La obra crepúsculo le pertenece a la señora Meyer….suertuda, poder subir en su yet privado a esa cosa maravillosa y bohemia de Robert Pattinson, si yo fuera ella, trataría de convencerlo de ser miembro honorario del club de las alturas….pero, no soy ella, por lo tanto me queda mi imaginación la cual ya lo ha hecho miembro de todos los clubes perversos que yo he fundado en mi cabeza.

Bueno, mil y mil gracias a todas las lectoras que se unen a este divertimento que es este pequeño fic, historia que me libera de un dragón sabroso que anda haciendo de las suyas en Nueva York.

A todas aquellas que leen y me dejan comentarios hermosos muchas gracias, no puedo contestar en este momento porque el tiempo es mi prisión y me encadena a estas historias que de manera loca me poseen. A las lectoras fantasmas mil y mil gracias, a las anónimas que dejan comentarios respetuosos y que me ayudan a mejorar y ha que esta historia tenga coherencia…mil y mil gracias.

A mi beta Gine, quien me quiere convencer que no soy Drama Queen, y quien siempre tiene paciencia y tiempo para corregir mis demencias…Mua…un beso draconiano (ella sabe a que me refiero)

FALSAS APARIENCIAS.

7

Isabella caminó por el pasillo fingiendo frialdad en cada paso, pero en el interior de su cuerpo su corazón retumbaba como un enorme tambor y su sangre ardía. Se moría por mirarlo, por volver a su boca, por acariciar su piel.

Cuando supo que estaba más allá del límite de su visión, corrió como loca y se escondió en una de las enormes cortinas del hotel y se sostuvo en ellas. Llevó sus manos a sus mejillas y las tocó ardiendo.

¿Yo hice eso? ¡Por todos los cielos! ¿Yo lo besé de esa manera? ¿Lo toqué de esa manera? ¿Fui capaz…? ¡Fui capaz de besarlo y tocarlo allí! ¡Dios! Soy más perversa de lo que imaginaba…nunca hice eso, ni siquiera con él… ¿ésta soy yo?... ¿ésta soy yo? Tantos años tratando de ser una buena mujer y ese hombre viene y me vuelve loca…Isabella Swan estaba aterrada. Durante su vida como la princesa encantada había hecho muchas cosas, pero siempre había mantenido el control de la situación, jamás se permitió perder la compostura, pues sabía que al hacerlo no sería la que llevaría la batuta en ese juego de seducir, atrapar y volver locos a los hombres, allí radicaba la diversión. Mas Edward Cullen era otro tipo de jugador, uno más peligroso…uno más astuto, más hermoso y con la capacidad de volverla loca.

Rememoró los minutos anteriores y casi se desmaya al recordar esa boca, esa lengua juguetona, excitante y perversa dentro de su boca; aquellas manos fuertes que la apretaron de manera tan masculina, aquel olor mentolado que despedía su piel, la sensación de su cuerpo que la arrinconaba en la pared, el deseo de sus ojos sobre sus senos apretados en el corpiño.

¡Dios! Y lo invité a la cacería… ¿estás loca Isabella? Completamente loca…le di carta blanca a ese hombre para que fuera tras de mi… ¿qué pensará? ¿Qué dirá? Seguramente que soy una cualquiera… pero yo se lo dije… se lo dije, le dije que no se acercara a mi… ¡no lo hagas!... ¡no lo hagas Edward Cullen! Quizás yo permita que me atrapes ¡no! ¡No! por todos los infiernos… pero es tan hermoso… ¡maldito seas! No tienes derecho a ser tan hermoso…

Si, Isabella Swan sabía lo que la belleza y la maldad unidos podían hacer…ella lo sabía muy bien.

Cuando logró volver en sí, volvió a su actitud de fría estatua y caminó hacía el salón de fiesta y sin temor a que la vieran tomó una copa de vino y bebió de ella como si ésta fuese agua.

Su columna vertebral ardió, supo que los ojos verdes de aquel hombre la miraban desde el otro lado de la fiesta.

