Los personajes le pertenecen a Meyer.
A todas las que comentan mil y mil gracias, a las que leen esta cosa loca y son lectoras fantasma el sueño de Mister Cullen con sus ojos pícaros y sus palabras tremendas.
A mi beta divina bebé Bardot Piccioní…te adoro nena, eres poesía bella y cantarina.
A mis adoradas amigas…
FALSAS APARIENCIAS.
16
- Cásate conmigo Edward- Madame Swan temblaba. Las palabras salieron de su boca de forma rápida y sus manos tomaban los pliegues de su vestido- Te amo.
El hombre sacudió la cabeza: ¿Estaba loco? ¿Los golpes recibidos le hacían escuchar alucinaciones?
¡Diablos!
Sonrió con una risa gatuna, pero sus ojos eran serios y profundos, como si mil tormentas se conjuraran allí.
- No le haga eso a un pobre moribundo madame- porque si, Edward Cullen estaba a punto de desfallecer, las dos semanas anteriores se presentaron en todo su cuerpo y de pronto cada uno de los cientos de golpes recibidos se hicieron presentes…todos, al mismo tiempo.
- Cásate conmigo, hermoso y cínico bastardo- el hombre se alejó de ella, al otro lado del carruaje como si la fuerza de mil caballos lo arrastrara…tan cerca, tan cerca y tan lejos de su piel.
Todo en él era un divino y absoluto desastre, su cabeza recostada sobre los sillones de terciopelo, su rostro lleno de sangre e hinchado, el cabello revuelto y con rastros de arena, la camisa de seda rota y rasgada dejando ver su pecho del cual se dejaban ver algo de vello masculino y un pequeño crucifijo de oro.
¡Dios! aún tan golpeado era hermoso, la asustaba desearlo tanto, le aterraba amarlo de esa manera.
Edward cerró los ojos, de pronto y sin darse cuenta, entendió que en ese momento de su vida, todo se presentaba de golpe, decisiones que cambiarían su existencia.
Tanto luchar por que ella lo mirase, seduciendo, acometiendo, acorralando durante meses y en un segundo Isabella Swan cambiaba las cartas de perdedor en ese juego y ella se rendía. Decía te amo y ¡maldición! él no sabía que decir, tantas mujeres le dijeron lo mismo y él como si nada les devolvía las mismas palabras con mentiras, falsas promesas y carnalidad furiosa, a todas, les daba sueños y esperanzas, pero al otro día, después de lograr su cometido y algo de dinero y joyas, él simplemente las despreciaba ¿ahora? Ella, la bruja alucinante le decía las palabras que demostraban que finalmente él era el vencedor y simplemente no sabía que decir.
¿La amaba?
¿La amaba?
¿La amaba?
¡Joder!
¡Joder!
Tantas veces, Edward Cullen, despreciable burlón se había reído de toda la ridiculez que la palabra amor conllevaba, suspiros estúpidos, palabrería barroca, debilidad de los sentidos, ideales dramáticos sobre los que toda una generación de hombres y mujeres se sustentaban ¿amor? La miró durante segundos ¡maldita sea! Y era tan hermosa ¿por qué aquel maldito juego le había mostrado lo tumultuosamente bella que ella era? Cada segundo desde que la conoció hasta el mismo momento en que se vio orillado a seducirla, ella se le presentó como alguien ordinario y sin gracia.
Isabella Swan, aburrida solterona de piel pálida y susurrante voz de pajarillo miedoso era frente a él una obra de arte que se ocultaba tras un velo que ella misma había puesto sobre sí para que nadie la mirase.
¿La amaba?
¡Con un maldito demonio!
¡La deseaba! La deseaba de tal manera que si en ese momento su cuerpo no fuese un solo gemido lastimoso la habría tomado en ese carruaje sin que ella pudiese evitarlo. Días en que soñó enterrar sus dientes en su cuello blanco, morder sus labios, tenerla desnuda sólo para él, hundirse en su cuerpo, exigirle todo, cada cosa que la palabra pasión, amor y delirio- conceptos desconocidos en su alma- encerraban en sí mismas.
- No puede decirme eso madame, sólo lo dice por lástima, usted no me ama.
- ¡Lo hago!- ella y su pequeño puño golpearon su pierna- ¡lo hago! ¡Créame!
