"La historia me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer"
Capítulo 2
Mientras me dedico a mirar el mar, de nuevo, no dejo de darle vueltas a esos papeles. ¿Eran reales? Supongo que mis padres no se dedicarían a falsificarlos, ¿no? Quiero decir, ¿qué ganarían? Nada, nada de nada.
Me llevo la botella de whisky a la boca y le doy un largo trago, porque sí, me traje la botella conmigo. Si antes quería emborracharme, ahora tengo la necesidad de hacerlo. Lo sé, lo sé. El alcohol no arregla los problemas y es una frase muy bonita, pero es mierda. Mierda de las grandes. No ayuda a superarlos ni a que desaparezcan, pero al menos me olvido de ellos momentáneamente, así que le doy otro trago en honor a todos los "no bebedores" del mundo.
Miro la hora en el reloj que cuelga de mi cuello, porque soy genial y llevar un reloj en la muñeca es una gilipollez. Las dos y media de la mañana. Llevo la botella al frente de mi cara e intento enfocar la mirada en ella. Parece… ¿casi vacía? O tal vez le queda un cuarto del contenido. Me encojo de hombros y me levanto, una vez de pie cierro los ojos y me toco la cabeza. Mierda, me mareo. Comienzo a caminar cuando siento que el suelo deja de moverse, llego a la puerta de cristal y la abro, haciendo que la botella en mi mano derecha choque contra el cristal y haga ruido. Me meto corriendo en casa y cierro la puerta, haciendo ruido de nuevo. ¡Venga ya! Miro mal a la botella, ¡puto whisky! Que además sabe a mierda. Me doy la vuelta y lo primero que veo es a mi padre, con los brazos cruzados y una mirada molesta. Primero mira mi mano y su contenido y luego me mira a los ojos. Levanto las cejas, animándole a que diga algo.
-¿Hija?- dice mi madre, que está detrás de mi padre.
En medio de la bruma del alcohol, soy consciente de que me estoy riendo como loca. Me detengo un segundo y miro a mis padres, que están visiblemente confundidos con mi comportamiento. Me he emborrachado miles de veces, ellos lo saben, pero nunca me he comportado de esta manera cuando ellos estaban delante. Los observo fijamente, notando el color de su cabello, sus rasgos faciales, su piel tan libre de pecas. Todo tan diferente a como soy yo. No puedo evitarlo, y dudo que quiera, y empiezo a reírme de nuevo. Parezco una desquiciada.
-¿Hija?- repite mi padre, acercándose a mí.- ¿Estás borr…?
Levanto mi mano derecha, callándolo. No me apetece escuchar sus sermones, no a esta hora y no después de mi descubrimiento.
-No me llames hija- respondo, sin dejar de sonreír. Sus expresiones varían, desde una mirada confundida en mi padre hasta una asustada en mi madre. Ruedo los ojos.- Los tres sabemos a qué me refiero, ¿no?- espero por su respuesta, pero ellos solo se miran, dudosos, preguntándose que pueden decir. Hago un ruido con mi garganta, como un pequeño gruñido, quejándome por su indecisión.- Qué carajo, ¡sé que soy adoptada!- mis manos golpean mi cadera, al parecer las levanté cuando grité.
Después de mi grito nos quedamos en silencio, solo escuchando los sollozos de mi madre, quien se cubre la cara con las manos, y mi respiración acelerada. Cuando me enfado, luzco como si hubiera corrido una maratón. Mi padre abraza a mi madre, quien esconde la cabeza en su pecho, y luego me mira, con el ceño fruncido. Puedo ver que está dolido por esta situación, pero molesto por mi actuación. Bien, me da igual. Yo no soy la que ha ocultado un dato importante durante casi 18 años.
-Creo que deberías mostrarnos más respeto, jovencita.- ruedo los ojos por el apodo, siempre me llamó de esa manera. Aun que también me siento algo culpable por mi reacción, pero en mi estado me importa muy poco.- ¿Cómo lo descubriste?
