Delirium
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– Kazemaru –Murmuró cierto moreno acariciándole suavemente cada uno de sus finos y sedosos cabellos, observándole con profunda devoción pudo darse cuenta que lo único que necesitaba el más bajo era amor, debía amarle con locura, amar sus defectos, sus adversidades, sus temores y por encima de todo esto, debía amar sus demonios, esos que lo torturaban noche tras noche, esos fantasmas del pasado que le seguían acorralando en cualquier punto de su vida en el cual él estuviera feliz, Ichirouta se movió sobre sus piernas, sacándole de su inmensa ensoñación, ojalá así fueran todos los días de su vida, consintiendo con delicadeza la suave piel del más bajo, haciéndole sonreír entre sueños.
Aunque estuvieran en un automóvil se sentían a gusto estando con el otro, Ichirouta intentaba reprimir aquella sonrisa de enamorado que nunca había tenido en toda su vida, pero que ahora, luego de tantos problemas estaba comenzando a sentir, esperaba ansiosamente que todos los problemas que habían entre las dos rosas y muy probablemente con las personas que conocía Mamoru terminaran, sin importar el resultado, sólo esperaba que hubieran pocas muertes, no era necesario derramar más sangre por una causa tan patética, y aunque ésta fuera justa y sólida tampoco estaría bien; mientras tanto Endou pensaba en cómo iba a tomar las riendas de toda su familia, hoy le habían encomendado una importante misión que había retrasado sólo por estar un poco más con su pareja, sólo por verle tan tranquilo y tan ¿feliz?
– Endou estamos llegando al hospital –Avisó Natsumi observándole por el espejo retrovisor– por favor pregunta todo lo que creas conveniente y usted, soplón enamoradizo que ha engatusado a mi jefe –hizo una pausa sólo por ver la reacción que esperaba Kazemaru tuviera, más cuando ésta nunca llegó prosiguió con su idea– si ve la necesidad de preguntar algo más que se le pase a Endou, está en todo el derecho de preguntar, al final esto también le conviene.
– Me siento muy alagado por la confianza que se vio obligada a darme joven Natsumi –Contestó éste levantándose de las cómodas piernas que tenía su novio– por el momento sólo escucharé pero acataré su orden si es necesario.
Mamoru no pudo evitar esbozar una sonrisa ante la indiferencia y el reciente odio que sentían esos dos, era algo curioso de su parte, además, si no es porque se lo hubiera dicho otro de sus guardias ni siquiera se habría dado cuenta de ello.
A penas divisaron la entrada principal del hospital el anterior miembro de la Rosa negra como el líder Yakuza salieron del vehículo con bastante lentitud y seriedad, desde allí iniciaba un resurgimiento que debería finalizar con tanto caos que había en ciertos lugares del mundo sólo por dos rosas, ningún miembro de su familia se había interesado en informarle quién era el sujeto por el cual iban a realizar una visita a ese lugar, tampoco le importaba mucho si fuera hombre o mujer, un anciano o un joven, con tal respondieran todas las dudas que se suponía que tenía serían solucionadas. Las puertas principales se abrieron, recibiéndolos con el olor de detergentes antibacteriales en el lugar, las mismas paredes blancas en todo el lugar y la luz aburrida que les hizo entrecerrar sus ojos para acostumbrarse.
El de cabellos azulados afiló su mirada para observar detenidamente quién se encontrara por allí, nada sospechoso pudo comprobar rápidamente, tan sólo las mismas caras tristes y preocupadas de las personas que esperaban a sus familiares, a excepción de esos dos chicos que venían hacia ellos con demasiada prisa.
– ¡Taiyou no me hales! –Gimoteó el más bajo haciendo un puchero que por lo rápido de sus pasos probablemente ni vería si volteaba en ese preciso instante– No hice nada malo, así que debes darme mi dulce ahora.
– Matsukaze... –Murmuró pasando por el lado de los dos adultos, haciendo una leve referencia hacia ellos dos– tan sólo vámonos, suficiente lío con que te hayas perdido hoy.
