La obra crepúsculo le pertenece a Meyer.

A todas que muy amablemente leen esto muchas gracias, nunca me cansaré de pedir disculpas por no devolverles a cada uno sus amables comentarios, pero el tiempo es mi enemigo niñas, además quisiera a cada una dejar a cada una un hermoso comentario, pero vuelvo y repito la vida corriente es el enemigo de esta ninfa.

A las lectoras fantasmas un millón de gracias.

A mi beta preciosa Ginette quien es tan linda conmigo y trabajó tiempo extendido en este capítulo.

FALSAS APARIENCIAS

8

El frío de Londres.

Las calles de Londres.

El extraño ambiente criminal, exótico, cínico de Londres.

Una ciudad antigua, llena de recovecos, historia y leyendas.

Leyendas de fuego, de fantasmas, de crímenes y de pasiones escondidas bajo el manto de la niebla y de la civilización.

Y allí en ese frío de aquella ciudad dos personas que no se conocían; uno con un propósito: pagar una deuda y salvar su honor, otra con un mundo que la asfixiaba y con la sombra de un pasado en donde solo hubo caprichos y poca humanidad.

El carruaje trastabillaba por las calles, el frío entraba por las pequeñas grietas y unos besos de fuego calentaban todo el lugar.

Durante más de un minuto Isabella Swan había intentado zafarse de aquel hombre que la sostenía de la cintura con la fuerza de un animal. En la oscuridad los ojos verdes relucían con intensidad y deseo.

Nunca en sus veintisiete años de edad había sido besada de esa manera y esa noche aquellos besos dados por aquel hombre habían despertado en ella a esa mujer que estaba dormida y la cual sentía vergüenza por haber sido el ser apasionado, fogoso y voluptuoso de hacía unos años. Aquella mujer que permitió ser pintada desnuda y que un día bailó como una niña libre en los grandes salones de Paris o en un establo en un viejo viñedo en Francia, aquella niña que adoraba el color rojo, el sol, las manzanas y la buena música.

Besos perfectos, mordelones, exigentes, prometedores eran los que lentamente Edward Cullen deslizaba por su cuello, por su mentón, por sus labios; lengua traviesa que penetraba sabiamente y se arremolinaba golpeando su paladar, unos dedos que acariciaban su mejilla, todo era enervador, claustrofóbico y totalmente maravilloso e Isabella Swan estaba a punto de permitir que aquel ser magnifico deslizara sus manos por su corpiño y que tocara impúdicamente y de manera gloriosa sus senos… Dios… voy a morir…

Edward Cullen buen lector del cuerpo de una mujer entendió lo que ella deseaba y sin vergüenza toco el maravilloso seno de buena nodriza de aquella mujer.

- Son hermosos Madame Swan… ¿Algunas vez se los han tocado Isabella?

Oh si… si… pero no como tú… nunca.

-No – el sonido de su voz fue pequeño, como un suspiro suave.

- Entonces soy yo el primero madame- la pregunta salida desde la vanidad de pavo real hinchó su pecho.

Oh Cherrie son tan hermosos… tan hermosos y amo cada uno… ellos amamantarán a mis hijos cherrie.

Aquella voz de niño tierno resurgió del pasado y ella se estremeció y mintió.

- Si, usted es el primero.

- Que maravilla… me gusta ser el primero, quiero enseñarte cosas Isabella… cosas que te harán morir de placer- y sin pudor bajó lentamente, apartó sus piernas para colocarse bien entre ellas, pues el coche era demasiado incómodo para su estatura, y mordió la punta del seno camuflado por la costosa tela del hermoso vestido.

Isabella gimió, no quería luchar, no, esa noche no deseaba luchar, solo deseaba sentir… sentir algún contacto, un beso, una caricia, un poco de cariño para ella, para ella quien solo una vez fue amada, y quien nunca amó a nadie, más que a ella misma.

El hombre tomó su cuerpo y lo deslizó un poco del incómodo asiento de aquel coche e hizo que el cuerpo de ella fuese echado hacia atrás. El apretujar del vestido hacia que aquel hermoso cuerpo pareciera querer salir de aquella tela. Bella abrió los ojos casi gatunamente, vio a ese hombre tratando de sostenerse del techo del carruaje. La sonrisa sensual y maliciosa de él era divina y prometedora.

- Es usted tan hermoso que deliro Mister Cullen.

