Este mundo es una comedia para quienes piensan
Y una tragedia para quienes mienten.
-Hace unas horas-
-No lo hagas tan fuerte…- se quejó de forma infantil el castaño. Taiyou no hizo caso alguno a esto, sólo rió enternecido de ello, y siguió secando el cabello de Tenma con el cuidado de siempre. Era ya muy noche, el menor estuvo esperando pegado a la ventana de su habitación a que Fidio llegara, pero nunca pasó nada. Era sospechoso, y a la vez extraño, pero bueno… Aldena había dejado de tenerle confianza desde el día en que llevó a Matsukaze, así que no era de extrañar que les ocultara cierta información. Mañana le preguntaría a Demonio si sabía algo acerca de esto.
-Ya ya… Estás listo…- le aseguró, quitando la toalla y besando su frente con paciencia. –Ahora tenemos que ir a dormir- colgó la toalla en una de las sillas. Ambos ya arropados. Tenma con su playera grande y larga, el mayor con los pantalones de la misma. El castaño dijo que leyó cosas acerca de que eso era lindo en páginas de Japón, por ello mismo le había obligado a dormir así, aunque realmente no le molestaba. Ese pequeño se veía tierno con las mangas volando a cada uno de sus bruscos movimientos. –Mañana seguro habrá mucho que hacer… Traerán a Kazemaru, después de todo.-
-Yo quería verlo ya… Ese famoso chico, si no fuera el hermano de Edgar no estaríamos aquí…- sin medirse en su fuerza, literalmente saltó de la silla hasta la cama, empezando a dar saltos como si fuera lo más emocionante del mundo. –¡Este lugar me tiene harto! ¡Quiero irme a casa! ¡Quiero! ¡Quiero! ¡Extraño el gelato que preparabas con Marco! – el mayor atrapó su cintura en uno de sus tantos saltos, y le obligó a recostarse, acomodándose él a su lado también. –Este lugar no me trae buenos recuerdos…- y las quejas seguían.
-Tranquilo…- cubrió al menor con una colcha gruesa para el frío, y se quedó con la parte restante. Ten era egoísta, de cierta forma egocéntrico, y definitivamente se veía como si no pudiera ver por el bienestar mas allá de sus narices pero… -Yo estoy contigo, así que no te pasará nada malo Ten, te lo prometo- sonriendo suavemente, besó sus cabellos. El moreno sonrió ante ello y abrazándolo también se acurrucó en su pecho.
-Buenas noches Tai- y reconfortado con el calor de él, poco a poco el sueño le fue venciendo, quedando mecido por el mar de sensaciones que tenía cuando él le abrazaba y consentía. El peli naranja, en cambio, sólo acariciaba su espalda con suavidad, sin buscar molestar su sueño… sin mucho sueño veía un lugar cualquiera de la blanca pared. Los recuerdos de Tenma frecuentemente lo sacaban de línea. Es decir, a veces sólo caminaban y él se ponía histérico, como si no quisiera volver a su antigua vida. Cuando veía la ciudad no había nostalgia, mas bien, había oído en sus pupilas celeste, un odio profundo, al modo que apretaba la mandíbula con solo Dios sabrá que pensamientos acerca de sus habitantes. Con un tenue suspiro arqueó las cejas.
¿Qué sabía él acerca de Tenma? Prácticamente nada… Sabía retazos de su historia, pero casi todo se basaba en algo. Tsurugi. Ese maldito… Sin quererlo Amemiya había aprendido a odiarlo… Él pudo haber tenido una oportunidad con Tenma, con el de antes, con aquel que lo hubiera amado con una intensidad mucho mayor a lo que hacía el actual. El amor de él parecía más como una obsesión enfermiza por estar todo el tiempo a su lado… Y eran tales sus frecuentes pensamientos y ataques que no le quedaba ni la más mínima oportunidad de descubrir mas allá de ese miedoso niño que quería esconderse de los sentimientos. Tsurugi Kyousuke le arrebató al primer Tenma. Aquel que debió ser… tan distinto. Tan normal… ¿Cómo fue realmente ese castaño antes? ¿Quién fue Matsukaze Tenma?
Rusia. Un año atrás.
-Tenma- la voz de su tía le calaba a los oídos, el castaño como único remedio se refugiaba en su almohada, apretándola contra sus oídos con pesadez. Odiaba los lunes. Tontos lunes. Siempre el homenaje que lo hacía dormir. Nunca había prácticas de Soccer los lunes. Y los lunes comenzaba el día con Literatura Clásica. Otro punto extra para querer sólo tirarse a la banca a dormir, todo el día si era posible. –Tenma- la mujer destapó al chico. El frío le cayó de golpe a éste, no evitó temblar y llevarse la almohada a su pecho. Frío, frío, demasiado frío.
-¿C-cinco minutos más?- con una sonrisita trató de convencer a la mujer de ojos verdes que sólo se cruzó de brazos alzando una de sus cejas. El menor suspiró y sonrió. –Bajo en un momento- ella sonrió y se inclinó a besar su frente. Aki Kino era su tía, prima de su madre claro. Sus padres estaban en proceso de divorciarse… No era que tuvieran exactamente problemas. No, no era así. Ellos habían entendido a tiempo que eso no había estado funcionando, y decidieron separarse, así no afectar a su hijo. Mientras el proceso sucedía, lo enviaron a vivir con ella.
