"La historia me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer"

Capítulo uno

Camino los últimos pasos que me quedaban hasta la orilla del mar y me detengo, dejando que el agua moje mis pies y tobillos. Me dedico a mirar los reflejos de los rallos del sol sobre el agua, al fin y al cabo es algo bonito, ¿no? Se supone que debería apreciar la belleza de ese momento, pero no es así. No me siento con el ánimo suficiente para estar filosófica y en "modo artista". Solo quiero meterme en mi cama y dormir. Dormir mucho y todo el verano.

No es que no estuviera feliz, que lo estaba, pero no estaba contenta. ¿Extraño? Tal vez, pero el ser humano es complicado oye, yo no puedo hacer nada con eso.

Hoy, una semana después de empezar las vacaciones de verano, mi hermano vino a casa por primera vez en años. Estaba estudiando su carrera universitaria, periodismo, en otra ciudad. Cuando tenía 19 años decidió que quería independencia y aventuras y se fue. Ahora, seis años después, volvió a casa. Se siente como una buena noticia, ¿verdad? Pues no, no lo es.

Cuando corría emocionada a abrazarle, ya que los últimos seis meses no habíamos estado en contacto, me fijé en una chica rubia parada a su lado, pero no le presté mucha atención. Mi hermano era guapo y tenía muchas amigas, sería una más. La decepción me la llevé cuando, después de abrazarnos y besarnos prácticamente toda la cara, sujetó la mano de la chica y la presentó como su novia. Según me dijeron mis padres, yo no estoy segura, la miré con cara de asco antes dar media vuelta e irme a ver la televisión.

Reconozco que, tal vez y solo tal vez, la chica no me caiga bien solo por el hecho de estar con él. Sí, soy una hermana celosa de su hermano. Pero es que tengo un motivo, tal vez no es un motivo que el mundo vaya a aceptar y entender, pero para mí es más que suficiente. Estoy enamorada de mi hermano. Sí, lo estoy y no tengo ningún problema en admitirlo. Nunca lo vi como alguien de mi sangre, nunca lo sentí como mi familia. La frase correcta sería, nunca me sentí como parte de esta familia, como si yo no encajara y algo me alejara de ellos, de la idea familiar que tiene el mundo.

Supongo que ese es uno de los motivos por los que nunca fui cercana a mis padres, no del modo en el ellos querían que lo fuese o en el que mi hermano lo es. No encajo en su mundo, no encajo en esta familia. Desde que tengo uso de razón, me recuerdo cerca de mi hermano. Jugando con él, mirándole con admiración, persiguiéndole a todos lados, quejándome a él cuando alguien me molestaba… Por su parte, él también me protegió mucho y se preocupaba mucho por mí. Nos llevamos ocho años de diferencia por lo que siempre fui su hermana pequeña preferida, y la única que tiene. A medida que iba creciendo, mi admiración de niña iba cambiando a una de adolescente con las hormonas locas. Un día que me fui a lavar los dientes a su baño, ya que el de mi cuarto estaba estropeado, me lo encontré solo con una toalla alrededor de su cintura. Por esa época yo tenía 14 años y él 22 y me pareció el hombre más guapo e increíble del planeta, el resto de niños pasaron a segundo plano y solo él me importaba. Con el paso de los años, me terminé enamorando de él porque ¿quién lo conoce mejor que yo, que soy su hermana? Aun que he de aclarar, que esto no me ha impedido tener mis propias relaciones amorosas que nunca van a ningún lado pues no consigo olvidarme de mi hermano.

Unas manos en mi cintura, que me sacan de mis pensamientos, me abrazan desde atrás. Me dejo tirar hacia su pecho y noto su mentón sobre mi cabeza. Otra diferencia con mi familia, todos son altos menos yo. Mido 160cm, como leí en algún lugar de Internet, soy un miniom.

-Cada vez que vuelvo a casa te veo más llena de tinta-. Comenta, acariciando con su mano derecha mi nuevo tatuaje, que empieza en mi espalda baja, justo sobre el trasero, y va subiendo hasta el cuello.

-Me lo hice hace tres meses-. Contesto sin ganas- Lo sabrías si hubieses estado aquí cuando debías.

Lo escucho suspirar y sus manos dejan de acariciarme, se aleja un paso de mí. Me giro y lo miro unos segundos, lo extrañé tanto. Pero estoy tan enfadada con él por tener novia, sé que no tiene culpa de que yo esté enamorada de él, pero eso no evita mi enfado. Al fin y al cabo voy a cumplir los 18 en unos meses, mi comportamiento irracional es comprensible. Paso por su lado, en dirección a la casa, quiero dibujar un poco. Tal vez un nuevo tatuaje.

