Comentarios, aclaraciones y todo lo demás en las notas finales.
Enjoy!
12: "Compulsivo, obsesivo"
Kazemaru abrió los ojos con pesadez, percibiendo el aroma a muerte rondando por el aire. Trató de restregarse los ojos, pero le fue imposible levantar sus manos. Haló un poco más fuerte, sintiendo como las ásperas cuerdas laceraban sus muñecas. Enfocó la vista lo mejor que su estado se lo permitía, consiguiendo vislumbrar las difusas paredes mohosas del cuarto.
-Al fin despiertas, rata traidora – sus instintos lo forzaron a seguir aquella voz. Pero, antes de reaccionar siquiera, Natsuhiko ya estaba en frente, sonriéndole con lujuria.
-¿Qué es lo que piensas hacerme? – inquirió con saña, frunciendo el ceño con verdadera molestia.
-¿Yo?... Nada – Kazemaru lo contempló confundo, notando como el castaño comenzaba a caminar a su alrededor, cual bestia enjaulada.- No sabes lo mucho que me encantaría torturante... Obligarte a beber agua hirviendo; sacarte las uñas; quebrarte los huesos de las manos y abrirte los dedos con una navaja oxidada, para sacar las astillas una por una; echarte cera de vela caliente en los ojos; incluso violarte un par de veces... Tristemente, Goenji me dijo que no te hiciera nada, tenemos que entregarte "sano y salvo" a la Rosa Blanca.
Una expresión indefinida se apoderó de las frívolas facciones del joven de cabellos azulados, al tiempo que una macabra sonrisa se dibujaba en el rostro de Netsuha.
Así que ese sería su fin, morir por tortura o asesinato, a manos de la mafia rival. Suspiró, exasperado. Quizá a lo que menos le temía era a la muerte en sí, ningún asesino que se precie renegaba de cosas tan absurdas y naturales, mucho menos cuando su familiarización con ella resultaba tan íntima como la suya. No, lo que le asustaba era la suerte que Endou correría en su ausencia. Ese pobre chico no sería capaz- ese día ni ninguno.- de defenderse de la terrible venganza que Shuuya dejaría caer sobre su espalda... Y él no estaría ahí para protegerlo.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
El quedo golpetear de la puerta intervino la conversación de una forma tranquila, originando un silencio aún más incómodo que el mismo ambiente, ese que venía gestándose desde un inicio. Kidou Yuuto dejó sus gafas sobre la mesa con premura, levantándose a atender el llamado. Atsuishi Shigeto también se encontraba en la habitación, con los ojos perdidos en una realidad distante y desconocida.
Lo primero que advirtió al abrir la puerta fue el brillante color de los cabellos rojizos al otro extremo de la misma, seguidos por el contrastante azul cielo que destellaba entre sus brazos. Bajó los ojos, sabiendo de quién se trataba. Burn por fin había llegado con Kazemaru.
-¿Dónde quieres que lo ponga? – articuló Haruya, entrando a la estancia. Una vez se encontró en su interior, no pudo evitar percatarse de la presencia de Heat en el lugar.- No sabía que estabas aquí.
-No veo porqué deberías saberlo, Nagumo – las sombrías palabras del rubio retumbaron con brusquedad en su cabeza. Lo sabía, Atsuishi lo detestaba .- Si tienes el tiempo de afirmar obviedades, supongo que también lo tienes para llevar a Ichirouta a mi cuarto. Necesito hablar algunas cosas con Kidou antes de ocuparme de su patética existencia.
El castaño lo observó con incredulidad, mientras Heat se mantenía estático en su lugar, preservando la calma es su faz perfecta. Eran escasas las ocasiones en las que tuvo que cruzar ideas con Shigeto, y aunque siempre pensó en él como un joven particularmente extraño y excéntrico, jamás insinuó en su ser ni la más mínima pizca de maldad. Había mucho de él que no entendía, muchos años de comprensión y convivencia desaparecidos entre las paredes del claustro que el propio rubio se había autoimpuesto.
Nadie en la Rosa Blanca sabía, con exactitud, quién era realmente Atsuishi Shigeto...