Ignoró las palabras que respondía el moreno, siguiendo con su camino, tomaron el ascensor y lo detuvieron en el piso en donde se supone que debería estar su informante, leyeron atentamente los nombres que se encontraban escritos en las pizarras que generalmente estaban al lado de la puerta de cada habitación; Yuu era su nombre...
– ¿Yuuichi? –Preguntó Mamoru tomando la perilla de la puerta– algo me dice que es este nuestro punto de encuentro Ichirouta
– Abre –Dijo lentamente, esperando que el mayor entrara para seguirle después, más cuando el moreno abrió de par en par sus ojos y retrocedió torpemente hasta caer al suelo se dio cuenta que en ese lugar algo andaba mal, tomó por los hombros a Mamoru y le preguntó con su mirada que ocurría...
– Está muerto –Susurró negando con su cabeza– yo nunca... pobre chico –soltó suspirando en la última sílaba de esa corta frase, Kazemaru giró sobre sus pies y entró al lugar, no habían salpicaduras en las paredes, tampoco habían signos de una lucha, el que había hecho ese trabajo era profesional, bastante para ser exactos, un corte simple pero preciso, sin embargo lo que más le sorprendió de todo ello era la sonrisa que estaba en el rostro de aquel joven.
Salió del lugar y con la manga de su camiseta limpió el objeto anteriormente agarrado por su pareja, sin importar que tanto le refutó Mamoru le sacó de ese lugar a rastras, no podían verlos allí, quizás ya había alguien por ese lugar esperando que algún inocente pudiera ser inculpado de asesinato, las cosas eran así y no dejaría que el universitario cayera en ello.
– Endou, es mejor que olvides este episodio de tu vida, apenas lleguemos a tu casa te vas a tu habitación, te das un baño mientras yo le doy la información de todo lo ocurrido a Raimon –Sin esperar una respuesta llegaron a la sala de espera ubicada en el primer piso.
– Pero Kaze... – Llamó con un suave tono de voz– ese joven... estaba muerto, desangrado... y yo no puedo dejar eso así.
El anterior miembro de la Rosa negra pasó su mano por las largas hebras de su cabello, aquello no se lo esperaba, en realidad nunca hubiese imaginado que en una visita a un hospital terminaría con ver a una persona muerta, aunque para él eso era pan de cada día para el otro no lo era y eso en definitiva era lo que más le preocupaba, el ritmo de vida que se tenía bajo esos trabajos era demasiado extenuante y no se podía tener un gran corazón para ello, Mamoru era de esas personas bondadosas y agradables, no como él, no como los demás.
– No puedes, tienes –Espetó secamente– esta es la vida que comenzarás a vivir en los próximos años, lo quieras o no.
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Había llegado lo más rápido que sus piernas y el tráfico le permitieron, no esperó el ascensor, subió los pisos que debía y llegó a la habitación en donde deseaba que su hermano le esperara con esa sonrisa hermosa que le hacía sentirse como un niño nuevamente, más cuando vio aún la sábana manchada de sangre su maleta cayó al suelo y segundos después él se encontraba abrazándose a sí mismo, intentando no llorar...
No podía estarle pasando eso, no, ¿Por qué en su vida tenían que desquitarse con las únicas personas a las que amaba?, no era justo, especialmente cuando Yuuichi había intentado alejarlo de tanta maldad, terminando él hundido en ella... habían acabado con su hermano, con su amado hermano.
Cayó de rodillas al suelo, con su cuerpo temblando de manera incontrolable, el entrenamiento le valía muy poco al encontrarse en una situación como ésta, es completamente diferente pensar en cuando se muere un compañero de trabajo a ese momento en el que se le arrebata al único familiar que se tiene. No pudo evitarlo, al final él era un ser humano con sentimientos y por esa sencilla razón estaba llorando como un niño pequeño, gimoteando fuertemente y respirando de manera entrecortada, nada ganaba con reprimir el dolor que tenía, suficiente era con todo lo que sucedió con Shindou...
