XV- Respuestas
-Luke, despierta. Vamos, hombre, arriba...
Luke se despertó sobre una superficie dura, con una mano sacudiéndole el hombro con suavidad. Entreabrió los párpados, esforzándose por enfocar la vista hasta que pudo distinguir los rostros de Guy y Natalia entre los mechones de cabello rojo que se habían metido en su campo visual. Los apartó de ahí con una mano y se incorporó trabajosamente. Notaba la cabeza palpitarle de dolor.
-¿Qué ha pasado?- murmuró.
-Dínoslo tú- replicó la voz de Hyren algo más lejos. Luke alzó la mirada. El General Celestial lo observaba apoyado contra la barandilla de la cubierta con una mezcla de enfado y curiosidad pintada en la cara. El pelirrojo se llevó una mano a la cabeza, que no había dejado de dolerle, y miró a su alrededor. Estaban sobre la cubierta del Sagitta, fondeado a pocos metros de lo que no podía ser otra cosa que el valle de Tataroo, con las ruinas de Eldrant envueltas en la bruma de la mañana al lado. Al este se adivinaba la tímida luz del amanecer. ¿Qué demonios estaban haciendo allí?
Un carraspeo a su izquierda distrajo sus pensamientos. Jade acababa de subir a cubierta.
-No parece haber rastro de nuestros perseguidores. Buen trabajo, Luke, los dejaste atrás y seguramente bastante perplejos... aunque ya podías haber pensado en un sitio menos apartado de cualquier tipo de civilización- comentó, colocándose bien las gafas. Luke frunció el ceño, desconcertado.
-¿De qué estás hablando, Jade?
-De tu plan de retirada secreto usando la hiperresonancia, obviamente. Sí, ése que no nos contaste a ninguno, ése mismo. ¿Cómo, si no, te crees que hemos acabado al norte de Aberria?
Luke se masajeó las sienes, hasta que lo sucedido volvió a su memoria de golpe sumándose a la persistente jaqueca. Cierto, alguien había desencadenado una hiperresonancia mientras intentaban alejarse del golfo de Akzeriuth, justo después de que les reventaran el motor. Pero había algo que no cuadraba...
-Pero si yo no he...
… hasta que de pronto la última pieza encajó. No había sido él, había sido Asch. Cuya presencia, ahora que se fijaba, no conseguía sentir. Con un nudo en el estómago, se esforzó por dejar a un lado el dolor de cabeza para centrarse en buscarlo.
"¿Asch?"
No hubo respuesta. Lo volvió a intentar.
"Asch, ¿puedes oírme?"
Nada. El pánico empezó a abrirse paso por su pecho, apretando el nudo que notaba en el estómago.
-No, no, no... ¡Asch!- exclamó, sin darse cuenta de que estaba hablando en voz alta-. ¡Responde, maldita sea!
-Luke, ¿qué pasa?- preguntó Natalia, preocupada. Luke sacudió la cabeza.
-No consigo... No puedo contactar con Asch. ¡No está!
-¿Qué quieres decir con que no está?
Pero Luke ya no la escuchaba. Cerró los ojos con fuerza, hundiéndose en el espacio mental que había creado su original. Estaba más oscuro que de costumbre, pero forzando la vista consiguió distinguir una figura vestida de negro tendida en el suelo un poco más lejos. Con el corazón latiéndole a mil por hora, corrió hacia allí y se dejó caer a su lado.
-¡Asch!
Lo incorporó con cuidado sobre su regazo y le apartó la melena carmesí de la cara. Tenía los ojos cerrados, pero no parecía herido... aunque sí un poco pálido. Luke, tragando saliva, lo agitó con cuidado. Le daba miedo comprobar si respiraba. De hecho, ¿acaso les hacía falta respirar a alguno de los dos allí?
-Asch, por favor, respóndeme... Dime algo...
Una fina arruga se dibujó entre las cejas pelirrojas de su original, que dejó escapar un gruñido y abrió los ojos poco a poco.
-Réplica...
Luke suspiró de alivio y se aferró a sus hombros hasta arrancarle un quejido.