Aún con el dolor en cada poro, Edward en un movimiento felino se lanzó sobre ella, puso sus brazos a cada lado y la recorrió con la mirada, Isabella ahogó un grito sugestivo, pues la contemplación que él le deba era de deseo puro, ardiente y sofocante; no pudo contener abrir la boca y de manera tácita rogar por un beso. Segundos, ambos respirando en la boca del otro, hasta que finalmente la atracción explotó y Edward se fue lanza en ristre contra aquella boca carnosa y la besó con furia, mordiendo el labio inferior y jalando de forma obsesiva.
- Me hizo rogar, hizo que yo fuese tras usted como un pordiosero que pide un mendrugo de pan, me ofendió, dijo que yo le era indiferente ¡me lanzó al infierno! ¿Qué le hizo cambiar de opinión? Quizás el hecho de no me humille más, quizás el hecho de no ver mi cadáver en su puerta ¿eso desea de mi bruja maravilloso y fascinante? ¿Desea verme morir?
-¡No!...yo no deseo eso- si, ella unos años antes, había deseado que cada hombre rindiera tributo en el altar de su belleza soberbia, sangre era lo que pedía y sangre era lo que obtenía, pero ahora no, ahora no. Se sentía impotente frente a él, frente a sus palabras, frente a su belleza, frente a sus reclamos y frente al dolor que de él surgía, lágrimas comenzaron a surgir, Isabella Swan quien nunca había llorado por ningún hombre, ni siquiera por aquel niño dulce de su pasado, lloraba, llevó su mano a su pecho y de él sacó la carta y la puso enfrente de él- vengo por esto Edward Cullen, vengo por esto…lo amo, lo amo…no me odie, no me odie.
Un gruñido seco, un gemido de dolor y una boca que no permitió que ella siguiera sufriendo la callaron.
- ¡Maldición Bella mía!- repartió besos furiosos por su cara- ¡Maldición! ¿Quieres terminar conmigo? ¿No es así pequeña brujilla? ¿Cómo voy a odiarte si lo único que deseo es tocarte?- agarró con fuerza la tela del vestido y jaló con fuerza- ¡Diablos! Esta tela es el enemigo, toda mi vida linda, lucharé contra esta cantidad de tela ridícula, prepárate divina Bella, toda tu fortuna irá parar a los inútiles costureros de Londres, porque no voy a soportar verte vestida todo el día- sin vergüenza levantó su mano fina y lastimada y rozó el pecho de Isabella Swan que se agitaba con cada respirar- mis tesoros escondidos en tal insoportable cárcel.
- ¡Dios!- una risa excitada e infantil salió de ella- tienes una manera de decir las cosas Edward bastardo hermoso- y lo atrapó entre sus brazos, besando la cabeza de manera frenética- eres asquerosamente perfecto.
- No sabes lo repugnantemente excitado que estoy- iba a tomarla entre sus brazos, pero las calles de la ciudad llenas de baches hicieron saltar al carruaje que corría de manera endemoniada por plena ciudad, éste saltó de manera violenta e hizo que el cuerpo magullado y mal herido del hombre se desgarrara de forma salvaje, emitió un gemido de dolor seco, la sangre se arremolinó en su garganta y sin poder evitarlo vomitó sangre sobre el vestido de Isabella- oh tesoro mío, perdón- y se desmayó enfrente de ella.
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Emmett lo cargó desde el carruaje hasta la casa, Rosalie gritó de terror al ver a su hermano en semejante estado, por un momento creyó que su hermano moriría, pero éste abrió los ojos y extendió sus manos hacia su hermana, ésta se acercó a él para tomar su mano.
- Todo es mi culpa hermano.
Edward no dijo nada, tan sólo recorrió el rostro hermoso de la muy preñada mujer y sonrió, Rosalie se estremeció, su hermano, por primera vez en su vida le regalaba una demostración de cariño.
- Voy a estar bien, pequeña, tengo el dinero en mis manos, nadie va a tocarte y nadie va a humillarte jamás- se sostenía en brazos de Emmett y miraba a Isabella Swan que lo seguía con ojos asustados y llenos de preguntas.
Él no había dicho nada, él no había contestado nada y ella estaba terriblemente asustada y avergonzada ¿y si le había abierto el corazón a aquel hombre y éste no sentía nada? ¿Quizás las dos semanas de silencio por parte de ella fueron suficientes para que Edward bastardo maravilloso la dejara de amar? ¿Era posible dejar de amar a alguien en tan poco tiempo? Isabella bajó la cabeza, un día le dijo a Michell que ella lo amaba y al día siguiente de enlazar su vida a la de él, ella supo que aquello era un estúpido error. Quizás Edward Cullen y su alma de pícaro consumado tan sólo la había amado porque entre ambos mediaba un no y un jamás.
