VIII- Robo en el hogar de los custodios
Por quinta vez en lo poco que llevaban de día, Luke maldijo para sus adentros a los Generales Celestiales, a todos y cada uno de ellos, y su predilección por los madrugones.
Primero, Asch lo había despertado cuando Rem apenas asomaba por el horizonte, en vez de esperar unos minutos a que se levantase él mismo por su propio pie. Luego se había encontrado a Notta, aquella mujer tan siniestra, esperándolo a la entrada de la mansión nada más terminar de desayunar, como si quisiera asegurarse de que no se escaqueaba. Y ahora, mientras sobrevolaban el mar en uno de los Albiores de Kimlasca, Tear no dejaba de darle conversación justo cuando intentaba dormir. Lo hacía a propósito, estaba más que claro.
"Es para que estés alerta al desembarcar y no parezca que acabas de salir de la cama" comentó Asch tras el último monosílabo seguido de un gruñido que había soltado Luke como respuesta a los intentos de la joven por mantenerle despierto.
"¿Y tú por qué te pones de su parte? Necesito dormir, el día ha empezado demasiado pronto..."
"Han robado la Llave de Lorelei, desecho, tendrás tiempo para dormir cuando resolvamos esto."
"¡Asch, por favor, que estamos en medio de la nada! ¿Qué más da que me eche un sueñecito en lo que llegamos a Daath o no?"
En su regazo, Mieu, felizmente dormido, soltó un ronroneo como para hurgar más aún en la herida. Y Luke juró para sí que si no llegaban a su destino deprisa alguien iba a salir por la ventanilla más próxima, aunque todavía no tenía claro quién exactamente.
Afortunadamente, el piloto era uno de los alumnos más aventajados de Noelle y el viaje fue razonablemente corto. Al llegar a Daath aterrizaron en el aeropuerto de las afueras, un pequeño descampado circular donde se había construido un edificio bajo y chato para resguardar al Albiore de Daath y a posibles visitantes. En aquel momento había un hangar vacío, pero el piloto tenía que volver a Baticul inmediatamente así que no llegaron a ocuparlo.
Notta los condujo por la ciudad sin una palabra en dirección a la Catedral. Las amplias calles daáthicas, llenas de gente yendo y viniendo de aquí para allá, rebosaban actividad a aquellas horas de la mañana. De vez en cuando alguien se paraba a saludarles, sobre todo a Tear, que parecía ser bastante apreciada entre los locales. Notta también recibía sus muestras de respeto de entre la multitud, aunque se limitaba a aceptarlas con cortesía y seguir su camino sin decir nada.
"Esperaba que a los Generales Celestiales se los tuviese en menor estima, la verdad" comentó Asch en algún momento.
"No me extraña, te has perdido muchas cosas. Los actuales son bastante respetados, la verdad. Tras lo del maestro Van, los Caballeros del Oráculo estaban para el arrastre, hizo falta reconstruirlos casi desde cero. No eran más que un montón de soldados estupendamente entrenados que no tenían a quién obedecer. El Gran Maestro Nerim fue quien se encargó de todo: asumió temporalmente el mando, nombró al miembro más fuerte de cada división General Celestial y les dio tres meses para conocerse y elegir a un General Dórico de entre ellos cinco. Al que salió elegido le cedió el mando de los Caballeros, y listo. Hay que reconocerlo, eso lo hizo bien. Ya no hay gente nombrada a dedo, todos se han ganado su posición" sonrió Luke. Él no había estado allí en aquel entonces, pero Tear le había dado todos los detalles de lo ocurrido.
"¿Cinco divisiones, has dicho? En mis tiempos eran seis."
"Oh, lo sé. La sexta división se disolvió."
Asch guardó silencio unos momentos.
"Era la mía" dijo finalmente. Luke se rascó la nuca.
"También lo sé. Por eso se disolvió, en realidad, porque ya no estabas tú para liderarla. Supongo que... nadie quería reemplazarte."