Su tía siempre estaba haciendo algo. Primero la cocina, luego barriendo las hojas de las plantas con delicadeza, seguido por el lavado de ropa, oh… si tan sólo supiera que más hacía… Casi siempre terminaba yendo a la escuela o alguno de sus entrenamientos de futbol. No era un deporte muy famoso en este país, pero al menos le gustaba jugarlo con su reducido equipo. No había muchos torneos, los partidos eran más entre ellos, o equipos de otras escuelas, no más que para diversión. Estar en ese club era relajante y lo sacaba un poco de la rutina. No era tan bueno como él querría pero eran detalles, el punto era divertirse en realidad.
Aquella mañana al salir sonrió. No hacía tan frío clima como siempre. No era muy común que habiendo vivido toda su vida aquí no se acostumbrara al clima… Simplemente el frío no era lo suyo. Observó el cielo, estaba algo oscuro como siempre, pero traspasaban ciertos rayos de sol. La nieve en el suelo no era más que una leve capa, y había personas que usaban suéteres y sacos mucho más lindos que abrigadores. Oh, bueno. No era tan mal lunes después de todo. Caminar a la escuela no le haría mal, además de que tenía tiempo de sobra. El trayecto no era muy largo. Tres manzanas derecho, dos hacia arriba y cuatro más de forma recta. Era lindo, porque en el transcurso se podía ver un gran parque, con una estatua de un hermoso lobo… Era casi como un parque de atracciones para el sólo el recorrer sin preocuparse de otros asuntos. Aunque… Últimamente si había algo que le preocupaba al ir a la escuela.
Al empezar a ver la edificación, sonreía y se sonrojaba tan sólo un poco. Acomodaba su cabello, su saquito, después su bufanda. Verificaba que se viera bien, aunque fuera consigo mismo, no quería tener que pasar una vergüenza en el colegio. Si pasaba una, entonces él lo vería. Sí. Él. Una única persona que en verdad le importara no lo viera en una situación como esa.
¿Su nombre? Tsurugi Kyousuke. Sí, ese chico que había llegado hacia com semanas… Ah… Desde el día que llegó no había parado de observarle… Le parecía tan increíble, tan diferente a los demás. No podía evitarlo. No había clase en la que al menos volteara a verle unos minutos a hacer sus actividades. Sus cabellos azules oscuros, su mirada ámbar, casi dorada como la de un minino gracias a su forma. Piel blanca que no se opacaba, nunca obedeciendo a los profesores que le exigían portara el uniforme con orgullo pero éste sólo los ignoraba y seguía con sus ropas. Su celular rojo en el que siempre estaba, esa capa que adornaba su espalda, la polera roja, las muñequeras rebeldes, sus curiosos rulos… Ah, que tonto. Parecía colegiala enamorada… Bueno, sí, de acuerdo. Él era un colegial enamorado, pero… Había cosas que lo diferenciaban de los comunes. 1.- Él se había enamorado de un chico. 2.- Él era el que se emocionaba como idiota y lo observaba todo el tiempo. 3.- Él era el que recibía ayuda de su amiga para tratar de acercarse. 4.- Por esto, y todo lo demás, se comportaba como una niña.
Sí, esa era la razón por la que no era colegial, si no colegiala. Ah… Pero es que conocerlo era mágico… Era diferente a todo lo que experimentó en su vida… Ah, es un chico perfecto… Tenma no sabía aún que era el amor, se consideraba aún muy joven para saberlo, de hecho, sería realmente egocéntrico anunciar que lo era… Pero definitivamente, era la más cercana definición que tenía sobre ello. La campana de la escuela sonaría dentro de 10 minutos, no se preocupó mucho cuando cruzó la entrada. En el salón ya había algo de gente, Aoi aún no estaba allí, al parecer se había ido a platicar con sus amigas de grados mayores. Oh, entonces tenía el camino libre…
Cuando la peli azul se encontraba en el salón, lo codeaba, le sonreía, le hacía gesto para que lo viera o se animara a hablarle. Dios… media escuela ya debía saberlo. Ella era excelente amiga, pues lo comprendía, y le apoyaba en lo que podía pero… Ah… era tan poco discreta… El ejemplo de "voltea disimuladamente" y que casi gritara su nombre, esa era Aoi tratando de ayudarlo. ¿D-de verdad era ayuda eso? Rió un poco, porque en el fondo le pareció un poco tierna. Sí… ¿Y si tenía razón? ¿Y si hacía buena pareja con él? Eso le emocionaba.
Al sentarse en su lugar, se recargó impaciente en su mesa, observando de reojo su alrededor, esperando que él entrara, desinteresado, con las manos en los bolsillos y viendo a cualquier lado que no fuera él. No pasó mucho para que así fuera, esta vez, venía leyendo algo anotado en una hoja algo arrugada y doblada, pero seguía viéndose igual de atractivo que siempre. Su amor… Tal vez su amor era un poco obsesivo…
Pensándolo bien, si dedicaba mucho tiempo a estar pendiente del peli azul… Sus calificaciones bajaron un poco, y a veces lo sacaban de clase por no saber dónde continuaba la lectura… Se había separado de sus amigos, Shinsuke y Hikaru, para estar cerca de él en los recesos. Sólo Aoi lo acompañaba. El único momento en que no estaba completamente ligado y embobado con el chico era en las prácticas de su club… Claro… nunca faltaba el día en que Kyousuke salía tarde y salía por el lado de la cancha. Su frente y su nariz sufrían las consecuencias cada que se distraía, pero ¿Qué podía hacer él? En el corazón no se manda, que él recuerde.
-Buenos días Tsurugi- su vocecilla sonó dulce, mientras observaba con atención al chico pasar a su lado. El nombrado, sólo le dirigió una tenue e imperceptible mirada, nada importante. Sólo se sentó sin gana alguna en su puesto y siguió leyendo aquel papel, y anotando algunas cosas, fulminando con sus ojos a cualquier que osase acercarse y espiar lo que hacía. Tenma nunca de los nunca recibía un Buenos días de su parte, pero con que fuera tan solo esa mirada… ¡Ah! ¡Eso lo hacía tan feliz!
