XVI- Fuera

Recard Blacksen seguramente había visto cosas terroríficas a lo largo de su vida, pero Natalia parecía decidida a igualarlas a todas ellas e incluso superarlas con creces. Y el hecho de que tuviese a Luke y a Jade respaldándola no ayudaba a mejorar la situación del General Dórico, a quien Asch compadecía profundamente en aquellos momentos.

Nada más llegar a Daath, Natalia los había llevado a paso militar hasta el despacho de Blacksen, y una vez allí, se había pasado más de media hora exigiendo explicaciones sobre la desaparición de Tear, criticando la seguridad de Daath, arrepintiéndose de haber apoyado la decisión de que la General Celestial se quedase allí, protestando por que hubiesen tenido que ser los Alas Oscuras quienes les avisaran y reclamando soluciones de inmediato. Asch, a decir verdad, se alegraba de que Luke hubiera decidido ponerse de su parte, porque cuando la princesa kimlascana sacaba aquel lado tan violento y autoritario de su carácter, lo más seguro para uno mismo era estar detrás de ella y no en su camino.

Su reacción había sido una auténtica sorpresa, no obstante. Sabía que Tear y ella eran muy cercanas, pero no imaginaba que lo fuesen tanto como para que Natalia se alterase así. En cualquier caso, una vez que Recard consiguió explicarse, quedó claro que la preocupación de la joven estaba más que justificada.

Tear había estado todo el tiempo o bien en los barracones de los Caballeros del Oráculo o bien en la Catedral. Era una soldado disciplinada y en ningún momento había desobedecido las instrucciones de no salir de la sede de la Orden, por eso nadie se explicaba cómo era posible que se la hubiesen llevado. Porque no se había ido por voluntad propia, eso estaba claro: su báculo se había quedado abandonado en sus habitaciones, que estaban revueltas y llenas de claras señales de lucha. Además, habían conseguido capturar a uno de los culpables, que en aquellos momentos estaba preso en las mazmorras de la Orden; pero aún no le habían interrogado. Según Blacksen, les estaban esperando a ellos para eso, y si habían recurrido a los Alas Oscuras fue porque sabían que eran los mensajeros más rápidos. Nada de aquello, sin embargo, complació a Natalia o ayudó a calmarla lo más mínimo, y si accedió a que fuese Jade quien interrogase al desafortunado que habían capturado seguramente fue sólo porque sabía que al Nigromante se le ocurrirían formas mucho más imaginativas de hacerle hablar.

Guy había salido de inmediato hacia Ciudad de Yulia para comprobar si Spinoza estaba bien y Anise prefería quedarse con Florian, así que fueron Jade, Luke, Natalia y Recard quienes bajaron a los calabozos a interrogar al preso. Éste, un hombre no demasiado mayor, estaba sentado en un rincón de la estrecha pero limpia celda, guardando cierta dignidad aun a pesar de los grilletes que apresaban sus tobillos y muñecas. La celda tenía tres gruesos muros sin ventanas y sólidos barrotes a prueba de artes fónicas actuando como cuarta pared, y el único mobiliario del que disponía era un jergón olvidado en el suelo. Junto a los barrotes habían dejado una jarra de agua y un trozo de pan, pero estaban intactos.

El hombre levantó la cabeza en cuanto se pararon delante de los barrotes y clavó en ellos una mirada desafiante. A la tenue luz de las piedras fónicas del pasillo Asch pudo distinguir un rostro barbudo y enmarcado por greñas de cabello castaño, con facciones duras y tensas. Su ropa estaba algo rasgada, pero el tejido no era de mala calidad. En cuanto le puso la vista encima, los hombros de la princesa kimlascana se tensaron y la joven crispó los puños con renovada furia.

"Réplica, sujeta a Natalia o nos quedaremos sin sospechoso al que interrogar" comentó Asch. Luke se apresuró a posar una mano sobre el hombro de la joven, que parecía a punto de saltar al cuello del hombre.

Jade se adelantó unos pasos, atrayendo la atención del preso, y le dio unos golpecitos con el dedo a los barrotes de la celda.

-Debo advertirte- comenzó- que hoy no es tu día.

El hombre arqueó las cejas burlonamente, pero no respondió.

