V- Convicciones

-N.D. 2002. Aquel que ansía la gloria destruirá la isla que lo vio nacer, una tierra con el nombre de Hod...

Luke no pudo evitar un escalofrío cuando la voz de Tear retumbó por toda la sala con las palabras de Yulia. Años habían pasado desde la última vez que alguien leyese la Partitura, pero incluso con su poder sellado por Lorelei podía sentir los séptimos fonones que atravesaban las Piedras Fónicas arremolinándose alrededor de Tear y sumergiéndola en un halo dorado. Era un espectáculo digno de contemplarse y le puso el vello de punta bajo la casaca.

-Luke, vuelve a la tierra- murmuró Nephry a su lado, dándole un pequeño codazo para sacarlo de sus ensoñaciones. El pelirrojo se giró a mirarla de inmediato-. La gente empieza a ponerse nerviosa.

-... N. D. 2018. El joven heredero del poder de Lorelei conducirá a su gente a la ciudad minera. Allí tornará su poder en calamidad...

Las palabras de Tear (no, de Tear no, de Yulia) le encogieron el estómago, pero se obligó a prestar atención al presente. Un murmullo había empezado a crecer entre la gente, efectivamente, que empezaba a removerse con inquietud. Pese a ello, la voz de Tear seguía sonando por encima del resto de ruidos, imposible de ignorar, como si sonase en los corazones de quienes la escuchaban en vez de en sus oídos.

Alguien le gritó a la Comandante que dejase de leer, una voz anónima perdida entre el mar de rostros que levantó unos cuantos susurros de asentimiento. Luke, nervioso, miró a los Generales Celestiales. Como si notase sus ojos sobre sí, Asch se giró hacia él unos momentos y gesticuló señalándose primero los ojos y luego a los demás líderes de división. La réplica asintió, vigilando al resto de los subordinados directos de Tear mientras Asch mantenía la mirada fija en la multitud.

-... El ejército kimlascano manchará el trono de Malkuth con la sangre de su último emperador. Sus aullidos de victoria resonarán por toda la tierra...

Nephry se agarró las manos temblorosas a su lado, pero Luke estaba demasiado ocupado manteniendo dentro de su campo visual a un grupo de soldados que habían captado su atención por el rabillo del ojo y parecían estar intentando abrirse paso hacia la escalinata. Shion se separó de la fila y les salió al paso, ordenándoles que se retiraran. Los soldados se negaron y en un parpadeo la cadena de éste estaba enrollada en sus brazos en vez de en su torso, con las puntas describiendo círculos a toda velocidad por encima de su cabeza de forma amenazadora. Asch se llevó la mano derecha a la espada y Luke hizo lo propio con la zurda.

-... La muerte y la enfermedad envolverán la ciudad. La plaga allí nacida...

-¡Es imposible que algo así estuviera escrito en la Partitura!- exclamó Cres Fair, uno de los Generales Celestiales del lado derecho. Era algo mayor que Asch, vestía de azul y tenía el pelo violeta oscuro totalmente peinado en rastas recogidas en una coleta alta. Se había vuelto hacia el altar, dispuesto a subir la escalinata, pero el Errante no tardó en interceptarlo con gesto serio.

-Vuelve a tu puesto, Cres- ordenó el pelirrojo a media voz.

-Tú no me das órdenes, Asch, apártate de mi camino- siseó Fair, desenvainando las dos espadas cortas que llevaba enfundadas a la espalda. Asch alzó su propio acero.

-Cres, muchacho, antes de cometer una imprudencia, piensa en lo que estás haciendo. Está claro que hay algún error, pero no es como para llegar a las armas- dijo Giore a su lado, sin girarse hacia ellos.

-... Su propagación marcará el verdadero fin de Malkuth. Kimlasca disfrutará de décadas de prosperidad mientras...

