Capítulo 17: Tratos

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Caminaba tranquilamente por el centro de la ciudad, cualquier persona que lo viese se daría cuenta de ello, mas lo que ignoraban era que dentro de su ser se desataba una pelea interior por no saber lo que sucedía con su propósito, en ese momento podría estar tomando cartas personales en el asunto, tal vez en ese mismo instante si no hubiera sido por la intervención de Mamoru Endo la cabeza de Goenji estuviera en sus manos.

¿Qué tenía que hacer un yakuza japonés ahí? Había echado sus planes a perder, dejó de lado a su propio hermano para nada, porque si incluso él mismo se había mantenido frío y distante para con él pero ¿Cómo culparlo? No todos los días unas de las metas de tu vida, una de las razones más importantes por el cual había decidió llevar específicamente aquella venganza estaba vivo.

Había llegado a aquella mafia por un sólo motivo, el vengar a sus padres, a su hermano y sobre todo para recuperar a Someoka, ahora se encontraba atascado, casi en un valle sin retorno que a simple vista parecería imposible de salir, Goenji estaba extremadamente lejos de su alcance y era más que obvio y bien sabido que las prioridades de la rosa blanca, incluidos a Kidou, Seijiro Kira y los demás no era el asesinato del peli crema, si lo aceptaron a su lado y como un mimbro más de esa mafia sólo fue porque su hermano y el pelirrubio exasperante que se encontraba junto a él habían intercedido a su llegada.

– ¿Qué se supone haga ahora?–Se preguntó a sí mismo, sentándose en una de las bancas del parque por donde ahora pasaba, un parque que irónicamente se encontraba solo, es decir era estúpido como un país podía crear ese tipo de sitios cuando los niños de esa ciudad y sus familias temían salir a las calles, temían a ser secuestrados, a ser extorsionados quedar metidos en medio de una balacera que fuera por las mafias correspondientes o por la policía misma. Irónico… pero tan cruel y verdadero. Como extrañaba su antigua ciudad, como extrañaba aquella vida tranquila, aprendiendo, viviendo y sonriendo al lado de Someoka.

Suspiró y volteó su mirada al cielo, recargó sus brazos sobre el banco y no pudo evitar que un fuerte sentimiento de melancolía y rabia lo invadiera, si podría entrar a la fuerza a la rosa negra pero era más que seguro que no saldría vivo y eso por más que quisiera no era su propósito, lamentablemente a pesar de que la venganza era una de sus prioridades, también lo era el mantenerse con vida, estar con Someoka y con su reencontrado hermano menor.

–Shirou Fubuki– una voz lo llamó mas ni siquiera se inmutó, no tenía ganas de hablar con nadie sobre nada, no ahora, de seguro algún encargado de la rosa habría ido a buscarlo para pedir informes sobre su inspección en esa área. Tras esa reacción el recién llegado alzó una ceja hablando nuevamente–Sé que tú secuestraste a la menor de los Goenji– Esta vez su atención fue captada con rapidez, bajó su cabeza y se encontró fijamente con unos ojos verdes, afilados y gatunos que lo observaban con burla. Akio no pudo menos que sonreír descaradamente, estaba ahí con un propósito y el hecho de tratar de obtener la atención del peliplata con una larga platica e insistencia le cansaba en exceso.

– ¿Quién eres?–Preguntó el de ojos grises de forma cortante, se levantó de su lugar y encaró al de cabellos castaños que con simpleza alzó los hombros y esta vez él se sentó en la banca donde el peliplata estaba recostado. Fudou lo observó y no dijo nada, divagó un poco entre la respuesta que debía darle al Fubuki mayor, era obvio que no sabía quién era, su trato siempre era exclusivamente con los altos mandos de la rosa blanca, específicamente con Seijiro, Hitomiko, Kidou y Heat nadie más ni nadie menos. Suspiró profundamente y sacó un cigarro de su bolso, lo encendió con tranquilidad bajo la atenta y afilada mirada gris de Shirou, quien se había puesto rápidamente a la defensiva tras sus últimas palabras.

