Dulce Veneno.
El amor es un veneno.
Delicioso y adictivo, nos hace realmente felices.
Pero sigue siendo un veneno.
¿Qué sentido tiene amar un veneno?
¿Qué sentido tiene envenenar al amor?
Pasos. Eso era lo único que podía escuchar en aquel vacío castillo de poderío. Sus propios pasos. No tenían mucho tiempo de que habían arribado a esa desconocida ciudad. Nuevas calles, nuevos lugares, nuevas personas de las que debías cuidarte. Al menos esta sería temporal. Sólo necesitaban recuperarlo y regresarían… o eso esperaba.
En Rusia el clima no era tan agradable como desearía, era esa clase de ambiente donde deseaba quedarse tres horas bajo el sol en su amada Italia, pero órdenes eran órdenes. Tocó un par de veces la puerta, blanca, elegante. No tenía que recibir alguna respuesta para saber que tenía el permiso de pasar, directamente y con cuidado.
Edgar Valtinas siempre estaba allí, como todo un caballero. Su traje pulcro siempre a la vista mientras ordenaba papeles y hacía algunas de las estrategias. Fidio no necesitó conocerlo demasiado para llegar a respetarlo, y mucho menos confiar en él. Además, él lo había ayudado en aquella ocasión ¿Qué mas prueba que esto?
-¿A qué se debe una visita tan tardía?- fue directo, sin formalidades, se notaba muy bien. Perdía la paciencia.
-Disculpa Edgar, sé que estás cansado por el viaje pero llego un informe de ultimo momento…- los papeles cayeron a un lado del montonal que ya tenía acumulado el peli azul. Ambos los observaron, por varios segundos sin pronunciar una sola palabra. Fue el mayor el que rompió esa leve incomodidad con un suspiro, mientras tomaba su frente. Le dolía la cabeza, quería terminar… Ahora. – ¿Estás seguro de que puedes con esto?
-No es cuestión de si pueda o no.- reiteró inmediatamente después. El castaño dudo si lo había dejado terminar la frase o no de la rápida respuesta. –Tengo que. Y lo sabes muy bien.- el subordinado se vio obligado a bajar el rostro, molesto consigo mismo de preguntar… Lo lamentaba, pero él consideraba a cada miembro de la mafia italiana su amigo, si el peli azul se encontraba mal, era más que obvio decir que se preocuparía por su integridad. Aun cuando le reprendiera de esa manera.
-Si sigues así vas a deteriorarte mas rápido Edgar…- el chico volvió a suspirar, levantándose del asiento, escondiendo sus manos en sus bolsillos. La luna que los iluminaba más allá de la lámpara de mesa daba un ambiente extraño, y un silencio mucho más prolongado donde el italiano prefería irrumpir con cualquier cosa. Pero no podía, sabía bien que el otro sólo estaba meditando sus palabras a soltar.
-… Así es.- volteando a verlo a los ojos de nuevo, se sorprendió de la mirada desolada que poseía. Fidio llego a arrepentirse de tocar el tema… sólo un poco. –Por eso mismo estamos aquí, ¿no es así?- Asintió ante esa pregunta, y el inglés sólo volvió su mirar a la luna. ¿Acaso ella le decía algo? ¿Le contaba un secreto que no debía saber? ¿Le daba la solución a todos sus problemas? ¡Si era así él también lo deseaba! Que todas las estrellas le dijeran las respuestas a sus dudas. –Fidio-
-A-ahm…- Desconcertado sólo reparó su aspecto preocupado en uno mucho más de sí. Decidido y obediente ante su jefe inmediato. -¿Si?
-Deberías ir a dormir ya… Todos los demás deben estar en sus camas ya…- las cuentas azulinas rodaron con una pequeña sonrisa conflictiva. Sí claro, todos estaban durmiendo… Si Edgar supiera que ahora mismo, en esa casa, algunos mordían almohadas para no ser escuchados, mientras recuperaban calor con ayuda de sus compañeros gracias al inestable frío de ese lugar.
