XIII- Engranajes en movimiento

Siempre se ha dicho que los pétalos de selenia tienen propiedades relajantes. Su olor calma los nervios y transmite una agradable sensación de paz, como una dulce nana. Tradicionalmente, las infusiones de selenia, junto con las de sauce, han sido el mayor aliado de los gobernantes contra la jaqueca y el insomnio.

Lamentablemente, ni todas las infusiones del mundo habrían bastado para serenar los ánimos de Natalia en aquellos momentos. Tras dejar a Luke acostado y que Guy le asegurase que él se ocupaba de echarle un vistazo hasta que despertase, la joven princesa de Kimlasca había caminado sin rumbo aparente por los corredores de Ciudad de Yulia hasta que sus pasos la llevaron al jardín de selenias de Tear. Rem brillaba desde lo alto del cielo con todas sus fuerzas, así que las flores estaban cerradas. Sorteó con cuidado los delicados capullos y rodeó la lápida que descansaba entre ellos, quedándose de pie frente al ventanal que daba al océano.

Estaba furiosa. Mentiría si intentase negarlo. Luke siempre decía que eran buenos amigos, que entre ellos había confianza, y sin embargo le ocultaba cosas tan importantes como aquella. Con la excusa de "no complicar más las cosas", ni siquiera se había atrevido a decirle que tenía un amante, ni que ese amante era un hombre, ni que era Guy. Había tenido que ser el mismo conde Gardios quien se lo confesara. ¿Dónde estaba ahí la confianza?

"Bueno, tampoco es que yo le haya hablado de Tear" admitió para sí misma. Pero aun así, Luke debería haberle contado lo de Asch. Natalia se miró las manos, dándose cuenta justo a tiempo de que había estado a punto de empezar a morderse las uñas inconscientemente.

Se mordió el labio en su lugar, insegura. No sabía muy bien cómo sentirse en lo que a Asch se refería. Ni siquiera terminaba de creerse del todo que estuviese vivo, escondido en algún rincón del alma de Luke, viendo y oyendo todo lo que pasaba a su alrededor sin intervenir. ¿Y qué se suponía que tenía que hacer ella ahora que lo sabía? ¿Qué debería sentir, además de confusión? Desde que se reencontrasen en Ciudad de Yulia hacía ya cuatro años, no pudo evitar el impulso de apoyarle y defenderle, tal vez en un intento de compensarle por todo el tiempo que el mundo entero le había abandonado. Y había llegado a admirarle, a quererle tanto, había derramado tantas lágrimas por su muerte... La situación actual se le antojaba demasiado parecida a aquel entonces. Una vez más, el mundo había apartado a Asch a un lado, de una forma todavía más cruel que la anterior, y ella no había sido capaz de verlo. Una vez más, se sentía impulsada a apoyarle, a estar a su lado, a compensarle por no haberse dado cuenta.

Pero en esta ocasión era diferente, porque Tear estaba ahí. Tear, la que había arreglado su fragmentado corazón sólo para volvérselo a robar, la que se había quedado a su lado incluso cuando Luke volvió, la única en quien podía pensar cuando tenía tiempo para sí misma. No podía abandonarla. Ni siquiera estaba segura de querer hacerlo.

Como invocados por sus pensamientos, un par de brazos enfundados en tela marrón y negra con bordados dorados rodearon su cintura con delicadeza, y la melodiosa voz de la General Celestial susurró junto a su oído:

-Un gald por tus pensamientos, princesa.

Natalia sonrió sin poder evitarlo y se giró, atrapando sus labios durante unos momentos. Si Tear se acercaba tanto significaba que no corrían peligro de ser descubiertas.

-No lo valen.

-¿Segura?

La joven rubia apoyó la cabeza en su hombro, jugueteando con la larga trenza de cabello castaño que caía por su espalda. No sabía si debía hablarle a Tear de sus dudas. No quería que pensase que se estaba planteando dejarla ni nada por el estilo, pero no se le ocurría cómo formularlo para que no sonase como tal. Tras unos momentos de cavilación se decidió por la opción más sencilla:

-Asch está vivo.

Las manos de Tear vacilaron sobre su cintura, pero la castaña no dijo nada. Natalia levantó la mirada y sus ojos se encontraron con los suyos, que la observaban con una mezcla de miedo y expectación.

-¿Cómo es eso posible?

-No lo sé. Debió de quedarse atrapado dentro de Luke de alguna forma, pero Luke no me lo ha dicho hasta hace unos momentos. No me dijo nada.

-A mí tampoco.

Natalia guardó silencio y bajó la cabeza. Oyó a Tear tragando saliva, y tras unos momentos de silencio, la General Celestial volvió a tomar la palabra a media voz:

-¿Esto cambia algo entre nosotras?