Paso a paso por las escaleras y conteniendo el dolor, Edward quien miles de sensaciones lo arremetían, sensaciones físicas que lo desgarraban, la fiebre que amenazaba, la sangre y su sabor a hierro, el vértigo…el orgullo viril de saber que había sobrevivido a dos malditas semanas infernales en el club de pelea de Alec Ferguson, el saber que podría ir y pisotear la muy estirada figura del bacalao de Alistair y mirar de frente a la mujerzuela de Tania Denali…y el saber que en ese momento Isabella Swan estaba a un paso de ser suya, era malditamente demasiado, malditamente aterrador y malditamente maravilloso…quería ser cruel, quería alargar el si ¡Diantre! ¡Diantre! ¡Ella le había propuesto matrimonio! Y él al verla llorar y besar su rostro lleno de sangre en el carruaje cuando él estaba más muerto que vivo. En ese momento cuando todo confluye y la vida se vuelve un asunto de segundos y de decisiones rápidas y apasionadas, en ese momento para Edward Cullen la luz llegó, no había ninguna duda, el si lleno su alma, el si vino sin disquisiciones de absurda e inútil ética… ¡Si! ¡Demonios! ¡Si! La bruja perfecta y fascinante sería su mujer y que ni el diablo se interpusiera.
- ¡Bella!- la llamó de manera fuerte desde lo alto de la escalera.
- ¿Si?- su voz tembló.
- Ven aquí mujer, me duele el cuerpo y tú puedes curarme- con su rostro hinchado trato de sonreírle, Bella estaba pasmada- ¡mujer! ¡Ven a mi cuarto! – Fue una invitación lasciva y tierna- es hora de que cures a este pobre miserable, ella dudó- ¡ahora!
- Si señor- ella dio un brinco y corrió escalera arriba para abrazarlo de su torso- aquí estoy- sin vergüenza besó su pecho- aquí estoy.
- ¿Dónde diablos más?- el dolor en su vientre se intensificaba segundo a segundo, hasta que al fin, toda fuerza de la que había sido capaz fue vencida- ¡Demonios!
-Ya viene el medico, ya viene, Emmet ayúdame por favor.
Al llegar a la habitación, el peleador aristocrático era sólo un hombre mal herido, presa del dolor y del cansancio de dos semanas donde jugo, apostó y ganó la batalla por su vida, por la de su hermano y por la de su sobrino….y quizás en algún punto de su mente intentar que su padre desde el cielo o donde fuese, estuviese un poco orgulloso de él.
El largo cuerpo fue extendido sobre la cama, entre Rosalie y ella le quitaron las botas y el abrigo de azul noche.
Rosalie gimió al ver las terribles heridas.
- ¡Maldita mula terca! Casi te matan.
- Oh no lo viste amor mío- El chico con sus ojillos azules y picarones sonrió- le dio una tunda a Daniel Thorton que lo dejó tendido en la arena, ese hombre lo van a alimentar con papilla por el resto de su vida.
- ¿Quién es Daniel Thorton?
- ¡Un asesino!- contestó Emmett con entusiasmo, cosa que no le hizo ninguna gracia a su mujer.
- ¡Dios santo!
- Oh no mi tesoro precioso, debes sentirte orgullosa del tonto de tú hermano, ahora es una leyenda entre Regent Street y White Chapell, le hizo saber a todos que tiene sangre en sus venas.
- ¿Es así madame?- dirigió la pregunta a Isabella quien estaba demasiado ocupada tratando de limpiar la arena, el mugre y la sangre por todo el cuerpo.
- Rosalie manda a un sirviente a que caliente agua, necesitamos asearlo antes de que venga el doctor y que alguien nos ayude- y ella…Isabella Swan se sonrojó- a desnudarlo.
Una pequeña carcajada salió del hombre mal herido.
- Hazlo tú brujilla.
- ¡Edward!- exclamó Rosalie, quien estaba demasiado avergonzada y agradecida por lo que aquella mujer había hecho por su hermano- no tenemos servidumbre madame, sólo somos mi hermano y yo.
