-¿Y bien? ¿Qué información tienes para nosotros?- fue el primero en romper el silencio en medio de aquella junta. Las miradas se centraban en el castaño que dirigía las cosas, y el de rastas, que ordenando sus papeles se preparaba para hablar. Bueno, la mayoría de las miradas, al lado de estos estaba el chico de orbes azules, sujetando los lápices de colores con suavidad, a pesar de pintar con tanta fuerza. Taiyou dividía su atención entre él y el dibujo que hacía. Eran trazos no muy lindos, parecían más los de un niño pequeño, pero lograba distinguirse a una persona que lloraba con una mueca triste, mientras su cabello parecía sumamente desordenado y disparejo, algo que parecían trazos a propósito.

-Bueno, primero que nada, creo que las rosas ya saben de nuestra presencia.- Fue lo primero que apuntó, el otro italiano tomó asiento. – A pesar de que pretendíamos pasar desapercibidos, varios miembros nos han visto salir o algo por el estilo… No estoy seguro si alguno sabe que estamos haciendo aquí, mas lo dudo, y tengo mis razones para ello.

-¿Y cuales son esas razones?- se apresuró a aclarar el líder de estos. Edgar, a pesar de todo, se había vuelto sumamente desesperado con el tema de su hermano, ese era el problema que conllevaba a cada miembro de esa organización. –Demonio, ¿cuáles son?

-Pues, hay algunos miembros en cada organización que han tenido contacto con el pasado del joven Ichirouta, de su procedencia y distanciamiento, pero también están aquellos que sólo lo tienen de conocimiento como alguien sin un pasado definido. – varios se cruzaron de brazos, viendo preocupados la reacción que podría tener el inglés, otros más sólo murmuraban un par de cosas, ya sabían el estado del chico. –Además… Ahora mismo él es prisionero de su propia rosa, la negra… O al menos eso sé con los últimos informes que tengo…

-No lo entiendo. – Interrumpió ahora el segundo al mando, robándole la palabra el peli azul- Kazemaru siempre fue fiel a los mandatos de esa rosa sin importar qué, si mal no he leído… ¿Entonces por qué ahora lo tienen allí? ¿Una traición acaso?- Demonio negó casi enseguida, y tomando la computadora tecleó rápidamente un nombre. Todo un expediente se abrió en el amplificador, y una foto de un sonriente chico de banda naranja.

-Podría llamársele traición o algo parecido… Pero el rompió una de las grandes reglas, enamorarse. – pasando algunas imágenes mostró fotos del menor de cabellos largos en varios escenarios junto al castaño- Y no se enamoró de cualquier persona… Este es Endou Mamoru, el heredero de los Yakuza.

-¿Yakuza?- una voz en el fondo captó la atención del algunos. Era el pelirrojo italiano que se aferraba al brazo del pelinegro- Eso no parece una palabra rusa… ¿Qué es un Yakuza?

-Bueno… Los Yakuza son como la mafia italiana o la rusa, sólo que esta es japonesa. – Cambiando ahora a algunos otras plantillas se veían fotos mas viejas del chicos cursando la escuela de niño y adolescente, con varios letreros con el lenguaje de aquel país descrito- Ambas rosas pretendían quedarse con él, para así formar una alianza entre mafias y poder derrocarse la una a la otra.

-Entonces... ¿La rosa negra logró hacer alianza con los "Yakuza"?- el estadounidense acomodó sus extraños lentes, algo serio para su descomunal alegría y entusiasmo, como siempre. Si había una alianza, entonces tendrían más problemas.

-No, en lo absoluto.- cambiando de nuevo las imágenes, mostró algunas del chico, con varios miembros de la rosa blanca, aunque no sonreía, no como en las demás fotos. Ahora se sentía diferente, tenía a su alrededor un semblante sumamente vació. Completamente vacío.-Hubo algunos tratos entre las rosas, capturas, cambios, las cosas están especialmente confusas en estos lugares… Pero con tal de salvar a nuestro objetivo, éste se unió a la rosa comandada por los Kira.

