Disclaimer: Nada me pertenece. No lo hago con fines de lucro. Es una adaptación. Personajes: J. K. Rowling. Historia: Anne Weale.
Capítulo 9
—Creo que deberíamos considerar el resto de este viaje como unas vacaciones en vez de una luna de miel. Es evidente que no nos conocemos como creíamos. Necesitamos rellenar algunas lagunas antes de poder... llegar a un acuerdo
Harry no le dejó a Hermione tiempo a hacer ningún comentario—. Los Longbottom se van mañana. Pensé que podríamos cenar con ellos y después irnos a un sitio que me han recomendado. Si hacemos el equipaje ahora y nos vamos hacia las nueve, llegaremos allí antes de las diez. Ya he comprobado que tienen una habitación libre y he pagado la factura de aquí.
En la cena, nadie hubiera adivinado por los modales de Harry que la relación con su mujer estaba atravesando una crisis. Seguros en su larga y estable relación, Neville y Hannah no se enteraron del conflicto sin resolver de sus compañeros de mesa.
Los dos hombres pagaron a medias e intercambiaron las direcciones. Hannah le dio a Hermione un cálido abrazo. —Espero verte de nuevo. Que se diviertan... bueno por supuesto que lo haréis —dijo con una carcajada como si fuera ley de vida que la luna de miel fuera una bendición.
Al avanzar más hacia las montañas a lo largo de la carretera serpenteante, en algunos sitios descendían arroyuelos de nieve derretida para colarse bajo la carretera. En otras circunstancias, Hermione hubiera disfrutado del viaje, pero no podía quitarse de encima la sensación de que Harry tenía algún propósito oculto al abandonar con tanta rapidez La Terrasse.
— ¿Cómo se llama el siguiente sitio?
—Los Tres Picos.
Harry tomó otra curva cerrada con facilidad. Estaba claro que estaba acostumbrado a conducir por carreteras montañosas.
Había una fiesta en los Tres Picos cuando llegaron. El patrón estaba con los festejantes, pero en cuanto vio a Hermione y a Harry llegar, salió a recibirlos insistiendo en llevar sus maletas y enseñarles la habitación.
Lo primero que Hermione notó, en cuanto encendieron las luces, fue que había dos camas.
Cuando se despertó a la mañana siguiente, la otra cama estaba vacía y la puerta del cuarto de baño abierta.
Harry estaba charlando con el patrón cuando bajó al comedor.
—Siento haber dormido más de la cuenta.
Por la noche, había permanecido despierta bastante tiempo, escuchando la respiración regular desde la otra cama.
—No importa. ¿Has dormido bien?
—Sí, gracias. ¿Y tú?
—Siempre duermo bien.
Podrían haber sido dos personas en un grupo de vacaciones, pensó Hermione. El siguiente tópico sería el tiempo.
—Va a hacer otro día estupendo —dijo Harry como si le hubiera leído el pensamiento—. Así que he encargado un almuerzo para llevar. Neville me habló de un pequeño lago... un buen sitio para comer.
Dispusieron del lago para sí mismos, un rincón idílico donde vieron a un milano sobrevolar por encima de ellos.
—Son bastante raros en Inglaterra en la actualidad — dijo Harry pasándole los prismáticos.
El resto de la semana lo pasaron dando largos paseos, jugando a las cartas o a juegos de mesa por las tardes y durmiendo en camas separadas. Harry procuraba levantarse temprano y estar metido en la cama por la noche antes de que ella saliera del cuarto de baño.
Podrían haber sido dos hermanos un poco apretados de dinero compartiendo la misma habitación, pensó Hermione. Excepto porque los sentimientos que tenía hacia él eran de todo menos fraternales.
Una noche, durante la cena, Hermione comentó:
—Hannah me contó que Neville había sufrido mucha presión para seguir la carrera de su padre. ¿Te pasó a ti lo mismo?
Harry le dirigió una mirada reflexiva antes de contestar.
—Sí, muchas veces. Pero hubiera disgustado a mi padre. Estaba muy hundido cuando mi madre le dejó y cuando yo tenía dieciocho años, estaba luchando contra el cáncer. No podía darle el disgusto de rechazar la carrera que había trazado para mí.
