XIV- Recoger lo sembrado

Las nubes pasaban a toda velocidad al otro lado del cristal en el campo de visión de su réplica. Asch se entretuvo en observarlas aparecer y desaparecer a través de sus ojos, que estaban fijos en la inmensidad azul que se extendía bajo el Albiore. Tal vez habría podido obligarle a desviar la vista hacia algo más interesante, pero no quería arriesgarse a que volviese a suceder lo de la vez anterior. Que Luke se desmayase y le dejase sumido en la oscuridad y el silencio había sido extremadamente aburrido y frustrante.

Podría decirse que Asch había sido el causante principal de su desvanecimiento en Ciudad de Yulia. Aprovechando el estrés del momento y que las defensas de Luke estaban bajas, el antiguo General Celestial había intentado tomar el control de su cuerpo... con resultados claramente nefastos para ambos. La réplica se había resistido, aunque probablemente de forma inconsciente, algo que Asch no esperaba; y al final los dos habían acabado agotándose demasiado como para que ninguno de los dos pudiera mantener el cuerpo en pie.

Había sido un imprudente arriesgándose de esa manera. No debió intentar controlarle por completo, debió empezar por algo más pequeño. Todavía no tenía fuerzas suficientes para aspirar a nada más allá de un brazo o una pierna, y en adelante pondría buen cuidado en no sobrepasar sus propios límites. Demasiada suerte había tenido con que Luke no se diese cuenta de lo que había pasado realmente.

Por la mente de su réplica flotaba la conversación que había mantenido con Jade antes de que Guy les avisara de que tenían la localización de la Llave. Llevaba ya dos días dándole vueltas.

-¿Qué ocurre, Jade?

-Tengo ciertas dudas sobre vuestro caso. Espero, por vuestro propio bien, que alguno de los dos sea capaz de resolverlas.

Luke lo miró, expectante, aunque Asch pudo notar cautela en la tensión que había en sus hombros.

-Cuando apareciste en el valle de Tataroo, ¿notabas a Asch ahí dentro?

La réplica desvió la mirada.

-No. No lo noté hasta que consiguió contactar conmigo, hace ya más de un mes.

-¿Dónde estuviste antes de volver a Tataroo?

Luke no respondió, y una vez más, Asch se encontró con una barrera al intentar buscar la respuesta en su mente.

-Luke, aunque no te lo creas, no estoy interrogándote, sólo intento ayudarte. Por favor, responde a mi pregunta.

El joven cerró los ojos y sus manos empezaron a temblar. Las apretó en puños en un intento de disimularlo.

-No puedo decírtelo, Jade. De verdad que no puedo.

-Pues si no me lo quieres contar, no puedo ayudarte, lo siento mucho. Tal vez Asch se muestre más cooperativo...

-A él tampoco se lo he dicho- murmuró Luke-. No es que no quiera contártelo, Jade, te lo prometo. Es que no... No puedo...

En ese momento, apareció Guy e interrumpió la conversación. Tenían la posición de la Llave.

Tanto secretismo con sus dos años de ausencia empezaba a poner de los nervios a Asch. El que no fuese capaz de sacarle la respuesta por la fuerza tampoco ayudaba, ni el hecho de que la única parte de sus recuerdos a la que no podía acceder nunca era precisamente ésa. Una vez más, la pregunta de qué demonios había pasado con Luke, con ambos, durante aquellos dos años flotó por su mente, como un molesto mosquito que no se dejaba aplastar.

Bajo el Albiore, el mar se convirtió en tierra por fin, y pronto pudo ver a lo lejos San Binah. Asch habría suspirado de alivio de haber tenido un cuerpo propio con el cual hacerlo. El viaje, con una escala en Baticul y otra en Chesedonia, había durado dos largos y tensos días; se alegraba de que llegase a su fin de una vez. Todo el mundo a bordo parecía ansioso por entrar en acción, y salvo Jade, nadie parecía tener muy claro cómo dirigirse a Luke.

"Se lo tiene merecido. Uno acaba recogiendo lo que ha sembrado, eso le pasa por no hacerme caso" se dijo el antiguo General Celestial.

En el aeropuerto, situado a un par de kilómetros de la Ciudadela, había una decena de Caballeros del Oráculo esperándoles. Al frente de todos ellos Asch pudo ver una figura no muy alta vestida de verde, a todas luces el tal Hyren Regnar. En cuanto aterrizaron y descendieron de la nave los Caballeros se acercaron, y los ojos de Luke se posaron de inmediato sobre el hombre de verde. La respiración se les cortó durante unos instantes.

