Aclaraciones y demás en las notas finales.
Enjoy!
26: "Cicatrices"
Una vez llegaron a la mansión de la Rosa blanca, Kidou fue el primero en bajar del vehículo, pensando las palabras más adecuadas para notificarle a la señora Shindou sobre los resultados del rescate y la condición de su hijo. Desde un principio pensó que Takuto posiblemente se encontrase en un estado deplorable, acorde a su calidad de rehén; pero cuando Shigeto atravesó la mampara con el joven sobre su espalda, los temores que surcaban por su cabeza se disiparon al instante. Natsuhiko lo examinó superficialmente apenas lo subieron al automóvil y llegó a la pronta conclusión de que, además de unos cuantos golpes y los labios cosidos, Shindou no tenía nada grave. La noticia supo especialmente dulce para los oídos de Kidou, quien se descolocó un poco al notar que Netsuha ni siquiera se preocupaba por Atsuishi, simplemente le ordenó que se subiese a los asientos traseros junto con él antes de irse.
Desde un principio pensó que la relación que ambos llevaban era particularmente insana; pero también suponía que así era cómo funcionaban las cosas dentro de una asociación Neurótica-psicopática. Heat daba mucho más de lo que recibía y, por tanto, Nepper recibía mucho más de lo que daba. Al final, lo suyo constituía un amor abusivo y dispar, donde las necesidades de Natsuhiko eran más importantes que las de Shigeto. Aun así, la heterogeneidad de su trato no era tan amplia como la mayoría pensaría. Netsuha no se comportaba como un psicópata completo para con Atsuishi, sino que demostraba ciertos comportamientos psicopáticos en algunas ocasiones, y toda la Rosa blanca había sido espectador de ello.
Luego de que la señora Shindou se retirara de la reunión que interrumpió hacia unos días, Natsuhiko le dio un fuerte puñetazo a Shigeto en la cara frente a todos, sólo porque el chico derramó un poco de agua caliente sobre su pantalón mientras le servía una taza de café. Heat cayó sentado al piso y gran parte del contenido de la cafetera se le volcó encima, lavando algo de la sangre que le escurría de la nariz. Todos en la sala pensaron que lo próximo que verían sería una batalla de proporciones épicas entre ambos amantes. Grande fue su sorpresa cuando el rubio se puso de rodillas y empezó a pedirle perdón a Netsuha como si la vida se le fuese en ello, con los ojos inundados en lágrimas.
Ninguno de los presentes imaginó que, en alguna instancia de su vida, vería a Atsuishi rebajándose de esa manera. Claro, el rubio tenía un desorden mental importante y poco frecuente en hombres; pero, aun así, se les antojaba a una reacción sobre exagerada. Shigeto juraba que jamás volvería a hacerlo, entre sollozos, y aseguraba que estaba dispuesto a acatar cualquier castigo si eso lo redimía de su "inaceptable" falta… Aunque, para el resto de la organización, el golpe y el agua caliente ya habían sido demasiada penitencia.
La "estricta disciplina" era algo con lo que Heat había convivido a través de la totalidad de su infancia y adolescencia, arraigándose fuertemente a sus más profundas convicciones. Para él los errores se expiaban por medio de sanciones, siempre acordes a la gravedad del fallo – y dentro del espectro de las torturas. Las faltas leves se castigaban con latigazos, laceraciones o extirpación de uñas; las considerables, con fracturas o dislocaciones; y las graves, con quemaduras por ácido o amputaciones menores.
De cierta forma, podría aseverarse que el rubio había adquirido la idea delirante de que él no podía equivocarse gracias a aquellos métodos. La inmensa presión de tener que ser perfecto fue la verdadera causante de que su psique colapsara. Llegado ese momento, Shigeto dejó de actuar impulsado por el pavor que le provocaba pasar por la garrucha o la posición Shabak, para comenzar a proceder esperando cumplir satisfactoriamente las expectativas que sus jefes tenían depositadas en él. El joven guardaespaldas dejó, incluso, de temerle al martirio que representaban los suplicios, y cada vez que cometía un fallo él mismo pedía ser castigado.
Atsuishi aprendió a poner su deber por sobre sus deseos, emociones y sentimientos. Y su deber era, y siempre sería, obedecer y cumplir ciegamente las instrucciones de su protegido.
