X- Presión

Ir a visitar a su madre por las tardes se había convertido en una costumbre para Luke, igual que irse de su habitación sin obtener respuesta alguna. Aquella tarde, como todas las demás, esperó a que el dormitorio se quedase vacío y entró, cerrando la puerta tras de sí y sentándose en el borde de la cama. Como siempre, entrelazó los dedos con los de la mano inerte de la duquesa, comprobó que la fiebre no hubiese subido y se quedó mirándola unos momentos. Suzzane tenía el gesto relajado, como si sólo estuviese dormida, pero sus rasgos empezaban a demacrarse a causa de los meses que llevaba en coma. El monitor que vigilaba su ritmo cardíaco emitía pitidos a intervalos regulares y su pecho subía y bajaba a un ritmo lento pero constante. Su cabello pelirrojo empezaba a clarear a gris en algunas zonas, igual que el de su marido, pero seguía siendo tan abundante y suave como siempre.

-Hola, madre- susurró Luke al cabo de unos momentos de silencio-. Ya está el pesado de tu hijo aquí otra vez. Siento venir a molestarte todos los días, pero... siento que eres la única que nunca me ha juzgado por las cosas que he hecho. Y hoy... necesito que alguien me escuche sin juzgarme.

Tomó aire y le acarició el dorso de la mano con el pulgar, mirando de reojo su rostro y el monitor por si había algún cambio. Nada.

-Hace ya casi dos meses que volví de Daath. Ya te dije que Anise consiguió convertirse en Maestra Fónica, ¿verdad? Pasaron muchas cosas en Daath, no sólo eso. Asch y yo... hemos estado escribiéndonos desde entonces, porque él no puede irse de allí y a mí ya me tocaba quedarme aquí, y de alguna forma tenemos que mantener el contacto ahora que ya no podemos hablar mentalmente.

Otra pausa. Otra mirada de reojo. Ningún cambio.

-Hay... hay una cosa que no te he contado. Y no debería habértelo ocultado durante tanto tiempo, pero es que... tenía miedo. Aunque ahora que lo pienso, tú ya lo sabías, ¿no? Me pusiste en el camino correcto- sonrió y cerró los ojos-. Madre, yo... ya sé lo que es Asch para mí. Es lo que me falta, mi otra mitad. Puede que nadie lo apruebe, que a la gente no le gusten estas cosas, pero es así. Le necesito... y él también a mí.

El pelirrojo abrió los ojos y se dio cuenta de que los tenía húmedos. Se apresuró a limpiarse con la manga del traje las lágrimas que asomaban y le apretó la mano a Suzzane.

-Hace dos meses que me escribo con él. No es fácil y a veces me dan ganas de mandar la corte a tomar viento y plantarme en Daath con el primer Albiore que salga para allá, pero lo sobrellevamos como podemos. Al menos me contesta casi cada día, me cuenta qué tal les va a él y a los demás por allí... Lo han destinado temporalmente en la Bahía de Daath para que su división ayude a mantener el orden en las calles y evitar nuevos atentados como el de la elección. Alguna vez me ha dicho que le tentaba la idea de escaparse de polizón en un barco que venga hasta Baticul para vernos, que no sería la primera vez que lo hace, pero siempre le digo que no debe. Y ya te digo que me contesta enseguida, o al menos... suele hacerlo. Aunque hace cuatro días que no sé nada de él y eso es raro, pero bueno, supongo que le habrá surgido cualquier cosa.

Dedicó una última mirada a su rostro imperturbable, sólo para comprobar que, como de costumbre, no había señales de que Suzzane le hubiese oído siquiera. Luke suspiró y le soltó las manos, dándole un beso en la mejilla y levantándose de la cama.

-Eso era todo lo que quería decirte. No te molesto más, madre. Por favor, despierta pronto- murmuró.

Se giró y se dirigió a la puerta, pero al abrirla se topó con una cara severa y demasiado conocida. El miedo le recorrió la espalda como una mano helada, arrancándole el color del rostro.