Oh niña tonta… niña tonta ¿con que quería cazar? No te atrevas… no sabes nada.

- Soy Hermoso Madame y usted será mía.

Y de manera veloz se aprestó a besar a aquella por todo su cuerpo... y los gemidos de ambos inundaron todo el carruaje.

El trayecto enorme y accidentado hacia la casa de Greenwich era agotador, pero para Isabella Swan… éste debía durar… ojala para toda la vida.

Él besaba su vientre…

- Cuando este desnuda mujer… yo descansaré mi cabeza en este lugar-

La cabeza cobriza tomó un cariz casi negro

Isabel… je t'aimerai pour le reste de ma vie... vous serez la mère de mes enfants

- ¡Dios mío!- tantas promesas rotas.

La mano de Edward se mezcló entre su vestido, alzó la tela incomoda y acarició su muslo atrapado por unas medias de seda.

- Me gustan Madame… amo las medias de seda… pero me gustará más verla sin ellas.

- Por favor Mister Cullen… no… no haga eso…

Como un felino voraz, él llegó de nuevo a su boca, relamió lentamente los labios turgentes de la mujer como un gatito tomando leche, jugueteó nariz con nariz.

- Mmmm… ¿hacer qué Isabella?... ¿Hacer qué?- su mano enjoyada volvió a uno de sus senos- ¿Cómo se atreve a decirme que no Isabella Swan? ¿Cómo se atreve? Después que casi me hace enloquecer hoy…- y la besó, y el beso no fue tierno, sino furioso, para luego retirarse y hacer que ella quedara desolada por el alejamiento- nunca en mi vida una mujer había hecho algo tan provocador y tan hermoso- tomó la pequeña mano enguantada de ella y la llevó hacía su miembro duro- ¿lo siente madame? ¿Lo siente? Esta así por usted y su maldita boca loca.

Isabella se paralizó… él quiere que yo lo toque… él desea que yo lo toque… no lo desees Edward Cullen… no lo hagas…

Y aún así lo hizo… encrespó sus dedos en aquel animal que crecía en sus manos…

Tout est vôtre mon amour ... ma princesse, mon âme, mon corps ... mon sexe, tu es mon premier, mon seul, je t'aime Je t'aime, Je t'aime ...

Oh aquellas palabras… las palabras de su pequeño amante tierno… de aquel niño que decía palabras de fuego y de verdad.

- ¿Qué quiere de mí Mister Cullen?... ¿Me desea?

- La deseo Madame…

- Dígame cuanto me desea Edward- la voz de ella ya no era suave, era ronca, oscura y maliciosa.

- Sueño con usted, todos los días.

Mi pequeña Isabella… yo nací cuando te vi…

- ¿Desea tocarme?

- Cada mínima parte de su piel- la lengua en su cuello, la barba carrasposa haciéndole cosquillas.

- ¿Desea poseerme?

- Ser su dueño Isabella de todo, de usted, de su dinero… yo deseo cada maldita cosa, niñita tonta.

Je serai votre esclave

- ¿Desea estar dentro de mi?- con un movimiento rápido ella se levantó, lo empujó al otro lado del carruaje y fue ella la que lo atacó, jalando de manera rotunda su cabello y ofreciéndole una sonrisa de mordida de labios y una expresión de terrible niña caprichosa.

- Es lo que más deseo en mi vida- y en ese momento no mentía.

Mon cher amour, ma belle, doux amour, si je ne peux pas toucher tu meurs

- ¿Me amaría usted Mister Cullen?- y le ofreció su seno a su boca.

Aquella pregunta… tonta pregunta ¿Por qué las mujeres preguntan eso siempre?

- ¿A qué se refiere? ¿No le basta que esté excitado como un puberto por usted?

Ella le jaló el cabello, el coche se movió fuerte debido a un bache en la calle, ella se apretó a él con fuerza… Contéstame niño… si dices que sí, yo te haría el amor como nunca te lo han hecho… dime que si… miénteme… y seré tuya.

- ¿Me amaría usted?

- La deseo ¡demonios!

