Los personajes le pertenecen a Meyer, la historia es mía.

Gracias a todas las chicas que han dejado comentarios sobre este divertimento, se los agradezco de todo corazón, son muy amables, a las lectoras fantasmas, sombras bellas que sueñan con aquel Londres victoriano donde el amor es fiebre que se oculta entre bellos vestidos de seda, mil gracias.

A mí adorada Beta preciosa: Belen Robsten, quien como amiga de Bathory hace sangrar mis páginas, bebu te adoro linda, lectora de mil locuras, diosa entre páginas.

A Ximena, amiga de siempre.

Capítulo de transición, desde el próximo Alistair, Tania y demás empezaran a convocar a la "princesa fantasma" quien quizás nos regale en próximos capítulos su presencia revestida en rojo pasión.

FALSAS APARIENCIAS

18

Al medio día Isabella recibía la fogosa carta.

Durante siete años de su vida, se abstuvo de mostrar algún tipo de emoción, pues durante una época, la voluptuosidad fue la quien manejó su existencia. Años después sentir y demostrar se volvió una cruz y una condena, pues cada pasión debía ser celosamente guardada en miles de noes y fingimientos educados; pero ahora, aunque le ordenase a su cuerpo no demostrar lo que en realidad deseaba, le era imposible, pues el sólo nombre de Edward Cullen provocaba que su piel ardiera y que sonriera cual niña de quince años.

Sentir…arder, todas aquellas sensaciones deliciosas y reprimidas, en ese momento y desde hacía cuatro meses, ellas habían regresado a su vida y con más fuerza que antes.

Tomó la carta entre sus manos, la besó con ardor, besar aquella era volver a la boca del bello bastardo y, con cada palabra desbordada en las hojas sentir los labios que la atrapaban y la hacían delirar.

Se jugaba el todo por el todo por aquel hombre, el enfrentarse en la mañana a su padre fue su paso definitivo. Cuando se paró frente a él y permitió que la princesa encantada y manipuladora hablara por ella, sabía que si daba un paso en falso todo sería un desastre. Charles Swan, ¡como lo conocía! Jugando el juego de las apariencias y del buen nombre lo tendría en su mano, odiaba haberlo hecho, pero su padre era tan predecible y tan pagado de sí mismo, podía entrever que éste no se quedaría tan quieto, que mandaría a investigarlo, pero si Charles puso atención en sus palabras, y en la convicción en ellas, sabía que no podía hacer mucho.

¡Oh si! Edward Cullen, hermoso y divertido, alguien quien podía hacer que su naturaleza apasionada fuese celebrada ¿Dónde estuviste todo este tiempo? Si me hubieses conocido cuando tenía veinte años, nos hubiésemos divertido, al menos habrías conocido a una joven que podía sonreír…quizás…pero se abstuvo de continuar en aquel hilo de pensamiento, lo hecho, hecho está. Con el horizonte a sus pies y la posibilidad de la risa y el gozo con Edward Cullen, aquel pasado de niña ilusa se iba diluyendo era tan joven, tan tonta y tan caprichosa… ¡Dios! Si en ese momento supiera lo que se ahora, hubiese podido esperar… esperar por ti

Por un momento aquel pensamiento sobre su pasado la asustó, y si Edward Cullen no le perdonase que ella ya no…que ella… ¡no! ¡No! …. ¡diantre! Por un segundo fue a hacia Paris y a esa Francia -donde todo era permitido- y deseó con todas sus fuerzas haber esperado un poco, estaba asustada, no…¡estaba aterrada! pero ella ya no era aquella mujer, ya no lo era, había cambiado, completamente, seguía siendo la mujer de espíritu fuerte, pero ahora era sabia, ahora entendía que debía pensar en los demás, durante sus últimos años, y en el silencio auto impuesto conoció gente maravillosa que le enseñó que los demás tienen alma y que la mayoría de ella son pequeñas joyas que se debían cuidar, ahora escuchaba más, ahora comprendía mejor, ahora entendía que cada persona debe ser respetado y que no son simples títeres en las manos de una niña caprichosa que sólo deseaba su placer y ver a todos cumpliendo su voluntad…¡oh si! Ella y sus pequeñas manitos destructoras….