-Supongo que puedo irme si prometes que tu harás lo mismo- inquirió arriesgándose a mucho entre sus palabras. El inglés sonrió complacido, Fidio era muy valiente a su parecer. Eso vio en sus ojos la primera vez. A pesar de estar desamparado, sin alguna esperanzada de volver a luchar contra el mundo… él seguía teniendo esa valentía. Gran razón para que en menos de unos meses él ya fuera el segundo al mando en toda su mafia.
-Bien. Lo haré…- contestó apagando la lámpara, invitándolo a salir primero con una leve seña de su mano. El castaño no evitó mirarlo desconfiado, pero avanzó, esperándolo para caminar esos leves metros que los separaban entre cuartos. –Sólo…- lo detuvo un segundo finalmente. –Mañana, presiona lo más que puedas a Demonio para hallarlo pronto… Es crucial hacerlo.-
-Pero Edgar, Demonio a penas y sabe moverse en estos lugares él podría—
-Ese no será problema…- aseguró adelantándose sin mucho interés a que le siguiera el paso. –Que le pida ayuda a Matsukaze, después de todo el conoce este país como la palma de su mano
Nadie se preocuparía por él mientras estuviera allí. De todas formas no había nadie que lo llamara. No había nadie que se preocupara. No había nadie que le gritara que se bajar del techo por donde observaba el amanecer. Tal vez Tsunami… pero con él era diferente. Con él solo podía leer su mensaje todos los viernes, después, hacer el amor, tierna, como lo era el moreno con él, pero hacerlo de igual modo, finamente, decirse algunas palabras románticas y separarse para seguir fingiendo que nada sucedía.
¿Lo subestimaban acaso? Eso era posible. De hecho, eso era lo que sucedía. Sólo era un miembro mas de la Rosa Blanca, nada redundante, nada especial. Ni siquiera fue su merito el que Endou se uniera a ellos. Era cierto, Endou… Endou se sentiría traicionado cuando supiera que él era parte de ese lugar, no más que con Kazemaru, pero lo haría. Probablemente, ese joven sentía que todo su mundo de sonrisas se convertía en mentiras… más bien, ya eran mentiras.
-¿Que harán con él?- se preguntó sin querer en voz alta, fascinado como siempre por los toques rojizos del nuevo día. Habían muchas posibilidades con Endou. Sería un líder claro, pero también puede que lo incluyeron entre los asesinos… o entre los negociadores… A su parecer, el podría convencer de lo que sea a cualquier. Enamoró a Kazemaru, a Ichirouta Kazemaru. A ese frívolo chico sin sentimientos o consideración al prójimo. Y también… también por otro lado estaba Goenji. El peli crema estaba más que furico con él, por haberle arrebatado a su fina pieza de porcelana, no tenía que estar en ese lado para notarlo. Yuuki lo sabía, aunque no lo dijera.
Era ese su secreto. El sabía demasiadas cosas que los demás decían ignorar. Observar. Eso era lo que más hacía. Veía lo que pasaba allí, en aquella oficina, en esa habitación, en aquel patio… Sabía quién se acostaba con quién. Sabía quién si amaba a quién. Sabía quién ayudaba y odiaba a otro. Pero no dijo, decía o diría nada. Eran secretos de las demás personas, unos menos que otros, pero tenía que guardarlos, aunque nadie se lo pidiera. Respetaba a los demás como si fueran el equipo de trapo y anaquel que todos pintaban. Estaban más que divididos en cuanto a sentimientos, y eso ultimadamente afectaba el trabajo de todos. Incluso el suyo.
Tenía miedo, mucho miedo. Temía con todo su ser que alguien los descubriera, a él y a Tsunami, en una de las tantas ocasiones donde se veían, donde se miraban a los ojos y se decían "Te amo". Pero tampoco iba a detener todo eso… esperó demasiado tiempo por volver a ver a su amado surfista, no iba a rendirse. Aunque… si alguien llegaban a hallarlos… los asesinarían… ¿no? Justo como probablemente harían en la Rosa Negra con Kazemaru ahora… y como tal vez tratarían a Nepper si no fuera porque era Heat quién lo amaba de forma enfermiza.
