IV- Barreras

La marcha de Guy supuso un verdadero alivio para Asch, que aunque ya se había acostumbrado a ignorarles, no dejaba de encontrar incómodos los encuentros a solas entre el antiguo sirviente y Luke. No obstante, el respiro no duró mucho, pues otros asuntos a los que no era tan fácil dar la espalda aparecieron enseguida para añadirle preocupaciones.

La boda supuso el principal origen de quebraderos de cabeza, tanto para él como para su réplica. Aunque Suzzane se estaba encargando de casi todo, a menudo necesitaba ayuda con la lista de invitados, los posibles sitios donde celebrar la ceremonia, los detalles de la decoración, las ropas que iban a llevar... Ni Natalia ni su futuro marido cooperaban demasiado, así que los preparativos se hacían todavía más lentos e insufribles. Asch procuraba no sucumbir a la amargura que le asaltaba cada vez que presenciaba una conversación acerca de la boda.

Frecuentemente, el deseo de hablar con Natalia competía con su sensatez y su convicción de que no mejoraría las cosas ni aunque pudiera hablar con ella. Una vez llegó incluso a discutir a gritos (mentales, por supuesto) con Luke al respecto. Sucedió mientras paseaban por los jardines de la mansión Fabre, hablando con Suzzane; por el rabillo del ojo vio una sombra rubia moverse entre las flores. Su anfitrión también se había dado cuenta, pues miró directamente hacia allí, y Asch pudo ver a la princesa arrodillada junto a un bloque de mármol que sólo podía ser una lápida. Y no recordaba que hubiese ninguna tumba allí la última vez que paseó por aquellos jardines por su propio pie.

"Réplica, ¿eso es mi...?"

"Lo siento, he intentado que no lo vieras, pero..."

"No pasa nada."

Sí pasaba, y estaba seguro de que Luke lo sabía, pero éste no dijo nada. Asch tenía que reconocerlo, ver su propia tumba impresionaba bastante. La idea de que su cuerpo estuviese ahí, encerrado en una caja a tan solo unos metros bajo tierra, mientras él de alguna manera seguía "vivo" era confusa, escalofriante e incluso le mareaba. Así que optó por centrar su atención en la figura que en ese momento se levantaba de en frente de la lápida y se sacudía el elegante vestido celeste.

-¡Luke! ¡Duquesa!- saludó Natalia, yendo hacia ellos enseguida. No había rastro de lágrimas en sus ojos, pero sí quedaba algo de tristeza en ellos, un brillo que parecía mantenerse constante desde hacía varios días.

-Alteza, os he pedido muchas veces que me llaméis Suzzane- dijo la mujer, sonriendo afablemente-. O al menos, "tía".

-Cuando vos me llaméis Natalia o "sobrina", me lo pensaré, duquesa- replicó la más joven con una sonrisa traviesa. Luke soltó una carcajada.

-Mi madre te estaba buscando, Natalia. Quiere que charléis de cosas de chicas, o no sé qué, así que...

-Hijo, haz el favor de no intentar escaquearte. Este tema también te concierne a ti- lo regañó su madre, pegándole un par de tirones cariñosos de la oreja.

-¡Ay, madre, para!

Natalia soltó una risita y jugueteó nerviosamente con un mechón de cabello rubio. Seguía llevando el mismo peinado que Asch recordaba, con la media melena rizada recogida con una diadema de seda, y no había crecido ni un centímetro en tres años y medio. Lo único que había cambiado en ella era aquella mirada de tristeza que antes no estaba en sus ojos. Por enésima vez, Asch se preguntó qué demonios pasaba por su cabeza.

"Réplica, déjame hablar con ella."

"¿Qué?"

"Ya me has oído. Maldita sea, ya la has visto, estaba delante de mi condenada tumba. Déjame hablar con ella, deja que sepa que..."

"No, Asch. Ya lo hemos hablado. ¿No crees que ya es bastante duro para ella todo esto? Además, ni siquiera sé cómo cederte el control de mi cuerpo."

"Por lo menos dile que estoy aquí. Tal vez si lo supiera, tal vez..."

"¿Te estás escuchando? ¿Te das cuenta de lo que me estás pidiendo?"

"¡Por los siete fonones, maldita réplica, déjame hablar con ella!"

"¡Lo siento pero no, Asch! ¡Que seas mi original no te da derecho a darme órdenes, y menos a poner patas arriba la vida de los demás!"

"¡Eres tú quien lo pone todo patas arriba, ni siquiera eres capaz de averiguar qué le pasa a la mujer con la que te vas a casar! ¡Desecho inútil!"

"¡Deja de llamarme así! ¡Estás dentro de mí, si yo soy un desecho, ¿en qué te convierte eso?!"

-Luke, ¿qué opinas tú?

-¿Perdón?