Una corriente de aire chocó contra su espalda, dándole a entender que Nagumo se había retirado. Se acercó a la mesa con cierto grado de resignación, preguntándose qué era aquello tan importante que el rubio debía confesarle.
-No planeo quitarte demasiado tiempo si es eso lo que piensas, Yuuto – musitó apenas, cerrando los ojos con elegancia.- Sólo deseo que estés al tanto de mis planes respecto a mi nuevo juguete... Intercambiar a Yuka por Kazemaru resulta especialmente oportuno en este momento, y si sabemos aprovecharnos de esta ventaja, la Rosa Negra estará destrozada más pronto de lo que crees.
La atención del castaño se volcó velozmente sobre sus palabras. Tal parecía ser que los rumores que pululaban alrededor de su compañero eran ciertos: La crueldad de Shigeto era equivalente a su extraordinaria belleza.
-He de suponer que has escuchado acerca de la "Tríada" ¿O me equivoco?
La negativa no hizo esperar demasiado.
La bien conocida "Tríada" era el nombre escogido por la Rosa Negra para apelar a sus tres pilares esenciales: Nepper, el encargado de la tortura y extracción de información; Fudou, el cabecilla de inteligencia; y Goenji, el segundo al mando tras Kageyama. Cada uno de ellos era tan importante en cuanto al anterior - aún si Shuuya se imponía por sobre sus colegas.- y cualquier alteración dentro de su estructura desembocaría, irremediablemente, en la caída de la organización. Un punto débil evidente, disfrazado bajo la idea de una alianza ridícula y desquiciante.
-Si las cosas salen según lo he planeado, Goenji no tardará demasiado en arrepentirse del trato – una pequeña sonrisa adornó dulcemente su boca, haciendo estremecer a Kidou. Tan hermoso, y a la vez tan peligroso.- Él sería capaz de hacer lo que fuera por Kazemaru, aún vulnerar la seguridad de su propia institución. Y cuando eso ocurra, será el momento perfecto para dar una estocada letal.
La ávida tensión se propagó raudamente, alterando el pulso de Yuuto. El desbocado latir de su corazón le golpeaba el pecho con insistencia, retumbando a través de su cuerpo reservado.
Atsuishi "Heat" Shigeto destellaba una demencia símil a la de Netsuha Natsuhiko; un aura intoxicada por un sentimiento distorsionado; un pensamiento retorcido y vicioso. No le sorprendía, en verdad, que ambos dos hubiesen acabado siendo novios, mucho menos cuando sus estados mentales oscilaban en la misma frecuencia.
Un psicópata y un neurótico ¿Existiría algo más mortífero?
Movió los dedos por sobre la madera, al tiempo que escuchaba en abrumadora seriedad lo que el rubio pronunciaba: Todos y cada uno de los futuros movimientos de Shuuya descritos con fidelidad casi demoníaca. Y aunque no fue capaz de creerle en primera instancia, sus palabras se trasformaron en certezas cuando, una semana después, las primeras llamadas arribaron.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
El incesante caminar de Goenji a través de su habitación no hacía más que irritar a sus compañeros. Akio recostó su cabeza sobre sus brazos, mostrando los dientes en un gesto de desprecio, mientras Nepper se balanceaba rítmicamente en su silla, sin despegar la mirada de la bombilla que colgaba del techo.
-¿Quiere parar de una puta vez, Goenji? – articuló el joven del mohicano, luego de un largo rato de silencio.- Me estás sacando de quicio...
-No he pedido tu opinión, Akio – siseó el aludido, dirigiéndole una mirada desafiante.
Los soportes de la silla de Netsuha golpearon bruscamente el pavimento de la sala, asustando a sus compañeros. El castaño se acomodó un poco la banda y se levantó sin mucho ánimo, emprendiendo camino a la salida.
-No sé ustedes, pero yo tengo muchos juguetes esperándome – se estiró un poco, al tiempo que hablaba con ligereza.- Ya están lo suficientemente grandecitos para manejar una negociación por sus propios medios... Suerte – y se fue sin esperar respuesta.