Al final, sus constantes pasos por la sala de tortura no sólo ayudaron a los padres de Haruya a destruir su mente y moldearla a su gusto, sino que también a volver mayor su resistencia al dolor y subir su umbral del mismo.
Fuese como fuere, las palabras de Natsuhiko habían sido claras tras el accidente:
–Será mejor que cierres el puto hocico de una vez y arregles este desastre, sirviente de pacotilla.
El rubio se levantó del suelo a una velocidad impresionante, antes de correr en busca de un paño para secar el agua. Una vez volvió a la estancia Nepper le arrebató el trozo de tela de las manos y le estrelló la cara contra la mesa, con una sonrisa bastante aterradora adornándole los labios.
–Quiero verte limpiarlo con la lengua – sentenció de forma macabra, mientras se quitaba la sangre de la mano con el paño –. Y no olvides el suelo.
Decir que el espectáculo fue agradable a la vista atentaría contra las verdaderas apreciaciones del común de los miembros de la rosa, quienes observaban en lastimero silencio cómo el rubio acataba las órdenes. El único que disfrutaba abiertamente de las circunstancias era Netsuha; aunque, por su sonrisa mordaz y el brillo lascivo en sus ojos, cualquiera podría haber dicho que en realidad estaba muy excitado.
Apenas Heat terminó con su tarea, Nepper le ordenó ir a buscarle un pantalón seco y traerle una taza de café nueva, de paso también le sugirió cambiarse de atuendo. Shigeto hizo una pequeña reverencia y dirigió una mirada amenazante a todo el resto de los presentes antes de retirarse, dándoles a entender que si decían o hacían algo en contra de su novio les iría muy mal.
Treinta minutos después de terminada la reunión, ambos dos estaban besándose en los pasillos, como si absolutamente nada hubiese acaecido.
Shigeto le era demasiado devoto a Natsuhiko, aunque tampoco era como si ese compromiso no tuviese recompensa. Cuando ambos comenzaron su noviazgo, el castaño cambió las reglas de la educación básica de Heat a las de un juego de "Premio o castigo". Cada vez que el rubio hacia algo bien obtenía un regalo, graduado bajo el mismo rango de sus sanciones. Las compensaciones iban desde poder caminar de la mano o dormir juntos, hasta recibir un "te amo" o tener sexo. Todas esas pequeñas muestras de afectos y derechos dentro de una relación sana para Heat eran privilegios que su neurosis le obligaba a obtener, cosa bastante conveniente para Netsuha. Aun así, de vez en cuando el psicópata se "apiadaba" de su novio y lo mimaba sólo porque se le daba la gana.
Kidou sabía que tratar con ellos era un asunto peligroso, más cuando Atsuishi llegaría hasta cualquier extremo por defender a su novio de todo lo que él considerase una "agresión". Pero, y de todas formas, debía admitir que tenerlos de su lado resultaba bastante tranquilizador, incluso con toda la tensión que se había generado en la organización últimamente gracias a ellos. Tanto Nepper como Heat ostentaban habilidades que salían del contexto que suponía la normalidad humana, transformándolos en elementos sumamente ventajosos. Con o sin el enorme riesgo que conllevaba convivir con ellos, los beneficios para la Rosa blanca resultaban verdaderamente abrumadores.
– ¡Oye, Kidou! – escuchó que lo llamaba el castaño – ¿Qué hacemos con el niño mimado del mal corte de cabello?
–Llévenlo adentro e interróguenlo, necesitamos saber qué fue lo que pasó – sentenció Kidou, siguiendo su camino –. Llamaré a su madre para notificarle de la situación. Procuren hacerlo antes de que venga.
A Nepper se le dibujó una sonrisa difícil de ignorar en el rostro, otorgándole un semblante intimidante. Quizá dejar al novato estrella a solas con un psicópata y su novio no era la mejor idea; pero Kidou confiaba en que Natsuhiko fuese lo suficientemente inteligente para diferenciar entre un interrogatorio "benévolo" y uno agresivo.
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Cuando Shindou Takuto logró recuperar la lucidez, lo primero que pudo percibir fue que se encontraba en una habitación oscura, con una fuerte luz apuntándole directamente a la cara. ¿Acaso el rescate había sido sólo un sueño? ¿Aún estaba aprisionado en la mugrosa alcoba dónde Tenma lo retenía? Movió la cabeza hacia los costados tratando de esclarecer sus dudas, mas sus planes de identificación fallaron al notar que estaba lo suficientemente cegado como para distinguir algún detalle, por más evidente que éste fuese.