- ¿Dónde estabas querida?- la voz de su padre que fingía tranquilidad, pero que en realidad estaba furioso, pues no deseaba que su hija huyera de la fiesta, eso era una grosería que él no estaba dispuesto a permitir ¿qué pensaría el príncipe? ¡Oh no! porque los príncipes eran seres que no permitían que nadie no viviera en estado de éxtasis frente a su presencia, aunque este fuera un príncipe con tufo y bastante feo, pero no importaba era el príncipe ¡válgame Dios! ¿Acaso su hija estaba loca?

- Oh padre necesitaba ir a empolvarme la nariz- esa fue la manera de quitarse a Charles Swan de encima, él tosió, era demasiada información, una dama no hablaba de sus necesidades fisiológicas, aún con metáforas.

- ¿Podrías Isabella querida ser un poco más educada?

Isabella tensó su cuerpo… ¿De qué hablaba su padre? Si fuese más educada estaría muerta. Era la hija perfecta, la dama perfecta, la mujer perfecta, al menos de dientes para afuera, como lo debe ser una mujer inglesa.

De reojo miró al adonis, ese hombre, minutos atrás con su boca sobre ella le brindó un poco de la libertad que ella deseaba.

Caminó hacía su amiga Jessica quien hablaba con su esposo Félix.

- Oh querida has regresado, aquí mi señor esposo está a punto de matarme de aburrimiento hablando de ese bacalao de Alistair Sinclair.

- ¡Jessica!- su esposo Félix, un hombre increíblemente rubio la regañó con una sonrisa solapada en su boca.

- Lo siento cariño, pero es la verdad, ese hombre se cree que no hay nadie más importante en este salón que él, ni siquiera el príncipe de Gales le llega a los talones- Jessica tapó la mitad de su rostro con el abanico- claro está que el pobre príncipe es de lo más aburrido del mundo, quisiera conocer al que se esconde en White Chapel y al que le gusta las mujeres de la mala vida, debe ser más divertido que éste.

- Jessica no digas eso en voz alta, por todos los cielos.

- Pero si es una verdad a voces esposo.

- Si, pero no lo digas.

- Le quitas la diversión a todo querido.

Bella callaba, el cotilleo era la gran profesión de todo Londres y esas fiestas eran el lugar preciso para hacerlo, por supuesto el abanico era el arma de defensa y Jessica Stanley esposa de Félix Collins era toda una profesional.

- ¿Es verdad que Mister Sinclair será en unos años el primer ministro?

- ¡Dios no lo quiera!- Félix resopló- ese hombre sería capaz de volvernos a los tiempos de la decapitación pública.

Isabella entendía de lo que el esposo de Jessica hablaba, ese hombre estúpido que creía que en verdad por su sangre corría sangre azul… ¿Cómo pude ser tan estúpida?

Pero lo peor vino a los pocos segundos "el bacalao" se le acercó y le ofreció un baile, no quería escándalos de ningún tipo y con enormes deseos de vomitar Isabella accedió a bailar.

Del otro lado del salón un Edward Cullen furioso y con un dolor en sus testículos observaba la escena con un dejo de cinismo y curiosidad.

Miraba la mujer con deseo ¿esa cosa que parecía escasamente respirar era la misma que lo había besado como ninguna mujer lo había besado en su vida? ¿Esa mujer que miraba a todo el mundo con indiferencia era la misma que prácticamente beso su pene en un pasillo? No, no era la misma, ésta parecía un animalillo asustado, no aquella diosa que lo incitó a la cacería… no aquella que lo mordió y casi lo mata de placer… definitivamente esa mujer es una loca…

Edward conocía como se comportaban ciertas mujeres. A veces la asfixia, el tedio y el sopor de estar en aquella sociedad las hacía comportarse de manera extraña y las empujaba a mostrar un rostro que no era el verdadero… ¿cómo era el nuevo término? ¡Ah si! Histéricas. Porque Edward Cullen no podía creer que esa cosilla (bastante bonita, a decir verdad) era una mujer que entendía realmente lo que le había provocado su boca sobre su verga.