–No es necesario que lo sepas, lo importante es lo que vengo a ofrecerte–Habló de forma secante Akio, dejando salir el humo del cigarro que se confundía con facilidad con su aliento debido al frio que hacía. Shirou apretó los puños mas siguió sin moverse–Pero te puedo afirmar que no es una trampa–Volvió a afirmar, Shirou era aquella pieza del ajedrez que le faltaba mover, una pieza que se movería gracias a las mentiras que desde chico le habían hecho creer, una pieza que él aprovecharía sin lugar a dudas–Te ayudaré a matar al asesino de tus padres–mencionó en un susurro, no tenía remordimiento al mentirle, a pesar de que él sabía perfectamente bien que aquellos cargos no pertenecían al peli crema necesitaba deshacerse de él, era uno de los peces más gordos de la rosa negra y principal apoyo de Kageyama por lo tanto las mentiras o el remordimiento salían sobrando.

– ¿Por qué debería creerte?–Interrogó el peliplata, tenía el suficiente tiempo dentro de ese tipo de cosas como para saber que jamás debes fiarte de una persona. Fudou volvió a sonreír mirándolo fijamente a los ojos y entregarle una fotografía que guardaba en su bolsillo. Fubuki parpadeó y agachó la mirada, observando atentamente la fotografía donde se podía vislumbrar claramente la figura de Someoka.

–Porque Shuuya Goenji te quiere asesinar, quiere tu cabeza y él es el encargado de matarte, su guardaespaldas personal y actual mano derecha. Someoka Ryuugo. –Indicó mirando al frente y cerrando los ojos. Ignoraba la relación que el pelirosa y la persona parada frente a él tenían, pero por lo que pudo observar al mirar sus facciones es que estos dos ya se conocían. Y era por eso que Someoka había retrasado cualquier labor que Goenji tuviera en contra del peliplata. Ahora todo estaba claro– sólo para que lo sepas Someoka sabe a quién asesinará, te conoce y sólo está esperando el momento indicado para matarte–Musitó y sonrió casi imperceptiblemente al ver como las manos de Shirou arrugaban la foto con enfado y odio, había acertado y para él aquello era mucho mejor. Se desharía no sólo de Goenji si tenía oportunidad lo haría del mismo Someoka con un solo tiro. –Yo te ofrezco la oportunidad de acabar con el asesino de tus padres… sin nada a cambio, ambos salimos ganando. – Volvió a ofrecer, apagando esta vez el cigarrillo a un lado de él y tirar la colilla al suelo para pisarlo.

Shirou sintió el frío recorrer su cuerpo debido a la fuerte ventisca que sopló en ese instante, se vio quebrado por dentro y su alma se encendió en odio, Someoka iba a matarlo por las ordenes de Goenji…Someoka, su querido Someoka… a ese punto sólo veía dos opciones, dejarse asesinar por la persona que amaba terminando así con su dolor y odio o llevar la carga encima de matar a su persona más querida con sus propias manos, en ambas sufría, pero el odio que sentía sólo quería hacerlo vengar a sus padres y la vida que el propio Someoka ahora perdería en sus manos… él se encargaría de matar a Goenji Shuuya, le haría pedir piedad y arrepentirse por haber sido el causante de aquel dolor que se clavaba en su alma.

–Trato–Resopló el peliplata estirando su mano, ocultando su mirada sombría bajo su fleco, Akio sonrió…y sintió que cada vez estaba más cerca de cumplir sus planes, una de sus últimas piezas ya estaba en movimiento.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

No era exactamente frío lo que sentía. Podía ser que fuera un poco de ello, sin embargo, la sensación iba más allá de la temperatura… su cuerpo se tensaba por razones distintas. Un simple sentimiento del cual ningún ser humano puede escapar, aquel que siempre le impide pensar con claridad y avanzar. Así es, su nombre es el miedo. Y eso mismo es lo que sentía.