No quería que lastimaran a Tsunami. No, nunca. No lo permitirá. Tsunami era lo único que tenía, lo más preciado para sí y para todo en su ser. No soportaría el saber que será asesinado de aquellas formas crueles que emplean todos, no importa el color de la rosa… Pero él era "inocente", una mente "pura" entre tantas… aun cuando estuvieran grabadas en su mente todas esa imágenes de horror y dolor. El no era ningún asesino, como la mayoría de sus compañeros. Mas, si fuera por Jousuke Tsunami… aunque doliera, aunque no quisiera, aunque lo detestara… consideraría el serlo.
Abrió los ojos poco a poco, con suma pereza que ni el mismo se creía podría tenerla. Se llevó las manos al rostro y lo restregó revolviéndose un poco entre las sábanas. ¿Por qué no había despertado temprano? Probablemente porque las cortinas estaban cerradas, y el dol, su despertador personal no había tenido manera de avisarle que el día llegaba.
Además de todo, estaba muy cansado del ajetreo de noche, y en vez de poder dormir inmediatamente, su pequeño novio se la paso hablando y hablando de todo lo que extrañaba de su ciudad natal, a diferencia de la mayoría que aprovechó el tiempo perdido en sus tonterías. Amemiya Taiyou era muy buena persona como para dejarlo hablando solo, y Matsukaze Tenma era demasiado lindo como para ser ignorado… a su parecer. Bostezó una vez más y palpó el colchón en busca del castaño… pero sólo contaba con un espacio vacío, y algunas sábanas tiradas.
-¿Tenma?- quitándose un poco de la pereza, alzó medio cuerpo vislumbrando al chico afanado en escribir algo en el escritorio. La luz golpeaba su fino rostro de cabello despeinado, y hablaba solo. -¿Tenma?- lo llamó por segunda vez sin obtener una respuesta. Estaba cansado, ojala pudiera seguir durmiendo. Se estiró un poco más, dando un nuevo bostezo y se puso de pie en busca del menor. –Tenma~- lo llamó por última vez, rodeando su cuello y recargándose en su espalda.
-¿Am?- la voz del otro lo sacó de tanta tribulación, también lo hizo sonreír. –Buenos días Taiyou- acercándose a este besó su pálida mejilla, contagiándole la curvatura de sus labios.
-Es muy temprano… y tienes ojeras…- recalcó pasando suavemente su índice en las mejillas de éste. – ¿A qué horas te levantaste? ¿Por qué no me avisaste?- sin despegarse de éste, besaba sus mejillas, sin llegar a ser más.
-No lo sé- rió torpemente tomando su lápiz de nuevo. Seguía escribiendo, aunque fuera observando, con el mismo entusiasmo, aunque con un pequeño rubor por la cercanía que tenía con el otro. –Me levanté en la madrugada… Y no quise despertarte… por eso cubrí las cortinas, o me descubrirías… - deteniéndose un momento, abrió su celular, ¡vaya! ¡Era tan tarde! – A-aunque no creí que me extendería tanto…- confesó haciendo reír al ojiazul.
-Está bien, no te preocupes… - observó un poco más su expresión avergonzada. Con esos ojos azules, siempre sería tan hermoso… Aun cuando permaneciera esa suave cicatriz en donde comenzaba su pecho, esa que lamentablemente, ahora podría causar estragos en la mente del pequeño. Tenma a pesar de sonreír, a pesar de su inocencia, a pesar de esas ganas que tenía a la vida… ahora era uno de ellos, aunque lo ocultara él ya sabía lo que era la muerte, traición, odio y resentimiento… Por más que tratar de alejarlo de éstos él siempre regresaba. Tenma tenía un objetivo, uno por el cual había vuelto a ese lugar, uno por el cual decidió abandonar Italia, al menos por un tiempo.
-¿Te gusta?- preguntó éste señalando la hoja. Amemiya se separó al fin de él, tomando el escrito en sus manos. No evitó el posar una de sus manos en sus caderas cuando leyó el simple encabezado. Sus temores eran ciertos. Si estaba pensando en ese objetivo.
