III- Cambios
Era ya por la noche. Asch no le había dirigido la palabra desde lo de Guy, pero Luke sabía perfectamente que estaba despierto. Lo notaba ahí, agazapado dentro de él, observando en silencio. Tal vez estaba pensando exactamente qué nuevos insultos iba a dedicarle a raíz de su pequeña desviación. Después de todo, había formado parte de los Caballeros del Oráculo, el ala militar de la Orden de Lorelei, y a ésta nunca le habían gustado ese tipo de cosas.
En Auldrant ni siquiera existía una palabra para las personas que se veían atraídas por otros de su mismo sexo. No porque fuera algo poco frecuente, sino porque se tenía la creencia de que si no se le daba un nombre sería más fácil hacerlo desaparecer, pues la gente no podría pensar siquiera en ello. Y funcionaba: no era algo prohibido, no estaba penado de ninguna forma, ni siquiera había amenazas cuando aparecía, por la sencilla razón de que nadie hablaba de ello jamás. Si le pasaba a uno, no lo decía. Si le pasaba a alguien conocido, tampoco. La única reacción que suscitaba eran miradas de reojo y un ligero desprecio que siempre podía ir fundado en cualquier otro motivo, una cierta manía de fijarse más en los errores de esa persona de lo normal y ponerle más trabas a la hora de abrirse camino en la vida. Algo que a corto plazo apenas se notaba, pero a la larga, mirando hacia atrás, se hacía evidente.
Asch, sin duda, se había criado bajo aquella filosofía, como todos los habitantes de Auldrant. El mismo Luke se habría sentido avergonzado de ello si no fuera porque tenía ya demasiados motivos para sentir vergüenza de sí mismo. Era una réplica, iba a casarse con la prometida de su original y había destruido una ciudad entera con su estupidez. No, no iba a sonrojarse por el simple hecho de que le gustasen los hombres, y así pensaba decírselo a Asch si éste se atrevía a reprocharle algo.
Cuando se metió debajo de las sábanas y cerró los ojos, exhausto después del agitado día y creyendo ya que el otro pelirrojo no iba a decir palabra, la voz de éste sonó en su cabeza:
"¿Cuánto tiempo?"
Luke abrió los ojos, sorprendido.
"¿Qué?"
"¿Cuánto tiempo hace que... Guy y tú...?"
Suspiró. Bueno, al menos no había empezado a insultarle todavía. Aunque eso seguramente era porque no había palabras en el idioma para la gente como él; tal vez estuviera buscando alguna en ispaniense antiguo.
"No lo sé, la verdad" respondió, con la mirada perdiéndose en el artesonado del techo. "No recuerdo un día en el que Guy no estuviera a mi lado. No sé cuándo empezó a sentirlo... no sé cuándo empezó a gustarme él a mí. Simplemente, pasó. Cuando... volví, Guy vivía en Sheridan, ayudando en la investigación sobre nuevas máquinas fónicas, pero vino conmigo a Baticul para ayudarme a instalarme, para ayudarme a... volver del todo. Siempre habíamos estado cerca, pero empezamos a acercarnos mucho más. Y un día, después de entrenar, me besó."
Sonrió levemente al recordarlo. Sucedió porque había bajado la guardia unos segundos y Guy, ni corto ni perezoso, lo había acorralado entre la Joya de Gardios y la pared en apenas un parpadeo. Se habían quedado tan cerca que respiraban el mismo aire, recordaba bien haber pensado que si tenía que suceder alguna vez, ese sería el momento perfecto, y entonces...
"Creo que para él fue un salto al vacío" continuó. "Estaba aterrorizado de que no sintiésemos lo mismo. Yo jamás me habría atrevido a tomar la iniciativa como lo hizo él, por más seguro que estuviese."
Asch guardó silencio unos momentos, como si estuviera ordenando sus ideas.
"¿Lo sabe Natalia?" preguntó al fin. Luke se rascó los lacrimales.
"Claro que lo sabe. Lo que no sabe es que yo sé que ella lo sabe" sonrió. "Guy se lo dijo, por supuesto, no soportaba ocultárselo. No me consultó al respecto, por cierto, pero se dejaron la puerta mal cerrada y les oí hablar. A los demás ninguno de los dos les hemos dicho nada, pero desde hace unos meses me temo que Jade se huele algo."