Deseaba con todo su corazón mostrarle a Edward quien era, no aquella, si no la que había crecido en sabiduría y fuerza, la que amaba los caballos, la que tomaba fotografías y la que adoraban sus siervos, él entendería, ella presentía que él no era uno de aquellos estirados, con estúpidos credos y filosofías aristócratas….él la entendería, él la había visto en Forksville, libre y salvaje….ámame así bastardo…ámame así, no te arrepentirás, seré la esposa que deseas, la amante que soñaste y la madre perfecta para tus hijos…quiéreme así.

Fue hacia el guardarropa, abrió las enormes puertas y no pudo evitar suspirar desconsoladamente.

-¡Dios! Que ropa más simple- aquel tiempo, donde telas de hermosos colores la adornaban, joyas, rubíes, esmeraldas, diamantes en su cuerpo, en su cabello. Tuvo la tentación de ir hacia su antigua indumentaria la cual guardaba celosamente y que, de vez en cuando, iba y acariciaba para así recordar que en algún momento ella fue una mujer- No, pero aún no puedo, es más, jamás-aún recordaba el escándalo en plena opera de Paris cuando apareció con aquel vestido de gasa verde transparente y de impresionante escote…ni se diga del obsceno y perfecto vestido rojo…vestido que le valió a ella una celebración y su consolidación como la gran Coquete de Francia.

Fue a esos días y lo único que sintió fue vergüenza.

Se miró al espejo, se quitó su hermosa bata de seda y quedó desnuda frente a él.

-Aún soy hermosa…aún lo soy, quiero gustarte, voy a gustarte vas a ver- guiñó un ojo frente al espejo. La piel tersa y de porcelana estaba intacta, la cintura aún era mínima y sus piernas eran largas y torneadas. Centró su mirada en sus senos y el eco de la voz maravillosa halagando sus pechos la hizo enrojecer estos serán mis tesoros bruja… - hablas hermoso- se estremeció de forma dulce. Daba gracias los años de claustro y reflexión, finalmente Isabella Swan frente a los piropos de un hombre no era cruel y no era una cínica…le aterró pensar que quizás si Edward la hubiese conocido años atrás, tal vez ella lo hubiese lastimado como a Michell mi pobre y tierno Michell…ojala me pudieras ver ahora, quizás podrías perdonarme mi dulce niño pintor….

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Los ojos oscuros de Charles Swan miraban al viejo investigador, aquel hombre le era repulsivo y vulgar, mas éste era un mal necesario en aquella ciudad. Un hombre capaz de auscultar y desentrañar los secretos de cada uno de los habitantes de la enorme ciudad de niebla.

Jonas Cronwell un viejo zorro de ojos azules, adulador y empalagoso, quien con su olfato de animal de rapiña podría oler que se pudría en cada casa y que ocultaba cada rostro.

-¡Oh Milord! Finalmente lo conozco- era un hombre no muy viejo, mas la falta de cabello y de sus dientes lo hacían ver como un anciano repugnante, además que la viruela desfiguró su rostro de manera terrible haciendo que, cada vez que sonriera, pareciera un viejo papel que alguien desarrugaba después de décadas de haberlo tirado.

Charles Swan lo miró con repugnancia ¡compartir su espacio con la chusma! ¡Que desagradable! Jonas supo lo que el gran aristócrata pensaba y le sonrió con sorna malditos todos, se creen mejores que cualquiera, al final a todos por igual nos van a devorar los mismos gusanos.

-Deseo que investigue un hombre, mister Cronwell.

- Por supuesto milord- y la encía desagradable sonrió, el gesto fue exagerado y Charles Swan supo que el hombre lo hacía tan sólo para causar más repugnancia- ¿Quién es?

- Edward Cullen.

-Ohhh.

- ¿Lo conoce?

- He escuchado de él- sí, si lo conocía, en la casa de Esmerald Platt, el maldito con su hermoso rostro siempre se acostaba con las putas más hermosas y lo hacía gratis hijo de puta…

-¿Qué sabe?

- Hijo de Carlisle Cullen, un hombre maravilloso, bondadoso, magnánimo, noble- y mientras enumeraba los atributos del difunto, su rostro tomó un cariz como si quisiese vomitar- ¡lo mejor de Inglaterra!