- ¿Me amaría usted?- fue una pregunta casi a gritos- sus cartas… sus estúpidas cartas me lo dicen, dígamelo de frente Mister Edward Cullen ¿me amaría usted? ¿Moriría por mi Edward Cullen?- y de forma desvergonzada llevó su mano hacía su pene, desabotonó tres de lo botones de su vestido y permitió que él viera un poco el contorno de sus senos y un poco la sombra de sus pezones. Lo acarició de manera frenética y lo besó con abandono- ¿moriría por mi Edward Cullen?- la princesa encantada… la malvada mujer que hizo un día que un niño la amara hasta la demencia se presentó, ella que despertaba a la persecución de aquel hombre hermoso e insufrible que de alguna manera se le había presentado para ser el ángel vengador de su vida… ella que intuía que Edward Cullen estaba en pos de algo más que su cuerpo… ella que por un sí mentiroso permitiría ser el cordero a sacrificar- ¿Me amaría usted de tal manera que moriría por mi?- él estaba a punto del orgasmo- ¡contésteme! ¿Lo haría?

Edward abrió los ojos, la mujer bella, provocadora y demente que estaba frente a él, era alguien… alguien desconocido.

- Yo podría morir por usted Isabella Swan… pero antes debe dejarse conocer…

- No, ahora… ¡ahora!

- ¡Demonios!- gemía.

- Usted es divino… ámeme ahora Edward Cullen… y yo le doy mi sangre… ámeme ahora, no mañana, no quizás ¡ahora!

Y él con un rugido brutal, la tomó de su cintura, la atacó con su boca, metió su mano de nuevo entre sus vestidos, desagarró las medias de seda y tocó su sexo caliente.

- ¿Me amaría usted a mi Isabella Swan? ¿Me amaría usted a mí?

. Isabelle m'aime et me dire que je serais heureuxà tout jamais ... s'il vous plaît dites-le.

No, si no lo amó a él… a él que era un ángel puro… ella no amaría a nadie.

- No… nunca.

Una rabia se agolpó en su pecho y sin piedad atacó su seno con su lengua… buscaba… buscaba… buscaba el éxtasis, y ella se resistía… la presa luchaba hasta el final, pero la boca y la mano experta eran demasiado para ella quien durante años estuvo hambrienta. Empezó a gemir… a suspirar… ¡quería suplicar! Y de pronto el frío, él se había alejado, una mirada oscura y suficiente.

- ¿Nunca? y sin embargo está usted a punto Madame Swan, a punto de rogar- y con rapidez abrió la puerta del coche a plena marcha y sin miedo se tiró de el.

Y ella con su cuerpo a pleno ardor, y con el deseo en cada poro, empezó a llorar.

/::/

Isabella llegó a su casa, una pequeña mucama la acompañó a su habitación y a los tres minutos Alice entró con una pequeña taza de té.

Isabella sentada en el borde la enorme cama y con su impresionante cabello que le llegaba mas abajo de la cintura y con mirada salvaje rechazó la taza de té.

- ¿Fue tan terrible?

- Fue estúpido… todos fingiendo, todos hablando de cosas banales. Se llevó sus manos de manera compulsiva a su rostro.

- Pero querida esto es Inglaterra, un lugar donde tememos mostrar el alma, no es civilizado- la pequeña ama de llaves se acercó y acarició el frondoso cabello de madame.

Pero la impaciencia de la mujer y su cuerpo en alto voltaje no estaban para las sátiras de su sirviente.

- No quiero estar aquí un minuto más… quiero irme a Forks, quiero mis caballos, mi cámara fotográfica.

- Pero tu padre no lo permitirá.

- ¡Que se vaya al demonio mi padre!

Nunca en sus seis años de trabajar con Isabella Swan, Alice Brandon la había visto levantar la voz, siempre había sido una mujer tan parca, tan suave, tan franca, pero sin ningún atisbo de violencia, mal carácter o agresividad.

- ¿Qué ocurrió Madame?

- Todo, todo… ¿has estado en el precipicio alguna vez?

- No entiendo Isabella.

La mujer se quedó mirando a la pequeña mujer que la observaba de forma extraña.

- Soy yo, soy yo mi amiga… soy yo.

De pronto Alice vio en el cuello una marca, una marca que poco a poco se iba poniendo más oscura, una sonrisa divertida se cruzó por su cara.

- Edward Cullen madame.

Isabella volteó, Alice señalaba su cuello e inmediatamente ella corrió al espejo y gritó.

- ¡Dios mío! Ese hombre, ese hombre.

- Apuesto que fue delicioso Madame.