-Eso nos da algunos puntos… - comentó Edgar, con los cabellos aun cubriendo uno de sus ojos. – Al menos alguien hizo que Ichirouta no muriera antes de ser encontrado, sin embargo, está en latente riesgo. Infiltrarse y liberarlo lo más pronto posible de las manos de su rosa es la prioridad, y tiene que ser con vida. – Se puso de pie, inmediatamente el de rastas tomó asiento, dejando sus papeles en medio del lugar principal.

-Hacer una alianza con esa rosa tal vez sería la mejor opción- sugirió con suavidad el peli naranja, acariciando la espalda amablemente del castaño, ajeno a todo lo que le rodeaba, aparentemente. –Así podrías doblar las fuerzas y saber algunos detalles inciertos sobre ellos… ¿No seria más fácil el derrocar la guardia con ellos?

-No… - habló el estratega suspirando. –No estamos seguros de si ellos quieran apoyarnos para liberarlo... – poniéndose de pie de nuevo, esta vez no se movió de su lugar, siendo observado por los demás. –Han tenido muchos problemas con ese chico, es uno de sus principales enemigos, tal vez de los cuales más deben de cuidarse, o bueno, lo fue. Arruinó mucho de sus planes, asesinó a uno de los hijos del señor Kira, Hiro, y además de todo, casi destruye los tratos con los yakuza. Dudo mucho que aun exponiendo nuestras razones ellos pretendan ayudarnos…-

-… ¿Qué propones entonces?- y el silencio reino por unos segundos mientras volvía a sentarse a su lugar, pensando en algo que hacer. La verdad era que las soluciones se le hacían complicadas, no había argumentos que validaran realmente la situación del chico. Hasta que se irrumpió el silencio por Fidio.

-Nuestra segunda prioridad, después de rescatar a Ichirouta, será el derrocar al líder de la rosa negra, ¿No es así?- preguntó a ambos. –Propongo que primero busquemos la manera de traer a Kazemaru, después de esto, podemos convencer de alguna forma a la rosa blanca, con nuestros propios argumentos… Y así cumplir ambos, no podemos contar con ellos por ahora.

-El único problema de esa teoría- aclaró el segundo americano – es que no tenemos la suficiente información o comodines para acceder a las instalaciones de la rosa negra. Sólo somos novatos, nuevos en esta ciudad.

-Exacto- tratando de escapar del pelirrojo, Zanardi se removía un poco, a pesar de sus negaciones –Sin algo con lo cual basarnos no tenemos oportunidad alguna de negociar, siquiera de saber sobre la situación de este chico.

-Eso no es cierto- la voz infantil provocó que todos voltearan a verlo, hasta su novio. No porque supieran que iba a decir, tampoco porque esperaran fuera muy importante, pero aun entre ellos, Tenma era alguien realmente extraño. Conocían la historia del chico, más por Amemiya que por él mismo, y era extraño el ver como su mente estaba rota, a pesar de ya ser "feliz" con ellos. Por eso no muchos se acercaban a él con seguridad, entre más lejos mejor. A él sólo se le asignaban algunos asesinatos y algunas torturas, siempre vigilado por el único al que confiaba. Era extraño. La rosa blanca tenía a su enfermo, ellos también tenían a uno. –Si tenemos algo- felizmente, seguía dibujando, hacía rayas paralelas en los brazos de su muñeco, rojas, cayendo gotas, igual que las lágrimas de los ojos.

-No Tenma, no tenemos nada, tú nunca fuiste parte de estas rosas…- sin mucho tiempo, Edgar no tenia ánimos de seguir sus juegos infantiles.

-Nunca dije que era yo…- lo cortó volteando un segundo a verlo. Esa mirada azul vacía con esa sonrisa, le causó un temblor a varios, más no a ese líder. –Yo si tengo una forma… para que podamos rescatar a Ichi-san…- su dibujo empezó a tener color negro, todo el cielo, las nubes, el sol… todos se volvía oscuro para el pequeño chico que lloraba con terror. – Puedo obligar a una… persona… a decirles lo que sabe.-

-Tenma…- trató de detenerlo su compañero, pero éste sólo cerró los ojos sonriendo aún más, sin siquiera dejarlo continuar.