- Eso ya lo sabía Cronwell…quiero saber más, quien es, cuáles son sus amistades, a quien frecuenta, es decir todo.

- Claro que si milord, ese es mi trabajo, y para usted, el gran Charles Swan lo haré barato.

-No necesito su caridad- el padre de Isabella entendía que el maldito mueco sólo le dijo lo del cobro, para rebajarlo a su nivel.

- Como desee milord, quinientas libras.

- Le pagaré mil si la información la tiene para mañana en la tarde.

- Es muy poco tiempo.

- Mil quinientos Jonas, usted tiene los contactos…amigos, gente que habla tan sólo porque usted no se le suelte la lengua.

- ¡Me ofende Milord!- gritó de manera seria.

Charles Swan tomó su capa y se puso su sombrero, sacó quinientas libras y las tiró sobre el sucio escritorio – mañana tendrá el resto.

-Por supuesto milord, por supuesto.

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Jasper Whitlock tenía un ritual diario, levantarse en la mañana, esperar que un sirviente le preparase el baño, que le ayudase a vestir…esperar una media hora en su enorme habitación y poner sobre su rostro la máscara de marido virtuoso para así aguantar la cháchara insustancial de su "querida esposa". La pobre mujer hablaba y hablaba y él fingía como buen esposo ingles estar interesado en su conversación, contestaba "si querida" "por supuesto querida" y la mujer le sonreía creyendo que tenía frente a sí al mejor marido de Inglaterra.

Por algún momento Jasper fijó su mirada en el vientre abultado de la mujer, ese niño que venía en camino y por el cual sentía compasión. Pobre bebé que fue concebido de manera mecánica, uno más de los deberes que cumplía con tedio cada tres noches- en media hora- y el cual le dejaba un amargo sabor de derrota y de cobardía. Cada vez que salía de la habitación de su esposa no podía evitar sentir la melancolía de aquella época donde, como loco, corría en la noche hacia los brazos de Alice y le hacía el amor durante horas consumido por una placer que enloquecía…. ¿cuándo un hombre como él podría volver a tener el manjar del amor sin que sobre éste mediara nada más que el aire que lo separaba del cuerpo desnudo de la amante? Noche a noche Jasper Whitlock se hundía en aquel recuerdo y en aquella sensación de vacío y de nihilismo.

Emma Whitlock se levantó y con ella los metros de seda que la cubrían.

-Hoy iré donde el doctor querido-sus ojillos grises lo miraron dulcemente.

- ¿Te sientes bien querida?- le preguntó mientras untada su panquecillo con mantequilla.

- Es algo de rutina Jasper.

- Sí deseas te acompaño.

-Oh no, un hombre no debe ir a eso, es vergonzoso.

Jasper rodó los ojos de manera paciente, mujeres criadas en semejantes necedades.

-Debo recordarte Emma que yo participé en la concepción de ese niño.

La mujer se ruborizó de manera frenética ¿Por qué los hombres tenían que sacar eso a relucir? Su mamá le enseñó que el acto de conocer era algo que no se hablaba, ni siquiera en la habitación a oscuras…no era cristiano y si su mamá supiera que un día permitió la luz y que vio a su querido esposo desnudo y que él le provocaba gemir… ¡Dios! Al menos ella cerrando los ojos suplicaba que nadie la escuchara, ni siquiera su marido ¡qué vergüenza! ¡El placer era para las malas mujeres!

-Ohh eres tan gracioso querido- ella se le acercó y besó su cabello rubio- es sólo una visita rutinaria, no tienes que preocuparte por nada, por nada.

Al final para Jasper todo era igual: charlas sin sentido, rutinas sin sentido y una vida sin sentido, ni siquiera la caza, la opera o los escarceos de tahúr le daban una victoria sobre la estupidez reinante.

Contando los minutos en el reloj del salón azul, Jasper salió de su casa en Greenwich Street. El olor de la calle lo sacudió, olía a orín y a estiércol de caballo, ese día quería caminar, ser un poco más libre, tratar de llevar una conversación normal y real con alguien, fue así que encaminó sus pasos hacia la enorme mansión Cullen, escuchar al cínico de Edward Cullen era a veces el remedio a la pesadez y a la tristeza.

