-¡No quiero salir! ¡Hace mucho frío!-

-En ese caso, iré yo solo-

-¿Eh? ¡No! ¡Taiyou! ¡Quédate conmigo!-

-No tardaré mucho, estaré para antes de la cena, ¿Sí? No vayas a salir a ningún lado hasta que vuelva.-

-Está bien…-

-¿De verdad se encontrará bien?- susurró para sí mismo, preocupado por el estado del pequeño castaño. Tenía un mal presentimiento desde antes de salir, pero aunque estuvieran encerrados en ese apartamento que tanto les servía para mantenerse alejados de la organización, aún eran parte de ella. Taiyou, desde hacía mucho tiempo, debía cumplirle a Edgar, gracias a su cobijo en un lugar. Tenma, desde que decidió que quería ser como ellos. Lo exigió, lo aprendió con rapidez… a diferencia de muchos de esas rosas, el castaño tendría tal vez d meses de entrenamiento. –No es suficiente…-

Era cierto que había aprendido rápidamente… ya sabía moverse de manera rápida, empuñar varias armas de fuego con facilidad y mover entre sus dedos cuchillos y dagas que se escondía entre la ropa… pero la mayoría de aquí no eran más que chicos traumados desde pequeños con que hay que matar al primero que te ordenen. Era complicado. La única ventaja, tal vez, era que el oji azul no se tentaba la mano a la hora de dañar. A él, cuando comenzó, sí que le costó algo de trabajo herir a alguien por quien no sentía ni el más mínimo rencor u odio.

Revisando una pequeña agenda de bolsillo, tachó el comprar otro de esos celulares que usaban como señuelo. Bien. Ya casi había terminado su larga lista, y sólo llevaba máximo 4 horas fuera. No tardaría en volver. Haber obtenido la información de varias cuentas con los relacionados a la rosa negra fue sencillo, en la blanca le costó un poco más de trabajo, pero al final pudo solucionarlo con las indicaciones de Demonio. Sólo faltaban dos puntos. Entregar los documentos y confirmar que la entrega de Ichirouta se haya realizado con éxito. Después de terminar, regresaría a casa lo más rápido posible. Tenma estaría emocionado por los dulces que le prometió comprar y ahora guardaba en los múltiples bolsillos de su saco beis.

El barrio donde tenían su sede se encontraba igual de vacío que siempre. A Taiyou no le molestaba, pero si le parecía un poco incómodo estar rodeado de tantos lujos de gente hipócrita, aunque bueno… ellos también lo eran. El guardia de la entrada, al menos, podía ver con claridad si alguien sospechoso o que no se relacionara con la organización se acercaba. Antes de entrar, saludó sacando un poco la mano de su abrigo al moreno, pero éste, por muy alegre que fuera… se veía extraño. La sonrisa no podía estar más grandes, y sus ojos parecían los de un cachorrito pidiendo de comer.

-¿Y a ti que te pasa?- rió un poco el de cabellos naranjas. -¿A qué se debe tanta felicidad?-

-¿E-eh? ¿Yo? ¿Feliz? No sé de qué hablas, sólo me muero de frío- Kaiji era pésimo para mentir. A pesar de que rehuía a su mirar, sus mejillas estaban más que teñidas de carmín.

-Oh… Con que un enamorado- se burló un poco con ironía, levantando una ceja. Hamano enrojeció aún más. –Sólo ten cuidado con lo que juegas, ¿Sí?- Así es. Amemiya no iba a prohibirle al muchacho que tuviera a alguien, después de todo, era bastante joven, a comparación de él, claro está. Tenía la edad de Tenma. A esa edad el enamoramiento es una emoción necesaria… Sólo que ellos no eran personas normales, ni conformes a la edad que deberían tener. –Tan pronto reencontremos a Ichirouta, Edgar se irá de aquí, con bastante personal. Después de derrocar a Kageyama, también nosotros nos iremos… Un corazón enamorado puede ser tanto frágil como destructivo, ¿No crees? No juegues con uno si no sabes que harás el día de nuestra partida. –Sí. Sonaba un poco a regaño, pero no lo era. Era un consejo. Ya le había tocado ver algo parecido con Mark y Dylan. Uno de sus amigos, quiso quedarse en Estados Unidos con la persona que amaba, pero todo terminó en dos cuerpos inertes en un callejón.

-Sí…- murmuró después de unos segundos, mordiendo su labio el de cabellos negros. Taiyou le volvió a dar una sonrisa, y tras darle dos palmadas de ánimo en la espalda al chico, entró a la casa llena de blanco. Lo primero que vio fue a Marco corriendo en el pasillo con una caja en las manos. Raro que no estuviera pegado a su novio inexpresivo. Sin darle importancia, se dirigió a lo que realmente venía. La oficina de Edgar. Tocó un par de veces, y al no recibir respuesta entró por sí mismo. Esperaba encontrar al ocupado peli azul terminando documentos y revisando la nueva información… pero sólo encontró a Fidio. El castaño, sentado sin vergüenza en el escritorio de su jefe, hojeaba, no información nueva, más bien papeles que ya hacia un tiempo residían en las manos de Valtinas.

-¿Fidio?- preguntó confundido, sin entender bien. El chico lo miró unos momentos y sonrió levemente, volviendo su vista a los papeles.

-¿Qué pasa Amemiya?- fue lo que salió de sus labios en vez de una explicación. El chico frunció un poco el ceño sin saber qué pensar o decir, así que fue directamente a lo que estaba pensando.

-¿Qué haces en el lugar de Edgar?- tras un suspiro, el italiano cerró la carpeta y le vio a los ojos.