-¿Cómo sabes tanto de él?- refunfuñó, más allá de celoso intrigado, Tenma estuvo prácticamente todo el tiempo a su lado estos últimos días.
-Le pedí a Demonio que reuniera un poco de información… Sabes que es necesario para mi… ¿no?- gajes de inseguridad se dejaron oír en su vocecilla. Podría ser que el plan de Matsukaze tuviera fundamentos… pero necesitaba la aprobación de Taiyou… O podría ser que éste dejara de amarlo por cometer errores, por ser tonto y torpe… Justo como antes. No iba a perderlo, no amándolo de esa manera. Frunciendo un poco el ceño se puso de pie a su lado, tomando sus mejillas con cuidado, obligándolo a que lo mirara directamente. Podía percibir algo de molestia en él. –¿Lo sabes Tai?-¿Pero qué podría hacer él? ¿Negarse a ese rostro dolido? ¿Lastimado? Suspiró un poco, pues sabría bien que hacerlo sería realmente difícil. Podría negarse, y entonces vendría de nuevo esa inseguridad y esos llantos de Tenma, temeroso de que sucediera un Deja Vú de aquella noche… Pero si aceptaba, sería como alentar al niño a aceptar la venganza como tal, a que siguiera recordando ese amor que lo lastimó tanto. Ahora estaba con él, ¿No era suficiente?
-… Sí, lo sé…- murmuro acercándose a regalarle un suave beso en los labios, apegándolo a él sin tratar de hacer pervertido el contacto. Su prioridad era cuidar del pequeño, y si para ello debía aceptar y ayudar a tomar venganza en contra de ese sujeto lo haría. Vamos… sólo tenía que fingir que era un trabajo más, algo que pudiera ser sencillo. O mejor aun… sólo vería a ese sujeto como aquel que trató de asesinar a su amado. Sí. Tenma nunca sintió nada por ese sujeto… sólo era un asesino más. –Te ayudaré…- aseguró mientras juntaba sus frentes. Al castaño se le dibujó una sonrisa en los labios y rodeó su cuello dándole un beso más burdo y emocionado.
-¡Gracias Tai! ¡Gracias! ¡Gracias!- aclamaba abrazándolo ahora, casi tecleándolo. Ese terror que sintió por algunos momentos se dispersó sólo con eso. Mientras tuviera a su amado a su lado, ¿Qué podría salir mal?
-¡Boungiorno! ¡Gianluca!- gritó el pelirrojo entrando sin la menor de las consideraciones a la habitación de éste. Lastimosamente para él, lo único que había en ella era una cama perfectamente ordenada, un aseo terminado, y por supuesto, la ropa de pijama doblada y acomodada en su debido lugar. –¡Uh! ¡De nuevo me abandono! ¡Ese malvado!- juntando los puños en medio de su berrinche, cerró la puerta dispuesto a correr hacia las salas comunes donde estaría el pelinegro. Tanto así que chocó con la personas que estaba a tal vez dos pasos máximo a él. –A-ugh…- Entreabriendo los parpados, vislumbró que al menos él no había caído… el otro al parecer sí. Esas rastras, esos ojos azules, ese porte serio. Rayos, rayos, había tirado a Demonio.-L-lo siento…- murmuró tomándolo de la mano para incorporarlo de nuevo.
-Marco, creo que muchos te hemos dicho que deberías ser más cuidadoso… - reprochó éste dejando levantarse. El pelirrojo sólo rió algo menos tenso, pasando su mano a su nuca. El pelirrojo siempre estaba feliz… ¿Por qué? Esa era la pregunta… -Y por supuesto, menos escandaloso.