Ciertamente, aquello era sólo una vil excusa para quitarse toda esa presión de encima. Lo que menos deseaba era escuchar la voz de Shigeto, más ahora que sus convicciones pasadas habían comenzado a trepidar. Hacia tres años se había convencido a sí mismo de que cosas como el amor solamente se presentarían como obstáculos infranqueables ante las posibilidades que su carrera le ofrecía. Pequeños guijarros dispuestos a todo por hacerlo tropezar, por arrebatarle las aspiraciones por las que tanto tuvo que pagar.
Sin embargo, las verdades que tan férreamente defendió ahora se le antojaban a mentiras inverosímiles; y si bien ansiaba continuar creyendo en ellas, el sentimiento que todavía albergaba por Atsuishi Shigeto no sería tan fácil de someter. Lo amaba de la misma forma inicial, con la misma intensidad y la misma locura...
Se relamió los labios, cerrando la puerta tras sus pasos.
Aún lo deseaba.
Heat sería, eternamente, lo único que su alterado subconsciente le permitiría apreciar.
No había nada por lo que luchar. Amigos, familia, o alguna causalidad más allá de sus deseos egoístas. Antes de Atsuishi su vida constituía un abismo profundo y hambriento, alimentado por la avaricia de sus padres. Para ellos dos Natsuhiko representaba el mayor orgullo existente: un monstruo sin escrúpulos, esperando a ser educado. Lo adiestraron en el arte de la tortura y la psicología, cegados por el regocijo de que un sujeto de su calibre continuaría con el negocio de la familia; sin embargo, las riendas se hicieron imposibles de controlar.
Bastaron catorce años de intenso trabajo para contemplar el fruto de sus acciones: Natsuhiko los asesinó a ambos sin el más mínimo atisbo de piedad. A su padre le cortó el cuello de lado a lado y a su madre, embarazada de siete meses, le abrió el torso desde el pecho hasta la entrepierna. El feto de su hermano nonato descansaba sobre la alfombra, con el cordón umbilical apretándole la garganta.
Decir que se arrepentía de aquel acto sería una cruenta mentira. Para Netsuha Natsuhiko la vida no merecía la pena, siquiera un esfuerzo. Toda la existencia era inútil y rebatible, todo carecía de un significado y un porqué en su haber, salvo por él...Atsuishi fue y siempre sería su único motivo, la única razón medianamente válida que lo condujo a través de ese laberinto de eventos desagradables, todo en post de un esquivo destino forzado por el capricho de un hilo rojo.
Le gustase o no, su futuro y el de Heat estaban atados no sólo por la bondad de Orihime, si no también por el juramento sagrado que ambos pronunciaron, sellado en el simbolismo de una correa y un collar.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Nada peor que una tarde de socialización obligatoria.
Atsuishi se recostó en la mesa sin mucha ceremonia, enfocando sus ojos en la apacible figura de Yuuto. Consideraba verdaderamente fastidioso el tener que permanecer en la habitación, escuchando los detalles del plan que él mismo había forjado, dictado minuciosamente por la voz del joven de rastas.
Convencer a Kidou fue aún más sencillo de lo especulado. Ahora sólo debía ser paciente y esperar a que la recompensa se desplomara sobre sus manos. De darse las condiciones optimas, esa felicidad, escurrida cual agua por entre sus lánguidos dedos, se tornaría la suficientemente tangible para impedirle escapar otra vez. Esta vez se aseguraría de que el destino continuase la senda estipulada desde un principio.
Natsuhiko lo necesitaba a su lado para ser plenamente feliz.
Cerró los ojos con cuidado, rememorando la magia de su primer encuentro.
Ambos se habían conocido una tormentosa noche de invierno, cuando apenas contaban con catorce años de edad. El viento soplaba con intensidad casi diabólica, mientras la lluvia se dejaba caer como un diluvio mortal.
El golpetear incesante de las gotas del aguacero contra la ventana de su habitación mantuvieron a Atsuishi en vela esa noche, rodando por entre las sábanas, de un lado al otro, perturbado por la fatalidad que regía su maldecida existencia.
Una lágrima se deslizó delicadamente por su mejilla, empapando la tela alba de su almohada de plumas. Odiaba tanto su suerte. Se levantó de su lecho y recogió una bata del piso, dirigiéndose hacia el parque ubicado a unas calles de la mansión Nagumo. En momentos como aquel, lo único que lo reconfortaba era el resplandor plateado de la luna llena.