-Bueno, Edgar se sentía mal… de nuevo. Así que lo estoy supliendo en lo que se recupera…- cruzando los brazos asintió. -¿Algún problema con eso?

-Hm… - no quería comentar nada. Matsukaze y Aldena nunca se habían llevado bien, en lo absoluto, pero él no tenía nada en contra del de ojos azules. –Sólo pienso que es raro… Pero como quieras, no he venido a pelear contigo. –

-Me parece bien- comentó con rapidez, antes de que el peli naranja continuara. Su actitud era extraña. Como si supiera algo que Taiyou no sabía, y eso, le ponía los nervios de punta. Detestaba que alguien se hiciera el misterioso con él, como si fuera realmente tan interesante. Y el problema es que ahora parecía una razón bastante curiosa la de esa sonrisa en Fidio.

-Bien… Como sea… -suspirando de nuevo, se sentó pesadamente en una de las sillas. -¿Cómo terminó todo con Ichirouta?- hubo unos leves segundos de silencio mientras se observaban. –Ayer ya no pudimos verlo, supongo fueron tarde por él… sin embargo, necesito saberlo, y después preguntarle a Edgar si necesitará algo más con Shindou, ya que, Tenma está desesperado con ese tema… - dejó los papeles entre sus piernas, cosa que no pasó desapercibida por el italiano. –Así que… ¿Salió como se esperaba?-

-Bueno… Hubo un pequeño detalle con lo de Ichirouta…- comentó, cruzando las piernas y recargándose en el escritorio. Suponía se veía sospechoso, así que había borrado la sonrisa de sus labios. Tratarlo como siempre, con algo de rencor por tener a su lado a ese fenómeno, aunque por dentro quisiera reírse en su rostro limpiamente.

-¿Detalle…?- murmuró incrédulo el chico. ¿Qué sucedía? ¿Acaso había escapado? ¿Acaso a ese tal Tsurugi Kyousuke no le importaba ese niño rico? No le sorprendería del todo, realmente… - ¿De qué hablas?

-Pues… Digamos que… No envié a nadie…- oh vamos, no le importaba mucho lo que él dijera, así que seguiría con su actitud calmada y tranquila.

-¿Q-…? – el chico le vio incrédulo. Pero por qué, si era la oportunidad perfecta para finalmente tener al sucesor en sus manos, así la organización estaría fuera de peligro. -¿Y por qué no lo hiciste Fidio?- azotando un puño, aún quiso ver los ojos del chico para encontrar que era una broma… pero a su vista eran igual de serios que siempre.

-Bueno… En primera… No cuento con el personal suficiente, ya que ni siquiera me quiso mostrar Matsukaze el expediente de Tsurugi. Segunda, Edgar nunca aprobó nada, cuando yo quise darle la orden, él ya se sentía agotado. Y en tercera… ¿Por qué debería confiar en lo que él o tú dicen?- La pregunta no le hizo mucha gracia a Amemiya, aún más por ese tono lleno de reclamo que se inmiscuía en medio de ésta.

-Todas esas suenan a excusas…- el ceño fruncido del de piel pálida no era tan buen augurio. Taiyou no perdía la paciencia frente a alguien con regularidad. Realmente, hasta ahora, el único que le sacaba de quicio era el imbécil que dañó a Tenma, no más allá. Nunca había tenido nada contra Fidio, sin embargo, el que lo atacara ahora… - Estoy de acuerdo que desconfíes de lo que te diga Tenma… Pero yo estoy con él, y mi palabra es completamente verídica. – poniéndose de pie, trataba de defenderse ante esa acusación. Se sentía ofendido, realmente ofendido. – He pasado mucho más de la mitad de mi vida con Edgar, mucho más que tú al menos, y créeme que hasta ahora, nunca he cometido una sola falta contra él.-

-Eso no quiere decir absolutamente nada. – el castaño no se rebajaría a ponerse de pie de la misma manera amenazante que lo hacia el otro. Él, de una manera figurada, tenía mayor poder con él. El problema, tal vez, sería que su jefe de cabellos azulados le tenía más confianza a ese chico. –Pudiste traicionar hace diez años, puedes traicionar ahora. Puede que incluso ya estés del lado de esa rosa negra, todo con tal de cumplir los caprichos de tu adorado Tenma.-

-Tenma no es como tú lo crees… Puede que él esté retorcido, pero sabe ser agradecido con quien le abrió un hogar… - dando un puñetazo más a la mesa, no queriendo descargarlo contra el rostro de Fidio, que aún con esa expresión seria, parecía reírse de su molestia. -¿Crees que él no lo sabe? ¿Qué Edgar tuvo problemas por dejarlo estar con nosotros? ¿Qué muchos de ustedes se quejan de su presencia? – y es que aún con esa locura, a veces el niño tenía momentos de lucidez, donde lo observaba simplemente ver al techo con tristeza. Taiyou lo sabía, no entendía cómo, pero lo sabía. – Si él no se preocupara por esta organización ni si quiera hubiera mencionado lo de Kyousuke. Bien pudo haber matado a ese muchachito y después escapar conmigo… Pero no. Él se esforzó por controlar sus propios impulsos y lo dejó con vida para que viniera aquí Ichirouta y al fin él estuviera con la seguridad que este lugar quedaría a salvo.-

-No puedo creer lo que tú dices. – bufando molesto, observó los papeles que habían resbalado a la silla al lado del de cabello naranja. –Tus palabras son las de un chico enamorado. Jamás he comprendido cómo te has enamorado de ese fenómeno, pero lo estás… Así que tu trabajo es estar como idiota halagando y defendiendo a ese niño.- dando un suspiro, no dejó de mirarle con el ceño fruncido. – Si viene un día a asesinar a Edgar en su débil estado, ¿Qué dirás? ¿Qué tenía sus razones?