-Menos mal... ¡No vuelvas a darme un susto como ese! ¡Pensé que habías desaparecido!
-No caerá esa breva... Y ahora suéltame, vas a romperme una clavícula.
-Uy, lo siento.
Le soltó con cuidado y dejó que Asch se sentara. El color iba volviendo poco a poco a su piel bajo el largo y descuidado flequillo, que le había caído sobre los ojos. El antiguo General Celestial se pasó una mano por el pelo para intentar retirarlo de su rostro y miró a Luke, interrogante.
-¿Funcionó?
-¿Te refieres a la hiperresonancia?
-Obviamente, ¿a qué si no?
-Sí, funcionó. Estamos frente al valle de Tataroo, no hay ni rastro de los botes.
Asch relajó los hombros y se permitió una levísima sonrisa de satisfacción.
-Excelente- murmuró para sí. Desenvainó su espada y la clavó en el suelo, usándola de apoyo para levantarse. Luke vigiló sus movimientos, mucho más torpes que de costumbre, por si le fallaban las piernas.
-Oye, ¿estás bien?
-Sólo un poco cansado, no te preocupes. Vuelve con los demás, querrán saber qué ha pasado.
Luke asintió, y tras dedicarle una última mirada, volvió al mundo real en un parpadeo. El dolor de cabeza había remitido bastante, pero sus compañeros lo miraban con distintos grados de preocupación en el rostro. Seguramente la más angustiada era Natalia.
-¿Qué ha pasado? ¿Está bien Asch?
-Sí, sí, sólo ha sido un susto- respondió Luke con una sonrisa tranquilizadora-. No fui yo quien causó la hiperresonancia, fue él. Está exhausto, pero está bien.
-Cuánto me alegro...- suspiró Natalia, aliviada. Hyren, con el ceño fruncido, se cruzó de brazos y se acercó a ellos.
-Espero una explicación, dama y caballeros- dijo, atravesándolos con la mirada uno por uno hasta detenerse en Luke. Por un momento, le pareció que era Tear quien lo miraba desde aquellos ojos azules. Maldijo los parecidos familiares de aquel chaval, no ayudaban nada a su jaqueca.
Jade se subió las gafas y enterró las manos en los bolsillos.
-Sí, creo que va siendo hora de explicar unas cuantas cosas.
-A ver si lo he entendido- dijo Hyren un buen rato más tarde, rascándose los lacrimales y con claros síntomas de estar a punto de sufrir una migraña-. Luke fon Fabre, aquí presente, es una réplica de Asch el Sanguinario, caído en combate durante la batalla de Eldrant de hace tres años, y por culpa de ese... efecto que no he entendido del todo, el original ha acabado dentro de su réplica y es capaz de actuar por su cuenta. Y todos lo sabíais menos yo.
-A grandes rasgos, así es, aunque esta hiperresonancia ha sido lo más que ha conseguido hacer Asch desde ahí dentro hasta la fecha- asintió Jade sin inmutarse. El más joven de los pelirrojos, por quinta vez en la última media hora, luchó para no alzar la mirada de sus zapatos.
No le habían contado a Hyren todo. De hecho, era Jade quien se había encargado de ponerle al día en aquello que juzgó conveniente. El General malkuthiense había omitido la edad real de Luke, la identidad de sus creadores o la verdadera procedencia de Asch. Hyren pareció conformarse con la información que tenía, en cualquier caso; o eso, o la inminente migraña hizo que desistiera de seguir preguntando.
-Bueno, tampoco era un detalle tan relevante para el asunto que nos atañe, después de todo, aunque está bien saberlo- comentó Hyren, sacudiendo la cabeza-. Pasemos a lo importante. Nos hemos quedado sin motor y no tenemos ni rastro de civilización cerca donde encontrar un astillero.
-Si sacamos los botes salvavidas, ¿llegaríamos hasta Ciudad de Yulia?- probó Guy, aunque no sonaba muy convencido de sus propias palabras.
-No creo. Nos iría mejor intentando reparar el motor con lo que tenemos a mano, y aun así tardaríamos demasiado- negó Hyren.
