XVIII- Desconexión
Cuando Luke se despertó, lo primero que vio fue el techo de una habitación vagamente familiar. Lo segundo fue a Guy, dormido sobre una silla junto a la cama donde yacía y con el cuello en una posición claramente incómoda. El pelirrojo no pudo evitar sonreír con aquella visión, sobre todo al reparar en el hilillo de saliva que se deslizaba por la comisura izquierda de los labios de su amigo. Mieu ronroneaba sobre su regazo, también entregado al sueño.
Se incorporó pesadamente, apoyando la espalda contra el cabecero de la cama. Estaba en la sobria habitación de Tear en Ciudad de Yulia, y a juzgar por la luz que entraba por el balcón, debía de ser más tarde del mediodía. Habían atacado la base de los Siervos de Lorelei después de anochecer, pero no recordaba cuánto tiempo habían pasado en los túneles. ¿Cuánto llevaría dormido?
En un rincón de su alma, Asch empezó a desperezarse también.
"Hola. Estás perdiendo las buenas costumbres" comentó Luke mentalmente. Su original gruñó.
"¿Qué demonios dices tú ahora?"
"Me he vuelto a despertar antes que tú, te estás volviendo un vago sin remedio..."
"Prueba a lanzar un arte fónica sin estar en tu propio cuerpo, a ver cómo acabas luego. Por los siete fonones, estoy reventado..."
Luke frunció el ceño.
"Asch, sobre eso... ¿Por qué no me avisaste de que ibas a hacerlo?"
"No había tiempo."
"¿Y cómo lo hiciste?"
Sólo obtuvo silencio por respuesta; como todas las veces que le había preguntado al respecto en su momento, en realidad. Luke suspiró y se revolvió la desordenada melena escarlata, ya totalmente libre del moño en el que se la había recogido para la incursión. El mutismo de Asch empezaba a resultarle inquietante. Sin embargo, antes de que pudiera insistir, un tremendo ronquido procedente de la silla que tenía al lado lo sobresaltó, al igual que a Mieu y Guy, que pegaron sendos respingos. Luke los observó, atónito.
-Guy, por favor, dime que has sido tú y no Mieu el que ha roncado.
El joven se rascó la nuca y el cheagle parpadeó, confuso.
-Pues no estoy seguro- admitió el rubio-. ¿Te encuentras bien?
-Un poco cansado, pero sí, estoy bien. ¿Cuánto tiempo he dormido?
-Casi un día entero- sonrió Guy-. Volvisteis anoche. Que por cierto, ya podríais haber avisado de que os ibais, me pegué un susto de muerte al llegar a Daath y encontrarme a Anise histérica diciendo que Tear, Natalia y tú habíais desaparecido.
-Todos estaban muy preocupados, mieu. ¿Seguro que está bien, amo?
-Sí, sí, siento haberos asustado. ¿Y Spinoza?
-Divirtiéndose con sus cacharritos- rió Guy, quitándole importancia con un gesto-. Está estudiando nuevos mecanismos de seguridad para las cámaras selladas. No parecía que corriese peligro, pero por si acaso, preferí quedarme cerca y asegurarme.
Una sombra cruzó el rostro del conde Gardios. Fue sólo un instante, pero a Luke no le pasó desapercibida.
-Guy, ¿pasa algo?
El rubio desvió la mirada y alzó a Mieu, empujándole hacia la puerta de la habitación.
-Anda, Mieu, ve a buscar a los demás, querrán saber que Luke está despierto. Y diles que traigan algo de comer, ya de paso.
-¡Enseguida, mieu!
En cuanto el cheagle hubo salido del cuarto, el gesto de Guy se ensombreció de nuevo y el flequillo le ocultó los ojos. Luke se sentó en el borde de la cama, preocupado.
-¿Qué pasa?- preguntó a media voz. El más mayor respiró hondo y alzó una mirada seria.
-Estos días he estado pensando en nosotros- empezó. Un mal presentimiento se agarró al pecho de Luke, que sin darse cuenta enroscó los dedos en las sábanas-. Mira, Luke, yo... Maldita sea, no sé cómo decirte esto- masculló, rascándose los lacrimales. Luke esperó, aunque tenía la sensación de saber lo que iba a decir su amigo-. He estado pensándolo, y... no tengo nada claro que sea buena idea que sigamos con esto.
