VIII- Brasas
Cuando Luke despertó, lo primero que vio fue un par de ojos idénticos a los suyos observándole atentamente. Parpadeó, desconcertado, hasta que el recuerdo de lo ocurrido la noche anterior volvió a su mente, encendiéndole las mejillas.
-Hola- saludó Asch en un susurro, tumbado a su lado en la cama. Tenía un brazo enterrado bajo la almohada y el otro rodeando su cintura, trazando suaves círculos con el índice sobre su espalda. Estaba desnudo, igual que su réplica, y en su rostro había una expresión de tranquilidad que no resultaba nada frecuente ver, si es que Luke la había visto alguna vez.
-Hola. ¿Qué hora es?
-Todavía no ha amanecido, pero falta poco.
-Genial- murmuró Luke, cerrando los ojos de nuevo y haciéndose un ovillo contra el pecho de Asch hasta poder oír la cadencia rítmica y arrulladora de su corazón latiendo. Los dedos de éste se trasladaron a su melena, jugueteando con los mechones pelirrojos.
-Luke- llamó el mayor de repente. La réplica se sobresaltó y lo miró, era la primera vez en mucho tiempo que le llamaba por su nombre-. Sobre lo de anoche...
Luke tragó saliva. Temía las palabras que venían a continuación, temía que Asch dijera que había sido un error y que lo iba a lamentar, o peor aún, que lo olvidasen e hiciesen como si no hubiera pasado nada, pero lo único que dijo su original fue:
-... me gustó.
El menor abrió mucho los ojos y Asch desvió la mirada, con las mejillas algo coloradas.
-¿Lo dices en serio?
-Sí. Me gustaría... que no fuese la última vez. Pero que no se te suban los humos, ¿eh?
Luke dejó escapar una carcajada y enterró la cara en su pecho, olvidando las cicatrices que marcaban su piel ahí. Olía un poco a sudor y un poco a picante, el aroma que había bautizado como "el de la mañana de después".
-Mira que puedes llegar a ser idiota- murmuró con cariño. Las manos de Asch volvieron a juguetear con su largo cabello, encontrando y deshaciendo nudos aquí y allá.
-¿Qué vamos a decirles a los demás?- murmuró el mayor. Luke cerró los ojos y se abrazó a él con más fuerza.
-Nada. Jade lo sabrá en cuanto nos vea- respondió-. Guy... Guy siempre ha sabido que esto pasaría, antes incluso que yo. Y las chicas...
-Natalia se lo huele, y si ella lo sospecha, Tear también- interrumpió Asch, sonriendo para sí-. Pero Anise... no sé cómo se lo tomará cuando se entere.
-A mí quien me preocupa es padre. No le va a sentar nada bien que los dos hijos le hayan salido... así.
-Padre puede decir lo que quiera. No se esforzó en salvarnos a ninguno de morir en Akzeriuth ni en la Torre de Rem, no tiene ningún derecho a...
Luke, decidiendo que no le apetecía que la conversación siquiera por ahí, le cerró la boca con un beso. Cuando se separaron, Asch lo miró acusadoramente.
-Eso ha sido un truco muy sucio para hacerme callar, réplica.
-¿Quieres saber lo que es un truco sucio de verdad? Tengo unos cuantos que te van a encantar- sonrió Luke, incorporándose y cerniéndose sobre él, pero antes de que pudiera hacer nada, unos golpes en la puerta los congelaron a ambos en el sitio.
-Buenos días, bello durmiente- saludó una voz terriblemente familiar desde el pasillo-. Sé que estás despierto, y si no lo estás, ya va siendo hora.
-¿Qué demonios haces aquí, Jade?- ladró Asch, tapándole la boca a Luke con una mano y llevándose un dedo a los labios a modo de advertencia. Luke asintió y permaneció en silencio.
-A mis oídos ha llegado el incidente de ayer, y en vista de que los Caballeros del Oráculo no sois capaces de garantizar la seguridad de Su Majestad Imperial, he venido en persona a ocuparme de su protección.
