XI- Tras la pista de la sombra

Natalia lo había sometido a un interrogatorio exhaustivo acerca de su relación con Luke, pero no tanto como el que estaba realizando ahora Asch a todos y cada uno de los miembros del servicio en la mansión Fabre.

Se había puesto el uniforme de General Celestial en vez de robarle alguno de sus trajes a Luke como venía haciendo la última semana de su estancia en Baticul. Maestro colgaba de su cadera, con la mano izquierda de su dueño apoyada encima de la empuñadura, y por una vez se había dejado el pelo suelto en vez de recogérselo en una trenza, recordando así lo máximo posible a sus tiempos como Asch el Sanguinario. El flequillo, eso sí, se quedaba hacia arriba; no quería que nada bloquease las miradas fulminantes que estaba dirigiendo a las sirvientas, los cocineros, el jardinero e incluso el mayordomo, que formaban una fila en el patio de la mansión delante de él.

-Lo diré una sola vez más- anunció el Errante, frunciendo el ceño y paseándose ante la fila de sirvientes-. Ayer nos llegaron los análisis de sangre de lady Suzzane, mi madre y vuestra señora como ama de esta casa que es. Los médicos han confirmado lo que ya sospechábamos: la han envenenado. El veneno, según los médicos, actúa rápido y sus efectos más inmediatos se dejan notar enseguida, lo que nos ha permitido establecer cuándo se le empezó a suministrar. Todos vosotros tuvisteis acceso a su comida en ese periodo, como hemos podido comprobar al revisar los turnos de la servidumbre, así que a vosotros me dirijo hoy para haceros una advertencia: atentar contra la vida de alguien de la familia del rey está penado con la muerte. Si descubro quién ha sido antes de que esa persona confiese, la pena capital caerá sobre él o ella sin posibilidad de indulto ni rebaja de ninguna clase. Si confesáis antes de que os descubra, podremos llegar a un acuerdo y quizá sólo os caiga la cadena perpetua. ¿Me he explicado bien?

Toda la fila asintió casi simultáneamente, unos más asustados que otros, unos pocos imperturbables y la mayoría preocupados.

-Excelente. En ese caso, iré hablando con vosotros uno por uno a lo largo de la semana que viene. Si alguno intenta salir de la ciudad, el príncipe Luke ha ordenado que se realicen controles en todas las entradas y salidas de Baticul, incluso el pasadizo de la vieja fábrica que lleva al desierto está vigilado- siguió Asch-, así que no os recomiendo intentar huir. Bien, eso es todo. Si alguien quiere decirme algo antes de que vaya a hablar con él, podéis encontrarme en palacio. Y ahora, todo el mundo de vuelta al trabajo. YA.

Los sirvientes se miraron entre ellos y la fila se dispersó lentamente. Algunos se marchaban en parejas, otros solos, y unos pocos se quedaron rezagados lanzándose miradas entre sí y hacia el General Celestial, pero finalmente el patio se quedó vacío. Asch los observó a todos irse, analizando sus reacciones como llevaba haciendo toda la mañana.

Tenía unos cuantos sospechosos, pero eran más por intuición que otra cosa. Empezaría a investigarles a ellos primero, pero no podía empezar a acusar a nadie sin pruebas. Se rascó los lacrimales, algo cansado, y se apartó los mechones ondulados de cabello rojo que le caían por el pecho, echándoselos por encima de los hombros.

-Das verdadero miedo cuando te pones en plan sargento- oyó decir a una voz conocida a su espalda. Se giró y ahí estaba Luke, apoyado contra la pared de la mansión y con las manos enterradas en los bolsillos. Llevaba el uniforme de vizconde, como era ya su costumbre.

-Perdona pero mi rango está unos cuantos escalones por encima. ¿Cuánto llevas ahí?

-Sólo los tres últimos gritos. ¿Qué tal ha ido?