Luke bajó la cabeza. Sus temores se habían confirmado.
-¿Es por lo de Asch?
-No sólo, pero algo de eso hay- admitió Guy, mirándolo a los ojos-. Escucha, sé por qué no me dijiste nada, lo entiendo. Pero si no puedes confiar en mí para contarme esas cosas, tal vez debamos dejarlo. Además... Y esto es algo que llevo pensando desde hace bastante, ojo... Creo que en esta relación las tornas no están igualadas.
-¿Qué quieres decir?
-Que te quiero, Luke. Te quiero, y no me importa decirlo. Pero da igual cuántas veces lo diga, nunca me has respondido lo mismo.
-Guy, yo...
-Déjame acabar. No te estoy reprochando nada, aunque suene como si lo estuviera haciendo. Pero esto... no es bueno. No va a acabar bien.- Guy le agarró de las manos, y Luke no supo si las que temblaban eran las suyas o las de su amigo-. Eres mi mejor amigo y siempre lo serás, Luke. No sé dónde está tu corazón, pero... sé que no está conmigo. Por eso creo que deberíamos dejarlo. Aunque ahora duela, pienso que es lo mejor. Si no, acabaremos realmente mal.
-Guy, no... No sé qué decir- musitó Luke, con las lágrimas asomándose a sus ojos. Jamás habría pensado que se encontrarían en una situación como aquella, y por un lado estaba aterrorizado, pero por otro... Una parte de sí lo estaba aceptando con resignación, incluso le daba la razón a Guy. Y por encima de todo, se dio cuenta de que seguía sin ser capaz de decirle que le quería-. Lo siento- murmuró al fin, bajando la mirada. El rubio hundió los hombros.
-No te disculpes. El tiempo que he pasado contigo ha sido genial- sonrió, acariciándole la mejilla-. No lo cambiaría por nada del mundo. Pero esto... tiene que acabarse, por el bien de ambos. Estoy seguro de que algún día encontrarás dónde estaba tu corazón. Espero que, quien quiera que lo tenga, sea digno de estar con alguien como tú.
Luke no aguantó más: le echó los brazos al cuello y le abrazó. Cuando quiso darse cuenta estaba llorando, y Guy le acariciaba la espalda intentando aliviar el daño que había causado. En cualquier otro momento le habría estrechado entre sus brazos y borrado sus preocupaciones con uno de esos besos que quitan el aliento, pero no lo hizo; y fue entonces cuando Luke fue consciente de que no iba a haber más besos a escondidas, ni noches de pasión a espaldas del mundo, ni escapadas furtivas por la ventana de su habitación. Se había acabado. La idea le dejó con un sabor amargo en la boca y una angustiosa sensación de opresión en el estómago.
Unos golpes en la puerta rompieron el encantamiento. Los dos jóvenes se separaron rápidamente y se limpiaron las lágrimas, cada uno las suyas, antes de que Guy dijera con la voz más firme que fue capaz:
-Adelante, está abierto.
Cuando Natalia entró con una bandeja de comida y una sonrisa deslumbrante en el rostro, Luke se esforzó en borrar de su rostro cualquier rastro de tristeza. Detrás de la princesa iban Tear con Mieu en brazos y Anise arrastrando a Florian del brazo y con una cara que presagiaba la regañina del siglo.
-Por fin se despierta la bella durmiente- gruñó la Guardiana, acercándose a Luke y poniendo los brazos en jarras. Guy se apartó discretamente de la línea de fuego-. ¿Tienes idea del susto que nos llevamos Florian y yo al ver que Natalia y tú os habíais largado? ¿De quién fue la idea, eh?
-De Asch- se apresuró a responder Luke.
-¡No utilices a alguien que no puede defenderse como excusa!- Con cada palabra, Anise le dio un golpe en el pecho con un dedo acusador, y Luke temió que le acabase abriendo un agujero en el esternón.
"¡Oye! ¿Cómo que no puedo defenderme?"
-¿Y tú para qué me preguntas si me vas a echar la bronca de todos modos? ¡Te digo la verdad, fue idea de Asch!
