Disclaimer: PokeSpecial no me pertenece, son propiedad de Hidenori Kusaka. InuYasha es propiedad de Rumiko Takahashi.
Advertencias: Spoilers.
Notas iniciales de capítulo: Ejem... Hola, bueno, he estado trabajando un tiempo en este crossover que es una participación para el foro de DexHolders del Prof Oak. Este es un long-fic que debo entregar terminado hasta el 30, así que... no habrán notas finales de capítulo ya que subiré seguidos los capítulos hoy y mañana, ¡espero les guste!
Capítulo II
¿Qué es un animal?
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[***]
[Johto; ciudad Malva]
[20:00]
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Crystal suspiró preocupada, miró su ventana dejando el libro que estaba leyendo en su regazo. Era tarde, conociendo al perezoso de Gold, ya debería haber arrastrado a Emerald hasta su casa hacía ya más de dos horas.
—Hora de dormir —su madre recogió la bandeja con platos sucios de la mesa de noche—. ¿A qué hora dijo tu adorable amiguito que venía?
—No lo sé... —dijo la peli-azul sin dejar de ver el cielo nocturno, que por alguna razón, se veía diferente.
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[***]
[Bosque]
[20:00]
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Gold no entendía lo que ocurría ahí, ¿qué hacían dos del trío dragón de Sinnoh en Johto? Marco a todos sus contactos, incluyendo a Silver y su madre, el Pokégear no tenía ni un poco de recepción.
Se acercaba cada vez más a los dos Pokémon legendarios. No estaba seguro de lo que hacía, tampoco sabía dónde estaba Emerald ni tampoco se preguntó el por qué a pesar de estar a varios metros de altura, no veía ni ciudad Iris ni ninguna ruta, el Encinar se había extendido.
Pero Gold ignoraba que ese ya no era el Encinar.
—¡HEY! —Gritó el azabache a una distancia prudente de la batalla. Su voz no los alcanzaría, menos cuando se intentaban matar—. Togetaro.
El Togekiss asintió, atacando a los dos Pokémon deteniendo la batalla y ganándose la atención de ambos. El chico los miró con determinación, tragó un poco, sus presencias de verdad eran intimidantes.
—¡¿Qué ha ocurrido?! —Preguntó gritando, para que su voz se oyese—. ¡¿Por qué están aquí?!
Dialga y Palkia se quedaron callados, habían llegado hasta su propio mundo. Por primera vez se dieron cuenta de los desastres que estaban causando, pero no pensaban detener su lucha. Un hoyo negro se abrió sobre sus cabezas y desaparecieron por este mismo, continuarían con la lucha en la línea de espacio-tiempo.
—¡Esperen! —Gritó el criador, sin embargo cuando el portal se cerró, una enorme ráfaga de viento le hizo caer de Togetaro.
El Pokémon buscó por todos los medios llegar hasta su entrenador, que aterrada gritaba mientras sentía el vértigo de la caída, pero el viento lo llevo lejos y Gold seguía cayendo.
—¡Togetaro! —Gritó al verlo perderse entre las nubes, no pudo meterlo en su Pokéball, ya no lo veía siquiera.
Se acercaba al suelo, tragó. Entonces, todo ocurrió en cámara lenta, justo cuando estuvo a punto de chocar contra los árboles, una silueta roja le atrapo en los aires. Para cuándo abrió los ojos, estaba a salvó en los brazos del muchacho de ropas rojas.
—¿Estás bien? —Preguntó Kagome, quién se encontraba en la espalda del hanyō.
El chico de cabello plateado lo dejo en el suelo, se veía serio y no muy alegré por la presencia del criador. Ahora que caía en cuenta, esas personas... No parecían ser muy normales que digamos.
—¿Quiénes son ustedes? —Preguntó después de unos minutos de análisis.
El chico se irrito. —Nosotros preguntamos antes —repuso desafiante.
—Déjalo ya InuYasha —dijo la azabache con seriedad. Con una sonrisa amable miró a Gold—. Soy Kagome Higurashi y él mi esposo InuYasha —el hanyō chasqueo la lengua mirando a otro lado sonrojado en cuanto fue mencionado—, y puedo suponer que tú no eres de... Aquí.
—Vaya, que desperdicio —suspiró al escuchar que estaba casada—, no vivo tan lejos —dijo Gold rascándose la nuca—. Soy de pueblo Primavera. A unas Rutas de aquí, cerca de ciudad Malva... Por cierto, soy Gold, Dex Holder, el criador —lo último lo dijo con una sonrisa.
