VII- Salto de fe
-¿Pero ya estáis aquí otra vez?- fueron las incrédulas palabras con las que los saludó Anise al llegar a Daath-. Creía que me libraría de vosotros más tiempo.
-¡Anise!- protestó Luke, haciendo un mohín. Asch no respondió, sino que desvió la mirada a otro punto del rincón de la biblioteca en el que se habían reunido y dejó que su réplica discutiese con la chica, que pese a sus palabras, parecía aliviada de verlos de nuevo.
No había dejado de darle vueltas a las palabras de Natalia varios días antes y a sus propios sentimientos, que no comprendía del todo. No entendía por qué mientras peleaban había intentado evitar que su réplica cayese al suelo justo después de hacerle perder el equilibrio a propósito, ni cómo sus manos se habían quedado entrelazadas sin él darse cuenta, ni por qué sus ojos parecían verse atraídos por su figura como virutas de hierro cerca de un imán. No es que fuera la primera vez que le pasaba, pero... Sí era la primera vez que le ocurría con otro hombre, y eso era algo que no conseguía que encajase en su cerebro. Porque a él le gustaban las mujeres, siempre le habían gustado y siempre le gustarían... ¿no?
-Auldrant llamando a Llama-Sagrada-uno, ¿me recibe alguien?- La voz de Anise y su dedo índice golpeándole el costado lo sacaron de su ensimismamiento. Asch sacudió la cabeza y la miró frunciendo el ceño.
-¿Qué me has llamado?
-Llama-Sagrada-uno. Y tu otro yo sería Llama-Sagrada-dos, obviamente, pero no me desvíes el tema.
-Lo siento, ¿de qué estábamos hablando?
-Del acto oficial de pasado mañana- bufó Anise, exasperada-. Decía que no me fío de Giore ni de Cres, aunque éste último siga convaleciente, y Hyren, Notta y Shion no han vuelto todavía de sus misiones, así que el único que quedas eres tú, Asch. Voy a necesitar a tu escuadrón empleándose al máximo para mantener la seguridad.
-Claro, cuenta conmigo. ¿Dónde va a ser?
-¿Tú te has enterado de algo de lo que hemos estado hablando?- le espetó Anise, furiosa-. En la capilla mayor de la Catedral. Pasado mañana. Recogemos los votos de la gente, nombramos al nuevo Maestro Fónico y todo el mundo a su casa. Sencillo, ¿no?
-Debería serlo, pero como todo en lo que acabamos metidos, no lo será- suspiró Luke. Asch no podía estar más de acuerdo.
-En cualquier caso, me ocuparé de protegeros. Tendremos representación de Kimlasca y Malkuth, ¿no?
-Natalia vendrá mañana para comer- asintió Luke-. Y Peony se nos une mañana también, pero un poco más tarde. Con suerte Shion y Hyren volverán antes de la elección y podrán echarnos una mano... aunque no me termino de fiar del primero, pero bueno.
-Tranquilo, Luke, es un buen chico- sonrió Anise, tranquilizadora-. Tear también nos ayudará, por supuesto, pero es tarde y he preferido dejarla dormir. Mañana ya podréis saludarla. En cualquier caso, ¿todo claro?
Asch asintió, repasando en su mente un plano de la capilla principal de la Catedral, pensando ya en cómo distribuir a sus soldados por ella y agradeciendo tener algo que apartase sus pensamientos de Luke.
El día señalado llegó inesperadamente rápido, como si alguna divinidad estuviera haciendo correr el tiempo a cámara rápida, pero aun así consiguieron tener todo a punto. La sexta división de los Caballeros del Oráculo al completo estaba distribuida por todas las entradas y salidas de la Catedral, registrando a cada persona que entraba para comprobar que nadie llevaba armas. La cuarta también estaba ayudando (Shion había vuelto justo a tiempo) y Hyren les había enviado un pequeño regimiento de la quinta para echar una mano. Tear presidía la sala detrás del altar mayor, con los tres únicos candidatos que se habían presentado en el anuncio de una semana antes detrás de ella, expectantes. Una era Anise, por supuesto; los otros dos eran maestros menores de la Orden que le sacaban veinte años cada uno a la chica. Shion y Asch habían preferido mantenerse en segundo plano, vigilando el primero desde uno de los palcos y el segundo a pie de tarima, entre las sombras, no muy lejos de donde estaban Luke, Natalia y Peony en representación de los países vecinos que tendrían que reconocer al Maestro Fónico electo.