Sus compañeros hacían demasiado escándalo… No creía que fuera algo tan emocionante lo que sucedería… A él no le interesaba mucho realmente… Sin embargo veía a muchas niñas saltar de alegría, y también a varios chicos que ya veían de reojo a las más lindas. Ah… estúpida adolescencia. Estúpidas hormonas. En eso los convertían en zombis. –Bueno…- rió avergonzado de sí mismo. No era quien para criticarlos, de hecho… Después de todo, él mismo actuaba como idiota, más que ellos… Pero ahora… No le veía mucho el chiste de hacerlo.
-¡Tenma!- gritó la peli azul acercándose a él. El castaño le sonrió simplemente, esperando a que se acercara a su asiento. Recargando sus manos en la mesa correspondió su sonrisa, añadida con la misma emoción que ella tenía. -¿No es fabuloso? ¿No estás contento con ello?
-Pues…- un poco inseguro de si ser sincero o quedar bien con ella lo llevó a cerrar un segundo la mirada. A la hora del homenaje, el director, cuando daba sus anuncios antes de ir a los salones, dio un anuncio diferente a los usuales. Al parecer iba a celebrarse algo parecido a un evento de aniversario en el centro de la ciudad por los 100 años de la escuela o algo por el estilo. Sería algo serio y formal un rato y después ellos serían los celebrados. Oh, y una de las cosas más importantes, era que Aoi cantaría en la apertura de éste. Era obvio que tenía que ir. –Estoy feliz por ti, de seguro estás muy contenta-
-Pero quiero saber si tú lo estás- se quejó la peli azul con más afán. Tenma enternecido rió por ello. Aoi era muy entusiasta, siempre lo había sido, seguramente ahora lo estaba por ser el nivel principal. Ella tenía una bella voz, ya empezaba a cantar en algunos restaurantes. 16 años son suficientes para que te den un poco de dinero. –Anda, ¿Por qué no piensas en el futuro? Tenma tontito- tomando asiento en la banca a su lado, la movió pegada a la de él, ya que el profesor estaba tardando en venir.
-¿A futuro? Pero…- rascando su mejilla le vio confundido- No entiendo de qué hablas… Yo no tengo una voz como tú la tienes… - sonriendo de nuevo puso su mano en su hombro. –Estoy seguro de que alguien va a ver tu talento allí Aoi- la peli azul agradeció el rostro, pero pronto cambió agitando el rostro. Ella estaba tratando de tocar otro tema.
-No, Tenma, no esa clase de futuro…- se acercó sigilosamente a la oreja del niño, vigilando con sus cuencas celestes que el amargado chico de ojos dorados siguiera entretenido con aquel papel. –Es la oportunidad perfecta para que le digas a Kyousuke lo que sientes…- y entonces se le subieron los colores a la cara a Matsukaze, mientras balbuceaba y sonreía con nervios. ¿E-eh? ¿Había escuchado bien? N-no podía hablar en serio.
No era tanto tiempo el que se conocían, además de que el único que parecía sentir algo era él. Tenía el valor para observarlo en clase, para pedirle que hicieran pareja en el trabajo, o equipo aunque sus amigos estén en contra. Sabe decirle por las mañanas si quiere venir un rato a la práctica a probar, también si puede comer con él, ya que nunca está jugando las mayoritariamente agresivas actividades que los otros. Pero Tsurugi, siempre niega, voltea la mirada, lo ignora, o le suelta un fastidiado "Piérdete". No tenía ni la más mínima oportunidad.
-No creo que sea una buena idea…- desviando su mirar a la ventana jugó con las mangas de su uniforme- D-digo… Kyousuke seguro invitará a una chica linda, como tú…- esta vez, sus dedos se entrelazaron, igual de inquietos, haciendo cosquilleos en sus manos. –O tal vez ni siquiera vaya… Él no es el tipo de persona que le gusten las celebraciones, ¿No crees? –viéndole de reojo, el más alto estaba en su celular de nuevo. Nunca prestaba atención a nada. –Siempre está apartado… -
-Por eso mismo Tenma- trató de convencerlo. Tomó sus manos para que dejara de temblar y las apretó, para darle seguridad en esta ocasión. -¿Qué tal si Kyousuke quiere ir pero le da algo de pena preguntarle a alguien? Hasta le harías un favor… La única condición… - picando tiernamente la nariz del chico, sonrió expectante. –Es que te le confieses. Es la ocasión perfecta, es romántico, bello, lindo… ¿Te lo imaginas? –volviendo a la mesa que le pertenecía cerró los ojos, encantada, imaginando el escenario. –Tú, lo invitarás y confesarás tu amor… y ese día, a la media noche, cuando lancen los fuegos artificiales… Él te besará –
El rostro de Matsukaze era un poema. Diablos, diablos, se lo estaba imaginando en serio, a Tsurugi apresando su cintura mientras se le acercaba lentamente a besarlo, suavemente, con amor. Tenma sonrió tontamente un poco, pero en su rostro aún había el color carmesí esparcido en todas direcciones. Era algo tan absolutamente… Maravilloso. En verdad deseaba algo por el estilo… Solo que era un poco cobarde, no estaba seguro si podía llegar aparecer de la nada y decirle que lo ama… Eso podría enojarle, no le gustaría ver a Tsurugi enojado con él…
-Pero ¿Cómo lo haré…?- preguntó nervioso, viendo el techo del salón. No podía darle una carta rosada, porque eso lo haría ver como una chica. Era una colegiala enamorada en cierto grado, no completamente. Los detalles lo harían ver interesado, y la posibilidad de decirlo a viva voz enfrente de todos lo mataría de la pura vergüenza. No, no podía hacer eso, se burlarían de él de por vida, y probablemente por ello Kyousuke lo rechace lo quiera aunque sea un poquito, o no.