Natalia alzó la vista. Raras eran las veces en que veía a Tear así, mirándola como si estuviese a punto de alejarse corriendo de ella, con un brillo asustado pero resignado en la mirada, como si ya la diese por perdida. Sacudió la cabeza y rodeó su rostro con las manos, recuperando la seguridad en sí misma. No, no iba a abandonar a Tear. Apoyaría a Asch lo que fuese necesario, pero su corazón ahora pertenecía a otra persona.

-No cambia nada en absoluto- declaró, apartándole el flequillo de los ojos con un dedo. Una sonrisa aliviada se asomó a los labios de la castaña.

-Me alegra oír eso.

Durante el resto del día no había nada más que hacer, al menos para las dos jóvenes. Spinoza y Jade estaban peleándose con sus instrumentos y Guy vigilando a Luke, que seguía inconsciente pero estable, así que Natalia y Tear se dedicaron a escribir a Anise para ponerla al corriente de los últimos acontecimientos y pasear por las escasas zonas al aire libre de Ciudad de Yulia.

Luke debió de recobrar el conocimiento en algún momento de la noche, pues a la mañana siguiente Guy y él se unieron al resto del grupo en el comedor del Ayuntamiento para desayunar. Cuando el pelirrojo entró, cabizbajo, las conversaciones se detuvieron en un tenso silencio que duró unos minutos, tras los cuales Guy le dio un leve empujón en el hombro y Luke apretó los dientes.

-Hola- saludó al fin-. Chicos, yo... lo siento.

Natalia se esforzó por devolver su atención a las tostadas, resuelta a reservarse su opinión sobre el tema para sí misma. A su lado, Tear respiró hondo y tomó la palabra:

-Luke, creo que hablo en nombre de todo el grupo si digo que entendemos tu decisión, pero no la compartimos en absoluto. Debiste contarnos lo de Asch, aunque eso complicase las cosas. Debiste confiar en nosotros.

Luke asintió en silencio.

-No vuelvas a ocultarnos algo tan importante, ¿de acuerdo?

-No lo haré.

Unos momentos más de silencio. Otro empujón de Guy, esta vez más suave, y tanto él como el pelirrojo tomaron asiento y empezaron a comer también.

-Bueno, ¿qué tal va lo del fonómetro, Spinoza?- preguntó el rubio, intentando aliviar la tensión que seguía instalada en el ambiente. El ingeniero se apresuró a seguir la conversación:

-He conseguido aislar las dos frecuencias fónicas para utilizar una sola. Ahora deberíamos poder calibrar los instrumentos correctamente, si queréis podemos hacer una prueba después de desayunar- sugirió.

-Por favor- asintió Jade, limpiándose con una servilleta y levantándose de la mesa-. Nos reuniremos en el muelle cuando hayáis terminado, os esperaré allí.

-¿Pero a dónde vas, Jade?- preguntó Natalia alzando una ceja. El Nigromante se encogió de hombros.

-A empolvarme la nariz- respondió con toda la naturalidad del mundo, desapareciendo por la puerta. Tear parpadeó, confusa.

-¿Acaba de decir lo que creo que acaba de decir?

-Sí- respondió Guy, igual de confundido. Natalia sacudió la cabeza y soltó una risita.

-Es una pena que se haya perdido las caras que habéis puesto ambos ahora mismo- comentó, acabando de desayunar y levantándose también-. Voy a terminar de asearme, nos vemos en la dársena.

Antes de irse, no obstante, no pudo evitar dirigir una mirada furtiva a Luke y preguntarse si Asch estaría observándolos desde sus huidizos ojos verdes.

Unos veinte minutos más tarde estaban todos reunidos de nuevo en el dique seco que les hacía las veces de laboratorio, expectantes alrededor de Spinoza y sus instrumentos. El científico, tras respirar hondo para calmar sus propios nervios, pulsó varios botones hasta que una pantalla cobró vida en el artilugio que estaba manejando y líneas de información en fónico empezaron a desfilar por ella, reflejándose en los cristales de sus gafas. Natalia miró a sus compañeros de reojo y suspiró de alivio al ver por sus expresiones que no era la única que no entendía la mitad de lo que salía en la pequeña pantalla. Los únicos que parecían enterarse de algo eran Spinoza, Jade y Guy, y éste último con reservas.

-El fonómetro está operativo- anunció el ingeniero después de unos momentos-. Vamos a hacer una prueba.