El antiguo General Celestial calló y Luke sonrió, satisfecho. Aquella era una de las pocas cosas que, pese a haberse guardado en secreto oficialmente, todo el mundo sabía. Asch había actuado de espaldas a los Caballeros del Oráculo, por lo que no se le podía homenajear abiertamente, pero sin duda merecía algún reconocimiento por todo lo que había hecho. Disolver su división había sido una forma discreta de manifestar que no habría manera de encontrar un sucesor que estuviera a su altura.
La Catedral, con sus imponentes muros de tonos oscuros, se alzaba ya ante ellos, y su silencioso interior no tardó en aislarlos de los ruidos de las transitadas calles. Luke se estremeció mientras Notta los guiaba por los intrincados pasillos y escaleras. Había algo en la elegancia de la sede de la Orden, en el juego de luces y sombras que creaban las vidrieras de las ventanas, en el solemne silencio que reinaba en todos los rincones, que le infundía un profundo respeto por sus moradores. De vez en cuando se cruzaban con alguno de ellos, pero nadie se esforzaba por entablar conversación.
La General Celestial los condujo hasta una habitación de los pisos superiores, donde llamó a la puerta (sencilla dentro de la elegancia de Daath, no destacaba sobre las demás del pasillo). Una voz masculina indicó desde el interior que estaba abierto y la mujer se hizo a un lado.
-Adelante, por favor. Yo me retiro- dijo. Tear asintió, y tras darle las gracias, abrió la puerta y la comitiva entró.
Se trataba de una sala de reuniones. Iluminada por varias lámparas y la luz multicolor que entraba por una vidriera al final de la habitación, estaba prácticamente ocupada por una mesa alargada de madera clara con numerosas sillas dispuestas alrededor, todas vacías. Junto a la vidriera había una alta y robusta figura que se giró a mirarles en cuanto los oyó entrar. Como cada vez que lo veía, Luke tuvo que contener un sobresalto.
Recard Blacksen, General Dórico y Comandante de los Caballeros del Oráculo, llevaba el mismo uniforme que en su día había pertenecido a Vandesdelca, aunque varias tallas más grande y sin los picos de tela rígida que sobresalían de los hombros. Era un hombre de edad difícil de precisar, espaldas anchas y constitución fuerte, con la estatura de uno de los enormes armarios que usaba Natalia para guardar sus innumerables vestidos. Su rostro estaba esculpido en toscos ángulos rectos y de no ser por sus amables ojos verdes habría resultado amenazante. Tenía la piel tostada y una corta melena rubia que apenas le llegaba a los hombros, y de su espalda colgaba un espadón que puesto al lado de Luke apenas era un par de centímetros más bajo que el pelirrojo.
"Es... extraño. Se parece a Van, pero al mismo tiempo..."
"Es totalmente distinto. Lo sé, pensé lo mismo cuando lo conocí. Pero no te dejes engañar, es un pedazo de pan."
-Bienvenidos a Daath- saludó el Comandante. Su voz grave y profunda sonaba tranquila, como el ronroneo de una bestia dormida-. Tear, disculpa que haya tenido que terminar con tu permiso tan abruptamente, pero las circunstancias lo requieren.
-No importa, señor. Creo que a Luke ya lo conoce, pero permítame presentarle a Natalia, princesa de Kimlasca-Lanvaldear; ha venido en representación de su reino- dijo Tear. Natalia inclinó la cabeza y Recard correspondió a su saludo con una reverencia antes de acercarse.
-Es un honor, Alteza. Lamento que tengamos que conocernos en estas circunstancias.
-Lo mismo digo, Comandante.
-Vizconde- Recard se giró hacia Luke-. Gracias por venir.