Delicioso, maldito… maravilloso… Edward Cullen… se vio en el carruaje semi desnuda con la boca de él por todo su cuerpo y quiso gritar… ¿Cómo se atreve? ¿Cómo se atreve?

- Él… él cree que su juego va a funcionar, está tan seguro que yo voy a desmayarme cual doncella… ¡es insufrible!

- Si, pero delicioso ¿no es así? ¿El juego madame? Si la viera en este momento le aseguro que él se reiría y mucho, pues parece que ya ha ganado.

- Oh no… no sé qué pretende, no lo sé… ¡Si! Si lo sé… está aburrido, muy aburrido, yo conozco los de su clase- si, ella fue de esa clase- están tan fastidiados con todo, viven en sus mundos tan cínicos que buscan como divertirse a costa de cualquier cosa… ¡yo lo sé!

- ¿Lo sabe madame?- unos ojillos azules muy astutos brillaron de manera divertida y clínica- ¿y usted no se divirtió Isabella?

La chica mimosa y la mujer sensual había adorado cada segundo de aquellos dos encuentros de fuego, había adorado el reto que le impuso en los corredores del hotel, había adorado su boca traviesa sobre él… pero la otra, la Isabella sensata y fría no, es más estaba aterrada con aquel ser exquisito que amenazó con ir tras sus huesos…

Maldición… si no fueras tan bello y tan estúpido Edward Cullen y si yo no tuviera ese fantasma tierno tras de mi… yo te hubiera destrozado con mi boca…

- No, no me divertí Alice.

- Ojala Isabella yo tuviese la oportunidad de aburrirme como usted lo hizo hoy.

- No seas listilla conmigo Alice Brandon, no entiendes nada, no entiendes nada, no sabes lo que es esto, no sabes cómo es lidiar con esta clase de gente.

Una sonrisa amarga se dibujó en el pequeño y fino rostro de la mujer.

- Yo lo sé madame, sé cómo es la gente de su clase.

Isabella bajó la cabeza en señal de vergüenza, si la pobre chica había sufrido en carne propia a la gente de su clase.

- Lord Whitlock estaba en la fiesta Alice.

El rostro tranquilo de la mujer de pronto se tensó y su mandíbula hizo un rictus duro y terco.

-Me lo suponía ¿con su esposa?- los celos terribles que ella sentía por esa mujer, ella, la otra, que tenía lo que ella cada noche soñaba.

- Así es.

- Apuesto que se veía hermoso con su cabello rubio y melancólico.

- Lo siento Alice.

Unos segundos de silencio.

- No lo sienta madame, esta no es época para sentimentalismo, yo soy una mujer práctica Isabella, sé cuál es mi lugar en este mundo.

Para Madame Swan era mejor decirle la verdad, tarde o temprano lo sabría, y quería evitarle a su amiga un amargo rato.

- Ella está embarazada.

Un gemido pequeño salió de la diminuta mujer, quien llevó sus manos a su vientre en señal de dolor, en señal de que nunca ese hijo sería el propio.

- Oh- fue lo único que atinó a decir.

- En realidad lo siento querida.

A Isabella se le quebró la voz al ver el gesto de dolor profundo de su amiga, amores tristes, amores frustrados, amores en aquel frío país de niebla y crimen.

- Así tenía que ser madame, así tenía que ser.

Isabella intentó acercarse y tocar el negro azabache de aquel cabello amarrado de forma furiosa en una moña perfecta, pero Alice se retiró unos pasos de ella y volvió al gesto adusto y fuerte de mujer que entendía que a ella no se le permitía soñar con nada.

- Voy a decirle a Susy que le prepare el agua caliente madame ¿quiere que la ayude a desnudarse?

Isabella entendió la dinámica, ella no podía hacer que la mujer se sintiera bien. De una manera u otra el hecho de que ella fuese la niña rica criada en un mundo donde los sentimientos no valían mucho, el enfrentarse con aquellos de una manera tan cruda hacía que una barrera infranqueable entre la aristócrata y su triste ama de llaves se alzara.

- No, gracias Alice yo lo haré.

- ¿Desea algo más madame?

- No.

- ¿Puedo retirarme?

- Es propio.

Y la vio salir de su habitación y escuchar los pequeños pasos fuertes que recorrían el pasillo y un gemir de llanto que los acompañaba.

A los pocos minutos una Isabella Swan desnuda metida en la pequeña bañera rememoraba los besos de Edward Cullen sobre su piel….