-¡Esta vez no, maestro! ¡Nosotros nacimos en Gran Chokmah, por los siete fonones!- exclamó el General Celestial, arremetiendo contra Asch. Los aceros de ambos chocaron y soltaron chispas en cada golpe, contundentes los de Asch, rápidos e impredecibles los de Cres. Y por encima del ruido metálico de sus espadas, la voz de Tear seguía sonando.

Tres soldados consiguieron esquivar las cadenas de Shion, que habían empezado a bailar a su alrededor como serpientes asestando latigazos de advertencia a quienes se acercaran, y se abrieron paso hacia el altar. Luke reaccionó rápido y se interpuso entre ellos y la Comandante, desarmándolos y noqueándolos lo más rápido que pudo. Al otro lado, Asch y Cres estaban enzarzados en una violenta pelea en la que el de cabello violeta parecía estar en todas partes a la vez. El pánico se agarró al corazón de Luke; apenas habían empezado y a Asch ya empezaba a faltarle el aliento.

-¡Oh enloquecedora tempestad de los espíritus de la tierra! ¡Estalagmita!- oyó bramar a Shion. El arte levantó detrás de la réplica de Ion una barrera de gruesas púas de roca que separó a la ya nada silenciosa multitud de la escalinata. El príncipe kimlascano se olvidó de ellos, no obstante, y corrió hacia donde su contraparte peleaba.

-¿Qué haces, desecho? ¡Retírate y vuelve con Nephry!- masculló Asch entre mandoble y mandoble. Luke aferró su espada y se unió al asalto contra Cres.

-¡Calla! ¡Nephry puede pasar sin mí, no es a ella a quien están a punto de cortar en pedacitos!

El otro General Celestial se movía demasiado rápido, atacando una y otra vez desde distintos flancos. Luke frenó la mayoría de sus golpes, pero uno de ellos le alcanzó en el brazo derecho de refilón. Apretó los dientes e ignoró el escozor de la herida, rogando por que Cres no resultase saber artes daáthicas y que aquel rasguño no fuese como el que había sufrido Guy contra Sync años atrás. Afortunadamente, no parecía ser el caso.

La voz de Tear seguía sonando, con palabras que cada vez se volvían más siniestras y agitaban más a la multitud. Cres les estaba ganando terreno. A Shion cada vez le costaba más retener a la gente al otro lado de las estalagmitas y el resto de Generales Celestiales estaban demasiado confusos para hacer nada. Asch acababa de conseguir desarmar parcialmente a Fair, mandando a volar una de sus espadas gemelas, pero le había costado un corte en la pierna.

-¡Réplica, sígueme!- ordenó el Errante. Luke asintió y sus espadas descendieron simultáneamente sobre Cres, pillándole por sorpresa y asentándole dos profundos cortes en los hombros que a juzgar por su grito de dolor le rozaron las clavículas. La espada que le quedaba a éste cayó al suelo, seguida por sus rodillas, que se hincaron en uno de los escalones. Las mismas dos hojas que lo habían golpeado se cruzaron sobre su cuello también a la vez, amenazando con dejarle más cortes de recuerdo si se movía, mientras Tear pronunciaba las últimas palabras de la Partitura:

-... y así será Auldrant destruido por el miasma y convertido en polvo. Éste es el fin de Auldrant.

La voz de Tear se apagó, siendo sustituida enseguida en los oídos de Luke por el retumbar de su propio corazón. Más allá de la barrera de estalagmitas, la gente gritaba, sollozaba o permanecía incapaz de articular sonido alguno, seguramente en estado de shock por lo que acababan de oír. Cres los miraba desde el suelo sin comprender, formando con los labios palabras sin que le saliera la voz, hasta que Giore se acercó y le puso la mano en la espalda.

-Su Alteza, General Celestial Fabre- dijo, con sendas inclinaciones de cabeza-, permítanme llevarme a mi compañero. Necesita atención médica para sanar sus heridas y paz para su corazón.

Asch y Luke asintieron y de nuevo a la vez retiraron sus espadas, el menor rompiendo su sincronía al envainar la suya mientras que el mayor conservó su acero en la mano. Le miró de reojo; el Errante todavía tenía los músculos de la espalda tensos y la alerta pintada en la cara, pero se fue tranquilizando al ver que no se formaban más disturbios.

