XVI- Trampa
La Ragnarok rugía entre las dunas, zigzagueando entre ellas a toda velocidad y dejando tras de sí el rastro de una rueda en la arena y nubes de polvo en el aire. Pero sin importar lo mucho que corriera, el desierto no cambiaba alrededor de Guy, y no conseguía ver ni un solo indicio de dónde podían haber escondido Notta y sus posibles secuaces a Asch.
El viaje hasta Chesedonia en el Albiore de emergencia de Daath había durado un día más de lo previsto por culpa de una tormenta que les había sorprendido a mitad de camino. Luke se había pasado el total de tres días mirando al cielo por la ventana de la nave o sentado con los ojos cerrados, pero Guy sabía perfectamente que salvo en la última jornada apenas había dormido. Comía porque Tear se lo recordaba, y hasta que el cansancio le había ganado la batalla a la preocupación no había conseguido descansar de verdad por la noche. En lo único que había puesto verdadero interés fue en la reunión de hacía un rato para decidir qué hacer cuando aterrizasen.
El plan no era demasiado elaborado. Tear se quedaría en el Albiore, peinando una parte del desierto desde el aire en busca de algo que delatase la presencia de un refugio o cualquier cosa parecida, mientras que Luke y Guy irían cada uno con una Ragnarok haciendo lo mismo pero por tierra. Habían dividido el desierto en cuatro cuadrantes en los que buscar, y ya iban por el segundo pues en el primero no habían encontrado nada. En cuanto alguien viese algo sospechoso, debía señalar su posición a los demás con una bengala de humo y esperar para reunirse.
La tarde empezaba a caer, pero la arena seguía soltando el calor que llevaba todo el día acumulando y la temperatura no bajaba. Pese a la velocidad que llevaba y al viento huracanado que le agitaba el cabello corto y la coletilla rubia, Guy notaba el calor y el cansancio empezando a hacer mella en él, pero cada vez que veía a lo lejos la nube de polvo que levantaba Luke al moverse con la otra Ragnarok entre las dunas sus fuerzas se renovaban. Si el pelirrojo aún no se rendía era porque todavía quedaba esperanza.
En ocasiones el joven Gardios dudaba de si realmente Asch y Luke habían perdido la conexión que los unía a través de sus ranuras fónicas. Teóricamente debería ser así, puesto que ya no eran isofones perfectos, pero a veces parecía que ese vínculo seguía existiendo. Si no, ¿cómo estaba Luke tan convencido de que Asch seguía con vida? Tal vez fuera solo esperanza, o tal vez algo más los uniese, algo que nada tenía que ver con frecuencias fónicas ni fonorranuras sincronizadas. Algo que hacía que se atrajesen irremediablemente el uno al otro, como los polos opuestos de un imán o los fonones de un mismo tipo. Esa conexión entre ellos era lo que en su día le había hecho llegar a la conclusión de que Luke estaba totalmente fuera de su alcance, por mucho que eso le doliese.
Guy suspiró y meneó la cabeza para despejarse. No tenía sentido pensar en cosas como aquella. Ya había pasado página respecto a Luke, y a aquellas alturas lo único que le importaba era que nadie le hiciese más daño del que él mismo le había hecho en su día. Si eso implicaba recorrerse medio desierto en busca de un pelirrojo perdido, que así fuera. Al fin y al cabo, aunque nunca se habían llevado del todo bien, Asch había hecho mucho por ellos en el pasado. Merecía que le devolviesen el favor.
Ante sí acababa de aparecer una duna especialmente alta. Guy apuntó con el morro de la Ragnarok hacia allí e hizo subir el vehículo por la cara con la pendiente más tendida, deteniéndose en la cresta y echando una ojeada en derredor. Nada, el monótono desierto se extendía hasta donde alcanzaba la vista, y salvo la sombra del Albiore diez kilómetros al este y la nubecilla de polvo que delataba la presencia de Luke cinco kilómetros al sur, nada rompía el paisaje. O eso pensó hasta que sus ojos captaron un destello metálico bastante molesto para la vista entre la arena.
El rubio frunció el ceño y miró hacia allí, usando las manos a modo de visera. No distinguía bien de qué se trataba, pero estaba a unos quince kilómetros hacia el oeste. Si seguía la dirección del sol poniente durante unos minutos acabaría topándose con lo que quiera que fuese aquello. Levantó el pie de la arena, hizo rugir la Ragnarok de nuevo y se encaminó hacia allí, agachándose detrás del escudo fónico delantero para ganar velocidad.
Conforme se acercaba, el contorno de un edificio bajo pero de gran superficie empezó a perfilarse ante sus ojos contra Rem, que continuaba su descenso por el cielo. Las paredes parecían estar hechas de placas metálicas y al acercarse Guy pudo ver que la construcción estaba rodeada por una explanada circular de al menos veinte metros de radio también metálica y llena de glifos. El rubio no era ningún experto en artes fónicas, pero reconoció algunos: aunque visiblemente más potentes, no eran muy distintos a los que había visto trazar a Van alguna vez en su niñez, cuando se entretenían sembrando de trampas para monstruos los campos de Hod.
