XVII- Dentro

La voz del piloto resonó por el interior del Albiore, imponiéndose al zumbido de los motores:

-Nos acercamos al objetivo, señor.

Jade se colocó bien las gafas y asintió. A su lado, el General Celestial Giore Vlas ordenó el descenso y la activación del camuflaje.

Le había caído bien aquel tipo. Era un hombre ya mayor de escaso pelo cano y cuidada perilla puntiaguda. Unas cuantas cicatrices le cruzaban la calva y otra se deslizaba bajo su fino bigote, aunque esta última aparecía disimulada por la red de arrugas que cubría su rostro. Vestía de rojo y negro con sencillos bordados blancos y protegía sus antebrazos y hombros con brazaletes y hombreras de acero que tenían el mismo color gris que sus ojos. De su cadera, además de un carcaj lleno de virotes, colgaba una ballesta. Lo llamaban el Pensativo, y a Jade no le costó ver por qué: Giore era un estratega nato, siempre observando lo que ocurría a su alrededor, siempre ideando el mejor curso de acción para resolver cada problema. Una gran elección por parte de Blacksen para una operación de rescate.

Apenas habían tardado en prepararse. Los Caballeros del Oráculo se movilizaban rápidamente, y una vez consiguieron permiso del Emperador Peony para llevar a cabo la operación, los demás trámites fueron ágiles. Siguiendo la sugerencia de Jade de atacar de noche, se habían llevado dos Albiores de Daath (el de emergencia oficial y uno de paso que habían tenido que requisar) con diez soldados en cada nave. Jade dudaba sinceramente que aquello fuese suficiente, sobre todo teniendo en cuenta que desconocían por completo el interior de la base de los Siervos de Lorelei, pero se abstuvo de decir nada. No quería poner más nerviosos a los nobles kimlascanos que se habían infiltrado en la nave sin que nadie más se diese cuenta.

Dirigió una mirada de soslayo a las dos figuras apartadas en un rincón de la cabina. Ambos vestían uniformes y armaduras de soldados rasos del Oráculo, pero no se movían como tales en absoluto. El más alto, que según la posición de la espada que colgaba de su cinto debía de ser zurdo, parecía olvidarse de vez en cuando de que llevaba yelmo y a veces subía la mano como si fuese a llevársela a la nuca. El más bajo se agarraba las manos sobre el regazo, intentando disimular en vano el ligero temblor de sus dedos. Obviamente, eran Luke y Natalia, lo que significaba que Asch también estaba por medio. Jade los había calado nada más subirse a la nave, pero optó por no decir nada. A él tampoco le había gustado la decisión de Recard de dejarlos en tierra, después de todo Tear también era su amiga. Bueno, algo más en el caso de Natalia, pero en eso prefería no pensar por el momento. Y estaba bastante seguro de que cualquier asunto en el que Lorelei apareciese, de un modo u otro, concernía a Luke y a Asch tanto o más que a la Orden.

Invisibles y sigilosos, los Albiores descendieron sobre el acantilado. El dispositivo de camuflaje de éste seguía deshabilitado, dejando las galerías a plena vista bajo la luz de la luna. El agua tembló al posarse las naves sobre ella, pero las olas que seguían batiendo la costa enmascararon la perturbación de la superficie. Lenta y cuidadosamente maniobraron hasta situarse junto a la pared de roca, de forma que una de las alas del primer Albiore rozaba con la entrada a una de las cuevas.

-Anclaje- ordenó Giore. Las olas, una vez más, ocultaron con su rumor el siseo del sistema de garfios que fijó la nave a la erosionada piedra-. Perfecto. Parece que no nos han detectado aún, pero no esperen que la suerte siga sonriéndonos una vez entremos ahí. Y ahora, despliéguense y busquen a Grants.

-¡Sí, señor!

Uno por uno, los soldados fueron saliendo lo más sigilosamente posible y deslizándose al interior de la cueva. Giore y Jade los siguieron, el primero cargando su ballesta y el segundo haciendo aparecer su lanza. El túnel estaba oscuro al principio, pero en cuanto sus ojos captaron la luz de una piedra fónica más adelante, Giore ordenó el alto. En susurros, organizó a sus soldados de forma que avanzasen por parejas, y en cada bifurcación que encontraban, un par de ellos se separaba para buscar por el nuevo camino. Luke y Natalia se las estaban arreglando para quedarse de los últimos, pero por si acaso, Jade mantuvo un ojo en ellos.