.

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Encontró a su amigo mal herido, sin embargo y como siempre, la mueca torcida y la palabra con chispa no se extinguían en él.

-¿Te peleaste con el mundo Edward?

- Con algo peor mi amigo, Daniel Thorton.

-¡Demonios! ¿Estás loco mi amigo? Ese hombre es un asesino- si, era un buen día, Edward Cullen y su no importarle nada, ni siquiera su pellejo.

- No te preocupes, él quedó inválido por unos meses, le destrocé su cara, no tendrá suerte con las damas, pobre hombre- y soltó una carcajada aunque le dolía cada músculo de ésta.

-¿No tienes medida Edward? Vas por el mundo como si nada te importara.

- No Jasper- caminó por su habitación, tomó una botella de whiskey sirvió dos vasos- una para él y para su amigo- y bebió con satisfacción- voy por el mundo saciándome de él, lo quiero lo tomo, lo disfruto, lo saboreo y me deleito.

- Eres un hedonista.

-Soy un hombre que se hartó de vivir en un mundo que no le permite nada.

- En algún momento Edward, tendrás que responsabilizarte de tú vida, ser un hombre de verdad.

El cínico soltó una de sus sonoras carcajadas, respiró con fuerza, y de manera maliciosa centró su mirada sobre Jasper.

-Te sorprenderías amigo, hasta yo estoy sorprendido- tomó una de las sillas de su habitación y la puso frente a Jasper- mírame, me conoces, no darías un penique por mí, no soy un buen ser humano, decepcioné a mi padre desde que era un niño, he sido un bastardo arrogante, he bebido más que un marinero, y he fornicado más que un viejo ¡demonios! Y he disfrutado cada maldita cosa, cada una, no voy a ir por el mundo dándome golpes de pecho Jasper, no soy de ese tipo, lo único de lo que me arrepiento es que mi viejo no me vea ahora, en este momento, en el momento en que después de haber consumido la vida, ahora puedo sentar cabeza, ahora puedo ser hermano de Rosalie, tío del niño que espera y no finjas, se que te fijaste en su preñez, ahora puedo ser el hombre que Carlisle Cullen esperaba de mí, hace dos noches mi amigo, peleé con Thorton por todo eso, cada golpe valió la pena, lo volvería a hacer, supe en ese momento que no era un señorito criado entre sedas, supe que puedo ser alguien.

- ¿Es decir que cambiaras y serás un monje?

-¡Con un demonio no! Me gusta el placer mi amigo, me gusta beber, jugar y fornicar hasta el amanecer, pero…pero sólo con una mujer, con mi mujer, estoy tan excitado con ella como león en época de celo Jasper, quiero hincar mis dientes en ella, y hacer que me suplique.

Los azules ojos de Jasper parpadearon burlonamente.

-¿Estás enamorado Cullen?

Y Edward Cullen desde sus ojos verdes y de manera oscura confirmó la pregunta.

-¡Es una bruja!

-Debe serlo.

-Estoy hechizado y obsesionado…y ella será mía, quiero hasta beber su sangre.

Para Whitlock, un hombre criado entre la hipocresía y las palabras que todo lo ocultaban, escuchar como Edward Cullen hablaba con la libertad y con el alma en la mano, sin miedo a vocalizar las sílabas y sin miedo a vocalizar el deseo y el ansia de vivir era algo que le causaba envidia y frustración… por un momento deseo ser aquel y pararse frente a todos y decirle a su maldita educación inútil ¡jódanse!

-¿Quién es la victima?

El cínico respiró profundamente.

-Isabella Swan.

El rostro de diversión de Jasper se transformó en una mueca amarga ¿Isabella Swan? ¿Esa dama en manos de semejante sibarita? A su mente vino la imagen de la delicada mujer silenciosa soportando las idioteces de todo el mundo, siempre hablando de manera cortes, siempre paciente con todos. Isabella, quien era una extraña flor en el jardín de flores podridas y marchitas de aquella ciudad.

Se levantó de la silla y golpeó con su bastón fuertemente.

-¡Es inaudito Edward! Isabella Swan no es mujer para ti.