Y es que sí, amo los tatuajes. Me encanta dibujar algo y luego tener la opción de tenerlo permanentemente sobre mi cuerpo. Obviamente, cada cosa que dibujo y me tatúo tiene un significado importante para mí. El tatuaje más nuevo recorre toda mi columna vertebral, se trata de una carretera larga que acaba con una interrogación, que está sobre mi nuca y escondida por mi cabello. A los lados de la carretera está sombreado con un color marrón claro, como si esa carretera estuviera en el desierto. Sobre mi omóplato izquierdo tengo una niña con un pincel en una mano dibujando en un lienzo, mi pasión. En mi hombro derecho empieza una cadena vieja y medio rota, que baja por mi cintura, torciéndose sobre ella y acaba sobre mi cadera con un candado en forma de corazón a punto de romperse. En la parte baja izquierda de mi espalda, una flor de loto, negra y violeta. En mi tobillo derecho, no todos iban a ser en la espalda, una herradura y en el izquierdo el tatuaje del mundo en miniatura. Soy una macarra o así me definen mis padres. No entienden mi amor por los tatuajes y los piercings. Y es que también tengo, uno bajo la lengua y el otro está escondido. Poca gente sabe que lo tengo.

Cuando paso las puertas de cristal, que dan a la playa, al entrar al salón me encuentro con toda la gente que mis padres invitaron para darle la bienvenida a su hijo mayor y al que tanto quieren. No es que a mí no me quieran, que lo hacen, pero no me entienden y eso nos distancia mucho. Reprimo un suspiro y busco a mis padres con la mirada, me los encuentro cerca de la mesa hablando con la novia de Emmet, mi hermano.

Mi hermano pasa por mi lado sin mirarme y se acerca a nuestros padres y su novia, a la que sujeta por la cintura, de la misma manera que hizo conmigo hace unos minutos, y la besa en una mejilla. Ella le responde con una sonrisa. Ruedo los ojos, todo esto me parece tan absurdo y estúpido. Desde la fiesta, hasta la rubia que acabo de conocer. Me dirijo hasta el sofá de cuero blanco, porque mis padres molan mucho, y me siento. Me dedico a observar a la gente que acudió a la bienvenida, todos con dinero, todos bien vestidos y todos unos aburridos. Detengo mi mirada sobre mi familia, de nuevo. Son todos tan parecidos. Altos, guapos, mi madre rubia, mi padre y hermano morenos, ojos azules y todos con carrera en el mundo de la televisión. Mi madre fue modelo y ahora tiene una agencia de modelos, mi padre es director de cine y mi hermano periodista, como ya dije. Y luego estoy yo, bajita, pelirroja, ojos marrones, pecosa y enamorada del arte. No encajo en este mundo, esto no es para mí. No soporto a esta gente que me mira y me señala solo por tener el cuerpo tatuado, estoy segura de que todos se hacen la misma pregunta, ¿qué salió mal en el embarazo de mi madre?

Permanezco sentada en ese sofá, dejando que la gente me mire mal por llevar un bikini y un short en vez de un vestido "veraniego" súper caro. Cuando un chico, que se debe de haber creído que por mi estilo soy una chica fácil, se sienta a mi lado y empieza a acariciarme la pierna mientras me dice que vaya con él a algún sitio más privado, llego a mi límite. Sujeto su mano con la mía, clavándole las uñas de forma poco disimulada, y se la aparto de mi piel.

-Lo siento- sonrío falsamente-, no me van los estirados.-Suelto su mano como si me diera asco sostenerla y me levanto. Paso de seguir perdiendo mi tiempo con gente que no me importa y a la que no le importo. Me encierro en mi cuarto que es justo el que está al final del pasillo, no hay pérdida, y me tiro en la cama. Me dedico a mirar el blanco techo de mi habitación durante unos minutos, metida en mi mundo de artista, tan alejada del mundo real que no me doy cuenta de que alguien está invadiendo mi intimidad hasta que me agarra del brazo. Le miro, ruedo los ojos y vuelvo a mirar al techo.

-¿Qué haces aquí, Emmet? Tu fiesta y tu novia están fuera de este cuarto.

Escucho sus pasos de un lado a otro de mi cuarto y su suspiro. Puedo imaginármelo pasándose las manos por el pelo, frustrado por mi cabezonería y no ser capaz de entenderme. Le conozco tan bien.

-¿Podrías levantarte de esa cama y comportarte como una persona adulta?- se nota que está intentando contener su enfado.