Cambio mi peso de un pie a otro. Me siento molesta, triste, incómoda, mareada, engañada. Tengo un cúmulo de sentimientos en mi interior que no soy capaz de aclarar.
-El segundo cajón de tu escritorio.- digo a media voz. Me da algo de vergüenza admitir mi curiosidad, mi padre nunca me había dejado acercarme a ese cajón y esa regla estaba muy implantada en mi cabeza. Aun que hace rato no lo pareciera. Veo como frunce el ceño y abre la boca para regañarme, pero no le dejo.- Estaba abierto, ¿vale? Iba a cerrarlo, pero durante años me prohibiste acercarme, que ahora que tuve la oportunidad no lo pude evitar.- me miro los pies- Aun que no debería haberlo hecho.- susurro.
-¿Qué hacías tú en el despacho de tu padre?- escucho la voz de mi madre.
Levanto la cabeza y la miro, ha separado la cabeza del pecho de mi padre, pero todavía siguen abrazados. Parece que se están apoyando y reconfortando el uno al otro. Casi me siento mal por como los estoy tratando, pero entonces recuerdo que si no hubieran ocultado esto, no hubiese crecido creyendo que Emmet era mi hermano y no tendría ningún impedimento para estar con él.
-Ahora entiendo porque nunca me sentí parte de esta familia- susurro mirándoles-, porque nunca encajé, porque nunca me tratasteis como a Emmet…
-Alto ahí.- me interrumpió mi padre, con voz seria y fuerte.- Nunca te tratamos de forma diferente a Emmet. Tú eres nuestra a hija a todos los efectos, te quisimos y cuidamos como tal, jamás hicimos diferencias.
No puedo evitarlo y suelto un bufido por su comentario.
-Eras tú, cariño- miro a mi madre confundida-. Tú te aislabas de nosotros. A medida que fuiste creciendo, nos dimos cuenta de que eras consciente de tus diferencias físicas y tus gustos hacia nosotros. Nunca preguntaste, simplemente te aislaste en tu mundo y no nos permitiste entrar a tu padre y a mí- se separa de mi padre y se acerca a mí. Yo solo la miro, confundida por lo que dice-. Te pasabas horas encerrada en tu cuarto, dibujando y pintando. Cuando queríamos pasar tiempo contigo, tú preferías pintar. Solo dejabas que Emmet se acercara a ti.
¿Era eso cierto? ¿No fueron ellos los que me apartaban? ¿Los que hacían diferencias entre Emmet y yo? Sí que recuerdo que prefería pasar mi tiempo libre pintando, antes que con mis padres, pero siempre creí que era porque notaba su rechazo. Entonces… ¿era yo? Fui consciente de mi falta de estatura, mi cabello rojo, mis pecas, mis gustos… todo me hacía tan diferente a ellos, que lo tomé como si ellos fueran a rechazarme. Miro a mi madre, los ojos me pican y no puedo ver bien.
-Yo… yo creí que no me ibais a querer por no ser como vosotros, por no ser lo que esperabais.
Mi madre me miró con sus ojos llorosos llenos de cariño, me sonríe.
-¿Cómo no íbamos a quererte?- mi padre se acerca, apoyando su mano derecha en el hombro de mi madre-. Eras y eres la niña más bonito que yo había visto, te quise desde el momento en el que te pusieron en mis brazos y vi esas manchitas en tu nariz- solté una risita nerviosa, avergonzada.
-Nos dolió que nos apartaras de tu vida- habla mi padre-, pero decimos darte espacio. Veíamos como te comparabas con nosotros, como sacabas diferencias entre nosotros y tú, pero decidimos esperar a que preguntaras. Nunca lo hiciste, así que íbamos a contártelo en tu 18 cumpleaños.
-Pero para eso aun queda un mes.- dije.
Mi padre aprieta amorosamente el hombro de mi madre.
-Nosotros también necesitábamos tiempo para hacernos a la idea de perder a nuestra pequeña.- sonríe tristemente.
