IV- El golpe
De pie junto al armario abierto de su habitación en la sede de los Caballeros del Oráculo, la General Dórica Tear Grants contemplaba su propia imagen en el espejo interior de las puertas de madera.
Hacía ya meses que llevaba aquel uniforme y aún no terminaba de acostumbrarse a la larga capa blanca llena de complejos bordados castaños en su propio cuerpo. La túnica marrón que llevaba debajo no era demasiado distinta a la que llevase años atrás, cuando sólo era una sargento locrio, y tanto las botas que calzaba como los guantes que cubrían sus brazos eran semejantes a los que utilizaba como General Celestial. Pero todo eso daba igual cuando se colocaba la capa de Comandante.
Se apartó el flequillo de la cara unos momentos. La trenza alta le seguía retirando el resto del cabello del rostro, que cada vez mostraba unas facciones más severas. El parecido con Van era innegable, desde luego, aunque sus rasgos fuesen más finos que los de su hermano. Dejó caer de nuevo la cortina de pelo sobre su ojo derecho y sacudió la cabeza. Se parecía físicamente a Van, por supuesto, pero esperaba ser mejor Comandante que él. Lo cual no era poner el listón muy bajo, teniendo en cuenta lo bien que había dirigido siempre su predecesor a los Caballeros del Oráculo... hasta que había empezado a mostrar sus verdaderas intenciones, claro. Pero antes de eso había sido un buen líder, y Tear esperaba estar a su altura.
-Señora, tiene visita- llamó una voz desde el pasillo, golpeando suavemente la puerta cerrada de su habitación-. El General Celestial Fabre y el príncipe Luke de Kimlasca-Lanvaldear han llegado.
-Gracias. Les veré en la sala de reuniones en unos minutos- respondió Tear.
-Sí, señora. ¿Doy aviso también al Maestro Fónico?
-No es necesario molestarle, estará ocupado haciendo el equipaje para su visita a Gran Chokmah.
-Como ordene, señora.
Señora. Qué raro se le hacía que se dirigieran a ella así. Cuando lideraba la cuarta división se había asegurado de que sus soldados no lo hicieran, pero ahora que tenía a todo el ejército bajo su mando, las formalidades eran una obligación. Y hablando de obligaciones, Asch y Luke estarían esperándola, más le valía darse prisa. Se alisó la capa (que en realidad no tenía arruga alguna) y salió de la habitación con paso rápido.
Los dos pelirrojos la esperaban en la sala de reuniones. Asch se había sentado en una de las sillas del medio de la larga mesa, mientras que Luke estaba de pie oteando por la cristalera. Cuando Tear entró, en cualquier caso, el primero se levantó de golpe y el segundo se giró, ambos prácticamente a la vez. La Comandante no pudo evitar una sonrisa divertida.
-Bienvenidos a Daath- saludó. Cerró la puerta tras de sí y alzó una mano-. Asch, por el amor de Yulia, relájate, estamos los tres solos.
Asch soltó un bufido y se dejó caer de nuevo en la silla mientras Tear se acercaba.
-Odio el protocolo, pero ya son demasiados años. Es ver ese uniforme y me salta el instinto de soldado- gruñó el pelirrojo mayor. Luke dejó escapar una carcajada y se alejó de la ventana.
-Tear, estás increíble. Felicidades por el ascenso- sonrió. La joven aceptó la enhorabuena con una inclinación de cabeza y se sentó a la cabecera de la mesa. Luke hizo lo propio a su lado, y Asch terminó levantándose y sentándose enfrente de éste-. Oye, ¿es seguro hablar aquí?
-Sí, no te preocupes, me he encargado de eso. Asch, ¿le has puesto al corriente?
-A grandes rasgos. Shion me dijo que Anise había encontrado conexiones de Nerim con los Siervos de Lorelei- dijo el pelirrojo-, ¿están a buen recaudo los documentos?
-Los tengo yo misma bajo custodia- asintió Tear, rebuscando bajo su capa hasta encontrar el sobre de tamaño folio escondido en un bolsillo interior. Se lo pasó a Asch, que lo abrió y sacó los papeles, ojeándolos. La satisfacción se reflejó en su rostro a medida que leía.
-Estupendo- asintió, devolviendo los folios al interior del sobre y pasándoselos a Tear, que volvió a guardárselos-. ¿Cuándo vamos a dar el golpe?
