso.

Antes de despertarse del todo, Hermione ya estaba en sus brazos besada con entusiasmo considerando que veinticuatro horas atrás, aquel hombre se había despertado con una fuerte resaca y había pasado la noche asistiendo a un rescate.

Con la mente todavía adormilada, Hermione estaba funcionando por instinto y todo le decía que siguiera la corriente.

La cara de Harry estaba fría del aire y su olor era diferente del habitual. Pero su boca era cálida y Hermione se sintió bien en sus fuertes brazos y entreabrió los suaves labios bajo la presión de los de él.

Le hubiera encantado continuar aquel beso indefinidamente, pero de repente Harry lo finalizó.

— Estoy asqueroso —le murmuró al oído — No puedo meterme en la cama así. Me daré una ducha rápida.

Se alejó hasta el borde de la cama y empezó a desabrocharse las botas.

Antes de que él y Neville salieran, Hermione había descubierto las botas y un par más ligero para ella. El equipo de escalada, lo que había ido a comprar a Burdeos, estaba en el coche que había alquilado.

Después acabó de desvestirse excepto por los calzoncillos y desapareció. Un momento más tarde, Hermione escuchó el agua de la ducha.

El ruido de la ducha se detuvo. Después lo oyó lavarse los dientes.

«Yo también necesito lavarme los míos», pensó. Estaba de pie junto a la puerta del cuarto de baño cuando Harry salió secándose la cabeza con vigor.

—No tardaré mucho —dijo Hermione entrando y cerrando la puerta antes de lavarse los dientes.

La luz de la habitación estaba apagada y Harry de pie junto a la ventana. Hermione apagó la luz del baño. Había descubierto antes, que con las contraventanas abiertas la habitación no estaba nunca en total oscuridad debido a la farola de la calle.

Tardaría un poco en adaptarse la vista después de la luz el baño. Pero Harry ya tenía la visión adaptada y se acercó a ella tomándole la cara entre las manos.

—Me costó concentrarme en lo que estaba haciendo... me costó no pensar en ti.

Resumió entonces el beso interrumpido deslizando las manos a ambos lados de su cuello, a lo largo de su espalda y hacia su cintura, desde donde la atrajo hacia sí. Durante un momento, Hermione se quedó pasiva, las manos atrapadas contra el sólido muro de su pecho, sus dedos sintiendo, por primera vez, la textura de su piel desnuda.

La sensación de ser abrazada por alguien mucho más grande y más fuerte ante el que era impotente era extrañamente excitante, como nadar en un mar furioso.

Sabiendo que el tiempo de la contención se había acabado, que le debía la generosidad en sus respuestas, Hermione deslizó las manos desde su torso a la fuerte columna de su cuello para rodeárselo con los brazos y atraerlo hacia sí.

Hermione escuchó su profundo suspiro y sintió su pecho expandirse contra la suavidad de sus senos. Entonces sus manos se deslizaron hacia su cintura acariciando lentamente sus flancos hasta que, pillándola por sorpresa, tiró del borde de su camisón y lo deslizó despacio hacia arriba.

Hermione se hizo atrás para permitirle quitárselo por la cabeza y tirarlo a un lado. Toda su timidez parecía haber desaparecido. Un segundo más tarde la estaba levantando en brazos para tenderla en la cama parándose sólo para despojarse de la toalla y echarse a su lado. —Eres tan preciosa... —susurró con voz ronca. Apoyado en un codo, posó la palma de la mano entre sus senos y su vientre. Al instante, cada parte sensitiva de su cuerpo se despertó.

Lentamente, su mano avanzó hacia arriba hacia la inflamación de sus senos para detenerse en la cresta con las palmas todavía abierta moviéndose en una caricia tan exquisita que le hizo gemir de placer.

Como un águila descendiendo del cielo, su boca alcanzó los labios entreabiertos de ella en un beso que provocó deliciosas sensaciones. Por primera vez ella sintió la calidez de su lengua y su propia respuesta instintiva. Hermione se sintió asombrada de la naturalidad y tranquilidad que sentía, como si ya lo hubiera hecho antes en otra vida, donde se hubieran descubierto el uno a otro. Entonces supo que estaba bien haber esperado, que sólo con aquel hombre...