InuYasha miró a Kagome confundido, claramente preguntándole qué era de lo que estaba hablando el muchacho. Ella negó con la cabeza, jamás había escuchado de una tal «ciudad Malva» además, era muy extraño que el chico se denominara a sí mismo como un «criador».
—De acuerdo... Gold... ¿Sabes que eran esos demonios que estaban peleando en el cielo? —La pregunta de Kagome era justamente la que InuYasha estaba deseando formular.
—¿Demonios? —Gold arrugo la nariz tratando de no reír—. Eran unos Pokémon, legendarios, Dialga y Palkia —abrió los ojos al recordar algo—. Togetaro... ¡Togetaro! —exclamo mirando a todos lados alterado.
—¿Qué demonios es un «Togetaro»? —Preguntó InuYasha mirando al chico que desesperado llamaba a su Pokémon.
Kagome estuvo a punto de formular la misma pregunta, pero esta vez al muchacho, sin embargo, una bestia redonda y emplumada bajó del cielo, aterrizando frente a Gold. InuYasha puso su mano en Tessaiga, preparado para atacar al monstruo, pero, se desconcertó al ver como el chico corría a revisar a esa bestia blanca.
—¡Por Arceus! ¿Estás bien? —preguntó examinándolo. Togetaro resoplo indignado al ver que le tomaban por débil. Gold suspiro aliviado, al parecer, todo estaba bien—. ¿Sabes dónde está Emerald?
Kagome e InuYasha se sorprendieron al ver como este negaba con la cabeza, la bestia le entendía y estaban teniendo una conversación. Aquello era más que suficiente para que InuYasha desconfiase de él, aparecía de la nada con un montón de animales mutados y con ropas de la época de Kagome, a pesar de no oler ni al Sengoku ni a la ciudad de la chica. Apretó la empuñadura de Tessaiga, pero Kagome le interrumpió.
—Deja de ser tan impulsivo —le regañó acercándose al muchacho—. Gold —éste le miró—. ¿Qué clase de animal es ese?
El chico parpadeó un par de veces antes de enarcar la ceja totalmente extrañado. —¿Qué es un animal?
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Los monstruos habían desaparecido, Sango y Miroku se mostraron desconcertados, aunque era un alivio, aquello no significaba que el peligro había pasado, para volver a la aldea tendrían que dar toda la vuelta hacia el bosque, el puente había sido destruido y no había rastras de InuYasha ni Kagome.
—Acamparemos aquí esta noche —informó la anciana Kaede a todos los aldeanos. Sango se le acercó.
—Anciana Kaede, nos marchamos —la chica sostuvo con fuerza su Hiraikotsu—. Debemos hallar a Kagome e InuYasha.
Miroku se acercó a su esposa y la sacerdotisa. —En caso de cualquier problema, confiamos que Kohaku está en camino, los rugidos de esas bestias fueron audibles para toda la región.
—Claro —asintió la sacerdotisa—. Vayan con cuidado, ¿necesitan disponer de los caballos?
—Están muy cansados ahora para llevarnos, iremos a pie, no estamos muy lejos del bosque —le dijo la cazadora con amabilidad—. Y por favor, en cuanto vuelva Rin con los niños...
—Los cuidaremos.
Sango le sonrió agradecida, miró a su esposo y este le mostró la espalda, ella se subió a él y comenzó la carrera al bosque. Afortunadamente, Miroku era muy veloz.
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—¡Debes estar bromeando! —gritó el azabache con fuerza al ver dónde se encontraba. Una aldea destruida y nada de civilización cerca. Ningún centro Pokémon.
Cuando Kagome le explicó su situación, que no se encontraba en su mundo sino en un lugar totalmente diferente donde no había televisión, Pokémon, o autos, creyó que era una broma, más aun cuando le dijo que no existían tales criaturas como los Pokémon.
—Creo que en tu mundo, los «animales» son «Pokémon».
Se había reído en su cara, tan fuerte que InuYasha le dio un buen golpe en la cabeza. Según Kagome, un animal era un Pokémon sin poderes y menos evolucionados. No le creyó hasta que le mostró un gato. ¡No lo engañaba! ¡Debía ser algún Pokémon de una región lejana! No se creía que no estaba en Johto, en el Encinar.
Hasta que le mostraron la aldea, yendo por un camino donde no se veía ninguna carretera y todas las casas eran en madera o paja. Se trató de tranquilizar, Iris era una ciudad muy tradicional, era posible que estaban preparando algún festival. Pero la ruta que seguían no se parecía a ninguna que hubiese recorrido antes, además, tampoco había rastros de ningún Pokémon y todas las personas que veían traían ropas similares a los dos chicos que lo escoltaban.