-No es nada, aunque no sé muy bien por qué estoy aquí- replicó él, encogiéndose de hombros. La verdad es que nadie le había dicho aún por qué requerían su presencia, sobre todo teniendo en cuenta que Natalia ya estaba allí para representar a Kimlasca. Pero Blacksen no tuvo tiempo de responder, pues de nuevo sonaron un par de golpes en la puerta.
-Adelante.
La puerta volvió a abrirse y Luke sonrió al ver quiénes entraban. Florian, vestido con la sotana de Maestro Fónico; seguido por Anise, que no había cambiado absolutamente nada en aquellos años; y finalmente, Jade, que hizo un saludo militar en cuanto entró y después cerró la puerta tras de sí.
-¡Luke! ¡Qué rápido habéis llegado!- saludó Anise-. Anda, y os habéis traído a Mieu también. ¡Hola, chiquitín!
-Vaya, vaya, parece que no hay manera de librarme de vosotros- comentó Jade, sacudiendo la cabeza. Florian los saludó tímidamente con la mano que no aferraba su cetro en forma de diapasón.
-¿Y tú qué haces aquí, Jade?- inquirió Luke alzando una ceja. El aludido se colocó bien las gafas sobre la nariz.
-Malkuth me envía de embajador. Comandante Blacksen, como siempre es un placer verle.
-Lo mismo digo, General Curtiss. Bien, ahora que estamos todos, tomemos asiento- indicó Recard, sentándose a la cabecera de la mesa. Tear se sentó a su derecha y Florian a su izquierda, mientras que Anise se quedó de pie tras éste-. Tenemos asuntos importantes de los que hablar.
Los demás tomaron asiento también. Luke, en vista de que Mieu se estaba portando bastante bien, dejó que el cheagle flotara hasta instalarse entre las coletas de Anise, que no perdió la oportunidad de hacerle alguna carantoña.
-Como imagino que ya os habrán dicho mis Generales Celestiales- empezó Recard, poniéndose serio-, la Llave de Lorelei, que hasta hace poco se mantenía custodiada en Ciudad de Yulia, ha sido robada. El Gran Maestro Nerim se encuentra en el hogar de los custodios en este momento, intentando adelantar trabajo con la investigación para cuando lleguemos, y me ha encargado reunir a un equipo para ayudar a esclarecer qué ha ocurrido exactamente, además de un comité que pueda gestionar esta crisis desde nuestra sede aquí en Daath o el lugar que consideremos oportuno, llegado el caso.
-Con permiso, Comandante- intervino Jade-. ¿Podría decirnos exactamente qué se sabe hasta el momento?
-Por supuesto. La Llave estaba siendo custodiada en una de las cámaras selladas de seguridad en Ciudad de Yulia. Hace dos noches, en el cambio de guardia de las doce, el relevo informó de irregularidades en el sello fónico de la entrada a las cámaras, y siguiendo el protocolo de seguridad en estos casos, ayer por la mañana se procedió a abrirlo bajo la supervisión de uno de mis Generales Celestiales, Giore Vlas. Cuando se accedió a la cámara, la Llave ya no estaba. Tras ello, procedimos a convocarles a ustedes y el Gran Maestro partió hacia Ciudad de Yulia con unos cuantos Caballeros del Oráculo para ayudar en la investigación. Eso es todo por el momento.
-¿Algún sospechoso?- inquirió Natalia, frunciendo el ceño.
-Sí, pero no hemos encontrado pruebas que los señalen. Es más una hipótesis probable que otra cosa- admitió Recard-. Desde hace un tiempo ha aparecido en Daath un grupo radical que reclama una nueva Partitura. Según ellos, la causa de la crisis que atraviesa Auldrant actualmente es la revocación de la anterior, y sostienen que con una Partitura las cosas volverán a su cauce. Se hacen llamar "Siervos de Lorelei", y lamentablemente tienen bastante influencia entre los sectores más conservadores del pueblo.