-Tenma nunca haría algo como eso, ¿Tengo que repetirlo?- ¿Qué sucedía? Hasta hace unos días todo transcurría normal entre ellos… Cuando venían hacia Rusia, sentados juntos, con Tenma en la ventana y él en medio, riendo sobre cosas tontas y sobre los mareos que le daban a Demonio, mientras éste les miraba con ganas de matarlos. Cuando empezaron las investigaciones, que Fidio le animaba ante su poca resistencia al frío… Las miradas de hastío que botaba el castaño cada que Matsukaze hacia un espectáculo, y él, animándole con una sonrisa. Ese no era el Fidio que él estaba acostumbrado a tratar. No era la persona que había partido de Italia junto a ellos. –Él sólo quiere vengarse… Eres tú quien me parece extraño ahora…

-¿Yo?- fingiendo aún no saber nada en lo absoluto, esta vez, si pensarlo, también se elevó a la altura del otro. Bueno, Taiyou le llevaba un par de centímetros, para que negarlo… -No entiendo a qué te refieres.-

-Entro y estás en la silla de él, junto una sonrisa extraña. Después, inventas cosas extrañas por las cuales no has ido por ese chico… Y además… - afilando un poco sus ojos, confirmó lo que temía consigo mismo. – No me inspiras nada de confianza…- Y eso era malo para él. Cuando él tenía a un amigo, solía compartirle muchas cosas, defender su espalda y saber que éste defendería la suya… Y ahora, que en tan solo minutos alguien que conocía de años le daba ese sentimiento de desesperación, era una decepción total.

-…- Incluso Fidio no lo esperó. Sí, fue áspero, por eso lo había sospechado… No era la manera de tratarlo de un día para otro… Pero ahora mismo estaba lleno de rabia, porque él también lo consideró su amigo, y aún trataba de considerarlo… pero desde que regresó a casa con ese loco de remate, nada fue igual. Había rencor en su actitud a pesar de todo. –Vaya, es fácil inventarme crímenes a mí también cuando tienes todo en contra… Debí imaginármelo. – desvió la mirada moviendo la mano con desinterés, mientras su contrario sólo abría sus iris sin tener algo que decir. Ese cinismo… -No me interesa ahora mismo discutir estas cosas contigo… Tengo trabajo que hacer, cosas que tienen que ver con el bienestar de Edgar, así que entrégame esos papeles y no tendremos nada más de que hablar.-

-… Claro… - viendo los papeles, tomándolos con el dorso, dudó un momento sobre si dárselos o no. Ninguno de los dos decía nada, porque la discusión había sido cortada tanto por la hostilidad de Aldena como la decepción de Amemiya, y aun así, seguía sintiéndose el ambiente pesado. -… No- negó apegando los documentos a él. – Esto no me lo pediste tú, me lo pidió Demonio.

-Bien, yo tengo más autoridad que él, así que dámelos.- exigió por segunda vez, sin perder tiempo.

-No, disculpa pero… No sé si debería confiar en lo que tú dices… Así que lo entregaré a él… Espero tener la aprobación de Edgar, igual y se enoja que esté facilitando las cosas, ¿Verdad?- el castaño lo vio ahora. Ya había perdido la confianza del de cabellos naranjas. Era la principal y potencial amenaza con Edgar… él podría decirle todo… o no. Tenía el beneficio de la duda. –Con tu permiso.- Y sin más, salió sin preocuparse de que tan fuerte hubiera sido el azote de la puerta. La persona dentro de ella, se dejó caer con pesadez y hastío. Maldición. Si continuaba con esa actitud, ganaría la desconfianza de alguien más… Tenía que ser mucho más sutil que Taiyou si quería tenerlos de su lado.

Pero afuera, era éste mismo el que se recargaba en la puerta sin poder entender, sin poder sacar esa duda de su cabeza. ¿Qué había sucedido? Sólo fueron unos minutos y ahora… No sabía bien qué decir… Pronto, fue el chico de rastras quien se asomó desde su propia oficina, un par de puertas a la de Edgar. Había escuchado el portazo, probablemente.

-Taiy- - sus palabras se callaron cuando una rápida seña del chico, un dedo sobre sus labios, le hicieron callar. Demonio le vio extrañado, alzando los hombros en pregunta. Desde su posición, con otra señal, Amemiya miró que nadie más estuviera cerca… y después, caminó lo más rápido posible hasta la oficina de él, entrando y cerrando con cuidado la puerta tras de él.

-Ah… Bien…- murmuró pasando una mano por sus cabellos y jalarlos con algo de desespero.

-¿Qué pasa Taiyou? Escuché un portazo y después… pues, no lo sé… - por el rostro que tenía, parecía que había estado dormido. Era de esperarse. Ese moreno se encerraba bajo llave en las noches y trabajaba hasta que el cuerpo le dejara, durmiendo lo necesario en el día, horas más tranquilas para lo que se requería su presencia.

-Demonio… ¿Confías en mí?- el otro no pareció entender, por lo mismo, lo tomó de los hombros, viéndole a los ojos. Ambos azules, confundido y preocupado. -¿Confías en mí?- repitió. El otro asintió con algo de nerviosismo, pues era cierto, viendo después como el peli naranja le soltaba y se ponía de espaldas a él volviendo a maltratar su cabellera.

-Dime… ¿Qué sucede que te tiene así?- la duda le carcomía. Esperaba no fuera algo tan grave- ¿Sucedió algo con tu novio?