– ¡Mira! El millonario consentido del cabello gracioso acaba de despertar – se sorprendió en cierto grado al notar que esa voz no pertenecía a Tenma ni a Taiyou, pero también se asustó al no reconocerla como la de algún miembro de su rosa ¿Qué diantres estaba pasando?
El foco de luz giró hasta quedar apuntando en otra dirección, permitiéndole recuperarse del deslumbramiento. Parpadeó rápidamente, en un intento de acostumbrar sus ojos a la pronta oscuridad que lo rodeaba. Una vez sus orbes volvieron a la normalidad levantó la vista hacia el frente, encontrándose con un joven que jamás había visto en su vida, acompañado por Atsuishi, quien se hallaba sentado sobre el extremo izquierdo de la mesa que tenía enfrente.
– ¿Le descoso ya la boca? – inquirió el rubio, con una nota de odio bastante palpable.
–No, déjalo – el castaño le dedicó una mirada bastante decidora, de esas que no pueden presagiar nada bueno –. Con que mueva la cabeza para "sí" y para "no" todo estará bien – hizo una pausa para dirigir sus zafiros hacia Shindou, quién sintió como un escalofrío le helaba el alma de adentro hacia afuera – Bien, Taku-chan, no planeo hacer de esto un interrogatorio agresivo si respondes rápido y sin mentir. Mueve la cabeza de arriba abajo para "sí" y hacia los lados para "no". Si me mientes o no respondes recibirás un golpe como castigo, y se irá poniendo peor mientras más desobedezcas ¿Queda claro?
El aludido asintió lentamente, desconcertado por la situación. Nada sabía él acerca de quién era ese tipo de cabellos castaños y penetrantes ojos azules, impidiéndole dimensionar el riesgo real de su posición. Respiró profundo y se dispuso a permanecer en calma. Si tenía que mentir, la serenidad sería su escudo perfecto.
–Entonces, que comience el juego – se acomodó en la silla con cuidado, antes de colocar los dos retratos hablados sobre la mesa –. Matsukaze Tenma y Amemiya Taiyou, ambos miembros de la mafia italiana comandada por Edgar Valtinas ¿Tenías alguna relación, directa o indirecta, con ellos antes del secuestro?
Shindou levantó los ojos de los retratos para contemplar a Netsuha por unos segundos, algo extrañado por la naturaleza de su pregunta. Los interrogatorios de la rosa normalmente contaban con preguntas sobre las circunstancias del secuestro en general y la apariencia de los captores; pero tal parecía ser que Nepper tenía una forma completamente diferente de actuar.
Negó despacio y con seguridad fingida, sabiendo que su mentira pasaría desapercibida.
Matsukaze le había relatado la historia de su relación con Kyosuke unas cuantas veces durante su cautiverio, dándole a entender cuál era la motivación principal de las acciones del "dulce esquizofrénico". Decir que no tenía un vínculo indirecto con él gracias a Tsurugi era una vil mentira, pero eso era algo de lo que Natsuhiko no se debía enterar.
El castaño le sonrió con los ojos brillándole en credulidad, más el fuerte puñetazo que Takuto recibió por parte de Shigeto le demostró que sus interrogadores no eran tan ingenuos como creía.
– ¿De verdad creíste que no nos daríamos cuenta? – Nepper se rió a carcajada limpia, mientras el sentimiento de sus ojos era remplazado por una satisfacción macabra. Se levantó de la silla y se inclinó sobre la mesa, reduciendo drásticamente la distancia entre sus ojos. Takuto sintió como el terror le recorría de arriba abajo, aún más intensamente que la noche que conoció a Shigeto –. Eso fue sólo el inicio. El próximo golpe será en la cara, y sería una lástima tener que hacer pedazos este bonito rostro que tienes.
Los ojos de Atsuishi Shigeto destellaron con un odio imposible de ignorar. Shindou estaba comenzando a ganarse un lugar en su lista negra. Nadie – salvo él mismo – podía poner su rostro tan cerca del de Natsuhiko y vivir para contarlo.