-Y una idea bastante buena, por cierto- intervino Natalia, sonriendo conciliadoramente-. Luke, ten, estarás hambriento después de dormir tanto.
El pelirrojo asintió, agradecido, y se apresuró a tomar la bandeja que le ofrecía y dar buena cuenta del bol de sopa que había en ella. No se había dado cuenta del hambre que tenía (tanta que ni se planteó los riesgos de comer algo que ofreciese la princesa) hasta que había empezado a comer.
-Gracias, Natalia, está buenísimo. ¿Lo has hecho tú?
-No, ha sido Tear- reconoció la princesa-. Anise no me dejó intentarlo siquiera.
-Bah, bah, le habrías envenenado y lo necesito vivo para echarle la bronca.
-¿Perdona?
-Chicas, chicas, calma- intervino Florian, interponiéndose entre ellas-. Anise, no seas tan dura, todos hacen lo que pueden.
-Ay, Florian, eres demasiado bueno para esta panda de inútiles e irresponsables.
-¡¿Cómo has dicho?!
Tear y Luke intercambiaron una mirada divertida mientras Natalia se cruzaba de brazos, indignada. Incluso Asch se permitió algo que sonó sospechosamente parecido a una pequeña carcajada.
-Siento haberos asustado, pero temíamos por Tear- se disculpó Luke después de terminar con la sopa-. No tuvimos mucho tiempo para reaccionar, la verdad, y si os lo contábamos, alguien podría haberse enterado y delatarnos a Recard.
Anise suspiró y sacudió la cabeza. El gesto se le ablandó, pero a sus ojos asomó un brillo de preocupación.
-La próxima vez dejad al menos una nota- dijo, cruzándose de brazos. Luke asintió y se puso a pelar la naranja que había en la bandeja junto al bol de sopa ya vacío.
-Descuida, con un poco de suerte no habrá una próxima vez. Tear, a todo esto, ¿estás bien?
Las miradas se volvieron hacia la joven General Celestial, algo que la incomodó claramente. Reculó y se escondió bajo su flequillo, desviando la mirada.
-Sí, no te preocupes por mí. Además, mientras estaba allí, pude averiguar algunas cosas sobre los Siervos de Lorelei. No tienen un líder fijo, por lo visto, sino una asamblea en la que deciden y planean qué hacer.
-Tear, somos tus amigos, no tus superiores. Te han secuestrado, deja de darnos el informe y dinos cómo te encuentras- le dijo Anise, poniendo los brazos en jarras otra vez. La castaña sonrió levemente.
-Ya os he dicho que estoy bien. No me hicieron nada que el séptimo fonón no pueda curar, tranquilos- insistió. Natalia la miró largamente y le puso una mano en el hombro para reconfortarla-. Hubo soldados que acabaron mucho peor que yo.
Luke optó por no presionarla más por el momento, pero no descartó tener una charla en privado con ella más tarde. Estaba seguro de que la habían torturado, y aunque estaba acostumbrado a que Tear escondiese su dolor así, nunca le había gustado que lo hiciera. Un día, su amiga iba a reventar de guardarse tantas cosas para sí misma.
-Hablando de soldados, ¿dónde está Jade?- preguntó, cambiando de tema.
-Pues la verdad es que no le hemos visto desde que volvimos- comentó Natalia, llevándose un dedo a la barbilla, pensativa-. Se encerró nada más llegar en la nave del puerto con Spinoza y no se le ha visto el pelo desde entonces.
-Qué raro.
-Y no lo sabes todo- añadió la rubia, frunciendo levemente el ceño-. Cuando te desmayaste, nos hizo salir de la cueva a Tear, Mieu y a mí y se quedó hablando a solas con Lorelei. Estuvieron ahí más de dos horas, pero se niega a decirnos de qué hablaron exactamente. "Cosas de mayores", dice el muy...
-Fue algo menos de hora y media, en realidad- corrigió Tear-. Pero efectivamente, no suelta prenda.
Luke guardó silencio, masticando un gajo de naranja y preguntándose qué estaría tramando Jade esta vez.
