VI- Al borde del abismo
No había querido escuchar la conversación, pero no había podido evitarlo. Natalia lo juraba ante notario si hacía falta, ella sólo iba a ver a su tía, pero al llegar se había topado con Asch y el duque Fabre hablando frente a la puerta. O más bien discutiendo, se corrigió, jugueteando nerviosamente con uno de sus rizos dorados. En susurros y siseos para que no se oyera en la habitación, pero discutiendo al fin y al cabo. Así que había tenido que darse la vuelta y resignarse a esperar en uno de los bancos del jardín, inquieta.
-Nos has tenido una semana sin decirnos nada, y con madre muriéndose. Me dan igual las excusas que pongas, esto no tiene justificación alguna- había dicho Asch.
Se mordió el labio. La idea de no decirles nada a los dos pelirrojos fue suya, en realidad; al principio no parecía tan grave y en Daath se los necesitaba. Pero Suzzane había empeorado muy rápido y...
El ruido de alguien sentándose pesadamente a su izquierda distrajo sus pensamientos. Alzó la mirada, sorprendida; sumida en sus pensamientos no había visto ni oído llegar a Asch. El joven no la miraba, sino que tenía la cabeza echada hacia atrás, con la trenza colgando por detrás del banco y los ojos cerrados vueltos hacia el cielo.
-Algún día se acabarán los problemas- murmuró él-. Las cosas serán normales, madre estará sana, no hará falta discutir con padre y yo podré quedarme un año en el mismo lugar. Se acabarán los problemas, porque se acabará el mundo.
-No digas eso- le reprendió Natalia. Asch abrió los ojos y se incorporó, girándose a mirarla. En sus iris esmeralda había una sombra de cansancio.
-Es la verdad.
Natalia sacudió la cabeza y buscó su mano hasta agarrarla con firmeza. Asch sonrió con algo de tristeza y le devolvió el apretón.
-¿Qué han dicho los médicos exactamente?- preguntó. Natalia tragó saliva y desvió la mirada.
-No saben por qué ha empeorado tan de repente y la medicación no parece funcionar. Lo siento, Asch, pero... es muy grave. Nadie sabe si...
-... si saldrá de ésta- terminó él en su lugar a media voz. Le apretó aún más la mano a Natalia y enterró la cara en la otra-. Siento que tengas que aguantarme así, Natalia. No tenía a nadie más con quien desahogarme.
Ella le rodeó los hombros con un brazo, paseando los dedos sobre su cabello pelirrojo trenzado.
-Tranquilo, no me importa. Si quieres llorar, no se lo diré a nadie- susurró. Asch enterró la cara en su hombro y le rodeó la cintura con los brazos. Natalia lo abrazó, notando su ancha espalda temblar bajo los sollozos que el joven ahogaba en su hombro, y cerró los ojos.
-Son demasiadas cosas...- murmuró él-. Primero Luke... y ahora esto, de verdad que no puedo... No puedo con todo. Lo intento, pero...
Natalia abrió los ojos, desconcertada.
-¿Luke? ¿Qué pasa con él?- murmuró.
-Nada, no... No me hagas caso.- No había que ser muy listo para darse cuenta de que Asch estaba mintiendo. Natalia suspiró y le acarició la espalda.
-Tranquilo. Vamos, tranquilo, no pasa nada...- suspiró-. Mira, si no estuviésemos casados, no insistiría, pero se supone que soy su mujer. Si le pasa algo a Luke, tengo que saberlo.
-No, no, a él... A él no le pasa nada. El problema es... mío.
-Eso no me deja más tranquila. Eres mi amigo, cualquier problema tuyo me interesa.
Asch no respondió, pero sus sollozos mudos fueron calmándose poco a poco. Justo a tiempo, porque los pasos de otro pelirrojo se acercaban y apenas le dejaron margen para limpiarse las lágrimas. Natalia levantó la vista a tiempo de ver a Luke mirándoles con una expresión extraña, algo que si no hubiera sido imposible, habrían parecido celos.
-No quería interrumpir- dijo enseguida, azorado. Natalia le sonrió y dio un par de palmadas en el banco a su derecha.