Empezaba a ponerse nervioso y Pitaro, que estaba en su cabeza, empezó a temer también.
—Ésta fue la aldea que esos demonios de tu mundo destruyeron —le dijo InuYasha con rabia, como diciéndole «bastardo» de manera camuflada.
Gold estaba aún incrédulo, esa aldea, todo parecía hecho a mano, de la época de las cavernas, si esa era cosa de un festival de Iris, lo estaban llevando muy lejos. Finalmente, Kagome, sin saber cómo hacer que Gold le creyera, le explicó todo sobre ese mundo, Japón en la era del Sengoku. El azabache le recriminó diciéndole que esos demonios de los que hablaba, eran los Pokémon y que ellos estaban equivocados.
—InuYasha es un hanyō —dijo ella como último recurso.
— ¿Un qué?
—Mitad hombre, mitad perro demonio —dijo el chico con los brazos cruzados.
Gold parecía hartarse. —¿Podrían hablar en un idioma que yo entienda? ¿Qué es un "perro"?
La pareja de esposos estaban al borde de ahorcar a ese testarudo chico. —Mitad demonio, dejemos así —dijo el chico con seriedad.
Gold meditó un momento, luego lo miró más detalladamente. —Entonces… ¿son reales? —preguntó jalando las orejas del chico.
—¡Au! ¡No las toques, enano! —Se soltó del agarre y le dio un golpe en la cabeza, que Pitaro esquivó, pero aprovechó para morder al hanyō y electrocutarlo en el proceso—. ¡Ahhh!
—¡¿Qué no puedes resolver algo que no sea a los golpes?! —Gritó Gold adolorido—. Bien hecho, Pitaro.
—¡Maldita rata! —InuYasha le encaró.
—¡SUFICIENTE! —Ambos se detuvieron, Kagome estaba cansada de las constantes peleas de esos dos tontos—. ¡Compórtense! Estamos en mitad de las ruinas de nuestro hogar y aun así se comportan como niños pequeños.
—¡Pero si él empezó! —Gritaron ambos al mismo tiempo señalándose uno al otro.
—InuYasha…
—¡Bien, bien! —Gritó inmediatamente alejándose de Gold—. Ya… ya no discutiré más.
El criador no entendió por qué de repente la actitud sumisa, pero recordó cuando estrelló su cara contra el suelo. Obviamente eso no fue voluntario, por alguna razón, tenía la impresión de que Kagome fue la causante de la agresión, por eso mismo se tensó cuando la sacerdotisa, enojada, se acercó a él.
—Escucha Gold, no estamos jugando —dijo con seriedad—, tengo la sensación de que nos tomas como una broma. No te hemos estado mintiendo en ningún momento, lo que estás viendo a tu alrededor, son las ruinas de nuestra aldea.
—Ustedes… ¿vivían aquí? —Preguntó asombrado.
—Hasta que tus amigos la destruyeron —comentó el hanyō con acidez, sentado en una piedra.
Gold, alterándose, buscó con la mirada entre los escombros, algunas ruinas de un centro Pokémon, lo que sea, cables, teléfonos… Algo. Pero no había nada. Algo pasó bajo sus pies, unas cosas parecidas a Rattatas, pero más pequeños y de pelaje gris.
—Son ratas —dijo Kagome—. Animales.
Tembloroso, sacó la Pokédex de su bolsillo, trató de analizarlas, pero no aparecía, era como si no existieran. Claro, la Pokédex registraba Pokémon y esas "ratas" no lo eran…
—¡Debes estar bromeando! —Gritó asustado.
—Creo que debemos darle tiempo para asimilarlo —dijo la azabache acercándose a su esposo.
—Tsk, pero que débil —dijo InuYasha rodando los ojos, luego se levantó con sorpresa mirando en un punto definido del bosque.
—¿Qué ocurre? —preguntó la chica curiosa, Gold les miró.
—Están aquí…
—¡InuYasha! ¡Kagome!
Del bosque, dos personas aparecieron, un hombre de túnica violeta y una chica de ropas ajustadas y negras, con detalles rosa. Gold abrió los ojos e ignorando el hecho de que estaba en una dimensión totalmente diferente a la suya, se acercó a la castaña.
—¡Pero que linda chica! —le dijo mirándola de manera pícara.