-¿Y entonces qué haces en la puerta de mi habitación?
-Está amaneciendo y tenemos trabajo que hacer. ¿Puedo pasar a revisarte la herida?
-¿Cómo sabes que...? Bah, da igual. No hace falta, me la curé yo mismo anoche.
-Perfecto, entonces os quiero a Luke y a ti en pie y presentables dentro de media hora. Si lo ves, avísale, que no está con los demás invitados- dijo Jade en tono cantarín. La réplica miró a Asch con gesto atemorizado, vocalizando las palabras "lo sabe" sin emitir sonido alguno.
-Lo haré, no te preocupes, ¡lárgate!
Los pasos del Nigromante se alejaron por el pasillo y Asch soltó un bufido. Luke suspiró y se dejó caer de nuevo sobre las sábanas. El día había empezado tan bien...
Tras ducharse, arreglarse y desayunar algo rápidamente, los dos pelirrojos se dirigieron a la sala de reuniones. Luke, pese al miedo de enfrentarse a Jade y Anise, se sentía verdaderamente feliz por primera vez en mucho tiempo. La noche anterior había sido increíble y la sensación de angustia parecía haberse desvanecido de su pecho. Eso sí, podría haber prescindido perfectamente de las punzadas de dolor que recorrían la base de su espalda cada vez que se sentaba, e iba a tener unas cuantas palabras con el bestia de Asch acerca de lo que se podía hacer, lo que no y con qué fuerza en cuanto se quedasen a solas de nuevo, porque su original todavía tenía unas cuantas cosas que aprender en cuanto al sexo con otro hombre.
En la sala de reuniones de la Catedral los esperaban ya los demás. Anise, vestida con la sotana y la capa verde claro de Maestro Fónico, presidía la mesa con Tear a su derecha y un asiento libre a su izquierda. Natalia estaba sentada junto a la General Dórica y había dejado a su lado otro asiento libre, y frente a ella estaba Peony con Jade al lado. Cuando entraron, todos se giraron hacia ellos y Luke se esforzó por borrar de su rostro cualquier gesto que delatase lo ocurrido la noche anterior.
-Por fin, par de dormilones- saludó Anise-. Supongo que ya podemos empezar, venga, sentaos.
Asch tomó asiento en la silla que había a la izquierda de la nueva Maestra Fónica y Luke al lado de Natalia, apretando los dientes cuando otro pinchazo de dolor le recorrió la base de la columna vertebral. Jade, que estaba justo delante de él, le dedicó una escalofriante sonrisa que apenas duró una milésima de segundo antes de prestarle toda su atención a la cabecera de la mesa.
"Lo sabe. El cabrón este lo sabe y ni se molesta en ocultarlo."
-Veo que ya has tomado posesión del cargo, Anise- comentó Asch echándose la trenza de espiga, que se había rehecho, por encima del hombro.
-Ay, cierto, que tú te lo perdiste. Te pongo al día- asintió ella, sonriente-. Después de que Luke te sacase de la capilla, conseguimos controlar a la multitud y terminar la ceremonia. Los representantes de Malkuth y Kimlasca-Lanvaldear, aquí presentes, me reconocieron como nueva líder de la Orden de Lorelei y soberana de Daath, firmamos el acta de sesión, y apañado. Hemos hecho llamar a los demás Generales Celestiales para que renueven su juramento de lealtad en como mucho dos días.
-Perfecto.- Asch se permitió una sonrisa satisfecha y entrelazó los dedos sobre la mesa-. ¿Sabemos algo de Florian?
-Está disfrutando de su estancia en Malkuth de lo lindo, según palabras textuales de mi hermana- respondió Jade encogiéndose de hombros-. Su Majestad Imperial incluso se tomó la molestia de proporcionarle un traje de baño, así que no deben de faltarle comodidades.
-Ya lo creo, seguro que le queda adorable- sonrió Peony-. Las réplicas de Ion son todas adorables, en general, se pongan lo que se pongan. Hasta el gruñón de Shion tiene su puntito, fíjate.