-No interrumpes, ven aquí.
Luke se sentó a su lado procurando no mirar a Asch, que también le estaba rehuyendo la mirada, como Natalia no pudo evitar notar. "Aquí pasa algo raro" pensó la joven, frunciendo levemente el ceño.
-¿Qué tal está madre?- preguntó Asch a media voz de repente. Luke se sobresaltó.
-Eh, pues tiene fiebre, pero hemos estado hablando y parece lúcida. Lo que pasa es que se ha dormido antes de que yo saliera- respondió. Asch asintió y la mirada se le perdió en el suelo. Natalia miró de uno a otro y suspiró, no estaba acostumbrada a ver a ambos con el ánimo tan bajo. Seguramente estarían dándole vueltas al asunto de Suzzane una y otra vez, que era lo peor que podían hacer en una situación así. Necesitaban una distracción.
-¿Hace cuánto que no peleáis?- preguntó de repente la princesa, con una idea ocurriéndosele. Los pelirrojos se giraron hacia ella, sorprendidos.
-¿Entre nosotros, quieres decir?- preguntó Luke. Ella asintió y el menor se lo pensó unos momentos, pero Asch respondió antes:
-Por lo menos cinco años. La última vez fue en Eldrant- dijo-. ¿Por qué?
-Uy, de eso hace mucho. ¿Por qué no entrenáis un rato? Que tú tienes acción como General Celestial, Asch, pero Luke se está oxidando desde que es príncipe.
-¡Oye! ¡No me estoy oxidando!- protestó el aludido. Asch sonrió levemente y la miró unos instantes, cómplice. Le había visto las intenciones, estaba segura, pero aun así le siguió la corriente: se levantó del banco, le soltó la mano a la princesa y se alejó unos pasos, desenvainando a Maestro.
-Natalia tiene razón, réplica, a ver si sigues en forma- retó-. Además, hace cinco años que me debes una revancha, ya estás moviendo el culo.
Luke suspiró y se levantó también, sacando su propio acero a regañadientes. La princesa cruzó elegantemente las piernas en el banco y los miró alzar la guardia y observarse durante unos momentos, rogando por que ambos consiguieran sacar algo de la frustración que llevaban acumulada.
Asch atacó primero, lanzándose a por su contraparte de frente en un ataque directo que Luke frenó rápidamente. El mayor esbozó una media sonrisa y Luke alzó una ceja, quitándoselo de encima de un empujón y contraatacando con varios golpes rápidos que obligaron a su original a retroceder tres pasos... tras lo cual fue Luke quien tuvo que apartarse para evitar un mandoble de Asch. Se detuvieron un instante y volvieron a la carga bajo la atenta mirada de Natalia, que no perdía detalle de sus movimientos. Los dos pelirrojos, más que pelear, parecían bailar alrededor del otro, sobre todo cuando sus ataques empezaron a sincronizarse. La princesa siguió observando, maravillada. Parecía como si estuviese viendo a uno de los dos golpeando su propio reflejo en un espejo. Era la primera vez que asistía a aquel espectáculo sin temer por la vida de ninguno de los dos y la sincronía que tenían la maravillaba.
Un destello azulado de advertencia brilló entre ellos en una de las ocasiones que sus espadas chocaron, sacando a Natalia de su estupor y permitiéndole ver que los séptimos fonones estaban anormalmente revueltos alrededor de los dos combatientes.
-¡Chicos, nada de hiperresonancias en casa!- exclamó.
-¡Descuida, está controlado!- replicó Luke, alzando un pulgar y casi perdiéndolo por un tajo de Asch. Natalia dudaba seriamente que estuviese controlado, pero interponerse entre ellos no era una opción a considerar siquiera así que se limitó a seguir vigilándolos, rezando por que no acabasen en ningún sitio al otro lado de Auldrant.
No llegó a tanto, en cualquier caso. Uno de los golpes de Asch hizo perder el equilibrio a Luke, que se tambaleó y amenazó con caerse. Y entonces ocurrió algo que Natalia tendría que repasar luego varias veces mentalmente antes de comprenderlo del todo: Asch alargó el brazo libre y se inclinó hacia delante, Luke manoteó hasta agarrarse a su mano y su peso los desequilibró a ambos, de forma que cuando se quisieron dar cuenta estaban los dos en el suelo, el mayor encima del más joven con la espada peligrosamente cerca de su cuello.