Todo en él es tan hermoso… Poco a poco el volver a la piel que tanto se había negado, el jabón que recorría su cuerpo.

Cerró los ojos y se deslizó suavemente hacia la bruma de las horas anteriores, los besos, podía sentir el trazar húmedo de su boca por su cuerpo, Isabella llevó sus manos a aquellas partes donde él la beso. Sus manos largas, finas tocándola, apresando su cintura en una amarre posesivo en el baile, en el pasillo, tocando sus senos, sus dedos demarcando el contorno de sus pezones… con miedo a volver a sentir llevó sus propias manos a ellos e imitó las caricias que Edward Cullen hizo allí… por favor tócame… aunque sea en sueños… tócame quiero sentir de nuevo en aquel memorizar sintió los ojos verdes jade que la miraban de manera profunda y carnal… si sólo fuese verdad… si ese deseo fuese real… las caricias sobre sus senos se hicieron más frenéticas… Percibió el olor a colonia elegante, el rastrillar de la barba, los gemidos que él hizo cuando ella besó su miembro nunca, yo nunca había hecho eso… ni siquiera a él… ni siquiera a él… pero tú, tú me provocas… maldito bastardo perfecto Los sonidos de su excitación empezaron a inundar el cuarto de baño, no sentía vergüenza, una buena chica inglesa lo haría, pero ella no era una buena chica victoriana… era sólo una mujer con un animal creciendo en su interior. Un latigazo electrizante por todo su cuerpo cuando recordó como él penetró por sus vestidos y de un jalón dañó las medias de seda y sin pudor toco su sexo cubierto por los calzones de encaje que ella hubiese querido no tener para sentir la palma de aquella mano insolente que la frotaba con furia.

Isabella bajo la mano tímidamente por su cuerpo, abrió las piernas y los labios de su sexo y con miedo llevó sus dedos hacía su pequeño, escondido, olvidado botón de placer la deseo madame… ¿lo siente madame? ¿Lo siente?... oh si… si… si lo sentía. Al principio la caricia fue lenta, suave y pequeña… pero la necesidad iba creciendo en su interior y fue entonces como el toque se fue haciendo veloz, urgente y total. Recostó su cabeza en la bañera, sacó una de sus piernas del agua y las llevó hacia la orilla de la tina… oh que mala, mala niña inglesa ¿Qué dirían todas esas viejas pomposas, frígidas e insufribles de tan escandaloso acto?... ¿Qué dirían todas ellas que habían hecho lo mismo? Los gemidos se hicieron más fuertes, gracias a Dios nadie la podría escuchar, pues la casa era tan absurdamente enorme y los sirvientes estaban en la planta de abajo que hubiese sido imposible.

El placer se fue arremolinando en su vientre; la necesidad de liberación era insufrible… la imagen de ese adonis besándola, tocándola… excitándola era dolorosa… si… si… por favor no te detengas… yo te deseo tanto… desde la primera vez… su voz en aquella caballeriza "que linda niña… debería ser mía… lo sabes… lo sabes… me amas preciosa… no lo niegues" oh si… si y aquella vez y aquella voz y aquellas palabras estúpidas e insufribles de sus cartas… y la mano se movía de manera compulsiva "tiene usted la piel más hermosa del mundo… estoy tentado a morderla… ¿Qué le gustaría que toque Lady Swan?" ¡Oh señor! El cuerpo de Isabella empezó a convulsionar a extenderse, a palpitar. El orgasmo había llegado con la fuerza de mil caballos galopantes…

- ¡Tócame a mi! ¡Dios! ¡Tócame a mi Edward! ¡Por favor! Voy a morir de deseo por ti- y gritó suavemente hasta quedar agobiada por el placer de aquella fantasía que la dejó a punto de desmayo y la enajenación- vas a volverme loca ¿no es así Edward Cullen? ¿No vas a parar hasta conseguirlo?- y allí desnuda en el cuarto pulcro del muy higiénico baño victoriano Isabella entendió que ese hombre sería su muerte.

Se paró frente al espejo y vio a la niña de veinte años de nuevo, presintió la fiebre que se apoderaba de ella y se dijo:

- Es hora de volver a Forks, no debo estar aquí, no puedo.