-¿Tenemos palomas mensajeras a bordo?- preguntó Natalia, pensativa.
-No, fallo mío al preparar el barco, lo siento. Pero... Chesedonia no está demasiado lejos. Si no nos perdemos en el bosque, podríamos enviar un mensaje desde allí a Daath, o tomar un barco a Baticul e ir en Albiore desde allí.
-No nos perderemos, descuida. Esta zona ya nos la conocemos, ¿verdad, Luke?
El aludido alzó la mirada por fin de sus botas y asintió.
-Claro que sí. No sé cómo me las apaño para terminar siempre aquí- dijo, sonriendo débilmente.
-Decidido entonces. Dejaré a parte de mis hombres aquí cuidando del Sagitta, y nos llevaremos a otros cuantos por lo que pueda ocurrir.
-Con todos mis respetos, Hyren- intervino Guy-, pero creo que podemos cuidar de nosotros mismos.
-Estoy de acuerdo- asintió Jade-. Además, las multitudes llaman demasiado la atención, y cuanta más gente, menos capacidad de maniobra.
Hyren aceptó a regañadientes y apenas una hora después desembarcaron con los botes salvavidas en tierra firme. La guarnición del General Celestial se quedó repartida entre el Sagitta y la costa, montando guardia a la espera de que Daath enviase un remolcador para recuperar el barco, y los seis compañeros emprendieron el camino hacia el sur. Con un poco de suerte, Spinoza estaría pendiente de la posición de Luke y Asch y podría adelantarse a sus intenciones.
El viaje transcurrió tranquilo durante la mayor parte del tiempo, salvo por algún que otro encontronazo con los monstruos que merodeaban por el lugar y que no les costó demasiado despachar. Natalia y Hyren (que también resultó ser un séptimo fonista) curaban más tobillos torcidos y cortes de zarzas que heridas de pelea; y Jade, con la excusa de sus "cansadas articulaciones", apenas se molestaba en intervenir cuando se cruzaban con algo. Luke, en cambio, solía ser el que primero atacase cuando un elemento hostil les salía al paso, buscando distraerse de la cantidad de recuerdos que le traían el valle tapizado de selenias y el frondoso bosque que atravesaban.
Asch no decía nada al respecto, pero lo notaba ojeando todo lo que acudía a su mente. Como un grifo volando en círculos mientras espera a que la presa asome de su madriguera, aguardaba a que la respuesta a sus preguntas aflorase a su memoria. Bueno, si era por Luke, podía seguir esperando, y más le valía estar cómodo. No iba a encontrar lo que buscaba, daba igual cuánto se esforzase.
Pasaron junto a las ruinas de Eldrant, prácticamente engullidas por la vegetación, y Luke no pudo evitar que un estremecimiento lo recorriera al contemplar las amenazadoras formas de la réplica de Hod cubiertas de mil tonos distintos de verde. En un lateral juraría que podía ver todavía el hueco que había dejado el Albiore de Ginji al estrellarse. ¿Seguiría en pie la explanada sobre la que habían derrotado al maestro Van? ¿Y la sala donde Asch y él habían luchado? Acarició distraídamente la empuñadura de su espada, sujeta a su cinturón en horizontal sobre la base de su espalda. Era una ornamentada cimitarra de un solo filo, muy parecida a la que le había entregado a su original tras vencerle, pero no era la misma. La vieja se había quedado en Eldrant; tal vez siguiera por ahí, acumulando óxido entre los cascotes y el polvo.
"No llegué a devolvértela" comentó Asch de repente. "Tu espada, quiero decir."
"Oh, no pasa nada. Ya me he acostumbrado a ésta, de todos modos. Oye, ahora que me acuerdo, ¿qué fue de la tuya?"
"¿Cuál?"
"La negra esa, la que tenía el emblema en la hoja en dorado. ¿Por dónde andará?"
"A saber. No iba a cargar con dos, así que en cuanto tuve la Espada de Lorelei, empeñé la Maestro. Era una buena espada, pero... me estaba quedando ya sin fondos."
"Lástima."
