Disclaimer: PokeSpecial no me pertenece, son propiedad de Hidenori Kusaka. InuYasha es propiedad de Rumiko Takahashi.
Advertencias: Spoilers.
Notas iniciales de capítulo: Ejem... Hola, bueno, he estado trabajando un tiempo en este crossover que es una participación para el foro de DexHolders del Prof Oak. Este es un long-fic que debo entregar terminado hasta el 30, así que... no habrán notas finales de capítulo ya que subiré seguidos los capítulos hoy y mañana, ¡espero les guste!
Capítulo III
En busca de amigos
.
[***]
[Johto; Encinar]
[08:16]
.
—¡Emerald! ¡Gold! —La chica llamaba a los muchachos con todas las fuerzas que le quedaba, sus Pokémon recorrían el bosque buscando a aquellos desaparecidos— ¡Chicos!
—No los encuentro —dijo el pelirrojo llegando a su lado, Crystal se mostró preocupada.
—Sabía que no debí dejarlos hacer mi trabajo… —se lamentó, siempre tan responsable que no se permitía un solo error.
—Estas exhausta —le recordó Silver—, ni siquiera debiste haber venido.
—No llegaron a noche a sus casas —dijo la peli-azul al borde del desespero—, no llaman, no contestan, nadie los vio… ¿Y si les pasó algo malo?
Aquello el Intercambiador no se lo podía negar, estaba también seriamente preocupado por Gold y Emerald, era extraño de ambos haber desaparecido de esa forma, si querían encontrarlos, iban a necesitar ayuda.
.
[***]
[Sengoku; campamento]
[08:16]
.
Horas como esas eran en las que Gold acostumbraba para dormir, no se cansaba de hacerlo, después de los hechos de la noche pasada y la enorme caminata que tuvieron que hacer para poder llegar con la aldea de Kagome (porque poca consideración le tenía a InuYasha como para tenerlo en cuenta), apenas le dijeron dónde podía dormir, se echó sin preocuparse que era un futón duro en un suelo ligeramente húmedo. Solo durmió.
—¡¿Cuánto más piensas dormir, gusano?!
Gruñó, ese no era el dulce despertar que su madre le daba cada mañana. Cubrió su cabeza con la almohada. —¡Cállate! ¡Aún es muy temprano!
—¡Ya salió el sol, ¿qué más esperabas?!
Al ser de mundos y épocas distintas, había costumbres muy distintas también, pero InuYasha no comprendía eso, tomaba la pereza de Gold como inutilidad y un insulto. A penas salió el sol, los aldeanos se pusieron a trabajar, preparando el desayuno, aseándose y recogiendo el campamento para marcharse de nuevo a su maltratada aldea, a esas horas era cuando casi terminaban su trabajo, mientras el invitado que se suponía, tenía todas las respuestas, seguía roncando como si no estuviese en una situación delicada.
—Pitaro, rayo.
El sonido del ataque del Pichu y las quejas del hanyō hicieron que Gold sonriera volviendo a cerrar los ojos, desgraciadamente, en ese preciso instante sintió cómo jalaban de su oreja.
—¡Ay!
—¡Gold! ¿Qué te dije de usar los ataques de tus Pokémon? —Cuestionó Kagome con seriedad, se había olvidado de ello por completo.
—¡Mamá! ¡Auch! ¡Suéltame! ¡Lo siento!
Al sentir la libertad del afloje, se sobó la oreja, no le había agarrado muy fuerte, pero aun así, había dolido lo suficiente como para sentir cómo le palpitaba. Miró a su alrededor, entonces recordó que no estaba de viaje o en su casa, estaba perdido en otro mundo.
—¿Mamá? —Preguntó Kagome sorprendida por cómo le había llamado.
—Uh… lo siento —dijo algo apenado, no había recordado donde estaba.
—No importa —negó Kagome sonriéndole, entendiendo su confusión—, al parecer estás acostumbrado a viajar, no te quejaste por tener que dormir en el suelo.
—En mi mundo —explicó el chico estirándose—, a veces me veo forzado a viajar y dormir en las rutas… ¿Qué hora es?
—Aquí no tenemos relojes.
Gold buscó en su bolsillo su Pokégear, al encontrarlo, abrió los ojos al ver la hora. —¡Pero si son las ocho y diez!
—Bueno, aun no es muy tarde para…
—¡Es demasiado temprano! —Exclamó sorprendido volviendo a la cama—. Despiértenme cuando sean las diez.