La jornada empezó siendo aburrida, lo cual era una buena señal: si Asch se aburría es que no había altercados. La gente fue entrando en la sala y depositando cada uno un sobre cerrado en una de las urnas de cristal que había al pie de la escalinata, custodiadas por miembros de la Orden que se aseguraban de que quienes votaban estaban en el censo de Daath y no dejaban dos sobres. La votación no se interrumpió ni siquiera para comer, ya que más personal de la Orden de Lorelei se ocupó de traer mesas, comida y bebida, y en ningún momento dejó de llegar gente. Muchos habían venido desde la Bahía de Daath y las aldeas circundantes expresamente para votar, otros eran residentes en la catedral y había unos pocos a los que la elección les había pillado de viaje y habían vuelto desde lugares como Keterburg, Chesedonia o San Binah. Muchos otros ni se molestarían en aparecer, pero todos los que entraban en la sala para dejar su voto en la urna que se les había asignado lo hacían con entusiasmo.
Al final del día, a la hora decretada hacía ya una semana, las urnas se cerraron y empezó el recuento de votos. Unos pocos indecisos habían votado en blanco, casi un tercio de la población ni siquiera había ido y de entre los votos restantes, Anise ganó con mayoría absoluta pero por apenas dos o tres papeletas. Cuando Tear lo anunció a la sala, donde se había quedado mucha gente a la espera de conocer el resultado (contenidos por un cordón de soldados del Oráculo, eso sí, para evitar altercados cerca de la escalinata), una mezcla de vítores y silbidos inundó el aire. Los otros dos candidatos se retiraron, pesarosos, y la General Dórica se adelantó con Anise y se arrodilló ante ella, ofreciéndole el cetro en forma de diapasón dorado que representaba el mando de la Orden de Lorelei y del país entero. La chica, intentando contener la emoción, lo tomó con manos firmes y se inclinó a su vez ante la multitud, donde las quejas y los vítores seguían mezclándose.
-Os doy las gracias a todos por otorgarme vuestra confianza- dijo, haciéndose oír por encima de la algarabía con un glifo fónico que le amplificó la voz-. Haré cuanto esté en mi mano para no traicionar la fe que depositáis hoy en mí.
Natalia, Luke y Peony se adelantaron mientras Tear retrocedía. Ante los tres nobles, la nueva Maestra Fónica levantó la cabeza con orgullo y recitó, con voz solemne y las manos a la vista:
-Yo, Anise Tatlin, juro sobre Yulia Jue y sus enseñanzas proteger la ley y los acuerdos entre los tres países, perseguir la injusticia, acoger a los desfavorecidos y respetar a mi pueblo como a mis iguales. Desde hoy hasta que concluya mi mandato o la muerte me lleve, juro servir a la Orden de Lorelei y a Daath, con la ayuda de Lorelei y de mi conciencia, así como retirarme de este cargo de Maestra Fónica si el pueblo así lo juzgase necesario.
Asch sonrió. No era exactamente el juramento que prestaban los Maestros Fónicos normalmente, pero la gente lo acogió con calor y alegría. O casi todos lo hicieron, pero como ya temían y habían previsto, en un sector de la sala la gente empezó a alborotar demasiado.
Un arte fónico estalló de repente en esa zona, levantando gritos y una pequeña desbandada de gente, y el Errante maldijo entre dientes. Habían registrado a la gente en busca de armas... pero no habían contado con los fonistas.
Oyó a Shion gritando órdenes desde el palco y los soldados de la cuarta división se desplegaron rápidamente para contener el incipiente caos y evacuar a los escasos heridos. Tear había vuelto al primer plano, lista para invocar un escudo protector si era necesario alrededor de los tres nobles y la nueva Maestra Fónica, vigilando a la multitud que las tropas de la Serpiente Dorada empezaban a desalojar de la sala, pero su vista estaba centrada en lo que tenía delante. Probablemente por eso no vio a los cinco encapuchados que, esgrimiendo espadas cortas y alguna lanza, se colaron por las puertas ocultas del ábside y se acercaron por detrás al altar mayor. Asch sí los vio y reaccionó a tiempo de interponerse entre sus amigos y los atacantes, desarmándolos con rapidez y noqueando a tres de ellos antes de que otros dos más se unieran a la lucha y Luke se separase de los demás para ayudarle.