Algunos túneles eran naturales y otros habían sido excavados artificialmente, pero todos estaban iluminados con piedras fónicas. Aquí y allá aparecían de vez en cuando arcones, alguna que otra herramienta, cuerdas o incluso algún arma, pero no había ni rastro de gente. Eso era lo que más preocupaba a Jade: llevaban más de diez minutos allí y no habían visto aún a nadie. Ni vigías, ni guardias haciendo la ronda, ni siquiera alguien que hubiese salido a tomar el aire. Nadie. O les estaban tendiendo una emboscada, o algo los tenía demasiado entretenidos para prestar atención a nada más. Teniendo en cuenta con quiénes se las estaban viendo, a Jade no le gustaban las implicaciones de ninguna de las dos opciones.

Llevaban ya media hora deambulando por las desiertas galerías, que parecían interminables, cuando se cruzaron con la primera patrulla. Eran cuatro y no fueron difíciles de eliminar, pero no fue hasta entonces que Jade se percató de que ninguna de las parejas de soldados del Oráculo de los que se habían separado habían vuelto todavía. A juzgar por la telaraña de profundas arrugas que se había dibujado en el semblante de Giore, también él se había dado cuenta. La siguiente patrulla era más numerosa, y al ser el túnel bastante estrecho, hubo dos que escaparon y a todas luces dieron la voz de alarma, pues pronto el suelo empezó a temblar con los pasos y los gritos de una multitud moviéndose y organizándose.

"Bueno" pensó Jade, "al menos se les oye llegar."

El siguiente grupo de Siervos que se encontraron era ya un auténtico batallón que salió a hacerles frente en una galería ancha con el techo lleno de unas finas estalactitas que a Jade no le inspiraban nada de confianza. El batallón enemigo estaba bien organizado, y aunque no vestían uniforme, sus armas y armaduras no eran malas en absoluto, igual que las del desgraciado que habían conseguido capturar en Daath. ¿De dónde demonios habían sacado los fondos? Porque aquellas cuevas tampoco eran moco de pavo. Tenía que ponerse a pensar seriamente en ello cuando volviesen.

El primer arte, una lluvia de carámbanos afilados como flechas, fue el desencadenante de una caótica batalla bajo la amenaza constante de las estalactitas del techo. Jade mantenía un ojo en éstas y otro en la pelea, descargando golpes con su lanza y artes moderadamente potentes a partes iguales, vigilando de vez en cuando a los dos nobles disfrazados de soldados. Natalia, pese a no llevar encima su arco, no paraba quieta, actuando de apoyo y curando a tantos aliados como podía. Luke, por su parte, parecía bailar a su alrededor, descargando potentes golpes con la espada e impidiendo que nadie se les acercara demasiado, aunque se notaba que no estaba acostumbrado al peso de la armadura. Jade se abrió paso con algo de dificultad hasta ellos, dispuesto a terminar con la farsa, pero cualquier cosa que fuese a decirles murió en sus labios al oír la voz de Luke recitando a través del casco:

Convierte todo en ceniza y ruina! ¡Explosión!

El arte sacudió la caverna, además de deshacerse eficazmente de los Siervos que habían conseguido acercarse demasiado a Natalia. Por unos momentos Jade dudó seriamente si había sido la voz de Luke y no la de Asch la que había recitado el encantamiento. ¿No decía Luke siempre que él era un negado para las artes fónicas?

El tintineo de las estalactitas del techo reclamó la atención del Nigromante. El arte, fuera de quien fuera, había sido más eficaz de lo que había previsto. Jade anotó mentalmente la regañina que tendría que echarle más tarde a cierto pelirrojo imprudente por usar explosiones dentro de una cueva y agarró a los dos nobles por el brazo rápidamente, tirando de ellos hasta un rincón en sombras relativamente apartado de la lucha. Una vez allí y antes de que pudieran hacer nada, le descubrió la cara a un sorprendido Luke (que se había recogido la larga cabellera en un moño bajo para que no sobresaliera del casco) y arrojó su yelmo contra la cabeza del Siervo desprevenido más cercano.