Y ahora me siento mal. Me siento la peor persona del mundo al ser consciente de lo que ellos dos hicieron por mí, de cómo aguantaron mi distancia hacia ellos, de cómo me respetaron y me quisieron de todas formas. Entonces me doy cuenta de lo egoísta que soy al querer reprocharles algo que solo hicieron por mi bien.
-No lo había visto de esa forma.- los miro a los ojos-. Aun que nunca os lo dije, os quiero mucho.
Mi madre sonríe, lágrimas deslizándose por sus mejillas. Levanta su mano y acaricia mi cachete derecho. Me apoyo en ella, permitiéndome disfrutar de ese cariño que me prohibí durante años.
-Te pareces tanto a ella- susurra.
Abro los ojos rápidamente, la ansiedad y el miedo haciéndose presentes en mi cuerpo.
-¿A ella? ¿Quién es ella?- pregunto con cautela. Tengo pánico a la respuesta.
Mi madre me sujeta las manos y me lleva hasta el sofá, donde nos sentamos sin separar nuestras manos. Acaricia el dorso de mi mano derecha con el pulgar de su mano izquierda, luego se seca las lágrimas con la otra. Vuelve a sujetarme con las dos. Yo espero, estoy impaciente por conocer la respuesta, pero quiero darle algo de tiempo. Sé que es un tema difícil. Chupa su labio inferior y me mira, intenta sonreír.
-Tu madre.- dice simplemente, con una voz muy suave. Espera por mí, porque diga algo, pero estoy sin palabras. No sé qué decir, ni como sentirme. Creí que sería una adopción normal, no esto. No que ella conocía a mi madre biológica.- Era mi mejor amiga en la universidad- empieza a hablar al ver que yo estoy demasiado confusa-, nos conocimos el primer día y nos hicimos inseparables.- me mira con cariño y me acaricia el cabello- Era igualita a ti, ¿sabes? Pelo rojo y largo, demasiado bajita, también tenía pecas, aun que muchas más que tú- acaricia mi nariz y yo sonrío en medio de las lágrimas.- También era artista. Le encantaba pintar, recuerdo que siempre llevaba un cuaderno en su bolso.- habla con cariño de ella. ¿Qué significaba eso? Debe de notar mi inquietud, ya que vuelve a acariciar mi cabello, queriendo tranquilizarme- Sigue viva, creo. No la veo desde el día en el que te adoptamos.
No puedo soportarlo más y me levanto, necesito caminar. Toda esa información me está confundiendo y haciendo que me ahogue. ¿Desde cuándo mi vida es una jodida telenovela? Me aparto el pelo de la cara y me hago una coleta, necesito sentirme despejada y el cabello me molesta. Me detengo frente a mi madre, a unos pasos de ella, sobre el frío suelo.
-¿Me… Me abandonó?
Mueve la cabeza, negando. No se levanta, sabe que quiero y necesito espacio y aire.
-Tuvo que hacerlo- la miro confundida, inclino la cabeza hacia un lado. Mi madre suspira, dándose valor para comenzar a contar un gran secreto. Para mí, por supuesto. Mi padre se sienta a su lado, sujetando sus manos, apoyándola-. Sus padres eran muy controladores y estrictos. Desde el día en el que nació, ya tenían planeado casarla con el hijo de una familia amiga- ve el horror en mi cara y asinte-. Entre familias con dinero todavía se lleva hacer negocio con los hijos. Creció sabiendo quien sería su marido, como iba a ser su vida, como debería ser ella, lo que debía estudiar. Todo, absolutamente todo estaba planeado para ella y lo aceptaba, no conocía otra cosa- sonríe con cariño-. Hasta que lo conoció a él, a tu padre. Era un chico de clase media, que quería formar parte del ejército, era la aspiración de su vida.