Suelto una risita entre dientes y luego resoplo.

-Ambos sabemos que no soy una adulta, no pidas imposibles- abro los ojos y los enfoco en él-. Pero ya que me lo pides de esa forma tan agradable, te daré el gusto.

Me levanto y me paro delante de él, a tan solo cinco pasos de distancia. Lo noto incómodo con mi cercanía, sé que no le gusta tenerme así, sobre todo después de lo que pasó la última vez que estuvo en casa, hace un año. Sonrío al recordarlo.

-¿Nervioso?- pregunto socarronamente.

Veo como su manzana de Adán se mueve, nervioso. Sé que él también se está acordando de ese día. Sonrío, contenta por saber que él no lo ha olvidado, que todavía puedo recordarle lo que pasó cuando quiera. Soy cruel, pero disfruto de saber que todavía forma parte de su memoria. De repente, su ceño se frunce de nuevo y me mira furioso.

-Prometimos no volver a sacar ese tema y olvidarlo.

Me acerco a él y le señalo con el dedo, ahora yo estoy molesta.

-No, no te equivoques. Tú fuiste el que dijo eso, no yo. A mí no me apetece olvidarlo, es más, me gustó que me besaras- digo con mi cara muy cerca de la suya.

Le miro a los ojos y un sentimiento de dicha se propaga por mi cuerpo al verlo con los ojos cerrados. Acerco mi boca a la suya.

-¿No te gustaría volver a repetirlo?-susurro, nuestros labios rozándose.

Me sujeto de su cuello y me pongo sobre las puntas de mis pies, quiero estar lo más cerca posible de él. Darío no me abraza, pero tampoco me aleja de él, así que me lo tomo como algo bueno. Tiro de él hacia mí y le beso, sin profundizar. De nuevo él no me corresponde, pero no se aparta. Estoy casi segura de que él desea esto tanto como yo, pero no se suelta porque soy su hermana. A mí eso me da igual, como estoy demostrando.

Siento como aprietan mis muñecas y alejan mis brazos de su cuello, abro los ojos sorprendida.

-¿Qué haces?- medio jadeo, medio grito.

Empuja las manos contra mi pecho y yo me alejo un paso de él. Suspira con los ojos cerrados y luego me mira. Lo noto tenso.

-¿Estás loca? ¡Soy tu hermano!- dice agitado, al mismo tiempo que me sacude ligeramente.

Alzo una ceja, sin dejar de mirarle a los ojos, y sonrío irónicamente.

-Ya, ¿y? No parecía importarte mucho cuando me besaste…

-¡Estaba borracho!- me interrumpe gritando. Gira la cabeza hacia la puerta y al ver que no viene nadie, me mira, serio-. Escúchame bien, lo que pasó esa noche fue un error, ¿vale? Bebí mucho y me dejé llevar. Eres guapa y no pensaba con claridad.

Sus palabras me duelen, muchísimo. Escucharlo decir que para él fue un error me hace sentir miserable. Es el recuerdo más bonito que yo tengo, después de mi infancia a su lado claro está, y ser consciente de que no se siente como yo… bueno, no me encuentro especialmente bien con esa información. Mis hombros se caen y bajo la cabeza.

Lo escucho suspirar y me abraza, me besa la parte alta de mi cabeza. Yo solo intento no llorar, al menos no delante de él. Se aleja y camina hacia la puerta, la abre y antes de cerrarla se detiene un momento, mirándome.

-Te quiero- mi corazón comienza a acelerarse tras esa declaración-, pero eres mi hermana y solo te veo de esa forma.- y tras esas horribles palabras, cierra la puerta.

No me muevo del sitio, no levanto la cabeza. Solo me llevo las manos al pecho y las dejo allí. Cierro los ojos y respiro profundamente, no quiero llorar. No por algo que ya sabía que era completamente imposible, yo era la estúpida que se había montado películas. ¡Mierda, era mi hermano! Estaba absolutamente claro que nunca se iba, ni va, a sentir como yo. Yo soy la que tiene el problema, la que jamás lo vio como lo que es, mi hermano. Abro los ojos, los froto con mis puños y suspiro para darme ánimos. Hay que superarlo, no voy a vivir estancada en un imposible. Miró mi cama y pienso en volver a tirarme en ella, pero no me apetece perder tiempo no haciendo nada, así que aprovechándome de los sentimientos que tengo, me decido a pintar un poco.