-¡Terminad con la ceremonia, nosotros nos ocupamos de esto!- oyó decir a su réplica. El momento de distracción, sin embargo, le costó bajar la guardia unos instantes cruciales.
Por el rabillo del ojo Asch vio, casi a cámara lenta, la espada de uno de los encapuchados descender sobre Luke. No supo qué le había movido en aquel momento a olvidarse de su propio oponente y a saltar hacia él, pero cuando quiso darse cuenta, era su piel la que estaba hendiendo el acero del adversario y no la de su réplica. Un relámpago de dolor le recorrió el torso, su sangre tiñó las baldosas de piedra de carmesí bajo sus pies y el grito de Luke le llenó los oídos:
-¡ASCH!
Aún tuvo tiempo de apretar los dientes y despachar de un potente mandoble al encapuchado que lo había herido antes de tambalearse y que los brazos de Luke lo atrapasen, arrastrándolo lejos del combate. Del resto se debió de encargar Tear, pues antes de que Luke lo sacase de allí prácticamente a rastras atinó a oír su melodiosa voz cantando un himno fónico. Apenas fue consciente de cómo se lo llevaron a su habitación y le limpiaron y vendaron la herida, que la parte de su cerebro que no estaba confundida por lo que acababa de ocurrir identificó como un profundo corte en diagonal que le cruzaba buena parte del torso.
No entendía qué demonios había pasado. Por más que reproducía en su mente la escena una y otra vez, no le hallaba el sentido, y el dolor no ayudaba. Sumido en aquella espiral de confusión no se dio cuenta de que se había dormido hasta que, un buen rato después, despertó tumbado bocaarriba en su cama, con la parte superior del uniforme quitada y el pecho cubierto de vendas. Le habían soltado el cabello, que de tanto estar peinado en forma de trenza se le había quedado ondulado, seguramente para que estuviera más cómodo.
Recordaba vagamente al doctor diciendo que no había séptimos fonistas disponibles y que necesitaba descansar. Se incorporó con una mueca de dolor y levantó las manos, respirando hondo y cerrando los ojos. Los séptimos fonones empezaron a bailar entre sus dedos, hundiéndose en la carne, disolviendo las suturas y cerrando la herida bajo las vendas. Asch trató de ignorar los recuerdos que le provocaban, recuerdos de noches en vela en Daath intentando curarse heridas sufridas a las órdenes de Van, y dejó que las partículas fónicas hicieran su trabajo hasta que el escozor de la herida desapareció.
Unos golpes en la puerta distrajeron su atención, haciendo que los fonones se dispersaran.
-Adelante- ordenó. La puerta se abrió a medias y por ella asomó una cara idéntica a la suya.
-¿Se puede?- preguntó Luke, inseguro. Asch asintió y lo observó atravesar el umbral y cerrar tras de sí, acercándose con paso vacilante-. He conseguido darle esquinazo al doctor. ¿Qué tal la herida?
-Ha dejado de molestarme, iba a echarle un vistazo ahora mismo.
-¿Te importa si lo hago yo?
Asch se encogió de hombros y dejó que su réplica se sentase en el borde de la cama y retirase las vendas. Después le apartó los mechones de cabello rojo que le caían por el torso y examinó la piel de su contraparte, que ya no tenía ni rastro de la herida.
-Creía que no había séptimos fonistas disponibles, ¿quién te la ha curado?
-Yo mismo.
-Ha quedado bien.
El más mayor miró a Luke durante unos momentos, percatándose del temblor de sus manos y su mandíbula. Siguió la dirección que marcaban sus ojos, aún fijos en su piel, y suspiró. Estaba mirándole otra vez las cicatrices, las que marcaban los lugares donde tres espadas habían puesto fin a su vida una vez. La única diferencia entre sus cuerpos, por lo demás idénticos.
-Ésas me temo que no se van a ir- murmuró. Luke cerró los ojos.
-No vuelvas a hacer eso, por favor.
-No sé a qué te...
-¡Lo sabes perfectamente, Asch!- saltó el menor de pronto, agarrándole de los hombros y clavando la mirada en sus ojos-. No vuelvas a jugártela así, ¡¿en qué demonios estabas pensando?!
"Ésa es una buena pregunta" pensó Asch para sí. Pero en lugar de eso, respondió:
-Creo que no estaba pensando. Punto.
-No me vengas con ésas. ¿Tienes idea de lo asustado que estaba? Apenas acabas de volver, apenas acabamos de... de recuperarte y... casi te perdemos, casi te pierdo otra vez. ¡No vuelvas a hacer algo así!