Bajó su mirada por unos instantes y pudo divisar un sobre blanco debajo de la cama, intentando limpiar el rastro de lágrimas que seguían saliendo por sus orbes se agachó y extendió su mano con una lentitud tortuosa, poco le importaba que había ahí, sólo buscó una razón para seguir allí; abrió el objeto que tenía en sus manos y sacó varias hojas de éste..., esa era la letra de Yuuichi, esa cursiva incorruptible, con esas líneas tan suaves y finas, él ya lo sabía, Yuuichi ya sentía que era su tiempo de partir y le había dejado unas últimas palabras. Gimió fuertemente al leer las tres primeras letras que ocupaban las hojas y llorando nuevamente comenzó a leer.
Kyosuke, pequeño hermanito, si estás leyendo esto muy seguramente es porque ya he muerto y vas a querer cobrar venganza. Sé que has sido mi sustento desde la muerte de nuestros padres y no sabes en realidad lo agradecido que estoy con la deidad que logró que este ser humano tan despreciable y vil tuviera a cargo a esa inmensa luz, mi niño, aquel por el que daría y mi vida… por el que muy seguro la di. No sé cuántos años tengas, puede que esto pase cuando aún estés en la preparatoria, o quizás cuando ya seas un joven hecho y derecho, Kyousuke, sólo te pido que antes de continuar con tus días recuerda que el amor lo es todo, es la luz que te iluminará, puede que no lo entiendas aún pero cuando encuentres a esa persona por la que dejarías toda tu vida sólo para estar con ella lo sabrás.
No sé si ya sea hora de revelarte ciertas cosas de nuestra familia, pero no puedo llevarme esto a la tumba, no cuando puede afectarte en un futuro, no cuando puede que ya te haya estropeado tu rumbo, Kyosuke, te he protegido de todo esto pero sé que no estuve todo el tiempo junto a ti por lo que es bastante seguro que tú te hayas unido a la Rosa negra y justo ahora seas un excelente mafioso al igual que Akio o como en algún corto tiempo lo fui yo.
Es bastante obvio que tú no debías saber esto hermano menor, porque lo escondí muy bien, eliminé toda la información que tenían las rosas sobre mi persona, fotos, misiones, todo, absolutamente todo, quería borrar esa parte oscura de mi ser con bastante rapidez, no podía verme al espejo, ¿Cómo hacerlo cuando se tiene bajo su conciencia más de cien asesinatos?, no entiendo cómo los Nagumo logran fingir tanta dignidad cuando este número no se aproxima a todas las masacres que han realizado en la última década.
Fui un increíble discípulo, una buena carta que sacar cuando los problemas comenzasen a empeorar, un gran estratega y un extraordinario asesino, Kyosuke, la sed de sangre es algo que se lleva en las venas, es un deseo que se necesita saciar periódicamente o comienzas a enloquecer, no puedes vivir sin ella cuando comienzas a beberla, es un elixir que sólo aquellos que se despiden de sí mismos pueden llegar a obtener de por vida, no caigas en ella, porque sólo podrás ser feliz cuando ese líquido carmesí corra por tus manos, manchándote de pecado y delirio.
Humanae delirium, caeli et in terra…
– Delirio humano, cielo en la tierra –Murmuró tocando la letras escritas en el papel, esas palabras su hermano siempre las decía cada vez que Kyosuke entraba en cólera por algún problema insignificante, eran el ancla a la realidad, o al menos eso serían de ahora en adelante.