-¡Ah, Jade!- el pelirrojo sonrió nerviosamente-. ¡Qué casua...!

Una mirada del General malkuthiense bastó para cerrarle la boca. A su lado, Natalia se desprendió también del casco y bajó la cabeza, algo avergonzada.

-¿De quién fue la idea de lanzar una Explosión aquí dentro, trío de cerebritos?- preguntó Jade directamente. Luke tragó saliva.

-Te juro que no he sido yo, Jade. De repente mi boca se movió sola, te lo prometo. No tengo ni idea de qué...

-Ya veo. Ha sido Asch, entonces- cortó él-. Mira al techo y asegúrate de que tu original vea lo que casi nos cae encima, por favor.

Luke obedeció y se puso pálido al ver las afiladas estacas de piedra.

-No lo va a volver a hacer- balbuceó-. Jade, te juro que no tengo ni idea de cómo...

El General alzó una mano y el pelirrojo enmudeció. Natalia los observaba como si estuvieran en un duelo, aferrándose a un cuchillo que, Jade estaba seguro, era igual que los que llevaba Tear. Un regalo de ésta, probablemente.

-Aprovechemos el barullo para escabullirnos y buscar a Tear, estamos perdiendo el tiempo aquí- ordenó Jade. Los dos nobles asintieron y se apresuraron a seguirle por una galería secundaria. Durante un buen rato caminaron en silencio entre las sombras, evitando como podían encuentros con los Siervos que patrullaban por los túneles o se dirigían a la caverna donde se estaba librando la batalla. Mieu, que había estado escondido bajo la capa de Luke, se instaló sobre su hombro en silencio. Jade aprovechó el momento de respiro para poner en orden sus ideas.

Asch se las había arreglado para controlar el cuerpo de Luke, aunque fuese sólo parcialmente. No era la primera vez que lo hacía, pero sí resultaba inesperado... e inquietante, una opinión que a juzgar por su expresión ausente y preocupada, Luke compartía. Seguramente estaría discutiendo con su original, pensó Jade, tal vez exigiendo unas explicaciones que Asch probablemente no iba a darle. El Nigromante dirigió una mirada furtiva a Mieu, pero desechó la idea. El cheagle no iba a chivarle la conversación de los dos pelirrojos, era demasiado fiel a Luke para hacer eso.

De repente, Luke se detuvo de golpe, apoyándose en la pared con una mano y llevándose la otra a la cabeza con gesto de dolor. Mieu pegó un bote y saltó de su hombro para quedarse flotando frente a él, preocupado.

-¿Está bien, amo? ¿Qué ocurre, mieu?

Luke apretó los dientes.

-Lorelei...- masculló. Natalia dio un respingo y una sombra cruzó el rostro de Jade, que ya se temía lo siguiente que iba a decir-. Dice que... nos demos prisa. Están intentando invocarle.

-Es imposible- musitó Natalia-. Tear... ¡No puede haberse rendido ya!

-Luke, ¿puedes localizar dónde?- preguntó Jade. Luke asintió a duras penas y echó a andar, pero le temblaban las rodillas. Natalia se apresuró a agarrarle por la cintura y se pasó uno de sus brazos por encima del hombro, permitiéndole apoyarse en ella.

-Gracias- murmuró el pelirrojo-. Tear no está cantando, o eso dice Lorelei. Le están intentando invocar sólo con la Llave, y no... No funciona bien. No le tienen atado, pero... ¡Ah!- apretó los dientes y cerró los ojos, jadeando-. Dice que las invocaciones incompletas son muy dolorosas, y creo que me hago una idea. Si Tear no empieza a cantar ya... me temo que Asch y yo estaremos fuera de combate en poco rato.

-¿Eso lo sabe ella?- preguntó Jade, apretando el paso.

-Ni idea- masculló Luke. El castaño, en su fuero interno, rogó por que no lo supiera.

Al cabo de unos minutos de caminar a trompicones por los laberínticos túneles y de deshacerse de unos cuantos Siervos que les salieron al paso, la galería desembocó en una amplia cueva abarrotada de gente. Aprovechando las sombras de un par de gruesas columnas, se escondieron y echaron un vistazo a la caverna. Jade reparó en que las estalactitas del techo habían sido cortadas, al igual que algunas estalagmitas que de otro modo habrían estorbado el paso. Los Siervos de Lorelei estaban congregados alrededor de algo que no alcanzó a ver, pues todos estaban de pie. Fuese lo que fuese, toda la luz que alumbraba la estancia procedía de aquel punto. El murmullo de la multitud inundaba el aire; parecían estar rezando.