— ¿Qué otra hubieras elegido? Harry lanzó una carcajada sarcástica.
—Quería entrar en sociedad con un tipo que estaba estableciendo una compañía de viajes a la naturaleza. Parecía una empresa arriesgada al principio, pero ahora le va muy bien.
—Y cuando tu padre murió, ¿no podrías haber abandonado la banca?
—Para entonces ya había perdido el barco —dijo encogiéndose de hombros.
— ¿Por qué? Estás sólo en la treintena y en perfecta forma física. La gente cambia de carrera todo el tiempo, a menudo por obligación.
—Si hubiera cambiado de carrera —dijo él con sequedad—, no habría podido arreglar los problemas financieros de tu madre ni tú hubieras aceptado casarte conmigo.
Hermione se sonrojó.
—Eso no hubiera sido una gran pérdida. Podrías haberte casado por amor.
—Mi padre se casó por amor y eso no le dio mucha felicidad.
— ¿Por qué le dejó tu madre?
—Estaba aburrida y era desdichada. Se escapó con un escritor de viajes.
— ¿Cuántos años tenías tú cuando se fue?
—Diez. Pero estaba interno en un colegio, así que no me causó un gran impacto.
De todas formas, siempre había preferido a mi padre.
— ¿Ha intentado ponerse alguna vez en contacto contigo?
—Sí, pero yo no tenía interés —dijo con frialdad—. Y no necesito una psicóloga aficionada, Hermione. Ya sé que a las mujeres les gusta el psicoanálisis y abrirles su alma a sus amigas. A los hombres no.
—Quizá si lo hicieran habría mucha menos pena en el mundo —defendió con ardor Hermione.
Aquello le hizo reír. Hermione había descubierto que prefería que ella se defendiera a que se quedara sumisa y callada.
Harry cambió entonces de tema.
— ¿Te gustaría que nos fuéramos o prefieres quedarte un día más?
—Lo que tú digas. Tú estás al mando.
A la mañana siguiente, Harry la enseñó a escalar una pared pequeña usando una cuerda y unos enganches metálicos llamados carabineros. Hacia la hora de comer, Hermione había descubierto que estar suspendida en mitad de una pared no le daba miedo. Podía mirar abajo sin sentir vértigo.
Por la tarde, lo observó escalar una pared mucho más escarpada que ella hubiera pensado imposible de trepar. Al principio subía con la misma facilidad que una ardilla, hasta que llegó a un tramo mucho más difícil.
De repente, Hermione no pudo soportar mirarlo. Pero al rodar sobre el estómago para no hacerlo, comprobó que tampoco podía concentrarse en leer el periódico. Tenía que sentarse y mirar a Harry y el resto del tiempo que pasó en la pared de la roca fueron los diez minutos más desagradables de toda su vida.
Para cuando Harry avanzó hacia ella con cara de satisfacción y el torso y los brazos brillantes de sudor, al menos se había recuperado externamente.
— ¿Escalas solo a menudo? —preguntó mientras él se secaba con una pequeña toalla.
—Lo he hecho... hasta ahora. Cuando estaba ahí arriba decidí que sería la última vez. Si me cayera delante de ti no sería una experiencia agradable para ti... Ni para mí, claro está —añadió con humor.
— ¿Cómo puedes bromear acerca de eso? —preguntó Hermione enfadada al pensar en el miedo que había pasado ella.
Harry enarcó una ceja con sorpresa.
—Hay peores formas de irse. Se hubiera acabado en segundos... y tú estás preciosa de negro, según recuerdo.
— ¡Esto no es divertido!
Hubiera creído que la perspectiva de ser una viuda rica podría ser bastante agradable.
Hermione lo miró con furia.
—Yo ni siquiera sería propiamente tu viuda. Y si te hubieras caído de esa pared, no habría tocado ni un penique de tu dinero. Sólo acepté esta situación por mi madre. Si no hubiera necesitado ayuda para ella te habría mandado al infierno.