Isabella bajo la cabeza, que tonta, que poco delicada, ella lo sabía, pero con la premura y el miedo al ver las heridas de aquel guerrero loco, se le había olvidado lo demás.
- Yo soy sirviente madame- Emmett dio una mirada amarga a las mujeres- yo calentaré el agua no se preocupen, es lo menos que puedo hacer.
Una mirada entre los dos amantes e Isabella entendió la amargura y la vergüenza del chico.
- No se preocupe mister Mcarty, esta tonta aristócrata sabe como calentar un agua, usted puede ayudar a …desnudarlo, su esposa- y lo dijo con fuerza- y yo haremos algo de comer, él necesita comer, el medico no tarda, mi cochero fue por él- se desprendió de las manos heridas y rasposas de Edward, se quitó el sombrero y su pequeña chaquetilla- vamos Rosalie, gracias mister Mcarty- se paró frente al gigantesco chico y le sonrió con dulzura- nos ha salvado, pagaré sus servicios.
- Era mi labor madame, él no me respeta, pero soy el padre de su sobrino, es lo menos que puedo hacer por mi Rosalie- la mujer en cuestión quien tenía un temperamento que oscilaba entre la dureza y la ternura suspiró, esas eran las pequeñas cosas que amaba de aquel niño de los barriales de Londres, ninguno de los caballeros del reino unido podían darle eso, amor verdadero, pequeñas frases simples de amor total- ¿vas a perdonarme amor mío?
- Eres un tonto- y se acercó a él para depositar un besillo en su mejilla- no puedes quedarte más cariño, esa mujer se dará cuenta que no estás en su casa.
- ¿Qué mujer?
- Milady Morton, ella es mi ama madame.
Oh si, Jane Morton, Isabella la conocía muy bien, "la viuda negra" una mujer quien su titulo de viuda de dos de los hombres más ricos de Inglaterra le daban una libertad moral que ella envidiaba.
- No se preocupe Emmett, yo hablaré con ella.
- Oh no madame, ella ya me lo advirtió hace unos días, no soy libre- y el haber perdido las quinientas libras la ataban más a ella.
- ¡Claro que si caballero! Quédese aquí, mañana va por su ropa, de ahora en adelante yo seré su ama, tiene nuevo trabajo.
Rosalie y Emmet se quedaron atónitos, Jane Morton frente a Madame Swan no era nada, una simple mujer que enmudecía frente a la impresionante y exuberante fortuna de la hija de Charles Swan.
- ¡Por favor madame!
- ¡No se hable más!- como toda mujer rica, Isabella aún siendo amiga de sus sirvientes también era una mujer que de manera tácita gobernaba a todos y la cual estaba acostumbrada a ejercer su poder entre las sombras- vamos Rosalie, quédese Emmet, creo que tengo el trabajo perfecto para usted, más tarde hablamos.
Y no se dijo más, Emmett Mcarty en menos de cinco minutos pasó de ser el sirviente de Jane Morton a serlo de Isabella Swan.
Rosalie ahogó su llanto…un ángel…gracias Dios…gracias papá al fin escuchaste mis ruegos.
Isabella se aprestaba a ir hacia la cocina, cuando la voz de Edward volvió a llamarla.
- ¡Mujer!- levantó su brazo hacía Isabella, quien corrió y entrelazó sus manos de manera tranquila- ¡ven y dame un beso! ¡No necesito un idiota matasanos!- llevó su otra mano a sus labios- mi medicina está en tú boca bruja, vamos Bella, bellísima, una pócima para este animal agonizante.
Isabella emitió un gemido entre la risa y el miedo.
- No cambias, bastardo encantador.
- ¡Diablos no! ven acá.
Isabella se acercó, él la jaló a su lado de la cama e insistió en el beso. Emmet y Rosalie estaban boquiabiertos, sobre todo Rosalie, nunca creyó que su hermano quien dejaba a las mujeres llorando entre las muy finas cortinas de los castillos tuviese ese tono de voz con una mujer….Oh hermano, ten cuidado…ten cuidado con dañar el corazón de esta mujer, no te lo perdonaría jamás.
