La obra crepúsculo es propiedad de Meyer, la historia es mía.
A todas las hermosas que me han dejado comentarios mil y mil gracias, son todas un sol, se merecen un amor pasional, vibrante, caliente y fogoso.
Si, Seductionward es odioso y divino.
FALSAS APARIENCIAS.
CAPITULO 5
La primera vez que Emmett vio a Rosalie Cullen fue en una reunión donde Lady Jane Morton quien era una mujer que había hecho su fortuna enviudando de tres esposos seguidos; la llamaban "la viuda negra" Ella se moría de risa, pues los pobres hombres morían de muerte natural, es decir estaban todos tan viejos que era natural que murieran. Se juró que no se volvería a casar, para ella era más simple tener amantes; se decía que muchos de ellos los compraba.
Cuando Rosalie y su hermano llegaron a la cena, todos sabían que Lady Jane iba tras los huesos de Edward Cullen, pero parece que nada se concretó, nadie sabía que Jane desistió de hacer del hermoso joven su amante; le dio terror enamorarse de éste, Mister Cullen era demasiado hermoso, seductor y cínico y Jane Morton tenía una regla no amar a alguien igual a ella y mucho más hermoso. Esos hombres eran un peligro para la cordura y para la fortuna, seguramente él la desangraría, y no había aguantado a esos viejos babosos para que ese adonis quien seguramente era el mejor amante de Inglaterra le quitara todo su dinero, es así que solamente gozaba de su presencia bella y su seductora personalidad, aunque a veces cuando lo veía tocando el piano se permitía soñar con esas manos perfectas.
Emmett había sido un chico de la calle sin padres y sin nadie que lo protegiera, tuvo que luchar a mano limpia para sobrevivir en las duras calles de Londres para ganarse un mendrugo de pan, tuvo de su parte una estatura descomunal desde los doce años y una voluntad de hierro para sobrevivir. Un día le salvó la vida a un viejo que por poco lo atropella un carruaje, Emmett lo agarró de la solapa de su abrigo y lo tiró a una de las aceras, tres segundo y el hombre estaría destrozado por el hierro y las enormes patas de los caballos. El viejo David Foster estaba tan agradecido con el muchacho que instantáneamente se lo llevó a su casa y le dio de comer, el pobre chico estaba tan hambriento que por poco acaba con todo el alimento que había en la mansión. El viejo le enseñó a leer, a cuidar caballos y hacer de éste un hombre de bien, es decir un buen sirviente, era mucho más de lo que el niño de precioso cabello oscuro y ojos muy azules había soñado. A los quince años era el que le ayudaba al viejo Foster con su carruaje particular, con su ropa y con los recados de la enorme y solitaria mansión. El niño no soñaba con nada más, era feliz con tener una cama y comida caliente. Todo cambió cuando al viejo le dio por casarse con una joven muy hermosa pero caprichosa que llegó a la enorme mansión en Greenwich a imponer sus reglas y sus deseos. El viejo estaba tan entusiasmado con su joven esposa que permitió que Jane hiciese lo que le diera la gana. La mujer no era mala, sino que simplemente hizo que el chico fuese relegado como un sirviente más.