-Es fácil… - viendo de reojo a sus demás compañeros que hablaban entre ellos el confesarse también. Era casi lo mismo, Tenma le estaba viendo muchas, muchas trabas. –En estos días todos van a estar confesándose, es probable que ni siquiera vayan a poner atención al árbol donde siempre se esconde de nosotros Tsurugi. En el receso vas, y se lo dices. No te verán los demás, sólo él… - y apretando la naricita de moreno, casi como una madre jugando con su pequeño, que era como ella se comportaba a veces, le advirtió. –Eso sí, tienes que contarme cada detalle de lo que sucede, ¿Me escuchaste?
-Hump…- hizo una mueca, la inseguridad bajaba, mas no se iba del todo. Aún temía que no fuera suficiente… Pero nada le quitaba intentarlo… Si podía. Superar algo como un rechazo no debía ser tan difícil, y tal vez tendría la oportunidad de tratar de enamorarle de alguna forma, o algo por el estilo… -De acuerdo… Trataré… P-pero más te vale no burlarte de lo que haga- le advirtió dándole un empujoncito del hombro. Ah… En serio, sentía que cada vez parecía una niña… o un niño pequeño. Rió de todas maneras. Bueno. Sólo con Aoi, un poco. Hablar del corazón no es tan malo de vez en cuando, más si es con alguien tan buena como ella. Ah… la ilusión, como se retrataba en sus pupilas mientras más pensaba en lo que podría convertirse, según ellos, en una noche mágica, una noche para recordar. La ilusión debe ser el más cruel de los engaños, ¿Verdad?
-Más te vale que te encuentre con él…- advirtió la peli azul terminando de recoger sus cosas. No, no…. Aoi lo iba a dejar solo en esta batalla. Ya era el bendito día, y sí, en todo ese tiempo, Tenma no había podido confesarse. ¡No era su culpa! Bueno… Tal vez sólo un poco… Sólo que cuando estaba a unos 10 pasos del peli azul se inventaba a su mismo una excusa con la cual alejarse mientras se sonrojaba aún más. Era un trabajo muy difícil, y ahora ese cruel director se llevaba a Aoi para que practicara para la noche. No, no, no era justo… Y justo ahora que tocaban la campana. Su última oportunidad de acercarse y decírselo, o la misma tonta rutina de siempre de nunca acabar.
Sus compañeros salieron a prisa de la sala, a divertirse. Kyousuke tardó un poco más, extrañado que Tenma no viniera como idiota a pedirle que comieran juntos, aunque de cierta forma aliviado. Ya estaba cansado de decirle que no, maldición. No podía ser más que obvio. El castaño sólo se quedó allí, haciéndose tonto con su mochila hasta que saliera. Pudo haberle dicho desde ese momento. Pero la cobardía, ah, esa estúpida cobardía que se había convertido en su mejor amiga…
Bajó las escaleras lento. No tenía ni almuerzo en las manos, sólo pensaba en lo que diría, en cómo lo diría, y qué podría pensar de él Tsurugi por aquella forma de hacerlo. No se confundió más, si lo hacía, sabía que todo terminaría peor que ahora. Suspiró pesadamente, cerró los ojos con el ceño fruncido y vio hacia el lado contrario. Nadie lo seguía tampoco… En ese caso estaba bien. Sin hacer ruido para llamar la atención de sus compañeros, pronto estuvo en el patio trasero. Recargado en el árbol, allí estaba el peli azul, sentado, de brazos cruzados y la expresión relajada como pocas veces. Parecía que tenía sueño, eso se le hizo de alguna manera adorable.
Suspiró una vez más y se acercó a él con lentitud. Kyousuke al escuchar los pasos abrió los ojos, viéndole primero como si fuera a defenderse, pero sólo era el de piel tostada, así que cerró los ojos con molestia de nuevo. Pronto ésta se acrecentó, pues el menor se había sentado a su lado, jugando con sus manos y pies de los nervios. Pero ninguno se movía. Uno por terco y orgulloso, el otro porque para él, ya no había marcha atrás. Tenía que hablar.
-T-Tsurugi…- murmuró primero bajo. –Tsurugi- reafirmó, jalando un poco la capa de éste. El oji dorado sólo hizo un sonido extraño, el niño lo tomó sobre la pereza que tenía, tal vez. –Yo… Q-quería c-contarte sobre…- el sonrojo que lo invadía era prominente, pero Tsurugi sólo suspiró rasgando su mirar para verle. Ah… Pero si él ya sabía que le iba a decir, ¿Cuál era el maldito nerviosismo? Media escuela ya lo sabía… -Y-yo…- el corazón del pequeño saltaba muy fuerte. Tenía tanto miedo de hacerlo, porque no era consciente de aquellas burlas a sus espaldas, porque él creía que ese era un sincero sentimiento. –Quiero decirte que tú me gustas mucho- y al final no salió tan atropellado como él hubiera creído.