De nuevo silencio. Luke se revolvió y se giró hasta quedarse de lado, hecho un ovillo entre las sábanas. No sabía cómo interpretar el mutismo de su original.
"¿Estás buscando alguna nueva forma de insultarme por esto?"
"¿Qué...? No, claro que no. ¿Qué te hace pensar eso?"
"Bueno, eres un General Celestial, y a la Orden no le gusta que... ya sabes."
"No me confundas con un sacerdote, réplica, yo soy un soldado. Y creo que cada uno puede hacer lo que le dé la gana con quien le dé la gana en su tiempo libre."
"¿Y entonces por qué estás tan callado?"
Una breve pausa. Asch parecía estar debatiéndose consigo mismo entre si responder o no, pero finalmente lo hizo:
"No te metas en mis asuntos, desecho, y yo no me meteré en los tuyos."
Y así dio por finalizada la conversación. Luke suspiró y cerró los ojos, había ido mejor de lo que esperaba. Que Asch fuera tan tolerante había sido toda una sorpresa, si tenía que ser sincero consigo mismo, pero una sorpresa agradable al fin y al cabo. No esperaba que les diese su bendición a él y a Guy ni nada por el estilo, eso desde luego, pero al menos no tendría que preocuparse por su consciencia refunfuñando detrás de su cabeza.
Mientras se quedaba dormido, aún pudo notar que Asch seguía despierto, pensando en Lorelei sabía qué.
En los días que siguieron, Luke procuró acostumbrarse a ser capaz de hablar con Asch y estar pendiente del resto del mundo a la vez. Aunque su original no estaba demasiado comunicativo, de vez en cuando le preguntaba sobre algún tema del que se estuviera hablando, seguramente para terminar de ponerse al día de lo que se había perdido. Los únicos sobresaltos que sufrieron en una semana fueron culpa de Guy y su costumbre de colarse en el dormitorio de Luke por la ventana a casi cualquier hora. Cuando esto sucedía, normalmente era Asch quien se despertaba primero (su instinto de soldado seguro que tenía algo que ver), y las primeras veces Luke había tenido que fingir un mareo o dolor de cabeza para poder centrarse en tranquilizarle y asegurarle que no había nadie intentando asesinarlos. Por lo que parecía, Asch no se fiaba ni de su sombra, y despertarse en medio de la noche sintiendo la presencia de otra persona en la habitación sin poder moverse para averiguar quién era o si iba armado le provocaba auténtico pánico.
"No es pánico" le había corregido él alguna vez. "Es ansiedad. Es una situación familiar y me trae malos recuerdos."
Luke suponía que se refería a casi once años atrás, cuando le habían raptado para crear una réplica que lo suplantase. En cualquier caso, con el tiempo Asch fue acostumbrándose a las visitas nocturnas de Guy, aunque Luke no quería ni imaginar cómo debía de ser estar atrapado en su interior mientras Guy lo besaba... o hacía cosas menos inocentes que un simple beso. Asch, sin embargo, parecía haber encontrado una forma de alejarse de lo que percibía a través de sus sentidos, y cuando no era capaz de "mirar para otro lado", simplemente intentaba dormir y olvidarse del asunto.
"¿Cómo lo haces?" le preguntó un día Luke, curioso. "Lo de ignorarnos, ya sabes."
"Soy un soldado, ya te lo he dicho muchas veces. A los Caballeros del Oráculo se los entrena para resistir la tortura. Te enseñan a no escuchar las señales que envía el cuerpo por más fuertes que sean, a aislarte e ignorar el dolor."
"¿Estás comparando el sexo con la tortura? ¿Estás seguro de que no eres un monje?"
"¡Claro que no lo estoy comparando, estúpida réplica! Sólo digo que el principio es el mismo. Placer o dolor, los dos se pueden ignorar por igual, aunque uno cueste más que el otro."
De vez en cuando, Luke se sentía un poco culpable por aquel tipo de situaciones. En alguna ocasión se había disculpado con su original, porque estaba claro que a éste no le hacían ninguna gracia, pero este le decía que se olvidara de que estaba ahí porque eso era justo lo que haría él en su lugar. Además, si no actuaba normalmente, el joven pelirrojo acabaría levantando sospechas.