La idea se evaporó en el instante en que sintió su mano deslizarse hacia abajo, hacia el triángulo de rizos castaños y más abajo, como dos suaves dunas, a las curvadas líneas de sus muslos.

Suavemente se los abrió produciendo senderos de placer en la sensible piel interna, acelerándole la respiración cuando sus dedos se movieron incitadores cerca del lugar donde ella deseaba sentirlos más. Pero entonces los apartó.

De repente, Harry le dio la vuelta y empezó a besarla a lo largo de la espina dorsal mientras deslizaba una mano posesiva por su trasero y por fin enterraba sus dientes en la suave carne con leves mordisquitos haciendo que Hermione enterrara la cara en la almohada para ahogar los suaves gemidos que no podía contener.

Harry la volvió a dar la vuelta para dejarla de espaldas y empezó a besar sus senos. Habían pasado casi veinticuatro horas desde la última vez que se había afeitado. Su barbilla y mejillas estaban ásperas pero Hermione lo encontró excitante. Todo en él la excitaba. Enterró las manos en su pelo y arqueó el cuerpo cuando su boca produjo miríadas de éxtasis por todos sus nervios.

Harry fue consciente de que Hermione ya no podía controlar ninguna emoción, que estaba al borde del límite. De alguna forma, por pura fuerza de voluntad, él seguía al cargo de los dos, conteniendo sus propios sentimientos mientras la volvía loca de placer.

Por fin, Hermione sintió su mano donde más deseaba sentirla buscando y encontrando la última llave del placer. No hubo nada tentativo en su caricia. Él sabía exactamente lo que ella necesitaba para que cayera por el precipicio. Casi al instante, allí la llevó y Hermione se deslizó en una espiral de placer que nunca había sentido.

Aturdida, exhausta y saciada, volvió lentamente a la realidad.

— ¡Oh, Harry!... ¿por qué? ¿Por qué no juntos?

—Eso ya vendrá después —susurró con voz ronca y excitante.

¿Qué estaría esperando de ella? ¿Algo que no podría darle? ¿Iría a decepcionarle?

Harry empezó a hacerle el amor de nuevo besándola en la boca y acariciando con suavidad su cuerpo. Para su sorpresa, pronto empezó a sentir los temblores de una nueva excitación. Esa vez, la magia funcionó con más rapidez y sacudida por la impaciencia de aliviar aquella acuciante sensación, agarró la mano que la acariciaba y la condujo a su destino.

Sintió a Harry tensarse y por su exclamación ahogada supo que su gesto incitador había conseguido que su control llegara al límite. Pero esa vez, Harry la tocó donde no la había tocado antes. Sus dedos penetraron más hondamente buscando y apartando los delicados pliegues de piel como si fueran los pétalos de una exótica flor.

Hermione pudo sentir cómo el corazón de Harry se desbocaba. La piel le ardía bajo su mano.

Entonces, los faros de un coche iluminaron la habitación y Hermione vio el brillo de sus ojos y la fiera máscara de deseo controlado.

Entonces, sin querer, le hizo daño.

Con los dientes apretados, Hermione inspiró con fuerza. Al instante el dolor se detuvo.

—Cariño... ¿qué es?

—No es nada... nada.

—No seas tonta. ¿Por qué te has puesto tensa?

Hermione había sabido que lo averiguaría. ¿Cómo podía ser de otra forma? Pero había creído que sólo después de la consumación se enteraría de que era virgen.

—Yo no... Es sólo que... que no había hecho esto antes.

— ¿Me estás diciendo que nunca habías hecho el amor?

—Sí.

Lo que ocurrió a continuación fue totalmente inesperado. Harry estiró el brazo por encima de su cabeza y encendió una de las lamparillas.

Aturdida por su repentino cambio de humor, Hermione balbuceó:

—No... No creí que importara.

Eso hizo que Harry saliera de la cama para agarrar la toalla y cubrirse con ella.

Hermione no tenía nada con qué taparse ni tampoco quería hacerlo. Después de aquella tierna exploración de su cuerpo, ¿para que querría esconderse de él? Pero al estar echada y él de pie, parecía mucho más imponente y por fin ella se incorporó.