El silencio reinó, pero Tenma seguía apresando sus manos entre ellas. Su pulso no podía estar más acelerado o podría ser peligroso, según él. Respiró profundamente y le dio una ojeada al oji dorado. ¿Qué pasaba por su mente? Simple. Ese niño era molesto, de cierta manera era un estorbo… Y si seguía con todo esto, sólo le crearía problemas, y también se los crearía. Dejarlo allí, con esos estúpidos sentimientos. Tcht… No necesitaba a otro niño en la mafia… Pero cómo hacerle entender que se aleje… Si todo lo que hace siempre lo toma como normal y sigue persiguiéndole.
-Y por eso…- continúo al fin el de cuencas celestes- Quería pedirte… Si querías ir a ese evento hoy por la noche conmigo… S-solo s-si quieres por supuesto- viendo al suelo su sonrojo creció un poco más. Kyousuke afiló un poco más su mirar, Tenma no lo veía. Ah, ¿Es que acaso era mucho pedir que le dejara en paz? … Tenía que hacer algo al respecto, o no tendría solución… -Yo estaré allí por Aoi, ya sabes… y pues…-
-Bien. Iré.- lo interrumpió poniéndose de pie y acomodando sus manos entre sus bolsillos. –Iré contigo, pero no pasaré a recogerte estúpidamente, te veré allí… ¿Entendiste?- y tras esto, sólo se dio media vuelta. –Más te vale estar, tengo que decirte algo allí.- dicho y hecho, pensó Tenma. El más alto se fue a paso lento de nuevo al salón, sin detenerse a observar a sus compañeros como a veces lo hacía. –
Y ahora Matsukaze se sentía pequeño. ¿¡H-había dicho que sí!? Entonces irían juntos… ¡Y también dijo que tenía que decirle algo importante! A-Aoi tenía razón. Pero qué tonto había sido al no confiar en sus palabras desde el principio. Tal vez, en fondo Tsurugi si lo quería. Era absolutamente perfecto… Rió tontamente, abrazándose a sí mismo por la emoción. Éste pintaba como un buen día, un maravilloso día.
"I wanna see… I wanna see… What you feeling about me
Because you live in me
All my love and all my heart"
La voz de Aoi era tan linda… Después de su acto empezaron a pedirle que cantara de nuevo un par de veces más, así que subía al escenario por ratos. Estaba tan feliz por ella, se veía desde leguas que le encantaba estar por encima de un escenario, haciendo algo que prendía su corazón y le hacía darlo en cada canción. Aoi de vez en cuando lo miraba y le sonreía, porque, aunque llegó tarde, cuando ya todo el número aburrido había terminado, el peli azul si había asistido como había dicho.
Kyousuke no era muy animado, más bien, podía notar en su mirar que daría todo por estar en otro lugar, pero había venido a acompañarlo, y eso le daba la ilusión. Recargados en la pared, el castaño tomando nervioso una bebida, observaban a sus demás compañeros haciendo el ridículo tratando de bailar. Tsurugi no bailaría, y eso lo agradecía el de ojos celestes. Si hubiera tenido que bailar estaba seguro que le daría un colapso de vergüenza. Prefería estar así, cerca de él.
El peli azul revisaba la hora constantemente, y Tenma de vez en cuando le preguntaba. Porque Aki le había dicho que no regresara más allá de las 2, y porque quería ver los fuegos artificiales junto a él, a media noche. Resguardaría que se quedara hasta ese momento si al final le decía que se iba temprano. No era necesario que le dijera algo importante, pero al menos ese momento… Aunque suene cursi…
-¿Qué hora tienes?- pregunto el más pequeño.
-11:50…- murmuró viendo su celular. Bien ya era la hora entonces… pensó Tenma. –Oye, Matsukaze- le llamó viéndole con una pequeña, muy pequeña sonrisa. -¿Puedes venir conmigo?- dando un suspiro metió las manos en sus bolsillos. El pequeño sólo se puso nervioso, y su rostro adquirió de nuevo el color carmín de esa tarde. Quiso decir algo, pero de su boca sólo salieron suaves balbuceos. No tenía que ponerse tan nervioso, ¿No era ese momento el que había estado esperando? Al no encontrar una voz sólo enredó sus manos y asintió con pena.
El más alto comenzó su caminata, por lo que él le siguió. Las personas a su alrededor no les prestaban atención, la mayorías estaba entretenida en su propio mundo, en su propia pareja. Era por eso que las fiestas tenían un toque de egoísmo en ellas. La música fue bajando su volumen, la voz de Aoi poco a poco fue bajando también, ella aún no terminaba su canción. Ah… Hubiera querido un poco de ánimo antes de esto, pero tampoco podía exigirle a su amiga que estuviera todo el tiempo con él. Lo último que le dijo fue que ella sabía ello pasaría, y que confiara, que seguramente Tsurugi también se confesaría a él.
En ese caso, sería muy feliz, y este día sería realmente especial para él. Se imaginaba a sí mismo saliendo con Tsurugi, éste haciendo su cara de mala gana, sin decir nada, pero aun así acompañándolo, o tomándole la mano en algún segundo. Ah… sería como un sueño hecho realidad, él sería realmente feliz de tener un día como aquel, a su lado. Ilusionado con este panorama, siguió con el camino, esperando paciente que se detuviera. Pero el oji dorado no lo hizo hasta que la música no era más que un murmullo, y ellos, en aquel estacionamiento eran los únicos de pie allí. Ya estaba cerrado, pero las rejas siempre se quedaban abiertas, pues era público. Los autos allí se quedaban bajo su propio riesgo. Tsurugi permaneció de pie de espaldas y Tenma a una distancia tolerable permaneció allí.