-Tenemos que despejar la sala- murmuró Jade-. Luke, Asch, ¿alguno puede pelear?

Luke negó con la cabeza, pero Mieu se puso delante de él con gesto serio.

-Mieu peleará por el amo, chi- afirmó. Jade sopesó sus opciones y finalmente asintió.

-No intervengáis hasta que hayamos despejado la zona- ordenó-. Mieu, si se acerca alguien, protege al torpe de tu amo.

Chi, señor!

-Natalia, tú y yo nos ocuparemos de hacer limpieza.

-¿De verdad tienes que expresarlo así?

-Me has entendido, ¿no? Pues ya está. Ve por la izquierda, yo iré por la derecha. No te quedes quieta en un solo sitio.

-De acuerdo.

Se separaron y Jade se deslizó entre las columnas de piedra, buscando el mejor sitio donde atacar. Finalmente se decidió por una zona donde había bastante gente, justo al otro lado de una de las salidas más grandes de la caverna. Se aseguró de que tenía las gafas bien puestas, alzó una mano y los fonones se agruparon siguiendo sus pensamientos en un acto que ya era tan natural para él como respirar. Tomó aire y su voz retumbó en la galería por encima de los rezos:

-Arde, furia carmesí. Erupción.

El torrente de fuego desató el caos entre los Siervos, que tal y como Jade había previsto, se dispersaron en dirección a la salida más grande, despejándole la visión de lo que había en el centro de la sala: un enorme y complicado glifo fónico de ardientes tonos dorados. En su interior, una pequeña figura que parecía hecha de oro líquido flotaba, cambiando de forma constantemente. Al borde del glifo, la Llave de Lorelei brillaba clavada en el suelo, y a su lado, maniatada y arrodillada, estaba Tear. Un par de fornidos Siervos la sujetaban firmemente por los hombros, ignorando las llamaradas que habían hecho huir a sus compañeros. Sin embargo, la visión no duró mucho: en cuanto el fuego se hubo disipado, los fanáticos que quedaban en pie cerraron filas y desenvainaron sus armas. Jade se dejó ver, esperando que Natalia supiese aprovechar la distracción.

-Jade el Nigromante- murmuró alguien entre la multitud. El General sonrió levemente, su fama le precedía... y pensaba sacarle partido al miedo que había infundido su nombre en los presentes.

-En efecto. No pienso repetirme, así que entregadme la Llave de Lorelei y a Tear Grants ahora y rendíos sin oponer resistencia- dijo fríamente-. Es una orden.

-¡No obedecemos órdenes de infieles!- exclamó un tipo de la primera fila. El grito levantó los ánimos de sus compañeros, que lo corearon... hasta que uno de los artes de Natalia explotó unos metros más allá, volviendo a hacer cundir el caos. Jade no perdió más tiempo: aferró su lanza, preparó otro arte y empezó a abrirse paso entre los Siervos, intentando llegar hasta Tear. Si conseguía apartarla de en medio, podría lanzar un ataque más potente que abreviaría el combate. Tampoco les vendría mal que las tropas de Giore acudiesen en su ayuda... si es que quedaba algo de ellas, claro, pero Jade no pensaba hacerse ilusiones al respecto.

Mientras despachaba golpes con la lanza, esquivaba y sembraba aún más el caos con artes aquí y allá, se preguntó una vez más de dónde habían sacado los fondos aquella gente para montar semejante base. No todas las galerías por las que habían pasado eran naturales, y aunque no llevasen uniforme, sus armas y corazas eran de buena calidad. Además, para mantener a tanta gente viviendo allí abajo harían falta muchas provisiones. Los Alas Oscuras habían mencionado algo sobre unas caravanas que se desviaban hacia el sur en San Binah, si no recordaba mal, pero aun así quedaba la pregunta de cómo estaban pagando todo eso.