Luke asintió, había oído hablar de ellos. Su influencia en Kimlasca no era tan grande como en Daath, pero de vez en cuando conseguían convocar alguna manifestación. Aunque de ahí a entrar a robar en las cámaras selladas de Ciudad de Yulia...
-Sospechamos que se puedan haber hartado de pedir y hayan decidido moverse por su cuenta- continuó el General Dórico-. De ser así, habrían robado la Llave para invocar a Lorelei y hacer un segundo pacto con él.
Un tenso silencio se apoderó de la mesa mientras las implicaciones de las palabras de Recard calaban en los presentes. Luke, por un momento, se quedó congelado. Después de tanto tiempo, tanta sangre derramada... ¿de verdad alguien quería repetir la historia?
"¿Es eso posible siquiera?" preguntó Asch, inquieto. El joven de los Fabre se apresuró a salir de su estupor y repetir su pregunta en voz alta:
-¿Pero eso se puede hacer? ¿Invocar a Lorelei y obligarle a hacer otra Partitura?
Esta vez, quien tomó la palabra fue Tear, bajando la mirada hacia sus manos entrelazadas sobre su regazo:
-Se puede hacer, desde luego. Lo sabemos porque ya se ha hecho antes, pero fue cuando tú no estabas- dijo-. Se reunió a los líderes de Daath, Malkuth y Kimlasca y se decidió utilizar la Llave para invocar a la conciencia del séptimo fonón, pero no se hizo para pedir una nueva Partitura.
-¿Y entonces para qué?- preguntó Luke, curioso. Tear alzó la mirada hacia él.
-Con la Tormenta Planetaria detenida y gran parte de nuestra civilización dependiendo de las artes fónicas, necesitábamos saber por cuánto tiempo más íbamos a disponer de ellas, y qué hacer cuando los fonones disponibles se agotasen. Afortunadamente, gracias a que Lorelei ya no está encerrado en el núcleo del planeta, todos los fonones fluyen con total libertad sobre la superficie de éste y no es necesario ningún mecanismo como la Tormenta Planetaria para renovarlos. En resumen, podemos seguir usando artes y máquinas fónicas sin temor a que un día dejen de funcionar.
-Ésa fue la única vez que se ha invocado a Lorelei, y los que estaban en aquel entonces recordarán los meses de negociaciones y papeleo que hubo que pasar antes de tomar la decisión- siguió Recard-. Recurrir a la conciencia colectiva del séptimo fonón es una medida extraordinaria que se acordó utilizar únicamente en situaciones de extrema necesidad. La forma de hacerlo se mantiene en secreto, pero en vista de los recientes acontecimientos, me temo que debemos dudar de si sigue siendo así.
-Tenía entendido que para invocar a Lorelei eran necesarios los himnos fónicos de Yulia- comentó Jade-. Y Tear, aquí presente, es la única persona viva capaz de entonarlos. Sin su colaboración no debería ser posible, ¿no?
-En efecto, y eso es un punto a nuestro favor- asintió Blacksen-. Pero no por ello debemos bajar la guardia. La Llave de Lorelei es una reliquia de gran poder, y aunque los Siervos no sean capaces de darle el uso que pretenden, hemos de recuperarla cuanto antes. No conocemos con exactitud su potencial ni qué otras utilidades podrían darle esos fanáticos.
De nuevo el silencio se instaló sobre ellos, y de nuevo fue Luke el que lo rompió. Había algo que no terminaba de cuadrarle en todo aquello.
-¿Y qué papel cumplo yo en todo esto?- preguntó-. Porque no me ha llamado como embajador de Kimlasca, Comandante Blacksen, eso está claro.
-Muy perspicaz- sonrió Recard-. En efecto, vizconde Fabre, no le he convocado como representante de su patria, sino como heredero del poder de Lorelei.
Luke se tensó, y pudo notar que Asch hacía un tanto dentro de él. A su lado, Natalia apretó los puños, y frente a ella, Tear miró a su superior, sorprendida. Los únicos que parecieron no inmutarse fueron Anise, Florian y Jade.