El primer impulso de Natalia, como séptima fonista que era, fue correr hacia ellos a ver si estaban heridos, pero se contuvo al ver que Asch se daba cuenta de lo cerca que estaban su acero y el cuello de la réplica y arrojaba la espada lejos, como si quemase. El General Celestial se incorporó parcialmente y miró a Luke con lo que sólo podía ser preocupación.
-¿Estás bien?- preguntó. Luke respondió en susurros un débil "sí" y tragó saliva. Su pecho se movía a toda velocidad, subiendo y bajando al ritmo que sus pulmones respiraban agitadamente. Asch se levantó del todo y le ofreció una mano, que Luke aceptó, para ayudarle a ponerse en pie también-. Tenías razón, Natalia, el desecho está oxidado.
-¡Eh, ya vale!
Natalia soltó una carcajada y sacudió la cabeza.
-No tenéis remedio- suspiró. "Al menos parecen estar de mejor humor, parece que he conseguido que... Oh, ¿qué es esto?" Los ojos de vetas castañas y verdosas de la princesa descendieron hasta las manos de los dos pelirrojos, que seguían entrelazadas sin que ninguno de ellos se diese cuenta. Se llevó una mano a la boca y contuvo una segunda carcajada-. ¿Alguno necesitáis que os cure?
-No, yo estoy bien- negó Asch.
-No hace falta, Natalia, gracias. Bueno, creo que... voy a ver al tío Ingobert, seguro que tiene un montón de papeleo para mí del tiempo que he estado fuera- anunció Luke, sacudiéndose el polvo de la ropa y envainando su espada. Sus dedos se deslizaron fuera del agarre de los de Asch, cuya mano, tal vez inconscientemente, se movió unos centímetros siguiéndole, como si quisiera impedir que se marchase. Natalia se cruzó de brazos y se acercó al mayor de los pelirrojos, que se había quedado mirando el lugar por el que se había ido Luke con expresión ausente.
-Asch- llamó la rubia, devolviéndole a la tierra-, ¿cuándo vas a dar el paso?
-¿De qué estás hablando?
-De Luke y tú, obviamente.
-No te entiendo.
Asch la miró, confundido, pero Natalia insistió:
-Deberías hacerlo. Es una apuesta segura, sabes perfectamente que está en ese equipo.
Alzó las cejas y Asch pareció comprender por fin, porque se puso tan rojo como su cabello.
-¿Qué dices, Natalia? ¡No digas cosas como esa, yo no soy... de esos!- exclamó, desviando la mirada y alejándose con pasos sonoros. Natalia, satisfecha, lo observó recoger su espada y marcharse con los puños apretados.
Asch podía decir lo que quisiera, pero la princesa sabía un par de cosas sobre tensiones no resueltas. Y si aquello no era un flagrante caso aún menos discreto que el que había habido entre Guy y Luke, que bajase Yulia a verlo.
Una semana más tarde, Suzzane entró en coma.
Los médicos se apresuraron a engancharla a máquinas que registrasen sus constantes vitales y le suministrasen alimento por vía intravenosa. El duque prácticamente no se separaba de su lado, igual que Luke, pero Asch desapareció por completo de la vista de todos en la mansión y en palacio. Natalia, sin embargo, lo conocía demasiado bien como para no saber dónde estaba.
Lo encontró en los bosques de las afueras de la ciudad, en un claro que antes no recordaba que estuviese ahí. Estaba retirando su espada del suelo, donde la había clavado, con la respiración agitada y los hombros tensos. La telaraña de grietas de la tierra a su alrededor y los remanentes de séptimos fonones en el aire delataban la potencia del arte que acababa de liberar y que había puesto fin a la vida de un par de grifos cuyos restos carbonizados yacían a pocos metros.
-Asch.
El joven se giró al oírla, con un destello de rabia en los ojos, y Natalia retrocedió instintivamente. Por un momento le pareció que el Sanguinario había vuelto, pero cuando el pelirrojo parpadeó, solo era Asch, que la miraba con algo de sorpresa.