"Cuando consiga contactar con Lorelei, le interrogaré al respecto" murmuró Asch. "No me gusta nada que el viejo se ponga a hacer las cosas por su cuenta de esa manera."
La réplica asintió vagamente. Su mirada había volado inconscientemente por la habitación, y se preguntó en qué momento Guy se había ido. Ya fuera por la ausencia del rubio o por no haberse dado cuenta antes de ello, la naranja que se estaba comiendo de repente sabía ligeramente amarga.
La Llave de Lorelei no tardó en volver a las cámaras selladas de Ciudad de Yulia, esta vez con un nivel de seguridad aún mayor. Luke y Natalia, por su parte, regresaron a los pocos días a Baticul (a Recard no le había sentado nada bien su escapada sin permiso), mientras que Tear se quedó en Daath junto con Anise y Florian. Jade había dicho que volvía a Gran Chokmah, pero pronto les llegaron rumores de que estaba trabajando con Spinoza en no se sabía muy bien qué en Belkend. Y en cuanto a Guy... Luke recibió algunas cartas suyas, cada una enviada desde un sitio distinto. Primero de Engeve, por donde había parado para dejar a Mieu de vuelta en su hogar; luego de la Capital del Agua, Keterburg, de nuevo Gran Chokmah, Chesedonia...
Luke le extrañaba bastante, pero los asuntos de la corte kimlascana no tardaron en dejarle de nuevo sin tiempo para echar de menos a su amigo. Y también estaba la cada vez más cercana boda, para la que ya faltaban apenas dos meses y medio. A pesar de lo ocurrido con los Siervos de Lorelei, Ingobert prefirió no modificar la fecha para no dar la imagen de que unos fanáticos podían amedrentarlos tan fácilmente, y siguiendo sus instrucciones Suzzane se limitó a incrementar la seguridad que necesitarían durante la ceremonia sin hacer casi ningún cambio en el resto del programa.
La presencia de Asch en el interior de su réplica se mantuvo en secreto, a petición del propio original. Luke esperaba que le pidiera que hablase con sus padres al respecto, de hecho el viaje de vuelta desde Daath lo había empleado en prepararse mentalmente para ello, pero el otro pelirrojo lo sorprendió una vez más.
"¿Estás seguro de que no quieres que les diga nada?"
"Sí. Me he dado cuenta de que no cambiará nada que lo sepan. La boda ya es un asunto de estado, no van a suspenderla porque esté yo aquí" se limitó a responder Asch. Y Luke, agradeciendo profundamente no tener que hacer aquello, guardó silencio al respecto.
Tras la escaramuza del golfo de Akzeriuth, los Siervos de Lorelei que habían conseguido escapar fueron relativamente fáciles de rastrear y apresar. Cada uno de los tres países se ocupó de sus prisioneros como juzgó conveniente y las extradiciones colapsaron el tráfico aéreo durante varios días, pero al final las cosas se calmaron. La ayuda de Tear, por lo que habían oído, resultó imprescindible para identificar a muchos. No obstante, no fue hasta mes y medio después de la recuperación de la Llave que dieron por disuelta la organización... aunque todavía quedó la incógnita de cómo habían financiado sus actividades.
La calma que sobrevino luego, no obstante, era relativa, al menos para Luke. Pronto empezó a notar que había algunos momentos en los que no era consciente de lo que estaba haciendo, o de repente se encontraba sosteniendo algo que no recordaba haber recogido, e incluso hubo alguna noche que se despertó en mitad del patio aparentemente sonámbulo. Hubo quien se dio cuenta de sus frecuentes distracciones, pero la mayoría lo atribuían a los nervios de su inminente enlace con Natalia. El pelirrojo, por su parte, sabía que el motivo no era ése.
Cuanto más disperso y distraído se sentía, más fuerte percibía a Asch en su interior. El antiguo General Celestial había empezado a pelear por el control de su cuerpo y le estaba ganando terreno. Luke lo notaba día a día: sus ausencias eran cada vez más largas y frecuentes y sus paseos nocturnos cada día llegaban más lejos. No era como en el pasado, cuando Asch había controlado su cuerpo a distancia, ni siquiera como cuando le encerró dentro de su mente tras la destrucción de Akzeriuth. Entonces había estado aislado, pero ahora... sentía como si estuviera desapareciendo otra vez. Y eso le aterrorizaba.