-Lo que acabáis de oír es duro, pero es la verdad- oyeron decir a Anise desde el altar-. Es lo que estaba escrito en las Piedras Fónicas, palabra por palabra. Ésa es la Partitura que hemos revocado, y confío en que ya comprenderéis por qué. Y ahora, marchaos a vuestras casas, hermanos, y meditad sobre lo que habéis visto y oído hoy.

La multitud no tardó en empezar a dispersarse lentamente. Hyren y Notta eran los únicos Generales Celestiales que no se habían movido de su sitio, pero enseguida desaparecieron por un lateral, ella con su acostumbrado gesto indiferente y él completamente consternado. Giore se había llevado a Cres, y cuando la barrera de estalagmitas cayó, Luke pudo ver a un Shion algo exhausto pero prácticamente ileso subir por las escaleras hacia ellos.

-Una comparecencia entretenida- comentó al llegar a la altura de los pelirrojos-. ¿Cómo está la Comandante?

-Algo cansada, supongo, pero bien- respondió Asch tras echar un ojo a Tear, que se apoyaba sobre el altar con una mano mientras un par de soldados recogían los fragmentos de Piedras Fónicas-. Es una descendiente de Yulia, leer la Partitura Planetaria no le afecta tanto como a las réplicas de Ion.

-Hmf, eso las que saben leerla- gruñó Shion-. En cualquier caso, ¿qué hacemos ahora?

-Por lo pronto, ir a buscar a un séptimo fonista- señaló Luke-. Asch y yo nos hemos llevado un par de heridas.

El aludido masculló algo que sonó a "habla por ti, desecho" pero acabó dejándose arrastrar a presencia de un sanador que le mirase la herida de la pierna. Mientras esperaba su turno de ser atendido, Luke recordó el breve momento en el que los movimientos de ambos se habían sincronizado, como dos imágenes a los lados de un espejo, y no pudo evitar una sonrisa. Pelear junto a Asch no era algo que le sucediera todos los días.

Los días que siguieron fueron extremadamente caóticos en Daath. Durante casi un mes se produjeron revueltas aquí y allá casi cada día, unas veces más serias y otras menos, algunas pidiendo el regreso del Maestro Fónico y otras reclamando su cabeza por impostor, unas pocas manifestaciones de apoyo a Nerim (que había sido encerrado en los calabozos de la Orden como medida cautelar) y otras cuantas empeñadas en mantener que la Partitura que se había leído no podía ser verdadera. Algunas voces pidieron a Malkuth la extradición de Florian, pero Peony se negó desde la Capital del Agua alegando que la joven réplica había solicitado asilo político y se encontraba bajo su protección. Anise había jugado bien sus cartas: Florian estaba a salvo en Keterburg, escondido lejos del caos que su Guardiana había instaurado en Daath.

Nephry no tardó en volver a su patria, pero Luke se quedó todo el tiempo que pudo en la sede de la Orden de Lorelei. Natalia podía cubrir sus responsabilidades en Baticul, y prefería asegurarse de que todo salía bien al final de aquel lío en el que se habían metido sus amigos. Tear no le había dejado quedarse en la posada, sino que le había proporcionado una habitación en la sede de los Caballeros del Oráculo bajo la excusa de que no era seguro alojarse fuera con las calles tan revueltas como estaban. Razón no le faltaba, desde luego: no dejaban de llegarles noticias de nuevos altercados todos los días. Sin Maestro Fónico ni Gran Maestro, Daath se deslizaba peligrosamente hacia la anarquía.