Asch luchó por contener su ira mientras Luke intentaba volver a prestarle atención a la conversación entre su madre y Natalia, algo sobre... ni siquiera se había enterado de qué hablaban. Sólo podía pensar en la furia y la impotencia que recorrían su ser, en las ganas que tenía de darle una paliza a su réplica y en la imposibilidad de hacer tal cosa.

-Baja de las nubes, hijo. Decía que estoy pensando en pedir ayuda para organizar todo esto, en vista de que a ninguno os entusiasma demasiado- estaba diciendo Suzzane-. Además, así podéis centraros en vuestros quehaceres oficiales, que tampoco quiero que descuidéis vuestras responsabilidades en la corte.

-Ah, sí, es una idea genial. ¿A quién pensabas recurrir?

-Bueno, Guy era mi primera opción, pero ha tenido que irse. De todos modos, creo que los Caballeros del Oráculo no están muy ocupados últimamente, y teniendo en cuenta que os conoce a ambos mejor que nadie... había pensado en Tear Grants.

Al oír el nombre de su amiga, a Natalia se le iluminó la cara con una sonrisa.

-¡Es una idea estupenda! ¿A que sí, Luke?

Asch la miró, sorprendido por el repentino cambio de actitud, mientras Luke se rascaba la nuca con aire distraído. Sí que se habían hecho amigas aquellas dos.

-Supongo que sí- admitió el pelirrojo. Su madre sonrió ampliamente y dio una palmada, frotándose las manos.

-Excelente. Le escribiré para que tome el próximo Albiore que despegue para Baticul- anunció. La pequeña reunión tardó poco en disolverse a partir de entonces. Asch guardó silencio, deseando que Luke girara la cabeza para echarle un último vistazo a Natalia antes de que se fuera, pero su anfitrión no le dio esa satisfacción. Tuvo que contentarse con pensar que al menos la joven princesa parecía más animada con la idea de que Tear se pasara por allí.

La ahora General Celestial llegó dos días más tarde en el Albiore de Daath, que nada más dejarla en tierra volvió a la capital de la Orden. Asch no le había dirigido palabra a Luke desde su discusión, pese a los intentos de éste por entablar una conversación una vez se enfriaron los ánimos, pero a punto estuvo de romper su mutismo para soltar una exclamación ahogada cuando vio a la joven Grants entrar por las puertas de la mansión Fabre.

Todo lo que seguía igual que siempre en Natalia había cambiado radicalmente en Tear. El cargo de General Celestial le había dado aún más seriedad a su gesto, y su andar seguro y firme rezumaba autoridad. Seguía vistiendo una túnica marrón, pero ahora llevaba también una capa corta con el símbolo del diapasón de la Orden y bordados no muy distintos a los que él mismo había lucido un día en su uniforme. A su espalda, guardado en una funda, estaba su báculo; y aunque el flequillo seguía ocultándole la mitad de la cara, el resto del pelo lo llevaba recogido en una larga trenza alta. Pero más allá de su físico, lo que más le chocó fue su aura, el halo de seguridad y elegancia que la rodeaba, su forma de andar resuelta a la par que tranquila. Asch no pudo evitar un estremecimiento. Era el mismo halo que había tenido Van.

Tear cumplió primero con el protocolo, haciendo una reverencia ante los duques, y después le estrechó la mano a Luke con una leve sonrisa.

-Bienvenida a nuestro hogar, coronel de locrio Grants- saludó el cabeza de familia de los Fabre-. Espero que no haya sido mucha molestia venir aquí. Mi esposa confía en que podrá ayudarnos con los preparativos de la boda de nuestro hijo.

-Gracias, Excelencia. Molestia ninguna, será un placer colaborar en lo que pueda- asintió ella cortésmente, y Asch notó que Luke se estaba balanceando sobre sus talones, presa de unos repentinos nervios. No obstante, por pura tozudez, no se molestó en preguntar si pasaba algo-. Pero agradecería que me llamasen sólo Tear, si voy a estar aquí una temporada como la duquesa solicitó creo que será lo más cómodo.

-Desde luego, Tear. Luke, encárgate de que los criados le preparen una habitación a nuestra invitada, por favor- indicó Suzzane, con su eterna sonrisa que impedía totalmente negarse. Pero antes de que el pequeño de los Fabre pudiera asentir siquiera, las puertas del vestíbulo volvieron a abrirse y una centella azul y dorada se abalanzó sobre la General Celestial al grito de:

-¡Teaaaaaar! ¡Te he echado muchísimo de menos!