— ¡Pensabas que no importaría! —repitió Harry con salvaje sarcasmo.

— ¿Y por qué debería? ¿Cuál es la diferencia?

—La diferencia es que me has mentido.

— ¡Yo no te he mentido! Nunca surgió el tema.

— Mentiste por defecto... Sabías muy bien que yo creía que tenías alguna experiencia.

—Bueno, pues no la tengo y algunos hombres lo encontrarían halagador. No entiendo qué problema tienes con ello.

Por un momento, él la miró sin expresión. Pero quizá sólo hubieran sido imaginaciones suyas porque al instante Harry dijo con frialdad:

—No me gusta que me tomen como un conejito de indias. Si... —se detuvo cuando unos golpes en la pared les recordaron que habían alzado la voz—. Mañana hablaremos.

Pero en vez de echarse en la cama a su lado, Harry empezó a vestirse.

— ¿Qué estás haciendo? —preguntó ella en un susurro.

—Me voy... Enseguida amanecerá. Vuelve a dormir.

— ¡Debes estar de broma!

Harry le dirigió una mirada sombría mientras continuaba vistiéndose con movimientos furiosos.

Cuando desapareció, Hermione se levantó para ponerse el camisón. Harry la había dejado en tal estado de agitación física y mental que lo único que podría hacer era prepararse un té para calmarse.

Para cuando hubo amanecido por completo, Hermione ya se había tomado tres tazas enteras y estaba más o menos tranquila para enfrentarse a su marido cuando decidiera volver.

Se bañó y se puso unos vaqueros y una camiseta blanca comprada en Hong Konk. Para cuando terminó de arreglarse, el sol ya había llegado a los pastos altos. El cielo limpio anunciaba un precioso día... al menos en lo referente al tiempo.

Preguntándose dónde habría ido Harry, Hermione decidió que en vez de quedarse a esperar, saldría ella también. Cuando llegó al pequeño puente de piedra, el sol ya reflejaba en las ondas del agua. El aire olía a vegetación y a un leve aroma de granja.

Un poco alejado de la orilla que daba al pueblo había un banco de madera, donde, la tarde anterior, habían visto charlando a dos ancianos con chapelas de estilo vasco. Ahora estaba ocupado por un hombre más joven, su larga figura tendida.

Cuando Hermione se apresuró hacia él vio que había metido el jersey bajo la cabeza y tenía los brazos cruzados por la cintura.

Como la mayoría de la gente, dormido parecía mucho más joven, pero tenía un leve fruncimiento en el ceño, como si el sueño le hubiera sorprendido enfadado. Se preguntó cuánto tardaría en despertarse. No pensaba molestarle, sólo esperar a su lado. No era muy probable que durmiera demasiado sobre un par de maderas.

No había otro sitio donde sentarse salvo en la hierba mojada. Sin hacer ruido, se paseó arriba y abajo del sendero mientras pensaba en lo que le diría cuando despertara.

Entonces apareció un paisano con un cubo en la mano. Hermione sintió que iba a hablarle y se llevó un dedo a los labios en un gesto de silencio señalando hacia Harry. El hombre pareció entender el gesto, pero al pasar ante Harry, se lo quedó mirando muy de cerca antes de decir algo en su fuerte acento francés y soltar una carcajada. Harry se estiró y lo miró antes de decirle algo en francés que sonó bastante tajante.

El hombre pareció agraviado, pero no discutió. Mientras se alejaba, Harry se incorporó, se frotó los ojos y estiró los brazos antes de flexionar los hombros.

—Buenos días —dijo Hermione en voz baja.

Él no pareció contento de verla ni tampoco lo había esperado ella.

— ¿Qué estás haciendo aquí?

—Buscarte. ¿Qué iba a hacer? Estaba preocupada por ti. Harry echó un vistazo a su reloj y se frotó la mandíbula.

—Necesito afeitarme antes de desayunar.

—Si tuvieras algún sentido te meterías en la cama hasta la hora del almuerzo.

—Puedo entretenerme sola.

—Puede que lo haga —dijo él levantándose.

—Harry... Siento lo de anoche —alzó la barbilla y lo miró directamente a los ojos — No quería confundirte, pero sigo sin entender por qué tiene importancia.