-¡Waa! ¡Eso dolió Demonio!- reclamó con un pequeño puchero mientras se cruzaba de brazos. El de rastas no era el primero ni el único con el mismo argumento. No tenía nada de malo si quería amenizar un poco el ambiente pesado que llevaban entre ellos, más ahora que dejaban su patria temporalmente. Tenía sus propias razones para sonreír, y por sobre todo, para llamar la atención. –Dejando eso de lado- el contrario rodó los ojos por tal evasión descarada. -¿No has visto a Gian? ¡Es que ya no está en su cuarto! Seguro se fue a hacer sus cosas, que aburrido…-
-De hecho, eso mismo deberías estar haciendo tú…- tiró por sólo unos segundos una sonrisa, su infantilidad era admirable. –Pero como de todas formas no lo harás y después estarás reclamando… que te obligamos a trabajar… Zanardi está en la sala de Reuniones, ordenando algunas cosas…
-¡Grazie!- gritó sin dar más explicaciones. Después, sólo vio la ráfaga que pasó a su lado, hacia la esquina de los pasillos, dio la vuelta y desapareció. El chico dio un largo suspiro, dispuesto a seguir su camino. –Demonio- lo llamó de nuevo. Asomado por el mismo camino por donde había huido. –Ahm… ¿Dónde está esa sala?-
-Pues…- carraspeó un poco para contestar, tampoco demasiado seguro de la ubicación. –Me parece que a la derecha… la tercera puerta. – el oji verde, volteó a ver la dirección… la pasar iba al lado contrario.
-Ahaha…- rió tontamente comenzando a irse- ¡Grazie Demonio!- volvió a decir esta vez no volviendo más a la presencia del castaño. Este suspiró un poco y siguió su camino sin más interrupciones.
A pesar de no ser un estratega innato, un magnate de la sabiduría como lo eran ambas cabezas de las rosas, él hacia todo lo que estuviera en sus manos para demostrar que también tenía el mismo valor y la misma efectividad que éstos. Le costaba más, le cobraba desvelos, y miles, miles de planes "inapropiados" desechados por el mismo a la basura… pero el merito que obtenía por tanto esfuerzo, era lo que hacía valer la pena. Aun tenía que ajustar cuentas con el líder de la Rosa Negra, por todo el dolor que le hizo pasar… Para él había sido un simple reemplazo desechable, cuando terminó de exprimir todo lo que necesitaba de sí, lo expulsó y casi asesinó por tan mal trato… Si había sido rescatado por Edgar, debía ser por una razón, y esa misma que veía era luchar en contra de ese tirano. Aunque si le preocupaba algo…
-Edgar… eres de corazón muy blando…- susurró. Aunque era un caballero, serio, y frío al hacer sus cosas… Cuando llegó a ver a alguien deplorable… como él y ese par que eran compañeros en su organización… los convertía para ser uno a su lado… ¿Qué pasaría si un día alguien se aprovechara de esto? –Confiemos en Fidio…- se dijo como ánimo.
-¿Cómo que Fudou salió?- preguntó, aunque mas pareció un reclamo. Fruncía el ceño y dejaba apretar los puños entre su pantalón. La molestia no se debía demasiado a la ausencia de Akio, sí, tenía que entregarle información de última hora, pero no era demasiado importante… Lo que en verdad le molestaba era el que se lo informaba. Su sonrisa enmarca por su facha despreocupada lo ponía de malas.