El frío del viento caló velozmente hasta sus huesos, llevándole la humedad del ambiente entre su brisa. Ni luna ni estrellas decoraban el firmamento oscuro, sólo un monocromo manto grisáceo, idéntico a su desgarrado corazón. Sus pasos pronto lo condujeron a la intemperie, permitiéndole a la lluvia empaparlo de pies a cabeza.
Si tan sólo consiguiese desechar todos esos sentimientos, si tan sólo Nagumo Haruya lo amara tanto como él lo hacía. No obstante, era imposible. Burn amaba a alguien más... amaba a Suzuno Fuusuke.
Y Atsuishi lo había dado todo por él. Su vida, sus ilusiones, sus sentimientos, todo; para ser finalmente pisoteado en el suelo, relegado a la sombra de lo que realmente era: Un insignificante sirviente. Sonaba lógico, entonces, que Burn hubiese preferido a Gazelle por sobre su persona... A fin de cuentas, Suzuno era humano, a su contrario, que no representaba otra cosas distinta a un mueble propiedad de los Nagumo. Algo irrelevante y reemplazable.
Jamás importaron realmente sus años de sacrificio, ni siquiera su ciega devoción. A los a ojos de Haruya, Shigeto se reflejaba como un objeto más, como otro sirviente del montón, aún cuando ambos estuvieron juntos desde su nacimiento.
Se sentó en uno de los columpios mientras se cubría el rostro con ambos manos, y no lo expuso sino hasta que un par de pasos se detuvieron frente a él.
-¿Qué pasa ángel?¿Por qué lloras? – Atsuishi levantó apenas la mirada, enfrentado sus esmeraldas con los chispeantes zafiros de su compañero. Era un joven ilusoriamente apuesto, de piel blancuzca y ondulados cabellos castaños. Y aún cuando sus ropas estaban completamente embarradas en sangre fresca, algo en él le sacudió el corazón.
No conmemoraba, antes de eso, qué alguien le preguntase francamente por su bienestar.
Una pequeña sonrisa se posó fantasmalmente en sus facciones, mientras aquella acción se grababa perpetuamente entre sus recuerdos, trasformándose en la primera cadena que, años más tarde, los ataría de por vida.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Haruya bufó por lo bajo, observado la expresión de alegría dibujada en los labios de Shigeto, por el rabillo del ojo.
Sabía que nada de aquello estaba bien, que sólo empeoraría más las cosas. Pero, a pesar de ello, estaba dispuesto a colaborar con lo planeado... No dejaría que la deteriorada salud mental de Heat se esfumara en el aire.
Está de más mencionar que él nunca estuvo de acuerdo con la relación de amor / dependencia que su ex mejor amigo y sirviente entabló con Natsuhiko. Aún así, su moral le impidió actuar de manera oportuna. Shigeto necesitaba a alguien a su lado; alguien a quien amar; alguien a quien llenar de mimos obsesivos y enfermizos; alguien que le diera sentido a su vida; alguien que fuese capaz de adornar su camino con fantasías y esperanzas.
Él no era - y nunca sería - la persona indicada para arrebatarle esa necesidad, o, al menos, no por segunda vez...
Se mordió el labio con cierta insistencia, injuriando la encrucijada en la que se encontraba. Maldito fuera el día en que Nepper llegó al dintel de su mansión, pidiendo asilo, y malditos fueran sus padres por aceptarlo gustosamente como miembro de la familia.
De una u otra forma, lo único a lo que debía remitirse era a seguir las indicaciones de Kidou, tan precisamente como pudiese. A esas alturas, lo poco y nada que podría obrar por Shigeto dependía de ello.
Y, aunque no lo deleitase, quizá la única manera de salvarlos y traerlos devuelta era volviéndolos a juntar.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Kazemaru abrió los ojos con pereza al oír el cerrojo de la puerta destrabarse. Restregó su rostro con ambas manos despacio, intentando disipar el terrible sopor que venía aquejándolo desde el inicio de aquella tortuosa semana.