—No, ¿verdad? Entonces te lo diré yo. Hay culturas en que la inexperiencia sexual es un mérito, pero en la nuestra ya no lo es. Yo esperaba casarme con una mujer que supiera donde se metía, no con una que no tenía ni idea.

—Haces que parezca que es tan difícil como hacer un doctorado. Como si llevara años aprenderlo. Eso es ridículo. Cualquier tonto puede aprenderlo.

—Pueden y lo hacen, pero si lo hicieran bien, habría menos divorcios y los sexólogos estarían sin trabajo. No esperaba tener a una virgen en mis manos.

—Pues yo hubiera creído que sería mejor a tener a una devoradora de hombres. Al menos no podré hacer comparaciones odiosas si tu experiencia como amante se queda corta.

Para su sorpresa, él esbozó una sonrisa que le suavizó la expresión.

—Supongo que en eso tienes cierta razón.

El resto del camino lo hicieron en silencio y Hermione pensó que sería mejor contener la lengua. Cuando llegaron a La Terrasse, Harry subió a afeitarse y ella se fue a ojear unas revistas.

En cuanto él bajó, se fueron a desayunar y Hannah se reunió con ellos diciendo que Neville seguía profundamente dormido.

— ¿Por qué no agarráis las dos el coche y os vais a ver las tiendas de Oloron-Sainte-Marie? sugirió Harry — Para cuando volváis, Neville y yo ya estaremos en plena forma.

—Buena idea —acordó Hannah — ¿Te apetece, Hermione?

Cuando volvieron a la hora del almuerzo, encontraron a los hombres en el jardín de La Terrasse bebiendo cerveza y charlando de escalada.

Neville sugirió que pasaran la tarde en grupo, pero Hannah, que había averiguado que los Potter estaban de luna de miel, dijo:

—Están recién casados, Neville. Estoy segura de que querrán pasar la tarde solos.

Para sorpresa de Hermione, Harry no la contradijo. Después de un almuerzo ligero, la otra pareja se despidió:

— ¿Quieres dar un paseo? — sugirió Harry—. Sería buena idea que te probaras las botas.

En la habitación, los dos se pusieron pantalones cortos. Cuando Hermione se puso las botas, Harry se las ató. Mientras estaba arrodillado a sus pies, ella era intensamente consciente de cómo había empezado el día.

Sería tan fácil rodearle el cuello con los brazos y, cuando alzara la cabeza, atraerlo hacia sí y besarlo. Le parecía lo más propio, pero quizá se equivocara. Quizá fuera más prudente esperar a que fuera él el que tomara la iniciativa.

Caminaron durante una hora antes de que él sugiriera una parada. Antes de salir del hotel, Harry había preparado un termo con té y en el pueblo había comprado una tableta de chocolate.

Hermione se sentó en la hierba y apoyó la espalda contra un tronco caído. Se preguntó en qué estaría pensando él. Incluso aunque el sitio tenía vistas preciosas por todas partes, ella no podía relajarse.

— ¿Cómo tienes los pies?

—Bien. Siento las botas extrañas, pero son muy cómodas.

—Enseguida te acostumbrarás a ellas.

Harry le pasó una taza de plástico y cuatro barras de chocolate.

—Gracias.

Hermione dio un mordisco observando a las vacas pastar en una pradera más baja. Mientras el chocolate se derretía en su lengua, recordó los besos y la otra experiencia más sexual aún. Le gustaría besarlo de nuevo, pero al mirarle, él parecía distante.

—He estado pensando en todo —empezó Harry — Para alguien de tu edad, el que no hayas tenido ningún amante tiene que ser debido a una poderosa razón. Hay dos posibilidades —se dio la vuelta para mirarla—. Una es que hayas hecho algún voto de celibato...

La miró esperando que lo confirmara o lo negara. Hermione sacudió la cabeza.

—O que te haya estado reservando para un hombre en concreto.

—Algo así —admitió ella—. Pero ya se ha acabado.

— ¿Por qué?

—Porque se casó con otra.

— ¿Todavía lo amas?

Hermione vaciló. No era una respuesta tan simple. No se dejaba de amar sólo por no poder conseguir a la persona y al mismo tiempo, era inútil romperte el corazón por alguien a quien nunca tendrías. La vida era demasiado corta y demasiado preciosa como para perderla en vanos pesares.