Tear asumió el control de la Orden temporalmente, organizando a los Caballeros del Oráculo para mantener la seguridad en todo el territorio. Envió a Shion y Notta a la Bahía de Daath y las aldeas de alrededor con soldados suficientes para controlar las revueltas y los saqueos, a Hyren lo mandó a Chesedonia para que pusiera al protectorado al corriente de los últimos hechos y dejó a Giore, Asch y Cres en la capital, el último todavía recuperándose de sus heridas físicas y psicológicas. Cres Fair era un buen soldado, pero su carácter resultaba tan voluble e impulsivo como frágil. Resultó no guardarles rencor a ninguno de los pelirrojos, no obstante, y cuando Luke fue a verle para disculparse por la doble fractura de clavículas que le habían infligido, se encontró con que el General Celestial bromeaba al respecto y le quitaba importancia diciendo que se lo había buscado.

Era un alivio saber que no se había ganado otro enemigo, porque no todo el mundo parecía tan contento con su presencia. Las pocas veces que salía a la calle, a Luke no se le escapaban los murmullos de "réplica" que surgían a su paso. La paz que mantenían las tropas de Tear era temporal, una tensa membrana esperando a ser rota por otro fuerte golpe, además de que la Comandante no tenía poder político real para tomar decisiones sobre el futuro del país.

Anise, no obstante, no tardó en reclamar ese poder. Primero publicó un comunicado en el que ponía en evidencia la necesidad de que una autoridad civil asumiera de nuevo el gobierno de Daath en lugar de la autoridad militar, y después varios más en los que defendía la necesidad de los fieles de la Orden de replantearse su fe y el camino que querían darle al credo, pues serían ellos quienes decidiesen qué ocurriría con la Orden de Lorelei en adelante. También les recordó a los que despreciaban a las réplicas que toda su vida habían seguido y adorado a las del Maestro Fónico, que por el hecho de ser réplicas no habían sido menos justas ni bondadosas con el pueblo. El mensaje, en conjunto, se resumía en la necesidad de cambiar el punto de vista sobre todo lo que hasta entonces se había dado por sentado, desde la visión que se tenía sobre otros ciudadanos hasta el propósito mismo de la Orden.

Luke leyó todos los comunicados que hizo Anise, empapándose de sus palabras. Eran contundentes y directas, sin los aderezos que solía utilizar Natalia cuando escribía para algún asunto oficial ni el tono excesivamente formal que terminaba empleando Tear en todas sus cartas. Sus palabras sonaban familiares y tan honestas que era difícil dudar de su veracidad; el mensaje estaba tan claro que Luke no pudo evitar empezar a plantearse él mismo los dilemas sobre los que escribía. Durante los meses que estuvo en Daath tuvo tiempo para reflexionar largo y tendido sobre el futuro del país vecino y de la Orden de Lorelei, pero también de Kimlasca, la Corona y, extrañamente, Asch.

Su original se había quedado en Daath bajo órdenes de Tear, ayudando a mantener la paz en las calles. A menudo se encontraban por los pasillos o en el comedor de los oficiales, y conforme pasaba el tiempo Luke pudo ver que su humor empeoraba. Asch estaba cada vez más esquivo y lacónico, y pronto la réplica comprobó que sus escapadas no sólo tenían lugar cuando estaba en Baticul, sino también en la sede del Oráculo. Era tal y como había dicho, no aguantaba mucho tiempo en el mismo sitio. Luke se preguntaba por qué, si su presencia tenía algo que ver, pero más allá de todo eso la cuestión que martilleaba en su cabeza era qué se proponía exactamente su contraparte.

Su padre le había dicho que Asch había decidido cederle sus derechos sucesorios y dedicarse por completo a los Caballeros del Oráculo, pero el futuro mismo de la Orden de Lorelei y su ejército no estaba claro ya. Sin una Partitura que proteger, ¿qué razón de ser tenía ya la Orden, en realidad? Y si los Caballeros se disolvían, ¿a dónde iría Asch? ¿Qué haría si se le cerraba aquel futuro, sabiendo que había renunciado a la alternativa?

¿Qué propósito tenía el otro pelirrojo?

¿Y qué iba a pasar con la Orden y con toda la gente que trabajaba en ella? ¿Seguiría activa o se disolvería? Y si seguía activa, ¿conseguiría Anise asumir el mando? ¿Cómo iban a afectar tantos cambios al resto de Auldrant?