-Pues sí, salió, ¿Qué quieres que yo haga?- preguntó éste sonriéndole al chico, inclinándose un poco para llegar a su altura. Tsunami era demasiado alegre como para hacer notar que sabía de su molestia contra sí. Bueno, no iba a cambiar sólo porque al mini-clon de Fudou se le antojaba. De cierta manera, le parecía tierno… -Anda, vuelve al rato, que enojándote no vas a obtener nada amigo…
-No soy tu amigo- aclaró rodando los ojos con fastidio-... Bien, como sea... – susurró dándose media vuelta, y salir a prisa de esos pasillos enmarañados. Bien… había recibido la información inmediata, probablemente no le llegaría más hasta el día siguiente, además de que si Fudou salía de esas cuatro paredes que eran su oficina, era porque era algo ralamente complicado lo que habría de hacer, no podía dejárselo a los demás "Inferiores", en las palabras de éste, por supuesto… Tenía el día libre… Y eso lo frustraba… Estar quieto, eso podía hacerlo… pero no tener absolutamente nada que hacer. A él no le interesaba en lo absoluto si se llevaron a Nepper, si Kazemaru volvía para ser asesinado, si Goenji estaba con su humor asesino. Todo eso ya le daba lo mismo… -Aunque…- murmuró sonriendo un poco. Aun tenia esa "misión" por cumplir, no estaba su tiempo libre del todo perdido. Su móvil marcaba apenas la una de la tarde, tenía mucho tiempo de sobra para asistir al evento de esta tarde. A las seis en punto Shindou ofrecería otro de sus conciertos, y era obvio que él no iba a faltar aunque se lo pidiera, es mas aprovecharía para decirle que tan "bien" estaba kirino, tal vez mostrarle a Shindou lo que pronto haría con el pelirosa… se relamió los labios aun tenía ese espacio, podría ir a darle "ánimos" al músico desde temprano. Ese tipo de ánimos donde ambos disfrutaban, donde sus cuerpos encajaban a la perfección y aunque los toques fueran agresivos y malignos, los ojos destellaban entre sí un amor incapaces de confesar fácilmente. Un amor que lo orillaba a molestarlo de esa manera con su querido kirino.
Sí… podría ser que al llegar le cerrara la puerta en la cara, o peor aun, que comenzara a ignorarlo mientras tocaba sus finas notas sin remordimiento alguno; pero él tenía tácticas, técnicas a las que el castaño no podía escapar… Lo arrinconaría y le haría lo que se le antojara sobre ese mismo piano. Sí… esos eran los sanos pensamientos detrás de ese rostro de Póker de Tsurugi Kyousuke, mientras caminaba como cualquier persona entre las concurridas calles. Eso era divertido… Mezclarte entre ellos, como cualquiera. Nadie sabe que eres un asesino, un corrupto, un maldito… Nadie. Las apariencias engañan, y él sólo parecía un muchachito rebelde. Takuto, un recatado pianista. Y así con cada miembro de las rosas.
Su camino llegó a desviarse un poco antes de que la gran mansión de los Shindou se vislumbrara. Este le había comentado alguna vez, que para no despertarle sospechas prefería verse en un pequeño apartamento donde el chico pasaba las horas antes de sus recitales, en soledad, practicando, en suma tranquilidad… Una tranquilidad que él iría a irrumpir. El ubicarla no fue problema, era pequeña, pero fina, como todo él. La tercera, de color blanco pulcro, eso le había dicho en alguna ocasión, esas pocas donde hablaban fuera de sarcasmo.
Daría un par de toques… si no salía a abrirle, se colaría por alguna ventana, poco le importaba de hecho… Aunque se detuvo en confusión al ver un sobre colgado estratégicamente del numero por el centro de la puerta. Era enfermizamente rosado, y estaba sellado con un corazón. ¿Shindou había hecho eso? Eso era extraño… Lo tomó, y al voltearlo ahí estaba, con linda caligrafía su nombre… aunque parecía fingida… Alzó los hombros sin importarle demasiado, arrancó el cordel y abrió su sobre. Tcht, sólo esperaba con que no le saliera con alguna tontería de que no tenía tiempo o algo así… Aunque, eso no tendría sentido. Si lo pensaba de cierto modo, ¿Cómo sabía el castaño que él se dirigía a su casa? Leer el texto disiparía sus dudas, por eso mismo lo amplió lo más rápido que pudo. Ojala no lo hubiera hecho.
Querido Kyou~
Es una lastima que el concierto de hoy vaya a cancelarse…
Me gustara verlo morir pronto…
Aunque es una lastima…
¡Me gusta ver como puede llorar en silencio!
¿A ti no te gustan las lagrimas de Takuto Shindou, Kyousuke?
No terminó de leerlo bien ni siquiera, mientras pateaba la puerta con todas sus fuerzas era que todas las palabras se iban acomodando en su mente. Era obvia la razón de esas palabras, era obvio que alguien se estaba burlando de él de una manera cruel y banal. Al abrir fue peor aun. El desastre que se conformaba retrataba el desastre que hacia poco había sucedido en ese lugar. Habían cosas tiradas en la sala, las cámaras estaban rotas, aun chispeaban energía. Y el té que siempre preparaba, ese que para él sabía a café seco, se encontraba humedeciendo la alfombra conjunto a la taza rota. Tocó el líquido, aun estaba tibio, no hacia mucho tiempo que había ocurrido.