Sango dio un paso atrás y Miroku miró al chico con el ceño fruncido, claramente molesto y celoso. InuYasha no pudo evitar sentir la satisfacción de ver a Miroku probar una cucharada de su propia medicina. El monje, agarró a su mujer que lucía impresionada por la cintura, sonriéndole al chico de manera asesina.
—Un placer conocerle, joven, soy Miroku, monje y ésta es mi esposa Sango, con la que tenemos tres hermosos hijos.
Sango se sonrojó por semejante presentación, entonces, abrió los ojos y se soltó mientras le daba una cachetada. —¡Mire por donde pone sus manos, excelencia!
—Pero Sanguito, si ya estamos casados… —Dijo el hombre tocando adolorido su mejilla.
Mientras, Gold refunfuñaba. —¿Qué todas las chicas lindas de este lugar están casadas?
Entonces, Sango y Miroku tomaron en cuenta por primera vez la presencia de Gold, su vestimenta y el extraño animal que tenía en la cabeza. Ambos miraron a InuYasha y Kagome.
—Es… una larga historia —dijo Kagome con una sonrisa, InuYasha bufó.
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Sentados alrededor de una fogata, improvisaron algo de comer, algo de brochetas de pescado, los cuatro amigos estaban acostumbrado a comerlo, pero, el invitado miraba el pez con algo de impresión y asco.
—¿Qué pasa? —Preguntó Sango curiosa—. ¿No te gusta el pescado?
—No es eso… es solo que —tragó—. Parece un Magikarp y comer Pokémon… es asqueroso —Pitaro que estaba en su hombro sintió algo afectado mientras veía el pez. Gold dejó su comida de lado—. ¿No hay nada más de comer?
Todos se miraron entre ellos, Kagome suspiró levantándose. —Vamos InuYasha, traeremos unos vegetales.
—¡Eh! Que no es nuestra culpa que sea una bebita llorona.
Gold le miró molesto. —Esto es como comer humanos.
Antes de replicar de nuevo, Kagome tomó a InuYasha por una de sus orejas y lo jaló. —Volvemos en un momento.
—¡Ah! ¡Kagome, suéltame! ¡Mujer, suéltame! —Exclamaba el hanyō siguiendo a muy duras a penas a su esposa.
Gold suspiró mirando al cielo. —Si tuviera mi mochila… robé una bolsa de galletas de la casa de Crys —sonó su estómago—. Rayos.
—Bueno, joven Gold —dijo Miroku dejando de lado el palo y el esqueleto del pez, Pitaro se escondió atemorizado detrás de su entrenador—. ¿Cómo es ese mundo suyo? ¿Y quiénes eran esos monstruos que luchaban en el cielo?
Gold meditó un momento la respuesta, con la información que Kagome le había dado de ese mundo, podía hacer una pequeña comparación entre ambos lugares. —Bueno… mi mundo es muy diferente a este, tenemos ciudades, tecnología, varias opciones de comida y medios de transporte como bicicletas —cogió una roca del suelo y la miró un momento—. No existen los… ¿animales? —Sango asintió en señal de que había dicho correctamente la palabra—. Bueno, en lugar de animales tenemos los Pokémon, son como nuestra familia, tienen habilidades especiales y también nos entienden.
—¿Las bicicletas son esas carrozas de acero? —Preguntó Sango curiosa, recordando el medio de transporte de su amiga.
—Uh… Algo así —asintió Gold inseguro de si esa era la definición correcta.
—¿Puedo suponer que tu pequeño compañero es un Pokémon de los que nos mencionas? —Preguntó Miroku mirando a Pitaro.
—¡Sí! Pitaro es un Pichu, un Pokémon eléctrico.
—Parece un ratón —comentó Sango observándolo.
—Bueno… según la Pokédex es un ratón eléctrico, pero no sabía exactamente qué era un ratón —pasó una rata a lo lejos, Gold hizo una mueca—. Hasta ahora.
—Y eléctrico es… Por… —La pregunta de Miroku se respondió sola, cuando Pitaro de un Rayo rostizó la rata que estaba a lo lejos—. Oh, muy interesante. Como los poderes de la Raigekijin de Hiten.
Gold enarcó una ceja. —¿Quién?
—Un enemigo al cual nuestros compañeros tuvieron que enfrentar antes de conocernos —explicó Miroku tomando el pez que él había dejado y dándole un mordisco. Gold tragó—. Oh, lo siento, ¿te incomoda?
—Ya da igual —dijo suspirando cansado—, y bueno… preciosa. —Miró a Sango con una sonrisa—. ¿No tendrás una hermana gemela por casualidad?