Pronto, la semana de tregua que les habían concedido a Natalia y a él respecto al asunto de la boda se terminó. El rey los llamó a una reunión con él apenas un día después de cumplirse el plazo, y esta vez no hubo largas que valiesen. Fijaron la fecha en cuatro meses, para tener tiempo de organizar la ceremonia y avisar a los invitados, y acordaron anunciarlo oficialmente al día siguiente. Natalia permaneció callada durante toda la reunión. Luke apenas tomaba la palabra cuando le preguntaban, cosa que no sucedió muchas veces; casi todo lo hablaron sus padres y el rey Ingobert.
Podría haber protestado por ello, pero no lo hizo. Después de todo, si ya estaba todo decidido por él, ¿para qué iba a hablar? En lugar de eso, se dedicó a mirar de reojo a Natalia de vez en cuando, asegurándose de que no se derrumbaba. La joven princesa se mantenía entera por el momento, pero la tensión contenida en su gesto no garantizaba que fuese a aguantar así mucho más. Como un acantilado con la parte inferior socavada por las olas, que si se mira desde arriba parece firme pero desde abajo está claro que tarde o temprano cederá.
"¿Pasa algo con Natalia que no me hayas contado?" murmuró de repente Asch. Luke parpadeó.
"¿Además del hecho de que va a casarse conmigo, con todo lo que eso implica? Que yo sepa, no."
Asch guardó silencio unos momentos.
"No puedo creer que esto le esté afectando tanto. Tiene que haber algo más."
"Asch, mira... Natalia no es la misma que conociste. Desde tu... Desde lo que pasó, ha cambiado."
"No puede haber cambiado tanto. Tiene que haber algo más aparte de todo esto, estoy seguro."
Luke no respondió, tenía la impresión de que sería inútil. Asch debió de quedarse rumiando aquello durante el resto de la reunión, ya que no volvió a decir nada.
-Bien, pues eso es todo. Por hoy, hemos terminado.- Tras esas palabras del rey, la reunión se disolvió. Ingobert y el duque se fueron por un lado, hablando a media voz sobre algún asunto al que Luke no prestó atención; mientras Suzzane acompañaba a Natalia, intentando darle conversación sin demasiado éxito. El joven pelirrojo, por su parte, se escabulló discretamente de vuelta a la mansión Fabre. Tenía que hablar con Guy, convencerlo cuanto antes de que se marchara. No quería que estuviese allí cuando se anunciase la boda, ni tampoco que su madre lo involucrase en la organización, cosa que seguramente haría. Suzzane estaba tan entusiasmada con todo aquello...
Guy estaba en su habitación, uno de los cuartos de invitados de la primera planta. Ahora que no era un sirviente, los duques lo alojaban en una habitación privada durante sus largas estancias en la mansión. Luke lo encontró sentado sobre la cama, sacándole brillo a su espada con expresión ensimismada, aunque el joven alzó la mirada de inmediato en cuanto él entró.
-¿Ya os han soltado?- bromeó, envainando el arma y dejándola a un lado. El pelirrojo se dejó caer a su lado en la cama-. ¿Alguna novedad?
-Ninguna. Padre sigue decidiendo las cosas por mí y el tío Ingobert creyendo que hace lo mejor para su hija, madre sigue tan entusiasmada que es imposible negarle nada, Natalia continúa fingiendo que esto no le afecta... Ya sabes, lo de siempre.
-Hay fecha ya, ¿verdad?
-La hay. Cuatro meses. Mañana lo anunciarán públicamente.
Guy se tumbó a su lado y rodeó su cintura con un brazo. Luke, vagamente, notó cómo Asch se preparaba para dejar de prestarles atención, y entrelazó los dedos con los de su antiguo sirviente. Respiró hondo y lo miró a los ojos.
-Guy, tienes que irte.
Él hizo un gesto de dolor y desvió la mirada.
-Me necesitas aquí, no puedo irme- replicó.
-Da igual lo que yo necesite, tú tienes que volver a Sheridan. No querrás estar aquí cuando mi madre empiece a buscarme padrino.
-Creía que me concederías ese honor- bromeó Guy débilmente. Luke frunció el ceño.
-Escúchame bien, Gailardia. No vas a ser mi padrino. De hecho, no vas a involucrarte en nada que tenga que ver con la boda, y tampoco vas a aceptar la invitación que te mandará mi madre. ¿Lo has entendido?