-Tsurugi Kyousuke…- la sala pasó del silencio a los murmullos lo más discretos posibles. ¿Era cierto? El comodín que poseía Tenma ¿Era aquel que lo había destrozado mentalmente para llegar a este estado? ¿De casi locura? – ¡Hey! ¡Parece ser que todos se enfermaron de la garganta!- dijo casi como una celebración, alzando el lápiz color rojo.- ¿Quieren que los ayude?

-Tenma, basta.- interrumpió con un golpe en la mesa el italiano. Aldena y Matsukaze se quedaron viendo algunos segundos. Uno con severidad, el otro con odio en el ceño fruncido. Era conocido que ninguno de los dos tenía una buena relación, y sólo el de cabellos naranjas podía tenerlos alejados para evitar algún altercado. –Di lo que tengas que decir.

-… Bien- poniéndose de pie, los miró a todos con dulzura. –Tengo en mi posesión al amado de Kyousuke, y creo que es importante… -alzando su dibujo, enseño a todos el retrato sub-real que trazó. –Takuto Shindou, el adorable novio de Kyou-kun… Le tuve que hacer algunas modificaciones, pero nada que haga que él no quiera cooperar…- soltó el dibujo, el aire lo hizo caer al suelo y él quedo allí, de pie con la misma sonrisa. – Tengo en la palma de mi mano a la mano derecha de Fudou Akio, estratega y subordinado de Kageyama.

-¿Tienes en tu poder a Shindou y no nos habías dicho ni una palabra?- atacó con severidad el inglés poniéndose de pie de golpe. -¿Sabes lo importante que es en este momento cualquier detalle e información sobre todo esto?- la voz se alzaba y el castaño se asustaba, retrayéndose en su propio cuerpo. -¿Sabes de lo que nos puede servir ese chico para terminar nuestra misión?

-¡Ah! Edgar-sama me odia ahora- sollozó cubriendo su rostro empezando a llorar. Temblaba y parecía como si el miedo en verdad le recorriera, de un momento a otro, borrando la dulzura. Taiyou sólo tuvo como reacción abrazarlo, pues no podía decir nada. Edgar tenía razón, y él era cómplice de esa omisión.

-No… Él no te odia sólo está nervioso por todo esto…- susurró a su oído para que se tranquilizara. –Pero seguro y si les dices él se tranquilizara. ¿Sí? Continúa…- el menor se separó del más alto, lo miró a los ojos y restregando sus ojos llorosos asintió.

-Puedo hacer que Tsuru-kun me diga cómo está y cómo entrar por Ichi-san… Sólo debo amenazarle sobre su novio…- murmuró convirtiendo su boca en un puchero.

-Pero… ¿Entiendes quién es Takuto?- el de rastas, lo miró con algo de pena, estaban ciertamente cerca, a dos asientos separados, por eso tenían mas contacto visual. –Shindou es alguien muy importante de la rosa blanca, es un heredero de los empresarios ricos, además de que es el probable sucesor en la gran línea de esa mafia… Como Ichirouta… - ahora dirigiendo su palabra a los presentes aclaró. –Si lo usamos a él, podemos obtener su ayuda, en vez de información engañosa por parte de Kyousuke.

-¡No!- mirándolo con odio, empujo la mesa y quiso correr a él, ¿A qué? No pudieron saber, pues el otro se aferró a su brazo impidiendo se moviera- ¡No dejare que hagas eso! ¡Nadie de esas estupidas rosas deben saber que yo lo tengo! ¡Es mi prisionero!-

-¡Pero ahora eres parte de nosotros, uno de nosotros, y tu deber es ver el bien común de todos!- contradijo rápidamente Aldena, poniéndose de pie al mismo tiempo, las miradas azules, tan distintas chocaban entre si. Alguien amable que siempre buscaba el bien de los demás, un pobre que perdió el control sobre sus propios deseos volviéndose egoísta.