-Según tu madre me dijo, fue amor a primera a vista. Pasaron años manteniendo su relación en secreto, hasta que sus padres decidieron que debía casarse ya y optaron por fugarse. Sus padres venían cada semana a mi casa a exigirme que les dijera dónde estaba su hija, por supuesto jamás les dije nada. Dos meses después de su fuga, me llegó una carta suya. No me decía donde estaba, pero si me contó que se habían casado- niega, sonriendo-, deduzco que pasaron por Las Vegas, y que estaba embarazada. Me dijo que estaba siendo muy feliz con él y que estaban contentos porque en unas semanas él empezaría su primer viaje con el ejército. Me sentí feliz por ella, era un alma libre que estaba encerrada en una vida de lujos, con padres controladores. Con el paso de las semanas sus padres dejaron de venir a casa y no recibí más cartas.- hace una pausa y su sonrisa se borra. Mi corazón se acelera, ahora viene lo malo.- Cuatro meses después de la primera carta, me llegó otra. Estaba tan contenta de recibir noticias suyas, que la información que contenía me dejó momentáneamente atontada.
-Su marido había muerto- se seca las lágrimas con la mano, que tiembla mucho. Mi corazón se salta un latido y duele, duele como la mierda. ¿Mi padre biológico está muerto?- Una bomba explotó y los alcanzó a él y cinco hombres más. Y allí estaba ella. Sola, embarazada de cinco meses y con riesgo de aborto. Me dijo donde estaba viviendo y viajé rápidamente hacia allí. Estaba tan mal cuando me la encontré, rodeada de máquinas, con los ojos rojos, llorando continuamente… Me rompió el corazón y la ayudé. Me la llevé a una casa que tenían mis padres en California y contraté a un doctor. Pasamos allí tres meses, hasta que sus padres aparecieron en la puerta- pude ver, claramente, la rabia en sus ojos-. Habían contactado con el doctor, quien por una cuantiosa suma de dinero les dijo donde estábamos y les habló sobre el embarazo de mi amiga-sonríe irónicamente-, me encargué personalmente de denunciarlo por romper la confidencialidad médico-paciente. Unos meses más tarde ya no podía ejercer como médico, y aun que no hizo que mi amiga pudiera vivir tranquila, me alegré de haberme vengado de ese hombre que nos vendió e hizo que ella fuera infeliz.
-Sus padres se la llevaron de la casa y la encerraron en una casa que tenían en el campo, increíblemente me dejaron ir con ellos. La noche en la que dio a luz, entre lágrimas me pidió que escapara contigo. Había escuchado a sus padre hablando acerca de darte en adopción a unos amigos de la familia y ella no quería que tu pasaras por su misma situación- me mira y sonríe-. En cuanto vi tu carita, tan rosadita y tus pequeñas manitos tocando mi pecho, no pude negarme. No quería que tuvieras una vida como la de tu madre. Esa misma noche escapé de la casa contigo y no he vuelto a saber nada de esa familia. Cuando regresé, fue fácil hacer creer a la gente que eras mi hija. Llevaba muchos meses fuera, así que se lo creyeron. Emmet se molestó mucho conmigo, había faltado a su cumpleaños número siete y le había ocultado que iba a tener una hermanita. Sin embargo fue verte y se enamoró de ti.
Miro a mi madre sin mirarla, con la vista fija en sus ojos, pero sin ser consciente de ello. Solo puedo pensar en todo lo que me acaba de contar. Mi madre biológica, sus padres, mi madre, mi padre biológico. Estaba muerto, él estaba muerto y no lo iba a conocer. Me cubro la boca con mi mano temblorosa y me derrumbo. Por todos y por todo. La muerte de mi padre, mi adopción… mi vida fue una mierda nada más nacer. ¡Me separaron de mi madre!
Me dejo caer en uno de los sofás, me cubro la cara con las manos y lloro. Lloro mucho, lloro como si nunca lo hubiera hecho antes. Demasiados descubrimientos en un solo día. Necesito estar sola y pensar, necesito alejarme de todo y respirar. Necesito saber que hacer conmigo y con mi vida. Levanto la cabeza y miro a mis padres, quienes están abrazados, apoyándose el uno al otro. Mi padre no ha hablado mucho, pero sé que esto le afecta de la misma forma que a mi madre. Carraspeo y ellos me miran. Respiro profundamente, armándome de valor para hablar.
-Quiero irme mañana con Emmet.