Pulsó unas cuantas teclas y algo que Natalia consiguió reconocer como una barra de progreso apareció en la pantalla. Cuando apenas llevaba una pequeña porción llena, una alarma saltó justo al lado: Resultados de la búsqueda: 2 coincidencias. Búsqueda en curso... Spinoza pulsó otra tecla y una nueva pantalla se encendió en el aparato de al lado, esta vez una más grande que mostraba un mapamundi de Auldrant. En él aparecía un punto rojo parpadeante sobre Ciudad de Yulia.

-¿Ha funcionado, no?- inquirió Guy. Spinoza sonrió ampliamente.

-Creo que sí. El fonómetro ha captado dos señales con la frecuencia fónica que le dimos procedentes ambas de aquí; es decir, a Luke y a Asch. Seguirá buscando hasta que encuentre otra señal, pero no sé cuánto tardará. Supongo que dependerá de lo lejos que se hayan llevado la Llave.

-Toca esperar, pues- dijo Jade, colocándose bien las gafas-. Mientras el aparato termina con la búsqueda, Luke, hay algo que me gustaría tratar contigo. Bueno, en realidad... con ambos. ¿Me acompañas fuera, por favor?

-Claro- asintió Luke a media voz. Natalia los observó irse sin decir nada, pero en cuanto salieron cruzó una mirada con Tear. Primero el General malkuthiense desaparecía a no se sabía dónde en el desayuno, ¿y ahora se llevaba a Luke aparte para hablar con él y con Asch? ¿Qué demonios tramaba esta vez?

Un resoplido la sacó de sus cavilaciones. Guy se había sentado sobre unas cajas vacías, subiendo los pies encima de una tubería cercana y cruzando los brazos sobre el pecho. Entre sus cejas había aparecido una fina arruguita y tenía la boca torcida en un gesto contrariado.

-Guy, ¿va todo bien?- inquirió la princesa kimlascana. Guy sacudió la cabeza y clavó la mirada en las puntas de sus botas de cuero reforzado.

-No sé qué hacer con todo este asunto- admitió-. Luke debió decirnos lo que le pasaba, maldita sea. Pero... no soy capaz de seguir enfadado con él mucho más.

-Oh, si te preocupa eso, ya me encargo yo de enfadarme con él por los dos- gruñó Natalia. Tear sacudió la cabeza.

-De todos modos, creo que ninguno de nosotros sabemos qué hacer- comentó, antes de dirigir la mirada a Spinoza-. Tú fuiste uno de los implicados en la creación de Luke, ¿no es así?

-Sí, pero si vas a preguntarme sobre su situación actual, me temo que no tengo respuestas- dijo el ingeniero, apartándose del aparato (¿fonómetro, había dicho que se llamaba?) y mesándose la barbita de chivo-. El caso de Asch y Luke es una rareza en sí misma. Son los únicos isofones perfectos vivos que existen, y por ende las únicas criaturas cuyas fonorranuras están completamente sincronizadas. Y por si eso no fuera suficiente, está Lorelei; ignoro cómo podría influir la consciencia del séptimo fonón en todo esto exactamente.

-Jade sabe algo más, estoy segura de ello- afirmó Natalia, apretando los puños-. Él creó la fomicría, debe de tener alguna idea al respecto.

Pero Spinoza la miró con un brillo escéptico en los ojos.

-No estaría tan seguro, princesa Natalia- replicó-. Hay demasiadas lagunas en esta disciplina que ni siquiera el mismísimo doctor Balfour ha podido llenar. Seguramente esté tan perplejo como nosotros.

-¿Alguna vez había ocurrido algo parecido? ¿Que un original acabe dentro del cuerpo de su réplica?- preguntó Guy, curioso. Spinoza se lo pensó unos momentos.

-No estando ambos vivos, que yo sepa- respondió al fin-. Y no es que haya habido pocas oportunidades. El Maestro Fónico Ion llegó a tener siete réplicas, ¿recordáis? Y es un hecho reconocido que el efecto Big Bang acaba provocando que los fonones de uno de los dos individuos se separen y se transmitan al otro, pero... Una cosa son los fonones, y otra muy distinta, la consciencia. No sé; como ya os he dicho, hay demasiadas lagunas en la fomicría aplicada a seres vivos.

Natalia guardó silencio, reflexionando sobre lo que acababa de oír. Nunca antes había oído lo del efecto Big Bang, pero empezaba a explicarse bastantes cosas que no había entendido hacía cuatro años. Por ejemplo, por qué Asch había insistido una y otra vez en que no le quedaba tiempo, o por qué a veces parecía dispuesto a lanzarse de cabeza a las fauces de la muerte. Ahora todo cobraba un nuevo sentido.

En aquel entonces, el General Celestial se estaba muriendo. Otra cosa más que Natalia no había sido capaz de ver a tiempo.

El respingo que pegó Spinoza de pronto la sacó de sus pensamientos.