-En lo absoluto…- volviendo a ver al otro, se recargó en la pared. -Ni tú mismo me lo creerías… Pero… - acercándose de nuevo, lo llevó un poco más alejado de la puerta, hablando en un tono mucho más bajo. –Algo está pasando con Fidio… Está actuando extraño…

-¿Extraño?- ladeando el rostro, sólo se dejaba llevar por los jaloneos de su compañero. -¿No estás exagerando? Tal vez solo sea el trabajo…

-No Demonio, créeme que no… Fidio lució realmente raro… Se movía en esa oficina como si creyera que es el sucesor Valtinas… - soltándolo frunció el ceño aún más. –Ayer, junto con Tenma íbamos a lograr que nos entregaran a Ichirouta y no se lo dijo a nadie. ¡A nadie!- y su mueca se hizo aún más ofendida, mientras la del Strada se volvía de una absoluta sorpresa. Era un poco difícil de creer… pero Taiyou hablaba muy en serio. –Y todavía empezó a insinuar que quiero traicionar a Edgar… ¡Que quiero traicionar a Edgar!- y para el estratega las cosas empezaron a ser más claras… Él controlaba prácticamente cada asunto de ese lugar. Aunque Fidio era el segundo al mando, él era el que más información tenía en su memoria. La familia Aldena… pero habían cabos sueltos… necesitaba confirmar… así que, sólo por esta vez, no diría nada a su compañero.

-Entiendo… - susurró, dándose cuenta del problema, pasando su mano a su barbilla. Oh vamos, no era el momento más indicado para esto…

-Tengo los documentos que me pediste… - dejándolos en el escritorio, pensó rápidamente. –Modifícalos… no le enseñes la verdad por ahora… él no debe enterarse… No hasta que pueda resolver que sucede... – señalando a su compañero le remarcó. –Y no le digas a nadie más… Hacer un escándalo podría hacernos ver mal a nosotros… - el frío que sentía había quedado atrás. Ahora mismo sólo había desesperación en su cuerpo, hacía que la adrenalina subiera, y el propio miedo se apoderara de un leve sudor en su frente. No tenía miedo de Aldena, claro que no. En cuanto a combate, él era mucho mejor que éste… Pero temía por la vida de Edgar. Aun cuando ambos chicos encerrados en esa habitación fueran a los que les confiaba todo… el que estaba más cerca de él físicamente, no dejaba de ser Fidio.

-¿Qué piensas hacer?- ¿Cómo resolver algo como eso? Si ya habían peleado, sería muy difícil acercarse.

-Por ahora… no lo sé... Te lo cuento a ti porque sé que puedes ayudarme… - suspirando, se cruzó de brazos, tratando de calmarse. Si llegaba con Tenma alterado habría otro problema encima… -No sé si él vaya a hacer algo… o si sólo es paranoia de mi parte… Dudo sea lo segundo, pero aun así, no dejes que vea demasiado de la estructura… Cierra bien cuando salgas, cuando estés adentro… Trata de no tener todo a la vista si es que llega a entrar…- bajando la mirada un poco, mordió su labio- Créeme Demonio, tengo un mal presentimiento… Y yo nunca le haré daño a Edgar, alguien que hizo tanto por mí… Tú también sabes de eso- viéndolo un poco a los ojos, sonrió. -¿Sabes? En el fondo quiero que sea mentira…

-Uh… ¿A qué te refieres?- fue casi un murmullo la pregunta del chico de rastras hacia su amigo. –

-Siéndote sincero… No quisiera perder a un amigo como lo era Fidio… Espero lo siga siendo…- ambos sonrieron un poco, dándose un pequeño ánimo con ese simple gesto. El sentimiento lo compartían, aun cuando sospecharan. Fue entonces que vino una interrupción, el teléfono de Demonio que vibraba insistentemente en su traje blanco.

-Es Marco…- susurró confundido al sacarlo, no sabiendo sobre la ausencia del pelirrojo en el edificio. -¿Bueno?- un pequeño silencio y los murmullos por el teléfono era el espectáculo que lograba escuchar el peli naranja. –Sí, justo estoy hablando con Taiyou, ¿Sucedió algo?- otra pausa, y después, Strada estiró el brazo entregando el teléfono a su compañero. –Que te estuvieran tratando de llamar.- algo le sonaba mal en una llamada así… Tomó el celular con un deje de prisa, esperando no tuviera que ver con quien imaginaba.

-¿Sí? Soy yo…- fue lo único que atinó a decir.

-¡Taiyou! ¡Gracias a Dios!- fue lo que expresó el italiano al oír su voz. -¿¡Se puede saber dónde estabas malvado!? ¡No contestas tu teléfono!-

-Pero si no ha sonado… -sacado el aparato de uno de los bolsillos, trato de desbloquear… sin embargo, la pantalla seguía siendo negra. –Se le acabó la batería sin que me diera cuenta… Disculpa, ayer me puse a pensar en otras cosas y olvidé cargarlo…

-¡Pues ese descuido ha traído muchos problemas!- se quejó ofendido por tan tonta excusa. –Tenma nos llamó hace un rato, que fuéramos por él a cierta dirección, porque tú no le contestabas, y aunque también tratamos de llamarte, pues ya ves, tus grandes descuidos- la mente de Taiyou hizo clic. Se borró completamente por un momento todo tema que estuviera agobiándolo en ese momento al oír tan afirmación.

-¿Qué le pasó a Tenma? ¿Está bien? ¿Qué sucedió Marco? – las palabras le salían atropelladas. Rayos. No debió dejarlo solo, aun cuando supiera que no era bueno llevarlo a un lugar que requería discreción. Debió al menos encargarlo con ellos aquí… No, Fidio pudo hacerle algo. Maldición, Tenma no estaba seguro sin él a su lado.