-No lo haré, pero no acabo de ver por qué todo esto es asunto tuyo- masculló Asch, desviando la mirada al encontrarse incapaz de sostener la de aquellos ojos verdes que rebosaban preocupación, miedo y algo más que no ubicaba.
-¿Cómo que...? ¡Claro que es asunto mío! ¡Lo es porque te necesito, idiota!
El Errante lo miró de nuevo, sorprendido. Eso era lo último que esperaba escuchar... Y no tenía ningún sentido. Sacudió la cabeza, apartó las sábanas de una patada y se levantó de la cama, dándole la espalda.
-No digas tonterías.
-No es ninguna tontería- replicó Luke, levantándose también. Su voz, suave pero firme, sonaba cada vez más cerca-. Te necesito, Asch. Desde que te separaste de mi cuerpo... siento que me falta algo aquí, algo importante.- No le veía, pero Asch sabía instintivamente que se estaba señalando el pecho. Luke lo rodeó con cautela y buscó sus ojos, pero él apartó la mirada, notando el corazón empezando a acelerarse en contra de su voluntad. Los dedos de la réplica le acunaron la barbilla, obligando a sus ojos a encontrarse con los suyos, y Asch pudo ver que los de Luke brillaban-. Cuando estás conmigo, aunque no hablemos, sólo con que estés ahí... me siento un poco mejor. Como si hubiera un agujero aquí que se cerrase- siguió, con la otra mano sobre el corazón-. Creo que Lorelei me quitó algo más que la hiperresonancia. Cuando te fuiste, te llevaste algo más que datos, y... ahora te necesito para recuperar ese algo. Y creo que tú te sientes igual.
Asch se apartó, temblando, con el fantasma de los dedos de Luke cosquilleándole bajo la barbilla. Todos aquellos meses con la sensación de que algo no iba bien, de que tenía un agujero en el pecho, como una máquina a la que le falta una pieza para funcionar correctamente... El agobio, la necesidad de moverse continuamente, buscando ni siquiera sabía qué... Y durante todo ese tiempo, ¿Luke también sentía lo mismo?
-No...
La réplica no le permitió seguir. Rodeó su rostro con las manos, cerró los ojos y lo siguiente que supo Asch fue que sus bocas se habían convertido en una sola. El corazón se le desbocó y sus alarmas internas saltaron, pero no fue capaz de apartarse. Sólo podía quedarse quieto, clavado en el suelo como una estaca mientras Luke acariciaba el interior de su boca y la familiar sensación de opresión en el pecho se disipaba. Y cuando su contraparte hizo ademán de retirarse, Asch se sorprendió a sí mismo enredando las manos en su cabello pelirrojo para impedírselo, reclamando sus labios para sí. El más joven soltó un jadeo y rodeó su cuello con los brazos, como si quisiera asegurarle que no iba a ir a ningún sitio sin él.
Asch no era ya capaz de pensar, lo único que podía hacer era seguir devorando aquellos labios, memorizando el interior de la boca de Luke, enterrando los dedos en su melena, dejándose llevar por el fuego que había empezado a abrasarle por dentro y a consumir el vacío que desde hacía más de un año residía en su pecho. Cuando se quiso dar cuenta volvía a estar tumbado sobre su espalda en la cama, y Luke, sentado a horcajadas sobre su cadera, se deshacía a manotazos y tirones de la ropa de ambos aprovechando el descanso para recuperar el aliento que el beso le había arrebatado.
-Espera- jadeó Asch-. Yo... Yo nunca he... Con otro hombre, no sé...
Luke sonrió y le agarró las manos, inclinándose hasta que sus mechones escarlata le hicieron cosquillas en la cara.
-No te preocupes por eso- murmuró-. Te enseñaré.
Guió las manos del original lentamente por su propio cuello, su pecho, sus costillas y sus marcados abdominales, y luego en sentido inverso, estremeciéndose. Asch se dejó llevar y observó sus reacciones, embelesado, pero se sonrojó y desvió la mirada cuando Luke llevó sus dedos al interior de su boca y les dio un lametón con un brillo travieso en la mirada. Al verlo, la réplica soltó una carcajada y volvió a guiar su mano por su cuerpo, esta vez por su espalda hasta llegar a su entrada. Pero no se detuvo ahí, y fue entonces cuando lo que estaban a punto de hacer caló hondo en Asch. Tragó saliva y abrió la boca, pero cualquier cosa que fuese a decir se esfumó de su mente cuando Luke volvió a besarle.