Una hora antes Edward Cullen corriendo por los oscuros callejones de Londres; corriendo lleno de furia y excitación maldita mujer endemoniada… ¿no vas a amarme?... ¿No lo vas a hacer? ¿Y que diablos me importa? ¿Qué diablos importa? No necesito tu amor, no necesito tu corazón… me importa un comino…sin embargo corría como un loco, pues aunque el corazón y el alma de Isabella Swan era algo que no deseaba ni por todo el oro del mundo, su cuerpo de piel de porcelana y su boca roja que lo había devorado como si de ello dependiera vivir, lo tenía a punto de la combustión.

Llegó al burdel de Esme quien lo vio entrar como una bestia salvaje… a la porra la buena educación británica, a la porra Eaton y su maravillosos discursos sobre la ética y los modales, a la mierda todo ese bla bla bla, sobre el hombre culto y su trascendencia sobre la animalidad, adiós a todo esa filosofía idiota sobre como el hombre ese ser racional era lo mejor de todas las creaciones de Dios, fuera todo esos libros que decían que la civilización humana había ido más allá de los deseos animales, carnales, caníbales, asesinos del sexo… adiós a todo eso… Edward Cullen estaba que se moría de ganas de enterrarse en el cuerpo de una mujer y hacerla gritar.

Cuando Esme lo vio entrar sólo pensó Es igual a su padre… igual, si lo hubieses conocido un poco chico, habrías sabido que él y tú son iguales en eso… asfixiados en un mundo estúpido, tú tienes la oportunidad de salvarte.

El hombre tomó una botella del mejor de los vinos, se desató la pajarita que lo ahogaba y se quitó la capa de encima. Bebió de la botella sin esperar la copa y buscó a la ramera que siempre lo atendía. Ésta estaba emocionada con él y con su belleza salvaje que resoplaba lujuria, se le acercó de manera sinuosa y él sin vergüenza la besó y la mordió delante de todos, tomó su mano y la arrastró por la escaleras hacia el cuarto y cerró la puerta.

- ¡Desnúdate!

La mujer no se hizo esperar y se desnudó y quedó frente a él quien la miraba con ojos de fiera asesina.

- ¿Qué desea Mister Cullen?- la chica una pelirroja de lo más tierna no sabía lo que se le venía encima.

- ¡No hables! Recuéstate en la cama y abre las piernas.

La chica no esperó a que la orden se repitiera e hizo lo que él le mando, abrió las piernas de manera sucia y total.

Oh maldita seas Isabella Swan, cuando te vea así frente a mi, no voy a tener compasión contigo, voy a dejarte sin una gota de sangre en tus venas….

Edward en un par de segundos se desnudó, la chica gimió de placer al ver aquel hombre tan bello frente a ella quien estaba erecto como nunca lo había estado y quien se ponía un profiláctico de manera experta.

Sin miramientos fue hacía la pequeña putilla y la mordió de manera salvaje así Isabella Swan, así… la chica gritó.

- No grites mujer…- y fue al cuello y una nueva mordida de león sin alma. Se paró frente a ella, puso sus manos sobre las rodillas de la mujer y amplió más el ángulo de apertura de las piernas de la chica- no eres una niña buena.

- No, no lo soy mister Cullen- casi muere cuando los dedos se deslizaron por su pecho y por sus pezones y pellizcó con furor-ahggggg es usted un salvaje señor.

- Lo soy… soy un maldito salvaje.

- ¡Yo lo amo a usted!

Por todos los diablos… ella tenía la maldita costumbre de decir ese tipo de idioteces, las putas no amaban a nadie, pero no supo porqué esa noche necesitaba escuchar eso y a todo pulmón.

- ¿Me ama usted mujer?

- Lo amo mucho señor- la mujer gemía- es usted el mejor de los amantes, el más hermoso, el más hermoso y siempre me deja satisfecha y con deseos de más… más… por favor señor, por favor señor.

- ¡Ruégame!

- Lo quiero señor.

-¡Ruégame!- llevó sus dedos al sexo de la ramera y penetró sin compasión.

- Oh por favor.