Asch se dejó caer en uno de los bancos del patio, sacando a Maestro de su cinturón y dejándola a un lado para que no estorbase. Luke sonrió y se sentó a su lado.

-Me parece que les he metido miedo suficiente para que alguno empiece a irse de la lengua de aquí a un par de días. Habrá que ver si alguien intenta salir de la ciudad, y si lo hacen, los arrestaremos y empezaremos a indagar más a fondo. Es demasiada gente como para lanzarse a ciegas- murmuró el mayor. Luke asintió y se tumbó en el banco, descansando la cabeza sobre su regazo. Las manos de Asch no tardaron en enterrarse en su larga y espesa melena pelirroja y la réplica cerró los ojos, disfrutando de la sensación de tener a alguien jugando con su pelo.

No obstante, en cuanto el Errante se dio cuenta de lo que estaba haciendo, se detuvo y apartó las manos de golpe. Luke entreabrió un ojo y lo miró, ceñudo.

-¿Por qué paras?

-No es el sitio- masculló Asch, mirando alrededor. El patio estaba desierto, pero a él daban muchas ventanas que podrían no estarlo. Luke soltó un bufido y se incorporó, volviendo a sentarse y cruzándose de brazos.

-Cualquiera diría que te avergüenzas de esto.

-¿Tú no?

-Pues no, mira, resulta que no. Creo que he hecho cosas mucho peores que ponerme cariñoso con el hombre al que quiero- replicó Luke. Asch se mordió el labio. Él también había hecho cosas peores que juguetear con el cabello del más joven, y siempre había sido de los que pensaban que cada cual puede hacer lo que quiera y le dejen con quien quiera y le deje, pero ahora que se veía él mismo en la situación... La mayoría del tiempo, cuando estaban solos a puerta cerrada, no le importaba. Pero cuando se encontraban en un sitio público no podía evitar notar el estigma social de estar con alguien del mismo sexo. Todavía tenía mucho que aprender a ese respecto.

-Lo siento- murmuró, desviando la mirada. Luke suspiró y posó la mano sobre la suya, apretándola entre sus dedos enguantados.

-No pasa nada.

Asch no se apartó esta vez, sino que tragó saliva y le devolvió el apretón. Tenía que empezar a cambiar su mentalidad con aquel asunto si quería llegar a alguna parte, no ya con Luke, sino consigo mismo. Hacía ya tiempo que había aceptado cómo era su contraparte, ahora tenía que aceptarse a sí mismo.

Extrañamente, aquello se le hacía mucho más difícil.

Apenas habían pasado dos días desde la "charla" en el patio de la mansión Fabre cuando Asch empezó a interrogar a los criados más sospechosos por separado. Ninguno tenía coartada, como ya esperaba, pero tampoco consiguió averiguar posibles motivos para envenenar a Suzzane. La dama Fabre era una mujer muy querida no sólo en su casa sino en toda Baticul, incluso en Belkend se contaban sus bondades. Al tercer día, sin embargo, los controles que había apostado Luke en las salidas de la ciudad detuvieron a una de las cocineras, una mujer ya mayor llamada Claire que había intentado salir aprovechando la multitud de la hora punta. Para su desgracia, los guardias a esa hora estaban más que alerta precisamente por la cantidad de gente armando barullo que se amontonaba en las calles.

La llevaron a los calabozos reales bajo órdenes de Asch, pero el Errante insistió a los guardias en que se le diese una celda seca y bien acondicionada para alguien de su edad, con un camastro a una altura razonable del suelo y lo bastante cómodo para que su espalda ya algo encorvada no sufriese más de lo debido.

Claire estaba hecha un manojo de nervios cuando el General Celestial bajó a verla a las mazmorras. Se retorcía las huesudas manos y se pasaba los dedos por el pelo cano recogido en un apretado moño cada pocos segundos, y sus ojos negros parapetados detrás de unas gafas de pasta bailaban de un lado a otro. Cuando Asch se sentó en una silla delante de los barrotes de su celda y se cruzó de brazos, la anciana empezó a juguetear con un dije de plata redondo que llevaba al cuello.