-Padre- atinó a saludar.

-Luke, no molestemos más a tu madre. Hablemos en mi despacho- ordenó Crimson. Luke, temblando, se encogió y lo siguió. El chasquido de la puerta del despacho al cerrarse a su espalda sonó casi como el cerrojo de una celda. Su ritmo cardíaco se disparó.

-¿Has oído todo lo que he dicho?- preguntó el menor de los pelirrojos, aterrorizado. Sabía que tarde o temprano aquel momento llegaría, pero esperaba que Asch estuviese ahí para apoyarle cuando sucediera. Su padre, sentado tras la mesa del ordenado escritorio, le devolvió una mirada dura.

-He oído lo suficiente. He de admitir que no me son desconocidas este tipo de situaciones, pero jamás pensé que ocurriría en mi propia casa. Y menos aún entre mis propios hijos.

-No es culpa de Asch, padre, te lo prometo. Fue idea mía, yo tomé la iniciativa- se apresuró a decir Luke, apoyándose en el escritorio para no cargar todo su peso sobre unas piernas que de repente parecían de gelatina-. Si no hubiera sido por mí...

-Silencio- interrumpió el duque. Luke enmudeció y apretó la mandíbula, retrocediendo medio paso y abrazándose el torso en un gesto instintivo de protección-. No me importa de quién fuese la idea. Lo único que me importa es que esto no salga de la mansión. Si se extiende el rumor de que hay una relación pseudoincestuosa entre mis hijos, que además son ambos varones... No hace falta que te diga lo que puede pasar con nuestra familia.

-¡Asch no es mi hermano! ¡Es mi original, ni más ni menos!

-¿Crees que eso importa? A ojos de la ley no sólo sois hermanos, sino que tú además estás casado con la futura reina de este país.

Luke dejó caer los brazos, apretó los puños y la ira se abrió paso en su interior, ganándole terreno al miedo.

-Padre, con todos mis respetos- dijo a media voz, luchando por no saltar y gritar lo que realmente pensaba-, pero no eres el más indicado para darme lecciones sobre no tener amantes fuera del matrimonio.

El duque lo miró de hito en hito, pero a Luke no le costó ver que había dado en el clavo. Era un golpe bajo y seguramente se arrepentiría en unas horas de haberlo dicho, pero en ese momento sólo pudo sentir satisfacción de ver a su padre intentando encontrar las palabras que de repente habían abandonado su garganta.

-Desconocía que estuvieses al corriente de... eso.

-Pues lo estoy. Y no voy a volver a mencionar el tema, pese a que podría estar horas y horas hablando de lo injusto que me parece que le hicieras algo así a madre y de lo distinto que es del caso de Natalia y mío, porque madre sí te quiere y entre Natalia y yo no hay más que amistad, además de que prácticamente nos obligasteis a casarnos- masculló Luke. Sus puños se apoyaron sobre el escritorio de nuevo-. Sólo te voy a decir esto: Asch dijo que no tenías ningún derecho a decirnos lo que podíamos hacer o no, no después de desentenderte del riesgo que corrimos en Akzeriuth y en la Torre de Rem. Y no me gusta admitirlo, pero tiene toda la razón. Así que puedes odiarme si quieres, puedes renegar de mí como hijo y desheredarme, incluso puedes poner de excusa que soy una réplica, pero no vas a cambiar lo que siento. Y sobre todo... no vuelvas a espiarme.

-No te estaba espiando- negó el duque tras una breve pausa. Sus ojos castaños descendieron hasta la mesa y su mano derecha subió hasta su rostro, rascándose los lacrimales en un gesto dolorosamente parecido a como lo hacía Asch-. Sabía que estabas allí, pero mi intención era esperar a que salieras, no oír lo que decías. Lo siento.

La ira se fue disolviendo en desconcierto dentro de Luke.

-Entonces, ¿qué querías?

-Siéntate, por favor. Lo que voy a decirte puede ser duro.