Kagome rió nerviosa, sabía que era costumbre de su mundo dormir hasta tarde, pero ahora mismo, toda la aldea estaba preparándose para partir, solo esperaban a que Gold despertara y que ella y la anciana Kaede terminaran de curar a algunos heridos.
—¡Señorita Kagome! —Un aldeano entró a la carpa, la chica lo miró inmediatamente—. Rin y los hijos de la señorita Sango han vuelto, además, vienen acompañados con el señor Sesshomaru y un chico de ropas y peinado extraños.
Gold abrió los ojos inmediatamente, olvidándose de su sueño de flojera y se levantó mirando al aldeano. —¿De qué color es su cabello?
—Es amarillo y tiene una piedra en la frente, señor —dijo el hombre atemorizado—, le confundimos con un…
Pero no le dejó terminar, Gold le había lo había echado a un lado para correr al encuentro de esa persona, Kagome se disculpó en nombre del chico antes de correr tras él, se sorprendió cuando vio entre los aldeanos que trataban de alejarse de los recién llegados, a un chico bajo, acompañado por otros dos Pokémon (porque no parecían demonios de ese mundo) que lucían como sus guardaespaldas.
—¡Emerald! —Exclamó Gold sonriendo antes de correr a abrazarlo con fuerza y apretar su puño contra la cabeza del chico— ¡Me has dado un buen susto, enano! —A pesar de sus palabras, lo decía con una sonrisa aliviada y alegre en sus labios.
—¡Arg! ¡Bájame ahora mismo, Gold! ¡Bájame!
Todos miraban a su alrededor curiosos la escena, si no fuese por la imponente presencia de Sesshomaru, ya se habrían acercado para ver con más claridad a ese par de extraños personajes. Mientras éstos dos peleaban, las gemelas de Sango corrieron al encuentro con sus padres, sonrientes, Rin les siguió.
—Muchas gracias, Rin —dijo la cazadora de corazón mientras recibía al bebé que la niña cargaba en brazos—. ¿Quién es…?
—Un chico de otro mundo —dijo sonriendo—, al parecer se encontró con su amigo.
—Él debe ser Emerald —comentó Miroku cargando a las dos niñas que sonrientes contaban su estadía con el niño y sus Mononoke—, amigo de Gold.
—Genial, ya son dos —gruñó InuYasha cruzándose de brazos molesto.
Sesshomaru observaba la escena con frialdad, los Pokémon de los muchachos estaban mirándolo a él fijamente, expectantes de cualquier movimiento. Al final, el InuKami decidió algo. No quería a Rin ahí con esos dos.
—Rin, nos vamos —dijo con tranquilidad caminando lejos de la aldea.
Todos le miraron inmediatamente, desde que había traído a Rin a la aldea, no le había dicho nada de volver a acompañarlo en los viajes, lo que en parte decepcionaba un poco a la pequeña, por eso mismo, una enorme sonrisa se formó en su rostro, ilusionada y alegre.
—¡Sí! —Asintió inmediatamente siguiéndolo, se dio la vuelta—. ¡Nos veremos después! —Movió su mano despidiéndose.
No había una despedida más larga por temor a que Sesshomaru cambiase de opinión (lo cual era improbable) o que se hubiese alejado demasiado como para seguirlo al ritmo (eso era más creíble). Nadie se atrevió a negar, ni siquiera InuYasha que con brazos cruzados veía cómo la pequeña Rin acompañaba ilusionada al bruto de su hermano.
—¿Dejarán que se la lleven así cómo así? —Preguntó Emerald a Gold que por fin le había dejado en paz—. Ese tipo es peligroso.
—Demasiado —asintió la anciana Kaede acercándose a él—, pero no representa ningún peligro para Rin.
—¿Cómo lo sabe? —Preguntó el niño confundido mientras veía a Jaken agarrar a Ah-Un y correr tras los dos apurado.
—Porque esa niña es el corazón de Sesshomaru —dijo Kagome sonriendo mientras los veía desaparecer al horizonte.
—Keh, ese bastardo no tiene corazón, Kagome —le refutó su esposo.
—Tiempo fuera —dijo el azabache mirándolos confundido— ¿Quién es él?
—Una pregunta mejor —dijo el hanyō mirando al pequeño rubio—. ¿Quién es ese?
