III- Vértigo

Asch estaba loco. El tiempo que había pasado encerrado dentro de él claramente le había pasado factura, pensaba Luke mientras intentaba contener el temblor de sus rodillas al bajarse de aquel endemoniado artefacto que su original había hecho rugir por las cercanías de Baticul durante toda la mañana como si fuera un ligre desbocado, igual que casi todos los días desde que estaba en la Ciudad de la Luz. Y otro que no andaba demasiado bien de la cabeza era Guy con sus ideas de diseñar el trasto en cuestión y regalárselo a Asch, precisamente a Asch.

Al General Celestial le gustaba demasiado la velocidad para su propia seguridad. Si no se habían dado ningún golpe todavía era porque Lorelei les guardaba las espaldas, no había otra explicación posible. Y él, Luke, era el más loco de los tres, porque pese al terror que le inspiraba la Ragnarok, siempre que Asch le preguntaba si quería ir en el siguiente paseo que diera con ella respondía que sí inmediatamente.

"¿Quién es más loco, el loco o el que sigue al loco?" pensó para sí mientras Asch encerraba a la bestia de metal negro en su guarida, un hangar que compartía con un Albiore en el aeropuerto de Baticul. Como cada vez que salían con la máquina, tenía más mechones de cabello fuera de la trenza que dentro y Luke temía la hora de desenredarse los nudos de su propio pelo. Aun así, en los labios de Asch estaba su premio por haber soportado una mañana de aquella tortura: una sonrisa que le iluminaba también los ojos.

-Te vas a matar un día de estos. Nos vas a matar a los dos, y entonces Natalia matará a Guy, y Peony nos declarará la guerra por asesinar a uno de sus nobles, y serás el responsable de la ruina de Kimlasca- masculló, pese a todo. Asch soltó una carcajada y terminó de atar la Ragnarok a una tubería con una cadena que luego cerró mediante un sello fónico.

-Eso mismo dijiste ayer. Y hace tres días, y dos días antes de eso, y...

-Ah, cállate. En serio, cállate. Un día de estos me vas a dar un infarto.

-Oh, vamos, échale huevos, réplica, que no es para tanto.

Luke lo miró con el ceño fruncido, pero la sonrisa de Asch era contagiosa y el gesto de enfado no le duró mucho. Lo observó inspeccionar la Ragnarok, comprobando que todo estuviese en orden. La luz que entraba por la ventana se reflejaba en la carrocería, negra como la tinta o como el uniforme del General Celestial, iluminándole la cara y arrancándole reflejos cobrizos a su cabello parcialmente despeinado.

Siempre que volvían de uno de aquellos paseos se le veía más relajado, y la sonrisa que mostraba en aquel momento no aparecía bajo ninguna otra circunstancia. Tal vez por eso Luke seguía yendo con él, o quizá fuese por lo a gusto que se sentía momentos antes de que la Ragnarok acelerase, con los brazos rodeando el torso de Asch y el pecho pegado a su ancha espal...

Parpadeó, confuso. ¿De verdad acababa de pensar aquello?

-Volvamos ya, es casi la hora de comer... y luego tengo que hacer las maletas- comentó Asch en ese momento, separándose de la máquina y dirigiéndose a la salida del hangar. Luke sacudió la cabeza para despejarse y se apresuró a seguirle.

-¿Qué maletas?

En cuanto salieron, Asch cerró la puerta corrediza tirando de una palanca en la pared y lo miró alzando una ceja.

-Las mías, por supuesto. Mañana vuelvo a Daath, ¿o es que ya no te acuerdas?

La frase cayó como un balde de agua fría sobre el menor de los pelirrojos y la sonrisa desapareció de su rostro.

-Ah, claro. Se me había olvidado- murmuró. Caminaron en silencio de vuelta al corazón de la ciudad, Luke con la cabeza gacha. Seguramente por eso no se dio cuenta de las frecuentes miradas de rojo que le dedicaba su contraparte.

-¿Te pasa algo?- preguntó este, sobresaltándole, mientras el ascensor los subía hasta el nivel superior de la ciudad.

-¿Eh? ¿A mí? No, nada, es solo que... ¿Cuánto tardarás en volver?- preguntó en voz baja. Asch levantó la vista hacia el cielo, mirando el perezoso devenir de las nubes.