-¿Por qué?- contestó lentamente mientras jugueteaba con su anillo de rubí.

-Es una dama.

-¿Y yo no merezco una dama?

-No es a lo que me refiero.

-Se a lo que te refieres, ¿cómo te atreves a juzgarme Jasper?

-No quiero ofenderte.

-Pues me ofendes, Edward Cullen no merece una dama porque Edward Cullen sólo debe aspirar a mujerzuelas de la calle White Chapell, o a mujeres estúpidas que sólo pagan por sus favores.

-Nunca te quejaste de eso, nunca tuviste escrúpulos, nunca fuiste un romántico.

-Pues parece que lo soy-centró su mirada en un punto fijo, llevo el vaso de whisky cerca de sus labios- ¡demonios! ¡Lo soy! Estoy obsesionado con ella, me gusta hasta verla respirar, su tono de voz, los misterios que esconde, quiero saber que piensa, deseo su cuerpo, odio la ropa que la cubre, odio que esté lejos…no sabes Jasper, tiene una maldito caballo infernal y cabalga en él como si comandara el viento, es endemoniadamente valiente, fue por mí a Regent Street, me vio pelear, sus ojos me miraban y sentí que le pertenecía a esa mujer, yo le pertenezco y la amo, y nadie va a quitarme el sentirme orgulloso de eso…¡nadie!

Ambos hombres se quedaron en silencio, ambos nacidos en mundos iguales, ambos, nacidos en una tierra donde el amor, la pasión y el fuego sólo eran tema de literatura, pero nunca era verbo en los labios, y siempre este se ocultaba como si fuese una vergüenza…amor, deseo, lujuria, exceso. Todos en Inglaterra mordían su boca, y lastimaban su alma tan sólo para ocultar aquello, pero todos, sin importar quienes fueran y en que cuna habían nacido, tenían melancolías de piel y de almas desgarradas por la locura de la pasión sin límites. Sólo los poetas, almas rebeldes y salvajes-en contra de la norma y llenos de fiebre- escribían sobre el terrible secreto que como niebla se deslizaba lentamente por las calles de todo el país, Inglaterra era país de amantes, todos ellos ocultos en el silencio, no obstante el silencio es el terreno donde toda pasión se alimenta y donde el fuego llega a grandes cumbres….Inglaterra muere de amor y todos amaban la agonía.

-No la lastimes mi amigo.

-No lo haré, quiero ser un buen hombre ¡Diantre! El mundo retumba Jas…voy a ser un buen hombre.

-Te envidio, yo tuve la oportunidad y sin embargo...

Emmett quién a pesar de saber que allí ya no era un sirviente, no podía evitar sentirse así frente a aquellos dos hombres que lo intimidaban y le recordaban que sólo era un pordiosero nacido en una calle cualquiera.

-Edward hay una mujer en el salón, dice que es de parte de madame Swan, su ama de llaves.

Inmediatamente Jasper sintió el cuchillo que lo traspasaba, felicidad y terror, meses en que no la veía, en que su presencia, aunque fuese lejana, lo instaba a continuar a pesar de todo…la esperanza de volverla a ver aunque fuese un segundo, lo era todo. Empuñó sus manos y tomó otro vaso de whisky.

Rosalie auscultaba a la mujer de arriba abajo, los ojillos vivaces de Alice se abstuvieron de mirar a la dama, pero era inevitable, no por su preñez sino porque Rosalie Cullen parecía una pintura de Rossetti, hermosa, etérea y perfecta.

Lo primero que la pequeña ama de llaves vio fue la sonrisa anárquica de Edward Cullen, su rostro golpeado, con una pequeña cortadura a lo largo de su ceja derecha y su labio inferior partido, aun así el hombre era hermoso ¡Diablos es bello aún mal herido! Mi pobre amiga está perdida mas lo peor para Alice Brandon fue ver, tras la estatura del bastardo, la rubia melena de Jasper, inmediatamente el recio carácter que la había acompañado durante años apareció en ella.

-Madame- la mano de Edward agarró la suya y planto un beso en ella, brindándole un guiño pícaro y alegre- las mujeres de la casa Swan, siempre tan hermosas, Alice querida, un placer.