–Sé que tienes algo que ver con ellos, rata mimada – dijo, poniendo una fotografía a escasos centímetros de sus ojos – Tsurugi Kyosuke, el novato más prominente de la rosa negra, pupilo de Fudou Akio y uno de mis antiguos compañeros. Se dice por las calles que Matsukaze estaba enamorado de él, aunque Kyo lo rechazó de una manera bastante interesante: Le disparó directo al pecho durante una celebración en su ciudad. Pero creo que debes conocer la historia, porque conoces a Tsurugi Kyosuke ¿Verdad?
Negó en un auto reflejo, preguntándose quién diablos era ese chico ¿Cómo era posible que supiese tantas cosas? El golpe que le reventó la nariz lo trajo de vuelta a la realidad, sintiendo como el dolor se escurría raudamente por todas sus neuronas. Inmediatamente después, Shigeto lo sostuvo por el cabello que le quedaba y le jaló la cabeza hacia atrás con brusquedad. El líquido carmesí comenzó a acumulársele en las vías respiratorias, obstruyendo el aire.
–No me mientas, perra. Muchas personas reportaron haber visto a Tsurugi entrar a tu camerino en el último concierto que diste, sin contar con las grabaciones de las cámaras de seguridad – y lanzó el VHS sobre la mesa, mientras se levantaba de golpe – Dime, Shindou ¿Qué se siente que Kyosuke, ese "caballero tuyo", te folle como a una zorra y luego te abandone? ¿Qué se siente que no sólo te desgarren los intestinos, sino que también te abran el corazón de adentro hacia afuera? ¿Qué se siente amar a alguien que no te ve como algo más que un juguete sexual?
El castaño menor negó con la cabeza, a lo que recibió un fuerte puntapié a la altura del plexo. La falta de oxígeno comenzaba a marearlo, y la maraña mental que venía trayendo desde el secuestro no lo ayudaba en nada. Demasiados factores adversos juntándose y escarbando en su psique, rompiendo fácilmente su conciencia acostumbrada a la vida simple y llevadera.
Divagó por un par de segundos, entre la línea de la lucidez y la completa inconciencia, hasta que sintió el cálido aliento de Natsuhiko acariciándole suavemente los labios. El psicópata cortó la seda quirúrgica con los dientes, antes de jalarla lentamente hacia afuera. Una vez todas las costuras se hubieron desecho, Shindou se apresuró a respirar. Pero, cuando trató de recoger la primera bocanada de aire, sintió como la lengua de Netsuha se escabullía rápidamente dentro de su cavidad. Fue un beso hambriento y violento, de esos que al castaño mayor tanto le fascinaban.
Heat apartó la mirada hacia un costado, y Takuto podría haber jurado distinguir cierta nota de angustia en sus orbes verde-azules. Las piezas dispersas del puzzle sealinearon rápidamente frente a sus ojos, permitiéndole comprender al fin la situación.
No ganaba nada con mentir, no cuando su verdugo era Netsuha Natsuhiko.
Sintió los labios del psicópata desprenderse de los suyos, mientras contemplaba con espanto los espasmos que recorrían el cuerpo de Shigeto. El rubio respiraba entrecortado, moviendo su mano derecha de arriba hacia abajo, debatiéndose mentalmente entre si debía o no sacar su machete y rebanarle el cuello.
Nepper lo desató de la silla, cortando las cuerdas con una navaja de bolsillo, y cuando Shindou creyó que aquel martirio había llegado a su fin, Netsuha lo sostuvo por el cabello y lo arrojó al suelo. El golpe fue fuerte y doloroso. La sangre que le obstruía la respiración se aposó en el pavimento, manchando su rostro de carmín. Shigeto le pateó las costillas del lado derecho, obligándolo a voltearse boca arriba, antes de sentir la suela de uno de sus bototos militares presionándole sobre la entrepierna.
–Y bien, Shindou – articuló con diversión el psicópata, sentado en la silla que antes fuera el lugar de Takuto –. ¿Admitirás que tienes algo con Tsurugi Kyosuke, o prefieres que Heat te lo saque a machetazos?
El músico tembló por un segundo, sabiendo que Atsuishi empuñaba su cuchillo de carnicero favorito, aún empapado en la sangre seca de Matsukaze. Lo había visto hacer pedazos a Tenma sin ningún esfuerzo y, sinceramente, prefería ser fusilado por alta traición que morir en manos de ese par de sádicos. A fin de cuentas, sus padres estaban entre los mayores colaboradores de la rosa, lo que le aseguraba – hasta cierto punto – que la condena inicial por alevosía de tortura y muerte podía ser reducida a un asesinato rápido e indoloro, un lujo que sólo alguien tan "perfecto" como él podía permitirse.
