IX- La amenaza invisible

Hacía apenas cinco minutos que Natalia se había marchado, pero Tear ya extrañaba su presencia y la luz que parecía acompañarla a todas partes.

Anise, Asch, Jade y ella habían ido a despedir a los príncipes de Kimlasca al aeropuerto, tras lo cual volvieron rápidamente al cuartel de los Caballeros del Oráculo. Peony se había marchado la noche anterior, pero los kimlascanos habían aprovechado hasta el último momento. No era raro, teniendo en cuenta las cada vez menos oportunidades que tenían Natalia y ella de verse en persona... y los últimos acontecimientos con Asch y Luke. Porque por supuesto, Tear se había dado cuenta de las miradas que se lanzaban cada vez que estaban en compañía del otro. Lo que le resultaba raro era que Jade no hubiese hecho ninguna broma al respecto, teniendo en cuenta lo que le gustaba hacer de maruja.

El Nigromante se había quedado en Daath para ayudar con los interrogatorios. La Comandante reprimió un escalofrío al pensar en ello. Tardarían por lo menos tres semanas en interrogar a todos los detenidos y eso suponiendo que se mostrasen con ganas de colaborar. Si Jade se había quedado era señal de que la tortura podía ser una opción para hacer hablar a los presos, y aquello no le gustaba. Notta siempre había sido partidaria de que el dolor era lo que mejor soltaba las lenguas, pero a Tear esa forma de hacer las cosas le repugnaba. No obstante, no sabía qué opinaba Anise de todo aquello, y la chica ahora era su superior. Si la Maestra Fónica daba la orden, por poco que le gustase, no podría negarse.

-Bueno, pues ahora que se han ido estos... ¿Cómo vamos a organizar los interrogatorios?- preguntó la joven de repente, una vez estuvieron de nuevo entre los muros de la Orden.

-Esta misma tarde podemos empezar- sugirió Tear. Jade alzó una ceja detrás de sus gafas.

-¿Por qué no ahora? Todavía queda tiempo para la hora de comer.

-Notta todavía no ha vuelto de la Bahía- observó Asch-. Tal vez deberíamos esperarla, ella siempre obtiene resultados.

-Oh, mi estimado pelirrojo, te aseguro que tengo tanta imaginación o más que la General Celestial Irene para estas cosas- sonrió Jade colocándose bien las lentes sobre la nariz.

-No vamos a esperar a Notta- intervino Tear con voz dura. Los demás se detuvieron de golpe.

-Pero es nuestra principal interrogadora- señaló Anise. Tear respiró hondo y juntó las manos en el regazo, sobre la capa de Comandante.

-¿Puedo decir sinceramente mi opinión, Maestra Fónica?

-Claro- asintió la chica, intrigada. Asch y Jade guardaron silencio, también expectantes.

-No deberíamos depender de Notta Irene cada vez que sea necesario interrogar a un detenido. De hecho, tampoco deberíamos depender de sus métodos, que personalmente me parecen arcaicos, ineficientes y nada propios de un país civilizado como el nuestro- declaró la General Dórica. Anise frunció el ceño.

-Yo no diría que son ineficientes, siempre consigue un montón de información- replicó-. Y en cuanto a lo de que no son propios de un país civilizado... Sinceramente, en Malkuth también se usa la tortura a veces, ¿me equivoco?

-No, es correcto- asintió Jade.

-Porque las cosas se hagan de una manera en Malkuth o en Kimlasca no quiere decir que aquí haya que hacerlas igual. No necesitamos a Notta- insistió Tear.

-¿Y cómo pretendes sonsacarles información, entonces?

-Buscando otras formas de atacarles. Identifiquémoslos, miremos sus historiales, averigüemos cuáles son sus puntos débiles. Deudas, antecedentes penales, cuentas pendientes, negocios turbios... Cualquier cosa con la que podamos presionarles. Pero no recurramos a la tortura.

-¡Pero eso va a tomarnos una eternidad!- protestó Anise. Tear, muy seria, mantuvo la posición:

-Anise, ahora eres la líder de un país entero- dijo solemnemente-. Apenas hace dos días que te nombraron Maestra Fónica. Por favor, te lo pido como tu subordinada y como tu amiga, que tu primera orden no sea hacer daño a tus súbditos, por criminales que sean.