—Ya lo hiciste, pero luego te lo pensaste mejor — con cara impenetrable prosiguió—. Los arreglos que hecho para tu madre seguirán igual, pase lo que pase. Nuestro matrimonio, como bien has señalado tú, no está cavado en roca... al menos todavía. Si quieres anularlo...
Dejó en el aire el resto de la frase. Hermione inspiró para calmarse.
—Yo no he dicho eso... Y no quiero anularlo. Me da rabia que insinúes que soy una busca-fortunas. No lo soy.
Harry se agachó a recoger la camiseta y se la puso por la cabeza antes de meterla por los pantalones.
—Ya lo sé Hermione. Si lo hubieras sido, yo no me habría casado contigo. Vamos a dar la vuelta, ¿quieres?
El resto del día siguió la rutina de los anteriores. Mientras Hermione estaba en la ducha escuchó a Harry afeitarse con la máquina eléctrica en la habitación. Normalmente, antes de que ella saliera él ya había bajado, pero esa tarde no escuchó la puerta de la habitación. Pero al salir no lo encontró y sintió una oleada de decepción.
¿Qué había esperado? ¿Encontrarlo en la cama ansioso por hacerle el amor?
—Creo que mañana deberíamos cruzar la frontera y echar un vistazo a las montañas españolas —dijo Harry durante la cena—. Llamaré al parador esta noche y me aseguraré de que tienen habitación.
Hermione dio la última cucharada al milhojas de piña y lo miró a los ojos.
— ¿Sabes cómo se dice en español camas gemelas? Harry se lo dijo.
—Debes tener un vocabulario maravilloso, aunque no creo que hayas necesitado usar esas palabras antes.
—Cierto.
Ella misma le había dicho que su pasado no le importaba, así que ¿por qué le dolía pensar que había estado de vacaciones en España con otra?
—Iré a hacer la llamada ahora. Puedes ir pidiendo el café, ¿de acuerdo?
Hermione asintió. Al verlo alejarse, su cuerpo grácil como el de un leopardo, comprendió que cada día, cada hora, su atracción por él era más poderosa.
Cuando llegó el camarero para recoger los platos de postre, Hermione le dijo que esa noche no tomarían café. ¿Podría decirle a su marido que lo esperaba en la habitación?
—D'accord, madame. (De acuerdo, señora)
Su sonrisa indicaba que no le importaría estar en la piel de su marido.
Cuando llegó a la habitación se fue al cuarto de baño aprisa y se cepilló los dientes. Se estaba desvistiendo cuando escuchó entrar a Harry. Unos segundos después, llamó a la puerta del baño.
—Hermione, ¿estás bien?
— Sí. Salgo en un minuto.
Se enrolló una toalla alrededor del cuerpo y se quitó las joyas.
Cuando abrió la puerta, Harry ya se había desabrochado los botones de la camisa pero todavía la tenía metida por los pantalones.
Él permaneció con las manos en las caderas.
—Es pronto para acostarse, ¿no crees?
Hermione cerró la puerta tras ella y se acercó a donde él estaba entre las camas y la ventana.
—Ya has jugado demasiado al rummy. Esta noche preferiría... hacer el amor.
Se acercó aún más y deslizó una mano por su camisa abierta apretando la palma contra la cálida piel de su torso.
Harry le asió la mano con la suya y Hermione pudo sentir la tensión que emanaba de su gesto.
— ¿Estás segura de eso, Hermione? Tal y como están las cosas, todavía puedes echarte atrás.
—Y tú también. ¿Es eso lo que quieres?
Por un momento él se quedó mirándola con expresión intensa.
—Te deseo —dijo.
Entonces agarró la toalla y se la quitó antes de apretar su cuerpo desnudo contra él y besarla con una pasión que le hizo sentir que sus dudas habían sido ridículas.
Cuando se despertó a la mañana siguiente, Harry no estaba con ella. Pero la cama de al lado estaba sin abrir, así que debía haber dormido con ella toda la noche.