Luke tenía miedo de conocer la respuesta a tantas preguntas, pero también sentía curiosidad por ver qué deparaba el futuro. La gente desde luego empezaba a tomar en mejor consideración a las réplicas, y muchos de los que antaño echasen de menos la Partitura habían comenzado a olvidarse de ella. Y así la Orden, en vez de desaparecer, fue transformándose en una organización para socorrer a los más desfavorecidos, para ayudar a la gente a encontrar su propio camino. Incluso los Caballeros del Oráculo se convirtieron en una fuerza pacificadora; sólo quedaba que Anise reclamase el liderazgo de la Orden de Lorelei, que como un fénix emergía al fin de sus cenizas.

Ninguno de los dos pelirrojos tuvo oportunidad de ver el final de la transformación, sin embargo. Tres meses y medio después de la última lectura de la Partitura, apenas una semana antes del juicio de Nerim, llegó un emisario de Baticul con un mensaje urgente para los jóvenes Fabre: lady Suzzane había sufrido una gravísima recaída en su enfermedad y su salud corría serio peligro.

En cuanto lo supo, Tear le dio permiso indefinido a Asch para marcharse. Los dos pelirrojos no tardaron ni un día en volver a la Capital de la Luz, donde su madre permanecía en cama con visitas limitadas. El rumor se había extendido por las calles y conforme Asch y Luke subían hacia los niveles superiores de la ciudad, la gente no dejaba de dedicarles palabras de ánimo y buenos deseos para la duquesa. Nada de eso se registraba en la mente del menor de ambos, en cualquier caso, ni siquiera la familiar sensación de vacío en el pecho que le seguía acompañando a todas horas.

Pese a las protestas del médico, que insistía en que las visitas tenían que ir de una en una, los dos irrumpieron a la vez en la habitación de los duques. Las ventanas estaban entreabiertas, pero ya era de noche y la única luz procedía de una piedra fónica en la mesilla de noche. El cabeza de la familia Fabre estaba sentado en el borde de la cama, sosteniéndole la mano a su esposa y acariciándole la cara con suavidad. Ésta, tumbada en la cama y arropada con sábanas y mantas, permanecía con los ojos cerrados.

-Padre- llamó Luke a media voz. El aludido alzó la mirada y pudieron ver que tenía círculos oscuros adornando sus ojos-. Hemos venido tan pronto como ha sido posible. ¿Qué ha pasado?

-No lo sé. Parece una recaída, pero no sabemos qué puede haberla desencadenado- murmuró su padre con la voz ronca-. Han tenido que subirle la dosis de medicación, pero no funciona.

-¿Cuánto tiempo lleva así?- preguntó Asch a media voz.

-Una semana.

-¿Una semana? ¡¿Por qué demonios no nos avisasteis antes?!

-Asch, hijo mío, por favor te lo pido, no grites. Si quieres que discutamos, vamos fuera, pero aquí no- murmuró el duque, cansado. Asch, apretando los puños, se alejó de la cama.

-Muy bien, hablemos fuera entonces.

Su padre asintió y salió de la habitación tras una última mirada a la duquesa, pero Luke retuvo a Asch del brazo unos momentos antes de que se fuera también.

-No seas muy duro con él- susurró. El mayor desvió la mirada y se soltó de un tirón, saliendo por fin. Luke, con un suspiro, ocupó el lugar de su padre en el borde de la cama y se quitó los guantes, pasando una mano por la frente de su madre. Estaba ardiendo-. Madre...

Suzzane entreabrió los ojos, pero su vista estaba desenfocada. Sus manos buscaron la de su hijo hasta aferrarla con toda la fuerza de la que fue capaz.

-Luke- murmuró-. Luke, ¿eres tú?

-Soy yo, madre- respondió él, apretándole las manos. Suzzane sonrió débilmente.

-Hola, hijo mío. ¿Qué tal ha ido tu viaje?- preguntó en voz baja. Luke tragó saliva. Pensó en el caos por el que había pasado Daath, en la incertidumbre que les deparaba el futuro, en Asch y en sus continuas desapariciones.