Luke obedeció, algo más calmado. Su padre entrelazó las manos sobre la mesa y lo miró seriamente, pero en sus ojos se veía una chispa de cansancio.

-Tu madre no mejora. Los médicos han agotado todas las ideas lógicas, así que hace una semana les di permiso para que realizaran un análisis de sangre para comprobar teorías que en principio tendrían menos sentido- explicó-. No están seguros de lo que han encontrado, pero no es la enfermedad de siempre. Es algo nuevo... y no descartan que haya sido un envenenamiento.

El color abandonó por completo la cara de Luke, al igual que la ira se disipó por completo en un instante de su corazón.

-¡¿Qué?!

-Luke, por favor, serénate. Tienen que realizar más análisis, pero empiezan a sospechar que alguien podría haberla envenenado. Todavía no saben con qué exactamente, pero he puesto sobre aviso a Su Majestad. Si finalmente se confirman nuestras sospechas, iniciaremos una investigación... y aun después de oír lo que he oído antes, creo que Asch y tú sois los más apropiados para dirigirla.

Luke se hundió en la silla, procesando todavía las palabras de su padre. Por un lado, aquello no tenía ningún sentido: todo el mundo adoraba a Suzzane, ¿quién iba a querer envenenarla? Pero por otro... Si no era su enfermedad y los médicos no daban con el motivo de su empeoramiento...

-Hace cuatro días que no sé nada de Asch, pero puedo escribir a Tear para que le dé un permiso- atinó a decir finalmente.

-Muy bien. Si finalmente se confirman nuestras sospechas, hazlo- asintió el duque, levantándose-. Eso era todo, ya puedes irte.

Luke se levantó también, todavía con las rodillas temblorosas, y se dispuso a salir del despacho. Pero justo antes de posar la mano en el picaporte de la puerta, la voz de su padre lo detuvo:

-Hijo- llamó Crimson, con una nota de vacilación-. Los matrimonios entre dos varones o entre mujeres no están contemplados en la legislación vigente... pero algún día serás rey y tendrás potestad para dictar nuevas leyes si así te place.

El joven se giró a mirarle, sorprendido, pero su padre estaba entretenido examinando los libros de su estantería y le daba la espalda. Luke suspiró hondo y abrió la puerta.

-Gracias, padre. Lo tendré presente- murmuró antes de salir del cuarto.

No hizo falta escribir a Tear. A la mañana siguiente, a Luke le despertaron unos labios conocidos recorriendo su cuello. Al principio pensó que era un sueño, pero cuando los labios dieron paso a dientes que le mordisquearon la sensible piel sobre la yugular se despertó de golpe con la respiración acelerada, pegando un bote y arreándole un cabezazo sin querer a Asch, que como caído del cielo estaba sentado en el borde de la cama e inclinado sobre él.

-Ay- se quejó el mayor, llevándose una mano a la frente-. Vaya forma de saludarme, réplica, encima que te despierto de buenos modos...

-¿Asch? ¿Qué demonios...?- A Luke le paralizó el miedo durante unos segundos, hasta que se dio cuenta de que estaba en la habitación de invitados y no en el cuarto de Natalia. Aun así, no pudo evitar quedarse mirando atónito a su contraparte, sin ser capaz de articular palabra hasta que éste suspiró y le arreó una colleja que le devolvió a la realidad-. ¡Ay!

-Eso mismo he dicho yo, "ay". ¿Te has implantado acero en el cráneo o algo así? Menudo cabezazo me has metido...

-¿Pero qué haces aquí? ¿No estabas en...?

-Salí de la Bahía de Daath hace cinco días, en uno de los barcos que venían para Baticul, espero que no hayas extrañado mis cartas desde entonces- explicó Asch. Luke abrió la boca para decir algo, pero el Errante continuó-: Sí, sé que me dijiste que no debía hacerlo, y me da igual. Le dije a Tear que me preocupaba el estado de mi madre y me dio permiso para venir unos días al mes, al menos hasta que despierte.