Por una parte se alegró de disponer de un poco de tiempo para sí misma, tiempo para adaptarse a la idea de ser una mujer en pleno sentido de la palabra. Para alguna gente la experiencia había sido una decepción, pero no para ella. Había estado muy por encima de sus expectativas. El momentáneo espasmo de dolor no había sido nada comparado con el placer de antes y después. Harry era un amante fabuloso.
Se estiró y salió de la cama. Ese día irían a España y esa noche, a menos que el hotel estuviera lleno, compartirían una cama doble con montones de sitio para...
Sonrió ante sus lascivos pensamientos y se dio prisa en darse un baño.
Su ánimo se desinfló un poco cuando bajó y lo encontró leyendo el periódico sin el aspecto de un hombre que acaba de hacer el amor con su mujer. Pero por supuesto, para él no había sido una experiencia nueva. Lo había hecho antes muchas veces... con mujeres que estaban a la altura de su experiencia.
Con una sonrisa lo saludó:
—Bonjour, monsieur. (Buenos días, señor)
Él se levantó y dejó el periódico.
—Bonjour, madame. (Buenos días, señora)
Todavía no había llegado ningún otro huésped. ¿La habría besado si en ese mismo momento no hubiera aparecido el hotelero? Los dos hombres se pusieron a hablar y el dueño les dijo que esperaba que hubieran disfrutado de su estancia y que volvieran.
Mientras seguían hablando, Hermione se preguntó si volverían alguna vez. Quizá, aunque necesitara una mujer, lo de la noche anterior apenas hubiera sido una leve satisfacción para Harry. Ella había pensado a menudo que, excepto para un hombre muy insensible, un acto de amor que supusiera infligirle daño a la compañera, debía ser una extraña experiencia. Tener que hacerlo sin amor debía ser aún más extraño. No le extrañaba que se hubiera enfadado al descubrir que ella era virgen.
Salió de su ensimismamiento para descubrir que el patrono se había ido y Harry estaba chasqueando los dedos ante su cara.
—Oh... lo siento. Estoy un poco aturdida esta mañana.
— ¿Es eso bueno o malo?
— Bueno... muy bueno —actuando por impulso, le agarró la mano y se frotó la mejilla contra su brazo—. Gracias por hacerlo tan bueno para mí.
Él estaba sonriendo cuando dijo:
—Esa es la finalidad del ejercicio. ¿No lo sabías?
—Esa puede ser la teoría, pero no creo que salga siempre bien en la vida real. Tú dijiste el otro día... que si a la gente le saliera bien, no habría tantos divorcios.
Ya estaban bajando algunos huéspedes.
— Vamos a concentrarnos en el desayuno. Podremos hablar de sexo cuando hayamos llegado a nuestro destino —dijo Harry con un guiño que le produjo una oleada de excitación.
Hacia las diez ya estaban en carretera. Media hora más tarde estaban en una zona de bosques, en una región bastante más fría donde la carretera estaba bordeada de altos postes con rayas para indicar la altura de la nieve durante el invierno. Era una zona salvaje apenas habitada por cabras.
Una vez llegados al puesto fronterizo, que ahora era sólo un grupo de desiertos edificios policiales, pasaron a España sin ninguna formalidad.
El parador era un antiguo castillo que el gobierno español había convertido en hotel. Hermione pensó si Harry se habría acordado que había pedido camas gemelas.
Lo había hecho y sin ninguna turbación, al llegar a recepción, dijo que preferiría una cama de matrimonio.
Y también una botella de cava en el acto.
—Desde luego, señor.
El conserje hablaba un inglés excelente. Lo que habría pensado de una pareja que un día pedía camas separadas y al día siguiente una doble, era difícil de imaginar.
La habitación se volvía a parecer al lujo de hotel de Burdeos, pero con gusto español. Mientras estaban desempaquetando llegó el cava con una cesta de frutas obsequio de la casa. El camarero abrió la botella y sirvió el dorado líquido burbujeante en dos copas altas. Unos billetes cambiaron de manos y desapareció.
Harry agarró las copas y se acercó a Hermione.
—Como concesión a los extranjeros, la mayoría de los paradores abren el comedor a la una y media, aunque los españoles comen bastante más tarde. Si vamos a seguir las horas locales, todavía nos quedan dos horas.