Asintió en forma de respuesta; pero lo único que recibió a cambio fue el pie de Natsuhiko sobre su garganta.
–Quiero una respuesta alta, clara y completa, bastardo – aclaró, con un brillo sádico reluciéndole en los ojos –. Ahora, te lo vuelvo a repetir ¿Tienes algo con Tsurugi Kyosuke?
–Sí – susurró, sintiendo aún más presión en su cuello –. Sí, tengo algo con él – los ojos se le llenaron de lágrimas. Otra vez no podía respirar –. ¡Sí, tengo algo con Tsurugi Kyosuke! – gritó al fin, con un hilo de voz.
Natsuhiko sonrió de una forma extraña, como si acabase de tener un orgasmo, al tiempo que retiraba su pie del cuello de Shindou.
–Buen chico – lo felicitó, con un tono especialmente burlesco –. Te alegrará saber que no pienso decirle a nadie sobre tu vida sexual con Kyo, siempre y cuando seas mi nuevo juguete. Aunque no es como si fuese una opción en verdad, no cuando tengo esto…
La pequeña grabadora de voz que Nepper extrajo de su bolsillo se le antojó como la señal inequívoca de que su sentencia de muerte ya estaba firmada. Bajó la mirada, sintiéndose estúpido ¿Por qué todo tenía que salirle tan mal? Natsuhiko había ganado el juego aun antes de empezarlo.
–Bien – Nepper caminó hacia la puerta tranquilamente, estirándose un poco –. El resto te lo dejo a ti, Heat. Cúralo para que no se vea tan golpeado cuando su madre venga y luego ve a nuestra habitación, hoy te toca premio por buen comportamiento… ¡Ah! Y Shindou – giró el pomo de la puerta y luego se volteó ligeramente hacia atrás, mientras se pasaba el dedo índice por el cuello –. Ni una sola palabra de lo que acaba de pasar, a menos que quieras atenerte a las consecuencias.
Cuando Netsuha abandonó la estancia, el sonido de la puerta retumbó en los oídos de Takuto, siguiendo el mismo ritmo acelerado que su corazón marcaba con terror. Pudo contemplar por el rabillo del ojo como Shigeto le extendía la mano, sin siquiera mirarlo, inmediatamente después de haberle apartado el pie de encima. Dudó un par de segundo en si aceptar su ayuda sería prudente, mas, cuando estrechó sus dedos con lo del rubio, éste lo forzó contra el muro más cercano y le puso el machete al cuello.
– ¡Nepper es mío, zorra! ¡Mío! – le gritó, para luego acercarle el rostro al oído –. Tienes suerte de que te haya elegido como su nuevo juguete ¿Sabes? Porque si no lo fueras ya te habría cortado en mil pedazos… Así que, si sabes lo que te conviene, te mantendrás a distancia. No lo mirarás a los ojos, no le hablarás más de lo necesario, no respirarás su mismo aire y, por sobre todas las cosas, no lo volverás a tocar, a no ser que quieras "suicidarte", si es que sabes a lo que me refiero… ¿Te quedó claro?
Asintió apresurado, aterrado a más no poder. Ahora entendía por qué su madre le había dicho que guardara distancia de ese demente, Atsuishi podía ser extremadamente violento e intimidante.
El rubio le sonrió angelicalmente antes de retirarse a buscar los vendajes que guardaban en la habitación contigua.
– ¡Hoy tendré un premio! – canturreaba, feliz –. Me pregunto qué será ¿Un abrazo, un beso, sexo? Si me dice que me ama moriré de la emoción.
Takuto lo observó irse entre risitas inocentes y saltos de colegiala enamorada, un cambio de personalidad abrupto y escalofriante.
¿En qué lío había ido a meterse?
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Cuando Heat arribó a su habitación, lo primero que supo fue que se hallaba acorralado contra la puerta, con Nepper besándolo e introduciéndole las manos bajo la ropa. El castaño lo fue empujando suavemente en la dirección contraria, hasta que ambos cayeron sobre el mullido colchón de la cama de dos plazas que compartían.
– ¿Qué vas a hacerme? – preguntó, sintiendo como el castaño le devoraba el cuello entre mordidas y chupones. De entre todos los tipos de conversaciones sexuales, esa era la favorita de Heat… Y la que más "ponía" a Natsuhiko.