-Bueno, lo cierto es que... Tenía pensado hacerlo esta tarde. Siento tener que cargaros con esto cuando acabáis de llegar, pero... El Gran Maestro se marcha mañana a Ciudad de Yulia- dijo la Comandante, preocupada-. No podemos aplazarlo más.
-No te preocupes por eso, Tear, hemos venido todo el camino durmiendo- sonrió Luke, quitándole importancia con un gesto-. Tenemos las pilas cargadas, tú di qué quieres que hagamos y listo.
Tear le devolvió la sonrisa. El entusiasmo de Luke siempre había sido contagioso, además de una fuente inagotable de ánimos.
-Bien, esto es lo que vamos a hacer- empezó, bajando la voz pese a que la sala era segura-. Esta tarde convocaré una comparecencia pública en la Catedral. Todos los altos cargos de la Orden estarán allí... salvo el Maestro Fónico, que para entonces ya estará de viaje en Keterburg, aunque todos piensan que su destino es Gran Chokmah. En esa comparecencia revelaré los documentos que incriminan al Gran Maestro y los archivos sobre fomicría que no fueron destruidos por mi hermano. En ellos aparecen tanto Ion como Sync, Florian y Shion; el testimonio de este último servirá para despejar cualquier resquicio de duda sobre el tema. Si eso no fuera suficiente, Luke, necesitaremos también el tuyo. Puede que sea doloroso recordar algunas cosas, pero...
-No te preocupes por eso, puedes contar conmigo.
-Te lo agradezco. Bien, todo esto de por sí causará un buen revuelo, pero Anise tiene aún una cosa más en mente. El golpe maestro, lo llama ella: leer la Partitura Sellada y los restos de la Séptima Piedra Fónica que la Orden ha estado manteniendo en secreto durante todo este tiempo, aquella en la que se habla del fin de Auldrant.
Asch se levantó de golpe con el semblante pálido como el mármol.
-¿Estás loca? ¿Después de todo lo que hemos hecho para derrocar la maldita Partitura, quieres volver a leerla?- exclamó.
-Asch, por favor, cálmate. No he terminado.
-¡Y un cuerno voy a calmarme! Tear, maldita sea, ¡Luke y yo morimos por buscar otro camino que no fuera esa estúpida profecía!- insistió el pelirrojo, agarrándola del cuello de la túnica. Pero Tear mantuvo la compostura y le devolvió una mirada fría.
-Te he pedido que te calmes, General Celestial Fabre. No me hagas ordenártelo- dijo a media voz. Asch apretó los dientes y se encogió instintivamente, y la Comandante supo que había visto en sus ojos la sombra de los de Van. No le gustaba recurrir a aquello, pero tenía que admitir que a veces resultaba la mar de útil. Con las manos temblorosas, el Errante la soltó y retrocedió. Tear cerró los ojos-. Lo siento.
-Tear, dime que hay alguna lógica detrás de todo esto, por favor. Dime que tiene un sentido volver a leer la Partitura después de todo lo que...- la voz de Luke enmudeció, y cuando la joven se giró a mirarle, pudo ver que estaba tan pálido como su contraparte.
-La hay. No sé cómo será en Kimlasca, Luke, pero aquí en Daath sigue habiendo gente que echa de menos la Partitura- explicó, muy seria-. Vosotros mejor que nadie entenderéis la necesidad de hacerles ver que volver a ella sería nuestra perdición. Por eso se hará una última lectura ante todos los que quepan en la sala, ante representantes de Kimlasca-Lanvaldear y Malkuth, para que todos sean testigos de lo que el futuro nos habría deparado si hubiésemos seguido el camino marcado por Yulia y Lorelei.
Sus palabras parecieron calmar a Luke, pero Asch seguía nervioso. Golpeó la mesa con un puño y se dejó caer en la silla pesadamente, con los dedos crispados sobre la superficie de caoba.
-¿La vas a leer tú?- masculló entre dientes. Tear asintió.
-Sí, cuando Anise dé la orden. Cuando lo haga, habrá bastante confusión. La situación podría incluso ponerse violenta.
Asch soltó una carcajada amarga.