-Verás, te voy a explicar la situación, aunque me parece que es un poco obvia- suspiró Jade, colocándose bien las gafas-. Detrás de mí están Luke fon Fabre y Natalia Luzu Kimlasca-Lanvaldear, futuros gobernantes del vecino reino. Son bastante amigos de la persona a la que tu gente ha raptado, y como comprenderás, no les ha sentado muy bien su desaparición. Y seguro que sabes cómo se ponen los nobles cuando se enfadan, ¿verdad?- Hizo una breve pausa, pero al ver que el hombre no respondía, continuó-. Por otro lado, tenemos a Recard Blacksen, General Dórico de los Caballeros del Oráculo y Comandante de esta persona, que según sé, es una de sus subordinadas más preciadas. Y luego estoy yo. Pero sabes bien quién soy, ¿verdad?

El hombre seguía observándole en silencio, con una expresión burlona que empezaba a crisparle los nervios a Asch también. Jade se encogió de hombros y se quitó las gafas, alzándolas para examinarlas bajo la luz de las piedras fónicas.

-Tienes que saber quién soy, no te molestes en hacerte el loco. Oh, y casi olvido a la otra señorita... General Celestial Irene, por favor, disculpe mi rudeza al no presentarla.

Asch se sobresaltó al ver a Notta Irene de repente junto a ellos, que parecía haber surgido de la sombra de Blacksen. ¿Cuánto tiempo llevaba allí? ¿Y cómo es que no la había visto nadie salvo Jade?

-No se preocupe, General Curtiss- murmuró la Muerte Silenciosa con su habitual tono heladoramente tranquilo. Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Luke, y Asch no supo si era suyo o de su réplica. El desafío burlón que brillaba en los ojos grises del preso vaciló, pero siguió sin decir nada. Jade lo observó unos momentos, evaluándole, y finalmente se volvió a poner las gafas y enterró las manos en los bolsillos de su uniforme.

-Bien, y ahora que ya nos conoces a todos, iré al grano. Como puedes ver, aquí hay cuatro personas que quieren a Tear Grants de vuelta y otra a la que le da igual si vives o mueres, porque sólo obedece órdenes del Comandante Blacksen. De los cuatro que queremos recuperar a la Melodiosa, yo personalmente tengo más imaginación que aprecio por tu vida, así que te sugiero que empieces a pensar en hablar antes de que se me ocurran ideas para obligarte a hacerlo- concluyó Jade, agachándose hasta ponerse a su altura-. ¿Quiénes sois, qué queréis con la General Celestial Grants y cómo os las ingeniasteis para raptarla?

El hombre reculó, pero tras unos momentos escupió a los pies del General malkuthiense a través de los barrotes y volvió a alzar la mirada, desafiante.

-Prosperidad para el mundo y los fieles a Lorelei, penuria para los impíos que le dieron la espalda- espetó rápidamente, como si fuera una letanía. Luke entrecerró los ojos y fue a adelantarse, pero Asch lo detuvo:

"¡No! Deja hablar a Jade, creo que tiene una estrategia."

A regañadientes, la réplica se quedó en su sitio. Jade se había inclinado sobre los barrotes, interesado.

-Curiosa elección de palabras la tuya- murmuró-. Así que esto, tal y como sospechábamos, es alguna clase de organización de fanáticos de Lorelei. Bien, la primera pregunta está respondida. Vamos con la segunda: Tear Grants. ¿Qué puedes decirnos de ella?

El hombre lo fulminó con la mirada, pero esta vez mantuvo la boca cerrada. Jade suspiró, se incorporó y empezó a pasearse distraídamente ante los barrotes, dándoles algún que otro molesto golpecito con los nudillos de vez en cuando.

-Bueno, ya que no quieres hablar, permite que lo haga yo por ti. Verás, desde que la Llave de Lorelei desapareció de Ciudad de Yulia, tenemos la sospecha de que un grupo de fanáticos que se llaman a sí mismos "Siervos de Lorelei" planean invocar a la consciencia colectiva del séptimo fonón y jugar a ser Yulia Jue. Quieren una nueva Partitura, o algo así. Curiosamente, Tear la Melodiosa es un elemento necesario para realizar tal proeza.- Se detuvo y clavó la vista en el preso-. Y el hecho de que nada de lo que he dicho te sorprenda acaba de responder a la segunda pregunta. La cuestión es... ¿cómo sabíais todo esto? ¿Cómo sabíais dónde buscar lo que necesitabais?