La veía bailando con ese hombre y sintió repulsión por el maldito ¿qué ocultaba? ¿Por qué el odio? ¿Quizás el maldito estirado y pretencioso de Sinclair había sido besado por aquella mujer de esa manera? ¡No! ¡No!. Algo rugió en su interior, ese era su orgullo herido, su vanidad de pavo real. Se miró en uno de los espejos del enorme salón no puedes decir que no… no puedes decir que no… no, era imposible la muy estúpida se hace la interesante…

Al termino de la música y con el apriete asqueroso de Alistair Sinclair en su cintura Isabella trató de zafarse.

- Yo sé quién es usted Madam, yo la conozco, no trate de fingir conmigo, usted y su hipocresía rampante, viene aquí y les dice a todos que usted es una dama, pero yo sé quien es usted.

Bella miró con frialdad al hombre frente a ella.

- Dígame señor Sinclair ¿Quién soy yo?

- El ser más cruel y despiadado del mundo.

No, no lo soy… sólo era una niña.

- No me conoce Mister Sinclair.

- Si la conozco Isabella, la conozco, yo sé cual es su rostro, el rostro de una mujer que jugaba con los sentimiento de todos, que se burlaba de quien la amase, que hacía mofa de todos aquellos que pretendían estar a su lado, que jugaba juegos crueles y ridiculizaba a quien se atreviera a tocarla o aspirara estar al lado suyo.

Isabella trató de no temblar frente a las imágenes de una mocosa caprichosa que creía que la vida era jugar con las personas que la rodeaban.

- ¡Suélteme!- quería gritar y pedir auxilio.

- La odio.

- Lo sé- se enfrentó al hombre.

- Se lo merece.

Ella se enfrentó con el hombre, con su odio. Las razones por las que él la odiaba eran sólo parte de su arrogancia y estupidez, pero ella sabía que mucha gente la aborrecía, los porqués eran lo que menos le interesaban, entendía que si, que ella se merecía el odio de muchos de ellos, pero el de Sinclair no, sin embargo parecía ser el único a cobrar venganza, no sabía cómo… pero él se burlaría de ella frente a todos. Para Madam Isabella Swan era sólo cuestión de tiempo.

El baile se hizo interminable, ella quería huir de allí, sólo deseaba estar en su casa, huir hacía Forks, tomar su cámara fotográfica, conversar con sus siervos, tomarles fotos de sus vidas sencillas, ser alguien real, no esa mujer que debía estar fingiendo todo el tiempo.

El hombre la tomó fuerte de la cintura, casi de manera dolorosa, él respiró fuerte contra su cuello.

- Pudo ser la esposa de un primer ministro Madam.

Oh… Isabella Swan se quedó helada ¿Sólo es eso?.. .orgulloso y pretencioso ¿sólo es eso? La princesa encantada, esa que esa noche estaba más presente que en los últimos años había estado relegada, volvía.

- Yo pude ser la reina Mister Sinclair, solo que no me dio la gana ¿primer ministro? Pero qué aburrido.

El hombre y sus ojos azules la miraron con rabia.

- Puta- lo dijo en un susurro.

Isabella gritó en su interior no, no soy una… no lo soy, no lo fui…

Mas la contestación cruel y malvada por parte de la princesa no se hizo esperar.

- Quizás Mister Sinclair, pero nunca- y se acercó a su oído- nunca su puta ¡Jamás! Y suélteme porque en este momento puedo gritar y eso no sería bueno para un próximo primer ministro.

Sinclair la soltó de una manera rápida y le dio una sonrisa forzada.

Isabella caminó despacio hacía su amiga Jessica, quien la miraba de manera divertida.

- Dime querida ¿te gustó bailar con el bacalao?

- No, es un hombre insoportable.

- Es mejor bailar con el adonis de Edward Cullen ¿no es así?

- Ninguno de los dos, ambos son hombres que pretenden creer que son los dueños del mundo.

- Mmmm, sino fuera una mujer casada y ridículamente enamorada de mi esposo, permitiría que el "insoportable" de Edward Cullen se las diera de mi dueño.

Madam Swan, calló y volteó para mirar el hombre hermoso quien estaba parado cerca de la una ventana y de manera seductora sacaba su pitillera de oro y extraía un cigarrillo para llevarlo a sus labios, mientras que conversaba con un hombre. Isabella trató de entender a aquel hombre que parecía divertirse y burlarse descaradamente de todos allí.