Emerald frunció el ceño ante la forma en que lo llamaron, pero fue Gold el que encaró a InuYasha, ambos se miraron con seriedad, mostrando que iba a empezar otra pelea, afortunadamente, la (posiblemente única) persona que podía frenarlos se puso entre ellos, agarró la oreja de uno y al otro lo observó con una palabra marcada en los ojos que lo hizo retroceder.
Los ojos chocolate decían un «abajo» muy claro.
—Hablaremos con tranquilidad y sin peleas, ¿entendieron?
Los dos se miraron entre ellos, como eligiendo quién iba a contradecir a la sacerdotisa, pero ninguno de los dos tenía tanto valor.
Al final, hablaron al unísono con desdén. —Sí, Kagome.
.
[***]
[Kanto; Gimnasio de ciudad Verde]
[08:30]
.
Green disfrutaba del silencio, leyendo uno de sus libros favoritos, aunque la verdad, es que se aburría. No es como si no apreciase su trabajo como líder de gimnasio, solamente que se quedarse solo en ese lugar, sin nadie que hablar además de los chicos de apoyo que lucían exasperantes… Pues, sencillamente no era muy de su agrado. Él era más de entrenamiento y viajar (solo), no de estar encerrado en cuatro paredes sin hacer nada.
Sí, porque muchos temían ir a enfrentarlo o creían que no estaba.
—¡Hey Green! —Ese sonido escandaloso era la salvación de su aburrimiento.
Entró acompañado por una rubia bajita con sombrero de paja, una canasta tejida colgada al brazo y sonriente. Ambos pasaron saludando a los chicos que deseaban aprender de Green y que en unas horas serían echados cuando el castaño se cansase de su presencia.
—Buenos días —saludó cerrando su libro y guardando sus lentes—, ¿puedo saber qué hacen aquí?
—Nos vamos a entrenar al monte Plateado —dijo Red aun sonriendo entusiasta—, ¿nos quieres acompañar?
—¿Vas a ir? —Preguntó Green enarcando una ceja mientras miraba a Yellow, la chica que tanto detestaba las batallas.
Ella sonrió nerviosa. —Bueno…
—No fue fácil convencerla —admitió Red mientras reía, Yellow negó con la cabeza, sonriendo, aun no sabía cómo había llegado a hacerle caso al oji-rojo—. Además, pensamos que estarías aburrido aquí, así que vinimos a ver si querías acompañarnos.
Y principalmente era porque Red sabía que Yellow no iba a luchar con todas sus fuerzas, temerosa a herir a alguno de sus Pokémon. Green suspiró, era mejor eso que estar ahí.
—El gimnasio se cierra por hoy —dijo lo suficientemente alto como para que los demás ayudantes sorprendidos de que el gimnasio se cerrase tan temprano, salieran refunfuñando.
Y entre los chicos que salían, una castaña de gorro blanco entró apurada, buscando a alguien con la mirada, al ver a Yellow, se aproximó a ella con afán.
—¡Yellow, nos vamos a Johto!
La rubia parpadeó un par de veces confundida, Red y Green se miraron entre ellos.
—Buenos días, Blue —saludó Green de forma sarcástica, la muchacha le miró y guiñó un ojo coqueta, el castaño rodó los ojos.
—¿Por qué quieres que vaya a Johto? —Cuestionó la rubia.
La castaña cambió su rostro pícaro a uno preocupado, miró a la chica, los tres se vieron consternados y poco a poco la preocupación de Blue se les contagió.
—Silver llamó, Gold y Emerald han desaparecido.
.
[***]
[Sengoku; campamento]
[09:00]
.
—Hay un pozo, un pozo que te permite viajar por el tiempo —dijo la anciana después de escuchar toda la historia de los muchachos.
—Pero el pozo ya no funciona —replicó el chico de las orejas de perro.
—No buscamos que vuelvan a su mundo por obra del pozo de los huesos —le aclaró volviendo a mirar a los extranjeros—, les buscamos dar esperanza, si hay algo que conecta dos épocas distintas, debe haber algo más que permita cruzar tiempo y espacio por igual.
—Aún no me creo que todo esto sea cosa de Dialga y Palkia —dijo Emerald cruzándose de brazos—, ¿por qué pelean ahora?
—Quién sabe, la última vez, los detuvieron los Holders de Sinnoh —dijo Gold suspirando—, o al menos eso me dijo cuatro ojos.