-Bien. Ha sido interesante- respondió. Suzzane soltó una carcajada que acabó en un ataque de tos.

-Eres muy mal mentiroso, cielo. Dime, ¿has cuidado de Asch?

-Lo he intentado, pero no siempre se deja.

-Lo sé. Lorelei me bendijo con dos hijos demasiado atolondrados para pensar en su propia seguridad- sonrió ella-. Cuida siempre de tu hermano, Luke, aunque no quiera.

-Madre, Asch no es... No soy su hermano. Él es mi...- Luke enmudeció. No debería contradecir a su madre cuando estaba así de débil.

-Oh, sé que no es tu hermano, pero las manías de tu padre son difíciles de dejar a un lado- susurró Suzzane-. Discúlpame.

-Madre, no tienes que...

-Luke, no tienes buena cara- interrumpió ella, acariciándole el rostro con una mano-. ¿Has estado durmiendo bien últimamente?

-Madre, quien está en cama eres tú- protestó él. Pero Suzzane sacudió la cabeza.

-Eso no me impide preocuparme por vosotros. Hijo mío, dime, ¿qué es lo que ronda por tu cabecita?

Luke suspiró y se rindió. No había manera de ocultarle nada a su madre, ni siquiera cuando estaba enferma.

-Es Asch. Bueno, no sé, creo que es sobre él- dijo, rascándose la melena-. Desde que volvió llevo notando que algo no anda bien, y no sé qué es. No entiendo por qué, pero... Es como si me faltase algo. Cuando está él cerca me siento un poco mejor, pero cuando hablamos siempre acabo haciendo algo que le hace enfadarse, y entonces sí que me siento fatal... aunque no sepa por qué. ¡No lo entiendo!

Suzzane lo miró, sorprendida, consiguiendo enfocar sus ojos de color verde acuoso en él por fin. Luke sacudió la cabeza, sabía que no debería andar preocupando a su madre con sus paranoias pero ya necesitaba hablar de aquello con alguien.

-Hijo mío...- suspiró Suzzane, acariciándole la mano-. A veces me olvido de las cosas que no has tenido tiempo de vivir todavía. Luke, cielo, dices que Asch no es tu hermano. ¿Qué es entonces para ti? Si le das un nombre, tal vez te aclares.

Luke lo pensó unos momentos. Asch era su original, pero más allá de eso, había sido su compañero, su amigo, su aliado, incluso su enemigo. Había pensado en él de mil formas distintas desde que se conociesen bajo la lluvia años atrás, a las afueras de la fábrica abandonada de Baticul, desde como en un molesto incordio hasta como uno más de su familia. Los dos habían pasado de no soportarse a disfrutar la compañía del otro, incluso a necesitarla.

Alzó las cejas ante sus propios pensamientos. ¿De veras habían llegado a ese punto? Mirando hacia atrás se dio cuenta de que sí. Todas las conversaciones mentales cuando aún estaban en el mismo cuerpo, todas las escapadas en la Ragnarok, todos los encuentros en Daath... Asch y él eran demasiado parecidos para encajar bien. La única manera de que soportasen la presencia del otro, de que sus personalidades no se repelieran, era que ambos se necesitasen mutuamente.

Fue entonces cuando lo comprendió, y una vez que lo hizo, se dio cuenta de que jamás podría haber sido de otra manera. Tal vez porque era su original, porque sus fonones habían estado entremezclados demasiado tiempo o porque la hiperresonancia no había sido lo único que le había quitado Lorelei, pero por fin había comprendido las palabras que le dijese Guy cuando se separaron. El rubio tenía razón: su corazón nunca había estado con él. Ni siquiera había estado con el mismo Luke.

-Gracias, madre. Creo que por fin lo entiendo- murmuró, con los ojos húmedos. Pero Suzzane se había quedado dormida con una sonrisa en los labios y no llegó a escuchar sus palabras.