— ¿Y bien?

El tono de Harry era impaciente.

—Lo estoy superando.

—Deberías habérmelo dicho. Eres culpable de falsas apariencias. Los ojos verdes de Hermione brillaron de indignación.

— ¡No lo soy! El amor no era parte del trato... por ninguna de las partes. Por lo que yo sé, tú podrías haber sugerido este matrimonio por estar en el mismo barco... amar a alguien a quien no pudieras conseguir.

—En ese caso te lo habría contado... hubiera sido sincero contigo.

Y yo te hubiera dicho que no quería saberlo... que el pasado es asunto tuyo... no mío. De todas formas, lo que está hecho, hecho está —el temperamento le fue subiendo—. Realmente, lo único importante para ti es que no tenga experiencia. Pues podrías haber leído la letra pequeña con más atención. Tu investigador privado decía que mi vida amorosa había sido extremadamente discreta. Eso debería haberte dado la pista de que mis calificaciones no incluían una lista de tórridas aventuras.

—Cálmate... toma un poco más de chocolate.

Hermione agarró la barra que le ofrecía y se la tiró al pecho. Para su enojo, él la alcanzó divertido.

Hermione pensó que todavía estaba cansada. La irritación podía ser debida a no haber dormido lo suficiente.

Agarrando la gorra, se levantó.

Si no te importa me gustaría estar un tiempo a solas.

— ¿Estás segura de que podrás encontrar el camino?

—No te preocupes. Tengo un excelente sentido de la orientación. Hasta luego.

Harry la contempló alejarse con la espalda muy recta y la tensión de sus hombros señal de una rabia contenida.

Sus pantalones dejaban ver sus largas piernas. A algunas chicas, la combinación de botas de montañas con calcetines enrollados les daban un aspecto muy sexy.

Él había tenido una vez un romance con una escaladora francesa en una difícil escalada en Los Pirineos españoles. Habían tenido muchas cosas en común, pero ella sólo estaba de vacaciones y volvería a su trabajo en África, así que no tenían un futuro juntos.

Ahora estaba atado a una esposa, cuya boca apasionada y confianza en sí misma le habían hecho esperar una entusiasta compañera de cama, pero que parecía haber estado manteniendo la virginidad para otra persona.

Harry cargó la mochila de nuevo y se levantó. Hermione podría tener un buen sentido de la orientación, pero los caminos por los bosques podían parecer diferentes a la vuelta.

Emprendiendo un paso tranquilo para no pasarla, estaba dividido entre el enojo por su estúpida decepción y la indeseada simpatía hacia ella.

Al principio había creído que había aceptado casarse con él para mantener una vida cómoda. Ahora sospechaba que era para evitarle a su madre las consecuencias de la bancarrota. Por diferentes motivos, él había sentido lo mismo hacia su padre. Pero la solución para él no había sido tan drástica como la que ella había aceptado.

Al menos tenían eso en común, pensó sombrío. Los dos estaban atrapados en una trampa.

De vuelta en el hotel, Hermione se quitó las botas y se echó con la esperanza de que Harry tardara en volver.

Cuando se despertó una hora y media más tarde, se sentía restablecida y más capaz de enfrentarse a la tarde que tenía por delante. Se preguntó dónde estaría Harry. Quizá tomando una copa con los Longbottom.

Se duchó y se lavó el pelo y usó espuma para los rizos. Después se puso un mínimo de maquillaje y se fue el armario. Se pondría un simple vestido que había usado la noche anterior.

Durante un segundo o dos deslizó la mirada por su esbelto cuerpo sólo oculto por un sujetador de encaje y unas bragas a juego. Entonces se dio la vuelta y se sirvió un vaso de agua mineral.

—He estado pensando las cosas —dijo Harry a sus espaldas. Hermione se abotonó el vestido y lo miró a través del espejo.

—Pues yo he estado durmiendo —dijo con más calma de la que sentía—. ¿Y a qué conclusiones has llegado?

Él no se dio la vuelta, como si quisiera despersonalizar lo que iba a decir. Hermione tuvo la sombría sensación de que no iba a gustarle lo que iba a oír.