—Podríamos ir a dar un paseo —sugirió ella.
—Podríamos... o podría darte otra clase. Ayer te enseñé a abandonarte y hoy quiero darte una lección más fundamental —rozó su copa contra la de ella antes de dar un sorbo—. Cómo hacerle el amor a un hombre.
Hermione sintió un vuelco en las entrañas y tragó más cava.
—De acuerdo—dijo jadeante. Harry la tomó de la mano libre y la condujo a la in- mensa cama con una colcha de brocado. Tiró de ella con un fuerte giro de muñeca y se sentó al borde.
— Puedes empezar por desvestirte para mí... lentamente.
Por un instante, Hermione se quedó paralizada de timidez. Entonces pensó: ¿Por qué no? Tengo la lencería perfecta.
Apurando la copa dijo:
—Espera sólo un minuto. Si voy a seducirte, necesito un poco más de esto
—alcanzó la botella y rellenó la copa—. ¿Quieres tú un poco más?
—Uh, uh.
Harry sacudió la cabeza con una sonrisa mientras la observaba dar otro sorbo.
Aunque su atuendo eran piezas sueltas con sólo un provocador corpiño de terciopelo por si acaso iban a bailar, toda su ropa interior eran seductores trozos de encaje y satén de una lujosa firma italiana especializada en lencería de lujo.
Hasta el momento, Harry apenas había podido echar un vistazo. Ahora recibiría el impacto completo.
Para empezar, se soltó el pelo sujeto con dos prendedores. Sacudiéndolo, lo despeinó con los dedos y esbozó la provocativa sonrisa que había ensayado tantas veces en la adolescencia delante del espejo.
Con los ojos fijos en ella, Harry estiró uno de sus largos brazos y posó la copa en la mesilla. Hermione empezó a desabrocharse el top de algodón blanco deslizándolo por los hombros con exagerados movimientos como había visto a las mujeres hacer en las películas. El sujetador era del color de los limones y diseñado para resaltar sus curvas. Inspiró con fuerza jugueteando con el pelo para hacerle ansiar el siguiente movimiento.
Harry la contemplaba sin mostrar ninguna reacción aparte de un gesto de diversión en la comisura de los labios.
Resuelta a hacerlo jadear, se desabrochó el cinturón y lo sacó despacio de las trabillas de los vaqueros. Después empezó a desabrochar los botones lentamente para deslizarse los pantalones por las caderas.
La expresión de Harry era irritantemente impasible. Hermione sospechaba que era deliberada. Pero desde luego no parecía aburrido. Ella tenía toda su atención.
— ¡Ops!
Aparentó una risa picara y se sujetó las braguitas para evitar que se deslizaran con los vaqueros mientras se retorcía para sacarlos del trasero y los dejaba caer hasta los tobillos. Ya se había quitado los zapatos. Salió de los vaqueros y los tiró a un lado.
Le pareció un buen momento para apurar un poco más de cava antes de pasar a la siguiente fase. Para entonces, ya sentía el efecto de las burbujas.
—Creo que he desaprovechado mi vocación —susurró deslizándose un tirante por el hombro antes de hacer lo mismo con el otro.
—Quizá.
El tono ronco de la voz de Harry confirmó que su expresión era una máscara. Hermione se puso las manos en la espalda para desabrocharse el sujetador.
— ¿Estás listo para esto? —bromeó dando un paso más hacia él.
Harry tenía las manos apoyadas en los muslos, justo por encima de las rodillas y Hermione notó que sus dedos se tensaban antes de conseguir relajarlos.
Por primera vez sintió una sacudida de poder sexual. Quizá podría hacerle lo que él le había hecho la noche anterior: reducirlo al abandonado éxtasis.
Soltó el cierre quitando el sujetador de sus senos antes de liberar el brazo izquierdo del tirante. Sólo hacía falta un movimiento de sus senos para enviar la prenda al suelo.
Desnuda excepto por las braguitas, dijo con suavidad:
—Si vamos a hacer juegos, creo que estás demasiado vestido.
