XII- Toxicidad

Desde el nombramiento de Anise como Maestra Fónica parecía que no había forma humana de que los Seis Generales Celestiales estuviesen de servicio a la vez. El primero en estar de baja había sido Cres por las heridas que se había llevado enfrentándose a Luke y Asch. Cuando se recuperó, Shion todavía seguía convaleciente por su brazo roto, y cuando finalmente a la Serpiente Dorada le dieron el alta, Asch pidió varios días de permiso para ir a ver a su madre. Y ahora que el Errante había vuelto, Hyren regresaba de Chesedonia gravemente enfermo.

Apenas habían transcurrido dos minutos desde que uno de los soldados de su sobrino la había avisado y Tear ya estaba dirigiéndose a toda prisa a la habitación del líder de la quinta división. Como todas las dependencias de los oficiales, se encontraba en uno de los sótanos de la sede del Oráculo, en uno de aquellos laberínticos pasillos subterráneos en los que tan fácil resultaba perderse si no se conocía el camino. Pero Tear ya tenía memorizado el edificio entero con todos y cada uno de sus recovecos y habría podido llegar a su destino con los ojos cerrados.

La puerta de la habitación estaba cerrada. Llamó con los nudillos un par de veces y esperó pacientemente, hasta que a los pocos segundos, Notta Irene abrió la puerta con cuidado y la miró con una chispa de desconcierto en sus ojos negros.

-He venido en cuanto me han avisado- explicó Tear a media voz-. ¿Puedo pasar?

-Por supuesto, señora. Discúlpeme, no esperaba visitas de nadie.

Tear le quitó importancia con una sacudida de cabeza y Notta abrió del todo la puerta, franqueándole el paso a su superior. La Comandante entró en la habitación, reparando en que era la primera vez que estaba allí desde que Hyren tenía el puesto.

Era un cuarto bastante bien iluminado, limpio y ordenado. En general todos los Caballeros del Oráculo tenían la costumbre de que nunca hubiese nada fuera de lugar en sus dependencias, y Hyren no era la excepción. Las paredes, aunque no tenían ventanas, estaban decoradas con dibujos de paisajes de todo Auldrant agrupados por su nacionalidad: en la que se veía nada más entrar estaban el Monte Roneal con Keterburg a lo lejos, el valle de Tataroo y las ruinas de Eldrant, Gran Chokmah, San Binah a la puesta de sol vista desde un Albiore y las puntiagudas estacas calizas del río Fubras apuntando hacia una luna llena enorme. Enfrente de la cama estaban Ciudad de Yulia, un árbol de Sephiroth visto desde el Qliphoth y la Torre de Rem; y alrededor de la puerta de entrada se veían Baticul contra la puesta de sol también, el desierto de Zao en uno de sus raros días de lluvia torrencial, el puente de Luke, el pantano de Inista envuelto en brumas fantasmales y el Castillo de Coral bajo una lluvia de estrellas. Encima de la cama, junto a un emblema de la Orden de Lorelei, podían verse un dibujo de las calles de Daath un día de mercado vistas desde lo alto de la Catedral y otro del manantial de Aramís. Salvo los dibujos del Qliphoth, que no estaban firmados, los demás llevaban las iniciales N.I. en una de las esquinas.

Seguramente aquellos dibujos le alegraban bastante el día a Hyren normalmente, pero en aquel momento el joven no estaba para disfrutar del arte. Tendido en la cama y arropado hasta la barbilla, el Tenaz respiraba con dificultad y mantenía los ojos cerrados. Estaba demasiado pálido y el flequillo rubio como el oro se le pegaba a la frente por el sudor, pese a que cuando Tear le acercó la mano a la cara, su piel estaba fría como el hielo. Al lado de su cama Notta había colocado una silla para vigilar su sueño.

-¿Puedo sentarme un momento?- preguntó Tear volviéndose hacia la otra mujer. Ésta asintió con la cabeza y rodeó la cama, arrodillándose en el suelo del lado contrario y apoyando los brazos sobre las sábanas sin dejar de mirar a Hyren. La General Dórica tomó asiento en la silla y se inclinó sobre el joven, preocupada-. ¿Lo ha visto un séptimo fonista?

-Giore- asintió Notta-. No consigue hacer nada por él.

-Los soldados me han dicho que fue un accidente, ¿sabes qué pasó exactamente?

-Unos mineros le pidieron ayuda porque creían haber encontrado un yacimiento metálico por debajo del desierto- explicó Notta en tono monocorde-. Tenían miedo de que les asaltaran y recurrieron a Hyren como protección. Cuando excavaron, resultó que lo que había era una bolsa de gas tóxico. El resto de mineros están igual o peor.