No sabía que era lo que sucedía. Recordaba el haber estado componiendo tranquilamente en aquella sala, algo que pudiera presentar en un concierto venidero. Después llamaron a la puerta, muy pocas personas sabían de ese lugar, así que había tres posibilidades. Era alguien de la rosa, Kyousuke Tsurugi, o simplemente alguien haciéndole una broma. Pero al abrir, no había ninguna de las tres opciones. Había una tierna sonrisa y unos claros ojos azules. Sin embargo, esa tierna imagen le dio escalofrío, más cuando éste enterró algo en su brazo.

–Tranquilizante…–susurró sabiéndolo hasta ahora. Lo habían dormido, y después… después había aparecido en ese lugar. ¿Qué habrá sido de los guardaespaldas que había en su casa? Tal vez hubo algún enfrentamiento, sus ojos se dilataron recordando cómo estos lo protegían incondicionalmente, todo por la preocupación exagerada de sus padres para con él, sólo lo dejaban solo cuando él se los pedía, casi siempre cuando Kyosuke lo visitaba o se encontraba en los cuarteles de la rosa.

Sus manos estaban esposadas, cada una a algo parecido a algunos tubos, sus pies también, había tratado de moverlos, pero estos tenían esposas en sus tobillos, no dejando si quiera defenderse por si algo se acercaba. Y finalmente, había una venda en sus ojos. Estaba desprotegido ante cualquier ataque, y lo peor, es que ni siquiera sabía quién era su enemigo. ¿La rosa negra? ¿Lo habían atrapado? En ese caso… Probablemente Ranmaru estuviera cerca.

– ¡Kirino!– Gritó esperanzado de escuchar su voz, pero sólo hubo eco y más eco. No. Allí no había nadie, se oía como un cuarto vació, aunque no podía saberlo a ciencia cierta, no tenía con que comprobarlo. Y un detalle apareció. Uno que lo asusto más de lo que querría. Una tenue risita, en burla de su desesperación.

–No, no querido Shindou…– siseó la voz. La sentía cerca, tal vez frente a él, se removió un poco más, era inútil, pero lo seguiría haciendo. No viendo otro camino, sólo encogió sus piernas hacia sí, frunciendo el ceño molesto.

– ¿Quién eres?– preguntó el pianista directamente, más bien, exigió una respuesta por el tono que utilizó.

–No puedo decírtelo…– de nuevo escuchó aquel tono divertido esta vez con pasos que se acercaban a él.

– ¿Dónde estoy?– tal vez el cambiar la pregunta, lo haría todo más sencillo.

–Tampoco puedo decírtelo…– advirtió por segunda vez. En esta ocasión se sentó al lado del castaño, recostando su cabeza sobre su hombro.

–Entonces ¿Qué es lo que puedo saber?– porque si sus preguntas iban a ir en ese juego de círculos, prefería acortarlo todo, no por nada era un prodigio y necesitaba sacar la mayor y más concreta información que pudiera en ese momento.

– ¡Que aburrido eres!– se quejó el más bajo con un puchero que no era visible para Shindou, se levantó un poco y ofendido y con el puchero que se mantenía en su rostro jaló su oreja mucho más fuerte de lo normal. –Niño malo, no se les contesta así de feo a los captores, no, no, no…– seguía diciendo sin temor al daño que podría causarle al otro, de todas formas, éste apretaba los dientes, aguantando el dolor. –Ni para esto eres divertido…– lo soltó de mala gana y se cruzó de brazos, el castaño sólo apretó más los ojos. Sentía como si un poco del cartílago se hubiera separado de su piel y eso no avecinaba nada bueno.