-Supongo que adivinas por qué estás aquí- comenzó Asch, rompiendo el silencio. Claire asintió sin dejar de manosear el dije-. Bien. Entonces confío en que esto será rápido. Hace tres días os advertí a todos los del servicio que cualquiera de vosotros que intentase salir de la ciudad sería detenido. Aun así, tú has intentado largarte.

-Así es, señor.

-¿Por qué?

-Por... por desesperación, señor- admitió la mujer-. Pensé que tal vez a la hora a la que hay más gente pasaría desapercibida. Tenía miedo de que me tocase el turno de ser interrogada, pues soy una mala mentirosa y...- la voz se le quebró y el dije empezó a moverse aún más rápido entre sus manos.

-Asumiré entonces que has tenido algo que ver con el envenenamiento de mi madre.

-Así es, señor- la anciana parecía al borde del llanto-. Pero os juro por Yulia Jue que no fue por iniciativa propia. Habría deseado no hacerlo, pero no tuve alternativa...

-¿Qué quieres decir? ¿Alguien te ordenó hacerlo?- preguntó Asch, frunciendo el ceño.

-Sí, señor. Tienen a mi nieto, a mi pobre Darren...- llegados a este punto, las lágrimas empezaron a resbalar por el ajado rostro de Claire-. Mi niño, mi pobre niño... Después de quedarse huérfano, yo debía cuidar de él, pero he fallado y ahora... ahora...

Asch se levantó de la silla y se acercó a los barrotes, pero no lo suficiente como para que la anciana pudiese alcanzarlo si sacaba el brazo entre ellos.

-Si me hablas de tu nieto, tal vez pueda ayudaros a ambos- dijo, con la voz mucho más suave que hacía unos momentos. Claire asintió entre hipidos y consiguió tranquilizarse a duras penas.

-Mi hija y su marido vivían en Daath, pero fallecieron poco después de ir a que les leyeran la Partitura, hace más de cinco años- explicó, con la voz tan temblorosa como sus manos-. A Darren no le quedaba más familia, así que me lo traje aquí a Baticul para cuidar de él. Pero entonces, hace unos meses, una mujer apareció en mi casa justo después de que acostara a mi nieto. Señor Asch, os juro que esa mujer era igual que mi hija, os lo prometo. No son delirios de una anciana, os puedo jurar sobre la bendita Yulia Jue que aquella mujer era la viva imagen de Miriam. Pero no era ella. Miriam nunca fue tan fría y desde luego era incapaz de hacer daño a nadie. Pero esa mujer... me tiró al suelo, me advirtió que si la denunciaba mataría a Darren, y se llevó a mi nieto.

Una semana después volví a verla. Me dijo que si quería volver a ver a mi pequeño con vida debía hacerle un favor. Me dio un frasco de un líquido inodoro e incoloro y me dijo que debía echarlo en la comida de lady Suzzane durante dos días enteros. Si obtenía los resultados que deseaba, me devolvería a mi nieto. No he sabido de ella en meses, pero todavía conservo un poco del veneno, por si sirve para hacer un antídoto.

Asch escuchó atentamente y frunció el ceño cuando la mujer terminó. Una mujer igual que su hija, pero que no era su hija... Aquello sonaba a réplica. ¿Pero qué iba a tener una réplica en contra de Suzzane? La duquesa había sido, junto con Luke y Natalia, una de los aristócratas que más se preocupaban por el colectivo de réplicas de Kimlasca. Claire no parecía mentir, pero aquello no tenía sentido...

… salvo que la secuestradora estuviese obedeciendo órdenes de alguien más.

-Claire, escucha con atención. Voy a hacer lo que me sea posible por recuperar a tu nieto, pero necesito que me des una descripción detallada de esa mujer que se hace pasar por tu hija. De hecho, es probable que sea una réplica suya, así que una fotografía de Miriam me vendría muy bien.