Miroku olvidó la amena charla de un momento atrás y frunció el ceño ante el apodo del azabache a su esposa.
—Un hermano menor, Kohaku —la cara desanimada de Gold le hizo reír.
—Pero hay una niña muy bonita viviendo en la aldea —dijo Miroku con una sonrisa traviesa.
—¿En serio? —Preguntó retomando su ánimo, Sango enarcó una ceja—. ¿Quién?
—Es adorable y muy atenta. Se llama Rin —Sango abrió inmediatamente los ojos sorprendida, ¡su marido estaba demente! ¡Si Gold mencionaba a Rin en una oración inapropiada frente a "él" sería chico muerto!
—No lo escuches —intervino su esposa mirándolo de reojo enojada—. Si intentas algo con ella, posiblemente mueras —había dicho la palabra morir tan seriamente que Gold, volvió de desilusionarse, ¿por qué en ese mundo no se podía divertir?—. Pero volviendo al tema… ¿Qué eran esas bestias voladoras?
—Oh, son Pokémon —dijo Gold recordando los hechos de hace unas horas, esta vez, con más seriedad.
—¿Todos son así de poderosos? —Cuestionó Miroku asombrado, observando a Pitaro con algo de reserva.
—No, es porque ellos son especiales. Son legendarios… La verdad, no sé cómo explicarles, no soy bueno en esto —dijo rascándose la cabeza—. Son Pokémon con habilidades más especiales que el resto, controlan algunas cosas, esos dos… —abrió los ojos—… Controlan el tiempo y el espacio… ¡Fueron ellos!
—¿Ellos te dejaron aquí? —Preguntó Sango sorprendida—. ¿Por qué?
—¡Malditos! —Gruño enfadado, la pareja de esposos se mostraron sorprendidos al ver que tanto el chico como su Pokémon empezaban a enojarse, como generalmente lo hacía InuYasha—. ¡Me dejaron en medio de la nada! ¡¿Ahora cómo podré regresar?!
Sango y Miroku se miraron entre ellos. —Pues… —empezó Miroku—. Gold, relájate por favor. Tienes muchas opciones considerando el mundo en el que te encuentras, pero antes de poder ayudarte, tienes que decirnos quienes eran esos Pokémon.
Gold miró al monje un momento, luego, a Sango, ella le miraba con una sonrisa preocupada. Suspiró. —Bien.
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—Señor Jaken, ¿no cree que deberíamos despertarlo?
—¡Rin, aléjate de ese humano! —Gruñó el youkai—. ¡Mira que tiene demonios a su alrededor, pueden ser peligrosos!
—No me han hecho nada señor Jaken —dijo la niña riendo, luego, observo al niño que estaba en el suelo dormido, siendo atendido por dos demonios, uno verde y uno café. Junto con éstos, rodeaban a un niño bajito de cabello rubio y extraño peinado las gemelas y el bebé de Sango.
—¿Está muerto? —Preguntó una de las niñas preocupada.
—Nada de eso, Kago —dijo Rin sonriéndole—. ¿Ves? Respira.
—Rin… —dijo la otra gemela—. Tengo frío.
—Yo también. —Asintió Kago.
—Y yo —admitió Rin, que observó a Jaken de reojo junto con los tres niños.
El demonio verde frunció el ceño, él no le servía a ninguno de esos niños, es más, ni siquiera debió haberlos traído, la única que le habría de importar era Rin y eso porque si no le cuidaba bien, Sesshomaru le mataría sin piedad. Por eso mismo terminaron haciendo una fogata alrededor del niño rubio de ropas y peinado extraño, al que los demonios que traía consigo acunaron en sus brazos mientras le observaban preocupados.
—Disculpen —dijo Rin acomodando al bebé de Sango entre sus brazos, fue el demonio verde el que le miró desconfiado—, ¿Podrían decirnos qué pasó?
—¿Puedes entender a los demonios? —Preguntó Kago intrigada.
—No —negó la niña sonriendo—. Pero el señor Jaken sí.
—Lamento decepcionarte, pero no entiendo nada de lo que estos mononoke dicen —dijo Jaken de mal humor al verse desperdiciando sus poderes en una vulgar fogata.
—Vaya —suspiraron las tres niñas al mismo tiempo, el bebé ya se había dormido.
Un bostezo llamó la atención de todos, miraron al mononoke café, que sostenía al niño que empezaba a despertarse.
—Ah… —Se estiró un poco, los mononoke lucieron alegres de verlo despierto, le dejaron en el suelo mientras éste se orientaba—… ¿Dónde estamos? ¿Seguimos en el Encinar?