El accidente que tuvimos nuestros padres y yo no fue una simple falla en el sistema hidráulico del automóvil, esto se trata de quién seguirá en el mando de la rosa cuando se encuentre a un heredero digno de tanta maldad, nuestro "noble" linaje fue el elegido para seguir con esta misión, sin embargo, papá y mamá querían huir de tanta problemática, querían escapar de tantas muertes que habían arrastrado a una gran familia a una cantidad de pocos miembros esparcidos por todo el mundo, ellos querían ser libres, dejándome ese pensamiento a mí, hermano, por querer abrir mis alas terminé sin poder moverme con facilidad, quise negarme, en realidad me negué, teniendo así una fuerte discusión con Kageyama, una sencilla renuncia conllevó a gritos llenos de insulto estúpidos y una amenaza de muerte que no tomé tan en serio.
El quedar postrado en una silla de ruedas no es nada a comparación de quedar huérfanos y lo lamento por ti hermanito, porque así haya querido evitarlo, serás tú el que carga con todo el peso del pasado.
Quiero que huyas Kyosuke, quiero que escapes de esta vida e intentes vivir una nueva, sé que es difícil cuando es la única que has vivido y en la que te has adaptado lo suficientemente bien como para sentirte a gusto con todo ello, pero es el único deseo que tengo. Si quieres hacerlo debes regresar a la tierra del sol naciente, a Japón Kyosuke, allí poseemos una propiedad cerca al parque Yoyogi en Tokio, es una casa bastante reservada, en donde al final de la habitación principal encontrarás un cuadro que a su vez te conducirá a la sala de reuniones de los Tsurugi, allí podrás desglosar toda la información que se te ha dado de manera tan absurda y fragmentada, allí te enfrentarás con nuestra verdadera familia, Kyousuke allí tendrás que decidir qué rumbo tomarás por el resto de tu vida.
Hermano, no busques vengarme, porque estoy seguro que de una u otra retorcida manera el estar ya con gusanos devorándose mi cuerpo pudo haber sido causado por una mala decisión tuya. Perdona al que me asesinó, como yo hice con aquel que probablemente ahora es tu jefe; lo quiera aceptar o no, seguramente esta es tu realidad.
Como último favor, Kyosuke, te pido, que en el ataúd pongas rosas negras junto a mí.
Te amo, te amaré por siempre, no importa lo que piensen los demás. Eres lo mejor que hay en mi vida.
Y es por eso que te pido una cosa más.
Sólo se feliz...
Kyosuke arrugó la carta que le había dejado su hermano, con la respiración agitada y lágrimas brotando de sus ojos intentó tranquilizarse y pensar muy bien en todo lo que había leído, ahora era demasiado difícil pensar en algo más, además cada una de las palabras que estaban allí escritas le dejaron demasiadas dudas en su cabeza, ¿Yuuichi siendo un asesino?, ¿Kageyama había asesinado a sus padres?, ¿No buscar venganza y huir con su verdadero amor?, si bien el irse con Takuto a cualquier otra parte del mundo en donde no los encontraran y pudieran descansar de su horrorosa realidad le sonaba bastante tentador, no podría hacerlo hasta tener un puesto lo suficientemente importante como para hacer lo que se le diera en gana sin recibir un regaño por ello, cuando pasase eso podría aniquilar con sus propias manos a Reiji y sería feliz.
Claro, lo sería luego de asesinar a Matsukaze y de volver a hacer sonreír a su pianista favorito.
Tomó las pocas cosas que su hermano mayor tenía en el hospital y las guardó en la maleta que había llevado, Yuuichi estaba completamente loco si creía que no vengaría su muerte, ¡Sí que lo haría!, pero primero debía intentar calmar sus ansias de sangre e iniciaría a investigar quién lo había hecho, claro, todo era a su debido tiempo, mientras tanto pensaría qué hacer, luego tomaría a Matsukaze y acabaría con él, el mismo error no se cometía dos veces, le arrancaría sus cabellos uno tras otro, para que se diera cuenta como había sufrido su pareja, le quemaría la boca con algún ácido corrosivo, le cortaría la lengua y le mandaría una foto al idiota que ahora se encontraba a su lado, así los dos sufrían, como él lo hizo cuando vio el triste semblante que Takuto tenía. Sólo en ese instante, pensaría en tomarle de la mano, sin dejarlo caer, sin importar lo difícil que fuese el tiempo...