-No lo sé. Me he tomado más tiempo de permiso de lo que pensaba, Tear querrá tenerme por allí al menos un mes. Pero no sé si aguantaré tanto tiempo metido en la Catedral- respondió.

-¿A qué te refieres?

-Nada, cosas mías. Dejando eso a un lado, después de tanto tiempo teniéndome en tu cabeza, esperaba que te alegrases de cualquier oportunidad de librarte de mí durante una temporada- observó el mayor. Luke se rascó la nuca, pero los dedos se le enredaron en uno de los muchos nudos-. Estate quieto.

Luke obedeció, notando los dedos de Asch apartar su mano y pelearse con sus nudos con menos suavidad de la que le habría gustado. Apretó los dientes a causa de los tirones, pero no pudo evitar un escalofrío cuando las yemas de los dedos del otro pasaron por su cuero cabelludo, casi acariciándolo. Cerró los ojos, relajándose...

-Nada, esto es imposible. Pídele ayuda a Natalia, seguro que tiene algún potingue para desenredar rastas. Y la próxima vez que salgamos, hazte una coleta o algo así.- La voz de Asch le sacó de sus pensamientos bruscamente y tuvo que esconderse bajo el flequillo para ocultar el ligero sonrojo que le había subido a las mejillas. Otra vez se sorprendía pensando en aquellas cosas. ¿Qué demonios le estaba pasando?

No tuvo mucho más tiempo para avergonzarse, sin embargo, pues al llegar a la mansión Fabre se encontraron con que había alguien esperándoles: una figura bajita y envuelta en una capa negra mate que estaba hablando con los duques en el vestíbulo. Luke frunció el ceño, el gesto serio que lucía su padre y el de preocupación de su madre no presagiaban nada bueno. Por el rabillo del ojo vio la mano derecha de Asch dirigirse a la empuñadura de su espada en un gesto instintivo.

-Hijos- saludó el duque Fabre, muy serio-. Por fin habéis llegado. Asch, tienes visita.

La figura encapuchada se giró hacia ellos, pero no se descubrió la cara.

-General Celestial Fabre, tenemos que hablar en privado- dijo. Luke lo miró fijamente, desconcertado. Estaba seguro de que conocía aquella voz, pero no tuvo tiempo de procesar dónde la había oído antes: su original le agarró por un hombro y echó a andar hacia una de las habitaciones del servicio, que a esa hora estaba vacía. La figura los siguió y cuando la puerta se cerró tras ellos miró de uno a otro-. Asch, en privado es en privado.

-Si has venido por lo que creo que has venido, a mi réplica también le interesa. Y teniendo en cuenta que sólo te dije que vinieras en persona por un motivo, puede quedarse- replicó el pelirrojo.

-Asch, ¿quién es este tipo?- murmuró Luke.

-Un antiguo sargento locrio de Operaciones Especiales- respondió Asch-. Tras mi muerte, cuando disolvieron la división lo reasignaron a la cuarta, que ahora dirige como General Celestial. Te presento a Shion, la Serpiente Dorada.

-No te pases- replicó el encapuchado descubriéndose el rostro, o más bien la mitad de él, porque un pañuelo de color marrón claro anudado tapaba toda la mitad derecha de su cabeza y su cara. La parte que se veía correspondía a un rostro familiar de contornos aniñados, con pelo verde oscuro y corto hasta un poco por encima de los hombros salvo por un mechón que llegaba hasta su pecho. Semioculto entre el espeso flequillo, un ojo también verde malaquita los observaba con seriedad-. No vamos a empezar a sacar trapos sucios de cada uno, Errante. Tienes un problema bien gordo.

-¿Nerim nos ha descubierto?

-Todavía no, pero lo hará dentro de poco. Le ha dado por hacer una revisión extraordinaria de las cámaras de Ciudad de Yulia, no sé muy bien por qué. Alguien tiene que haberle dado un chivatazo.

Luke los miró alternativamente, intentando enterarse de qué estaban hablando y ubicar por qué le sonaban tanto la cara y la voz del chico de pelo verde, sin conseguir ninguna de las dos cosas.

-No puede ser. Nadie lo sabía, sólo nosotros cinco. Ni siquiera Blacksen llegó a enterarse.

-Pues el caso es que ahora alguien le ha puesto sobre aviso.

-¿De qué demonios estáis hablando?- preguntó al fin Luke, rindiéndose. Asch le dedicó una mirada de disculpa.