–Bien, si lo que quieres es que te quite la venda, puedo hacerlo… igual seguirás sin entender nada…

Y fue cierto, no mintió. Abrió los ojos al sentirlos libres, le ardían un poco por lo apretada que estuvo la venda, pero no se quejó. El ver era algo suficiente, así le daba al menos la oportunidad de escapar… de alguna forma. Lo primero que vio, fue el frente. Había una simple silla, vacía, de madera. ¿Y a su alrededor? habían cajas apiladas del mismo material… ¿Llenas, vacías? No podría saberlo. Pero ese era un gran cuarto algo oscuro…lo más probable una bodega.

– ¿Te gusta?– Susurró a su oído esa maldita voz. A su lado estaba su captor, de nuevo con esa sonrisita y esos ojos vacíos. –No tiene muchas cosas lindas, no me dio tiempo de adornarlo, ya sabes, todas esas cosas bonitas que compran los ricos…– ¿Quién era ese chico de mirada azulada que hablaba como si fueran un par de amigos de hacía años? No lo había visto en su vida, ¿Un nuevo integrante de la rosa negra? Sería muy difícil que Kidou no lo hubiera interceptado, el avanzaba rápidamente con la información, más ahora con tal espía con Natsuhiko y Afuro a su lado.

– ¿Qué quieres?– parpadeando a ratos por las pequeñas manchas que se asomaban por sus ojos, lo observaba, pero éste sólo parecía querer entre verlo y después jugar con su playera celeste, como si nada sucediera. – ¿No vas a hablarme?

–No voy a contestarte cosas que no quiera Shindou– aclaró ahora, jalando su nariz. Esta vez, el toque fue más "normal", nada de dolor ni de exageraciones. –Aunque bueno… tú no puedes salir de aquí… así que aunque te lo dijera ¿De qué te sirve el conocimiento de mis acciones?-

–Necesito saber el por qué estoy en este lugar. Ni siquiera te conozco. Y hasta sabes mi nombre…–Mencionó en forma baja el pelicafe, Tenma parpadeó observando fijamente como sus mechones castaños se enredaban ante cada intento de liberación, sonrió dejando de lado cada palabra llena de cizaña que Takuto dirigía hacia él. No era su culpa, sólo estaba… "estresado", así lo llamaría el menor. Sólo tenía mucha desconfianza, así que estaba bien… Además, su cabello era tan bonito, seguro Tsurugi se había enamorado de él por su largo y sedoso cabello. Se acercó a él y acarició varios mechones que se enredaban con sus largas pestañas, lo removió sonriendo de nuevo, alejándose un poco para verlo directo a los ojos.

–Verás… No sé si deba contarte la historia…– posó sus manos detrás de su espalda, sentándose en la silla que había frente a él, recostó su cabeza en el fiero y cerró los ojos. –Dime Shindou… ¿Conoces bien a Tsurugi Kyousuke? Digo… Sé que son novios y todo eso… ¡Yo también tengo un novio!– se atrevió a decir, tardándose unos segundos más en seguir por la sonrisa, el sonrojo y el suave suspiro del que había sido presa con sólo pensar en el pelinaranja. – Kyousuke no es la persona que tú crees Takuto… Él es… horrible…– y su expresión volvió a cambiar. Ahora había unos ojos muy abiertos, vacíos, donde se podía palpar el dolor de recuerdos, Shindou veía ahora un rostro deplorable, con tristeza acechando en cada facción de éste.

– ¿A qué… te refieres?– Cuestionó. Sí. Sabía que el peliazul no era alguien de fiar, y que por supuesto, ninguno de los dos tenía en claro las razones y motivos del contrario… pero si podía sacar algo de lo que sabía ese "ingenuo" captor, entonces no había problema.