Salió rápidamente del cuarto de paredes blancas con un propósito en mente, debía regresar a Japón y por fin saber quién demonios eran los Tsurugi, porque sin importar que él fuese el único sobreviviente a esa matanza tenía demasiadas preguntas que probablemente se resolverían en ese lugar.
Una sonrisa se asomó en sus labios al pensar que podría hablar con Shindou para que éste lo acompañase a ese "divertido e interesante" viaje, así podrían estar juntos luego de tanto tiempo.
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Se sentía en ese mismísimo instante como una basura inservible, ¿Dónde habían quedado sus años de gloria siendo un gran asesino para lo que podría considerar como una familia?, cada logro consumado con tanto anhelo, ahora le atravesaba su espalda lenta y dolorosamente, aún no entendía por qué Kiyama le había dado esa carta, ¿Por qué luego de la muerte de su Hiro?, ¿Acaso se estaba burlando de él?, ¿Acaso era una cruel broma del destino?, sin importar qué fuera lo que pasaba en ese preciso instante estaba completamente seguro de algo, vengaría la partida de su primer amor y le devolvería el buen nombre a este hermoso lugar.
Lo juraba por su nombre.
Aunque ahora su nombre ni siquiera debía resonar entre las paredes de la oscura y fría Moscú, era justo en ese preciso instante el mensajero entre las personas de la rosa, algo patético, muy patético.
Negó rápidamente con la cabeza, acababa de salir de la habitación de Yuuto, había ido a pedirle una misión, una simple y sencilla misión, algo que lo sacase del encierro en el que se encontraba y lo único que pudo recibir como respuesta fue una negación inmediata, sólo porque aún no estaba lo suficientemente tranquilo, él seguía siendo un miembro desequilibrado desde su punto de vista.
Le maldijo por lo bajo, ¿Quién se creía el de dreads para decirle eso?, además tenía una estúpida sonrisa en su rostro, de esas típicas que se formaban luego de tener sexo... bufó exasperado dirigiéndose a su habitación, debía tranquilizarse y comenzar a pensar en lo que verdaderamente mejoraría su vida, el seguir lamentándose sólo generaría que terminara sirviendo té en las reuniones de la rosa y se pusiera a tender camas...
–Bien, mejor escúchame, sé lo que intentabas hacer, y sé también que como tu vida es proteger a Nepper la mía es proteger a Shindou, tengo el mismo entrenamiento que tú, varios descendientes del clan de Nagumo quedaron al servicio de los Shindou, pude escuchar desde hace tiempo la historia de ti y Nepper, son leyendas...
Ryuuji se detuvo rápidamente y por mero instinto pegó su cuerpo a la pared que tenía a su lado, parpadeó varias veces sin poder creer lo que estaban diciendo, así que Shigeto quería asesinar a Takuto, seguramente Natsuhiko había torturado al de cabellos castaños y esto había generado una gran necesidad de asesinato en el menor. Terminada la conversación escuchó como varios pasos lejanos y disonantes sonaban avisándole que podría salir de su escondite para regresar a su habitación.
Había sido todo demasiado rápido, inclusive si no se conociera lo suficientemente bien, pensaría que se había desquiciado y ahora su mente se estaba inventando historias extrañas para distraerlo de su innecesaria depresión, pero no era así, había visto sus sombras, aunque a la persona que había hablado no la conocía, seguramente era algún guardia que había traído la madre de Takuto para salvaguardarlo y vaya que si estaba de acuerdo con ello, porque con tantos locos en esa casa cualquier cosa podría pasar.
Cerró la puerta tras de sí y dejó que su cuerpo se resbalase por ésta, aquello había sido un golpe de suerte, tenía ahora alguien a quien vigilar entre "las sombras" y si veía que algo se salía de las manos de alguno de esos dos idiotas le diría a Kidou... porque debía volver a ganarse su confianza. Era algo completamente necesario.