-No puede ser... ¿No era miasma, verdad?- preguntó Tear, horrorizada. Pero Notta negó con la cabeza-. Menos mal. ¿Y no se sabe qué era?

-He hecho llevar una muestra a Belkend para analizarlo. Van a tardar bastante.

Tear se quedó en silencio y observó a Notta. La Muerte Silenciosa parecía apagada, decaída, puede que incluso preocupada, y no perdía de vista a su compañero. Resultaba raro vislumbrar emociones como aquellas en un rostro como el suyo, que siempre parecía hecho de inmóvil porcelana. Los ojos de la General Dórica volvieron a Hyren, que seguía inconsciente; su pecho subía y bajaba a intervalos irregulares y de vez en cuando murmuraba algo ininteligible.

-Lo siento mucho- susurró Tear. La mujer alzó la vista hacia ella.

-No es culpa suya, Comandante. Además, Hyren es fuerte. Se recuperará.

-No espero menos de él. Por algo le llaman el Tenaz, ¿no es así?- sonrió la más joven. Notta asintió con la cabeza-. Oye, Notta, perdona mi indiscreción, pero... ¿Todos estos dibujos son tuyos?- preguntó Tear suavemente, intentando distraer a su subordinada de sus cavilaciones aunque fuese unos segundos.

-Sí, salvo los de ahí- respondió ella, señalando los que correspondían al Qliphoth-. Esos son de Hyren. Los hizo poco antes de marcharse de Ciudad de Yulia.

-Ya veo.- "Seguramente para recordar su hogar" pensó Tear con una sonrisa nostálgica-. Son preciosos. No sabía que dibujabas tan bien.

-Gracias. A él también le gustaron- murmuró la General Celestial, volviendo a mirar a Hyren y apoyando la barbilla en los brazos.

-Hyren y tú siempre habéis estado muy unidos. Me alegra que tenga alguien que se preocupe tanto por él, y que tú tengas alguien por quien preocuparte- añadió Tear. Una de las delgadas manos de Notta se entrelazó con las de Hyren sobre las sábanas, pero el joven no reaccionó al contacto.

-Hyren es la única persona por quien soy capaz de preocuparme- murmuró la mujer de negro. La General Dórica miró de uno a otro. En la Orden todo el mundo sabía que Notta y Hyren se llevaban bien. La Muerte Silenciosa había actuado de maestra en muchos sentidos para Hyren, enseñándole artes fónicas muy complejas y vigilándole las espaldas durante casi toda su carrera. Tear le estaba profundamente agradecida por cuidar de su sobrino, la única familia aparte de su abuelo que le quedaba. Y además estaba la influencia que el propio Hyren causaba en Notta, que siempre había sido una mujer fría y distante de todo y de todos. Cuando estaba con el Tenaz, no obstante, parecía abrirse un poco al mundo, aunque fuese a través de él.

Tear suspiró y se levantó de la silla. Hyren estaba en buenas manos, lo había podido comprobar. Era hora de volver al trabajo.

-Recupérate pronto, General Celestial Regnar- murmuró-. Notta, lo dejo en tus manos.

-Comandante- asintió la mujer. Tras una última ojeada a los dibujos de las paredes, Tear dio media vuelta y salió del cuarto.

Encontrar los documentos sobre el Proyecto de Preservación y las réplicas implicadas en él le había costado dos semanas. Anise no había podido ayudarla, ya que ahora tenía que gobernar un país entero y Tear no quería cargar más responsabilidades de la cuenta sobre sus hombros. Además, aquel proyecto había sido puesto en marcha y encubierto por su hermano; quien tenía más posibilidades de encontrar algo era ella misma.

Había tenido que ir hasta Belkend para recuperar los dichosos archivos, y seguramente sin la ayuda de Spinoza no lo hubiera conseguido. Pero tras dos semanas de búsqueda, al fin los tenía, y Asch ya estaba en Daath para empezar a revisarlos. Habían hecho instalar un ordenador en uno de los sótanos más recónditos de la Catedral para analizar los diez discos fónicos en los que Spinoza había copiado la base de datos de réplicas, y delante de la enorme pantalla la esperaba el pelirrojo, jugueteando con el anillo que le había regalado Natalia por su cumpleaños entre los dedos. Al oírla entrar en el sótano se volvió a meter el anillo con la cadena que lo sujetaba por dentro del uniforme y alzó la mirada.

-Tear- saludó-. He oído lo de Hyren, ¿qué tal está?