De vez en cuando Luke notaba la mirada de Jade clavada en su nuca, pero las preguntas que sabía que rondaban la mente del General no llegaron a salir de su cabeza. Tras pasar las ruinas de Eldrant, no obstante, la sensación de sentirse atravesado por los ojos rojizos del Nigromante se volvió cada vez menos frecuente, hasta el punto de que terminó olvidándose de ello. Tras unos días de marcha sólo interrumpida para comer y descansar de noche, por fin llegaron a Chesedonia.
La ciudad los recibió con su familiar bullicio de gentes de todo tipo transitando por las calles. Los olores de especias, perfumes, comidas y humanidad se mezclaban en el aire con los gritos de los tenderos anunciando su mercancía y los clientes regateando. Algún que otro chiquillo corría de un lado a otro por entre los puestos, seguramente cumpliendo encargos de los dueños. Lo primero que hicieron fue enviar un mensaje a Daath y otro a Ciudad de Yulia para informar de su paradero y solicitar que enviasen un remolcador a hacerse cargo del Sagitta. No había barcos que saliesen hacia Baticul hasta el día siguiente, así que tras saludar a Astor y disfrutar de su hospitalidad en forma de un suculento banquete, se retiraron a la posada a descansar.
Luke debería haberlo visto venir. Jade le estaba dando demasiada tregua, así que no debería haberle extrañado encontrarse de repente a solas con él en el salón de la posada. Perdido en sus pensamientos, no se había dado cuenta de que los demás se habían ido retirando a sus habitaciones; incluso Asch estaba cayéndose de sueño. Cuando quiso darse cuenta, no había nadie más que Jade y él mismo en la salita, iluminada tenuemente por un par de piedras fónicas en la pared y las brasas que se consumían en la chimenea. El brillo de éstas se reflejaba en los cristales de las gafas del General, que una vez más parecía estar atravesándole con la mirada. Luke se removió, incómodo.
-Si tienes algo que decir, dilo ya- masculló, resignado. Jade alzó una ceja.
-Me lo has puesto demasiado fácil, así no es tan entretenido.
-Jade...
-De acuerdo, de acuerdo, iré al grano.- El General se puso serio y entrelazó los dedos en el regazo. Luke frunció el ceño, estaba adoptando una actitud demasiado diplomática-. No he dejado de preguntarme por qué no quieres contarle a nadie qué te pasó tras derrotar a Van Grants y liberar a Lorelei.
Luke suspiró. Asch, que había estado a punto de dormirse, se acaba de despejar de golpe y les estaba prestando toda su atención.
"Podrías tener la decencia de fingir que no te interesa tanto" le espetó, pero no obtuvo respuesta.
-Ya te lo dije, Jade, no es que no quiera contártelo. Es que no puedo.
-¿Qué te lo impide?
-Pues que... Que no hay nada que contar. Así de sencillo- admitió Luke, hundiendo los hombros. Jade lo observó con el ceño ligeramente fruncido-. No te estoy ocultando nada, ni a ti ni a nadie. Asch lleva días escarbando aquí dentro- añadió, dándose un par de golpecitos en la sien con un dedo-, intentando averiguar lo mismo que tú, y no ha visto nada. Pero no porque le bloquee, de hecho no sé cómo se hace eso. Es que no hay nada que ver.
-¿Quieres decir que no recuerdas nada?
-Tengo una laguna. Recuerdo... Recuerdo haberme despedido de vosotros. Después, descendí con un glifo que hizo la Llave de Lorelei hasta el núcleo- tragó saliva y se interrumpió, con el corazón encogiéndosele unos momentos. Las imágenes inundaron su mente, imágenes que podía soportar revivir, pero que no sabía si Asch estaría preparado para ver-. Recuerdo... el techo derrumbándose y haber recogido el cuerpo de Asch, que cayó casi a mis brazos. Incluso recuerdo a Lorelei. Era... extraño, pero a la vez familiar. Y no era lo que imaginaba, pero sentí que no podía ser de otra forma. No sé, fue una sensación muy rara. Después, sé que empecé a desvanecerme... y a partir de cierto punto, no hay nada. Lo siguiente que recuerdo es la voz de Tear cantando el Gran Himno Fónico, despertarme en el valle de Tataroo con la Llave de Lorelei al cinto y... y Asch a mi lado.