El joven que tenían ante sí no era mucho más mayor de lo que Anise había sido cuando se enfrentaron a Van, pero su porte orgulloso y la forma en que los soldados se giraban a mirarle delataban su posición como General Celestial. Vestía una camisa verde y larga de manga corta con bordados negros, y bajo ella otra camisa gris de manga larga y pantalones holgados del mismo color. Calzaba unas botas altas también verdes y por su espalda caía una capa negra con bordados dorados, entre los que Asch pudo reconocer fácilmente los símbolos que solían llevar los altos cargos de la Orden. De su cinturón colgaba una espada envainada, seguramente un sable de un solo filo, con una sencilla guarnición alrededor de la empuñadura. Pero lo que más impresionaba era su rostro rodeado de cabello rubio paja: aquel chico era la viva imagen de Legretta la Rápida. Excepto por sus ojos, que eran de un vivo azul turquesa.

-Bienvenidos a San Binah- saludó, con una reverencia breve pero respetuosa-. Espero que el viaje no haya sido muy pesado.

-No se preocupe, ha sido por una buena causa- intervino Jade-. Creo que quitando al conde Gardios, no conoce a mis compañeros, General.

-En realidad sí, me ocupé de la seguridad del vizconde Fabre en su última visita oficial a Daath. Y esta bella dama sólo puede ser su prometida, Natalia Luzu Kimlasca-Lanvaldear- sonrió Regnar.

-¿Fue usted quien se ocupó de eso?- dijo Luke, tragando saliva. Pero la sonrisa del General Celestial era sincera.

-Si no me vio, es que hice bien mi trabajo- respondió-. Notta estará orgullosa de mí, seguro. En cualquier caso, si vamos a ser compañeros, por favor, llámenme Hyren. Es más corto que "coronel de locrio Regnar", les costará menos gritarlo si me necesitan.

"Si no fuera tan condenadamente parecido a Legretta, sería hasta simpático" comentó Asch. "Pero hazme un favor, a ver si puedes pillar a Jade por banda y averiguar de dónde ha salido este chaval."

"Descuida, yo también quiero averiguarlo."

Se pusieron en marcha casi de inmediato, siguiendo el río escoltados por los soldados del Oráculo y con Hyren a la cabeza, que no tardó en entablar conversación animadamente con Natalia. A Asch no le gustó demasiado aquello, pero al menos les proporcionó una oportunidad para hablar con Jade sin que el joven General Celestial los oyese.

-Habéis notado el parecido, ¿verdad?- murmuró el Nigromante. Guy tragó saliva y Luke se volvió a mirarle.

-Por supuesto que sí, es imposible no notarlo- replicó éste en el mismo tono-. ¿Es familia de Legretta?

-Desde luego que lo es. No llegó a conocerla, pero la Rápida era su madre.

A Luke se le olvidó respirar durante unos momentos. Asch no lo culpaba, a él también se le habría olvidado.

-No puede ser, ¿cuántos años tiene?- preguntó Guy, mirando de reojo al joven de verde, que caminaba varios metros por delante con Natalia.

-Trece para catorce. El oficial más joven que ha tenido la Orden nunca, con la única excepción de Asch, claro. Su padre lo escondió en Ciudad de Yulia nada más nacer, ya que a las mujeres que forman parte de los Caballeros del Oráculo no se les permite tener descendencia.

-Su padre... ¿cómo es que conocía la existencia de Ciudad de Yulia?- musitó Luke, clavando la mirada en el largo cabello rubio cortado desenfadadamente a capas de Hyren.

-Porque era de allí, naturalmente. ¿No reconoces sus ojos? Los ha heredado de él.

Y entonces, la última pieza encajó en el puzzle. Asch quiso gritar. Claro que conocía aquellos ojos azules: todos los Grants que conocía los tenían.

-¿Es el hijo de Van?- preguntó Guy, sorprendido.

-Sí. Su verdadero nombre es Hyren Musto Fende, pero eso es algo que ni siquiera él sabe. En la Orden juzgaron conveniente que el chaval no conociese los detalles sobre sus padres, a los que de todos modos no llegó a conocer. Lo único que le dijeron es que su madre era un Caballero del Oráculo que murió en acto de servicio. Naturalmente, tampoco sabe que tiene una tía viva, aunque Tear sí que está informada. Y así debe seguir, así que por favor, tratadle con normalidad.

-Claro, claro...