Anise desvió la mirada hacia el suelo y luego hacia Asch, que se encogió de hombros y arqueó una ceja. Finalmente, sus ojos castaños se posaron en Jade.

-Lo siento, General, pero me parece que no vamos a necesitar tu imaginación. Eso sí, nos vendrías bien para sacar cada trapo sucio de la panda de ratas que tenemos encerradas en los calabozos- dijo finalmente. Tear respiró, aliviada, y se lo agradeció con una sonrisa.

-No hay problema con eso. Se me da demasiado bien sacar a relucir la porquería que esconden los demás- asintió el General malkuthiense, enterrando las manos en los bolsillos.

La forma de interrogatorio que había propuesto Tear les llevó más preparativos de lo que esperaban y no siempre dio los resultados que querían, pero la General Dórica estaba convencida de que con paciencia conseguirían la misma información que podría haberles sonsacado Notta, aunque tardasen más. Y seguramente sería información más fiable, puesto que mucha gente confesaba crímenes que no había cometido sólo para escapar del dolor cuando se los sometía a tortura.

Notta volvió para renovar su juramento de lealtad a la nueva Maestra Fónica apenas unos días después, al igual que Hyren, pero al contrario que éste, volvió enseguida a la Bahía de Daath para seguir manteniendo el orden allí. Asch fue con ella, por si acaso eran necesarias más espadas, pero la situación parecía estar notablemente más tranquila en el puerto que en la capital. Por otro lado, Cres recibió el alta a los pocos días y se incorporó de nuevo a sus labores; Shion, cuyas heridas eran más recientes pero menos graves, todavía tardaría dos semanas más.

Durante un mes se dedicaron a interrogar a los detenidos con más antecedentes de los que tirar, con la esperanza de que les diesen munición para utilizar contra los de expediente más limpio. Funcionó, para sorpresa de Anise y alivio de Tear: poco a poco empezaban a dar forma a la trama que había detrás del atentado en la Catedral. Los fonistas que habían desencadenado el caos entre la multitud habían sido la distracción y la señal para que un pequeño grupo armado asaltase el ábside y atacase a los altos cargos que estaban allí. Muchos de ellos, además, habían estado presentes en la comparecencia de unos meses atrás y también eran responsables de los disturbios que allí se produjeron. Sus motivos eran más o menos comunes: la mayoría de ellos no estaba de acuerdo con el cambio en la política de Daath, unos cuantos trabajaban en la misma Orden y temían quedarse sin trabajo, y alguno simplemente estaba allí por antisistema, en general. Sin embargo, hubo unos pocos cuyos motivos no quedaban del todo claros y que Jade sospechaba que por su actitud y su variada procedencia (todos venían de fuera de Daath) podían ser mercenarios, y detrás de un mercenario siempre había alguien poniendo dinero.

Aquello se juntaba con el hecho de que, como bien había señalado Asch, nadie ajeno a los Caballeros del Oráculo podría haber entrado con armas en la Catedral, mucho menos llegar hasta la capilla. Y aquella gente no eran soldados, o al menos no todos, mucho menos del Oráculo. Lo cual quería decir que alguien les había franqueado el paso... y el único con rango suficiente para poder hacer algo así habría sido un General Celestial.

Los interrogatorios se extendieron a los Seis, y Tear, sintiéndose incapaz de ser del todo objetiva, le cedió a Jade el privilegio de enfrentarse a cada uno de ellos. Notta y Asch tuvieron que volver de la Bahía, primero una y después el otro, para prestar declaración, tras lo cual volvieron allí. Y después de interrogar a todos y cada uno de los líderes de las divisiones (porque aunque Tear confiaba en Asch no podían permitirse favoritismos) ni siquiera tenían un sospechoso.