-Cuando lo encontramos, bueno… Cuando nos abrió la puerta después de siglos- se corrigió por un segundo el pelirrojo. –Tenía una herida en el estómago… ¡Tranquilo!-gritó antes de que Amemiya le colgara y corriera hacia la casa en desesperación. –No era muy profunda, salía algo de sangre porque tocó una vena, pero era muy pequeña, no tocó ningún órgano… Lo llevamos al hospital y tras un par de vendas ya se sentía mejor… Solo que estaba extraño, no estaba tan animado como siempre…

-Está molesto conmigo…- contestó a tal incógnita. Cuando el castaño se ponía así, era porque algo tramaba o porque estaba fúrico con él. Las emociones de ese niño eran realmente confusas. –Por favor, has que no se mueva de a—

-Espera- le interrumpió de improviso. –No había terminado. Traté de animarle un poco, pero cuando recuperó su movilidad, se acercó al mostrador y pidió ver a una persona en específico… ¿Te suena el nombre de Tsurugi?

-¿Qué?- Aunque no lo quisiera, el oji azul, en esos momentos, además de la preocupación sintió esa punzada de celos en su pecho, como cada que ese tortuoso apellido era mencionado. -¿Qué hace Kyousuke allí? Maldición…

-¿Kyousuke? No, estás confundido. – le corrigió… algo que desconcertó al chico. – Este chico se llama… ah… Yuuichi… - Una pequeña pausa al teléfono, pero al fondo se oyó casi como un susurro una pregunta. Marco le preguntaba al pelinegro si era ese el nombre. –Sí, Yuuichi, Tsurugi Yuuichi… Le preguntamos qué sucedía, y sólo nos sonrió… Nos prohibió fuéramos con él a la habitación, y es mejor si le hacemos caso, ya sabes cómo se pone después…

-No… No sé quién sea ese chico. – El apellido era el mismo… ¿Pero ese nombre? – Haces bien en no ir… No queremos llamar la atención, se han puesto en riesgo con el mismo hecho de llevarlo… ¿Han dichos sus nombres?

-Negativo- Canturreó con su simpatía de siempre. –Nombre inventado y todo… Será mejor que vengas… No me da buena espina como nos vio… ¿Recuerdas? Esa vez, la primera misión que cumplió él solo sin tu supervisión… Estoy seguro que es la misma mirada… - un suspiro que hizo temblar la bocina salió de los labios italianos –Ven rápido Taiyou, es el hospital central… Te esperaremos aquí, sólo no tardes-

-Bien. Voy para allá. – la mirada confusa de Demonio fue lo que recibió al colgar. –Ah… Tengo que ir rápido, algo sucedió con Tenma y puede empeorar si no me apuro.

-Pero… ¿Qué haremos con lo de…?- haciendo un gesto le indicó lo que bien ya sabía. No había pensado en ello, y sin embargo, en ese momento ni podría ni debía hacerlo. -… Marco y Gianluca… Ellos también me conocen más que los otros… Ellos me creerán, así que tratare de enviarte información con él, tú has lo mismo. Si Fidio nos ve juntos, tal vez sospeche… Marco habla con todos así que todo estará bien.- era la primera idea que se le venía a la mente, y gracias al cielo era acertada. –No sé si volveré aquí… Pero cuídate- el de rastras sonrió, y palmeó el hombro del más alto.

-Estaré bien… Sé tratar con él, tranquilo. Tú eres el que debes cuidarte… ¿De acuerdo?- el peli naranja asintió, y tras ello, salió de la habitación a prisa.

Antes de ir al hospital, había algo que tenía que checar. Desviando su camino, entró a la habitación asignada para él y su novio. En uno de los cajones, aún estaba la carpeta donde Tenma aportaba y agregaba información acerca de Tsurugi. La sacó con rudeza, dejándola un momento en el escritorio, sacando un par de cosas que Tenma pediría en caso de no volver, y guardando como pudo dentro de sus ropas estos pequeños detalles, abrió los documentos. Kyousuke. Kyousuke, Kyousuke. Ese maldito nombre. Ese maldito rostro. Pero aún no cuadraba nada de Yuuichi… hasta que otra ficha más vieja del peli azul resaltó. En la foto aparecía una versión mucho más aniñada de ese problemático adolescente, y a su lado, un chico cargándolo en sus piernas… sobre una silla de ruedas. Esa ficha no era del peli azul de ojos asesinos. Más bien, pertenecía a ese tal "Yuuichi". En el apartado de parientes, era donde aparecía Kyousuke. "Hermano menor."

Oh no… Marco nunca mencionó nada sobre Shindou… Tenma tampoco se negó ir al hospital, si Takuto estuviera en la galera, hubiera tenido que cerrar… la herida… las llamadas… Había la mínima posibilidad que el nuevo blanco fuera ese hermano… Mierda, ¿Por qué demonios le pasaba de todo en una mañana? Tomando los papeles con prisa, salió corriendo del lugar, sin detenerse ante cualquiera que se le cruzara.

Las vendas en su vientre molestaban un poco. De manera infantil, el castaño sentía algo de comezón por debajo de éstas… pero gracias a ellas la herida había dejado de doler. Lo que le había dejado tan agotado en un principio había sido la pérdida de sangre, pero ahora se sentía mucho mejor. Nada que unas capsulas de hierro que ya cargaba en uno de sus bolsillos no solucionara. Las puertas eran todas blancas y no le gustaba. Debería haber dibujos sobre cada enfermedad.