-Te acuerdas de que para traerme de vuelta necesitábamos la Llave de Lorelei, ¿verdad? Bueno, pues Tear consiguió devolverla a su sitio sin ningún problema, y la cosa debería de haberse quedado entre Anise, Florian, ella y yo y no llegar a más miembros de la Orden- explicó-. Pero esta pequeña serpiente se las arregló para averiguarlo también. Le pedí que vigilase que el Gran Maestro no se enterase de que habíamos sacado la Llave sin su permiso, y no debería saber nada, pero si abre las cámaras selladas y se la encuentra en el estado en el que está ahora, sospechará que pasó algo. Lorelei la dejó totalmente inutilizada, ya ni siquiera tiene filo.

-Hay que quitar a ese cabrón de en medio ya- dijo el otro General Celestial a media voz-. La Guardiana del Maestro Fónico consiguió encontrar documentos que lo relacionan con los Siervos de Lorelei. Entre eso y lo de las réplicas de Ion, podemos quitárnoslo de encima, pero tenemos que hacerlo ya. Te necesitamos en Daath, Asch.

Algo hizo clic en la mente de Luke con las palabras del joven, y por fin consiguió ubicar aquel medio rostro tan familiar: era el del Maestro Fónico. Pero no se trataba de Florian, desde luego, y hacía años que tanto Ion como Sync se habían desvanecido. Debía de ser otra réplica superviviente.

Miró a su contraparte, que se había cruzado de brazos, pensativo. Asch parecía muy seguro de que podía confiar en la otra réplica, pero él no sabía si fiarse.

-¿Cuándo será la revisión?- preguntó el mayor de los pelirrojos al fin.

-Dentro de dos días, tres como mucho.

-¿Qué documentos ha encontrado Anise?

-Había un hueco en la contabilidad de la Orden que no conseguíamos identificar, ¿te acuerdas? Resulta que eran muchas donaciones muy pequeñas a un supuesto local de caridad, pero cuando me mandaron allí a investigar, no había ni siquiera un edificio. Eso sí, el terreno estaba a nombre de uno de los detenidos por pertenencia a los Siervos de Lorelei- explicó el joven a toda prisa-. Las donaciones fueron ordenadas por Nerim. No sabemos si sabía dónde acababa el dinero, pero con lo que tenemos es suficiente para ir a por él.

Asch asintió.

-Eso explica lo bien financiados que estaban... De acuerdo, mañana regresaré a Daath como tenía previsto. Si te quieres quedar a pasar la noche, hay habitaciones libres- propuso, pero Shion negó con la cabeza.

-Gracias pero no, todavía me queda trabajo por hacer. A propósito, lo de "réplica perfecta" no era una exageración- comentó, señalando a Luke con el mentón y esbozando una media sonrisa-. ¿Te lo vas a traer también? No nos vendría mal el apoyo de un príncipe.

-Lo tengo que pensar.

-Bueno, como quieras. Yo me voy ya, me está esperando un Albiore en el aeropuerto. Un placer conocerle, Alteza- se despidió, dirigiéndose a Luke y volviendo a esconder el rostro bajo la capucha. No hizo ninguna reverencia, y antes de que el príncipe kimlascano pudiera despedirse también, había salido por la puerta. El menor de los pelirrojos miró a Asch con desconcierto.

-Menos mal que no le has dicho nada de a quién se parece, se pone hecho una furia cada vez que alguien saca el tema- comentó éste-. Porque te has dado cuenta, ¿no?

-Como para no hacerlo. Es una réplica de Ion, ¿verdad?

-La tercera, según he oído. Uno de nuestros ases en la manga para quitar al Gran Maestro Nerim de en medio- murmuró Asch, sentándose sobre una de las camas del servicio y apoyando los codos en las rodillas-. Tear lo descubrió poco después de su ascenso, mientras buscaba a alguien que la sucediera como líder de la cuarta división. Costó convencerle de que nos ayudara, pero al final accedió.

-Sí, sobre lo de Nerim... Asch, ¿en qué andas metido?- preguntó Luke, preocupado. El mayor entrelazó los dedos bajo la barbilla y alzó la vista hacia él, con un brillo calculador en los ojos que le recordó a la réplica los viejos tiempos.