-¡Y eso hago!- gritó inmediatamente removiéndose con mas fuerza. –Yo sólo quería matar a ese maldito… ¡Quería que muriera desde que lo secuestré, desde el primer momento en que lo tuve en mis manos! ¿Y sabes qué pasó?- golpeteando la mesa siguió gritando- ¡Yo vine a ofrecerles mi ayuda! ¡Y ustedes quieren quitarme a mi presa! ¡Quiero que rescaten a Ichi-chan y no quieren!-

-Tenma, Tenma…- en susurros el mayor acarició su cabello, calmándolo poco a poco. El chico seguía dando gritos, pero de nuevo sucedió el mismo fenómeno. A cada mimo, a cada pronunciación de su nombre el estrés y la histeria desaparecían. Era extraño el fenómeno, de que sólo esas simples muestras de cariño fueran las causantes de su tranquilidad. –Todo está bien… Aquí estoy… Nadie te está haciendo nada malo… Tranquilo…

-P-pero ellos quieren quitarme m-mi venganza…- susurró queriendo volver a llorar. ¿Cuántos cambios podía tener en una sola reunión ese chico? Pasaba de la felicidad a la tristeza, al sarcasmo, a las burlas, a la histeria, volvió a la tristeza, y probablemente no pasaría mucho para que volviera a sonreír. Era atemorizante.

-No lo harán… Ellos van a aceptar las condiciones de lo que digas… ¿Verdad?- volteó a ver a los demás, en especial al italiano que con desaprobación sólo volteó el rostro. Edgar suspiró y sostuvo su frente, no tenía tiempo para todo esto. –Ellos no saben dónde tienes a ese chico…- Era cierto. Sólo Tenma y Amemiya lo sabían, y ese era un gran problema. Si trataba de sacarles la respuesta, todo sería en vano, y ese comodín perdería la vida, la única opción que les quedaba era tomar la oferta, y actuar lo más pronto posible. Así, cuando esto terminara, ellos tendrían a Ichirouta en su poder.

-De acuerdo, Matsukaze- con una sonrisa fingidamente amable, entrelazó sus dedos en la mesa, viéndolo con atención. –Todos estamos atentos a tus condiciones, ¿No es así, Fidio?- el mencionado tuvo que suspirar pesadamente y crujir un poco los dientes. A esto se refería, era tan fácil que ese chico se fuera, ¿Porque tenían que acogerlo? ¡No era su responsabilidad! ¡No lo era! Sólo era un loco que merecía estar en el manicomio.

-Claro… todos…- afirmó, aun cuando todos notaran, que era una enorme mentira. –Así que, dinos Tenma-kun… ¿Cómo es que podrías prestarnos a tu presa?- y a pesar de todo, el japonés vio al italiano destilando odio, odio y mucho rencor. No creía en sus palabras, pero aceptaría sus términos, así que no tenían que perder.

-Bueno… - abrazándose más de su novio, esperó unos segundos para empezar a enumerar.- En primera… Sólo Tsurugi debe saber esto, ninguna rosa más puede saberlo… En segunda, no le diré a nadie donde está Shindou… Sólo Tai y yo podemos saberlo, ¿verdad Tai?- el más alto asintió con una sonrisa ante su pregunta, acomodando sus cabellos con ternura. Para él Tenma no era tan malo… era más bien, adorable. – En tercera, tengo toda la libertad de torturarlo, cuando quiera.-

-Pero tienes que mantenerlo con vida- advirtió el de rastas. Si el chico fallecía tendrían más problemas.