Por suerte, es lo que suelen decir las personas, mi familia tiene mucho dinero, por lo que se pueden permitir una casa grande. Lo que significa que mi habitación es grande, gigante diría yo, y me permite tener varios armarios con mis pinturas, pinceles, lápices, blogs, lienzos y un caballete en una esquina; supongo que es la parte buena de tener dinero, puedo tener todo lo que quiero. Aun que en mi caso solo sea pintura y un lugar donde pintar. El resto del cuarto es bastante normal, una cama de matrimonio en medio, una mesilla a cada lado, una alfombra blanca en medio del cuarto; muy suave por cierto, una puerta para el baño y otra para el vestidor. Y es que sí, siguiendo con el cliché, no tengo un armario normal, tengo una habitación aparte para mi ropa, zapatos, bolsos y mierdas varias. Absurdo, ya que la ropa que me gusta y suelo usar no ocupa ni la mitad.

Me sujeto el cabello en una coleta, camino hacia mi "esquina del arte", como yo la llamo, y empiezo a preparar todo lo que voy a necesitar. Las siguientes horas las dedico a expresarme mediante mis dibujos, mi pintura, mis lápices. Cuando termino de pintar y salgo de mi mundo, me doy cuenta de que ya es de noche y que la fiesta debió de acabar hace mucho. Miro el reloj de la mesilla. La una de la mañana. Sorprendida me aparto el pelo de la cara, si que había estado mu perdida en mi pintura. Doy unos pasos y me detengo en medio de la habitación, sobre mi suave alfombra, y es que a pesar de sentirme cansada y ser tarde, no me apetece irme a dormir. Recuerdo que mi padre tiene botellas de alcohol en su despacho, sí más clichés, y me decido a ir a robarle una botella. Me apetece beber y emborracharme sola, ¡estoy en la playa!

Con mis manos y parte de mi cabello manchados de pintura, me dirijo hacia el despacho. No me molesto en caminar de puntillas, estoy segura de que mi madre se tomó sus pastillas para dormir y a mi padre no lo despierta ni un terremoto, por otro lado, dudo que mi hermano esté en casa. Hace seis meses que no ve a sus amigos, por lo que habrá salido de fiesta y se llevaría a la rubia con él. Finjo una arcada cuando pienso en ella, que mal me cae. Llego a mi destino, abro la puerta y me meto dentro corriendo, cerrando la puerta igual de rápido, aunque sin hacer ruido. Camino hacia el mueble-bar, ¿alguien dijo cliché?, miro las botellas y me decido por una de whisky. Encuentro unos vasos pequeñitos en una parte del mueble, me echó un poco de alcohol y otro poco de agua, no lo voy a repetir pero ya sabéis a que me refiero. Le doy un sorbo y arrugo la nariz, miro el líquido.

-Esto sabe a mierda.- susurro, luego le doy otro trago. Me gusta beber, aun que el whisky no es mi fuerte.

Estoy empezando mi segundo vaso, cuando me fijo en que uno de los cajones del escritorio de mi padre está abierto. Lo miró con el ceño fruncido, se supone que ese cajón en particular debería estar cerrado. Quiero decir, siempre estuvo cerrado con llave. Lo miro fijamente unos segundos, decidiendo si acercarme a cerrarlo o dejarlo como está. Al final me decido por cerrarlo, aun que una vez que mi mano está en el borde del cajón, a punto de empujar para cerrarlo, accidentalmente se me resbala y termino cogiendo uno de los primeros papeles que hay. Yo no soy culpable de nada, el cajón estaba ahí con los papeles al descubierto, tengo 17 años y soy una curiosa. Ese primer papel es una solicitud de adopción, bueno la copia. No lo entiendo, ¿mis padres quieren adoptar? ¿Ahora? Miro el resto de documentos con duda, ¿debería? Me encojo de hombros, ahora que ya he cometido el delito, lo terminaré.

A medida que voy leyendo los siguientes papeles, todo es más confuso. ¿Por qué aparece una foto mía de bebé? ¿Por qué en cada formulario aparece mi nombre? Todo es muy confuso, al menos para mi mente algo alcoholizada, hasta que llego a algo. "Acta de adopción", ¿ya consiguieron adoptar? ¿Dónde está el niño, luego? Leo el papel por encima hasta que llego al nombre del niño. Repaso el nombre de nuevo y repito ese proceso cinco veces más. Me tapo la boca con la mano, para no gritar. Leo el nombre una última vez y un gemido se me escapa.

-Esto es una puta coña.- susurro. Mi mente no reacciona, no sé qué pensar, estoy en shock.


Y aquí está el primer capítulo. Espero que os guste.

¿Qué os imagináis que va a pasar a partir de este descubrimiento? Me gusta leer teorías, así que sorprenderme.

¡Good night!