- ¿Deberé rogar mala mujer?- trató de moverse un poco, pero todos sus músculos desgarrados actuaron sobre él como mil puñales, ahogó el insoportable dolor, pero éste se reflejó en su cara, y fue entonces cuando Isabella se lanzó sobre él y cubrió su boca con su boca con un beso atormentado y dulce, si es que esos dos conceptos pueden ir de la mano…atormentado de desesperado y dulce por el deseo agónico contenido- Si…madame malvada…Si Isabella Swan me caso contigo- le susurró sólo para que ella escuchara- voy a ser tuyo para que hagas conmigo tú esclavo, ten un poco de compasión conmigo.
Un estremecimiento y un temblor recorrió el cuerpo de Madame Swan, sin miedo y sin vergüenza empezó a llorar frente a él, pegó su frente a la de Edward en silencio, mientras que lágrimas silenciosas recorrían su rostro.
Una mirada profunda de parte de Edward Cullen; llevó su mano a las mejillas de muñeca fina, y limpió el llanto….el acto fue intimo, revelador y completamente turbador, finalmente entendía las lágrimas de una mujer, las lágrimas eran todo, pequeñas gotas de agua, pequeñas gotas de alma regaladas a él, el impresionante compromiso que ellas incluían, entrega, devoción y gratitud, lágrimas capaz de lavar sus culpas…lágrimas capaz de encadenar su alma.
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En la cocina Isabella puso manos a la obra y calentó el agua, mientras que Rosalie hacía un poco de té.
De manera discreta y sin que la hermana de Edward se diera cuenta Isabella Swan dio un vistazo por la alacena de la enorme cocina, casi se desmaya al darse cuenta que allí los alimentos escaseaban, ahogó un gemido de tristeza; se alimentaban mal, ambos ¿cómo habían sobrevivido a semejante ruina? ¿Cómo hacían para sobrevivir con un poco de pan, carne seca y té? Era terrible, sobre todo Rosalie, quien en su estado debía alimentarse bien.
- Gracias madame, es usted un ángel.
Isabella ocultó una risa cínica ¿un ángel? ¿Ella? Nadie de su pasado diría lo mismo.
- Lo hago porque son mis amigos Rosalie, es lo menos que puedo hacer.
- Pero hizo mucho, somos prácticamente unos desconocidos, nadie hubiese hecho esto por nosotros.
Madame Swan miró hacía el piso, dudando en preguntar, alzó su rostro y se enfrentó a Rose quien estaba sentada en una pequeña silla, mientras acariciaba su vientre.
- ¿Nadie sabe lo de su ruina Rose?
La aludida negó con la cabeza.
- Edward ha sido inteligente para ocultarlo todo- no quería mentir, pero debía hacerlo, la vergüenza que le producía conocer el cómo su hermano había logrado sobrevivir y el hecho de que esas dos alimañas rastreras los chantajearan, era demasiado para ella. Tenía la esperanza que el amor que esa mujer decía tener por su hermano pudiese salvarlo de la tontería en él que se hundía cada día. Cerró la boca, no le diría nada, esa era labor de Edward; quizás más tarde Isabella Swan podría comprender como habían sido las cosas para los dos.
- ¿Quién los chantajea?
Rose se paró nerviosa de la silla.
- Oh no madame, no quiero ser inoportuna, pero es repugnante saber como existen personas que extorsionan a una mujer embarazada.
La dura Rosalie sonrió de manera amarga.
- ¿En que país vive usted madame? ¡Estamos en Inglaterra! Un hijo bastardo, una mujer enamorada de un mozo cualquiera, una aristócrata en desgracia, somos, Edward y yo los personajes de una caricatura o de un libro de Dickens, todos esperan nuestra desgracia, todos esperan el escándalo.
- Lo siento.
- Son pocas las personas como usted Isabella, muy pocas, cada día me levantó creyendo que alguien vendrá y nos echará de la casa, cada día me levantó pensando que mi hermano irá a la cárcel y que Emmett no podrá contra todos los que nos agobian, cada día me despierto pensando que mi hijo nacerá y que yo no podré mantenerlo conmigo.
La mujer comenzó a llorar de manera profusa, por primera vez en los últimos meses Rosalie Cullen demostraba frente alguien la desazón que el futuro incierto y negro le producía. Sintió un abrazo fuerte y cordial, un pequeño pañuelo de seda limpiaba sus lágrimas y susurraba palabras de aliento.
- No se preocupe Rosalie, todo estará bien, le prometo que su niño estará protegido y que nadie los humillará.
- ¿Es verdad lo que le dijo a Emmett, lo del trabajo?