-Claro, claro, lo que sea necesario, pero por favor, encontrad a mi Darren- suplicó la anciana. Asch asintió y la mujer se quitó el dije que le colgaba del cuello, tendiéndoselo al joven a través de los barrotes-. Ahí tenéis. Os ruego que me lo devolváis cuando la encontréis, es lo único que me queda de ella.

-Lo tendrás de vuelta, no te preocupes. Gracias por colaborar, y siento que haya tenido que ser en estas circunstancias.

Claire bajó la mirada y Asch abrió el dije, examinando su interior. Tenía dos fotografías, una de una pareja sonriente y otra de un niño con gesto travieso. El niño, de cabello negro y ojos azules, debía de ser sin duda Darren. De la pareja, el hombre tenía los ojos azul hielo de su hijo y el pelo casi blanco, un color que contrastaba vivamente con el negro azabache de la larga y rebelde melena rizada de la mujer. Sus facciones eran finas y sus ojos también negros, y sonreía con más ganas aún que su esposo. Algo en ella le resultaba a Asch vagamente familiar, pero no ubicaba el qué.

Frunció el ceño y cerró el dije, colgándoselo del cuello y ocultándolo bajo su uniforme, junto al anillo que le había regalado Natalia por su cumpleaños. Ya tenía algo por lo que empezar.

Claire permaneció en prisión principalmente por su propia seguridad, aunque a Asch no le gustaba tener a alguien de su edad en los calabozos. Dio órdenes a los guardias de que vigilasen que a la mujer no le faltase comida ni agua, y también les advirtió que estuvieran alerta y les mostró la fotografía del dije por si la presunta réplica intentaba ponerse en contacto con la anciana.

El Errante también escribió a Daath para pedirle ayuda a Tear con la investigación. Por lo que había dicho Claire, su hija había muerto poco después de que le leyeran la Partitura hacía más de cinco años. Tenía constancia de que Sync se había hecho pasar por Ion tras la muerte de éste para engañar a la gente y extraerles datos de replicación con la excusa de leerles la Partitura, así que no sería raro que Miriam y su marido hubiesen fallecido por eso. Si había informes de las réplicas que se habían creado en aquella época, Tear era quien tenía más probabilidades de ser capaz de encontrarlos, teniendo en cuenta que ahora ostentaba el puesto de General Dórica.

Luke fue el primero en saber de sus avances. Una vez le hubo puesto al corriente de lo que había conseguido sacar en claro, fueron a ver al duque juntos. Su padre los recibió en su despacho de la mansión y les dedicó una larga mirada crítica antes de indicarles que se sentaran y preguntar:

-Bien, ¿qué habéis averiguado?

Luke tomó asiento en una de las sillas que había frente a su escritorio, pero Asch se quedó de pie a su lado con una mano apoyada sobre el respaldo de su silla.

-Tenemos una posible sospechosa. Creo que podría ser una de las réplicas pertenecientes al Proyecto de Preservación de Van de cinco años atrás, pero todavía tengo que confirmarlo- explicó-. Le he pedido ayuda a la Comandante Grants, pero es posible que tenga que ir en persona a Daath. Si encuentra los archivos de esas réplicas van a ser muchísimos, no puedo pedirle que los revise ella sola.

-No acabo de entender cómo una réplica consigue infiltrarse en nuestro hogar y envenenar a mi esposa- dijo el duque frunciendo el ceño. Luke se rascó la cabeza y él y Asch cruzaron una mirada. No les hacía falta ninguna conexión mental para saber lo que ambos estaban pensando.

-Padre, sinceramente, no tiene tanto mérito. En esta casa se ha infiltrado mucha gente- señaló el más joven, volviéndose hacia el progenitor de su original.

-Luke...