Luke hundió los hombros, recordando la conversación del día anterior con su padre.

-¿Has estado en casa?

-No, he venido a palacio directamente. Me encontré con Natalia en el pasillo y me dijo que estarías aquí. ¿Por qué, ha pasado algo?

Luke se mordió el labio y le echó los brazos al cuello, tirando de él hasta conseguir que se tumbase a su lado. Una vez tendidos sobre la cama, atrapó sus labios unos momentos y dejó escapar un ronroneo de satisfacción cuando Asch cerró los ojos y le devolvió el beso con ansia, bebiendo de él como si fuera un oasis en medio del desierto.

-Puede esperar- atinó a decir entre beso y beso la réplica-. Te he echado de menos... una barbaridad, maldita sea...

-Y yo a ti- jadeó Asch, enterrando los dedos en su revuelta melena de recién levantado y abandonando su boca para volver a pasear los dientes por su cuello-. Tienes trajes de cuello alto, ¿no?

-Sí, ¿a qué viene eso tan de repente?

Por toda respuesta, Asch pegó los labios a la piel de su cuello y mordió con fuerza, succionando hasta que una punzada de dolor atravesó aquella zona. Luke soltó un grito ahogado y apretó los dientes, consciente de la llamativa marca que le iba a salir allí y de la excitación que eso le provocaba. Se agarró a la túnica corta y negra que vestía el otro pelirrojo, en un débil intento por apartarle:

-Para... Va a venir alguien y nos va a pillar...- consiguió decir. Bastó para que el Errante cesara el asalto a su cuello y se incorporase, con algunos mechones del flequillo cayéndole sobre la cara y las mejillas coloradas-. ¿Has desayunado?

-Apenas. El mar estaba revuelto esta noche y no he conseguido comer nada. Y ahora que por fin el mundo ha dejado de moverse, me estoy muriendo de hambre- confesó Asch, rascándose la nuca en un gesto que se le debía de haber pegado de Luke.

-Eso es fácil arreglarlo. Baja conmigo al comedor y te pongo al día sobre lo último que ha pasado por aquí mientras hacías de antidisturbios.

Natalia ya había desayunado cuando los dos pelirrojos llegaron al comedor, y en cuanto el servicio desapareció, Luke se apresuró a contarle a Asch las sospechas de los médicos y de su padre sobre el prolongado coma de Suzzane y su deseo de que ellos lo investigaran. También le habló de la otra parte de la conversación, de cómo el duque se había enterado de lo que había entre ellos y de su insinuación de cambiar las leyes cuando Luke llegase al trono. Esto último suscitó una respuesta curiosa en Asch, que apretó los puños por la rabia pero no pudo evitar el sonrojo que le subió a las mejillas.

-De acuerdo, vamos a dejar el tema de nosotros a un lado y centrarnos en lo de madre- masculló el General Celestial una vez Luke terminó de hablar-. ¿Cuándo sabremos si es o no un envenenamiento?

El corazón de la réplica pegó un pequeño bote con aquel nosotros, pero se obligó a hacer caso a lo que su contraparte decía.

-No me lo dijo, supongo que padre me avisará- respondió-. La verdad es que no sé cuánto suelen tardar estas cosas.

Asch se encogió de hombros, seguramente tampoco lo sabía. Siguieron desayunando en un silencio sólo roto por el ruido de los cubiertos contra el plato y el de las tostadas crujiendo al partirlas, hasta que el mayor hundió los hombros y murmuró:

-Debería hablar con él, ¿verdad? Con padre, quiero decir.

Luke jugueteó con el cuchillo de untar, nervioso.

-¿Sobre... lo nuestro?- Asch asintió-. Sí, probablemente... deberías. Pero no tienes por qué hacerlo hoy mismo.

-No, cuanto antes mejor. Además, quiero ir a ver a madre.

-Te puedo acompañar si quieres, no tienes por qué...