-Tenma- le llamó, y el menor volvió a sentir un escalofrío. Su voz sonaba tan seria y él estaba tan pero tan nervioso. Dios, que iba a hacer, sentía temblar todo su cuerpo al mismo tiempo que el otro volteaba y le escudriñaba con sus ojos dorados. Se quedó quieto, no queriendo arruinarlo, o lo más que pudo, y también le vio a los ojos, decidido a ser valiente y enfrentar lo que sea que fuera a decirle. No podía ser tan malo….
Acercándose a éste, quitó las manos de sus bolsillos, y en algún momento, abrazó a Tenma, sólo con una de sus manos. El menor hizo un quejidito por la sorpresa, eso no lo iba a negar. Ay Dios, ¿qué es lo que se supone estaba buscando con él abrazándolo? No sabía, por ahora no sabía, y aun así se mantuvo allí unos segundos… hasta que su mente reaccionó y él también pasó sus brazos por el pecho de Tsurugi. Soltó una leve sonrisa, sin poder ver la mueca de molestia que en realidad tenía el otro.
-Supongo que tienes frío- dijo cortante, viendo de reojo su muñeca, donde descansaba un sencillo reloj. 11:58. Sí, el frío sería un buen justificante para que el otro le abrazara y confiara en él, ello, o que era lo suficientemente estúpido… Confiaba tan ciegamente en todos los que estaban a su alrededor, ese chico iba a meterse en un lío tarde o temprano.
-No si tú me abrazas…- fue lo que contestó después de unos momentos. Sí, esa era la respuesta correcta. Kyousuke no era el ser más cálido del mundo, pero su cuerpo sí que le quitaba un poco de éste. Había venido con una sencilla chaqueta anaranjada sólo para verse bien, para fingir no ser el tonto niño que tiene frío todo el tiempo. –Así ya no tengo frío…- el de cabellos azules, hizo una mueca de nuevo. La melosidad de esa frase… era un poco…difícil de soportar para alguien como él.
De nueva cuenta el silencio reinó. Sólo que ahora ya no se sentía tan nervioso. El castaño, sonriendo un poco, se atrevió a recargar su rostro en el hombro del peli azul, respirando suavemente allí. Ah… Se sentía pleno a pesar de que no se estaba conversando nada, podría quedarse mucho más tiempo allí y no molestarse en cambiarlo. Porque no se había imaginado que algo así sucediera.
-Tal vez pronto lo sientas…- escuchó de repente en su oído, sin comprenderlo del todo. Estuvo a punto de alzar la voz para preguntar, cuando efectivamente, sintió algo frío rozar su pecho, en medio de éste. Un temblor le corrió, uno demasiado diferente a los que tuvo antes, y aflojando el agarre Tenma bajó suavemente la mirada, con los labios entre abiertos, creyendo que sus pensamientos sólo eran producto de una mente bastante paranoica. Pero no era así.
-¿T-Tsurugi?-Allí, un poco debajo de la piel de su cuello, había un arma de fuego. El que fuera una broma era imposible, ello era demasiado real, y algo como ello sería de pésimo gusto. Ni siquiera se molestaba en pesar que clase de arma era, él sólo podía ver ésta, sintiendo aún el aliento de Kyousuke por detrás de su cuello. Pensó en apartarse, pero el shock y el propio miedo a que algo sucediera, lo mantuvieron así, sin soltar su "abrazo".
-Eres demasiado necio…- fue su comentario, ignorando el hecho de su aterrado ser. Lo veía, lo sabía, que ahora estaba con un gran pánico por ello. –Nunca entiendes cuando te dicen no…- susurró nuevamente. El castaño podría entender si le decía que dejara de insistir con él, p-pero no creía que un arma en su cuerpo fuera la solución, hablarlo lo era, pero ninguna palabra salía de su boca. –Te rechacé todo miles de veces, pero tienes un afán enfermizo por perseguirme.-
-Y-yo… - no sabía qué hacer en ese momento. Él lo único que estuvo buscando era que Tsurugi le quisiera aunque sea un poco, él había leído que la forma para que alguien se vaya enamorando de ti es convivir… O eso era lo único que sabía… No tenía una razón cierta para decidir si esa era la única manera de gustarle, para él lo era, simplemente trató de tenerlo cerca… Un poco… -L-lo lamento, podrías…
-No… No puedo…- murmuró a sabiendas de qué es lo que haría, separándose de él, no movía aquella arma de en medio del chico. Éste no se movía, sólo le veía, como rogándole que se detuviera, que quitara ello de ahí y que lo olvidara. –Disculpa… Pero a este paso sólo me causarás problemas…- se oyó un pequeño silbido, y el cielo se llenó de color. Los fuegos artificiales habían comenzado, pero no de la forma que Tenma lo hubiera querido. Abrió sus labios nuevamente, para decir una cosa más, pero ya ni siquiera tuvo tiempo de ello.
El arma fue disparada, el sonido quedó opacado y confundido con el de las luces del cielo. Pronto el chico sólo veía las estrellas y después los destellos de colores, mientras las risas de sus compañeros, sus gritos de emoción y la voz de Aoi diciendo palabras que él no entendía. Todo era tan lento y a la vez tan doloroso. En aquel momento, toda ilusión que le hubiera albergado estaba destruida. Todos estaban felices, mientras él estaba allí tirado, con una bala incrustada de quien pensó podía confiar. Ninguno de ellos escucharía, ninguno de ellos le vería. Todos mienten. Todos lo hacen sin prepararle para ello.
Su boca empezó a llenarse de un líquido rojo, era su propia sangre que bajaba por sus labios y llegaba a manchar un poco de su playera… No es como si ésta no lo estuviera de la propia que salía de su cuerpo. Pronto los ojos de Tsurugi se posaron cerca de él. De entre sus ropas sacó una rosa negra, naturalmente, como si no acabara de dispararle a un inocente. La posó encima de su cuerpo, los pétales también se opacaron por el carmín.