Al morir el viejo Foster, el muchacho lloró desconsolado en su pequeña habitación, pues aquel hombre era lo más parecido a un padre que él había tenido en su vida. Le agradeció los años más de vida que el viejo le había proporcionado y el hecho de haber aprendido a ser un buen sirviente. Emmett se planteaba el hecho de ser un gran mayordomo en una gran mansión, pues todos sabían que el convertirse en un mayordomo era quizás el cargo más alto en la servidumbre, era una profesión. Manejar personal, saber cada cosa, manejar cientos de sirvientes, ser casi el alma de una casa. En la noche se escabullía por la enorme mansión y se iba hacía la biblioteca y tomaba un libro y el diccionario de la real casa de la lengua inglesa, en menos de cinco años el niño era un hombre culto, que sabía de todo y que era el todo en la enorme casa de la ama Morton, quien volvió a casarse con un hombre mudo, estúpido y podrido en dinero. A los pocos días del matrimonio al viejo Samuel Morton le dio una apoplejía y quedó reducido a una cama, de manera astuta Emmett se ofreció para ser el enfermero del viejo cosa que para Jane fue algo maravilloso. El poder físico del muchacho hizo que el trabajo no fuese tan terrible, es decir, bañarlo, moverlo en su cama, darle de comer, pero Samuel Morton desde su invalidez era cruel con él, lo golpeaba, le escupía y por maldad hacía sus necesidades en las sabanas para que el muchacho las limpiara. Fue el maldito viejo en su cama que hizo que Emmett supiese cual era la real cara de crueldad de la aristocracia, pero ni aún así el muchacho desistió de su idea. El viejo Morton murió al año y nadie en la casa lo extrañó. Lady Jane le agradeció los meses en que la liberó de la carga de su maldito esposo dándole al chico cien libras que para éste era una fortuna monumental, para él este dinero ponía en marcha su plan de ser el mejor mayordomo de Inglaterra. Pero todo cambió cuando conoció al ser más hermoso sobre la tierra: Rosalie Cullen. La vio sentada al lado de su hermano. Emmett era el sirviente del vino y cuando le sirvió una pequeña copa de bourbon a Lady Cullen y esta le sonrió de manera dulce fue en ese momento cuando todos los planes del joven muchacho se fueron al traste, se enamoró desde el primer momento. La siguió por todas partes, la chica salía sola, cosa de muy mal gusto, pues toda dama que se respetara debía andar con alguien a su lado, pero a Rosalie parecía gustarle ir sola, desde Baker Street hasta el muelle de Santa María. Un día la misma chica lo confrontó, sabía que Emmett la seguía por todas partes y esto le gustó. Lo que días después Emmett supo fue que aquel amor a primera vista por parte de él, fue también correspondido. Lady Cullen amó los hoyitos tiernos en la cara del hombre, sus ojos azules y su mirada picara, estaba harta de todos los encopetados amigos de su hermano, de la gente de su círculo y de todos los hombres que babeaban por ella. Además Rosalie sabía que a pesar de su tremenda belleza, nadie se casaría con ella, pues era una rica vergonzosa, es decir mucho título, pero ni un penique de dote. Su destino era ser la amante de un rico, hasta del mismo nieto de la reina estaba tras su corpiño.
Se enamoraron como dos niños tiernos, Emmett amó lo franca y abierta que era Rosalie y ésta amó la ingenuidad, la dulzura, la inteligencia, el humor y la verdad en el mundo de aquel niño que había sufrido tanto en las calles. Sin medir consecuencias se hicieron amantes. Rosalie era virgen y Emmett sólo había tenido una mujer en su vida, una sirvienta que lo desvirgó en la enorme cava de vinos de la reserva de Lady Jane, experiencia que la mujer repetía y que el muchacho inexperto no negó dejarse hacer. Pero la inocencia de ambos se transformó en una pasión loca y arriesgada. Rosalie lo esperaba en la noche o en las ocasiones donde ella y su hermano visitaban a Lady Jane ella se escabullía en medio de la charla soporífera de todos y hacía el amor con Emmett como si fuera la última vez. Gracias a Dios los años de fingir ser una dama fría, como debe ser toda mujer inglesa que se respete hacía que apareciera como si nada, pero por dentro Rosalie Cullen vibraba ante el recuerdo de la pasión que aquel hombre gigantesco y dulce al que ella amaba y por el cual temía a cada momento.
Los sueños de Emmett de ser mayordomo se esfumaron, ser sirviente ya no era bueno, sólo deseaba a Rosalie, quería hacerla feliz, quería darle todo lo que ella estaba acostumbrada, a pesar de que ella le contó que estaban completamente en la ruina. Esta confesión no tranquilizó al muchacho, ella era una dama ¿cómo una dama se casaría con un sirviente? Por primera vez en su vida se sintió avergonzado de quien era, de su vida y de su mala suerte.
Cuando Rosalie le dijo que estaba embarazada lloró como niño pequeño abrazándola.
- Todo es tan cruel mi amor, todo es tan cruel, este mundo, esta ciudad.
Él le propuso irse con ella para América, que tenía casi doscientas libras y que podrían emprender una nueva vida en aquel continente, pero todo se fue al infierno cuando el hermano mayor de Rosalie descubrió el embarazo y bajo amenaza de llevarlo a la cárcel hizo que los planes se frustraran.
Rosalie se le plantó a su hermano:
- No lo toques Edward, él es el padre de mi hijo y si le haces algo no te lo voy a perdonar jamás.
Rosalie amaba a su hermano, éste para ella era el producto de una crianza inútil y estúpida, ella también tenía una responsabilidad con él. Sabía que Edward podía ser un maldito, pero no era un hombre cruel, para ella su hermano necesitaba lecciones de vida.