Asch tenía que reconocerlo, Jade era muy bueno. Ni siquiera había recurrido a la violencia, pero sus palabras y sus acciones estaban minando la moral del hombre. La entereza desafiante que mostraba éste al principio se estaba derrumbando, y conforme el Nigromante hablaba, en los ojos del preso iba apareciendo un brillo de angustia. Incluso su cara le estaba traicionando: a Asch no le costó reconocer los tics que tiraban de sus músculos, las expresiones que no era capaz de esconder y que cruzaban sus rasgos durante apenas décimas de segundo. Aquel tipo no era un soldado, saltaba a la vista. No le habían entrenado para controlarse e impedir que sus gestos traicionasen sus pensamientos.

-Pues claro, ¡qué tontería!- siguió Jade, esbozando una escalofriante sonrisa-. La única manera de que supieseis todo eso... es que tuvierais infiltrados en la Orden.

El hombre tragó saliva.

-Jamás os diré sus nombres- masculló, pegándose a la pared más alejada del Nigromante, que se encogió de hombros.

-Gracias por confirmar mis suposiciones, pero la identidad de las ratas no me interesa. Eso ya le concierne a la coronel de locrio Notta, yo sólo quiero saber si habéis llevado a Tear Grants al mismo sitio que la Llave de Lorelei.

-¿Qué más te da si los tenemos en el mismo lugar? No sabes dónde está la Llave- replicó el preso. La siniestra sonrisa de Jade se amplió.

-Tenemos lo que queríamos. Todo suyo, Notta- dijo, volviéndose hacia los demás, pero la Muerte Silenciosa ya no estaba entre ellos. Asch reprimió un segundo estremecimiento. Jamás sabría cómo había hecho aquella mujer para entrar en la celda sin que nadie se diese cuenta de cuándo o por dónde. El preso se apretó aún más contra la pared, con las facciones distorsionadas por el pánico, pero ella permaneció impasible. Entre los esbeltos dedos de su mano izquierda, una diminuta y afilada sica lanzaba tenues destellos a la luz de las piedras fónicas del exterior de la celda-. Compañeros, dejémosles intimidad, tenemos una operación de rescate que planear.

Se apresuraron a salir de las mazmorras, pero Asch aún pudo oír el primero de los gritos del pobre desgraciado antes de marcharse de allí.

Se reunieron con Florian y Anise en una de las salas de reuniones, donde Recard ordenó traer unos cuantos mapas modernos del golfo de Akzeriuth y los extendió sobre la mesa.

-Si lo que ha dicho nuestro prisionero es cierto, Tear debe de estar presa en algún lugar de la base que encontrasteis en el acantilado- empezó-. Por suerte para nosotros, está entrenada como cualquier otro Caballero del Oráculo para resistir la tortura. Además, la necesitan viva, eso nos conseguirá algo de tiempo para decidir qué hacer.

-¿Cómo que "decidir"?- repitió Natalia, indignada-. A mi entender está perfectamente claro lo que hay que hacer. Tenemos que entrar ahí y sacarla de inmediato.

-Alteza, os ruego que mantengáis los pies en la tierra- replicó Recard con voz serena-. Una operación de rescate como ésta es algo muy delicado, sobre todo si no sabemos lo que nos vamos a encontrar esperándonos. Ahora saben que conocemos su posición, esperarán una ofensiva tarde o temprano.

-¡Precisamente por eso el tiempo es crucial!- exclamó la joven, golpeando la mesa con las palmas de las manos-. ¡Si esperamos, se llevarán a Tear y a la Llave a otro sitio!

-Coincido con la princesa Natalia en eso- intervino Jade, observando los mapas. Asch podía imaginar los engranajes de su cerebro girando a toda velocidad, intentando encontrar la ruta más adecuada para acercarse al objetivo-. No sabemos aún nada de Spinoza, y si por el motivo que fuese no pudiéramos volver a rastrear la Llave, incluso con la ayuda de los Alas Oscuras tardaríamos meses en volver a encontrarlos.