- Claro que si, tengo una enorme propiedad en Nothingham, necesito un administrador allí, alguien que sepa manejar personal, presiento que Emmet es el indicado, por ahora.
Los ojillos azules y llorosos de Rosalie la miraron con curiosidad.
- ¿Por ahora?
- Así es, después veremos como hacer que Emmet tenga una pequeña propiedad para que él trabaje en ella y no tenga que ser sirviente jamás, y que el pequeño crezca feliz y que su madre también lo sea.
- ¿Es verdad madame? ¿Lo que dice es verdad?
- Es una promesa Rosalie.
- ¿Amas a mi hermano?
Isabella cayó por un segundo y asintió tímidamente.
- Con todo mi corazón.
Rosalie llevó sus dos manos blancas al rostro de la mujer ¿En que momento Isabella Swan se había cruzado en sus vidas? ¿Cómo algo tan funesto como lo que propuso Alistair y Tania se convirtió en una bendición?
- Gracias Isabella, gracias, gracias, has de mi hermano un buen hombre.
- Nos casaremos Rosalie, voy a luchar por ser feliz, lucharemos juntas querida, contra todo, contra todos, contra esta sociedad que se empeña en pensar que la libertad y la felicidad son bofetadas a la maldita norma, vas a ver, yo soy Isabella Swan, no me conoces linda, puedo ir contra todos, puedo ser implacable cuando me lo propongo.
Rosalie tembló, algo en la voz profunda de Isabella le infundió temor, la frágil mujer tenía una áurea oscura y decidida, algo que decía que con ella nadie podía jugar y ganar.
- ¿La conoce mi hermano?
No, no la conocía, él sólo había visto una parte de ella, mas Isabella entendía que esa mujer de años atrás no tenía porque aparecer, la había enterrado profundamente y su maldad caprichosa ya era algo superado.
- Nos amamos linda.
- ¿Si?- volteó hacia la puerta, ¿su hermano Edward Cullen amando una mujer? Era algo aterrador, un territorio desconocido.
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El doctor llegó a los quince minutos, curó las heridas del hombre, le proporcionó varios ungüentos y medicina para el dolor y la fiebre.
- Espero que no haya infección.
El enfermo cayó en un sueño profundo, soñó con espacios negros y sonidos violentos, soñó con el trotar de un caballo en la noche y soñó con una mujer hermosa vestida de rojo que se burlaba de él en medio de un enorme teatro repleto de gente.
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Se despertó en la mañana, abrió los ojos y estos le dolían como el mismo infierno, miles de imágenes llegaron a su cabeza, miles de sensaciones; los golpes, el grito de la multitud furiosa reclamando su muerte, Daniel Thorton y su dentadura podrida, el olor a orines de humano y de caballo, el estiércol y en medio de todo eso, la voz de una mujer gritando y desgarrada te amo…te amo Edward Cullen ¡Dios! ¿Era posible? ¿Todo había sido un sueño? Trató de removerse en su cama, pero el peso de algo sobre sus pies y el dolor absurdo en todo su cuerpo se lo impidió, miró hacia abajo y la vio. Si no fuese un maldito cínico podrido, él hubiese gritado de alegría, ¡ella estaba allí! ¡No era un sueño! ¡Y él era un maldito bastardo con suerte!
Por unos minutos la observó, Isabella estaba profundamente dormida abrazada a sus pies. El cabello muy largo caía salvajemente sobre su cara, un gesto tranquilo e infantil la cruzaba, sus mejillas teñidas de un rojo profundo y su boca medio abierta de manera sensual y dulce.
Sacudió su cabeza de forma violenta ¡Iba a casarse con esa mujer! ¡Iba a casarse con esa mujer! ¡Diantre! Sería su esposo, el dueño de esa piel, de ese cabello, de esa boca y de esos senos maravillosos que se moría por morder….sería el esposo de esa mujer…el dueño de su fortuna…el dueño de su alma y el único maldito dueño de su sexo y en medio del dolor aterrador, el deseo se hizo presente y una erección furiosa lo atacó con fuerza. Nunca en su vida de jugador y crápula se había sentido tan victorioso, tan hambriento y tan afortunado, por unos momentos se vio a sí mismo penetrando a aquella mujer, mordiendo su carne y besando su cuerpo hasta la agonía ¿cómo es que meses atrás esa cosilla hermosa le había sido totalmente indiferente? ¿Dónde diablos tenía fijada su visión? ¿Cómo es que él zorro al acecho no había podido ver ese tesoro sensual que se escondía entre las cortinas? ¿Por qué no había olfateado su maravilloso perfume? ¡Estaba malditamente ciego! ¡Y era un completo idiota!