-Ah, y que no les dejen tener hijos no quiere decir que sean célibes, como tu otra mitad seguramente sabe bien, Luke- comentó Jade como de pasada-. Así que dile a Asch que si se lo está preguntando, la respuesta es , debería vigilar cuánto se acerca Hyren a Natalia.

Si el antiguo General Celestial hubiese tenido cuerpo propio, seguramente Jade estaría comprobando ahora mismo por qué le llamaban el Sanguinario. Una oleada de ira lo recorrió por dentro. El día que consiguiese controlar un brazo de Luke, aunque sólo fuese un simple brazo, el Nigromante iba a sufrir. Mucho.

-Tranquilo, te ha oído y está la mar de contento con ello- suspiró Luke, agitando la cabeza.

-No me cabe la menor duda.

Alcanzaron el barco casi al mismo tiempo que Rem empezaba a hundirse en las llanuras que quedaban a sus espaldas. Alrededor de la orilla había más Caballeros del Oráculo esperándoles con botes para llevarles al barco, un sencillo y relativamente pequeño modelo de acorazado ligero bautizado como Sagitta fondeado a unos cuantos metros, con la quilla pintada de azul verdoso mate y las velas blancas. Embarcaron sin más dilación y Hyren organizó los turnos de guardia y descanso en apenas unos minutos, de forma que los cinco (seis, en realidad, pero eso incluso Asch prefería que no lo supiese) tuvieran el primer turno de la travesía libre para reunirse en el camarote del capitán y planear el siguiente paso.

-Si mantenemos la velocidad, llegaremos al golfo antes de que amanezca- dijo el General Celestial-. Podemos ir más rápido, pero comprometeríamos el sigilo de la nave.

-No tiene mucho sentido llegar en plena noche, no veríamos gran cosa- respondió Guy encogiéndose de hombros-. No obstante, deberíamos dejar el barco fondeado en alguna cala discreta y acercarnos en los botes, serán más discretos, ¿no?

-Debo discrepar, señor. No sabemos qué hay ahí esperándonos, y en cualquier caso el Sagitta tiene equipado un dispositivo de camuflaje. Acercarnos en una nave más endeble es un riesgo que no quiero correr, no con un General y un aristócrata de Malkuth y Sus Altezas de Kimlasca-Lanvaldear a bordo. Porque supongo que no podré disuadirles de que nos dejen el trabajo a nosotros y se queden mirando, ¿verdad?

-Si sigues tratándonos tan formalmente, ten por seguro que no- negó Natalia, sonriendo levemente. Luke se encogió de hombros.

-Natalia tiene razón, ahora somos compañeros. Y si nos necesitas, nuestros nombres también son más fáciles de gritar que nuestros títulos- añadió.

"Qué rápido te fías del enemigo."

"Asch, no seas paranoico. Es el hijo del maestro, no el maestro reencarnado. Además, me cae bien."

"Apuesto a que Van también te caía bien."

"Eso ha sido un golpe bajo."

-Bien, entonces nos acercaremos desde el Sagitta con ese dispositivo de camuflaje- dijo Jade, zanjando el asunto.

-Por curiosidad, ¿qué esperan...? Perdón, ¿qué esperáis encontrar?

-Todavía no lo sabemos- admitió el General-. Pero si nuestras sospechas son correctas, resultará bastante evidente.

La noche transcurrió sin mayores incidentes que una ligera marejada que no hizo buenas migas con el estómago de Natalia. Cuando el astro rey empezó a ascender al otro lado del mar, Hyren dio la orden de activar el camuflaje y unos complicados glifos fónicos rodearon la nave con una barrera transparente desde dentro, pero que según les explicó el ingeniero de máquinas de a bordo, desde fuera imitaba lo que la rodeaba, escondiendo el Sagitta como si fuera un camaleón. Protegidos de miradas indiscretas, doblaron el cabo junto a la desembocadura del Fubras y lo que una vez había sido Akzeriuth quedó a la vista al fin.

Asch pudo notar cómo se le encogía el corazón a su réplica al contemplarlo. Había un tremendo hueco en la costa, como si un gigante hubiese llegado y le hubiera asestado una dentellada al borde del continente de Rúgnica. Lo había visto antes en los mapas más nuevos, pero verlo en persona impresionaba muchísimo más. El cráter en forma de media luna, de paredes prácticamente verticales, se había inundado, y las olas batían la base de los acantilados con tal violencia que seguramente en unas cuantas décadas éstos empezarían a derrumbarse. Un ramalazo de culpabilidad se agarró al pecho de Luke, y esta vez Asch no hizo nada por consolarlo. Él mismo no podía dejar de mirar la huella imborrable que había dejado el joven sobre la superficie del planeta.