Todo en él era porte, clase y buenos modales. Su ropa oscura de increíble costura, sus manos pulidas, su cabello exótico, su reloj de cadena que le daba una aire aristocrático, su mueca cínica, su seguridad en sí mismo, todo en él era fascinante y aterrador, y ella lo deseaba como nunca había deseado a nadie en su vida, es más se hizo una pregunta ¿había deseado a alguien realmente? Ni siquiera él le había despertado tantas sensaciones como Edward Cullen, su mera presencia era embriagante. De pronto el adonis se quedo mirándola y con una copa de vino en una de sus manos e hizo un brindis malicioso.

¡Diablos! Está tan seguro de sí mismo que es… es… ¡divino! Isabella quería patear el suelo ¿cómo es que pensaba algo así? Desear a alguien de esa manera no era bueno, sobre todo a un hombre que a leguas se veía cuál era su juego.

Durante una hora Edward Cullen fingió que se divertía, fingió que disfrutaba, fingió que le gustaba el ambiente de la fiesta, pero no fue así. La verdad era que tenía una excitación que rayaba en lo aberrante y una furia que era casi imposible de ocultar. En otras ocasiones esa fiesta hubiese sido el terreno para hacer una de sus cacerías, pero con la presencia de Isabella Swan y la de Alistair Sinclair todo era imposible.

Isabella al ver que su padre la dejaba tranquila se sentó de manera solitaria en una pequeña silla. Edward Cullen la acechaba como lobo y ella estaba a punto del desmayo ¡Diantre! Estoy que le digo a Angela que me de una de sus sales… Pero la verdad era que en el interior de Madam Swan sólo residía la tristeza, pues Alistair Sinclair le gritó aquella palabra terrible, palabra que fue lo último que escuchó de aquel hombre perdido en su memoria, palabra que la lastimó, pero que sin embargo gritaba la amargura y el dolor de aquel muchacho a quien ella trató de manera tan injusta. Sin poderse controlar una pequeña lágrima cayó en su rostro.

No, no soy una puta… no lo soy… pero a su mente vino su boca sobre el pene de Edward Cullen y se estremeció… ¡Dios! Hoy lo fui.

- ¿Por qué llora Isabella?

La voz profunda de Edward Cullen la asustó, la sorprendió y ella quiso pararse pero éste de manera suave puso una mano sobre su hombro.

- Déjeme tranquila Mister Cullen, se lo suplico.

- No huya de mí.

Una mirada triste fue lo que Edward Cullen recibió y esa mirada de alguna manera lo conmovió, sacó un pañuelo y de manera discreta se lo dio para que ella limpiara sus lágrimas.

- Gracias.

- ¿Por quien llora Isabella?

Ella se removió en su asiento.

- No creo Mister Cullen que le he dado suficiente confianza para ese tipo de indiscreciones.

Y la furia se apoderó de él de nuevo.

- ¿Indiscreción? ¿Después de lo que ocurrió hace una hora en los pasillos de este hotel?

- Fue un error Mister Cullen, una locura, esa no era yo se lo aseguro.

La agitación de la mujer se tradujo en su seno que parecía salirse del corpiño, él no podía despegar los ojos de aquellas maravillas quiero morderlas y dejar mi marca en ellas… ¿te oyes edward Cullen? ¡Eres un hombre civilizado! ¿Qué te ocurre? Esta cosita ridícula y loca hace esto contigo.

La tomó del brazo con fuerza.

- Vamos a bailar.

- ¡No!

- No le dijo no a Alistair Sinclair.

- Eso es entre él y yo.

Sin medir consecuencias, él le lanzó una pregunta a boca de jarro.

- ¿Por qué él la odia?

Ella tembló.

- ¿Quién le dijo eso? ¿Cómo lo sabe?

- No hay que ser muy inteligente para darse cuenta… baile conmigo Madam ¡se lo ordeno!

Pero una mano oscura se interpuso Jasper Whitlock.