-¡Llamad a los demás!- exclamó el ingeniero-. ¡Tenemos la tercera señal!

Guy se levantó con tanta brusquedad que la caja donde había estado sentado se volcó, pero nadie se molestó en enderezarla. En un parpadeo el conde Gardios estaba de vuelta con Jade y Luke, que parecía estar esforzándose por ocultar el temblor de sus manos tras su espalda. Natalia se puso en pie y clavó la vista en la pantalla grande, la que mostraba el mapamundi de Auldrant. Un punto rojo fijo había aparecido en la costa oriental de Rúgnica, justo sobre el golfo de Akzeriuth.

-Esto no tiene ningún sentido- murmuró Luke-. Noir dijo que no había nada allí.

-También dijo que muchos Siervos estaban desplazándose hacia ese punto- observó Natalia. Jade frunció el ceño.

-Lo que no tiene sentido es que estemos aquí especulando sin haber inspeccionado el lugar con nuestros propios ojos- declaró-. Spinoza, repite la búsqueda por si acaso. El resto de vosotros, preparaos para partir mientras yo aviso al Gran Maestro; nos vamos a Daath inmediatamente.

Spinoza se quedó en Ciudad de Yulia monitorizando la posición de la Llave de Lorelei, y el Cygnus llevó a los demás a la sede de la Orden con su rapidez habitual. Allí se reunieron de urgencia con el General Dórico Blacksen, Florian y Anise (Natalia no pudo evitar percatarse de la larga mirada curiosa que le dirigió ésta a Luke; seguramente ya había leído la carta). El Maestro Fónico y su Guardiana parecían ansiosos por unirse al equipo, pero Blacksen no lo permitió.

-Sin ánimo de ofender, sargento Tatlin, pero prefiero que el Maestro Fónico se aleje de riesgos innecesarios- dijo el Comandante, en un tono severo que viniendo de un hombre de su estatura no admitía réplica-. Y hablando de riesgos innecesarios... Tear, tú tampoco vas.

-¿Qué?- exclamó Luke, indignado. Tear entrecerró los ojos.

-Con todos mis respetos, señor, me gustaría saber el porqué de semejante orden.

-Si son los Siervos de Lorelei, necesitarán a alguien que sepa entonar los himnos fónicos de Yulia para invocarle- respondió Recard firmemente-. No pienso arriesgarme a entregarles en bandeja lo que quieren. Contaréis con la ayuda de un General Celestial, por supuesto, pero no será Tear.

-Señor, agradezco su preocupación, pero creo que soy capaz de cuidarme sola.

-Me alegra oír eso, pero mi decisión sigue siendo la misma. Te quedarás en Daath con tu escuadrón hasta nuevo aviso, y no hay más que hablar. El General Celestial Hyren Regnar está ahora mismo en San Binah, si vais al golfo de Akzeriuth le escribiré para que se reúna con vosotros en el Paso de Deo.

-En realidad, mejor que se quede en San Binah- intervino Jade- y que nos prepare un barco discreto en la desembocadura del río.

-¿Vais a ir por mar?

-Bordearemos la costa este de Rúgnica hacia el sur, sí. Por tierra seguramente nos esperen, pero por mar tenemos una posibilidad de sorprenderlos. Además, los Alas Oscuras no consiguieron ver nada desde tierra firme; tal vez cambiado la perspectiva encontremos algo interesante.

-Muy bien. Avisaré a Hyren, entonces.

Natalia desvió su atención de la conversación entre los dos militares y dirigió una mirada a Tear, que desde que había oído las órdenes de su superior tenía el ceño fruncido y los hombros tensos. A la joven castaña no le gustaba que la dejasen en tierra, pero esta vez Natalia se alegraba de que así fuera. Blacksen tenía razón: si eran en efecto los Siervos de Lorelei intentando formar un segundo Pacto, necesitarían a Tear. Y la princesa de Kimlasca no estaba dispuesta a arriesgar la seguridad de su amante, por mucho que eso la pusiera de mal humor.

Una media hora después, tomaron un Albiore hacia Baticul, donde harían la primera escala del viaje para avisar a la corona kimlascana de sus planes y descubrimientos. Natalia apenas tuvo tiempo de despedirse de Tear, pero mientras la nave despegaba en el aeropuerto de las afueras pudo lanzarle un disimulado beso por la ventanilla. La General Celestial sonrió a su pesar desde la pista de despegue y agitó la mano en el aire para despedirse, antes de que los dos soldados del Oráculo que la escoltaban se la llevasen de vuelta a la ciudad. La joven rubia sonrió también. En los labios de Tear había podido leer, antes de que se girase, la palabra "cuidaos".