En ese chico que tenía cáncer, debería haber un bello corazoncito pudriéndose. En esa chica que tenía artritis, debería haber un hueso con hoyitos cayendo en un lago… y en esa habitación que ahora reconocía con la placa del nombre, debía haber una verdad. Sí. Había que ser sinceros. Un niño sonriente… con las piernas cortadas… ríos de sangre bajando por la arena hasta caer a un acantilado, en formas de gotas, lagrimas rojizas… el dolor de no poder ser tal y como los demás, desarrollarse tal y como los demás…

Dio dos toques a la puerta, y tras un amable adelante, corrió ésta. En la cama estaba sentado él, Yuuichi Tsurugi. Por supuesto que había crecido, ahora se veía mucho mayor que en la foto que él tenía, y ahora podía notar que había un lunar algo llamativo en su rostro. Siempre creyó que era una mancha por el viejo documento. Sonrió con amabilidad, entrando y saludando al chico con la mano.

-Ahm…- fue la respuesta que obtuvo del mayor, observando cómo se dirigía a su lado.

-¿Eh? L-lo siento… -murmuró jugando con sus dedos el castaño. –Llegue aquí en la mañana y mis papás están de viaje, vendrán mañana… Me aburría en mi habitación y le enfermera dijo que podía venir a verte, que eras muy amigable con los demás… - bajando el rostro, sus facciones se entristecieron. –Si te molesto, volveré a mi cuarto…- susurró.

-Jajá, no te preocupes- la confusión de Yuuichi se disipó y en su rostro se dibujó una sonrisa. Oh, pobre chico, entonces no tenía con quien pasar el tiempo… qué clase de padres eran que dejaban a un niño solo, se preguntó. Sus padres en lo absoluto lo hubieran permitido. –Solo que entraste sin decir nada y me sorprendiste- acomodándose con ayuda de sus manos, se apegó más al respaldo de la cama, para poder hablar mejor. -¿Qué te sucedió?-

-Es que… cuando iba a comprar algo de desayunar unos tipos de asaltaron… me quitaron mi dinero y me apuñalaron porque lloré…- Dios… si cualquiera de su mafia viera su rostro, oyera su voz y percibiera el brillo que había en sus ojos como si estuviera a punto de llorar, le habrían dado un Óscar. Tenma sabía cómo debía acercarse a su presa utilizando esa adorable apariencia sin cicatrices aparentes. –Lo bueno es que no fue muy profunda, y me ayudó una señora- sonrió levemente, aún "desanimado"

-Oh… Ya veo… -susurró viéndole con lastima y pena. Debió ser un susto para alguien así de pequeño y joven. – Pero, las enfermeras ya te han dado de comer, supongo.-

-Claro- afirmó asintiendo y comenzando a mover las piernas juguetonamente en el alto banco, ya que éste lo permitía. –Me dieron de desayunar y de comer. La comida de hospital no es tan buena como la casera, pero aun así, me gustó que me dieran gelatina de premio por no quejarme mucho-

-Debió tocarte una enfermera realmente buena- rió el mayor de los Tsurugi, quien había conocido en sus años en ese hospital a varias muy amables… y a varias que parecían sólo querer tirarse de la azotea con tal de no atender a las personas… más en su pabellón. Los infantes y adolescentes eran algo más difíciles de controlar… Él prefería solo observar, era mucho más sencillo, le gustaba dar una sonrisa junto a ello.

-Sí, tuve un poco de suerte al final… - sonrió, viendo como el mayor volvía a dejar su mirada en la ventana. –Y a ti… ¿Qué te pasó?- un respingo se dio a notar en el rostro del peli azul, pero después sólo hubo un suspiro.

-Bueno…- ¿Cómo poder explicarlo? Digo… ese niño, el ignoraba que Matsukaze sabía más de la cuenta, por ello mismo, no le revelaría realmente lo que había pasado. Sus padres, toda esa información que sabían sobre las rosas rusas, aquellas que aún podía reconocer causando destrozos cuando veía la televisión. Y él… que sin querer comenzaba a involucrarse, a sabiendas que en un futuro él sería uno de los pilares de una de ellas. Tal vez la negra. Y después… la amenaza, sus padres sin tomarla en serio, el accidente, el cuerpo de Kyousuke protegido entre sus brazos… los llantos de su hermano, no tan pequeño, pero si inocente aún. Y esa interminable habitación de color blanco…

Yuuichi no sabía en lo absoluto sobre qué hacía su hermano en la rosa negra. Él creía que sus lazos con su familia estaban cortados, y que los secretos por los que habían sido asesinados por Kageyama solo residían en él y en los escombros de ese accidente, quien sea que hubiera encontrado alguna pista. Era por eso que estaba callado, pero condenado a esa cama para siempre… Y aun así, ponía una última carta para jugar. La familia Endou, los Yakuza, esa familia japonesa que ahora buscaba los secretos de la rosa negra y la blanca… Le habían ofrecido una protección completa y vitalicia para Kyousuke… con la condición de que arriesgara su vida una vez más relatándoles lo que sabía. Y Yuuichi lo haría… Lo haría por su hermano, lo único que tenía.

-Pues…- su silencio había durado dos o tres minutos, él no había sentido esa cantidad de tiempo… El tiempo pasaba mucho más rápido para él, quien lo gastaba en pensamientos para no terminar loco en esa infinita soledad en la que estaba situado. –Digamos que es un asunto complicado…-

-Oh… ¿Muy complicado?- Yuuichi, inocentemente, seguía viendo la ventana, anhelando saltar hacia los rayos del sol, cosa totalmente imposible. Lo hacía de tal forma, que no podía notar lo que había a su lado. El castaño ya tenía esos guantes cafés delgados y finos en sus manos. Una sonrisa estaba dibujada en su rostro, amplia, mostrando la hilera de dientes blancos hipnotizantes.

-Sí… Realmente complicado… -suspiró, y cuando la mirada dorada quiso volver hacia su acompañante, éste se abalanzó sobre él, tapando con una de sus manos su boca. La sorpresa no fue sencilla de digerir para el interno, que al momento quiso mover una de sus manos hacia el botón rojo de las enfermeras… pero la rodilla de Tenma aplastó esa traviesa mano, haciendo tronar los nudillos.