-La sospechosa utilizó de intermediaria a una de las cocineras- se apresuró a intervenir Asch al oír el timbre de advertencia en la voz de su padre-. Parece ser que tiene secuestrado a su nieto y le está haciendo chantaje. Si mi teoría es correcta, es la réplica de su hija. La cocinera está ahora mismo bajo custodia de la guardia real.

El duque Fabre asintió, entrelazando los dedos y apoyando los codos sobre la mesa. Meditó unos momentos en silencio, mirando de uno a otro de los dos pelirrojos, hasta que finalmente dio una palmada en la mesa y se apoyó en el respaldo de su sillón.

-Muy bien. Habéis hecho un buen trabajo y confío en que seguirá siendo así. Asch, espero que me informes cuanto antes de si tienes que volver a Daath o no, así podré arreglar el tema del transporte. Me interesa que este asunto quede resuelto tan pronto como sea posible.

-Por supuesto. Ah, una cosa más. La cocinera conservaba una muestra del veneno que le dio la sospechosa, se la he entregado a los médicos para ver si pueden dar con un antídoto- añadió Asch. El gesto del duque se suavizó con sus palabras.

-Bien, gracias, hijo. Podéis retiraros.

Volvieron a palacio después de la charla y se quedaron en la habitación de invitados, que Luke había convertido prácticamente en su dormitorio. Una vez a solas, Asch se libró de los guantes y dejó a un lado su espada, dejándose caer bocaarriba en una de las camas y cerrando los ojos. Bajo la ropa notaba el peso ligero del dije de Claire contra su pecho, pero pronto otro peso bastante mayor sobre su cadera lo distrajo.

-No me habías dicho que a lo mejor te ibas a Daath- oyó decir a Luke con algo de reproche. Abrió los ojos y su contraparte estaba encima de él, con las manos apoyadas a los lados de su cabeza. Los largos mechones escarlata le hacían cosquillas en la cara.

-Caí en la cuenta después. Van hizo muchas réplicas, las que quedan hoy en día no son ni la cuarta parte de las que hubo. No puedo dejar que Tear haga todo el trabajo sola, ella también tiene sus preocupaciones- respondió Asch jugueteando con las puntas del cabello de Luke. Parecía que volvían a clarear, como lo habían hecho en el pasado.

-¿Puedo ir contigo?

-Me temo que no. Necesito que te quedes aquí vigilando si alguien intenta ponerse en contacto con Claire o atentar de forma más directa contra madre- respondió el más mayor. Luke inclinó la cabeza y le bajó el cuello alto del uniforme, acariciándole la sensible piel que había debajo con los labios.

-¿Seguro que prefieres que me quede?- ronroneó. Asch tragó saliva.

-Seguro.

-¿De verdad?- las manos de Luke siguieron abriéndole el uniforme y se colaron bajo la tela, acariciándole los músculos del pecho mientras sus labios seguían paseándose por su cuello. Asch cerró los ojos unos momentos, luchando por no caer en su juego.

-Puedes usar todos los trucos que quieras. Te necesito aquí, no en Daath. Lo sien...

Tuvo que interrumpirse al notar los dientes de la réplica sobre los tendones de su cuello. El General Celestial soltó un grito ahogado y le agarró por las mangas de la casaca, apartándole a duras penas y respirando con algo de dificultad.

-Luke, lo digo de verdad, lo siento. Me gustaría quedarme aquí o que pudieras venir a Daath conmigo, pero no es posible, ¿de acuerdo?

La réplica desvió la mirada y torció el gesto, pero no se le quitó de encima. En lugar de eso, volvió a inclinarse sobre él y a enterrar la cara en su cuello.

-Ya lo sé, idiota. Sólo era una excusa para meterte mano- sonrió. Y Asch abrió la boca para protestar, pero lo único que salió de ella fue un jadeo cuando Luke volvió a mordisquearle el cuello, exactamente de la misma forma que había hecho él para despertarle días atrás.