Uno, dos, tres dedos se deslizaron dentro. Luke suspiró y apoyó las manos a ambos lados de la cabeza de Asch, que ya empezaba a notar un dolor ardiente en la entrepierna. Éste respiró profundamente y probó a mover los dedos con suavidad, arrancándole un levísimo gemido a su contraparte. Volvió a moverlos, esta vez con menos delicadeza, y Luke dejó escapar un jadeo que sonó como música en sus oídos. Asch se entretuvo tanteándole hasta que las mejillas de la réplica tuvieron el mismo color que su cabello, notando como el fuego seguía acumulándose en su interior. Aquel juego, aunque familiar, era nuevo para él, y aprender las reglas estaba resultando extremadamente excitante.
De repente, Luke volvió a agarrarle por la muñeca y tiró de su mano con un nuevo estremecimiento, enlazando sus dedos con los de Asch y situando otra vez las manos a los lados de su cabeza. Se apoyó en ellas y levantó las caderas, colocándose justo sobre la ya más que evidente excitación de su contraparte con aquella desquiciante sonrisa traviesa dibujada de nuevo en la cara.
-Ahora viene lo bueno- susurró, mordiéndose el labio. Asch encogió las piernas por la anticipación. Y sin más, Luke dejó que sus caderas descendieran y soltó un gemido que se perdió en la exclamación ahogada de su original.
El más mayor apenas tuvo tiempo de recuperar el aliento antes de que la réplica empezase a subir y bajar, enviando ondas de placer puro e inadulterado por todo su cuerpo, deleitando sus oídos con más gemidos y jadeos hasta que Asch no soportó más el ritmo excesivamente lento que llevaban y se soltó bruscamente de su agarre, girándose con él en la cama e invirtiendo las tornas. Luke, atrapado ahora bajo su cuerpo, tragó saliva, pero Asch no le dejó descansar: empezó a embestirle cada vez con más rapidez y violencia, asaltando al mismo tiempo su boca y su cuello con besos y mordiscos ávidos, como si por más contacto que tuvieran sus cuerpos no fuera suficiente para él.
De todas las veces que había estado con mujeres, ninguna que recordase estaba a la altura de Luke. Ninguna era tan deliciosamente estrecha ni le había provocado sensaciones tan intensas como las que lo atravesaban en ese momento, arrancándole el aliento y obligándole a jadear. La réplica tenía razón, no podía evitar admitirlo: se necesitaban. Cuanto más se unían sus cuerpos más sentía que el vacío de su pecho desaparecía, más se aliviaba la angustia de su interior.
Los gemidos de la réplica que no morían en sus labios fueron subiendo de volumen hasta convertirse en verdaderos gritos de placer que se entrelazaban con los de Asch en una armonía perfecta. Cualquiera podría haber pasado en ese momento por el pasillo y pillarles, pero la suerte debía de sonreírles, pues nadie los interrumpió. En algún momento, cuando en la voz de Luke empezaron a entreverse trazas de desesperación, Asch enroscó los dedos por instinto alrededor de su excitación, atendiéndola al mismo ritmo que marcaban sus caderas. Ninguno de los dos aguantó mucho más, y cuando el clímax los alcanzó, sus voces sonaron como una sola.
Asch se retiró del interior de Luke y se derrumbó sobre él, enterrando la cara en el hueco entre su cuello y su hombro, tratando ambos de normalizar sus agitadas respiraciones. Notó los dedos de la réplica acariciándole distraídamente el cabello ondulado y suspiró, agotado. El fuego se había tornado en cansancio, pero el recuerdo persistía como las brasas de una hoguera que siguen caldeando el ambiente. Los brazos de Luke lo rodearon y se giró de tal manera que ambos quedaron tendidos de lado, abrazados. Los ojos de la réplica, nublados todavía por el orgasmo, brillaban, y en sus labios se veía una sonrisa. Asch rodeó sus muslos con una pierna y pasó un brazo alrededor de su cintura, en silencio.
No eran necesarias las palabras.
El primero en caer dormido fue Luke, con los dedos enredados en el cabello de su contraparte. Éste sucumbió también al sueño apenas instantes después, sin darse cuenta de la levísima sonrisa que se había instalado en sus labios, una imagen especular de la que lucía Luke.