-¿Qué haces aquí, Natalia?
-Te estaba buscando. Ha llegado un comunicado oficial de Daath- explicó la princesa, sacando un sobre con el sello de la Orden ya roto y acercándose para entregárselo-. Nerim ha confesado que financiaba las actividades de los Siervos de Lorelei, pero niega que conociese sus verdaderos propósitos. Por lo visto él creía que eran sólo un movimiento religioso conservador, no esperaba que llegasen tan lejos.
Asch tomó el sobre y desplegó el papel del interior, leyendo su contenido rápidamente.
-Ya veo. Lo han declarado culpable de todos modos, ¿eh?
-Eso es. Treinta años de cárcel en Ciudad de Yulia por traición, conspiración, malversación de fondos y apología del terrorismo.
-Poco me parece, si por mí fuera la pena sería de cadena perpetua.
-Asch, la cárcel no es sólo un castigo, es una forma de expiación para que los criminales reflexionen y se arrepientan de sus actos. Sirve para reinsertarlos en la sociedad, no para marginarlos por el resto de sus vidas- protestó Natalia. Asch suspiró y le dio la vuelta al papel.
-Y por eso es por lo que vas a ser la mejor reina que ha visto Kimlasca y yo he hecho bien en alejarme de la corte. Oh, ¿qué es esto? ¿"Elección y proclamación de un nuevo Maestro Fónico de la Orden de Lorelei"?- leyó Asch, frunciendo el ceño.
-Creo que Anise quiere que el pueblo elija democráticamente a su nuevo gobernante. No todo el mundo lo ha recibido bien, claro está... pero tiene muchos apoyos. Aun así, necesitará que la protejan antes, después y durante el nombramiento.
Asch respiró hondo y le devolvió la carta. En sus ojos se había instalado una sombra de cansancio y bajo ellos empezaban a aparecer medias lunas oscuras.
-Me estás diciendo que me marche, ¿verdad?
-Sí. Asch, sé que estás preocupado por tu madre, pero... No puedes hacer nada por ella. Ya oíste lo que dijeron los médicos el otro día, hasta que descubran por qué no responde a la medicación todo depende de su propia fuerza de voluntad- murmuró Natalia, agarrándole de las manos-. Vuelve a Daath, cumple con tu deber allí, aléjate de Baticul. Prometo mantenerte informado del estado de la tía Suzzane, pero no sigas aquí. No es bueno para ti.
El pelirrojo suspiró y le apretó las manos, sonriendo con algo de tristeza.
-Gracias, Natalia.
-No te preocupes. Y llévate a Luke, ¿quieres? A él tampoco le está sentando bien esto y yo puedo ocuparme de sus labores perfectamente.
Los ojos de Asch se perdieron en algún punto detrás de la joven.
-No está bien que nos vayamos los dos- dijo a media voz.
-No te lo sugeriría si no creyese que es lo mejor. Vete, Asch. Idos los dos, proteged a Anise y ayudadla a cambiar su país como me habéis ayudado a mí a cambiar el nuestro.
Le sonrió para darle ánimos y la mirada del General Celestial volvió a ella, con las sombras empezando a ser desterradas por la luz de la determinación.
-Lo haré. Cuida del tío Ingobert y de madre... y de padre también.
-Déjalo en mis manos- sonrió ella-. Vamos, ve, tienes que avisar a Luke y preparar las maletas. Yo me pasaré por el aeropuerto mientras tanto para reservaros un par de asientos en el Albiore de mañana por la mañana, ¡ve!
Asch le dedicó una última sonrisa y se despidió de ella, alejándose rápidamente de vuelta a Baticul. Natalia lo observó marcharse y se mordió el interior de la mejilla. Le desesperaba la tensa situación que había entre los dos pelirrojos, en la que estaba más que claro lo que ambos sentían por el otro pero por miedo o por orgullo ninguno de los dos daba el paso y lo reconocía.
-Y díselo de una vez, por lo que más quieras- murmuró, a sabiendas de que el joven estaba demasiado lejos para oírla.