-Luke, ¿estás bien?- murmuró Guy a su lado, poniéndole una mano en el hombro. Luke tragó saliva y asintió.

-Sí, sí, no te preocupes. Sólo ha sido un momento- respondió, apartando al fin la mirada de los acantilados.

"¡Espera! Vuelve a mirar para allí" ordenó Asch. Había captado algo por el rabillo del ojo. Luke, apretando los dientes, obedeció y frunció el ceño.

-¿Ves algo?- preguntó Guy. Luke entrecerró los ojos y Asch se esforzó por volver a localizar lo que había visto, pero la réplica le tomó la delantera esta vez:

-Ahí- dijo, señalando una grieta de tamaño difícil de precisar a aquella distancia-. Ahí hay algo. Los fonones están demasiado concentrados y ordenados, tiene que haber algún glifo o algo así.

-¿No podría ser un vestigio del Sephiroth?- intervino Hyren. Luke sacudió la cabeza con una sonrisa amarga.

-Te digo yo que de ese Sephiroth ya no quedan ni los restos.

Hyren lo miró con las cejas arqueadas, hasta que de repente pareció recordar algo.

-Oh, cierto. Lo había olvidado- murmuró. Dirigió una fugaz mirada al cráter y se volvió hacia Luke, tan serio que por unos instantes parecía diez años mayor-. No vi lo que ocurrió aquí, pero me han puesto al corriente. ¿Me permite que le sea sincero al respecto?

-¿A qué viene esto ahora?- intervino Guy, molesto, pero Luke alzó una mano para detenerlo.

-Está bien. Habla, Hyren, por favor.

-He conocido a mucha gente fuerte en mi vida, señor- dijo el joven-. O al menos eso creía, hasta que he visto esto. Ahora creo que sólo he conocido a una persona que merezca tal título, y es el vizconde que tengo delante de mí. Me alegra de veras tenerle de mi lado, señor.

Asch observó al joven General Celestial, intentando averiguar si sus palabras eran una burla o una alabanza, pero no parecían ser ninguna de las dos. Su tono era directo, sereno, como el de alguien que afirma una verdad absoluta; no había rastro de ironías ni dobles sentidos.

-¿Crees que soy fuerte por haber destruido todo esto?

-No sólo. Hay dos clases de fuerza: la voluntad, y el poder. Usted posee ambas, y eso... no es tan fácil de encontrar.

Luke sonrió levemente.

-Gracias, Hyren.

"Para ser tan retaco, no habla nada mal. ¿A quién me recordará?" comentó Asch.

"Oh, vamos, cállate. Seguro que os llevaríais bien si te conociese."

"Sí, una lástima que esté encerrado dentro de mi estúpida réplica."

Luke suspiró y se llevó una mano a la sien, atrayendo una mirada indescifrable de Jade, pero antes de que ninguno de los dos pudiera decir nada, Natalia pegó un respingo y señaló la grieta.

-¡Mirad, parece que sale alguien!

Los demás se volvieron hacia allí, y Asch habría jurado que la abertura hacía unos momentos no parecía tan grande. Por ella estaba saliendo un sencillo bote a motor de cabina cerrada que maniobró hábilmente entre las olas, evitando lo que posiblemente fuesen rocas sumergidas. Cuando pasó junto al Sagitta, que seguía escondido por su dispositivo de camuflaje, pudieron distinguir unas tres o cuatro personas en el interior de la pequeña embarcación. Ninguno de ellos llevaba uniformes que Asch reconociese, ni el bote tenía emblemas o bandera alguna. Pasó de largo siguiendo la costa en dirección al sur y pronto lo perdieron de vista.

-Podríamos seguirlo- sugirió Hyren, pero Jade negó con la cabeza.

-Lo que nos interesa no se ha movido del sitio. Deshagamos ese glifo y veamos qué es lo que está escondiendo exactamente- ordenó, señalando la grieta con el mentón.

-A la orden. ¡Artilleros!- exclamó Hyren-. ¡Carga fónica de media potencia a las once en punto, a mi señal! ¡Preparaos para alzar el escudo si es necesario!

El ruido de la maquinaria del Sagitta hizo vibrar la cubierta bajo sus pies mientras los Caballeros del Oráculo se desplegaban por las entrañas del barco. Tres finos cañones salieron de un compartimento en la proa, apuntando en la dirección de la grieta. Asch observó las puntas de los cañones iluminarse durante unos momentos, conteniendo el disparo.

-¡Fuego!