Si aquel edificio no era sospechoso, que bajase Lorelei a verlo. Guy detuvo la Ragnarok, apoyó un pie en la arena y rebuscó en el interior de su chaqueta de manga corta hasta encontrar la pistola de bengalas que le había prestado Tear. Cargó una, apuntó hacia el cielo y disparó, guardándose el arma una vez estuvo seguro de que la columna de humo negro señalaba bien su posición. En apenas unos minutos el ruido de unos motores le llegó por el aire, pero sus ya entrenados oídos no lo identificaron como el rugido de la Ragnarok o el zumbido del Albiore. Era algo más grande y notablemente más pesado, y se acercaba con rapidez. Posiblemente un acorazado militar, pero de quién exactamente, no estaba seguro.
Guy sopesó sus opciones. Cabía la posibilidad de que su disparo hubiese atraído algo indeseable. Notta no dejaba de ser un alto cargo militar en Daath, ¿y si tenía un acorazado patrullando el perímetro de su guarida? No estaría de más ser cauteloso, así que desplegó el panel de control avanzado de la Ragnarok y pulsó el botón que activaba una de las últimas mejoras que le había incorporado: un dispositivo de camuflaje. Escondido tras el escudo fónico que imitaba el color y la textura de la arena, el joven Gardios esperó hasta que la nave apareció por encima de las dunas, un enorme acorazado anfibio similar al Tártaros en su diseño. Al ver el emblema de la lira que brillaba en su blindaje, sin embargo, Guy sonrió y desactivó el camuflaje, poniendo en marcha la Ragnarok para salir al encuentro de la nave malkuthiense. Ésta se detuvo tan pronto como el joven entró en sus radares y quedó en silencio unos momentos, hasta que los altavoces externos arrojaron una voz familiar:
-Gailardia Galan Gardios, ¿a qué debo el honor de encontraros en medio de la nada con uno de vuestros juguetitos?
-Corta el rollo con las formalidades, Jade, fuera de Gran Chokmah nunca las usas. ¿Por qué no bajas y te lo explico?- respondió el rubio-. Y ya de paso me dices qué demonios haces con un acorazado militar en territorio kimlascano. A ver si nuestros vecinos van a pensar mal...
Un suspiro se dejó oír por los altavoces, arrastrando algo que sonó bastante parecido a "jóvenes". Guy no tuvo que esperar demasiado hasta que una de las compuertas de la nave se abrió y una elegante escalera se desplegó de ella hasta el suelo. Por los escalones descendió enseguida Jade Curtiss, vestido con su uniforme de General y flanqueado por dos soldados rasos. El rubio saludó con un brazo en el aire y el Nigromante se acercó a buen paso, enterrando las manos en los bolsillos de la casaca en cuando llegó a su altura.
-¿Y bien?- inquirió, atravesando a Guy con sus ojos del color de la sangre.
-Es una larga historia, pero se resume en que se me ha perdido un amigo. ¿Qué haces tú aquí con eso, en serio?
-Casualmente a mí también se me ha perdido un amigo, o algo así. El Orión tiene el mejor equipamiento en cuanto a rastreo y detección de amenazas a distancia- comentó Jade, señalando la enorme nave a sus espaldas- y Su Majestad quiere asegurarse de que nuestro fugitivo no escape. Pero no te preocupes por los conflictos internacionales, Kimlasca-Lanvaldear está al corriente de nuestra incursión y nos ha dado permiso.
-Luke no me había dicho nada- observó Guy torciendo el gesto. Aunque el Nigromante no lo hubiese mencionado, el Orión también estaba dotado con un sistema de calabozos de alta seguridad, y el rubio lo sabía-. En cualquier caso, ¿a quién buscas tú?
-Desde luego no a la misma persona que tú. ¿Quién es, por cierto?
Guy puso los ojos en blanco. Típico de Jade, esquivar las preguntas tan descaradamente que no se atrevía a insistir.
-Asch fon Fabre. Tear y yo estamos echando una mano a Luke, creemos que una General Celestial puede haberle secuestrado. Hace un momento he visto un edificio que no aparece en los mapas y que tenía pinta sospechosa, estaba esperando a que los demás llegasen cuando os he oído.
-Vimos una bengala desde la nave y pensamos en acercarnos a investigar, ya que de todos modos nuestro rastro nos conducía en esa dirección- dijo Jade encogiéndose de hombros-. Oh, mira, un pelirrojo. No es el que estás buscando, pero bueno.