—Lo que importa aquí —interrumpió la sacerdotisa Kaede—, es que hay una forma para volver a su mundo, solamente deben ir al este, hogar del dragón.
InuYasha frunció el ceño. —El dragón del este está muerto.
—Te equivocas InuYasha, un demonio tan fuerte es muy complicado de asesinar —negó para la sorpresa de todos—, el verdadero problema es tu relación con ese gran ser.
—No lo conozco de nada —se defendió inmediatamente.
—Pero él a ti sí, después de todo, has matado a su hijo —le recriminó con seriedad, el hanyō no pareció captar la idea, la anciana suspiró—, Ryūkotsusei, el demonio que derrotaste con la técnica del Bakuryūha.
Kagome e InuYasha abrieron los ojos sorprendidos, mientras Emerald y Gold se perdían cada vez más y más.
InuYasha sabía lo que aquello implicaba, si de verdad el dragón de este seguía vivo, estaba en Japón y lo conocía por matar a Ryūkotsusei, estaban fritos. Miró a Kagome, ella obviamente insistiría en acompañarlo y estaba seguro que Sango y Miroku le seguirían también. Observó a los dos extraños, por culpa de esos dos ahora estaban en un problema.
—¿Y si no les ayudamos?
—¡InuYasha! —Le reprendió Kagome.
Gold y Emerald abrieron los ojos, el rubio iba a replicar, pero Gold se le adelantó.
—Pues iremos nosotros solos —dijo el criador—, hemos pasado cosas peores, podremos con esto.
—Keh, lo dudo mucho.
El azabache se acercó a InuYasha con una sonrisa arrogante. —Yo me enfrenté a un dios Pokémon, a la vez con otros tres Pokémon legendarios, ¿cómo crees que conocí a Dialga y Palkia?
—Pues yo, bastardo —el hanyō le encaró—, me he enfrentado a miles de demonios poderosos, ejércitos de ellos, puedo alardear.
Las miradas chocaron, los presentes suspiraron, esos dos eran muy idiotas.
—No pueden ir, si algo les ocurre en el camino habrá un enorme problema con el espacio-tiempo —negó la anciana suspirando, los dos dejaron de mirarse para pedir una explicación—, ustedes dos, son de otro mundo, no pertenecen aquí, además, puedo suponer que son muy necesarios para el lugar de donde vienen —hizo una pausa—, el cielo ya no es el mismo, muchachos. Su mundo los está reclamando y si no van a él, él vendrá a ustedes.
—¿Está diciendo que el mundo de Gold y Emerald va a fusionarse con el de nosotros? —Preguntó Kagome asombrada.
—Pokémon y demonios… —Emerald parecía espantado. Los Pokémon eran creaturas razonables, dulces de corazón y dispuestos a forjar lazos con su entrenador. Los demonios eran bestias que buscaban la destrucción, algunos no tenían ni corazón o razón.
—Entonces deben llegar lo más pronto posible a su mundo —dijo Kagome con seriedad, InuYasha ya sabía a dónde iba eso.
—Kagome…
—Nosotros los ayudaremos —dijo la azabache ignorando al peli-plateado, luego les sonrió—, hay alguien esperándolos allí, ¿no?
Emerald miró a Kagome sorprendido, sin saber qué decir, la simple sonrisa de esa mujer le daba una calidez maternal que solo pudo encontrar en su más grande inspiración, Crystal. Sin embargo, bajó la mirada, no sabía qué ocurría en su mundo o si estaban preocupados por él.
—No sé… —murmuró para sorpresa de Gold. Y era cierto, no sabía nada.
.
[***]
[Sengoku; sendero]
[10:00]
.
Todos en la aldea caminaban en silencio, las niñas montaban a Kirara con Kohaku y el bebé, todos los demás caminaban, mientras Gold andaba en su patineta meditabundo, la charla con la momia… la anciana Kaede, le había dado mucho que pensar, miró a Emerald de reojo, el chico no estaba muy alegre de estar atrapado en ese mundo con él, quizá si hubiese sido con Crystal, Ruby o Sapphire, se aguantaría, pero no, tenía que ser con el troglodita del criador.
—Aun creo que no deberíamos hacer esto —dijo InuYasha con seriedad, caminando al lado de su esposa.
—Están en problemas, si podemos ayudarlos, ¿por qué no hacerlo? —dijo la azabache mirando al cielo.
El hanyō suspiró, Kagome era demasiado buena a veces.
.
[***]
[Johto; Ciudad Olivo]
[10:00]
.