-¿Y qué sugiere que hagamos, General Curtiss? Porque no quiero arriesgar una de mis divisiones al completo por una sola soldado sin saber dónde nos estamos metiendo y lo que van a encontrarse allí mis hombres.

-Eh, ya basta- intervino Luke, alzando las manos-. No es sólo una soldado. Es una General Celestial, nuestra amiga, y también nos estamos jugando la Llave de Lorelei. No sabemos lo que le estarán haciendo, y como se derrumbe y consigan que cante el Gran Himno Fónico, lo que nos estaremos jugando será mucho más que la vida de Tear.

Recard se masajeó las sienes unos momentos, pensando.

-¿Asch el Sanguinario tiene algo que añadir en todo esto?- preguntó, mirando a Luke. Éste frunció el ceño, Hyren debía de habérselo contado.

"Oh, desde luego que tengo algo que decir. Ya bastantes muertes ha habido a cuenta de la primera Partitura como para que ahora nos instauren una segunda, y en ese bastantes entran también las nuestras. Voto por que entremos ahí y nos llevemos a Tear, la Llave y a quien pillemos por delante."

-Asch vota por el rescate inmediato- resumió Luke encogiéndose de hombros-. Y si no me crees, haz venir a Mieu y que traduzca. Si Hyren te ha hablado de Asch, también te habrá dicho que mi cheagle puede verle y oírle.

-No será necesario, vizconde, me fío de su palabra. De acuerdo, reuniré un pelotón de rescate. Nos harán falta séptimos fonistas, así que... Hyren está en camino hacia el valle de Tataroo para recuperar a sus hombres y el Sagitta, creo que la mejor opción sera Giore Vlas. Tiene experiencia con estas cosas.

-¿Qué podemos hacer nosotros?- intervino Natalia, algo más calmada.

-Alteza, vos y vuestro prometido os quedaréis en Daath, junto con el conde Gardios en cuanto vuelva de Ciudad de Yulia.

-¡¿Qué?!- Esta vez fue Luke quien saltó.

-Lo que he dicho. Aprecio la labor de ambos hasta la fecha, pero si vamos a meternos en la boca del lobo, prefiero que haya los mínimos sentimientos posibles de por medio. General Curtiss, confío en contar con usted y su cabeza fría para esto; después de todo, vamos a atacar terreno malkuthiense.

-Descuide, Comandante, el Emperador no tendrá problema en darnos su permiso- asintió Jade, levantando una mirada que a Asch se le antojó demasiado tranquila de los mapas.

-Esto es increíble. Discúlpenme, pero he de retirarme- masculló Natalia, apartándose de la mesa y abandonando la sala con un portazo. Luke miró a los demás brevemente, se excusó y salió corriendo tras ella.

Los ruidosos tacones de la joven, por suerte, le facilitaron la tarea de seguirla. Además, Natalia no llegó muy lejos: salió al primer balcón que encontró, una terraza no muy grande que daba a un patio interior, y golpeó la balaustrada de mármol con los puños. Los hombros le temblaban violentamente, pero en cuanto se dio cuenta de que no estaba sola se esforzó por ocultar su rostro tras una cortina de cabello dorado.

-Natalia- llamó Luke con suavidad. Ella no respondió, así que se acercó y le apretó el hombro con una mano-. ¿Va todo bien?

"Pregunta estúpida o un estúpido preguntando, una de dos."

"Asch, cállate."

-La verdad es que no. Discúlpame, no quería que nos dejaran fuera, es solo que...- a Natalia se le quebró la voz y enterró la cara en el hombro de Luke, que la abrazó y dejó escapar un suspiro.

-No pasa nada, desahógate. Tranquila- murmuró. Los temblores que sacudían los hombros de la princesa se habían transformado en sollozos mudos. Asch guardó silencio, con el corazón encogido al verla así. No recordaba verla tan hundida en mucho tiempo, y desde luego, no era normal. Definitivamente, tenía que haber algo, algo que Luke no sabía, algo que la estaba socavando por dentro. La Natalia que él recordaba mantenía la compostura, tenía que haber alguna cosa enterrada bajo la superficie... O a lo mejor la réplica tenía razón y la joven princesa había cambiado tanto como él decía. Viéndola así, Asch empezaba a dudar incluso de sus propias certezas al respecto.