-¿Podría? Se va a poner violenta, sí o sí- replicó, cruzándose de brazos-. A los demás Generales Celestiales no les va a gustar nada. Giore es de la vieja escuela y fue el mentor de Cres, serán los primeros en dar problemas. Y Hyren no sé qué hará, pero haga lo que haga, Notta lo apoyará. Si se ponen contra nosotros, sólo estaremos Shion y yo para protegeros a ti y a Anise.
-No te olvides de mí- protestó Luke.
-Tú a callar, desecho, no vas a meterte en esto.
-Perdona pero creo que ya estoy metido, y Tear es mi amiga. No esperes que me quede de brazos cruzados mientras alguien intenta atacarla.
-Ya es suficiente, calmaos los dos- interrumpió la aludida, alzando los brazos y levantándose-. Sé que es un plan arriesgado, pero yo estoy dispuesta a hacerlo y con eso debería bastar, teniendo en cuenta que voy a ser la que corra más peligro.
-No eres tú la que me preocupa- murmuró Asch entre dientes. Aun así, alzó la mirada-. Muy bien, lo haremos a tu manera, pero procura no morir o Natalia me usará de diana privada. Y tú, desecho, como se te ocurra hacer alguna insensatez, te las verás conmigo.
-Cuídate tú también, Asch- sonrió Tear. Luke miró de uno a otro, nervioso, pero una mirada de la Comandante bastó para infundirle seguridad. Tragó saliva y extendió la mano hacia ellos con la palma hacia abajo, decidido. Tear, con un brillo divertido en los ojos, posó la mano encima de la suya, y finalmente hasta Asch unió su mano enguantada al montón, antes de levantarse de la mesa y salir de la sala con el ceño aún fruncido. Su réplica lo observó irse, pensativo, y dejó caer la mano sobre la mesa.
-¿Luke?- inquirió Tear.
-¿Hm?
-¿Qué tal os ha sentado a Asch y a ti su semana de permiso?
Luke fue a abrir la boca para responder, pero se lo pensó mejor y se rascó la nuca, desviando la mirada.
-Bien, supongo. No sé, está tan cambiado que me da la sensación de que no lo conozco en absoluto- admitió-. A veces parece estar a gusto, y acto seguido tiene esa cara suya que parece que ha olido algo pudriéndose. Creo que le ha sentado bien, pero... No lo sé.
Tear asintió, Asch había cambiado... seguramente más de lo que Luke creía.
-¿Y qué hay de ti?
-¿De mí?- repitió el pelirrojo, desconcertado-. Pues... me alegré mucho de que volviera a casa, la verdad. Pero hay veces que no sé cómo comportarme con él; haga lo que haga, tarde o temprano termina enfadándose o metiéndose conmigo. No lo entiendo.
La joven lo observó cruzar los brazos sobre la mesa y apoyar la barbilla en ellos, con la mirada perdida en alguna de las vetas de la madera. Le recordaba un poco a Natalia cuando, años atrás, la rubia se pasaba largos ratos en el Albiore mirando por la ventanilla y preguntándose dónde estaría Asch, como si al otro lado del cristal estuviesen las respuestas que buscaba. El mayor de los pelirrojos debía de tener ese efecto en la gente que le quería, tal vez por su condenada tendencia a meterse en todos los líos posibles. Tear alargó una mano y la posó sobre una de las de Luke, que levantó la mirada hacia ella.
-Asch es una persona difícil, siempre lo ha sido. Pero si no te valorase no se molestaría en preocuparse por ti, te lo aseguro.
-¿Tú crees que se preocupa por mí?
-Por supuesto que sí. En ningún momento me ha demostrado lo contrario.
Luke volvió a bajar la mirada y Tear le apretó la mano.
-Luke, a veces a la gente le cuesta mostrar sus sentimientos, sobre todo si han sido educados en el ejército. Asch jamás te dirá que le importas, pero si prestas atención a sus actos, te darás cuenta de que tengo razón.
Su amigo le devolvió el apretón antes de soltarla y levantarse, agitando la cabeza y escondiendo la mirada bajo su espeso flequillo. Igual que había hecho su contraparte unos momentos antes, se fue, mascullando un "gracias" y algo sobre ir a descansar un momento.
"Me puedo hacer una idea sobre lo que le ocurre. La pregunta es, ¿él mismo se da cuenta de ello?" pensó Tear para sí, con la mirada fija en la puerta por la que ambos pelirrojos habían salido.