Escucharon la bocina del barco indicando el fin de su marcha y llegada al destino. Crystal era la que esperaba a sus compañeros, puesto que Silver se lo había ordenado, sabiendo que si la dejaba sola, buscaría como demente, incluso en el lago.
—¡Crys! —La voz de su sempai mayor llegó a sus oídos antes de que un fuerte abrazo la atrapara.
—Hola Blue —sonrió mientras correspondía al abrazo, la castaña le tomó por los hombros.
—¡Pero solo mírate! Luces agotada.
Es que estaba agotada, aun así, sonrió. —No es nada.
—¡Hola Crys! —Saludó un entusiasta muchacho, bajando con algunas maletas de equipaje, Green estaba a su lado cargando otras dos y Yellow los seguía de cerca cargando la suya.
—Vinieron todos… —dijo asombrada, esperaba solo ver a Blue y Yellow, no al cuarteto de Kanto completo.
—Son Gold y Emerald los que están en problemas, ¿no? —Red le sonrió—, pues venimos a ayudar.
—Y para reemplazarte, querida, te ves devastada —dijo Blue cruzándose de brazos.
Crystal los observó a todos un momento antes de echarse a reír y sonreírles con amabilidad. —Muchas gracias.
Todos le sonrieron, menos Green que se limitó a observarla con un asentimiento de cabeza. Los Dex Holders de Kanto estaban preparados para ayudar en lo que fuera necesario.
—El trío de Hoenn vendrá en la noche —dijo sin poder borrar su sonrisa—, ¿quieren que los lleve a casa para que desempaquen?
—De eso se encargaran los caballeros, ¿no es así? —Miró a Red y a Green, cuando ambos se dispusieron a discutir aquello, pero les ignoró para sonreírle a Crystal—. Yellow va a ir a Encinar para empezar la búsqueda y yo iré por ciudad Iris. ¡Bien! Todo resuelto, nos vemos a la siete aquí de nuevo para recibir a los chicos de Hoenn.
Sin decir una palabra más, Blue se despidió de todos y sacó a Jiggly para irse volando a ciudad Iris, dejando a los chicos con el equipaje, Green inmediatamente le lanzó una maleta a Red.
—Tú llevarás la maleta de esa mujer ruidosa —dijo dando a entender que ni aunque le pagaran, llevaría esa maleta.
—¡Eh, pero…!
—Mejor la llevo yo —dijo Yellow riendo nerviosa, si algo le pasaba a la maleta por culpa de cualquiera de los chicos, lo iban a pagar y caro.
Crystal se limitó a reír, había extrañado a sus sempais.
.
[***]
[Sengoku; pradera]
[12:00]
.
Después de dejar la aldea al cuidado de Kohaku y reparar el puente, los seis viajaron al este, en completo silencio, InuYasha iba cargando a Kagome, Miroku y Sango sobre Togetaro (que no estaba muy feliz) y Gold viajaba encima de Explotaro junto con Emerald, todos siguiendo la nariz del hanyō.
—Emerald —habló Kagome, el niño la miró impresionado de que le dirigiera la palabra—, no nos habíamos presentado, soy Kagome Higurashi y quería disculparme por lo grosero que fue mi esposo en la aldea.
El peli-plateado bufó, Emerald la miró perplejo. —¿Es tu esposo? —Asintió. El chico no dijo nada al respecto, solamente para no ofender a Kagome—. Bueno, uh… gracias. Yo soy Emerald, el Domador —dijo mirando a otro lado incómodo.
Kagome les miró curiosa.
—Deben explicarme por qué se llaman así.
—Oh, bueno… es algo largo de explicar —dijo Emerald sin saber muy bien por qué el reciente interés en ellos.
—Es porque somos Dex Holders, es nuestra habilidad —dijo Gold con orgullo—, yo crio Pokémon, el chico raro los doma —Pitaro saltó alegre en la cabeza de su entrenador.
—¿Y qué es un Dex Holder? —Preguntó Miroku curioso, que volaba sobre Togetaro al lado de ellos.
—Somos los que poseemos una Pokédex y unas habilidades —dijo Gold con simpleza antes de caer en cuenta de algo—… ¡AHHH! ¡Mi Pokédex, mi palo de billar, mi radio! ¡Todo estaba en mi mochila! ¡Debemos volver!