- Señorita Swan, es un placer- Una risa forzada y unos ojos furiosos hacia Edward Cullen lo dijeron todo- Me debe usted un baile- besó su mano con delicadeza.

Dios… gracias.

- Por supuesto Mister Whitlock, es imperdonable de mi parte- una sonrisa juvenil apareció en el rostro de la mujer.

Jasper hizo una pequeña reverencia.

- Edward ¿cómo estas?

- Divirtiéndome querido amigo- su voz sonó fuerte y rotunda- no te había visto en toda la noche.

- Acabo de llegar.

- Eso no es signo de educación.

- No, y eso en los ingleses en imperdonable ¿no es así Edward? Eso y la falta de control- y se llevó a Isabella hacia el centro de la fiesta.

La verdad es que Jasper hasta último momento se había negado ir a la fiesta, pero su esposa hizo un berrinche terrible y él no tenía ganas de discutir con la mujer. Además la noticia de que ella estaba embarazada lo dejó peor… tan sólo pensaba en un niño de cabello negro y hermosos ojos azules…. Alice… sólo deseo hijos con ella ¡maldito cobarde! Y ella me odia.

- ¿Edward la perturba Madam?

- No Jasper, no lo hace.

Jasper sonrió, esa mujer era tan extraña, parecía vivir aislada del mundo, hasta de los sentimientos, pero unos segundos antes de interrumpir vio en ella algo que en los dos años que la conocía no había visto, ¿Miedo? ¿Excitación? El leve rubor de su rostro era hermoso. Miró a su amigo que en ese momento lo maldecía y pensó Estas cazándola como un animal Edward… a veces puedes ser despreciable… Jasper lo conocía muy bien, conocía a Edward Cullen y sabía lo manipulador, burlón y cruel que podía ser, mas Jasper no lo juzgaba pues ambos eran hijos de esa educación que no medía consecuencias, sentimientos, deseos. Un dejo de amargura cruzó el bello rostro de aquel hombre melancólico, años atrás él había sido peor que el mismo Edward Cullen. Había ido como un animal tras la presa de la niña pobre de Alice Brandon, tan sólo quería jugar y desvirgarla para después marcharse, pero nunca contó que el cuerpo pequeño y calido de la pobre hija de un vicario lo dejaría marcado para siempre. Volvió a mirar hacía el pelirrojo que ardía en furia y pensó que algún día el casanova impenitente de su amigo se vería en la misma situación y seguramente estaría como él añorando a alguien que destruyó. La mujer que abrazaba de manera silenciosa quizás era la llamada para que Edward Cullen se enfrentara por primera vez en su vida a un acto moral ese día vas a sufrir mi amigo.

- Tenga cuidado con Mister Cullen Isabella.

Unos ojillos chocolates lo miraron de forma tranquila.

- ¿De qué habla Jasper?

- Sólo le digo que tenga cuidado mi amiga.

- No tiene porque decirme eso Jasper, entre el señor Cullen y yo sólo median unas cuantas palabras de cortesía.

- Él es peligroso Madam, usted no es una niña, debe saber que en esta sociedad cualquier desliz, cualquier imprudencia sería la deshonra para una mujer.

Isabella sonrió.

- ¿Para una mujer como yo Jasper? ¿Una aristócrata? ¿Y las demás? aquellas a las que se les promete matrimonio en un viejo jardín por detrás de una vicaría, ¿esas qué Mister Whitlock?

- No sea cruel Isabella.

.-No, no soy cruel, parece que vivimos en una sociedad donde sólo importa la reputación de una dama, pero el corazón roto de una simple chica ese es material de desecho.

El hombre hizo una mueca amarga y bajo la cabeza en señal de derrota.

- Yo la amo a ella, con todo mi corazón.

- Pero eso no fue suficiente, pudo más el dinero y la posición social.

- Es verdad, mea culpa sin embargo Madam mi corazón y mi alma están atascados años atrás en aquel pequeño jardín.

- Excusa de cobardes Jasper.