-Luke, sé que quieres ayudar, pero hay cosas que es mejor hacerlas uno solo.

Era el turno de Luke de hundir los hombros. No le gustaba la idea de Asch enfrentándose a su padre a solas, aunque seguramente aun en el peor de los casos saldría mejor parado que él. La relación entre el duque Fabre y su verdadero hijo nunca había terminado de restaurarse del todo, y a Asch le importaba muchísimo menos que a su réplica lo que los demás pensasen de él. Era menos vulnerable en ese sentido, o eso quería creer Luke.

Un leve golpe del pie de su contraparte por debajo de la mesa lo sacó de sus pensamientos. Cuando alzó la mirada, Asch sonreía levemente.

-No pongas esa cara, sólo voy a hablar con padre. No voy al patíbulo ni nada parecido- bromeó. Luke soltó un bufido y le arreó un pisotón.

-Con eso ni se te ocurra bromear.

-¡Ay! ¡Oye, ya vale, que no has dejado de zurrarme desde que te has despertado! ¿Qué problema tienes hoy conmigo, réplica?

Tras desayunar, Asch se dirigió a la mansión y Luke esperó en palacio. Natalia lo mantuvo entretenido prácticamente toda la mañana enseñándole los bocetos de un nuevo proyecto para una escuela de ingeniería y fonotecnología en Belkend. La rubia tenía unas cuantas ideas muy interesantes que podían dar trabajo a bastantes personas y ayudar a formar a las réplicas que seguían sin terminar de integrarse en la sociedad, y ambos estuvieron enfrascados en perfilar los detalles del proyecto hasta que Asch volvió, ya a la hora de comer.

-Vaya, pero si parecéis una pareja casada, y todo- comentó al entrar en el pequeño despacho que Natalia había reclamado para sí en palacio, una habitación con ordenadas estanterías y una elegante mesa de cristal con patas de hierro forjado. Luke se giró a dedicarle una mirada furibunda que apenas duró dos segundos antes de convertirse en sonrisa. La princesa, por su parte, le rodeó el cuello con un brazo a su marido y lo atrajo hacia sí bruscamente, asfixiándolo por unos momentos.

-¿Celoso, Asch?- bromeó, con una sonrisa de oreja a oreja. El aludido se encogió de hombros y le devolvió una media sonrisa cómplice.

-En absoluto, princesa. ¿Qué os traéis entre manos?- inquirió, acercándose y ojeando los papeles esparcidos por la mesa. Natalia soltó a Luke, permitiéndole respirar por fin.

-Es una escuela nueva que quiero abrir en Belkend, a ver si así terminamos de integrar a las réplicas que quedan descolgadas por Kimlasca.

-Hm, tiene buena pinta. Suerte- deseó Asch, asintiendo. Luke alzó la mirada hacia él, preocupado.

-¿Qué tal ha ido?- preguntó. Los hombros del General Celestial se tensaron unos momentos.

-He visto a madre y no ha respondido a nada de lo que le he dicho- murmuró-. Y luego he ido a ver a padre. Hemos hablado, y... No está contento, pero no hemos llegado a discutir demasiado. Algo de lo que le dijiste ayer debió de hacerle pensar mucho.

Luke agachó la mirada, empezando a arrepentirse de haber sacado el tema de las infidelidades de su padre en la conversación del día anterior. Natalia los observaba desde detrás de la mesa de cristal, con las cejas alzadas y mirando de vez en cuando a Asch como si buscase una explicación, hasta que finalmente tomó la palabra en el silencio que se había impuesto:

-Tú y yo vamos a entrenar esta tarde, y vamos a hablar largo y tendido- declaró, clavando sus ojos verdosos en el Errante-. Quiero detalles, muchos detalles de todo eso que en las cuatro cartas y media que me has mandado no te has dignado a contarme.

Luke los miró a ambos, desconcertado, y Asch puso los ojos en blanco.

-Sí, señora- replicó, resignado.