—¡Está vivo! —Las voces de unas niñas lo sorprendieron, dos pequeñas gemelas le miraban fascinadas mientras una mayor de aproximadamente su edad le observaba aliviada.
—¡Se lo dije, señor Jaken! ¡Se lo dije! —Exclamó la niña alegre, traía un bebé en brazos y todas usaban ropas extrañas.
Por el momento, la escena no iba del todo normal, pero la cordura total se perdió cuando vio a Jaken y a Ah-Un. Abrió los ojos sorprendido.
—¿Qué tanto ves, mocoso? —Dijo con desprecio.
El rubio abrió los ojos a más no poder. —¡U-un Pokémon que habla!
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Estaba totalmente preocupado, desde que vio aquellas luces desconocidas y los truenos proviniendo en dirección a la aldea de la anciana Kaede, Kohaku se temió lo peor. Ahora montaba a Kirara dirigiéndose a toda velocidad hacia el hogar de su hermana y sobrinos, hasta que sintió a alguien a su lado.
—¡Señor Sesshomaru! —Exclamó Kohaku con sorpresa, al verlo volando a su lado.
—¿Qué fueron esos rugidos? —Preguntó sin verlo siquiera.
—¿Rugidos?... No lo sé, señor Sesshomaru. Pero no parecían de demonios comunes, es más, no sonaban como demonios —comentó el chico mirando hacia el frente—. ¡Ahí están!
No era exactamente la aldea, pero si un campamento de los aldeanos, todos siendo atendidos por la anciana Kaede. Kohaku aterrizó, mas Sesshomaru no lo hizo, solo le bastó pasar por encima para saber que allí no se encontraba a quien buscaba. Tomó otro camino, dejando al exterminador solo.
—¡Anciana Kaede! —Exclamó bajándose de Kirara, que buscaba con su olfato a su antigua dueña—. ¿Qué ocurrió aquí?
—Oh, joven Kohaku —saludó la sacerdotisa sin mostrarse sorprendida por su llegada—. Fue el ataque de unos demonios, no hubo muertos, solo algunos heridos.
—¿Y mi hermana y su familia? —Preguntó angustiado.
—Rin se llevó a los niños en Ah-Un, Sango fue a buscar a InuYasha y Kagome junto con Miroku —suspiró preocupada—. Pero ya se han tardado.
—Si desea… —dijo el chico ya más tranquilo—. Puedo ir en su búsqueda e informarle si pueden volver a la aldea.
—Por ahora nos serías más útil aquí —dijo la mujer seria—. Estamos a la intemperie, en bandeja de cualquier demonio sin ninguna protección, los aldeanos están aterrados, tenerte aquí nos subiría la moral.
—Pero…
—Sango es una mujer fuerte, volverá con InuYasha y Kagome, ya verás.
Kohaku suspiró. —Bien, como usted diga, anciana Kaede, aseguraré el área —se acercó a Kirara que le miraba preocupada—, ve y busca a Sango —le dijo con una sonrisa—. Es probable que te necesite en estos momentos.
No hizo falta una palabra más, Kirara salió volando a donde su nariz le dictaba y Kohaku fue a dar una ronda por el campamento, debía mantener protegidos a los aldeanos.
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—Estos parecen un Shroomish y un Cherubi… ¡¿Ese es un Oddish?!
—Espera un momento —dijo Kagome con seriedad—. ¿Jamás habías visto unos champiñones, cerezas y un rábano?
—Sí, tampoco somos imbéciles en mi mundo —dijo Gold rodando los ojos—. Pero… Por Arceus, ¿cómo consiguieron que estos champiñones parecieran tanto a un Shroomish?
—¡Solo come de una maldita vez! —Gritó InuYasha harto—. Vamos a partir en unos minutos y te quejas por qué comerás… ¡Come o no lo hagas, pero solo tienes cinco minutos! —El rábano terminó en su cara.
—No me gusta la ensalada —repitió lo mismo que le dijo a Crystal—. No soy sádico, viejo, aunque mi inicial sea tipo fuego —comió una cereza.
—Grr… ¡Maldito mocoso, ven aquí y te enseño algo de respeto! —Un rayo lo electrocutó. —¡Arg! ¡¿Q-qué demonios?! —Frente a él, el inocente ratoncito amarillo le miraba molesto, al parecer no le gustaba el tono que usaba contra su entrenador.
Mientras InuYasha peleaba con Pitaro, Gold suspiró comiendo la última cereza, miró a Kagome. —Juro que generalmente como todo lo que me ponen en frente.