-Creía que la Partitura había sido revocada- dijo el joven pelirrojo con cautela-. ¿No estamos aquí precisamente para evitar que se escriba otra?
-Así es. Pero eso no cambia el hecho de quién es usted, vizconde, ni de lo que es capaz- respondió Recard-. Su frecuencia fónica es idéntica a la del séptimo fonón, y mientras que el resto de séptimos fonistas necesitamos a un compañero para desatar una hiperresonancia, usted solo es capaz de hacerlo; no sólo eso, sino que además es capaz de controlarla, por lo que he leído. Por supuesto, sé que la revocada Partitura hablaba de un noble pelirrojo que heredaría el poder de Lorelei, pero tengo entendido que ni usted es técnicamente ese noble ni debería estar aquí hoy si nos guiamos por lo que dicen las palabras de Yulia- añadió, con una sonrisa afable-. No me guío por supersticiones ni profecías, vizconde, yo sólo me atengo a los hechos. Y según los hechos, usted ostenta un poder que podría resultarnos útil para resolver este asunto.
Luke guardó silencio, algo más tranquilo. Recard Blacksen tenía esa tendencia a que sus palabras fuesen malinterpretadas, tal vez por culpa de su predecesor en el cargo que ocupaba, pero en realidad era un buen hombre y un buen Comandante. Tenía que acostumbrarse a volver a confiar en aquel uniforme blanco con bordados marrones y dorados.
-Bien, y ahora que ya están todos enterados de todo y nuestros papeles están claros- dijo Recard, posando las manos en la mesa con energía-, esta tarde partiremos a Ciudad de Yulia para unirnos al Gran Maestro en la investigación. El Maestro Fónico y su Guardiana permanecerán aquí en Daath hasta nuevo aviso, si os parece bien- añadió, mirando a Florian y Anise-; no nos conviene tener a las dos cabezas de la Orden de Lorelei fuera de la capital.
-Por supuesto- asintió Florian.
-Cuidaremos de que nada se desmadre en vuestra ausencia- añadió Anise, sonriendo.
-Perfecto, entonces. Partiremos después de comer; por el momento, pueden retirarse a descansar. Tear, encuéntrales a nuestros invitados habitaciones, si lo requieren.
-Sí, señor.
Natalia y Tear pasaron el resto de la mañana paseando por Daath, pero Luke aprovechó para echarse una siesta en una de las habitaciones que les había ofrecido el General Dórico Blacksen. O esas eran sus intenciones, pero como Asch no parecía muy dispuesto a quedarse en la oscuridad de su sueño durante dos horas y no le dejó pegar ojo, el pelirrojo acabó vagabundeando por los laberínticos pasillos de la Catedral con Mieu en un hombro y un General Celestial extrañamente parlanchín detrás de su cabeza.
Todo empezó al doblar una esquina, cuando Asch soltó algo sospechosamente parecido a una risa disimulada y Luke le preguntó al respecto. Su original no tardó en responder:
"¿Ves ese rincón de ahí? A Dist se le cayó justo allí el aceite de una de sus máquinas fónicas la noche antes de que lo nombraran General Celestial. El pobre estaba hecho un manojo de nervios, Sync llegó a convencerle de que le expulsarían del cuerpo por haber ensuciado el pasillo. Y lo peor es que se lo creyó durante varias horas, no he visto a nadie tan histérico en mi vida."
Ésa fue la primera de una larga retahíla de historias, a cuál más extraña y ridícula, todas de los años que había pasado Asch en Daath. Eran bastante entretenidas, y parecía haber una anécdota para cada rincón de la Catedral. Pronto, Luke se sorprendió a sí mismo pidiendo más historias.
"¿Por qué no me sorprende, viniendo de Sync?"
"Sí, típico de él. Legretta le echó la bronca en cuanto se enteró. Y hablando de la Rápida... Uy, no, ésa no quieres saberla."