–Y-yo…Verás, yo antes fui novio de Tsurugi…– detrás de la espalda, el castaño cruzaba los dedos, apretándolo fuertemente para aguantar esa sonrisa triunfante por haber hecho que cayera en su trampa –Y-y él, aunque no decía que me amaba, yo siempre confié en que lo hacía… me cuidaba y sentía celos por mí de vez en cuando. Pero… cuando creía que estaba bien, cuando parecía que el al fin iba a decir ese par de palabras…– se detuvo y Shindou miró como unas lágrimas empezaron a asomarse por sus ojos. –Él me disparo…– y bajando un poco su playera, le enseñó la marca justo al medio de su pecho. –É-él dijo que sólo estaba jugando conmigo… Sólo quería saber cosas sobre papá y mamá, y sobre la mafia que en ese entonces no sabía que era… Tsurugi me rompió el corazón. – y tras esas palabras Tenma abrazó al mayor, tensándolo tanto por la historia, como por el gesto que buscaba de apoyo y era obvio no obtendría. Shindou parpadeó ¿sería verdad? ¿Qué tal si Tsurugi sólo jugaba con él para sacarle información y todo había sido en vano? ¿Qué pasaba con lo que ambos empezaban a sentir? –Por eso… yo te salvé…te aseguro que ni siquiera tiene intenciones de salvarte, sólo te usó…– aseguró el ojiazul limpiando sus lágrimas, y poniéndose de pie.

–…– ¿Debería creerlo?, negó con su cabeza varias veces ese niño, ni siquiera sabía su nombre… pero sus lágrimas eran tan reales y la tristeza que se reflejaba en sus cuencas azulinas era tan conmovedora. No, no, no debía creerlo… en lugares como esos habían miles de actores. Tenía sus razones para desconfiar… Pero también la tenía de su "algo". Nunca hablaba, nunca decía, sólo era… sólo era estar ahí, llenándolo todo, siendo molesto y a la vez lo que más esperaba en su vida, no sabía si era una mentira pero algo en su interior quería creer en Tsurugi.

–Sin embargo…–indicó Tenma y limpiando sus lágrimas sacó algo de sus bolsillos, sin mostrarlo aun al castaño. –También te secuestré por otra razón…–mencionó mientras terminaba de arreglar su rostro, escondiendo el objeto en la derecha. –Yo… voy a vengarme… de él y de ti… Porque seguro tú fuiste la razón de que me dejara… ¿Qué tienes tú de bueno para que se haya enamorado de ti?–Preguntó con un tono neutro y molesto el pianista pudo notar como había cambiado su rostro por ese ceño fruncido y una mueca llena de rabia, cambios que lo hizo retroceder lo poco que podía del cuerpo del otro. –Escuché que a las grandes familias ricas de este lugar les gusta tener largo…– y pasando sus dedos de nuevo por las suaves y finas hebras empapadas de Shindou, rió. –su sedoso cabello, de seguro eso atrajo a Kyosuke tanto a ti… Pero…–ante la mirada cacao se mostró un pequeño brillo por la única iluminación del cuarto, ante dos fieros unidos y afilados, enredados en los dedos de Matsukaze. –Eso es de niñas y tú no eres una…– ahora lentamente acercando las tijeras, sostuvo un mechón, posándolo encima del instrumento. – Me pregunto ¿Qué tan lindo te verás?…–y mientras a Shindou se le dibujaba de nuevo esa expresión indescifrable, llena de temor, impotencia y odio justo como la de Kyousuke cuando lo vio por última vez, la sonrisa de Tenma se ensanchó, era hermoso ver aquella mirada llena de temor y frustración que sus ojos denotaban, ver como se cristalizaban y ningún sollozo salía de su boca– si me convierto en…– y cerrándolas de un golpe, vio la pequeña mancha de cabello café dispersarse con la gravedad hasta tocar el piso. – ¿Tu estilista personal?–soltó con una suave risa Tenma, logrando así que las pupilas de Shindou se dilataran con miedo… un miedo que no llegaba siquiera a la milésima parte que él sintió cuando vio a Tsurugi dispararle.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-