—Afortunadamente algunos manzanos no fueron destruidos —sonrió la chica entregándole unas manzanas y otros frutos.
—¡Woah, gracias Kagome! —Exclamó sonriente dándole un mordisco a una manzana—. Es una lástima que estés casada… ¿tienes una hermana gemela?
—Un hermano menor, se llama Souta —rió ante la expresión del chico.
—¿No hay ninguna gemela soltera aquí? ¿Por qué todas tienen hermanos menores? —Gruño el muchacho ante su mala suerte.
—Y bueno, aunque tuviese una hermana gemela, no podrías verla, no estaría aquí —dijo la azabache con algo de nostalgia.
—¿Uh? ¿Pod fé? —Preguntó con la boca llena.
—La señorita Kagome proviene de otra época —dijo Miroku tomando el rábano y mordiéndolo, Gold hizo otra mueca.
—Es otra larga historia —dijo la sacerdotisa restándole importancia—. Lo importante ahora es… ¡InuYasha, baja al Pokémon de Gold ahora mismo!
—¡Esta rata fue la que empezó! —Gritó el hanyō mientras ahorcaba al roedor.
Kagome miró avergonzada a Gold, pero el chico solamente miraba a InuYasha con una sonrisa torcida. —Pitaro, Trueno.
Las nubes se unieron, ocultando a las estrellas, entonces, cuando se acercaron lo suficiente, un potente trueno descendió a la tierra y chocó contra InuYasha y el Pichu, que no sufría como el peli-plateado la descarga.
—¡Ahh! —Gritó soltando al Pokémon que volvió al hombro de Gold, cayó al suelo como generalmente lo hacía con un "abajo".
—¡InuYasha, ¿estás bien?! —Gritó la azabache preocupada arrodillándose al lado de su esposo.
—Maldito… bastardo… —Dijo el hanyō con dolor pero con todo el desprecio que sentía.
—¡Ja! ¡A ver cómo te queda esa! —Pero se cayó cuando alguien le jaló de la oreja—. ¡Ay!
—¡No puedes hacer algo así! —Le reprendió Kagome con seriedad—. Esos ataques son muy poderosos, ¿qué si hieres a alguien de verdad?
—Sólo fue el ataque de Pitaro… —dijo tratando de excusarse, pero Kagome le jaló más—. ¡Auch! ¡Bien, lo prometo, lo siento!
Miroku observó la escena con tranquilidad, como si fuese algo de todos los días, lo más común de todo. Sango suspiró rodando los ojos, ¿por qué los chicos eran tan idiotas?
El silencio de la noche fue roto por el rugir de un animal, todos miraron al cielo y cómo la gata de fuego descendía hasta su antigua dueña, Gold parecía sorprendido y desconcertado, mas Sango y los demás estaban sonrientes y encantados.
—¡Kirara!
—¿Ese es un… demonio? —Preguntó Gold a punto de decir "Pokémon".
—Es un Mononoke —explicó Miroku poniéndose de pie—, una bestia que cuida de la naturaleza.
—Ahora podremos volver con la aldea —dijo Kagome sonriente, soltando a Gold—. Puedes ir encima de Kirara.
Miró al Mononoke que se convertía en una tierna Meowth de bolsillo, negó con la cabeza. —Iré en Explotaro —dijo sacando la Pokéball de su Typlosion.
La sorpresa no faltó cuando salió el Pokémon de la pequeña esfera roja y blanca, el mismo hurón que InuYasha y Kagome habían visto al conocer a Gold. Sango se acercó a éste con curiosidad, había visto a Pitaro, pero entre un Pichu y un Typlosion había un universo de diferencia.
—Que fascinante —dijo sorprendida, observando detalladamente al Pokémon—. ¿Qué elemento maneja?
Claro está, que Gold se había encargado de explicarles todo lo que sabía sobre los Pokémon, menos su forma de reproducción, aquello era un misterio incluso para los mejores criadores de su universo.
—Es un Typlosion —Explicó—. Es tipo fuego, muéstrales Explotaro.
El Pokémon se alejó un poco de la cazadora, por precaución a quemarla, luego, con un gruñido, encendió las llamas de su cuello, sorprendiendo a los presentes que estaban maravillados. Las bestias, esos Pokémon, eran maravillosos.
—Bueno, creo que lo que menos necesitas es protección —bromeó Miroku acariciando a Explotaro por la cabeza, éste sonrió, aquel tacto le gustaba—. ¿Volvemos con la aldea? Quizá la anciana Kaede sepa cómo devolverte a tu mundo.