-En una buena, la verdad- admitió el General Celestial-. Anise lleva meses dándole los últimos retoques a su plan para desatar el caos en la Orden de Lorelei. Lo único que le impide ya ponerlo en práctica es Nerim. La Orden ahora mismo tiene tres cabezas visibles: el Gran Maestro, la General Dórica y el Maestro Fónico; Nerim, Tear y Florian. Dos de ellas están de nuestro lado, pero para que el plan funcione, la tercera tiene que desaparecer.

-¿Estás hablando de matar a Nerim?- Luke retrocedió, asustado, pero Asch negó con la cabeza y entrecerró los ojos.

-Muerto sirve de mártir a su causa. Vivo y desacreditado, por el contrario... Esto no es una guerra, réplica. Es política. Mancharse las manos a veces resulta contraproducente... y no he matado a nadie desde que volví, no tengo prisa por empezar.

El menor suspiró, aliviado, y se acercó de nuevo, dejándose caer al lado de Asch en la cama.

-Tenemos que hacer ver a la gente que han estado siguiendo a un Maestro Fónico falso desde hace años- continuó su original-. Tienen que darse cuenta de que el camino que conocían hasta ahora se ha terminado, que hay que buscar una nueva forma de hacer las cosas. Pero ese cerdo de Nerim es de la vieja escuela, pondrá todos los obstáculos que pueda para que las cosas no cambien... Y el cambio tiene que ser rápido, brusco. Y más ahora que corremos peligro de que descubra lo que hicimos con la Llave de Lorelei.

-Desacreditarle a él antes que él a vosotros- comprendió Luke. Asch asintió e irguió la espalda, girándose a mirarlo.

-No me gusta dársela, pero Shion tiene razón esta vez; nos vendría bien el apoyo directo de un príncipe. ¿Vendrías conmigo a Daath?

Luke pegó un respingo, sorprendido ante la repentina propuesta.

-¿Mañana? Pero... No puedo irme así como así, necesitaré hablar con Ingobert y con padre para...

-Todavía es pronto, te da tiempo a buscar una excusa y hacer las maletas. Mañana cogeré el primer Albiore que salga para Daath; si me quieres seguir, te esperaré cinco minutos. Nada más.

Luke desvió la mirada, indeciso. Hacía meses que no salía de Baticul, sus obligaciones como príncipe lo tenían prácticamente atado a la mesa de reuniones de palacio. Y le gustaría saludar a Tear y felicitarla en persona por su ascenso, además de que si Anise necesitaba su ayuda, no dudaría en brindársela. Y... Si lo dejaba ir ahora, ¿quién sabía cuánto tardaría en volver a ver a Asch?

-De acuerdo, iré contigo- aceptó, sonriendo. Asch asintió, satisfecho, y le revolvió el pelo aún lleno de nudos con una mano-. ¡Oye, deja de hacer eso! ¡Lo estás empeorando!- En el rostro de su original se dibujó una taimada sonrisa y volvió a repetir el gesto, esta vez con las dos manos-. ¡Asch, para de una vez, no tiene ninguna gracia!

Se revolvió, pero Asch y su formación militar fueron más rápidos y cuando Luke quiso darse cuenta, tenía la cara pegada a la cama y una de las manos de Asch en la nuca, mientras que la otra le inmovilizaba uno de los brazos a la espalda. El corazón se le aceleró al notar que no podía moverse.

-¡Vale, vale, me rindo!- murmuró contra las mantas. El General Celestial, tras unos tensos momentos en los que Luke pudo notar su respiración demasiado cerca, lo soltó y se apartó poco a poco-. ¿De verdad era eso necesario?

No obtuvo respuesta. Al levantar la cabeza y girarse hacia él, pudo ver que Asch se había vuelto a sentar en el borde de la cama, con el rostro enterrado en una mano y el codo apoyado sobre el muslo. Los mechones sueltos de cabello escarlata le ocultaban la cara.

-¿Asch? ¿Pasa algo?- preguntó Luke, incorporándose, pero Asch se levantó de golpe y se alejó de la cama.

-Cosas mías- murmuró sin mirarle-. Dile a Ingobert que vas de visita oficial a felicitar a Tear en nombre de la Corona. Debería bastar para que no te ponga inconvenientes para venir.

Sin decir nada más, salió del cuarto, dejando dentro a un confundido Luke sentado en la cama sobre sus rodillas y preguntándose qué acababa de pasar exactamente.