"¿El qué no quiero saber? ¿Alguna pifia tuya que no quieras contarme?"
"Oh, no, mía no, de Van."
"Hm, eso suena interesante. ¿Pero qué tiene que ver con Legretta?"
De haberle tenido delante, estaba seguro de que Asch habría esbozado una sonrisa traviesa... pero dándole la espalda para que no le viera, probablemente.
"Bueno, vale, te enseñaré el sitio. En la próxima bifurcación, gira a la derecha, la tercera puerta a la izquierda."
Luke, intrigado, obedeció, encontrándose de repente ante la puerta de un despacho que conocía de anteriores visitas a Daath. En la puerta había una placa que rezaba: General Dórico Recard Blacksen.
"¿Has estado alguna vez en ese despacho, réplica?"
"Sí, una vez, cuando me presentaron al Comandante. ¿Por?"
"¿El escritorio sigue siendo uno de madera negra con patas de ligre talladas?"
"Ahm... Sí. ¿Qué más da eso?"
"Ah, desecho, si supieras la de cosas que ha visto ese escritorio... Informes secretos, libros escritos en ispaniense antiguo, las tetas de Legretta..."
Luke estuvo a punto de atragantarse con su propia saliva y Mieu se apretó las orejas contra el cráneo con las patas delanteras.
-¡Mieu no debería estar oyendo eso, mieu! ¡Son cosas de mayores, mieu!
"Espera, espera, espera... Me estás diciendo... ¿Me estás diciendo que pillaste a...?"
"A Van montándoselo con Legretta, sí. Me acababan de nombrar General Celestial y fui a su despacho a entregar papeleo, y en ese escritorio me los encontré, en plena faena. Legretta no me miró a la cara en una semana, y Van me hizo jurar que jamás se lo contaría a nadie. Ni que hiciera falta, en realidad; estaba claro que esos dos estaban más liados que..."
-¡Mieu, mieu, mieuuuu!
Luke estaba tentado de canturrear como el cheagle para evitar oír a Asch, pero éste estaba dentro de su cabeza, y contra eso poco podía hacer. Así que, intentando no pensar en el dichoso escritorio, siguió caminando, con su original relatando de vez en cuando alguna otra anécdota vergonzosa. Algunas consiguieron arrancarle una buena carcajada; Asch debía de haber tenido la peor suerte del mundo en lo que a encontronazos se refería.
"Creo que empiezo a entender tu problema con el sexo."
"¡Yo no tengo ningún problema con el sexo, estúpido desecho! Además, ¡¿qué demonios me estás contando tú?! ¡Que no tienes ni once años, no me toques la moral!"
"Anda, tienes razón. ¡Oh, por los siete fonones! Asch, gracias, de verdad, gracias. Me acabas de dar munición para la próxima vez que Guy se meta conmigo; puedo contraatacar diciendo que es un pederasta. ¡Gracias, en serio! Siempre me quedo sin nada que replicarle, es frustrante."
"Ah, por favor, que alguien vuelva a matarme."
-¡Mieuuuu, mieuuuu, mieuuuuuuuuuuuu!
Luke se rió y acarició la cabeza del pobre cheagle, que seguía esforzándose en no oír nada de su conversación "de mayores". La verdad, aquello le había sorprendido. Jamás se habría imaginado paseando por la sede de la Orden de Lorelei con Asch contándole batallitas de los años que había pasado allí. Tampoco se había imaginado nunca cómo habrían sido esos años, pero parecían haber tratado bien a su original en Daath.
"Tienes un montón de historias de este lugar."
"Bueno, viví aquí durante mucho tiempo."
"Asch... ¿Lo echas de menos? Vivir aquí, quiero decir."
Asch dejó escapar un suspiro.
"No seas idiota, réplica" murmuró. "Sólo te estoy contando las historias con final feliz."