–Depende de lo que tengamos a mano – dijo Nepper, comenzando a desabotonarle la chaqueta militar cubierta en sangre.
–Pues, tengo algunas velas, un escalpelo y un set de agujas – Heat le sonrió amorosamente. Hace un par de días habían tenido "sexo suave", como ellos denominaban a las relaciones que el común de las parejas mantenían, y estaba realmente emocionado por hacer el amor "de verdad".
– ¿Nada para dar choques eléctricos, ni un flogger, pinzas, cuerdas? – el psicópata se decepcionó apenas su novio negó con la cabeza. Aunque la falta de más artilugios no significaba que no pudiesen tener una sesión gratificante –. ¿Consenso estándar o Metaconsenso?
–Metaconsenso, sin restricciones – articuló, incorporándose sobre sus codos –. Mi cuerpo es todo tuyo, Nepper. Úsalo como más te plazca.
Netsuha sonrió ante aquella contestación. Amaba que Atsuishi fuese tan sumiso.
Volvió a morder y besar su cuello, en la medida en que el collar se lo permitía. El rubio movió la cabeza hacia atrás para darle mejor acceso, mientras gemía quedamente, extasiado por el suave dolor que le provocaban los colmillos de su novio.
Nepper solía ser muy brusco a la hora de hacerle el amor, pero así era como le gustaba que fuese. Los golpes y los abusos se le antojaban como una droga deliciosa y excitante, algo que le llenaba el alma y le satisfacía el cuerpo.
Sus primeros pasos en la materia habían sido en su primera adolescencia, bajo la forma de un spaiking inocente durante una sesión de petting regular. Los altísimos niveles de deseo los condujeron, esa misma noche, a su primera relación con penetración y, un par de semanas más tarde, a subir el nivel de sus actividades hasta que prácticas como el trumpling, fisting y la asfixia erótica se tornaron parte importante de su sexualidad.
El erotismo del que disfrutaban era peligroso, violento y desenfrenado, cabalmente afín al sentimiento que albergaban por el otro. Y, antes de que se dieran por enterados, su relación disfuncional podía compararse con la escenificación 24/7 de cualquier pareja BDSM del Old Guard. Pero había una diferencia abismante entre su amor dispar y la teatralidad enfundada en látex del sexo sádico-masoquista, y es que ellos no habían pactado la naturaleza de su relación de dominación/sumisión; sino, más bien, continuaban el hilo de conducta que habían perseguido durante toda su vida.
El sonido de la tela al rajarse interrumpió el silencio latente que se gestaba en la estancia. Atsuishi respiraba de manera forzosa mientras los retazos de su sudadera blanca caían a los costados de su cuerpo. Sintió el frío metálico del escalpelo recorrer la piel de su tórax, por sobre el sitio donde su corazón se hallaba, siendo velozmente acallado por la calidez de su sangre. El tacto húmedo de la lengua de Netsuha por alrededor de las heridas le erizó la piel de pies a cabeza, haciéndolo entrecerrar los ojos por unos cuantos segundos. La sensación se deslizó, ligera, a través de su pecho, hasta posarse sobre su pezón derecho. Sonrió satisfecho, observando su nueva "cicatriz": el apodo de Natsuhiko escrito en bajo relieve sobre su carne, destellando en el rojo intenso que ostentaban sus músculos al descubierto. Se vería maravilloso en unos meses más, cuando los katakanas escarificados cicatrizaran completamente.
– ¡Ah, Nepper! – gimió, aferrándose a las sábanas. El aludido sonrió entre dientes, jalando con más fuerza el pezón de su novio –. Te amo ¡Te amo muchísimo!
– ¿Y si me lo demuestras de otra manera? – le preguntó con lascivia, a lo que Atsuishi le devolvió la sonrisa.
Cambiaron de posiciones, ambos arrodillados en la cama. El rubio desabotonó el pantalón del psicópata con marcada facilidad, bajándolo juntos con el bóxer negro que usaba. Le sostuvo el miembro semi-erecto con la mano derecha y lo masturbó un poco, para luego darle paso a su boca. Comenzó con suaves lamidas por la totalidad de la extensión y continuó succionando la punta del glande, mientras le masajeaba los testículos con la mano libre.