Réplica y original guardaron silencio. Luke se agarró las rodillas, intentando disimular el temblor que se había apoderado de sus manos. Asch no debería haber escuchado nada de aquello, no debería haberse visto como aparecía en sus recuerdos, tan pálido, ensangrentado y... roto. Tragó saliva y sacudió la cabeza, no debería estar pensando en eso.
-Jade, no sé qué pasó ahí abajo, de verdad que no lo sé. No tengo ni idea de por qué sigo vivo, o por qué fui yo y no Asch, o por qué sólo volvió uno de los dos... Pero creo que los dos años que desaparecí, todo ese tiempo que no recuerdo, estuve muerto. Y creo que... de alguna manera, fue Tear quien me trajo de vuelta.- Su voz se apagó en un susurro y Luke desvió la mirada hacia las ascuas, que agonizaban en el hogar. El frío de la noche de Chesedonia parecía habérsele metido en el pecho.
-Me temo que eso es algo que sólo Lorelei sabe- dijo Jade tras unos instantes-. Aunque he de admitir que encuentro tu teoría bastante factible.
La réplica se encogió de hombros.
-Ojalá pudiera preguntarle- murmuró-. Pero parece que hayan pasado siglos desde la última vez que oí su voz.
-Tal vez Asch pueda comunicarse con él- sugirió Jade-. Siempre se le dieron mejor esas cosas.
Luke respiró hondo y cerró los ojos. Bueno, no perdía nada por probar.
"Asch, ¿podrías...?"
"Sí. No sé cómo, pero encontraré la forma. Lo haré, tenlo por seguro" respondió el otro pelirrojo con una decisión que dejó sin palabras por unos momentos a Luke. "Sé que siempre acabo rompiendo mis promesas, pero... esta no. Te prometo que encontraré la respuesta, réplica."
Luke sonrió y enterró la cara en una mano.
"Eres un idiota. ¿Cuándo has roto una promesa? Le prometiste a Natalia que cambiaríais Kimlasca y que estaríais juntos, y técnicamente, lo estáis. Y el país ha cambiado muchísimo gracias a lo que habéis hecho los dos."
"También te prometí que sobreviviría."
"¿Sabes qué es lo mejor? Que no llegaste a prometerme eso. Y aun así, aquí estás."
Asch se quedó en silencio unos momentos, como si estuviera buscando las palabras adecuadas, pero no pareció encontrarlas.
-Sí, seguro que a él se le ocurre cómo- asintió Luke, volviéndose hacia Jade a tiempo de captar un leve brillo de preocupación en sus ojos del color del rubí-. Siento no haberos contado nada de esto a ninguno. Es que... no es fácil.
Su amigo asintió y cerró los ojos.
-Vete a la cama, Luke. Nos espera un día agitado mañana y no quiero entretenerte más.
No hizo falta que se lo dijera dos veces. El pelirrojo se retiró enseguida a la habitación que compartía con Guy, y sin hacer un sólo ruido, se desvistió y se deslizó entre las sábanas de la cama del rubio. Guy seguía dormido, pero sus brazos rodearon su cintura inconscientemente y Luke se acurrucó entre ellos, intentando alejar de sus pensamientos la conversación que acababa de tener con Jade, concentrándose en el calor del cuerpo de su amigo a su espalda y en la presencia de Asch en el interior de su alma.
El antiguo General Celestial siguió despierto aun cuando él empezaba a caer presa del sueño. Y en algún momento antes de dormirse le pareció notar una mano incorpórea posándose sobre su hombro, el fantasma de unos dedos enguantados sobre su piel bajo las sábanas. Pero apenas su mente lo hubo registrado, el sueño terminó de reclamarle y Luke se quedó dormido.
A la mañana siguiente fue a buscarles a la posada la mismísima Noir, que acompañada de sus dos fieles lacayos y mortalmente seria, les comunicó la terrible y urgente noticia que Anise le había pedido que transmitiera: Tear había desaparecido.