—¡Gold espera! —Gritó Sango antes de que ordenara a Explotaro devolverse—. Será complicado encontrar tu bolsa de viaje, si como dijiste, la perdiste en una tormenta, será difícil sabe dónde cayó o si siquiera si no se rompió.
El azabache se sentía a morir, no podía llegar y decirle a Oak que había perdido la Pokédex, ni aunque hubiese sido en un universo alterno, esa Pokédex era nueva. NU-E-VA. ¡Lo iba a asar vivo! Y dudaba que tuviese alguna de repuesto, si el profesor Oak no lo mataba, Elm y Crystal sí. Se detuvo, todos lo hicieron con él.
—¿Y ahora qué? —Se enojó el hanyō.
—Estás en problemas —dijo Emerald que, aunque no quería disfrutar con ello, lo hacía terriblemente.
—Enano… —Gold gruño, haciendo el ademán de lanzarlo del Pokémon, aunque se detuvo cuando escuchó una voz chillona.
—¡Kagomeeeee! —Todos miraron como una bola rosa con ojos se acercaba a ellos levitando lentamente, cargando algunas cosas, que Gold reconoció como suyas.
—¡Shippō! —Sonrió la azabache bajándose de la espalda de InuYasha.
—¡Pero si es un Jigglypuff! —Exclamó Emerald incrédulo, un golpe en la cabeza le hizo enojar.
—Que ahí no hay Pokémon —le recordó Gold
La esfera rosa levitó hasta ellos y cerca de Kagome explotó dejando una pequeña nube de polvo y mostrando a un niño con cola, orejas y ropa curiosa que llevaba en su espalda la mochila de Gold y su palo de billas.
—¡Kagome! —La abrazó alegre, ésta le recibió con cariño. Después de un momento, el zorrito miró a la chica separándose un poco—. ¿Están bien? Escuché que la aldea fue destruida.
—Sí, pero no hay problema, todos los aldeanos están bien —le aseguró sonriendo.
Emerald que estuvo hace un momento enojado con el azabache, cambió sus facciones inmediatamente, mirando cómo la chica sostenía al niño en brazos con cariño maternal, la sonrisa que ambos tenían de tenerse uno al otro. Se deprimió al instante y de eso se dieron cuenta Sango y Gold.
—Emerald, ¿estás bien? —Preguntó la mujer preocupada, Kagome volteó a verlo junto con Shippō.
El rubio se incomodó con tanta atención. —Eh… sí, lo estoy.
Gold no se mostró muy convencido con ello, pero su atención se posó en el niño que traía sus cosas. Se bajó de Explotaro. —¡Hey! ¡Esa es mi mochila!
El niño miró a Gold, no se mostró muy confundido, pero si curioso. —Lo encontré entre unos matorrales cuando venía para acá —comentó mientras Kagome lo acercaba para devolverle sus pertenencias—, no eres de aquí, ¿verdad?
Gold no contestó, buscó desesperadamente todo lo que estaba dentro de la mochila, cuando Emerald creyó que buscaba la Pokédex, el azabache sacó una bolsa de galletas, mostrándose aliviado. Todos le miraron con una gota gruesa en sus cabezas.
—Aquí estaban —dijo con alegría tomando la bolsa y llevándose una galleta a la boca— Facias —agradeció a Shippō con la boca llena mientras le daba una galleta en forma de gratitud.
—Uh… no es nada —aceptó mientras la olfateaba y le daba un pequeño mordisco, sonrió—. ¡Es delicioso!
—¿Verdad que sí? —Asintió el chico sonriéndole por igual.
—¿Qué es eso? —Preguntó InuYasha acercándose a sentir el dulce aroma de los postres.
Gold le miró con recelo. —Galletas —le dio la espalda.
—Dame una —demandó mientras trataba de buscar la bolsa con la mirada, pero siempre que lo hacía, Gold se lo impedía masticando otra nueva.
—Si te arrodillas… —dijo el chico con malicia.
InuYasha era muy orgulloso y había decidido desde que lo vio que no le agradaba, y jamás se arrodillaría ante nadie que le desagradase ni por esas sucias galletas, quizá si fuera ramen. Miró a Shippō que disfrutaba de la suya, lo que hizo fue quitársela de las manos.
—¡Oye! —Se quejó— ¡Devuélvemela, es mía!
Pero de un mordisco se la comió toda con una sonrisa de satisfacción. Shippō sintió sus ojos humedecerse, pero fue Kagome la que respondió por él.