Estaba ya a casi dos metros del glifo y de Tear, que había caído al suelo. Los guardias que la custodiaban debían de haber huido o se habían unido a la lucha, pero la joven no se levantaba. No estaba inconsciente, sin embargo, como pudo comprobar cuando unos cuantos séptimos fonones bailaron sobre una herida que había conseguido hacerle un Siervo en el hombro, cerrándosela enseguida. Jade alzó la mirada hacia la joven con una sonrisa de agradecimiento. Tear tenía la trenza medio deshecha y la melena le tapaba gran parte de la cara, pero estaba despierta. Jade aprovechó un hueco en la lucha para saltar hacia ella, agarrarla por la cintura y retirarse junto a la pared más cercana, abriéndose paso con una Espada Voltaica que despejó eficazmente el camino. La Melodiosa soltó un grito de dolor y sólo entonces el General vio el ángulo tan extraño en que tenía la pierna derecha.

-¿Lesiones?- preguntó rápidamente, manteniendo un ojo en los oponentes, entretenidos con esquivar un arte de Natalia.

-Pierna derecha dislocada- jadeó ella-, puede que tenga algún hueso del pie roto. Lo hicieron cuando lanzaste el primer arte. Un par de costillas tocadas, creo... y el resto es superficial.

-¿Puedes curarte las costillas para que podamos moverte?

-Eso intentaba hacer.

-Perfecto. Te voy a colocar la pierna, muerde algo y sujétame la lanza.

Tear tragó saliva y obedeció, apretando entre los dientes el bajo de su capa y el mango de la lanza entre las manos. Jade la sujetó plantando una rodilla sobre su cadera y le agarró la pierna firmemente con las manos. Con un fuerte tirón y un grito ahogado por la tela, la pierna volvía a estar en su sitio; un problema menos por ese flanco.

-Cúrate las costillas- le recordó Jade, recuperando su arma antes de volver a la lucha. Si Tear respondió algo, no llegó a oírlo, pues un nuevo estruendo inundó la caverna: los soldados del Oráculo por fin habían conseguido llegar hasta allí y se unían al combate. Jade reprimió un suspiro de alivio, la caballería se había hecho esperar.

Con la ayuda de los refuerzos, la batalla no se alargó mucho más. Pronto la mayoría de los Siervos habían huido y otros tantos yacían sin vida en el suelo, pero en el centro de la sala la masa de oro fundido seguía flotando sobre el glifo. Jade hizo desaparecer su lanza en un destello de luz verde y se acercó hacia allí, pero uno de los soldados le salió al paso:

-No se preocupe, señor, ya nos encargamos nosotros de eso.

Jade se encogió de hombros y dirigió una mirada al glifo. Uno de los soldados, que se había acercado para retirar la Llave de Lorelei de donde estaba clavada, parecía haberse topado con una barrera invisible que le impedía acercarse.

-Creo que nadie se va a encargar de eso, soldado. Y ahora, apártese, tengo a un vizconde escondido detrás de esa columna.

El soldado, confuso, le dejó pasar, y Jade se acercó a donde había dejado a Luke. El joven estaba hecho un tembloroso ovillo en el suelo, con las manos enterradas en la melena pelirroja. El moño se le había soltado a medias. En cuanto lo vio, Mieu, que no se había apartado de su lado, saltó hacia Jade.

-¡El amo está peor, mieu! ¡Jade, por favor, haz algo!- suplicó. El aludido lo apartó con el ceño fruncido y se inclinó sobre Luke, que lo miró con una mueca de dolor contorsionándole el rostro.

-La invocación...- murmuró débilmente-. Deshazla, Jade, por... por favor...

-No se puede deshacer si no está completa- replicó él-. Lo siento, Luke, pero vas a tener que aguantar un poco más.

Luke cerró los ojos, pero asintió con la cabeza. Jade le ayudó a incorporarse y tiró de él como había hecho antes Natalia para acercarle al glifo, que Giore estaba inspeccionando. El General Celestial alzó una ceja al ver al pelirrojo.

-No voy a hacer preguntas ahora, pero me gustaría que luego me explique qué hacen usted y su prometida vestidos con el uniforme de mis hombres en una misión en la que no deberían estar, vizconde Fabre- dijo. Luke sonrió débilmente.

-Discúlpenos por eso. Golpeamos a dos despistados... y ocupamos su lugar. Ya estarán despiertos- respondió a duras penas. Giore sacudió la cabeza.

-Al Comandante no le va a gustar nada esto- comentó-. Pero ya están aquí, así que no tiene remedio.