—Y saber si Emerald está aquí —suspiró—, Crys me mataría si algo le pasara.
—¿Quién es Crys? —preguntó Kagome interesada.
Gold miró a la sacerdotisa y lanzó una risa—. Alguien muy parecida a ti.
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Las niñas jugaban con Sceptile, se divertían con aquel Mononoke (Pokémon) del domador rubio que se mostraba incrédulo a su situación, pero era lo suficientemente listo como para saber que aquello no se trataba de ninguna broma. Rin le pasó un cuenco de agua, el chico lo aceptó mirándola de reojo, algo desconfiado, pero ella solo le atendía radiante.
—Gracias —lo aceptó después de unos segundos, la niña de cabello azabache asintió mientras mostraba sus dientes en una amplia sonrisa.
—Entonces, no eres de este mundo —recordó las palabras del chico—. ¿Cómo es tu mundo?
—No te ves demasiado afectada —señaló el rubio confundido por la actitud tan tranquila de la muchacha.
Ella asintió.
—La señorita Kagome tampoco es de nuestro mundo… bueno, de ésta época —dijo sin perder su buen ánimo—, además, nada es imposible. Así que, ¿cómo es tu mundo?
—Es algo complicado de explicar —susurró el muchacho mirando el cuenco preocupado, no sabía qué hora era ni cómo volver a casa, tanto anhelo había tenido al solo pensar que podía descansar en la casa de Crystal, bostezó.
—¿Tienes sueño ya? —la niña parecía sorprendida—. Pareces un niño pequeño.
—Eh, que puede que sea mayor que tú —dijo cerrando los ojos, recostado en el pelaje de su Snorlax.
Las gemelas, al ver que el niño se había dormido, dejaron a Sceptile en paz y corrieron para acurrucarse cada una a su lado, durmiendo también. Rin tomó al bebé de Sango y lo abrazó, dándole calor.
—Señor Jaken…
—¿Sí?
—¿Cómo cree que estén todos? —Se mostró preocupada.
El demonio sapo la observó callado por un momento, luego resopló—. Estarán bien.
—Sí… —miró al cielo, un momento callada, luego, sonrió ampliamente—. ¡Señor Jaken! ¡Es el señor Sesshomaru!
El sapo miró al cielo, parecía aliviado y asustado al mismo tiempo, claro, como no, Rin estaba con los tres mocosos de Sango a la deriva, acompañados por demonios llamados «Pokémon» y un niño de dudosa procedencia. Aun así, gritó llorando de alegría: —¡Amo bonito!
Sesshomaru aterrizó entre ellos, los Pokémon se pusieron alerta, sin embargo, no efectuaron movimiento alguno, podían sentir el poder de ese hombre, no eran rivales para él. El youkai dirigió inmediatamente la mirada al pequeño que dormía en los brazos del enorme Pokémon oso, acompañado por las dos niñas.
—¿Quién es? —Y cuando decía «¿Quién es?» se refería también a las criaturas que lo acompañaban y olían igual a él.
—E-ese es… —el demonio pequeño empezó a titubear, fue salvado pro Rin que sonrió posicionándose frente al demonio con gran alegría.
—Es un niño de otro mundo y esos son sus Mononoke… O Pokémon, como los llama él —rió—, son muy divertidos y cuidan de él como si fuese un bebé.
Pero el poderoso InuKami no se mostraba tan confiado como la niña que cargaba al bebé, miraba a los Pokémon del chico con frialdad, éstos le desafiaron de igual manera, ¿cómo se suponía que protegerían a su entrenador si no aguantaban una sola mirada?
Esas creaturas eran de otro mundo y a juzgar por las ropas y olor del niño, éste también. Había sentido la fuerza de dos entidades superiores similares a dioses enfrentarse, sintió la distorsión momentánea de su mundo y ahora veía a ese pequeño.
—Señor Sesshomaru, ¿no le gustaría descansar un poco? —Preguntó Rin aun sonriéndole atenta, siempre que podía ver a su amo la hacía muy feliz.
—¡Niña insolente! —Gruñó Jaken inmediatamente—, ¡el señor Sesshomaru es demasiado poderoso como para cansarse! ¡No necesita descansar!
Ignorando los berridos de su lacayo, miró al cielo, las estrellas que estaban en él no eran de ese mundo, esas estrellas no les pertenecían. Su mundo estaba desintegrándose, poco a poco cambiando por otro, miró al rubio que dormía, seguramente él tenía todas las respuestas.