-Shh… No queremos que las enfermeras se enojen por manchar las sabanas… - apresó de la misma manera la otra mano, y con la propia libre, sacó con gracia y fino movimiento el cuchillo que su manga ocultaba. –Escuche que tú… Escondes cosas… Pero también escuché… que tu maldito hermano es Kyousuke… - rió un poco, apretando más los labios hacia los dientes del chico, sin importarle si le doliera. –Y ese bastardo no quiso pagar su deuda conmigo… Le quise dejar un hombro en el cual llorar… pero ahora tendrá que llorar en los labios cocidos… - susurró, el filo del cuchillo acarició el cuello pero no se enterró, pasó la leve punta por la barbilla, por la mejilla –Dime Tsurugi Yuuichi, ¿Cómo es que ves a Kyousuke aún inocente?- murmuró, enterrando levemente su arma, a punto de comenzar su obra de arte.

La información llegó antes de lo que esperaba a su rosa. Habían visto a Shindou con miembros de la rosa blanca. Para ellos, Takuto, quien no había aparecido en días, salía de su encierro, tal vez un castigo de esa rosa, ya que ellos no tenían registrado haberlo dañado. Kyousuke no había dicho nada a esa organización, por el bien del castaño…

Ahora que estaba a salvo, le tranquilizaba saber que aunque no estuviera completamente seguro con semejantes psicópatas metidos en ese edificio, no tendría alrededor a ese resucitado y diferente Tenma, que no dudaba en un momento lo matara sin razón previa.

Por eso mismo se encontraba ahora afuera del custodiado edificio. Los guardias, ahora mismo se encontraban por el frente. No fue difícil llegar hasta aquella ventana y trepar a ella por los bordes. Era un segundo piso, no era tanto el problema. Colgado de manos, se impulsó para poder subir al leve borde de la ventana. Éste abarcaba casi todo su pie, así que aún podía mantener el equilibrio sin tener un punto de apoyo. Asomo el rostro y pudo ver una silueta tras una cortina al fondo, cambiando su vestimenta. Ropa sucia y maltratada se amontonaba en el piso, mientras una mano jalaba una más decente de una silla. Sí, esa elegancia para moverse sólo la poseía ese enigmático pianista.

Empujó el cristal, y de un salto, entró a esa habitación, tan poco acorde a Shindou, pero donde tendría que permanecer probablemente. Sin embargo, a diferencia de otras veces en las que Takuto sólo suspiraba y decía su nombre como si le diera hastío, esta vez, su mano temblorosa recorrió la tela con pánico, rápidamente. Una mirada asustada se posaba en él, aterrada. Como si esperara que alguno de los tres psicópatas que conocía de una manera poco agradable hubiera entrado para volver a torturarlo… pero no... No era ello. Takuto suspiró con tranquilidad. Sus piernas dejaron de temblar, y le volvió el alma al cuerpo.

Fue el caso contrario para Tsurugi, quien ahora no apartaba la mirada de él. Takuto se distinguía por su perfecta forma, perfecto semblante, perfecta actitud… y después de tan solo unos días, encontraba a un tembloroso chico aterrado. Y no sólo eso… Los labios con gruesas costras llenas de sangre. Las piernas y los brazos descubiertos delatando golpes y maltratos, probablemente en su mayoría de Natsuhiko. Conocía su método. Y lo más notorio… ahora esa ondulada cabellera que tanto cuidaba… eran retazos de mechones sin una forma pensable…

-… ¿Shindou?- sin querer, salía como una pregunta. Era casi como si no creyera que esa persona que se paraba frente así, a punto de llorar, fuera Takuto. Esa misma persona que amara no importara cuando tratara de negarlo al mundo. El de ojos almendra se sintió ofendido por ello… sin embargo, lo habían humillado tanto en tan corto tiempo, que realmente no le importaba.

-…- pasando sus brazos sobre sí mismo, abrazándose, asintió, saliendo de su garganta un hilo como voz, por dolor y por tristeza- Eso creo… Kyousuke-

Después de haber bajado del tren, Amemiya había corrido lo más rápido que sus piernas lo permitían, bajando a veces cuando se sentía rendir, pero seguía adelante. No era tanta la distancia, pero los golpes de realidad habían dado justo en el blanco ese día en su ajeno cuerpo. A veces Taiyou no se sentía de él. Sentía que era propiedad de todas las demás personas. Su voluntad pocas veces era obedecida. Sin embargo, ahora mismo, era lo último en lo que tenía que pensar. Tenía que evitar una desgracia.

-Taiyou- lo llamó el pelirrojo a tan solo verlo entrar, corriendo ambos ante sí. – ¡Tardaste mucho hombre!

-¿Sucedió algo? – sí. El camino fue algo tardado y el que ya hubiese ocurrido algo malo, era bastante posible.

-No hemos escuchado nada, y Tenma tampoco ha salido, pero yo no me confiaría- fue la advertencia un poco más seca del chico de cabellos negros.

-Bien… ¿Saben dónde es?- ambos asintieron, entrando a los pasillos en búsqueda de la puerta con el nombre del chico, doblando a la izquierda justo como había indicado la enfermera en la recepción. Las primeras puertas abiertas mostraban personas distintas, algunas cerradas no coincidían con el nombre que buscaban. Entre las últimas, allí estaba el nombre. El peli naranja ni siquiera preguntó o algo por el estilo, sólo abrió con esa sensación que lo mareaba de nuevo. Y sí. Ahí estaba lo que más se temía. Otro espectáculo sangriento.