-¡Sí! De eso se trata la cuarta. Mantendré con vida a Shin-kun… hasta que esto termine… Después lo asesinaré sin que Tsurugi pueda hacer nada, ¿De acuerdo?- las miradas entre los tres miembros potenciales se cruzaron. Esa era una condición que no podían cumplir, sin embargo, podrían hacer algo de tiempo. – Y la quinta y última es simple… -zafando uno de sus brazos del agarre de su novio, rozó delicadamente con la punta de sus dedos el cuchillo escondido en su manga, junto al hombro. Ese cuchillo lo usaba de vez en cuando, era raro verlo con él, pero las veces que lo sacó, le había dado más que unos cuantos sustos a varios. –Nadie debe seguirme cuando vaya a verlo… O lo asesinaré.-

El silencio los inundó de nuevo. Nadie comprendía porqué Edgar seguía protegiendo a ese chico, si era mucho más fácil internarlo, incluso en alguna clínica de paga si lo deseaba, y tenerlo tranquilo con medicinas e inyecciones extrañas que ponían esos médicos. Ese era el lugar donde ese niño debería estar, no allí, entre ellos, haciéndolos dudar de que tan seguros estuvieran los unos con los otros en su misma casa. Tenma rió simpático ante el rostro de duda y la única sonrisa de Edgar. Curioso.

-Entonces… ¿Qué quieren saber primero?-

-¡Hump!- se quejó haciendo rostros infantiles el moreno. Recargado en uno de los pilares de la entrada, ya estaba absolutamente aburrido de quedarse allí. Hasta jugar con los googles siempre rebosantes en su cabello le había hartado. –Claro, ellos se quedan hablando en la reunión y yo me tengo que quedar cuidando- seguía diciendo con un puchero. ¡Él también quería saber que iban a hacer, y opinar por supuesto! Pero sólo lo veían como a un tonto niño… -Esto es tedioso- alargó un poco la o mientras daba un giro en si mismo.

Oh, por favor… Prácticamente nadie sabía dónde estaban, cómo esperaban que fueran a atacar o algo… Lo único interesante fue una niñita que venía con su gato que empezó a decirle que le gustaba su cabello. Sólo unos minutos hablaron sobre el minino y sobre el peinado de Hamano, después vino la abuela de la niña y se la llevó de la mano mientras ésta se despedía. En esa calle ni siquiera pasaban cosas interesantes, sólo pasaban tipos en carros de lujo con el rostro hinchado de puro ego, lo veían mal y se metían a sus casas hablando por teléfono. Tcht, no necesitaba vestirse así pare denotar que podía residir entre ellos.

-Algo… Alguien…- silbó jugando ahora con sus dedos. ¿Cuánto se suponía que esa reunión podría durar? Ya quería entrar, y ponerse a hablar con Marco sobre lo que pasó, y si se formó algún desastre o pasó algo divertido, o al menos que lo dejaran ir a la playa… Ya tenían casi una semana allí y no lo dejaban ir al mar a pescar un rato, eso si que era un trato inhumano. –Lo que sea…-

-¡No! ¡Dámelo!- los gritos temblorosos y algo débiles alcanzaron a sus oídos. Algo sucedía. En la esquina, un débil chico de lentes, parecía estar peleando con dos tipos mucho más altos y fuertes que él. Estos parecían reírse, jalaban con fuerza su mochila, arrastrando al chico de paso, éste sólo no quería desprenderse de ella. –E-es mía…-lloriqueaba. A pesar de estar en contra, se notaba en todo él que tenía mucho miedo. No podía dejar las cosas así.

-Ahora es nuestra, así que suelta niñato- se burlaron mientras uno de estos se apoyaba en el rostro del chico para separarlo de sus cosas. El chico se quejó de dolor, mientras uno de los cristales se rompía y por pura inercia soltaba las cosas. –Eso... ¿Ves niño? Si hubieras obedecido antes a lo que te decíamos seguro ahora tendrías tus lentecitos, pero quisiste hacerte el listo… Y ahora estas así…- el chico se quitó el artefacto. No sentía nada enterrado en sus parpados y era bueno, o pudiera haber consecuencias mucho peores. –Hey… ¿Y si le damos un premio al niñito? No cualquiera pone tanta resistencia… Se ve que aprecia mucho más sus libros que su vida…- el menor tembló, pues hasta ahora realizaba que había estado "peleando" vanamente contra dos ladrones, que ahora parecían muy entretenidos con verlo golpeado. Cerró los ojos, temblando y se cubrió con los brazos el rostro, preparado para el primer ataque.