De haber estado en posesión del cuerpo, Asch habría alzado una ceja. Luke, en su lugar, miró algo confuso a Natalia, cuya rápida entrada había dejado patidifusos a la mitad de los ocupantes de la habitación. No a Tear, por lo que parecía, o si había sido así, la joven se había repuesto enseguida. Asch las observó abrazarse y le habría gustado sonreír cuando Natalia se colgó del brazo de su amiga, que no parecía en absoluto incómoda. No le pasaba desapercibido que el rastro de tristeza de los ojos de la princesa de Kimlasca se había desvanecido por completo, y si eso era por la presencia de Tear, bienvenida fuese, por mucho que su calma y seguridad en sí misma le siguieran recordando a Van.

-No os preocupéis por el alojamiento de Tear, mis futuros suegros- dijo Natalia, sonriendo ampliamente a los duques-. Ya tiene una habitación preparada en palacio.

-Oh, bien, gracias por ocuparos, Alteza- respondió Suzzane, sorprendida pero sin perder su sonrisa. Tear se soltó con cuidado del agarre de la joven rubia y metió la mano bajo su capa, buscando algo.

-Gracias, Natalia. En cualquier caso, creo que hay alguien que preferirá dormir aquí- comentó, mirando directamente a Luke y sacando por fin lo que estaba buscando: una bola de pelusa azul turquesa con una especie de anillo metálico alrededor que de repente se removió y desperezó, abrió unos enormes ojos del color del zafiro y se lanzó de cabeza hacia el pelirrojo.

Mieu, mieu! ¡Hola, amo!- saludó el pequeño cheagle (que ya no era tan pequeño, ahora que se fijaba Asch). Luke lo atrapó en el aire y sonrió, pero su original se revolvió dentro de él. ¿De verdad era el único al que la voz de aquella criatura le resultaba demasiado aguda?

-Hola, mi puerquisimio favorito, ¿cómo tú por aquí?

-¡Tear se pasó por el bosque antes de venir achí y me dijo que tenía una sorpresa que darme, mieu!- exclamó Mieu, agitando las orejas por la emoción. Luke alzó la mirada en ese momento hacia la chica, que intentaba esconder el sonrojo detrás de su espeso flequillo. Asch sonrió para sus adentros; algunas cosas no habían cambiado, después de todo-. Oye, amo... ¿Quién está contigo, mieu?- murmuró de repente el cheagle, atrayendo de nuevo la mirada de Luke. La bestia sagrada lo observaba con unos ojos enormes que parecían atravesarlo y que de repente se llenaron de sorpresa, como si hubiera visto algo extraño en él, o como si hubiese reconocido una cara que hacía tiempo que no veía. Y de pronto Asch tuvo la inquietante certeza de que Mieu no estaba mirando a su réplica.

Le estaba mirando a él. Y lo estaba viendo.

Pero aquello no era posible, ¿verdad? ¿Cómo iba a poder verle un cheagle, cuando ni siquiera tenía nada que pudiera ser visto? Tal vez fuese alguna habilidad de aquellas criaturas, pero si fueran capaces de algo así, se sabría, ¿no? Claro que... Nunca antes había oído nada sobre un original que acabase en el cuerpo de su réplica tras morir. En cualquier caso, Mieu le estaba mirando, y a juzgar por su sorpresa, le había reconocido.

Nadie más parecía haberse dado cuenta de aquello, por lo visto, ocupados todos como estaban en atender a Tear. Nadie salvo Luke, claro.

-Mieu, ¿qué pasa?

El cheagle parpadeó y lo miró. Aunque sus ojos apuntaban al mismo sitio, Asch notó cómo su mirada se desplazaba a Luke y no pudo evitar que una oleada de alivio lo recorriese.

-Está contigo, ¿chi, amo?- susurró Mieu-. El otro chico pelirrojo, mieu.

Luke tragó saliva y miró en derredor, pero nadie les prestaba atención.

-No se lo digas a nadie, Mieu. Por favor- murmuró. El cheagle, muy serio, asintió-. Gracias, cosa.

Mientras Natalia se llevaba a Tear del brazo al palacio real y sus padres se retiraban, Asch siguió dándole vueltas al asunto, preguntándose cómo era posible que Mieu hubiese detectado su presencia, y más importante que eso, si podría comunicarse con él y qué posibilidades le ofrecía aquello.

Era ya por la noche, y el antiguo General Celestial soñaba.

Corría por el bosque plagado de monstruos, notando sus fétidos alientos en la nuca. La espada le pesaba tanto que, por no soltarla, la iba arrastrando por el suelo; sabía que le retrasaba, pero sin ella no saldría vivo de allí. Los pulmones le ardían, tenía los pies destrozados y sus piernas suplicaban a gritos un descanso que no iban a recibir. Tenía que seguir corriendo. Detenerse significaba la muerte. Tenía que llegar a... Ni siquiera sabía a dónde, pero tenía que seguir corriendo. Obsesionado con mirar al frente, no vio la raíz traicionera que sobresalía del suelo y que se enredó con sus pies.