Matsukaze estaba sentado en el banquito de nuevo, entonando una canción infantil de cuna, mientras jugaba con algo en sus manos. Él se veía bien, nada más que la venda que se marcaba bajo su playera. Era el paciente el cual les decía lo que había sucedido. Se encontraba sentado, pero su boca estaba floja, y lo que debía ser una mirada perdida estaba faltante. No porque sus parpados estuvieran cerrados, como un bello sueño… Más bien, allí donde debían estar esas cuencas doradas, había cortes mal hechos, pequeñas tiras de piel que salían, y marcas de sangre escurriendo de esa cavidad ahora vacía hasta su cuello, ocultando un poco una última herida hecha para que dejara de gritar. Un corte en la yugular.

En el piso aún se podía ver un charco de sangre alrededor de la cama, casi hasta donde estaba el menor sentado. Marco se tensó por la repentina sorpresa, siendo calmado por un discreto agarre en su brazo de su novio.

-Tenma…- murmuró viendo lo que había creado en tan solo un rato. Los ojos del castaño rodaron hasta él, mostrando lo que tenía en las manos. Era un bote lleno de agua, y dentro de éste, estaban dos cuentas que flotaban en él, causándole un buen entretenimiento.

-¡Taiyou!- exclamó emocionado alzando los brazos hacia él. -¿Adivina qué? Estaba tan enojado contigo y con Tsurugi, pero ahora me siento mejor. ¿A que es genial? –sonriente seguía esperando que se acercara su amado, pero éste seguía de pie. La primera impresión le dio un pequeño susto, pero ahora sólo estaba preocupado.

-¿Tai? – murmuró preocupado- ¿S-sucede algo malo?

-… Tenma… No debiste hacer esto…- susurró frunciendo el ceño y cerrando la puerta sin voltear. –

-P-pero es que… Me quitaron a Shindou, y… Me cansé de esperar… - volteando al cuerpo sin vida, se acurrucó en sí mismo, colgando los pies y las manos hacia abajo. –Quiero que Kyousuke sufra, así que le quité lo único que le quedaba de familia… Ahora está solo, solito, solo… Cuando ese niño rico se muera, seguro que ahora no tendrá a nadie, será genial. Vivirá en soledad para siempre, siempre. – frunciendo su mirar, el azul oscureció un poco, al ver en su memoria retazos de aquel árbol detrás del colegio. –Estará igual de solo como siempre lo deseó…- y después, la suave risa inundando el cuarto.

-… Aun así…- caminando hasta él, lo cargo un poco, alejándolo de la sangre para que sus huellas no quedaras impregnadas. –No debiste hacer algo como esto en un lugar con tantas personas… Entiendo que quieras vengarte pero… Ésta no es la forma…

-¿Uh?- vio confundido a su novio. Taiyou nunca lo regañaba, a menos claro que sucediera cierto detalle. -¿Te peleaste con alguien mi amor?- fue directamente ladeando el rostro. Tenma observa, analiza, transforma. Es el trabajo de un artista, ¿No es así?

-…- el peli naranja afiló la mirada un poco. No era el único que conocía a su contrario a la perfección. Esto era bueno y malo a la vez, según él. –Son… cosas que tienen que ver con Fidio…

-¿Te gritó? ¿Se le subió el poder a la cabeza? ¿Se pintó el cabello de naranja?- fue preguntando, enumerando las cosas que creía harían enojar a su novio. – Si quieres, puedo hacer lo mismo que hice con Yuuichi- agitando el bote, rió al ver las cuencas rodar –Es tan divertido. Los ojos de Fidio son bonitos, serían un lindo adorno-

-No podemos hacer eso Tenma – susurró acariciando su cabello con cuidado. Una solución como tal lo haría ver mal. –Fidio está mal, y encontraremos la forma de solucionarlo…

-¡Oh! ¡Entonces sí lo adiviné! ¡Se puso loco de poder!- exclamó orgulloso de sí mismo, con una radiante sonrisa. Los italianos sólo se miraban entre sí, preocupados por escuchar que nadie más viniera hacia la habitación. –Pero… No creo que si nos escondemos hagamos algo Tai… - susurró, abrazando el botecito. -¿Por qué no le pedimos ayuda a la rosa blanca?

-¿La que-?- sorprendido, quedó callado por esa pregunta. Bueno… la rosa blanca sería de ayuda si lo que en realidad quería Fidio era apoderarse de la unión. Después de todo, su organización también buscaba derrocar a Kageyama. Eran indirectamente aliados. - …- apretó los dientes, porque realmente no sonaba tan mal. –Es imposible Tenma. No podemos simplemente movernos de mafia en mafia como cualquier cosa.

-¡Pero no nos vamos a mover de mafia! Sólo vamos a unirnos porque queremos salvar a Edgar y porque quiero matar a Fidio, por supuesto- rió. Acercándose a él, abrió uno de los bolsillos y guardó el frasco. –Además, ¡Conocí a un amigo genial de allí! Tenía el cabello así como nieve pero algo amarillo y tenía una marquita en su mejilla y ¡Wow! ¡Era genial! ¡Debiste verlo!- hablaba deprisa. Amemiya no entendía ni la mitad de la oración. – ¡Me volveré tan genial como él y mataré a Fidio! ¡Lo prometo!- tomado su mano, sonrió con naturalidad. – ¡Así que vamos Tai!-

El ojiazul no sabía si moverse o quedarse allí y detenerlo. Suspiró casi rindiéndose a la voluntad del menor. En serio quería salvar a Edgar y a su sucesor… También a Fidio…

-¡Por cierto Taiyou!- habló el niño, que sonreía animado. -¿Trajiste los dulces que me prometiste?