-Mal- admitió ella, colocándose a su lado y echando un vistazo a la pantalla-. Lo que sea que le tiene en cama no responde al séptimo fonón, pero a juzgar por cómo suda, diría que su cuerpo intenta expulsarlo por sí solo. Un par de doctores irán a examinarlo, a ver qué se puede hacer por él, pero de momento sólo podemos esperar.

-Lo siento- murmuró Asch. Pero Tear sacudió la cabeza.

-No pienses en ello. Bueno, ¿qué tal vas tú por aquí? ¿Has empezado?

-Estaba esperando a que terminase de cargar el primer disco. Parece que tiene un montón de datos- gruñó Asch, fulminando con la mirada el ordenador como si así pudiese hacer que fuese más rápido. En la pantalla, una barra de progreso parpadeaba llenándose poco a poco-. Joder, te juro que el condenado lleva ya media hora cargando. Como sea así con todos los discos voy a tardar una vida en encontrar a esa maldita réplica.

-Si quieres podemos ir haciendo turnos para revisar los datos, así aceleraremos un poco el proceso.

-Tear, te lo agradezco, pero ya has hecho demasiado por mí, no voy a seguir pidiéndote favores. Me iré turnando con Shion, que él no tiene que dirigir un ejército entero.

-¿Confías en él como para dejar que te ayude con esto?- preguntó Tear frunciendo el ceño.

-Sí.

-¿Puedo saber el motivo?

Asch sonrió levemente.

-Hay muchos, haber servido a mis órdenes ayuda. Pero el principal es que hace seis años, Van le tendió la mano, y Shion le escupió en la cara. Es algo mucho más sensato que lo que hice yo, ¿no te parece?

Tear tenía que admitirlo, en eso le daba la razón.

-Bien, confiaré en tu criterio. Después de todo, desde que volviste con nosotros no te has equivocado en nada- sonrió ella finalmente. Asch se volvió a mirarla, sorprendido, y se llevó una mano a la nuca en un gesto algo azorado.

-¿Tú crees?

-Sí. Y si estás pensando en Luke, él también va incluido en el lote de decisiones con las que no te has equivocado.

Las mejillas de Asch se pusieron a juego con su cabello durante apenas unos segundos.

-Gracias- murmuró-, pero todavía no sé si estoy de acuerdo contigo en eso.

En los días que siguieron, Asch y Shion fueron turnándose para desaparecer de la vista de todo el mundo y encerrarse en el sótano con el ordenador, vigilando el proceso de descarga de los discos fónicos. Cada disco tardaba en cargar unos dos o tres días, y una vez que la base de datos estaba lista, podía tardar entre uno o dos días más para que un programa de reconocimiento facial comparase todas las fotografías de cada archivo con la del dije.

Cuando llevaban ya tres discos revisados y ningún resultado satisfactorio, Asch recibió una carta de Baticul. Los médicos habían dado con un antídoto gracias a la muestra de veneno que conservaba Claire y Suzzane mejoraba rápidamente. Con un poco de suerte, despertaría del coma en unos días. Tear no lo dudó y le dio permiso para marcharse de inmediato, y aunque Asch no quería dejar la investigación sobre las réplicas a la mitad, Shion consiguió convencerle de que haría "horas extra" en ello si era necesario y que no se preocupase por nada.

Una semana después de la partida de Asch, Hyren empezó a mostrar síntomas de mejoría también. Tear fue a verle en cuanto supo que estaba consciente y con ánimos de recibir visitas, y cuando llegó a su cuarto, se lo encontró sentado en la cama con las piernas extendidas y estirándose para tocarse las puntas de los pies. Notta estaba de pie a los pies de la cama, con un gesto que podría ser reprobatorio y cruzada de brazos.

-No deberías esforzarte tan pronto- le estaba diciendo.

-Notta, llevo una semana y pico en la cama, me duele todo de estar sin hacer nada.

-O te quedas quieto por propia voluntad o te corto los tendones.

-Me gustaría ver cómo me atrapas para hacer eso. Soy mucho más rápido que tú, ¿recuerdas?

-Te poco te servirá ser rápido sin tendones.

-Pues me los vuelvo a unir, porque soy un séptimo fonista y puedo.

Tear sonrió ante las miradas retadoras que intercambiaban los dos Generales Celestiales y carraspeó para hacerse notar. Hyren y Notta alzaron la mirada hacia ella, sorprendidos de verla pese a que momentos antes le habían dicho que entrara cuando había llamado a la puerta. Enzarzados en la "discusión", debían de haberse olvidado de su presencia.

-Disculpad la interrupción. Veo que te encuentras mejor, Hyren.