-¡Takuto!- gritó en búsqueda de éste, esperando encontrarlo en su habitación, pero no parecía haber nada, se asomó al baño, volvió a la sala, corrió a la cocina… No estaba, en ninguna parte, en verdad se lo habían llevado. -¡Takuto!
-El no está aquí… -susurró una voz juguetona que juraría recordaba de alguna parte… pero ya hacia tiempo que ésta no retumbaba en sus oídos. –No lo encontraras Kyuo. Ya no…
-¿Dónde estás maldito?- gruñó tratando de reprimir su tono de voz, o llamaría la atención de las personas en la calle. El tener contacto con la policía le daría más problemas que soluciones en una situación como esa. –Muéstrate…- ordenó centellando sus ojos ambarinos.
-De acuerdo- aceptó dándole después una risita suave. Detrás de una de las cortinas se asomaron dos ojos celestes, sonriendo. La piel morena perlada por el sol, enfundado en ropa bastante normal… exceptuando por los guantes en sus manos. –Hola Tsurugi~ ¿Me extrañaste?- volvió a reírse. El rostro del peliazul era un poema, no sabía si por miedo, o por furia hacia éste.
-T-tú… Tú estás muerto…- afirmó… aunque más pareció que se auto convencía de esto en su memoria. El le había disparado en el pecho, éste se desangró, sus latidos bajaron, murió. El mismo puso la rosa en sus manos. El murió por haberlo amado, porque no necesitaba más problemas como los de un mocoso enamorado de sí, y tampoco buscaba le diera más problemas a éste. La muerte fue el único camino que encontró para que ese niño no sufriera… pero ahora estaba ahí. Frente a él.
-¿En serio?- preguntó como si nada, apretando su mejilla. –Au… Nop, al parecer si estoy vivo Kyo… Creo que te confundes… - sonrió. Se veía con la misma inocencia que hace mucho, cuando lo invitaba a jugar o a comer juntos en el instituto. Pero sus ojos… algo había en ellos… ya no estaba ese resplandor que siempre lo acompañó, lleno de esperanza para los demás. –Mi nombre es Matsukaze Tenma…- siseó en burla. –Fui casi asesinado por la persona que amaba…- caminó hacia él. El mayor estaba quieto, expectante a que sucedería, hipnotizado por ese miedo que ni él mismo sabía porque sentía al castaño. –Fui salvado por la persona que amo…- y ahora, frente a él, se detuvo acariciando su rostro. –Y hoy, vengo a tomar venganza… Hacia la persona que amas…-
Y era cierto. El tacto era tan real, tan humano… Era obvio que estaba vivo. ¿Cómo? ¿Por qué?
-…- lo observó unos segundos, en que éste no quería reaccionar. No quería esperar demasiado, se esperaba una reacción diferente.
–Apuesto a que quieres explicaciones…- susurró al verlo tan confundido. –Pero no te las daré…- alzando su mano, se dio media vuelta, como medio de despedida, ya no necesitaba hablar con él… Sería suficiente el remordimiento que tuviera cuando entendiera todo.
Ese era su objetivo. Venganza. Venganza en contra de Tsurugi Kyousuke por el daño que le hizo. El sólo quiso ser su amigo, él sólo le confesó sus sentimientos inocentemente cuando le robó su corazón… él sólo quería que al menos lo mirara un poco, que lo notara… Pero él sólo… sólo lo citó aquella noche para dispararle en contra… Ni siquiera le dio una simple respuesta, una que a leguas hacía denotar que era una rotunda negativa… Si le hubiera dicho "No te amo", "Aléjate de mí", "Déjame en paz"… en una situación como esa, después de sufrir tal rechazo, definitivamente lo haría. Lo hubiera dejado de molestar, se hubiera quedado en su puesto aunque estuviera varias semanas sumergido en la tristeza… llegaría alguien más… Pero no. Prefirió ese camino.