-A-ahm, disculpa- llamó amablemente el moreno tocando el hombro de uno. No le dio tiempo de decir algo, inmediatamente cuando volteo, lo golpeó duramente en el rostro. El tipo retrocedió, adolorido de la mejilla. –Creo que esto es de él- arrebató la mochila gracias a la confusión provocada y volvió a colocarla en las manos de éste.

-¿Y tú quién diablos eres?- preguntó el otro, sosteniendo un poco al otro, que se encontraba mareado ante semejante reacción. –Será mejor que te vayas si no quieres terminar igual.

-No… no…- negó viéndolos serio. –Ustedes se van.- de perfil, sin mostrárselo al niño, entresacó el arma en su bolsillo, mostrándola, el como brillaba ante el sol. Ambos sujetos lo vieron de un modo muy diferente, a ambos se les bajó el valor que tanto presumían y salieron corriendo. Vaya… sólo eran de esos ladronzuelos inexpertos que se divertían a costa de las personas que no podían defenderse como era debido. -¿Estás bien?- volvió su atención al chico, éste abrazaba la mochila aún asustado. Sin alguna reacción más que el observar a su salvador.

-Y-yo… Creo que sí…- susurró suspirando. Se puso de pie, sacudiendo su pantalón de todo el polvo de donde lo habían estado jalando, y tontamente observó sus lentes un segundo. –No todo se arregló pero…- después volteó con las mejillas algo sonrosadas por la agitación y la pena, sonriendo levemente, más de forma sincera al moreno. –Muchas gracias.

Y sólo bastó ese lindo rostro para que algo atravesara el corazón del contrario. De repente a ese chico parecía que sólo el sol lo iluminaba a él, y que ninguna vista había sido lo suficientemente bella como para poder ser comparada con su sonrisa. Todo parecía perfecto. Los ojos castaños, su cuerpo sumamente esbelto, el par de cachitos que conformaba su peinado, casi como si de una chica se tratase.

-Mi nombres es Hayami Tsurumasa- saludó extendiendo su mano al chico. Se encontraba ahora mas tranquilo, se notaba en su expresión. Y por supuesto, agradecido.

-Y-yo…- la lengua se le trabó entre el palpitar de su corazón y de sus mejillas. Tenía que decir algo, se veía tan torpe después de haberse visto genial. Primero fue un héroe, después un torpe cobarde. – H-hamano Kaiji… - tomó su mano, y la estrechó sonriendo, como todo un tonto. –Mucho gusto Tsuru-chan-

-Hoy tenemos a un nuevo chico en el salón. Pasa por favor-

El castaño alzó su mirar algo curioso. A decir verdad era raro que alguien llegara después de varias semanas del inicio de clases. Dejó de prestarle atención a Aoi un momento y lo observó de arriba abajo. No traía el uniforme escolar, al contrario, usaba un extraño atuendo extravagante. Tenía dos curiosas patillas que se alzaban anti-gravitatoriamente. Curioso. Su expresión también era divertida, realmente lo era. Una seriedad, en una mezcla de enojo.

-Su nombre es Tsurugi Kyousuke, acaba de mudarse y se incorporará a nuestro grupo. Espero que tengan paciencia con él mientras se regulariza en las materias-

Los chicos se pusieron de pie para saludarlo, y volviendo a su asiento, después de varias indicaciones éste se sentó. Estaba hasta atrás en la esquina cerca de la ventana. A pesar de que todos hablaban sobre él, él,"Kyousuke" ni se inmutaba, más bien, sólo veía con el mayor desinterés la ventana al lado de ellos. Qué le importaba todo eso, cosas innecesarias para el estilo de vida que él llevaría.

-Tsu-ru-gi- siseó el ojiazul observándolo desde lejos, creyendo aun pensaban estaba en silencio, pero los ojos dorados lo miraron un segundo. Sonrió tontamente y se sonrojó un poco, apartando la mirada al pizarrón.

¿No parecía alguien perfecto?