Al avanzar entre sus piernas y empezar a desabrocharle la camisa, bajó la vista hacia él y vio que estaba apretando las rodillas para evitar tocarla.
Fue una sensación embriagadora saber que tenía el poder de volver salvaje a un hombre. Y aquello era sólo el comienzo.
Tiró entonces de su camisa y se la sacó de los pantalones. Mientras Harry ponía las manos hacia atrás para ayudarla, Hermione se deslizó entre sus rodillas para llegar a la punta de su cinturón y empezar a desabrochar la hebilla. Él se echó hacia atrás para facilitarle desabrocharle la bragueta. Pero primero ella le quitó los zapatos.
—Tienes los pies mucho más bonitos que la mayoría de los hombres —dijo acariciándole uno aunque sabía que no era allí donde él quería sus manos.
Harry tenía los dedos entrelazados en la nuca y la estaba mirando semi-tendido, una posición en la que parecía estar tan cómodo como si estuviera sobre una pila de almohadas.
Hermione recordó por la noche anterior la sensación de su fuerte cuerpo contra el de ella más suave y la sensación de unión que le había producido. Deseaba volver a sentirlo, pero todavía no.
Para ayudarla a quitarle los pantalones, Harry relajó los hombros y alzó los talones hasta la cama para estirarse sobre ella.
Hermione deslizó los pantalones por las caderas y aparentó perder el equilibrio para caer sobre su estómago.
—Perdona.
Se apartó con pereza.
—Puedes hacerlo otra vez si quieres —dijo esbozando una sonrisa de lobo y entrecerrando los ojos.
—Estírate, por favor —dijo con el tono autoritario de una enfermera.
Harry estiró obediente las piernas. Consciente de que la estaba acariciando con la mirada, se tomó su tiempo en doblar el borde de los pantalones y colgarlos con cuidado del respaldo de una butaca.
Cuando se volvió, vio que Harry se había quitado los calzoncillos y le estaba haciendo gestos para que se reuniera con él.
—Estoy empezando a pensar que no hay muchas cosas que pueda enseñarte —dijo cuando ella trepó a su lado.
—Estoy segura de que sí. ¿Cuál debería ser mi siguiente movimiento?
Se sentó sobre los talones y le dirigió una sonrisa radiante aparentando no notar que Harry estaba completamente excitado.
—Veamos lo que te dicta el instinto.
Harry estaba respirando más aprisa de lo normal, los ojos verdes como esmeraldas ardientes.
— Bueno...
Con una serie de rápidos movimientos se deshizo de las diminutas bragas y se aposentó muy cerca de él.
—Mi instinto me dice que esto podría estar bien.
Diez minutos más tarde tuvo la satisfacción de ver a Harry tenso, con los ojos cerrados y la boca en un rictus de placer casi insoportable.
Fue un poderoso momento que la inundó de una extraña ternura. De alguna manera le hacía más humano y a ella sentirse mejor acerca de la naturaleza de su relación.
Sintiendo un extraño tipo de felicidad, se inclinó para repetir la caricia que le había hecho gemir de placer. Pero cuando su pelo cayó hacia adelante frotándole el cuerpo con suavidad, él estiró las manos para detenerla.
En un simple movimiento compulsivo, retrocedió tendiéndola de espaldas juntando sus cuerpos y bajando los labios hacia su boca.
Hasta los españoles con sus horarios más tardíos estaban ya terminando de comer cuando bajaron al comedor.
—Quizá hubiera sido mejor pedir la comida al servicio de habitaciones.
—O quizá no —dijo Harry con un tono que a Hermione no le costó interpretar.
Inclinándose sobre la mesa, Harry alzó la palma abierta. Cuando Hermione le dio la suya, le apretó los dedos con una caricia.
—Eres fantástica. Creo que tienes un talento natural para ello. No puedo creer en mi suerte.
—Podría decir lo mismo de ti —respondió Hermione encantada.
Se alegraba de que al menos a cierto nivel estuvieran en total acuerdo. ¿Sería aquello suficiente para construir un buen matrimonio?