Muchas veces se preguntó por qué. Asch no era la persona más agradable de Auldrant, pero tenía sus principios. Luke no le veía capaz de hacerle algo así. Además, le había dado tantos consejos, le había prometido que averiguaría por qué habían vuelto del modo en que lo habían hecho... ¿Y si todas sus palabras no significaban nada? ¿Y si sólo lo había hecho para ganarse su confianza? Luke ya no sabía qué pensar, lo único de lo que estaba seguro era que su mente y su cuerpo cada vez estaban más desconectados. Y llegó un punto en el que la alerta constante, la incertidumbre por no saber en qué momento iba a esfumarse su consciencia de la realidad, la lucha por no perder el control de sus extremidades, todo empezó a pasarle factura físicamente, deteriorando su salud.
El día que se despertó con fiebre y un violento ataque de tos que acabó en vómito sanguinolento decidió que ya era suficiente. Descendió al espacio mental en penumbra por primera vez en semanas y se encaró con Asch, que lo esperaba con gesto impasible y una mano apoyada en el pomo de su espada.
-Tienes que dejar esto- fue lo primero que dijo la réplica. Asch no se inmutó.
-No sé de qué me hablas, desecho.
-Creo que lo sabes demasiado bien. Has estado controlándome, ¿verdad?
-¿Y qué si lo he hecho?
-¿Cómo que...? ¿No te das cuenta?- Luke lo agarró por los hombros, empezando a perder la compostura-. Esto... Estar peleando todo el rato... Está afectándome. ¿No has visto lo que ha pasado hace unos momentos? ¡He vomitado sangre, maldita sea!
-No estaba mirando- replicó Asch, desviando sus ojos verdes de él. Luke le sacudió por los hombros.
-¡Pues mírame ahora!- exclamó-. Asch, por favor, no quiero pelear contigo. Entiendo que quieras volver a vivir por ti mismo, pero...
-¿Dices que lo entiendes?- siseó él. La ira resquebrajó su fachada de frialdad-. ¡¿Cómo vas a entender nada, estúpida réplica?! ¡No tienes ni idea!- gritó, quitándoselo de encima de un empujón-. Llevo... meses aquí dentro. Tú sólo estuviste encerrado unos días, ¡no puedes entenderlo! Necesito vivir por mi cuenta. ¡Me ahogo aquí encerrado, maldición!
-¡Pues no me mates a mí intentando salir!- exclamó Luke a su vez, arreándole un puñetazo de pura frustración. Asch se llevó una mano a la mejilla y retrocedió, sorprendido.
-¿Qué quieres decir?
-Que tú puede que te ahogues, pero yo... Cuanto más utilizas mi cuerpo, más siento que... desaparezco- murmuró el más joven, mirándose las temblorosas manos-. Y eso sin contar lo que le está pasando a este cuerpo. Asch, por favor, necesito que te des cuenta de lo que estás haciendo. Me estás matando.
Sus ojos, dos pares de esmeraldas idénticas, se encontraron durante unos momentos; atónitos los de Asch, suplicantes los de Luke. El primero dejó caer la mano con la que se masajeaba la mejilla, que había empezado a hinchársele, y finalmente desvió la mirada.
-No lo sabía- admitió-. No quería hacerte daño. Sólo quería... salir de aquí. Cada vez lo soporto menos. Ya no es sólo que me agobie- murmuró, cansado-. Cada noche me voy a dormir preguntándome si será la última, si despertaré a la mañana siguiente o habré desaparecido.
Luke se agarró los brazos y bajó la mirada, apretando los labios. Al final, los dos estaban en la misma situación, luchando por no desaparecer. Y él no quería que Asch se fuese otra vez, pero tampoco deseaba morir.
-¿Dónde nos deja esto?- murmuró, dejándose caer al suelo sentado, apoyando los codos sobre las rodillas y enterrando la cara en las manos. Su original sacudió la cabeza, y tras unos momentos de vacilación, se sentó a su lado y le agarró un hombro con más fuerza de la necesaria, tal vez para disimular el temblor de sus propias manos.
-Creo que nos deja empatados.