-Vine aquí- su voz fue dura y amarga- para hacerle saber que mi ama le manda a decir que en un día usted podrá ir a la casa Swan a pedir oficialmente la mano de ella frente a Charles Swan- de su insulsa bolsa sacó un papel pequeño y se lo dio al hombre quien sonreía frente a la victoria.

Recibí tú carta bastardo hermoso ¿quieres matarme no es así? Tus planes para conmigo son siniestros y temibles Edward Cullen y no puedo esperar.

Mi padre ya sabe lo nuestro, no te preocupes, puedes venir a pedir mi mano cuando desees, cuento los días para ser tú esposa.

Tuya

Bruja.

La sonora carcajada resonó en todo el lugar.

El deseo por ella en ese momento se acrecentó, ella era extraña y parca, no era mujer de muchas palabras, sólo era de acciones, mientras que él iba descubriendo como su deseo se hacía verbo.

- ¿Puedes esperarme Alice? Voy a mandarle una respuesta- caminó dos pasos hacia el despacho, pero se devolvió, y con gesto preocupado, preguntó-¿su padre Alice?

-No lo se Mister Cullen, mi ama tiene capacidades y armas frente a su padre que sólo ella conoce.

-Oh si, ella es peligrosa- su tono fue divertido y burlón.

El ama de llaves lo miró fijamente y su pequeña barbilla recia y dura se enfrentó al hombre.

- No le haga daño mi señor, ella no se lo perdonaría- pero la voz se perdió porque este caminaba a su despacho de manera rápida.

Un silencio en el salón…un silencio de amantes amargos separados por inmensas lejanías y agrios momentos.

El cuerpo de Alice ardía bajo la mirada azul oscura, pero ella, revestida de decepción y fuerza, sólo esperaba en silencio, su niña desvirgada y abandonada lloraba, la mujer de treinta años que luchó por sobrevivir era la que la defendía.

-¿Cómo has estado Alice?- finalmente el hombre se atrevió a preguntar.

-Muy bien señor.

Avanzó hacia ella…quería volver a percibir su olor. Alice no movió un músculo.

- Te amo.

Alice cerró los ojos casi hasta sentir que estos se hundían de manera dolorosa dentro de su cabeza.

-No se acerque a mi Lord Whitlock, entre usted y yo no hay nada de que hablar.

-Te amo- lo decía, y en cada sílaba, todo su cuerpo ardía en llamas- se mía de nuevo

- Nunca más- un fuerte brazo la jaló y la puso sobre la pared- no se atreva a tocarme, no se atreva.

Mas la orden fue negada y Jasper, de manera desesperada, la agarró de su cuello y la llevó hacia su boca, unió sus labios hacia los de ella, tratando de que ésta abriera su boca…beber…beber, años añorando sus labios de niña, los olores de su cuerpo, la tersura de su piel, años en que la enfermedad de deseo lo carcomía por dentro.

- Por favor Alice, ten piedad de mí.

- ¿Piedad Lord Whitlock?- lo miró fríamente- El concepto no existe, sólo existe destino, eso me lo hizo saber años atrás cuando me dijo que se casaría con otra mujer de su condición social.

-Odio ese día.

-Yo lo odio más, años rememorando ese día, yo desnuda en aquel viejo lugar, aún con la sensación de tu piel sobre la mía, de tu boca sobre mi cuerpo y sólo tengo las palabras de despedida Jasper.

- Quisiera arrancarme la lengua- ahuecó su rostro en el cuello de Alice atrapado por el oscuro vestido- no he vivido Alice amor mío, no he vivido, diez años en que he sido sólo un fantasma- susurraba quedamente- en que sólo soy feliz al recordarte, tú eres mi pedazo de cielo, mi oxigeno y mi todo, vivo en ti- con dos de sus dedos recorrió lentamente su torso- tu eres mi mansión, mi hogar y mi corazón.

La mujer emitió un leve gemido de dolor, y un sollozo se ahogó en su pecho.

-No puedes vivir en un cuerpo muerto Milord, mi corazón fue arrancado de un tajo por su hermosa mano.

-Se mi amante.

-No.