-Nunca debiste meterte donde no te llamaron… - murmuró. Tenma sintió toda la crueldad de las iris doradas enterrarse, y aunque no lo pareciera, eso le dolía más que cualquier herida que ahora mismo surcara en él. La temperatura de su cuerpo bajaba, sus latidos disminuían y no podía hacer nada. No se movía, no hablaba, sólo veía llegar su muerte tranquilamente. Resignado, Tenma fue cerrando poco a poco sus ojos. Kyousuke observó esto y se levantó del suelo, guardó el arma y con las manos en los bolsillos como antes, se fue de allí. No volvió a la fiesta o algo por el estilo, se fue directamente a donde tenía que estar. Al lado de Fudou, al lado de su mafia. La única persona que se cruzó en su camino fue un chico de ojos azules y anaranjado cabello. No le prestó atención, fácilmente se podría decir que no se veía sospechoso, más con ese atuendo y la fiesta cerca. Era mejor si ese sujeto lo encontraba y daba de una vez aviso. Tenma no era tan malo después de todo, sería bueno si su cuerpo fallecido no era deteriorado demasiado antes de su sepultura.
Ese chico que pasó a su lado, sin siquiera prestarle atención, se cubría como podía con un suéter y un saco. Él no era de aquí, él venia de un país mucho más cálido y animado. Amemiya Taiyou era un italiano, el que hacia allí era simple, por las mismas labores para encontrar a ese famoso Kazemaru Ichirouta él había tenido que venir hacia un par de días. Rusia era uno de los posibles países donde el peli azul se encontraba… ¿Por qué justo a él donde hacía tanto frío? A los demás les había tocado países mucho más… templados al menos. Por ahora no había descubierto mucho, pero si tenía fotos de personas que posiblemente se relacionaban con las mafias de la rosa blanca y negra. Cualquiera de ellas podría tener al chico.
-¿Y por qué lo ocultarían?- se preguntó en ese momento. La parpadeante luz de la calle iluminaba su cuerpo, creando una sombra. Los murmullos de aquella celebración empezó a escucharlos, y en ese momento se dijo a sí mismo que los rusos eran muy raros para tener una fiesta en un momento así. O puede que él fuera el único raro en un país diferente al suyo. Suspiró suavemente y desvió su mirar. Esperaba que pronto alguien diera un informe sobre el menor o algo por el estilo, no resistiría 3 semanas más. Fue justo en ese momento que observó un cuerpo en ese aparcado…
Dudó un segundo de acercarse, después de todo, si había algo malo, él sería culpado. Observó a los lados de la calle, pero estaba desierta, nadie cerca. Las luces en el cielo habían terminado pero aún parecían entretenidos en aquella celebración. Decidió echar un vistazo, uno pequeño, al menos. Tal vez le diera una pista. Caminó los pocos pasos, con tranquilidad. No era el primer muerto que veía, así que no había de que preocuparse… Grande fue su sorpresa que no sintió lo mismo que con los cuerpos tirados en otros lugares.
El rostro que estaba allí era el de un niño de castaños cabellos, se veía pequeño, aún debía ser inocente, no como ellos. Por encima de la herida que había provocado esto se alzaba una rosa negra… y Amemiya por alguna razón, sintió tanta tristeza al verlo allí. Sin vida. Tomó la fotografía, notando que su dedo temblaba, y jugando con el destino se inclinó hacia éste. Acaricia la mejilla del menor, observando sus facciones, apagadas y pálidas. Aún había un poco de tibieza, no había pasado tanto tiempo desde que le habían disparado. Cerró los ojos respirando, aun preguntándose por qué le afectaba tanto ese cuerpo… Aunque pronto ese pensamiento efímero cambió.
El cuerpo del niño se movió levemente por una tos, casi imperceptible. La sangre lo estaba ahogando… Seguía vivo, aún estaba con vida. Taiyou vio incrédulo esto. No creía lo que veía, a pesar de haber perdido tanta sangre ya. Sin pensarlo bien, lo único lógico que pasó por su mente, fue tomarlo entre sus brazos, aunque su ropa se manchara de sangre y correr. Si estaba vivo, aunque fuera sólo un poco, aún podía salvarlo. ¿Por qué alguien como él estaba salvándolo ahora mismo? No tenía idea, y ahora no le importaba. Sólo comenzó a correr, lo más rápido que pudo, todo lo que sus piernas y brazos le permitieron mientras cargaba ese cuerpo que se removía en medio de su dolorosa agonía. Preguntó al primero que encontró sobre llamar a alguien y no tardó en llamar a una ambulancia. No dio más explicaciones, inventó un vago nombre para que le creyeran y se lo llevaran… A diferencia de cómo lo sentía el chico, para el extranjero todo pasó tan rápido… Y seguía sin entender…
Las celestes cuencas se entreabrieron poco a poco. La luz y el blanco le lastimaban… El techo era de ese color, bajó el mirar un poco, y había una pared celeste. Parpadeó un par de veces más y su mente seguía sin reaccionar. La cama donde estaba era suave, más que de la de su cuarto, y los sonidos, casi nulos que venían a sus oídos no era ninguna lavadora o un té hirviendo. Aclaró finalmente su mirada, escudriñando el lugar, su cuerpo. Todo era limpio y blanco, era como un hospital. Definitivamente lo era por la bata y las sábanas que lo albergaban. Cerca de la puerta había un letreo con un nombre extraño y gráficas que no entendía. Al lado de ésta, había un sillón café, y en él, había un muchacho dormido. Estaba recargado e incómodo en ese lugar, y por cómo se abrazaba podía adivinar que tenía frío. Tenma seguía sin entender del todo que sucedía.