-Que no os oiga él decir eso, Majestad- suspiró Asch-. ¿Dónde está, por cierto?
-En cama, con un séptimo fonista intentando arreglarle el brazo derecho. Se lo fracturó bloqueando un arte fónico, según me dijo- respondió Tear. Luke hizo un gesto de dolor. "Y yo me quejo de Asch... Ya tiene que ser bruto para intentar parar un arte con el brazo" pensó para sí-. En cualquier caso, entre sus soldados y los de la sexta y la quinta división consiguieron evitar víctimas mortales, y por ello habré de transmitirles mis felicitaciones.
-Las mías también. Todos hicisteis un trabajo estupendo- añadió Anise-, pero siento decir que no ha terminado. Todavía nos queda averiguar quién estaba detrás del ataque y cómo demonios consiguieron introducir armas.
-No tuvieron por qué introducirlas, pudieron haberlas robado de la armería de los Caballeros del Oráculo- observó Luke, pero Asch negó con la cabeza.
-Aun así no podrían haberlas metido en la capilla, teníamos todos los accesos cubiertos.
-Pues a lo mejor encontraron algún pasadizo secreto o algo así.
-Luke, soy de Operaciones Especiales y encima me escapé de aquí cuando tenía diez años, si alguien conoce los pasadizos secretos de este sitio soy yo. Si digo que estaban todos los accesos cubiertos, es que lo estaban.
-Calma, par de dos- silbó Jade alzando las cejas-. No os lancéis a la yugular del otro todavía, hay mucho que discutir aún. Asch, dices que no había manera de entrar a la capilla con armas, ¿verdad?
-Ninguna. Salvo que...- titubeó el pelirrojo, pensativo-. Salvo que fueses un soldado.
El silencio cayó entre ellos durante unos momentos y Anise soltó un bufido.
-Nerim, los Siervos de Lorelei, Mohs, Van y sus Generales Celestiales, y ahora esto. ¿Por qué siempre tenemos que tener ratas en la Orden?- masculló. Asch y Tear cruzaron una mirada y la chica reculó-: No os ofendáis, chicos.
Tear sonrió y Asch le quitó importancia al asunto con un gesto.
-No siempre tenéis vosotros a los traidores, Anise, es que los vuestros arman más alboroto- suspiró Natalia-. En cualquier caso, ¿qué pensáis hacer con este asunto?
-Empezaré una investigación interna en los Caballeros del Oráculo, a ver quién podría tener más motivos para boicotear la elección del nuevo Maestro Fónico- intervino Tear-. Pero nos va a llevar tiempo.
-No descartes a los Generales Celestiales, Tear- murmuró Jade-. Por mi experiencia y la de todos los demás, ya sabemos que quien más cerca está del poder más tendencia acaba teniendo a montar este tipo de cosas.
-Pero los únicos que estaban aquí en Daath capital eran Shion y Asch. Bueno, y Giore y Cres, pero el segundo aún está de baja y el primero está encargado de mantener el orden en las calles- observó Tear, frunciendo el ceño.
-Asegúrate de que fuese así, por si acaso. ¿Tenemos prisioneros?
-Unos cuantos, esta tarde empezaremos con los interrogatorios- asintió la Comandante-. Si quieres estar presente...
-Desde luego, me encantaría.
-¿Qué podemos hacer los demás?- inquirió Luke. Anise se lo pensó unos momentos.
-Pues... la verdad es que poca cosa. Yo creo que ya podéis volver a vuestros respectivos países... pero si se os ocurre algo que hacer aquí, sois bienvenidos siempre- dijo finalmente, sonriendo. Luke le devolvió la sonrisa, pero sus palabras le habían caído como un jarro de agua fría. Miró a Asch de reojo y se encontró con sus ojos fijos en él con un destello de tristeza, parecía que no era el único que había recibido la noticia con escaso entusiasmo.