Tal y como esperaban, la comparecencia pilló de sorpresa a todo Daath en general y a Nerim en particular, que se vio obligado a posponer los preparativos de su viaje a Ciudad de Yulia. Tear había seguido el procedimiento de emergencia, convocando al pueblo y a la Orden de Lorelei en la Catedral con urgencia de forma que nadie pudiera negarse a asistir.
La sala se llenó enseguida y hubo que dejar las puertas abiertas para que los que se habían quedado fuera pudiesen oír todo cuanto se iba a decir. Tear, siendo la convocante, ocupó el puesto principal ante el altar mayor, con la vidriera de Yulia Jue a sus espaldas. Nerim tenía su puesto a la derecha, junto a Anise, y los Seis Generales Celestiales se disponían en V delante de ella formando un muro a los pies de la escalinata. Asch estaba en el puesto del lateral izquierdo y Shion en el de al lado, con su arma, una brillante y fina cadena dorada rematada por agudas púas, cruzada sobre el sencillo uniforme de tonos negros y marrones como si fuera una banda. En el lateral izquierdo estaban también Luke y Nephry Balfour, que llevaba dos días de visita oficial como Emperatriz consorte de Malkuth y actuaría en representación del imperio. Más allá de la línea de Generales estaba la multitud, una mezcla de civiles de toda clase social y Caballeros del Oráculo de bajo rango.
Los murmullos que recorrían la amplia sala enmudecieron por completo en cuanto Tear dio un paso al frente y golpeó el suelo con su báculo, tras lo cual volvió a guardarlo en la funda que colgaba de su espalda. Un glifo fónico se dibujó debajo de ella y su voz resonó entre los muros de la Catedral e incluso más allá de estos, amplificada por el arte y tan serena y segura como acostumbraba:
-Ciudadanos de Daath y de Auldrant, hermanos de la Orden de Lorelei- comenzó-, habéis sido convocados hoy para escuchar algo que todos debéis oír, algo que debió salir a la luz hace demasiado tiempo pero fue ocultado a los ojos de la mayoría. Por ello he de disculparme, pues yo fui una de los responsables de manteneros en la sombra, y ruego que algún día podáis perdonarme.
Tear hizo una pausa y miró de reojo a Anise, que asintió. A su lado, Nerim jugueteaba con los pulgares, aburrido. Un ramalazo de ira recorrió a la joven Comandante al ver semejante falta de interés. Volvió a mirar al frente y respiró hondo antes de seguir:
-Desde hace años hemos temido por la salud del Maestro Fónico Ion, que cada vez parecía más resentida- dijo, juntando las manos en el regazo-. Su enfermedad se inició en el año 2014 y el pronóstico de los médicos indicaba que no le quedaban más de tres años de vida. Fue entonces cuando empezó la farsa que ha durado hasta nuestros días, la ilusión de la cual estos documentos- sacó del interior de su capa el sobre que le había confiado Anise- son prueba irrefutable. Cuando Ion estuvo seguro de que no sobreviviría lo bastante como para encontrar un sucesor, trazó un plan con mi hermano, el por entonces General Dórico Van Grants, y empezó a crear réplicas que pudiesen sustituirle. A finales de 2015, el Ion original falleció y su séptima réplica ocupó su puesto.
El murmullo volvió a alzarse entre la multitud, y algunos Generales Celestiales cuchichearon entre ellos sin salirse de la fila. Nerim se adelantó, indignado.
-¡Esto es un ultraje! ¡Exijo que se me muestren esos documentos!- exclamó. Tear los sacó del sobre y se los entregó con calma.
-El príncipe Luke fon Fabre de Kimlasca-Lanvaldear, la sargento iónico Anise Tatlin y el General Celestial Asch fon Fabre pueden dar testimonio de mis palabras- continuó Tear mientras Nerim leía los informes a toda velocidad, con el horror dibujándose en sus huesudos rasgos-. Ellos escucharon la verdad de labios de la última réplica de Ion, que falleció tres años después que su original, poco antes de la Batalla de Eldrant. El Maestro Fónico al que hoy nos dirigimos como Ion no es sino otra réplica más, al igual que lo fue el General Celestial Sync la Tempestad...
-¡Hacer semejantes declaraciones sin que esté presente el Maestro Fónico es un completo atropello!- interrumpió Nerim, blandiendo los informes en una mano-. ¿Y de dónde salen estos documentos, en cualquier caso? ¿Qué nos asegura que no son falsos?