- Aún puedo recordar cuando ambos desesperados no veíamos la hora de estar desnudos Alice ¿recuerdas? Cuando arrancábamos nuestra ropa porque ella era la enemiga, cuando torpes, las primeras veces, no sabíamos que hacer y era tanta la premura por estar dentro de ti que me porté como el más inexperto de los amantes, cuando sentíamos que no podíamos respirar sin estar unidos, cuando éramos uno- respiró sobre su rostro- se mi amante, dame eso de nuevo.

-No- la contestación llegó con lágrimas y con melancolías de días en el viejo condado de Dover en medio de lluvias y humedad de campos abiertos.

-¿Porqué? Maldita sea ¿Por qué?

-Por que no te dejaría ir de nuevo Jasper, por que lo único que tengo es mi dignidad, por que al final sería tú amante, no, ni siquiera eso, sería tú puta… ¿amante? Es demasiado aristocrático para mi, ni eso se me permite; por que a una mujer como yo, no se le permite soñar- levantó su rostro, ahogó su deseo, y como siempre lo guardó en un cofre cerrado con miles de llaves y volvió a su expresión seca y dura- apártese Milord, mi perfume es muy barato para el fino olfato de su esposa.

- Un beso- posó tembloroso sus dedos sobre los labios de ella- un beso Alice Brandon.

La negación vino desde los ojos gris azulados de la mujer, lo negación llegó como una espada certera que, de manera filosa, corta el cuerpo sin permitirle a la victima un mero respiro, el no rotundo de la niña triste que despide a su amante y da la bienvenida a la mujer que ha dejado ir su última esperanza.

Sir Jasper Whitlock se apartó, empuñó sus manos con fuerza…. Inglaterra tierra de guerreros, de reyes, poetas y locos… él no era nada.

Escuchó el trotar de los caballos en la calle, el grito de los chicos que repartían leche o que vendían carbón…afuera lo esperaba la nulidad, el tedio y el teatro de mascaras en que se le habían enseñado vivir, frente a él estaba su deseo, su virilidad y el único refugio para escapar, sin embargo ya no era posible "me casaré Alice… es mi destino, sólo eres la hija de un vicario ¿qué puedo hacer? Somos diferentes" y las palabras volvieron a él y comprendió en ese momento que aquel día- años atrás- pudo ser el guerrero para Alice Brandon, luchar por ella, pudo ser el rey de Alice Brandon y declinó el trono y pudo ser el poeta y sin embargo escogió la simpleza y ¿La locura? Ni siquiera eso, para Jasper Whitlock hijo de un Barón y una marquesa, la locura era un territorio que le era vedado, pues lastimosamente la cordura, ese lugar donde se es libre, no era para permitido.

- Despídame de mister Cullen madame- hizo una reverencia- y mándele un saludo a su ama, espero de corazón que ella tenga el valor que a algunos nos falta, es una mujer admirable- y como alma que lleva el diablo Milord Whitlock salió de aquella casa, sólo sabía que esa noche iría al burdel de Esme Platt, se acostaría con una mujerzuela, allí sin miedo ni temor a ser juzgado, gritaría su nombre, se perdería en la piel de una mujer desconocida, le haría trampas a su mente y trataría de darle calma y sosiego a su corazón…

Salió a la calle y maldijo el mundo que le tocó vivir, quizás algún día todo el maldito país de amantes silentes explotaría y entonces él podría volver al cuerpo de Alice Brandon, por ahora, sólo se conformaría en odiar la isla que aislaba a todos aún de las verdades del corazón.

Edward salió sonriendo de su despacho con la pequeña nota sobre sus labios. El ama de llaves no respiraba, sólo miraba la puerta de la mansión y sentía como todo su cuerpo luchaba por salir de allí, corriendo como una loca y dejar que aquel hombre la tomara como una cualquiera, permitir que Londres la llamara la puta Whitlock y dejar que su único tesoro: la dignidad se fuese al maldito fondo del mar.

- Dile a tú ama que sus deseos son ordenes para mi- puso su nota frente a su rostro- esto es parte de mi trato Alice.

El ama de llaves tomó de manera mecánica el pedazo de papel.

- Lo haré señor- su voz se quebró.

-¿Milord Whitlock?