-En ese caso... Anise, Tear, por más que disfrute de vuestra hospitalidad, tengo deberes con los que cumplir en Kimlasca- dijo Natalia.
-Sí, a mí también me van a reclamar en Malkuth dentro de nada. Mi santa esposa seguro que me echa de menos- comentó Peony, enrollándose un dedo en un largo mechón de cabello rubio e ignorando deliberadamente la mirada fulminante que le dirigió Jade.
-Vaya- murmuró Luke, bajando la cabeza-. ¿Cuándo nos vamos nosotros, Natalia?
-Nos podemos quedar una noche más, si quieres, pero mañana deberíamos ir tomando un Albiore.
Una noche. No era mucho, pero menos daba una piedra. Luke volvió a alzar la vista hacia Asch y de nuevo lo encontró mirándole fijamente, esta vez con una ligera sonrisa en los labios. En sus ojos habían vuelto a aparecer las brasas que quedaban del fuego de la noche anterior, un brillo de lo más prometedor.
-Bien, entonces nos iremos mañana- asintió la réplica, girándose hacia su esposa con algo más de ánimo, y luego mirando a la nueva Maestra Fónica-. Lo siento, Anise, vamos a estar chupando recursos de Daath un día más.
-¿Cómo que "chupando recursos"? Perdonad que os diga, Su Alteza, pero pienso pasarle la factura de todo lo que me habéis costado al tesoro de Kimlasca- replicó Anise con una sonrisa de oreja a oreja.
Natalia aprovechó la tarde que les quedaba en Daath para dar una vuelta por la ciudad y echar un ojo en el mercado. Tear, tras pedir permiso a Anise, pospuso los interrogatorios para el día siguiente y la escoltó, para tranquilidad de Luke. Las calles seguían estando revueltas, pero con la General Dórica a su lado, a nadie se le ocurriría mirar mal siquiera a la princesa.
Luke, por su parte, había salido con Asch en la Ragnarok, que les había acompañado en el viaje de ida y ahora compartía hangar con el Albiore de emergencia de Daath. Seguía aterrorizándole la adoración de su original por la velocidad, pero al menos había aprendido a no "gritar como una niña pequeña", en palabras textuales del Errante. Tras una larga carrera en la que casi alcanzaron el Manantial de Aramís, Asch detuvo la bestia de metal y la dejó enganchada a un árbol, y para alivio de Luke, continuaron el paseo a pie. Al principio iban en silencio, uno al lado del otro pero sin tocarse, hasta que el menor se atrevió a entrelazar sus dedos con los de Asch. Éste observó sus manos unidas durante unos momentos, sorprendido, pero no le soltó.
-Esto es... raro- murmuró, no obstante. Luke lo miró y vio que estaba frunciendo el ceño.
-¿A qué te refieres?
-Pues... No sé, ¿te has parado a pensarlo? Eres mi réplica, tenemos la misma cara y nuestros cuerpos son iguales, y sin embargo aquí estamos, paseando de la mano como una pareja, después de haber... ya sabes. ¿No es todo esto un poco... ególatra?
Luke alzó las cejas, no se le había ocurrido.
-Puede ser. Pero no tenemos la misma cara, que conste- replicó, desafiante. Asch rodó los ojos.
-Eres imbécil. Somos iguales, claro que tenemos la mis...
-¡Que no! Ya te lo dije una vez, mi cara no va amenazando de muerte a quienes la miran- canturreó Luke. Asch volvió a poner los ojos en blanco y le dio una colleja sin soltarle la mano.
-¿De verdad sigue siendo así mi cara?- murmuró. Luke se detuvo y lo miró, poniéndose serio.
-A veces sí- admitió tras una pausa-. Pero... es más fachada que otra cosa, ¿verdad?
-Depende- respondió Asch a media voz. Luke tragó saliva y su corazón se aceleró. Intentó adivinar sus pensamientos a través de sus ojos, pero éstos eran impenetrables.
-Ya no estamos en guerra, Asch. No son necesarias más muertes- murmuró Luke-. No volverías a matar, ¿verdad?