Las numerosas relaciones sexuales que sostuvieron durante los cinco años previos al accidente de Tanabata no sólo les sirvieron para fortalecer su amorío y conocer el cuerpo del otro, sino que también habían convertido a Shigeto en un verdadero as en el sexo oral. Atsuishi sabía la velocidad exacta, los puntos precisos y las técnicas que hacían a Netsuha perder la cabeza; y si había algo que Nepper amaba más que una buena mamada, era una irrimación con garganta profunda.
Situó sus labios por debajo del glande y se mantuvo quieto, apoyado sobre sus manos y rodillas. Natsuhiko no tardó en comprender el mensaje, enredando sus dedos en los cabellos rubios de Heat. Embistió hasta el fondo sin cuidado, sabiendo que la práctica le había ayudado a su novio a suprimir los reflejos de arcada. Los labios de Atsuishi eran tersos; su boca, cálida; y su garganta, estrecha.
Soltó una de sus manos y se inclinó hacia el costado, tomando una de las velas que reposaban sobre la cómoda. Sacó el mechero que llevaba en el bolsillo de su pantalón y se las ingenió para encenderla, derritiéndola en la espalda de Shigeto. El aludido arqueó la espina dorsal hacia adentro, profiriendo un gemido ahogado que Natsuhiko percibió como un agradable cosquilleo en su intimidad. Fue formando patrones extraños y sin sentido con la cera, prestándole especial atención a los sectores aún "vírgenes".
Pocos eran los lugares del cuerpo de Heat que no tenían algún tipo de cicatriz, ya fuese de educación o de "amor". Y si bien para la mayoría la anatomía de Atsuishi resultaría escalofriante y hasta repugnante, para Natsuhiko era una verdadera obra de arte.
Shigeto era hermoso a sus ojos, hermoso de una manera inhumana y retorcida.
Dio tres estocadas profundas antes de venirse, manchando de blanco la lengua de su novio. Se dejó caer sentado sobre la cama, mientras el rubio se lamía los labios con alegría.
–Gracias por el premio – dijo, como quien agradece un plato de buena comida. A lo que Natsuhiko le sonrió de vuelta.
– ¿Premio? – su voz sonaba divertida, casi como una risilla ligera –. Este es sólo el calentamiento, Heat.
Le puso la mano a la altura del pecho y lo presionó suavemente hacia atrás, hasta lograr recostarlo en la cama, encimándosele. Juntó sus labios con deseo, mientras tanteaba la cómoda, buscando el alfiletero.
Atsuishi rompió el beso con un gemido cuando sintió el filo de la aguja atravesando su pezón, desencadenando una oleada de placer en todo su cuerpo.
Los tres años de lejanía habían depositado en sus carnes el fantasma de una pasión febril y necesaria. Y aunque desde su rencuentro no habían parado de mimarse con besos y caricias, nada de eso era suficiente para apaciguar la ardiente locura que bullía dentro de sus cuerpos. Se deseaban con hambre y desesperación, rayando en la demencia de ser uno para siempre.
Ninguno de los dos había dejado de tener sexo durante aquel tortuoso periodo. Pero lo cierto era que ni la masturbación compulsiva ni las violaciones ocasionales fueron siquiera capaces de disminuir sus anhelos.
Necesitaban del otro para sentirse satisfechos, para llenar el vacío que una vida sin sentido ni rumbo había impuesto en sus conciencias.
Y ahí estaban ambos, amándose bajo el amparo de un destino escrito en dolor y sangre, brindándose lo que jamás podrían hallar en otra parte. Eran perfectos el uno para el otro, aun cuando sus existencias se vieran regidas por el fugaz desenfreno del libertinaje y las prohibiciones.
El suspiro que Shigeto emitió al ser penetrado hizo eco entre las paredes de la habitación. No había, para él, una sensación más placentera que tener al castaño en su interior, acariciándole las entrañas como sólo él sabía hacerlo.
Sintió sus labios unirse por infinita vez esa noche, mientras Natsuhiko empezaba un vaivén profundo y vertiginoso. El abrazante calor de la cera de las velas se alternaba con el dolor punzante de las agujas, haciéndolo sentir como su mente se adentraba cada vez más en el paraíso.
–Te amo, Nepper – jadeó, aferrándose a su espalda con ambas manos –. Quiero estar contigo para siempre.