—InuYasha… —Ay no—. ¡ABAJO!
—Ouch —murmuró Emerald mirando sorprendido cómo el chico estrellaba su cabeza contra el suelo.
—¡¿Por qué siempre haces eso?! ¡Abajo! —Gold empezó a dejar de disfrutar aquello, incluso, llegó a sentir lástima por el chico—. ¡¿Cuándo piensas madurar?! ¡Abajo! ¡Deja a Shippō de una vez! ¡Abajo!
—InuYasha es un tonto —suspiró Sango—, siempre molesta a Shippō a pesar de que sabe que el resultado siempre será el mismo.
—Es solo que es muy infantil —dijo Gold con una sonrisa arrogante mientras le extendía otra galleta a Shippō, el kitsune la aceptó gustoso.
Había decidido que ese chico le agradaba más que InuYasha.
Pero Emerald miraba a Gold enojado, reprochándole sobre «¿Quién es el infantil?» si él siempre les quitaba los dulces a los niños del orfanato hasta que Crystal llegaba y le daba un buen sermón. Además, era un irresponsable, él lo sabía, estaba haciendo eso solo para dejar mal a InuYasha. Pero de eso se estaba encargando Kagome.
—¡Abajo, abajo, abajo, abajo, abajo! —Fin, por fin Kagome había terminado de decir esa condenada palabra.
Emerald se compadeció del hanyō. —¿Por qué le pasa eso? —Preguntó al aire, esperando a que alguno le contestara, ese fue Miroku.
—¿Ves el rosario que tiene alrededor de su cuello? —Asintió—, es el rosario Kotodama, una forma de disciplina para nuestro querido amigo. Si dices el conjuro, que por ende es…
—Abajo —otro golpe, ahora sí había terminado.
—Exactamente ese, el rosario impulsará a InuYasha al suelo, dándole su merecido —terminó de explicar.
De todo eso, el domador sacó una sola conclusión: «Pobre hombre».
.
[***]
[Johto; Encinar]
[20:00]
.
Del barco bajaron dos muchachos, un chico que observaba todo con una sonrisa y una chica que cargaba las maletas de ambos sin ninguna dificultad igual de sonriente. Johto tenía un ambiente muy diferente a Hoenn, Ruby extrañaba el que fue su hogar alguna vez y Sapphire estaba maravillada de conocer una nueva región, tanto, que ni si quiera se había molestado por discutir con Ruby o tratar de recordarle cierta cosa.
—¿En dónde vivías? —Preguntó caminando por el puerto, el mar de Johto no se comparaba con el de Hoenn, pero se maravillaba por él también.
—Ciudad Iris, podremos quedarnos ahí —dijo el azabache con suficiencia.
—¡Chicos, por aquí!
Ambos miraron a alguien que traía una enorme bolsa de papas y una amplia sonrisa alegre, era Red, lo reconocieron inmediatamente, aunque se preguntaban qué hacía él solo ahí.
—¿Qué tal el viaje? —Preguntó sonriente una vez cerca de ellos.
—¿Qué hace aquí, sempai? —Preguntó Ruby confundido—, ¿no nos íbamos a ver en el Encinar?
—Sí pues… Es que nos separamos, Yellow se quedó en el Encinar, Silver fue a algunas ciudades, Crys está descansando, Green está hablando con Elm y Blue con la madre de Gold —comió una papa—, a mí me dijeron que preguntara a algunos entrenadores, pero me dio hambre.
La risa de Red solo les hizo sonreír nerviosos, hubo silencio un momento hasta que Sapphire les miró más seria.
—¿Aún no saben nada de Rald?
Red negó. —La idea de llamarte fue de Silver, dice que con tus habilidades de rastreadora podrías encontrarlo más sencillo.
La chica no supo qué decir, estaba preocupada pero a la vez halagada de que la hubiesen tenido en cuenta para tal misión.
—Solo no te pongas a olfatear como una salvaje como siempre haces —le dijo Ruby sin mirarla.
Ella le frunció el ceño. —¡No cuestiones mis métodos de búsqueda!
—Te vestías con ropas de hojas, permíteme cuestionarte.
Red rió nervioso al ver cómo la chica empezaba a quejarse a gritos de su compañero, algo sobre «afeminado» y «amnesia», el chico se mostraba confundido e indignado por sus acusaciones y lo único que el campeón de Kanto pudo hacer, fue retroceder lentamente y fingir que no los conocía.