Asch y Shion quedaban fuera de la cuestión, el primero por motivos más que evidentes y el segundo porque, como réplica, la Partitura nunca le había afectado ni importado siquiera, salvo por el hecho de que por su causa fue arrojado al Monte Zaleho junto con las demás réplicas de Ion (lo cual no hacía que le tuviese mucho aprecio a las palabras de Yulia). Por otro lado estaba Notta, que pese al miedo que infundía con su sola presencia, siempre había sido leal a sus superiores y no tenía ni una sola mancha en su historial. Hyren era demasiado joven para echar de menos una Partitura que apenas había tenido tiempo de comprender y su expediente era tan impecable como el de Notta. Giore, por otro lado, era de la vieja escuela y no terminaba de estar contento con la dirección que estaba tomando la Orden de Lorelei... pero al líder de la primera división no le llamaban el Pensativo por nada. Si en algo destacaba era en su frialdad y en lo mucho que meditaba las cosas siempre; no era propio de él actuar de forma tan impulsiva. Si Giore hubiese querido dar un golpe, lo habría planificado de tal manera que habría sido imposible celebrar la elección. Aquel atentado era algo más propio de Cres... pero el apodado por todos como el Vendaval de Acero estaba convaleciente todavía cuando el altercado en cuestión se produjo, y los doctores y el personal de enfermería daban fe de que no se había movido de su cama salvo para realizar los ejercicios de fisioterapia bajo la atenta mirada de un supervisor.

Los que tenían motivo también tenían coartada, y los que no tenían coartada, no tenían motivo. Parecía que hasta que no consiguiesen interrogar a todos los detenidos no podrían desenmarañar aquel lío. Jade volvió a sugerir varias veces más el empleo de la tortura para agilizar trámites, hasta que la paciencia de Tear se agotó y un día terminó saltando, como un muelle que se ha comprimido demasiado:

-General Curtiss, ¿podemos hablar un momento en privado, por favor?

Jade no puso objeciones en seguirla a su despacho, el mismo que habían ocupado Recard Blacksen y Van antes que ella, y tampoco se inmutó siquiera con la mirada helada que le dirigió la joven una vez estuvo parapetada tras el escritorio de patas de ligre.

-No puedo creer que sigas sugiriendo que utilicemos la tortura en los interrogatorios.

-A mí lo que me cuesta creer es que todavía no hayáis cedido ni tú ni Anise. Sería todo mucho más rápido, y lo sabes- observó Jade encogiéndose de hombros.

-Me da igual si tardamos dos meses o dos años en resolver esto. No voy a permitir que Anise manche así su mandato, sobre todo teniendo en cuenta lo bien que lo está llevando y el apoyo que le brinda el pueblo- replicó Tear sin amilanarse. Jade la atravesó con la mirada.

-¿Recuerdas cuando los Siervos de Lorelei te raptaron, Tear?- preguntó calmadamente. Ella asintió-. ¿Sabes cómo conseguimos la información necesaria para liberarte y detener a los responsables?

-No me importa cómo lo hicieseis en su momento. Lo que me importa es cómo vamos a hacer las cosas ahora y si podemos demostrar a Daath, a Auldrant, que es posible cambiar y hacerlo mejor. El fin no justifica los medios.

-¿Ni siquiera para protegerte?

-No.

-¿Y para proteger a Natalia?

Tear se encogió inconscientemente, con la mandíbula tensándosele y los dedos arqueándose en garras sobre el escritorio.

-... Tampoco. Mis principios son firmes. Y si tienes algo que decir sobre mi relación con Natalia, General, dilo de una vez y déjate de juegos- dijo a media voz. Jade sonrió y se colocó bien las gafas, que se le habían escurrido por la nariz.

-En realidad lo que hagáis en la intimidad me la trae al fresco, salvo que un día os dé por invitarme a colaborar o a mirar. De hecho, si usas la tortura o no para interrogar a esos pobres diablos también me importa poco- comentó, quitándole importancia al asunto con un gesto-. Sólo quería poner a prueba cómo de firmes son tus ideales. Y enhorabuena, has aprobado con matrícula de honor.

Tear parpadeó, sorprendida, y sus músculos se relajaron levemente.

-¿Me estabas probando?

-Sí. Eres muy joven para el puesto que ostentas, demasiado joven para tener bajo tus órdenes un ejército entero- afirmó Jade, poniéndose serio-. Pero supongo que también eras demasiado joven para muchas otras cosas, como tener que enfrentarte a tu hermano, salvar el mundo o aguantar al impresentable de Luke hace cinco años. Tal vez seas una niña prodigio o algo así.