Maldita sea…está en mi habitación y soy un lisiado…
Quería tomarla en ese momento, arrastrarla hasta la cama y desatar los nudos de su corpiño.
¿Quién eres? ¿Qué cosa extraña y exótica eres? ¿Cómo es que eres tan valiente de venir hasta mí y decirme que te quieres casar conmigo? ¡No te conozco!
Bella se removió un poco e hizo un sonido pequeño, un gemido entre el dolor y la incomodidad, Edward abrió los ojos desmesuradamente, pues el clamor entre el sueño fue un sonido perfecto ¡Caray! ¡Mierda! Y él despertaría el resto de su vida escuchando y viendo cada movimiento de esa bruja maravillosa ¡sería un maldito rey! De pronto en la mente de Edward Cullen se vio siendo esposo, caballero respetado y padre de familia, y para su sorpresa ese futuro no lo asustó, es más, lo sedujo terriblemente, podría ser como su padre… ¡podría ser mejor!
Cásese con ella, arránquele la virginidad, engéndrele un hijo y después abandónela…el eco de la voz de Alistair Sinclairretumbó en sus oídos ¡no! ¡Nunca! Esa ya no era la opción, pues la opción era y si…la opción era estar para siempre al lado de ella.
¿La amaba?
¿Realmente la amaba?
¿O todo ese fluir de sensaciones, calor y deseo era sólo por que aquella mujer oscura convocaba en él cacería?
¡No importaba!
Entendía que ella le daba a su alma de tahúr empedernido esa sensación de vértigo que siempre tenía cuando jugaba a las cartas o apostaba….un juego más, la posibilidad del as que vendría…el que ella al final mostrase su juego, esa sensación que todo jugador deseaba y que era algo casi mitológico: el ganarle a Dios un poco de cielo….ella era la apuesta perfecta.
Isabella abrió los ojos, por un segundo ambos se miraron, ella le sonrió de manera infantil, él le sonrió de manera provocadora, la excitación estaba allí y era furiosa. Bella se levanto e hizo un movimiento gatuno para ir tras su boca.
-¡No!- él le gritó.
Ella paró intempestivamente, se asustó al escuchar el rechazo hacía su boca.
- Edward.
- No te acerque Bella cruel, porque si lo haces no me importará que este mal herido y que me duela cada maldito poro de mi cuerpo, si lo haces voy a poseerte hasta que el fin del mundo se acerque.
Isabella se mordió compulsivamente su boca y la princesa encantada se acomodaba en su piel, le dio una mirada de fuego y sin titubeos se acercó.
- Te amo.
- ¡Diablos no! ¿No vas a permitirme ser un caballero mujer malvada? ¡Voy a ser tú esposo!
- ¿Lo serás?
Edward le dio una mirada de fuego.
- ¡Demonios si! Y ni Dios ni el diablo podrán impedirlo linda, voy a ser tú esposo, el padre de tus hijos y el dueño de tú cuerpo, así que no te acerques, no estoy en condición de rechazarte- se removió incomodo, pues la erección era tan fuerte que se notaba bajo las cobijas. De manera maliciosa Edward con sus ojos centró su mirada en aquella parte de su anatomía e Isabella fue hacía ella- ¿ves bruja? Contigo mi cuerpo no puede ser decente.
E Isabella Swan y su cuerpo dormido por años despertó con la fuerza de un huracán, miles de sensaciones confluyeron en su cuerpo, sofocos, deseos, calor y una pasión como nunca la había sentido.
- ¡Oh Dios!- se llevó sus manos a su boca y así impedir y hacia allí y morderlo.
Edward sonrió….si, la jugada, un as bajo la manga, la jugada perfecta…Madame Isabella Swan y el maldito cielo prometido entre sus piernas.
Y si Alistair o Tania lo impiden, mataré a ambos.
This is love…
"…El amor es un humo que sale del vaho de los suspiros; al disiparse, un fuego que chispea en los ojos de los amantes; al ser sofocado, un mar nutrido por las lágrimas de los amantes; ¿qué más es? Una locura muy sensata, una hiel que ahoga, una dulzura que conserva (Romeo y Julieta)" Shakepeare.
Gracias por leer.