Cayó al suelo cuan largo era y la espada se le escurrió de entre los dedos con un tintineo metálico. El miedo aceleró aún más el caótico ritmo de su respiración, mientras una de las bestias que lo perseguían se cernía sobre él. Tragó saliva y alzó la mirada hacia la criatura, descubriendo con horror que en lugar de hocico y orejas afiladas, tenía un rostro humano. Un rostro que conocía demasiado bien, el de un hombre de largo y lacio cabello castaño claro, espesas cejas, perilla y facciones enérgicas, con unos ojos aguamarina que lo taladraban y una sonrisa burlona llena de dientes demasiado puntiagudos que...

Asch y Luke se despertaron a la vez con sendos gritos ahogados de terror en la oscuridad. El primero, por un momento, pensó que estaba de vuelta en su propio cuerpo, pero pronto se dio cuenta de que su grito había sido mental; la única voz que de verdad había sonado era la de su réplica, que intentaba normalizar su acelerada respiración. Lo que no sabía era si la sensación de ahogo que le comprimía el pecho era suya o de Luke.

"¿Tú también lo has visto?" preguntó, angustiado. Si hubiese tenido cuerpo propio estaría hiperventilando, estaba seguro, pero en aquella situación lo único que podía hacer era encogerse y apretarse contra un rincón del alma de su réplica, intentando sobreponerse al miedo que lo atenazaba.

-¿Al maestro Van con cuerpo de ligre? Sí, lo he visto- respondió Luke entre jadeos-. ¿Lo has soñado tú?

"No lo sé, yo... Era como aquella vez que me escapé e intenté volver aquí, pero..."

-Asch, tranquilízate, era una pesadilla. Él ya no está- la voz de Luke sonaba baja, segura-. No volverás a verlo jamás. Está muerto, yo mismo lo vi desaparecer. Tranquilo.

La voz de Luke tenía un ligero efecto sedante sobre su consciencia. Lentamente, Asch fue recuperando la compostura, y la respiración de ambos se normalizó. Sólo entonces Luke cerró los ojos y volvió a arroparse con las mantas, haciéndose un ovillo y abrazándose a Mieu, que dormía profundamente a su lado. Olvidada parecía quedar la discusión de días atrás; Asch al menos no la recordaba en ese momento, ocupado en mantener bajo control el pánico que sentía.

"No es la primera... pesadilla que tengo. Pero sí es la primera vez que sueño con... Van" murmuró el antiguo General Celestial.

-No pienses en eso. Sólo era un sueño, Asch. No tendrás que volver a preocuparte por él jamás, no va a volver.

"Yo volví. ¿Y si...?"

Luke cerró los ojos con fuerza y respiró hondo, concentrándose en la presencia de su original dentro de él, intentando acercarse a su consciencia y confortarle de alguna manera. Éste lo sintió como algo cálido que lo rodeaba de repente, como si le hubiesen echado por encima una suave manta de pieles.

"No va a volver, Asch. Estás conmigo. Estás a salvo."

Las palabras de Luke sonaron en su mente con seguridad y suavidad a partes iguales, y más que oírlas, las sintió, como si las hubiese dicho él mismo. Y funcionó, de algún modo que ambos desconocían: Asch, arrullado por la voz de Luke, se relajó poco a poco y volvió a dormirse, esta vez sin pesadillas que perturbasen su descanso, sin darse cuenta de en qué momento la réplica cayó en brazos del sueño también.

Por la mañana, ninguno de los dos mencionó nada de lo ocurrido. Asch, por orgullo; Luke, por discreción. Los dos hicieron como si no hubiera ocurrido nada en absoluto: buenos días, levántate ya, un breve intercambio de insultos y comentarios mordaces... pero ni una palabra de la noche anterior. Mieu, que había dormido del tirón toda la noche, no parecía haberse enterado siquiera.

Asch habría optado por ignorar y olvidar el pequeño incidente con la pesadilla, pues ahora que entraba la luz de Rem por las ventanas se daba cuenta de lo absurda que había sido, de no ser por un ligerísimo cambio que se había producido y que a punto estuvo de pasarle desapercibido, como un murmullo que se oye en la lejanía. De hecho, de haber tenido que describirlo, habría sido justo así: como un distante susurro que al principio resulta imperceptible, pero que una vez se da uno cuenta de que está ahí, no puede evitar escucharlo.

Al principio pensó que se trataba de algo que oía a través de los oídos de Luke, pero el rumor lo acompañaba tanto dentro de la mansión como fuera, incluso en habitaciones totalmente vacías. Tras un buen rato tratando de hallar el origen del ruido, se dio cuenta de que no procedía del exterior: lo oía en su mente. Tardó poco más en percatarse de que lo que estaba oyendo, de forma muy amortiguada, eran los pensamientos de su réplica. Algo había roto la barrera que los separaba mentalmente.