Acercó su mano lentamente a su pecho, donde debería haber una abertura, pero ésta no estaba. Más bien, había una venda que también atravesaba su cuerpo, rodeando su espalda, haciendo presión. Parpadeó incrédulo y respiró hondamente. Dolía un poco el hacerlo, pero podía, no era mentira. Seguía con vida… Pero… ¿Qué sucedió? Un quejido leve se escuchó, era el chico en la habitación que también parecía despertar… La lentitud con que lo hacía fue opacada cuando vio los ojos celestes abiertos. Se puso de pie rápido y nervioso acercándose.
-Despertaste- su voz era aliviada, y comenzaba, con su mano, a acomodar sus cabellos que ahora mismo estaban desordenados. –Estuviste dormido un poco más de una semana, estaba preocupado, creí que no despertarías…- sonriendo un poco, se dedicó atento a observar esos ojos confundidos. –Supongo te preguntas que haces aquí… - sonriendo detuvo sus caricias dispuesto a explicar qué había sucedido. –Aquel día te encontré… Allí… Estabas en aquel estacionamiento, lleno de sangre pero aún estabas con vida y… Pensé en ayudarte- Tenma entre que escuchaba el relato y notaba que su acento era extraño. Aún no soltaba ni una sola palabra. –Tenías… una bala incrustada y ellos no creían que te salvaras pero… - el relato terminó en ese momento.
Matsukaze no quería escucharlo. La herida de su corazón seguía abierta, para él no hacía más que horas que todo ello había sucedido. Los recuerdos dolían, quemaban su mente, hacían temblar su mano pero no con el mismo miedo que antes hubiera deseado. Sus articulaciones se movían rápidamente, deseando liberar toda esa ansiedad que había en él. Jalando la camisa del chico y él alzándose un poco, lo había besado de la nada.
¿Dónde estaba el Tenma penoso y lindo que sólo observaba? Se había ido… Si era así como iba a pasar si esperaba a que el amor viniera a tocar su puerta, entonces ya no esperaría, entonces sólo haría lo que sus impulsos le ordenaran. El chico de cabellos naranjas, a pesar de que no era un beso muy elaborado, era un beso casto y virgen, se sonrojó un poco sin esperarlo. Sí, es cierto que de alguna forma las facciones suaves de ese rostro dormido lo habían atrapado, pero ni siquiera sabía el nombre de éste.
-Sácame de aquí…- murmuró el castaño al soltarlo. Taiyou sólo lo observó sin entender, aún aprisionado por esa mano, la cual perdió su fuerza poco a poco y luego fue llevada a su rostro- ¡No quiero estar aquí! ¡Odio este lugar! ¡Lo odio!- los gritos que empezó a soltar se oían a varias habitaciones a la redonda, su pulso subía a una velocidad alarmante, mientras su rostro se llenaba de lágrimas- ¡No quiero volver a verlo! ¡No quiero que vuelva a pasar nada de esto! Odio esto… - Amemiya no sabía qué hacer… De nuevo los impulsos le empujaban a hacer lo que esa persona necesitara.
-Tranquilo… Tranquilo… -encontrando como solución abrazarlo, lo hizo con fuerza, sin buscar lastimarlo, dejándolo también aferrarse a él. –Está bien… No llores, te llevaré conmigo, a donde sea que quieras ir, estarás conmigo, ¿Está bien? Anda…- separándose un poco, secó sus lagrimas con sus dedos, sin asustarlo- Deja de llorar…- y tan pronto le dijo eso la estabilidad del chico se fue recuperando, pero aún lloraba. Las imágenes de esa noche pasaban rápido por su mirar, dándole la respuesta de que nunca jamás podría confiar en nadie de allí… todos ellos lo lastimaron… Y ese chico, de ojos azules, sin decir nada más, sin esperar algo, lo había ayudado, lo había salvado. Entonces él…
Él debía ser la persona a la que amaba. En realidad debía estar destinado a él, no como los libros lo decían, no tenía que ser tan complicado para saber quién era. No le importaba que fuera lo que aún sus recuerdos le trajeran a sí… No volvería a apartarse de esa persona… No… Sólo ella se preocupaba por él. Quería huir, huir lejos con el, donde nada de esa noche pudiera volver a alcanzarlo. Lejos, tan lejos que nadie podría saber a dónde hubiera ido, o qué era de él. Y algún día… algún día volvería…
No sabía cuándo, no sabía exactamente a dónde, no sabía tampoco el cómo… Sólo era su deseo. Volvería allí, cuanto antes fuera posible, cuando esas imágenes dejaran de encajarse en su mente y en su pecho y entonces lo haría. Tomaría venganza de la persona que había destruido todas sus expectativas con una sola bala. No… no mataría a Tsurugi Kyousuke, eso sería demasiado poco original… No… Había algo más cruel que dejar morir… Y eso era… dejar morir en vida… Lo mataría en vida. Mataría la ilusión que tuviera, fuera cual fuera. Y hasta entonces, y sólo hasta entonces… Su corazón volvería a latir sin odio…
Comentario (?): Creo que nunca he hablado (?) Bueno A.K.A Kasumi (Ivy), como pueden ver esta es la historia de Tenma, o al menos la mayoría de ella, perdón si los eventos son rápidos, pero no quería hacer toda una novela. Espero que les haya gustado y sigan apoyando al fanfic (Y a que no maten a Ten como quiere Pau ;^;) ¡Hasta la próxima vez!