-Gran Maestro, cuidad vuestras palabras- advirtió Tear-. Poniendo en tela de juicio lo que acabo de decir, también cuestionáis la sinceridad del príncipe de Kimlasca, la Guardiana del Maestro Fónico y uno de vuestros Generales Celestiales. Pero si queréis una prueba tangible de que estos documentos son verdaderos... Coronel de locrio Shion, rompa filas y acérquese- ordenó Tear. Shion, tenso, se dio media vuelta y subió los escalones hasta donde estaban sus dos superiores, con la cadena tintineando a su paso-. La mayoría de las réplicas de Ion murieron, de una forma u otra, pero hubo dos que lograron sobrevivir hasta nuestros días. Una recibió el nombre de Florian, quien hasta ahora actuaba como Maestro Fónico de la Orden. A la otra la tenéis justo delante.
Quienes estaban más cerca del altar no pudieron evitar un murmullo de asentimiento, incluso algunos Generales Celestiales se giraron a mirar a su compañero. Pese a llevar la mitad de la cara tapada por su pañuelo marrón claro, el parecido con el Maestro Fónico era innegable; si nadie se había dado cuenta antes era porque Shion casi nunca se dejaba ver públicamente. Nerim lo observaba boquiabierto. Shion, con la espalda erguida aun con el peso de la cadena que llevaba colgada, dio un paso en el interior del glifo para que su voz también fuese amplificada.
-La Comandante Grants está en lo cierto. Soy la tercera réplica destinada a sustituir al Maestro Fónico Ion, una de las muchas que fueron consideradas "inservibles" y arrojadas al Monte Zaleho- anunció-. Sync y Florian fueron ambos posteriores a mí, pero estuvieron a punto de correr mi mismo destino. Ofrezco voluntariamente mi sangre para que se realice una prueba con ella si fuese necesario reafirmar lo que digo.
Tras aquello, se apartó del glifo y volvió a su posición en la fila, notablemente menos tenso que antes. Nerim se había quedado sin palabras, así que Tear aprovechó para continuar:
-Esta es una de las verdades que la Orden ha ocultado incluso a algunos de sus superiores durante años. La siguiente que he de revelar es muchísimo más reciente y concierne a una persona que se encuentra presente en esta sala.- Sacó el resto de los documentos, esta vez los que incriminaban a Nerim, y tomó aire antes de seguir-. En los últimos dos años ha surgido un grupo radical del que todos hemos oído hablar en algún momento, los autoproclamados Siervos de Lorelei, cuyas acciones han ido encauzadas al establecimiento de una nueva Partitura que dicte el destino de Auldrant. Este colectivo ha causado problemas a nivel nacional e internacional, incluso se atrevieron a invocar a la consciencia colectiva del séptimo fonón para forzarle a hacer otro pacto. Los Siervos de Lorelei, ahora totalmente disueltos, constituían una auténtica organización paramilitar y tenían fondos suficientes para procurarse instalaciones, armamento y suministros. Hace unos días, la Guardiana del Maestro Fónico descubrió de dónde procedían estos fondos: de las arcas de la Orden de Lorelei. Más concretamente, de partidas presupuestarias ordenadas por el Gran Maestro Nerim.
Lo que recorrió esta vez la sala de altos techos no fue un murmullo, sino una auténtica algarabía. Nerim, pálido como un muerto, no acertó siquiera a moverse.
-Tengo en mi poder los resguardos de numerosas donaciones a un supuesto local de caridad que en realidad no es más que un terreno vacío a nombre de uno de los detenidos y condenados por pertenencia a los Siervos de Lorelei- siguió Tear, notando (no sin cierta satisfacción) como con cada palabra su superior se hundía más y más en el sitio-. En todos ellos figura el mismo nombre. Y por ello, Gran Maestro Nerim, quedáis detenido por malversación de fondos de la Orden de Lorelei y conspiración con terroristas.- Según hablaba, un par de soldados del Oráculo salieron de las sombras y apresaron a Nerim, que trató de revolverse en vano-. Se os someterá a un juicio para determinar hasta qué punto estuvisteis relacionado con los Siervos y sus ideales. Soldados, manténgale preso, pero no se lo lleven aún- ordenó la Comandante-. La última confesión que ha de hacer la Orden hoy es algo que él también debe oír. Sargento iónica Tatlin, le cedo la palabra.