- Se fue señor…él…él- De pronto la lucha por resistir fue inútil y allí, frente a ese desconocido, Alice Brandon, dura como el hierro rompió en llanto doloroso, cayó en el piso, se llevó las manos a su rostro y todo el dolor de diez años se hizo sonoro.

- ¿Madame?- Edward desde su altura observaba a la pequeña mujer que se perdía entre la oscura tela, algo conmovedor y desgarrado salía de aquella cosilla pequeña. Rosalie escuchó el llanto de aquella mujer y salió de la cocina donde, al lado de Emmett conversaba sobre el futuro tranquilo que Isabella Swan prometía. El hermano la detuvo en una orden con su mano, se inclinó frente a la pequeña ama, quien continuaba allí llorando sin que nada le importase- Alice, pequeña- llevó su mano hacia el cabello negro atrapado en una sofocante moña- tranquila.

Los ojos grises levantaron su vista.

- Se fue…se fue- gemía entre hipos, todo se resumía siempre al mismo punto…Jasper Whitlock se iba y ella no lo retenía, una de sus manos cubrió todo el rostro desfigurado por el llanto- siempre lo hace…siempre lo hace, él se va.

Para el cínico, el mundo de los sentimientos siempre había pasado por su lado y él jamás se había parado a ver como todo rugía a su alrededor. Miró hacia la puerta y la tremenda certeza, de que entre su amigo melancólico y la insignificante ama de llaves existía una historia repleta de profundos secretos, se reveló ante él. ¡Diablos! El mundo amaba y sufría y él era un testigo aterrado de la sensibilidad desgarradora…. ¡Poetas! ¡Mal nacidos capaces de entender el corazón que palpitaba entre las sombras! ¿Y él donde estaba? Maldición, él que se burlaba de todo.

Se acercó a la mujer y sin miedo la abrazó, el llanto de Alice estalló con más fuerza contra su pecho.

-Tranquila Alice, nada es irremediable.

- Todo es irremediable señor, todo, nacimos en un mundo demente y no somos los llamados a remediarlo.

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.

.

Bella mía…quiero matarte mi reina, tengo planeado para ti miles de torturas…ten miedo, el placer que conocerás conmigo será tu perdición.

¿Tu padre? Déjame ser tu guerrero, deja que yo pelee tus batallas, soy tu hombre ¿pedir tu mano? Si quiero todo el resto ¡todo! Iré frente a tu padre y me plantaré diciendo que sólo yo merezco todo lo que tú cuerpo promete…jazmines, melocotones y besos locos que harán de este bastardo endemoniado un ser muy feliz.

Tuyo.

Edward.

-¿Está bien Alice?

- Si madame- la contestación fue seca, había vaciado su alma e irónicamente Edward Cullen era el único que la había consolado.

- ¿Qué tienes querida?

- Jasper Whitlock madame, estaba en su casa.

-Oh amiga, lo siento mucho- la felicidad que egoísta era- ¿te dijo algo?

- Lo dijo todo madame.

La voz monótona y ronca del ama de llaves lastimó el corazón de Isabella, tomó la mano de su amiga y la besó con ternura.

- No lo ames más Alice.

Una sonrisa amarga apareció en el rostro de la mujer.

- Madame ¿sería usted capaz de dejar de amar a ese hombre Edward Cullen aunque él rompiera su corazón?

No, no sería capaz, el bastardo podría destrozar su alma y sus sentidos, y sin embargo ella lo amaría hasta el final de sus días…. Lo amaría, y conociéndose como se conocía, ella lo haría pagar por cada segundo de su vida por amarlo hasta la última respiración.

Oh si bastardo, me pagarías cada dolor…yo sólo se amar de manera violenta, no rompas mi corazón, porque me comería el tuyo.

**********************************************************************Oh y para ella el corazón del bastardo podría ser un maravilloso manjar chicas.

"Inglaterra es el paraíso de las mujeres, el purgatorio de los hombres y el infierno de los caballos." John Florio.

Gracias lindas por leer.

A todas las niñas que votaron porque esta cosilla divertida haya sido elegida como mejor historia de época por segundo año consecutivo en los premios de FF Adicction, son realmente muy amables. Muchas gracias.