Guy se limitó a sonreír y acariciarle la mejilla.
-¿Alguna orden más, Su Alteza?
-Guy, estoy hablando en serio. No quiero que estés aquí.
Él lo miró unos segundos con los labios entreabiertos, y Luke estuvo tentado de tirarse de los pelos. Lo que acababa de decir había sonado horrible, aun a pesar de que lo había dicho con buenas intenciones.
-Lo siento- se disculpó enseguida-, quería decir que...
-Sé lo que querías decir, tonto. Es que se me hace raro que seas tú el que me proteja a mí, normalmente es al revés- murmuró Guy. Luke lo abrazó y entrelazó sus piernas con las suyas.
-Mañana te irás a Sheridan. No voy a aceptar un "no" por respuesta.
-No quiero irme.
-Y yo no quiero que te vayas. Pero te vas a ir, por tu propio bien.
Porque los dos sabemos que si te quedas, lo vas a pasar mal. Ninguno de los dos lo dijo en alto, pero ambos lo pensaban, Luke estaba seguro.
-Te quiero- susurró Guy. Luke se estremeció y se giró hasta quedar sentado a horcajadas sobre sus caderas. Se miraron a los ojos unos momentos, y Guy terminó cediendo con un suspiro-. De acuerdo. Mañana me iré. Pero pienso hacer que vayas a despedirme cojeando.
Luke no tuvo tiempo ni de verlo venir: cuando quiso darse cuenta, las tornas se habían invertido y estaba atrapado entre el cuerpo del otro y las sábanas de la cama. Pero no le importó demasiado: iba a ser su última noche juntos en una temporada, y su determinación llevaba ya un buen rato minándose. Agradecía que la conversación se acabase así y en aquel momento, pues de haber seguido hablando, seguramente habría terminado arrepintiéndose de sus palabras y rogando a Guy que se quedara. Y el joven conde Gardios tenía que alejarse de los preparativos de la maldita boda a cualquier precio, porque si ya hablar de ello le dolía (y Luke sabía perfectamente que le dolía, lo veía en sus ojos cada vez que alguien sacaba el tema) estar presente mientras se orquestaba sería terrible para él.
Esa noche, Luke no durmió en su habitación, y efectivamente a la mañana siguiente arrastraba una ligera cojera al andar. Pero ocupados con el anuncio de la boda y con darles la enhorabuena a él y a Natalia, nadie se dio cuenta de ello, ni de sus disimulados gestos de dolor cada vez que se sentaba.
Guy se quedó hasta después de la comida. Mientras todos dormían la siesta, se deslizó dentro de la habitación de Luke para despedirse (un beso, un abrazo, un par de deseos de suerte y un hasta pronto) y se marchó, dejando recado al duque para avisarle de que había recibido noticias importantes de Sheridan que requerían su atención inmediata y para disculparse por no poder despedirse con más calma. Luke lo observó salir de los terrenos de los Fabre desde su ventana, y cuando su figura finalmente desapareció al otro lado de la verja, se apoyó en la pared y se dejó caer hasta quedarse sentado en el suelo, con lo que una punzada de dolor atravesó la base de su espalda. Apretó los dientes, ignorándolo y tratando de contener el temblor de sus labios.
-Soy imbécil, ¿verdad, Asch?- murmuró, enterrando la cabeza entre las manos.
"Lo eres, desde luego. Pero apuesto a que no por los motivos que crees."
-¿Ah, no?- replicó con voz débil.
"No. Creo que eres imbécil porque sigues hablándome en voz alta pese a que estoy dentro de ti. ¿Por qué crees tú que lo eres?"
"Venga ya, mírame. He hecho que Guy se marche y ya le estoy echando de menos. Doy pena."
"Has hecho lo que debías."
Levantó la cabeza.
"¿Lo dices en serio?"
"Sí."
Luke se quedó callado durante unos momentos, desconcertado. Una vez más, esperaba una burla que no llegó.
"¿Por qué crees que he hecho lo correcto?"
"Si Guy se queda, verá día a día cómo todo el mundo se alegra por Natalia y por ti, cómo te vas alejando cada vez más de él, y no podrá hacer nada por evitarlo. Sufrirá. Y tú... supongo que también le quieres, y como es normal, no quieres que lo pase mal. No es tan difícil de entender. Si fuera yo, haría lo mismo."