-¿Dónde están... Tear y Natalia?

Jade le señaló el rincón donde había dejado a Tear. Natalia estaba ya junto a ella, cada una curando las heridas de la otra. Qué enternecedor, se dijo el General sonriendo levemente. Ya tenía material para molestarlas cuando terminasen de solucionar el problema que tenían entre manos.

El peso que Luke descargaba sobre sus hombros aumentó de pronto, y Jade tuvo que cambiar rápidamente su agarre para impedir que el pelirrojo se le escurriera y cayera al suelo, inconsciente. Giore se adelantó.

-¿Está herido? Soy un séptimo fonista, si tiene alguna lesión...- empezó, pero Jade sacudió la cabeza y dejó a su amigo con cuidado en el suelo.

-No hace falta. Pero sí le agradecería que sacase a sus hombres de la sala y nos esperasen fuera, si no le importa- respondió Jade-. Estamos en territorio de Malkuth, así que prefiero ocuparme de eso- señaló la Llave con la barbilla- yo mismo.

Giore dudó, pero Jade le clavó una mirada que no admitía réplica.

-La Llave de Lorelei está bajo la custodia de la Orden...

-... que no tiene jurisdicción aquí- interrumpió el General malkuthiense-. General Celestial Vlas, espéreme fuera con sus hombres. Es una orden.

Giore frunció el ceño, pero acabó obedeciendo. Jade, Luke, Mieu, Tear y Natalia se quedaron solos en la sala, y el más mayor indicó a las dos jóvenes que se acercaran. Natalia se agachó junto a Luke y le tomó el pulso, respirando aliviada al cabo de unos segundos.

-Está estable- dijo-. Pero tiene el corazón muy acelerado, no sé cuánto tiempo aguantará así.

-Por eso no te preocupes, vamos a solucionarlo ahora mismo. Tear, canta el Gran Himno Fónico, por favor- pidió Jade, aunque sonó casi como una orden. Tear dudó. Ahora que la veía de cerca y con detenimiento, el castaño reparó en los restos de un ojo morado y alguna que otra magulladura más en su rostro, señales que el séptimo fonón no había borrado del todo.

-Jade, no sé si eso es una buena idea. Mira cómo está Luke.

-Precisamente por eso te lo estoy pidiendo. Lorelei debe de estar apoyándose en él y en Asch para soportar el dolor de la invocación a medias. Hasta que no la terminemos, ninguno de los tres estará bien. Así que, por favor...- señaló con un gesto el glifo. La Melodiosa vaciló, pero un súbito golpecito en la parte de atrás de su tobillo la distrajo. Jade arqueó las cejas al ver el pie de Luke allí, empujándola a pesar de que el joven seguía inconsciente. Se agachó y le sacudió el hombro, pero no hubo reacción por su parte.

-Parece que alguien está de acuerdo contigo, Jade- observó Natalia, sorprendida. El Nigromante asintió, pero frunció el ceño levemente. En efecto, alguien estaba de acuerdo con él... ¿pero cuál de los dos pelirrojos era?

Tear, tras unos momentos más de vacilación, terminó desviando la mirada hacia el glifo y cojeando hacia allí. Tomó aire, cerró los ojos y su limpia y poderosa voz resonó en la habitación, entonando la ya familiar melodía. Jade se permitió cerrar los ojos unos momentos. Nunca se daba cuenta de lo mucho que echaba de menos oírla hasta que su amiga la cantaba.

La masa cambiante y dorada que había en el centro del glifo se expandió y su brillo empezó a aumentar. Jade abrió los ojos y se acercó, examinándola con la mirada conforme iba volviéndose más estilizada, lanzando pequeñas llamaradas de oro que no llegaban a salir de los límites del glifo. Cuando la figura adoptó el tamaño y una forma que recordaba vagamente a un ser humano adulto, Tear abrió los ojos y dejó de cantar.

-Lorelei- murmuró Jade. La consciencia colectiva del séptimo fonón volvió hacia él un rostro de rasgos tan brillantes que apenas podían distinguirse. Sus cambiantes contornos parecían estar hechos de llamas, luz o una mezcla de ambas. Lo único que permanecía constante en él eran sus ojos, dos insondables iris dorados que le arrancaron un escalofrío al Nigromante al posarse sobre él. Y había muy pocas cosas en Auldrant que hicieran estremecerse a Jade Curtiss.