-¿Dónde está?- escuchó sintiendo un fuerte apretón en su brazo, enterrando sus uñas poco a poco en su piel. Un leve quejido de dolor escapó de sus labios, pues éstas se retorcían cada vez mas, abriendo rasguños profundos, dejando su piel rojiza. Pero no duró mucho, cerca del rostro del mayor, pasó un objeto metálico a gran velocidad, casi rozándolo…
-Deja a Tenma…- ordenó el peli naranja saliendo de una de las habitaciones. ¿Quién rayos era ése y por qué no lo había visto antes? ¿Dónde se había escondido?- Suéltalo o disparo- amenazó seriamente una vez más. Pero Kyousuke no obedeció, él no era un cobarde, haló al castaño a él, y posó su propia arma, una navaja en su cuello.
-Mejor aun… O sueltas el arma y me dices donde está Shindou… o lo mato… de nuevo…- el menor se removió un poco en sus brazos, viendo atentamente a los ojos de Amemiya con miedo. No quería que lo intentaran asesinar de nuevo, le daba pánico.
-¿Quieres jugar rudo? Bien… O lo sueltas… O doy la orden de que maten a tu novio. – con su mano libre, tomó su oído, donde reposaba el transmisor. Las doradas cuentas reemplazaran la burla con más furia y odio… Se vio obligado a soltar al castaño, que por puro instinto corrió al lado de su amado, escondiéndose detrás de él. Amemiya no dejó de apuntar al otro, dejándolo sostenerse de su espalda. El problema que tenía con Tenma era su fragilidad… su terror a todo lo que pudiera pasar ante el mínimo riesgo.
-¿A dónde se lo llevaron?- volvió a gruñir observando que el peli naranja también portaba guantes… -¿Y por qué?
-¡Por que voy a vengarme de ti!- gritó el menor sin dejar de estar seguro por su novio. –¡No voy a perdonarte por haberme tratado de matar!
-Si es así, entonces ¿Por qué no simplemente me matas a mí? – reclamó furioso. No eran razones para secuestrarlo.
-No… Si te mato todo acaba… Pero si mato a Shindou… Morirás en vida…- sonrió un poco y salió poco a poco para verlo- ¿Aunque sabes? Creo que si lo mantenemos un poco más con vida… nos podría servir… y tú lo podrías salvar…- siseó. Sólo tenía que informarle a Edgar… y éste probablemente aceptaría. – Aunque… no sé… Ruega porque así sea…
-Bien, ¿Qué quieren? - ¿Dinero? ¿Armas? ¡Por favor! Sólo era Tenma y un tipo extraño… Sin embargo, el chico sólo alzó los hombros y tomando la mano libre de su novio, caminaron alrededor de Kyousuke, aun siendo amenazado.
-En cualquier caso... Más te vale no decirle a nadie más sobre nosotros… o Takuto lo lamentará… ¿Sí?- abriendo la puerta, esperó a que su novio saliera. Este no se fiaba, no le quitaba la mirada de encima al peliazul… por cualquier movimiento que intentara hacer. –Espero vernos pronto… Si no, entonces creo que sabes que sucedió, ¿No?- esa fue la última frase que dijo mientras cerraba la puerta, dejando tan solo por unos momentos al mayor… con esa maraña de sentimientos y opresión. Por más que quiso, aunque corrió a la puerta, aunque los buscó en la calle… éstos ya no estaban…
-… ¡Maldición!-
Fin capitulo 16
Continuara…
Hola aquí les dejo el cap 16 de manos de kazumi, le verdad ¡a mí me encanto! Ella es nuestra nueva autora, de la cual estoy muy contenta este con nosotros y nos preste su talento ¿Qué les pareció? ¿creen que Tenma sea capaz de deshacerse de Shindou? ¿Qué hará Tsurugi para arremediar esto? ¿Qué sucederá con Kazemaru?...
Todo esto y mas en el próximo capitulo de alas rotas~