Ahora con el plan siniestro de esa mujer y de Alistair Sinclair, quizás su hermano estaba a punto de hacer la tontería más grande de todas.
Lo único bueno de aquella situación era que Emmett ya no se escondía y a veces iba y dormía con ella. El muchacho besaba su vientre y hablaba con su hijo no nacido de las miles de cosas que él había aprendido en los libros.
- ¿Vamos a salir de esta no es así Emmett?
- ¡Oh si! preciosa.
- Tengo miedo por ti, por el niño y por mi hermano Edward ese hombre y esa mujer van a destruir al muy tonto y a esa mujer Isabella Swan, tenemos que impedirlo.
Pero no, no era posible, esas dos aves de rapiña podrían hacer que Emmett fuese llevado a la cárcel, que Rosalie tuviese que abandonar al niño y que ella fuese llevada al escarnio público.
Emmett esperaba, no iba a permitir que su mujer y su hijo sufrieran por Edward Cullen, cuando el niño naciera se la llevaría lejos y le importaba un bledo lo que pasara con el bueno para nada de su cuñado.
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Lady Swan.
He estado como loco esperando su respuesta ¿hasta cuando me tendrá en esta incertidumbre? Quiero tocar su mano, quiero escuchar su voz ¿es usted tan cruel? ¿Va a permitir que el corazón de este hombre se desangre lentamente bajo el puñal de su negación? Cada día me veo bajo su ventana, cada día deseo ver su rostro. Un roce de su piel me bastará. Otro beso Lady Swan, otro beso de su boca húmeda y rosa. Mi boca siente nostalgia de la suya.
Edward Cullen.
Isabella temblaba.
¡Ese hombre!
¡Ese hombre!
Pero él estaba dispuesto a bajar todas sus defensas.
Isabella.
¿Puedo descifrar su nombre? Isabella flor, Isabella perfecta, Isabella malvada, Isabella que no tiene corazón.
¿Cómo se atreve a dejar a este hombre sediento?.
Edward
Alice miraba a su ama leer aquellas cartas, el gesto de Lady Swan era serio, ni un solo músculo de su rostro reflejaba ninguna emoción, pero las cartas continuaban.
Lady Isabella Swan.
¿Qué pretende de mí? ¿Qué me arrastre? ¿Quiere hacerme un mendigo? ¿Desea que mi dignidad de hombre se termine? ¿No siente nada por mí? ¿Ni siquiera desprecio? ¿Soy tan insignificante que usted mujer no se digna a mirarme a la cara? ¡Ódieme! Pero no me niegue su presencia, desprécieme y yo la amaré más. He bebido el vino triste del desamor, y usted mi dama, mi tormento, mi delirio es la que me lo da de beber.
Suyo.
Edward.
Isabella leyó aquella última carta y la vieja coqueta sintió que poco a poco el cazador se desesperaba por su presa. Si aquella antigua Isabella volviera del todo, ella sentiría aquella desazón como un triunfo, pues ella sabría que lo tendría bebiendo de su mano. Ella intuía que Edward Cullen no la amaba, que simplemente estaba excitado por el juego y que quizás negándose ella haría aquello peor.
Y así era, Edward Cullen moría de rabia ¿cómo se atrevía a decirle que no después de aquellas carta de fiebre? Ya no era una cuestión de supervivencia, era una cuestión de honor, de virilidad y de orgullo.
Isabella.
¿Ha amado usted? ¡Jamás! Alguien que ha amado no sería tan cruel ¿Qué es usted? Una muñeca sin corazón, poco a poco me he dado cuenta que aquellas palabras que me dijo en la fiesta de Lady Catherine son ciertas. Pero yo estoy irremediablemente perdido en su insensibilidad, me siento como un loco amando una estrella, entre más lejana, más la quiero alcanzar.
Suyo
Edward.
¡Basta ya! Se dijo ella, ¿acaso quería volverla loca? Las patéticas cartas era sólo el producto de su arrogancia, ella sabía distinguir las verdaderas palabras de amor ¡Dios! Claro que si él desde su inocencia de niño tierno le escribió las líneas más hermosas y dulces que un hombre enamorado podría escribir.