"Te conozco" susurró la voz de Lorelei. Era grave, profunda y tranquila, y no sonaba en sus oídos sino en sus corazones. "Os conozco a todos vosotros. Sois los mismos que me llamasteis la última vez, pero no los que querían atarme hoy."

-Me alegra ver que nos recuerdas- dijo Jade, tomando la palabra-. Siento que hayamos tenido que molestarte, pero juzgamos que era la mejor manera de poder dejarte tranquilo otra vez.

"Era la única" suspiró Lorelei. Su figura pareció agacharse y sus ojos se trasladaron a Luke, que seguía en el suelo. Una lengua de oro y fuego se alargó hacia él, pero como todas las demás no salió del glifo. "Transmitidles mis disculpas cuando despierten, por favor. He tenido que apoyarme en ellos una vez más."

-No te preocupes, estoy segura de que lo entienden- sonrió Natalia.

-Precisamente de tus dos isofones quería hablar, ya que estás aquí- intervino Jade. Lorelei se volvió hacia él, interesado, y su figura volvió a ponerse "de pie".

"¿Qué quieres saber, Jade Balfour?"

-Un momento. Tear, Natalia, Mieu, llevaos a Luke y esperadnos fuera. Esta es una charla de mayores.

Las dos jóvenes se volvieron hacia él, indignadas.

-¿Perdona?

-Ya me habéis oído, Alteza, esperad fuera con vuestra amiga- ordenó Jade. Apenas puso énfasis en la última palabra, pero bastó para que los ojos de la princesa se dilatasen por el pánico durante unas milésimas de segundo. Tear, mucho más serena, le puso una mano en el hombro y sacudió la cabeza.

-Vamos, Natalia. No pasa nada, es Jade; sabrá lo que hace- murmuró. La joven rubia lo fulminó con la mirada, pero ambas acabaron saliendo con el cheagle flotando delante y Luke a hombros. Los ojos de Lorelei iban de unos a otros, divertidos, como si se riese de alguna broma interna que sólo él entendía.

-Bien, ahora sí.- Jade se volvió hacia la divinidad, poniéndose serio-. No te quiero entretener más de la cuenta, así que iré al grano. Luke estuvo dos años desaparecido después de liberarte.

"Para vosotros, así es" asintió Lorelei. "Tras liberarme, su cuerpo no aguantó mucho más y empezó a desvanecerse, así que lo acogí en mi seno para que su alma no se perdiera del todo. Después de todo lo que hizo por mí, se lo debía... igual que a Asch."

-¿Cómo es que volvieron?

"Aquella noche yo también acudí a la cita en el valle de Tataroo, aunque no pudieseis verme. Mi intención era dejarles dormir para siempre, permitir que descansaran por fin... Pero esa noche vi que los necesitabais. El mundo entero los sigue necesitando. Por eso les dejé volver."

Jade pensó en su siguiente pregunta durante unos momentos.

-Asch está encerrado dentro de Luke- dijo finalmente-. ¿Por qué no volvieron por separado?

"Lo intenté" murmuró Lorelei. Su voz sonaba con un matiz de tristeza tal que Jade no pudo evitar que le encogiera el corazón. "De verdad que lo intenté, pero había pasado demasiado tiempo. Pude volver a reunir los fonones del cuerpo de Luke, pero no conseguí devolver los de Asch a donde deberían estar. Ambos se habían mezclado demasiado, era casi imposible separarlos... y el cuerpo de Asch, aunque perfectamente conservado, ya estaba frío. No tuve otra elección."

El General de Malkuth guardó silencio de nuevo, pensando. Hora de compartir lo que llevaba días rondando por su mente.

-Verás...- empezó-. Desde que supe que Asch estaba ahí dentro... he estado dándole vueltas a una idea, pero siempre me topo con una serie de obstáculos para llevarla a cabo. Y tal vez sea imposible, pero me gustaría exponértela, a ver si puedes ayudarme. Prometo dejarte tranquilo después.

"Te escucho, Jade Balfour" respondió Lorelei, interesado. Jade se colocó bien las gafas, que lanzaron un destello, y tomó aire.

-¿Qué sabes de fomicría, Lorelei?