- ¿Por favor?- estaba desesperado… horas, horas con la sensación de la boca de aquella estúpida e insignificante mujer… horas con su pene en alto… horas y ella, ella la cosilla esa dice que no… que no puede amarme… ¡bruja!- dilo más fuerte, dilo más fuerte… dime que quieres que me entierre en ti- estaba enceguecido, aún se encontraba encerrado en el maldito coche, aún tenía el sabor azucarado de la lengua de Isabella Swan penetrando su boca… aún tenía la imagen del contorno de los pezones de ella a la orden de sus dientes, aún tenía el efluvio de su excitación, aún en la palma de sus manos sentía el calor que salía en oleadas de su sexo… aún… aún tenía la voz de ella hablando en el maldito francés… puta madre…deseo a esa mujer como nunca he deseado en mi vida… y es lo más asqueroso del mundo – se inclinó hasta tocar con la punta de su lengua los pezones rosados de la chica que no le importaba como se llamaba y la sensación de ellos en su lengua no era la misma que él había probado y esto lo llenó de una rabia inconcebible y con la punta de sus dientes jaló hasta que la mujer chilló- dime que me deseas Isabella Swan.

La chica se quedó inmóvil… lo miró con extrañeza, pero lo que vio fue a un hombre que en realidad no estaba allí, que estaba en otra parte. Ella sabía que él no la amaba, ella lo sabía, pero a veces las putas podían soñar y fue entonces que la chica de nombre que a nadie le importaba supo que ese era el momento para que Edward Cullen le hiciera el amor aunque estuviese pensando en otra mujer.

- Lo deseo Mister Cullen.

- Oh maldita seas- y de una sola embestida entró en ella y un gemido brutal salió de su pecho.

Embistió con saña, una, dos, muchas veces… de su voz salía el nombre de ella…

Oh… Oh… ella me quema… me deseas Isabella Swan…y su pene entraba con la furia de cien mil caballos salvajes… el cuarto se llenó de gemidos, la chica tuvo un orgasmo brutal, pero él ni siquiera había empezado… es más estaba más excitado que antes, pues los gemidos no era de una mujer sin nombre, eran los gemidos de Madame Swan, el ordeño sobre su miembro era tan poderoso, el quemar de sus entrañas lo tenía al borde, el dolor de sus testículos era insoportable, abrió los ojos y la chica tenía la boca abierta pidiendo oxigeno…

- ¡Tócate!

-Ohhhh

- Te lo ordeno, hazlo ahora.

Y ella así lo hizo… la pobre pensó que moriría de placer y de amor por aquel dios que la penetraba de manera total… que importaba, que importaba… ella tendría la vida de toda ramera en Inglaterra, moriría joven, sin dientes y pidiendo limosna en una vieja calle de Londres, pero hoy, en ese momento con veinte años de edad ella era amada y deseada por aquel hombre… a ella amaban por medio de una presencia fantasma… a ella.

Las embestidas se hicieron furiosas, de manera brutal Edward Cullen levantó a la chica sin salirse de ella y la llevó a la cabecera de la cama y de allí se sostuvo y se enterró tan duro en ella que pensó que se fracturaría, con sus dos manos agarró la madera para que sus caderas pudieran golpear sin compasión, de nuevo el orgasmo de la chica… el ordeño sobre su falo…

- ¡Piedad!

Él paró, se quedó mirando, sonrió de manera cruel… así… así será contigo mujer, así serán horas, horas y al final serás mía… y me amarás… me amarás, y yo te destruiré por hacer que te desee de esta maldita manera.

- No, aún no hemos terminado- Salió de ella por medio segundo, la agarró de su cintura y la volteó culillo arriba- te voy a follar de una y mil manera Isabella Swan, de una y mil maneras.

* Isabel… je t'aimerai pour le reste de ma vie... vous serez la mère de mes enfants: Isabel… yo te amare por el resto de mi vida…serás la madre de mis hijos.

* Tout est vôtre mon amour ... ma princesse, mon âme, mon corps ... mon sexe, tu es mon premier, mon seul, je t'aime Je t'aime, Je t'aime ... : Todo mi amor es tuyo ... mi princesa, mi alma, mi cuerpo ... mi sexo, tu eres mi principio, mi única, te amo Te amo, Te amo ...

* Je serai votre esclave: yo seré tú esclavo.

*Mon cher amour, ma belle, doux amour, si je ne peux pas toucher je meurs: mi querido amor, mi dulce amor, si no la puedo tocar yo muero.

* Isabelle m'aime et me dire que je serais heureuxà tout jamais ... s'il vous plaît dites-le : Isabella dígame que me ama y yo sería feliz por siempre…dígalo por favor.

Themadnessmyfriends...themadnessofwilddesire.

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