-Espero no te hayas aburrido en mi ausencia, Ichirouta – murmuró Heat, entrando a la habitación.- Pero comprenderás que tengo asuntos más importantes que charlar contigo.
-Lo sé, y me tiene sin cuidado – articuló, sintiendo como se acercaba.
Heat se arrodilló frente a él, sin inmutarse ante la insolencia de sus palabras. Sujetó la pierna de Kazemaru entre sus manos y le colocó un pesado grillete en el tobillo, para luego soltarle las muñecas de las esposas que lo forzaban contra la muralla.
-¿Deseas tomar una tasa de té negro y comer algunos pasteles?
El aludido sólo asintió, mientras el rubio se levantaba para preparar la merienda.
Kazemaru sobó sus muñecas. Cuando avistó a Shigeto por primera vez no fue capaz de creer que aquel hermoso y dulce joven fuese el antiguo novio de Natsuhiko, alguien tan cariñoso y amable como él distaba considerablemente del interés romántico que imaginó de su compañero de bando. Sin embargo, un par de días a su lado le demostraron que Atsuishi no era lo que aparentaba.
Su semblante sereno y su voz profunda e inocente eran sólo un disfraz abrumadoramente convincente. Bajo su innegable y seductora belleza moraba un ser vil y manipulador, una entidad sin remordimiento ni compasión. Al fin y al cabo, aquella aura desquiciada que ardía cual fuego en los ojos de Natsuhiko apenas destellaba en los apagados orbes de Shigeto. Era sólo cuestión de tiempo y circunstancia para que su verdadera esencia saliese a flote... Y él ansiaba conocerla.
Heat podía ser una asombrosa caja de sorpresas.
Aún así, debía admitir que Shigeto no era una mala persona. Su trato para con él resultó mucho más amable de lo que pensó sería, razón por la cual Ichirouta no tardo demasiado en fiarse de él.
Atsuishi no lo dañaría a menos que hubiesen intereses personales – netamente relacionados con Natsuhiko.- u alguna orden superior de por medio... Y no existía ninguna de ellas en aquel momento.
-Siéntate, Ichirouta – ordenó amablemente, posicionando los platos sobre la mesita de la habitación. Tomó lugar en uno de los puestos, frente al asesino.- Fue realmente noble que Endou decidiese unirse a nosotros sólo para que te perdonáramos la vida ¿No lo crees? – el rubio hizo una pequeña pausa, bebiendo un poco de su té.- De todas formas, todavía no logro comprender cómo fue que la información de las negociaciones por Yuka se filtraron hasta sus oídos.
El joven de la coleta simplemente bajó la mirada, mientras inclinaba la tasa ligeramente contra sus labios. Deseaba agradecerle a Mamoru desde lo más profundo de su corazón; pero, en lo que iba de semana, no lo había visto ni una sola vez. Sorbió un poco de la infusión oscura, sintiendo que la cabeza le daba vueltas. La tasa se resbaló de sus dedos y se destrozó sobre la mesa, dejando escurrir el líquido caliente por encima la madera.
-Atsuishi – exclamó guturalmente, dedicándole un mirada de odio absoluto, a lo que su compañero le regaló una torva sonrisa.- Eres un...
Se sujetó de la mesa como pudo, mientras la vista comenzaba a delinearslee en negro. Quiso escapar, mas el grillete en su tobillo derecho se lo impedía. La fuerza le flaqueó de un momento al otro, y cayó de bruces sobre la alfombra, llevándose la silla con él.
-No lo tomes como algo personal, Kazemaru – declaró Shigeto, caminando hasta su lado.- Créeme, no fue nada grato colocar sedante en tu té, pero es por el bien del plan – y se arrodilló junto a él, para comenzar a acariciarle el cabello.- Burn y Gazelle vendrán a buscarte pronto, y no quería ponerles las cosas difíciles. Después de todo, sé que opondrías resistencia al enterarte que te regresaríamos a la Rosa Negra...
Ichirouta lo contempló por unos cuantos segundos, antes de caer en la más profunda inconciencia.
-Que tengas dulces sueños...
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
El timbrar de su celular rebotó por las paredes de la recámara, despertándolo. Natsuhiko se frotó el rostro con fastidio, para luego sujetar el aparato sin muchos ánimos.