Un destello de luz y el glifo fónico de la grieta estalló en miles de chispas de colores, con un sonido parecido al de una copa de cristal rompiéndose. El acantilado mismo se iluminó y pareció temblar durante unos momentos, y los que estaban en cubierta se protegieron los ojos del brillo cegador que irradiaba. Cuando la luz desapareció, una miríada de cuevas y aberturas había aparecido de la nada en el acantilado donde antes no había nada más que roca maltratada por el viento y las olas. Y a Asch se le cayó el alma a los pies cuando vio lo que salía de uno de los agujeros.

-¡Escudos!- exclamó Hyren una milésima de segundo tarde. El disparo de la antiaérea hizo blanco en la quilla del barco por la parte de estribor, arrancándole un desagradable chirrido a la nave y haciendo que la cubierta se ladease. Luke se agarró a la barandilla con una mano y aferró a Natalia por el codo con la otra, intentando mantenerles a ambos en equilibrio. Hyren no dejaba de proferir órdenes a voz en grito y Jade parecía estar invocando algún arte.

-¡Jade, no es el mejor momento para presumir de repertorio!- advirtió Guy, aferrándose también a la barandilla.

-Es un momento tan bueno como cualquier otro- replicó Jade, liberando el arte fónico. Un maremoto en miniatura se desató en la base del acantilado, empujando al Sagitta mar adentro y arrollando a los tres botes con cañones que habían salido de la grieta sin que nadie más se diera cuenta. Sin embargo, en cuanto las olas recuperaron la normalidad, otras cinco embarcaciones salieron del acantilado y se lanzaron a toda máquina hacia el pequeño acorazado, con el inconfundible brillo de los fonones acumulándose en las bocas de los delgados cañones.

Hyren estaba ordenando la retirada y empujándoles debajo de la cubierta al mismo tiempo. Por los gritos que llegaban de estribor, habían perdido los escudos y el dispositivo de camuflaje. El blindaje del casco les había salvado de que se abriera un boquete por el que pudiese entrar agua, pero aun así, no podían arriesgarse a seguir allí con Lorelei sabía cuántas armas y de qué calibre apuntándoles. No tan rápido como a Asch le hubiese gustado, el Sagitta emprendió la retirada rumbo al norte de nuevo, pero los botes eran claramente más veloces, y aunque la artillería de a bordo se deshizo de un par de ellos, los otros tres les estaban dando alcance rápidamente. El suelo volvió a temblar cuando uno de los disparos de los botes acertó en la popa.

El antiguo General Celestial luchó por mantener la calma e ignorar el caos que había dentro de la cabeza de su réplica y en el interior de la nave. Si seguían disparándoles, por muy acorazado que fuese el barco, acabarían yéndose a pique. Tenían que escapar como fuese. ¿Por qué demonios el barco parecía estar aminorando de repente? ¿Les habían dado en algún motor? ¡Tenían que salir de allí!

A su lado, Natalia estaba curándole una pequeña contusión en la cabeza (pero manteniendo una cierta distancia, claro) a Guy, que debía de haberse golpeado contra algo cuando Hyren les había obligado a refugiarse bajo la cubierta. Los séptimos fonones que flotaban desde su mano hasta la frente del rubio le dieron una idea.

"Réplica, agárrate a algo."

"¿Qué? Asch, ¿qué vas a...?"

Asch lo ignoró y se concentró. Al infierno con la cautela, si aquello salía mal al menos se desharían de sus perseguidores en un segundo. Y no iba a salir mal, de todos modos; se había pasado años practicando con aquel poder. Que llevase un tiempo sin hacerlo no quería decir que no fuese capaz.

Los séptimos fonones se plegaron a su voluntad enseguida, agrupándose alrededor del barco, concentrándose hasta que el aire mismo pareció estar hecho de luz. Incluso para alguien que no fuese un séptimo fonista, la energía que sobrecargaba el ambiente era más que evidente, y por si eso no hubiera sido bastante, el cuerpo de Luke había empezado a emitir un inconfundible brillo violáceo. Seguramente la réplica estaría gritándole que qué se proponía, pero Asch no se permitió distracción alguna. Aferró firmemente cada séptimo fonón, obligándolos a agruparse hasta que resonaron al unísono con su voluntad... y justo entonces, con un grito que sonó demasiado real como para haber sido sólo mental, los liberó, justo antes de perder el conocimiento de puro cansancio.

El destello cegador de una hiperresonancia se elevó hacia el cielo, como un cometa de metal fundido. Cuando la luz se disipó, no quedaba ni rastro del barco sobre las agitadas olas.