"No le digas que todo va a salir bien" le dijo a Luke. "Pero dile que pase lo que pase, estamos aquí."

"Me has leído el pensamiento."

"En realidad esta vez no."

-Asch dice que no te diga que todo saldrá bien, pero quiere que sepas que los dos estamos aquí para lo que haga falta. Lo sabes, ¿no?

-Claro que lo sé. Gracias... a ambos.

Se quedaron un momento en silencio. Al otro lado de la Catedral, Rem se hundía en el horizonte, pero como el balcón miraba hacia el este lo único que se veía era un cielo que cada vez se volvía más oscuro. Asch no dejaba de exprimirse la mente, intentando dar con alguna idea que sirviese para sacar a Natalia de la crisis de angustia que parecía estar sufriendo, pero no se le ocurría nada. De pronto, una vocecita atrajo la atención de los tres desde la puerta:

-¿Se puede, mieu?

Luke alzó la cabeza. Mieu estaba en el umbral, flotando en el aire y mirándolos con expresión preocupada.

-Claro, ven aquí. A Natalia no le vendría mal una cosa adorable como tú a la que achuchar ahora mismo- sonrió. Natalia se limpió un rastro de lágrimas y acogió en sus brazos al cheagle, que ni corto ni perezoso se lanzó a ellos.

-Mieu no ha podido evitar oír lo de Tear- dijo la pequeña criatura, mirándolos más serio de lo normal-. No quería espiar, pero pasaba por achí, y... Últimamente todos están muy ocupados y Mieu no tiene nada que hacer, achí que...

-No te preocupes, chiquitín, no has hecho nada malo- susurró Natalia acariciándole entre las orejas. Mieu soltó un ronroneo y se dejó mimar, pero siguió atento a la conversación. Asch notó una punzada de remordimiento por parte de Luke, y no pudo evitar reconocer que con todo el asunto del robo habían dejado bastante de lado al pequeño cheagle, pese a que todos lo consideraban ya como uno más del grupo.

-¿No hay nada que podamos hacer, mieu?

-Lo cierto es que no, cosa. No nos van a dejar participar ni en los planes del rescate- respondió Luke rascándose la cabeza-. Aunque puede que sea lo mejor. El Comandante tiene razón, no tenemos la cabeza fría de Jade para estas cosas.

-Aun así... No sabemos cuánto tardarán en actuar. Y yo personalmente no sé cuánto aguantaré aquí encerrada, esperando noticias que no llegan- replicó Natalia a media voz.

-Bueno, la verdad es... que mientras pasaba por delante de la puerta... puede que oyese algo...- vaciló Mieu, dubitativo. Natalia lo alzó en brazos de golpe hasta poner sus ojos a la misma altura.

-¿Qué oíste? ¿Decían cuándo iban a salir? ¿Cuál es el plan?- preguntó rápidamente.

Mieu, mieu! Mañana al anochecer- respondió Mieu, asustado ante su vehemencia-. Jade dijo que aprovecharían la oscuridad... Irán en dos de las naves que vuelan con más soldados, mieu.

La idea que había estado buscando empezó a tomar forma en la mente de Asch con las palabras de su peludo compañero.

"Eh, Mieu. ¿Oíste cuántos soldados?" preguntó.

-Unos... veinte, no cabían más entre las dos naves, mieu.

"Hm, un poco justos... Pero servirá. Si no nos descubren hasta que estemos en el aire..."

-Ay, madre...- Luke se llevó una mano a la frente. Natalia los miró a ambos, confundida.

-¿Qué me estoy perdiendo?

-A Asch se le está ocurriendo una idea. Sugiero que echéis a correr, vosotros que podéis huir de él.

"Deja de decir tonterías, desecho, y presta atención, que luego le vas a tener que explicar el plan a Natalia."

-Vale, vale... Natalia, espera un segundo, ahora te retransmito el mensaje.

La joven esperó, mirándolo con una pizca de curiosidad mezclada con la preocupación, mientras Asch iba desgranando su idea con todo lujo de detalles. Y cuando acabó, el antiguo General Celestial se permitió una sonrisa satisfecha en su interior con las palabras de la réplica:

-Muy bien, tú ganas. Escucha, Natalia, que esto va a ser complicado.