-Depende- repitió el Errante. Las nubes empezaron a rugir sobre ellos, presagiando tormenta.
-¿De qué?
-De si estás tú en medio. No me he manchado las manos desde que volví- susurró Asch, acariciándole la mejilla con la mano libre y apartándole algunos mechones de cabello rebelde de la cara-. Pero si alguien vuelve a intentar hacerte daño como ayer, si alguien se atreve a ponerte las manos encima... se derramará sangre. La mía o la suya, no lo sé.
-¡No!- exclamó Luke, agarrándole por los hombros. El miedo empezaba a estrujarle las entrañas, no miedo de Asch, sino de lo que podía hacer éste-. No habrá más derramamiento de sangre. No es esto lo que quiero, ¡ni se te ocurra hacer algo así por mí!
-Réplica egoísta- siseó Asch, acercándose a él. Luke retrocedió, pero su espalda se topó con el tronco de un árbol. Asch apoyó las manos en la corteza a los lados de su cuerpo, acorralándole-. ¿Qué te hace pensar que lo haría por ti?
Un destello surcó el cielo y el rugido del trueno lo siguió justo después. Las primeras gotas de lluvia empezaron a caer sobre ellos, haciendo que el flequillo del General Celestial cayese poco a poco sobre su rostro. El aroma de la tierra mojada se mezcló en las fosas nasales de Luke con el de Asch. Olía al humo de la Ragnarok, al jabón de sosa que usaban los soldados del Oráculo y a algo que le recordaba la madera quemada.
-Asch, por favor, no quiero que vuelvas a matar. Ya no eres el Sanguinario, ¿verdad?
-No. Ni tengo ganas de volver a serlo. Así que procura que no te maten a ti- murmuró el más mayor. Una chispa de preocupación y miedo brilló en el fondo de sus ojos, y Luke respiró hondo, aliviado. No, no era el Sanguinario a quien tenía delante. Sólo era Asch, su contraparte, su otra mitad-. Sobre todo ahora que no voy a estar ahí para protegerte.
-Maldita sea, no me des estos sustos- suspiró Luke, echándole los brazos al cuello-. Y cuídate tú también.
Asch rodeó su rostro con las manos y lo besó hasta que ambos se quedaron sin aire. La lluvia empezaba a apretar, haciendo descender la temperatura del ambiente con rapidez, pero pese al frío Luke sentía que se derretía por dentro. La piel le ardía allí donde la de su original estaba a menos de un centímetro de él, le sorprendía que las gotas de agua no se evaporasen nada más tocarle.
-Te quiero- murmuró sin pensar. Asch se separó apenas unos milímetros de él, lo justo para mirarle a los ojos-. Todo este tiempo... esto es lo que quería. Aunque no me había dado cuenta.
-Yo no. Nunca quise esto- confesó su contraparte-. Y todavía no termino de aceptarlo, pero tenías razón en una cosa: te necesito. Y... te voy a echar de menos.
Luke no pudo evitar sonreír cuando las mejillas de Asch se pusieron a juego con su cabello. Lo atrajo hacia sí y dejó que enterrase la cara en el hueco entre su hombro y su cuello, escondiendo el sonrojo entre sus empapados mechones escarlata.
-Está bien- susurró la réplica, acariciándole la espalda y jugando con su trenza-. Con eso de momento es suficiente.
Puede que Asch no hubiese deseado el extraño vínculo que los unía. Puede que todavía tuviese que aceptar algunas cosas sobre sí mismo que seguramente no le gustaban. Puede que aún no fuese capaz de decirle "te quiero". En aquel momento, bajo la lluvia, Luke descubrió que nada de eso le importaba. Estaba tan seguro de que tenía el corazón de Asch en sus manos como de que el otro pelirrojo poseía el suyo. Si tenía que esperar un poco más para escucharlo de sus labios, que así fuese.
De todos modos, ahora tenían tiempo de sobra y muchas cosas que hacer mientras tanto.