- ¿Sí?
-¡Nepper, tienes que salir de ahí rápido! – escuchó que le gritaban desde la otra línea, sorprendiéndolo.
-¿Kariya?
-¡Goenji va a traicionarte!¡Corre!
-¿De qué mierda estás hablando, pequeño bastardo? – preguntó, arreglándose el cabello.- Si esto es una broma, te juro que voy a...
La puerta de su habitación se abrió de golpe, cortando sus palabras en el acto. No logró siquiera reaccionar cuando Someoka ya lo había reducido en el piso, apuntándole a la sien con una pistola.
-¡¿Quién te crees que eres, tarado?!¡Suéltame! – vociferó, tratando de apartarlo; pero le fue imposible, Ryuugo lo doblaba en fuerza.- ¡Te he dicho que me sueltes, hijo de puta!
-Amordázalo rápido y súbelo a la camioneta de una vez, no tenemos demasiado tiempo.
El castaño levantó los ojos como puedo, descubriendo la malhumorada figura de Goenji recargada contra el marco de la puerta.
-¡¿Qué mierda crees que estás haciendo, Shuuya?! – siseo, sacudiéndose con violencia.
Goenji sonrió con sorna, acercándose a él con cuidado. Se inclinó hacia delante unos cuantos centímetros y lo sujetó con fuerza por el cabello, obligándolo a mirarle.
-Relegarte de tu cargo, insecto – articuló.- Ahora serás la moneda de cambio que usaré para recuperar a Kazemaru.
-¡¿Qué?! – el rostro de Nepper se desfiguró en una mueca extraña, entre la sorpresa y el odio.- ¡No puedes hacerme esto!¡No puedes remplazarme!
-Claro que puedo, desde ahora Mistrene tomará tu lugar – y le soltó el cabello, estrellándole la cara contra el piso.- No eres indispensable... Llévatelo, Someoka
-¡Voy a matarte, desgraciado!¡Voy a matarte a ti y a tu hermana!¡Vas a desear jamás haber nacido, maldito hijo de puta!
El sonido de los gritos fue disminuyendo con lentitud, hasta desaparecer entre los pasillos de la base negra. Goenji se acomodó los cabellos con cierto fastidio, mientras sacaba el celular de su bolsillo.
-Ya tengo a Natsuhiko – anunció, frunciendo el ceño, sabiendo que, del otro lado de la línea, Atsuishi sonreía siniestramente.- Ahora, devuélveme a Kazemaru
-Claro, Burn y Gazelle ya van al lugar acordado... Fue un verdadero placer negociar contigo – musitó apenas, cortando el llamado.
Shigeto dejó el teléfono sobre las sábanas de su cama, mientras acariciaba suavemente el collar que pendía de su cuello, ensanchando el gesto en su faz.
-Juntos para siempre, Natsuhiko...
...
Owari!
Honestamente, no estoy para nada conforme con el capítulo; pero me contenta haber sacado este fic de la monotonía del "Kazemaru centric" y expandirlo hacia otra pareja distinta al EnKaze.
Sé que quizá muchas de ustedes estén "Pero ¿Qué pasó con Kazemaru?¿Cómo diantres fue que Endou se unió a la mafia blanca?¿Cuándo hicieron el intercambio por Yuka? Etc...". Supongo que sólo puedo decirles "Eso se rebelará más adelante"
Habiendo aclarado eso, muchísimas gracias por su tiempo y paciencia para con este proyecto. Hemos tenido algunas complicaciones de variadas índoles, y, a pesar de ellas, resulta verdaderamente satisfactorio para nosotras saber que aún continúan siguiendo el desarrollo de esta historia. Además, agradezco – en nombre de todas las autoras.- los cometarios que se han animado a dejar. Claro, yo no les pediré reviews ni parecido porque no es mi estilo – y porque considero que comentar es un derecho y no una obligación.-, pero si quieren darse un tiempo para dedicarnos algunas palabras ¡Sean bienvenidas!
Otra vez, muchísimas gracias por abrirse un pequeño espacio en la agenda para brindarnos un par de minutos de su día.
Con muchísimos amor, Mitaili Ciz.