- Oh Madam, que fácil es juzgar, usted sabe que la telaraña de una sociedad idiota nos atrapa, si yo me hubiese casado con Alice Brandon yo sería feliz, pero en algún momento las arañas que anidan en esta sociedad se la hubiesen comido y ni ella ni yo lo hubiésemos podido soportar, todos le habrían hecho pagar la ofensa de querer ser parte de este infierno que es la aristocracia ¿se ve usted casada con un simple siervo?

Y unos ojos grises y hermosos aparecieron desde muy lejos y un rostro acusatorio y triste le pregunto ¿Eso fue mi cherie? ¿Eso fue?...

Isabella no contestó.

- ¿Ve Madam? Al final sólo somos parte de una tonta mascarada.

Al final ambos en silencio terminaron de bailar aquel vals, ambos hijos de una educación caprichosa y fueron víctimas de ella.

- ¿Su esposa está embarazada Mister Whitlock?

- Así es… pobre niño ¿Se lo dirá a ella?

- Es mi deber.

Jasper llevándola del brazo hacía donde Charles Swan hablaba de manera pedante le susurró al oído.

- Dígale, que sólo amaré a los hijos que ella hubiese podido darme.

Y el hombre se alejó, y una tremenda tristeza inundó a Madam Swan, porque si ella era hija de un matrimonio de conveniencia, una parte de un contrato. Miró a su padre quien nunca le demostró nada y recordó a su madre quien el crío más como una muñeca que como un ser humano, al final toda aquella tontería tuvo sus frutos en la sangre de él.

No soportaba más.

No soportaba la estupidez.

No soportaba la vanalidad.

No soportaba las conversaciones irónicas y poco profundas.

No soportaba a Alistair Sinclair mirándola con ojos de odio.

No soportaba el olor a perfume que enmascaraba la falta de aseo de muchos de los llamados "superiores"

No soportaba a Angela Weber y su expresión de niña idiota y desesperada por ser parte del sistema.

No soportaba a Lady Catherine y su actitud socarrona.

No soportaba el maquillaje que se corría en los rostros de viruela de muchas de aquellas mujeres.

No soportaba la falta de sentido.

No soportaba saber que en algún momento de su vida ella… fue igual a todos ellos.

Pero sobre todo no soportaba a Edward Cullen y la imperiosa necesidad de ir y comérselo a besos.

- Padre no me siento bien ¿podemos irnos? Por favor.

Charles Swan la miró con indiferencia… si su hija un caso perdido.

-¿Te sientes mal querida?

-Quiero vomitar.

¡No! por todos los santos del cielo… ¿en la alfombra persa?

- Esta bien Isabella, dile a uno de los lacayos que te lleven hasta el coche.

Si, era demasiado para pensar que su padre dejaría su oportunidad de ver al cara de sapo del príncipe de Gales, era su oportunidad de lamerle las botas.

Uno de los sirvientes le colocó el abrigo y la llevó hasta las caballerizas donde el carruaje la esperaba. Dentro de éste sintió que podía respirar con tranquilidad. El carruaje empezó a moverse y transitar hacia su casa en Greenwich. De pronto los animales empezaron a relinchar, escuchó la voz del cochero que discutía con un hombre, Isabella se asustó, abrió la puerta para ver que ocurría y de la oscura, fría y nebulosa noche de Londres la imagen enorme de Edward Cullen irrumpiendo dentro del carruaje hizo que Isabella intentara gritar, pero éste hombre astuto tapo su grito con un beso de asfixia.

- No grite Madam, tan sólo estoy dándole mi beso de buenas noches ¿cree usted que me quedaría tan quieto después de que casi me mata de placer?

Los ojos verdes profundos relampagueaban en la noche.

- ¿Qué hace?- preguntó en un susurró cuando lo vio acercarse hacía ella de manera rápida y felina.

- Cazando- y se fue hacía ella para morder aquella boca que lo tenía al borde de la rabia y la excitación.

London is burning, and is land of lovers and betrayals ... Is not it wonderful and exciting?

¡Diantre! Yo quiero un beso de buenas noches de Mister Cullen…bueno parece que esto se está saliendo de control…y eso no es muy británico, pero si muy sexy.

Vamos niñas un comentario para decirme por cual de los dos contendores votan.