Tear se apartó del glifo y Anise se acercó y ocupó su lugar. Miró a la multitud que tenía ante sí y luego a Tear, que le dedicó una sonrisa de ánimos. La joven de cabello oscuro asintió y se volvió hacia el frente, haciendo que su voz resonara por toda la sala:
-Conozco personalmente a muchos de los que os habéis reunido aquí hoy a escucharnos. Por los siete fonones, creo que conozco a medio Daath ya- suspiró, con una levísima sonrisa-. Sé que todos los que estáis en esta Catedral os habéis preguntado en algún momento por qué se revocó exactamente la Partitura, por qué los líderes de los tres países decidieron abandonar el camino que nos marcó Yulia Jue. Sé que algunos, incluso, la echan de menos a veces. Después de todo, era tan fácil apoyarse en la Partitura... Todos sabíamos siempre lo que teníamos que hacer en cada momento, y al final del camino nos esperaban la felicidad y la prosperidad. O al menos... eso es lo que creíamos. Es lo que siempre se nos dijo.
La gente aguardaba en silencio, tal vez intentando averiguar a dónde conducían sus palabras. Anise tragó saliva antes de continuar y Tear cerró los ojos y elevó una silenciosa plegaria a Lorelei y a sus seis hermanos, rogando por que lo que estaba a punto de decir su amiga no desatase el caos antes de tiempo.
-Esa es otra mentira que hemos venido a destapar hoy- siguió la Guardiana del Maestro Fónico-. Durante toda su historia, la Orden ha custodiado las palabras de Yulia Jue, la Partitura Planetaria, leyendo sólo las partes que hablaban de un futuro brillante. Pero hay otra parte de la Partitura que habla del verdadero futuro de este mundo y de su final, una parte que fue hallada hace años y que sólo ha sido leída por completo una vez: la Séptima Piedra Fónica. Y eso por no hablar de todas las secciones censuradas de la Partitura Sellada, que nunca llegaron a leerse en público y que predicen los desastres de Hod y Akzeriuth, entre otros. Sé que esto puede ser duro, pero hoy os hemos reunido para que lo escuchéis todo. Creo que todo el mundo tiene el derecho y el deber de saber la verdad, de comprender por qué se eligió revocar la Partitura. Por eso, la General Dórica Grants leerá hoy por última vez la Partitura Planetaria a partir del año en que Hod fue destruida, ante vosotros, pueblo de Daath, con representantes de Malkuth y Kimlasca-Lanvaldear como testigos.
El revuelo que se armó fue comparable al de momentos antes al acusar a Nerim. Anise se retiró del glifo, que se deshizo, y miró a Tear, que asintió y sonrió levemente con aprobación. La joven Guardiana, para lo nerviosa que estaba, lo había hecho muy bien. Y ahora era el turno de Tear de asestar el golpe de gracia.
Se colocó tras el altar, sobre el cual Anise fue dejando fragmento tras fragmento de la Séptima Piedra Fónica, que había estado guardando en el interior de su muñeca y de su capa. Le había costado horrores recuperarlos, pero lo había conseguido a tiempo. Shion también se acercó y dejó unos cuantos que guardaba en bolsillos ocultos de su uniforme, igual que Asch. Tear dejó los que ella misma guardaba e hizo llegar a los dos soldados de confianza que custodiaban el resto y que había dejado esperando fuera. Habían preferido repartir la carga para no arriesgarse a perderla si ocurría algo. El altar contenía el resto de la Partitura que necesitaría leer, un truco de Evenos, el antecesor de Ion, para no tener que sacar las Piedras Fónicas cada vez que tenía que leerlas públicamente.
Una vez tuvo todo listo ante sí, Tear cerró los ojos, respiró hondo y extendió los brazos hacia la Piedra Fónica con las palmas hacia el cielo. Años habían pasado desde que hiciese aquello por última vez, pero jamás podría olvidar cómo se hacía. Los séptimos fonones empezaron a bailar a su alrededor, atravesando los grabados de la Piedra y proyectando imágenes tras sus párpados cerrados. Cuando su voz resonó en la sala no necesitó de glifos que la amplificasen, pues todo el mundo enmudeció.
-N.D. 2002. Aquel que ansía la gloria destruirá la isla que lo vio nacer, una tierra con el nombre de Hod...