-Así es, Comandante. Pese a que Notta se empeñe en incapacitarme para que descanse, creo que podré incorporarme a mis tareas en unos pocos días- sonrió el joven.

-Me alegra oír eso, pero procura no sobreesforzarte. Si necesitas una semana más de descanso no tengo problema en concedértela- propuso Tear-. De todos modos, todo está bastante tranquilo últimamente.

-Gracias, Comandante, pero de verdad le digo que no es necesario. Y Notta me ha dicho que Asch está de viaje otra vez, así que supongo que preferirá contar con el resto de sus Generales Celestiales a pleno rendimiento, ¿no?

-No me vendría mal teneros a todos en activo de cuando en cuando- admitió la General Dórica con un suspiro-, pero a veces estas cosas no pueden evitarse. No obstante, si tantas ganas tienes de volver, seguramente sea mejor que te incorpores cuanto antes. Te sentará bien algo de actividad después de tanto tiempo convaleciente.

-¡Bien! Gracias, Comandante- sonrió Hyren, alzando un puño en el aire y mirando a Notta con triunfo-. ¡Ja! Te dije que me dejaría incorporarme. ¡Me debes veinte galds, morena!

Notta, por toda respuesta, puso los ojos en blanco durante una fracción de segundo. Ninguna otra parte de su cuerpo mostró reacción alguna aparte de esa.

-Por cierto, Comandante- dijo el Tenaz de repente, volviéndose hacia Tear ya más serio-. Me gustaría encargarme de la bolsa de gas que descubrimos en el desierto, si no es inconveniente. Temo que pueda haber más y quisiera volver para asegurarme de que nadie se tope con algo así por accidente.

-Hyren...- murmuró Notta, preocupada. Tear lo consideró unos momentos.

-Te permitiré hacerlo si me garantizas que tomarás todas las precauciones necesarias para que no haya otro accidente- dijo finalmente-. Nos has dado un buen susto a todos, Hyren. Antes de partir, revisaré que lleves las medidas de seguridad oportunas para una misión así, y no te irás hasta que un experto les dé el visto bueno. ¿Entendido?

-Sí, señora.

-Bien. No os molesto más- sonrió la Comandante, despidiéndose de ellos y dejándolos a solas.

Natalia siempre le escribía cartas para mantenerla al día de lo que sucedía en Kimlasca, de la misma forma que Tear la informaba de cuanto pasaba en Daath. En los últimos días la mayoría de las cartas hablaban sobre la recuperación de lady Suzzane y las fiestas que había en Baticul para celebrarlo, o de la envidia que le daban a la princesa Luke y Asch cada vez que los veía juntos por palacio o por la mansión Fabre. Pero una de las cartas que le envió dejó a la General Dórica bastante preocupada.

Según le contaba Natalia en el escrito, por Kimlasca empezaban a extenderse rumores sobre infidelidades de la futura reina a su marido. Nadie tenía pruebas de que tal cosa fuese real, pero las habladurías no dejaban de extenderse y Natalia cada vez era menos capaz de ignorar los cuchicheos a sus espaldas. Tear le escribió de vuelta aconsejándole que ignorase a los murmuradores, pues cuanta menos atención se les prestase, menos crédito tendrían, pero entonces recibió otra carta de su joven amante en un tono aún más preocupante. Los rumores se habían ampliado: ahora no sólo la acusaban de ser infiel a Luke, sino también de estar engañándole con otra mujer.

Aquello hizo saltar las alarmas internas de Tear. Las habladurías estaban ya acercándose demasiado a la verdad y eso era peligroso para ambas. Si el pueblo de Daath se enteraba de lo que tenían... La tranquilidad que Anise y ella habían conseguido que reinase por fin en la Orden de Lorelei y en el país podía irse al traste en apenas unas horas. Y la gente de Kimlasca-Lanvaldear, ¿quién sabía cómo iban a reaccionar? Natalia iba a ser su reina, después de todo. Algo como aquello podía levantar al pueblo contra la princesa y echar por tierra todo por lo que la joven rubia había trabajado durante toda su vida.

Tear escribió de nuevo a Natalia para preguntarle si requería su presencia en Baticul, pero ella se negó. Estaba demasiado asustada con la idea de que su visita terminase de disparar los rumores. Y esa noche, Tear se fue a la cama con miedo, pero no de que aquello truncase su carrera en los Caballeros del Oráculo o el futuro de Natalia como princesa. No, lo que más temía era que por culpa de unas habladurías tuviesen que separarse.

A esas alturas, cortar lazos con Natalia sería tan doloroso como separar la uña de la carne.