Luke sonrió con algo de tristeza. Claro que Asch haría lo mismo. Lo había hecho ya, en realidad, cuando Natalia y él se volvieron a encontrar, hacía tanto tiempo: se había alejado de ella porque ya no era el mismo de antes, y cuando la princesa descubriese hasta qué punto había cambiado, las cosas que había hecho... sufriría, seguro que sí. Dolía saber que alguien a quien se amaba había muerto, pero que ese alguien se convirtiese en otra persona totalmente distinta era aún peor. La distancia en esos momentos era la medida de seguridad más eficaz posible. Pero la situación no era exactamente la misma, y Asch pareció darse cuenta de repente, a juzgar por sus siguientes palabras:
"Porque le quieres, ¿no?"
La réplica se miró las manos distraídamente. La izquierda estaba llena de callos, la mayoría de sostener su espada y unos pocos de escribir.
"No lo sé. Me gusta, pero... no sé hasta qué punto. Sólo sé que cada vez que me dice te quiero, me siento incapaz de contestarle, pero aun así, cuando no está ahí... le echo muchísimo de menos."
"Ya veo. Es complicado, entonces."
"Por llamarlo de alguna manera, sí."
De nuevo silencio.
"Asch, llevas varios días bastante pensativo. ¿Va todo bien?"
"Estoy atrapado dentro del cuerpo de mi réplica, que por cierto tiene serios problemas emocionales, se acuesta con un hombre y va a casarse con mi prometida. Va todo perfectamente, gracias."
"Oye, siento no haberte prestado mucha atención en los últimos días. Tenía muchas cosas en la cabeza."
"Olvídalo, desecho. Es sólo que tengo demasiado tiempo para pensar, y pienso demasiado."
"¿Qué quieres decir?"
Asch no contestó.
"Asch, me acabas de aguantar contándote mis penas, lo menos que puedo hacer por ti es devolverte el favor. Igual puedo ayudarte, incluso."
"Vale, vale, pero sólo porque sé que o te lo digo o no me dejarás dormir" bufó él, y a Luke no le costó nada imaginárselo mirándole con aquella cara mezcla de exasperación y desprecio tan suya. Contuvo una carcajada y se cruzó de brazos, expectante. "Con todo esto de que... Bueno, de Guy y tú... me ha dado por pensar, si yo... Bueno, si eso viene de..." Asch se interrumpió, demasiado avergonzado para seguir, y Luke frunció el ceño.
"¿Si he heredado mis gustos de ti, de alguna manera?" probó.
"... Sí. Eres mi réplica, después de todo. Y ya te he dicho que tengo demasiado tiempo para pensar."
Luke sacudió la cabeza y se rascó los lacrimales. ¿De verdad Asch se estaba preguntando ese tipo de cosas? Un cosquilleo en la garganta le previno de la risa que luchaba por abrirse paso desde su pecho.
"Ahora el imbécil eres tú, con todos mis respetos."
"¡Oye!"
"Asch, Natalia es una mujer. Si te gustasen los hombres, ¿no crees que no te habrías enamorado de ella?"
El otro se quedó sin palabras unos momentos, y Luke empezó a tener serios problemas para contener la risa.
"Aun así, no puedo evitar preguntarme si..."
"¡Por el amor de Lorelei, eres más terco...! Creía que ya habíamos aclarado esto. Somos dos personas distintas. ¡No soy tú! Deja de preocuparte por eso, maldita sea, ¡pensaba que era algo serio!" Y a partir de entonces, ya no aguantó más y estalló en carcajadas.
"¡¿De qué demonios te ríes, estúpido desecho?! ¡Oye, que te estoy hablando! ¡Maldita réplica inútil, deja de reírte!" Las protestas de Asch resonaban en algún rincón de su mente, pero Luke no conseguía contener la risa. Una risa de alivio e incredulidad a partes iguales, porque no podía creerse que aquello estuviera pasando. Su original, acudiendo a él por dudas en sus preferencias, como un adolescente recurre a su hermano mayor cuando no sabe cómo acercarse a una chica... No, era demasiado surrealista. Sobre todo siendo Asch, precisamente Asch. Era un problema tan... tan pequeño, tan nimio, tan tonto, que lo sintió como una tranquila isla en la que refugiarse del mar de tempestades en el que se estaba metiendo. Una tregua en medio del caos.