"Mi querido amor, mi dulce amor, nuestro último encuentro fue tierno, glorioso y perfecto, siento tu piel sobre mi piel, cierro los ojos y veo tu rostro, siento tu aliento sobre mi, me das paz y me das fuego…yo te amo hasta el ultimo día cherie yo te amo, mi corazón palpita con la tonada de mis te amo Isabella, vuelve para que yo tenga días gloriosos y perfectos mi muñeca de porcelana" aún se acordaba de aquella carta, aún se acordaba de todas, si no hubiese sido tan perversa no las hubiese quemado. Ahora las cartas de mister Cullen las guardaba, aunque cada una estuviese llena de mentiras ¡ironía! Sí, sí lo era, quemar palabras de amor reales y guardar aquellas producto del orgullo y la vanidad.
Tenía que acabar con eso.
Mister Cullen.
¿Qué pretende con sus palabras? ¿Qué quiere de mí?
¿Pretende encender en mí una pasión? Yo le diré que no lo intente, mi corazón como usted ha dicho es de hielo. Soy una mujer la cual ha tomado la decisión de no dejarse llevar por los arrebatos del amor. Sus cartas halagan la mujer en mí, pero no la conmueven ¿soy cruel? Se lo dije. No deseo su amor, no deseo el amor de ningún hombre. Desista de su intento, entre más me acose, más me alejaré.
Usted es hermoso, miles de damas lo desean, no malgaste su tiempo con una que sólo desea la soledad y el silencio.
Lady Isabella Swan.
Muerto de ira, Edward Cullen fue hacía los establos públicos a las afuera de Londres y tomó un caballo y corrió por los bosques como un loco.
¿Qué se creía esa mujer?
¿Qué diablos se creía?
Mujer
¿Qué pretendo? Lo quiero todo…todo.
¿Es cruel? Pues adelante sea cruel…yo amaré hasta su maldad.
Suyo, para siempre.
Edward.
/::/
Todos en Londres comentaban la enorme fiesta de inauguración del primer hotel de lujo que tendría la ciudad; El savoy hotel fiesta que el mismo príncipe de Gales patrocinaba.
Cesar Rittz, el dueño anunció que la fiesta inaugural sería maravillosa, que el gran chef August Escoffier sería el encargado de hacer las delicias de cada uno de los invitados y que el maravilloso Johann Strauss estaría amenizando el baile.
Toda la buena sociedad de Londres asistiría.
Isabella se negó a ir, pero su padre la recriminó:
- Isabella no puedes decir que no ¿quieres ser una paria en esta sociedad? No lo voy a permitir, eres hija de Charles Swan, no vas a ofenderme.
Fue así que Isabella acepto a regañadientes ir, el sólo hecho de ver a toda esa gente y sus finas hipocresías frente al príncipe le daban ganas de vomitar.
Alice la vistió de maravillosa manera, hasta le insinuó que se pusiera el fabuloso vestido rojo que Isabella guardaba, pero la ama gritó que no. Ese vestido era el símbolo de lo que ella fue: hermoso, insinuante, juguetón y provocador.
Escogió un vestido verde malva de tafetán con pequeños apliques en flores y con un hermoso volante que la hacía ver etérea. El corsé sofocante resaltó su cintura pequeña y sus senos turgentes, su cabello fue peinado en una hermosa trenza estilo corona, la cual fue repleta de pequeñas joyas en forma de florcillas y de su cuello una gargantilla de diamantes regalo de su madre. No deseaba llamar la atención, pero viéndose en el espejo vio que aún era hermosa, quizás mucho más que cuando tenía veinte años, tembló al acordarse de las palabras de él…tu belleza es tu maldición…tu maldición.
Alice se quedó boquiabierta.
- Milady es usted la mujer más hermosa del mundo.
- No digas eso Alice, no digas eso por favor, tanto tiempo tratando de esconderme.
- No puede Milady, todos morirán al verla.
Y así fue al entrar del brazo de su padre, aún con la capa de terciopelo que la medio cubría y la hacía ver misteriosa, todo el salón del hotel Savoy se paralizó.
Y Edward Cullen por primera vez la deseó.
La deseó con rabia.
La deseó con fuego.
La deseó con venganza.
La deseó por vanidad.
La deseó por orgullo.
¡Diablos!
La deseó por hermosa, fría, rica, déspota y mala.
Si, Edward Cullen sintió como toda su virilidad se levantaba al verla, una erección del tamaño de un caballo.
Serás mía…y vas a pagar por negarte, maldita seas Isabella Swan ¡te odio! Pero vas a ser mía.
He is delicious and perfect is not it ladies?
Levanten la mano quien no quiere ser amenazada de semejante manera por Mister Edward Cullen.
Dejen comentarios, no sean crueles con esta lady.