Los labios de Natsuhiko se curvaron ligeramente hacia arriba, mientras se encargaba de colocar la décima aguja. Entrelazó una de sus manos con la de Heat, sabiendo que eran pequeños detalles como ese los que lo hacían inmensamente feliz. Atsuishi era un chico simple y muy amoroso, pero eso era algo que los demás no podían saber. Su verdadera esencia estaría siempre oculta bajo una máscara de fiereza, así como sus cicatrices se resguardaban tras su entallado atuendo estilo militar.
Rozó sus caderas con las yemas de los dedos, sintiendo las cicatrices de las escaras por ácido que tenía. Los padres de Haruya amaron hacer todo tipo de cosas con el rubio, simplemente porque sus gritos eran una alabanza a los oídos. Su espalda estaba repleta de marcas de latigazos y quemaduras de cigarrillo; en su pecho destacaban tres incisiones del tipo "autopsia", además de innumerables marcas de rasguños y quemaduras por agua caliente, exactamente las mismas que proliferaban en sus piernas y brazos; le faltaba un dedo en cada pie, así como el pezón izquierdo, las amígdalas y el apéndice, dándose a evidenciar a través de pequeñas decoloraciones en la piel.
De una u otra forma, Natsuhiko debía admitir que adoraba esas marcas, aun cuando habían sido infringidas por otras manos. Shigeto tendría siempre un único dueño, y quería que todo aquel que lo tocara lo supiese. Sin importar los años que pasaran o las circunstancias que acaeciesen… El corazón de Atsuishi sería eternamente suyo.
Los segundos fueron pasando raudos para ellos, mientras las velas se consumían y el alfiletero se vaciaba. Heat cabalgaba ansiosamente a Nepper, quien se hallaba sentado sobre sus propias piernas.
–Nepper – el rubio inclinó la cabeza violentamente hacia atrás, sintiendo la cera caliente escurrir por su entrepierna –. Te amo, te amo, te amo, te amo ¡Te Amo!
–Lo sé, no es necesario que lo repitas tanto – le respondió el aludido, sonriéndole burlesco. Heat rió antes de besarlo –. Me gustas mucho – susurró en su oído, para luego morderle el lóbulo sensualmente.
Shigeto sintió que el corazón le rompería las costillas. Quizá para una pareja normal eso no fuese demasiado; mas Atsuishi sabía que eso, en lenguaje Natsuhiko, era exactamente lo mismo que un "Te amo".
Simplemente no podría estar más feliz.
Se abrazó a la espalda de Nepper, sabiendo que se vendría de un momento al otro. El castaño le apartó el cabello de la frente húmeda y, sujetándolo por las caderas, lo ayudó a marcar un ritmo aún más brusco y desesperante.
Algo en su interior comenzó a calentarse, al tiempo que un montón de espasmos fríos se disparaban por todo su cuerpo. Sintió las uñas de Netsuha encajándose en su espalda, lacerándole la piel.
Su novio tampoco aguantaría mucho más.
Sujetó las manos de Nepper con las suyas, entrelazando sus dedos. Se miraron a los ojos amorosamente, preparándose para el inminente clímax.
Las embestidas se mantenían veloces y constantes, mientras los gemidos aumentaban de volumen. Enlazaron sus manos con más fuerza y apretaron los ojos con insistencia, hasta que finalmente llegaron al orgasmo.
Se mantuvieron quietos por unos momentos, perdiéndose en los ojos del otro. Sus respiraciones se mezclaban despacio, subiendo y disipándose en los confines de la habitación, rompiendo de a poco el insoportable calor que se percibía como una densa neblina.
Natsuhiko se encargó de retirar las agujas del cuerpo de Shigeto, a la vez que éste se quitaba la cera fría. Una vez concluyeron la tarea, el rubio se acomodó sobre el pecho de su novio, completamente somnoliento. Fue cerrando los ojos lentamente, desvaneciéndose en las suaves caricias que Netsuha le otorgaba.
–Por favor, no vuelvas a dejarme de nuevo, Nepper – pidió, luchando por permanecer despierto, aunque fuese unos segundos más.
–No digas incoherencias, Heat. Sabes que no lo haré… Ni aunque la muerte trate de separarnos.
Y esta vez, juraba por Orihime que así sería.
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¡26 listo!
Lo sé, lo sé, soy un fiasco en esto de los lemmon's, sobre todo sin son S/M; pero, bueno, quería probar escribiendo algo nuevo -w-
Espero hayan disfrutado del cap. Muchas gracias por darse el tiempo de leer.
Con mucho amor, Mitaili Ciz.