-Jade, tengo 23 años, de niña prodigio me queda poco... si es que alguna vez lo fui.

-¿Sólo 23? Lo que yo decía: demasiado joven. Si es que hoy en día le dan puestos de responsabilidad a cualquiera...

Tear, pese a todo, sonrió. Jade seguía siendo una persona tan enigmática que resultaba fácil malinterpretar sus intenciones, y ahora que sabía por qué había insistido tanto con el tema de la tortura comprendía que les había venido incluso bien.

-¿Qué hay de Anise, entonces? Apenas acaba de cumplir la mayoría de edad y ya es soberana de un país.

El de Malkuth soltó un bufido y meneó la cabeza.

-Nuestra querida Maestra Fónica no es más que una cría, y una con muy mal carácter. Pero bueno, la habéis elegido vosotros, así que... allá os las compongáis. Bastante tengo yo con lo que tengo en casa.

Tear sacudió la cabeza. Anise era joven, cierto, pero no era una niña. Había librado casi tantas batallas como ella misma, cada una más dura que la anterior, y había perdido a seres muy queridos en el camino. Eso la había obligado a madurar antes de tiempo, seguramente igual que a Luke, que pese a tener la apariencia y las responsabilidades de un adulto joven, ni siquiera era mayor de edad técnicamente.

"Y todo gracias a ti, hermano. Por ti somos quienes somos hoy" pensó la Comandante. "Por ti mis amigos están preparados para cumplir con sus deberes, y por ti estoy yo aquí al frente de un ejército. Fuiste lo peor y lo mejor que nos ha pasado a todos en la vida."

-Jade, ¿qué piensas tú acerca de todo este asunto del atentado?- preguntó, separándose de la mesa y cruzándose de brazos-. Porque ya tendrás alguna teoría, ¿me equivoco?

-Por supuesto que la tengo. Mi teoría es que uno de tus Generales Celestiales miente- respondió Jade-. Y no es tanto una teoría como una certeza. Dime una cosa, Tear, ¿de quién te fías exactamente en la Orden?

-De Anise- respondió ella de inmediato. Luego se lo pensó y añadió-: Y de Asch. En Shion no termino de confiar, pero sí me fío del criterio de Asch, y él dice que es digno de confianza. Aun así... tengo mis reticencias. Con los demás sé que puedo contar para asuntos oficiales de los Caballeros del Oráculo, pero no les encargaría una investigación interna.

-Y Asch está en la Bahía y sería sospechoso hacerle venir justo después de ordenarle que se quede allí...- murmuró Jade, llevándose una mano a la barbilla-. Eso no te deja muchas opciones. Vas a tener que encargarte tú en persona de seguir investigando, me temo.

-No es tan duro. Después de todo, fui sargento de locrio de Inteligencia y luego dirigí la división como General Celestial, estoy acostumbrada a este tipo de cosas.

-Me alegra oírlo, porque no podré quedarme mucho tiempo más en Daath. Tengo un niño grande del que cuidar en Gran Chokmah- suspiró Jade. Tear sonrió levemente.

-No te preocupes, Anise y yo nos encargaremos del resto.

Al cabo de unas semanas, cuando ya parecía que Tear y Anise empezaban a hacerse una idea de cómo estaban organizados quienes habían intentado boicotear la elección de Maestro Fónico, hubo una fuga masiva de presos. Casi todos los detenidos consiguieron escapar, muchos de ellos lograron incluso salir de la ciudad, y a los pocos que no lograron salir ya los habían interrogado. Los soldados que habían estado de guardia esa noche eran de la quinta división, y cuando se les pidió explicaciones, todos admitieron que se habían quedado dormidos. Y a Tear se le cayó el alma a los pies cuando los análisis de sangre que les realizaron revelaron que todos habían sido drogados, posiblemente durante la cena.

Las palabras de Jade se confirmaban. Alguien mentía entre los seis Generales Celestiales, pero no estaban cerca de saber su identidad ni sus propósitos.