Guy se giró. Efectivamente, Luke se acercaba entre las dunas con la Ragnarok a toda velocidad, pero antes de que llegase a las cercanías del Orión el Albiore había aterrizado al lado y Tear descendía de él, corriendo a reunirse con los dos hombres. En cuanto el pequeño de los Fabre llegó también pusieron a Jade al corriente de lo ocurrido, pero al preguntarle de nuevo por su presencia allí, las respuestas del General de Malkuth siguieron siendo tan crípticas como las que le había dado a Guy en un principio. Nadie se molestó en seguir insistiendo, de todos modos: Tear y Guy eran demasiado sensatos como para insistir, y Luke tenía mejores cosas en las que pensar.
Jade los acompañó hasta las cercanías del edificio que Guy había encontrado y paseó la mirada por la explanada llena de glifos que lo rodeaba. En sus ojos brillaba ese destello calculador que delataba cuándo su cerebro trabajaba a plena potencia intentando encontrar algo que los demás no viesen.
-Qué bien nos vendría ahora mismo una hiperresonancia de segundo orden para deshacernos de esos molestos glifos fónicos- comentó al cabo de un momento-. Pueden suponer un problema a la hora de acercarnos al edificio.
-Pues salvo que tengas a otros dos séptimos fonistas a bordo, creo que algo así no es una opción- replicó Luke. Jade suspiró.
-Me temo que sólo tengo a uno, y de todos modos, no me fiaría de que un séptimo fonista estándar pudiese controlar algo así. Lo cual nos deja dos posibles opciones para entrar: ir desarmando las trampas una por una, o liberar una carga fónica que abra un camino. Esta última opción sería la más rápida, pero si por algún remoto casual no nos han detectado aún, lo harán en ese momento- dijo, colocándose bien las gafas.
-Por mí, utiliza las cargas fónicas- respondió el pelirrojo-. De todos modos nos esperaban, no creo que ser sigilosos sirva de mucho. Y vamos con un poco de prisa.
-Muy bien. Traed el Orión y preparad una carga fónica de baja potencia al 20%- ordenó Jade a los soldados que le escoltaban, que asintieron casi a la par.
-¿A dónde apuntamos, señor?
-Hacia las cercanías de esa puerta de ahí- indicó Jade, señalando la única puerta visible del edificio-. Despejad el camino hasta la puerta y permaneced a la espera de órdenes. Ah, y tened listas las celdas, puede que las ocupemos pronto.
-¡Sí, señor!
Luke, Tear, Guy y Jade se resguardaron tras una duna mientras los soldados regresaban a por el Orión y cargaban los cañones frontales de éste. La Comandante, sólo por si acaso, utilizó uno de sus himnos fónicos para rodearles con un escudo protector mientras la pesada nave reventaba con una escandalosa explosión las trampas, levantando una densa humareda. Probablemente el suelo tembló en todo el complejo, pero la arena amortiguó las vibraciones y éstas apenas llegaron en forma de un ligero hormigueo hasta los cuatro compañeros, que se apresuraron a salir de detrás de la duna.
El impacto de las cargas fónicas había deshabilitado la mayor parte de los glifos cercanos a la puerta, pero aun así todavía quedaban unos cuantos que tuvieron que esquivar. No obstante, finalmente llegaron a la entrada sin mayores incidentes. La puerta no tenía cerradura ni picaporte de ninguna clase, pero tampoco era una plancha de metal liso sin más. En ella había un sello fónico que Jade tardó alrededor de tres minutos en desmantelar, tras lo cual entraron en el edificio, todos con una mano cerca de sus respectivas armas.
Dentro la iluminación era sorprendentemente buena. Guy esperaba alguna clase de lugar oscuro y siniestro, nada más lejos de la realidad: había piedras fónicas de buena calidad en el techo, alumbrando los desiertos pasillos de paredes blancas hasta casi hacer daño a la retina. No había muebles a la vista, o al menos no de momento, ni tampoco se oían ruidos de gente cerca. Lo que sí había era una bifurcación más adelante en el pasillo, que se dividía en dos ramas curvas de forma que resultaba imposible ver qué había al final de cada una.
-Genial, ¿y ahora por dónde?- murmuró Luke.
-Deberíamos dividirnos. Jade, si nos dices a quién buscas y nos lo encontramos por el camino, podremos llevarlo contigo luego- sugirió Tear. Jade se subió las gafas por el puente de la nariz y la miró arqueando una ceja.
-¿Qué te hace pensar que mi fugitivo perdido está aquí?
-Si tú no lo creyeses así, no habrías venido con nosotros. Tus motivos tendrás para pensar tal cosa- respondió ella. Jade sonrió levemente.
-Muy lista, Comandante. Si os lo encontráis, sabréis que es él, os lo aseguro. ¿Por qué no vais Luke y tú por la izquierda, y yo con Guy por la derecha?
-¡Eh! ¿Por qué tengo que ir yo contigo?- intervino Guy.
-Bueno, también puedes ir con Tear y arriesgarte a sufrir un infarto, o ir con Luke y quedarte de sujeta-piedras fónicas cuando encuentre a Asch. ¿Qué prefieres?
-¡O-oye!- protestó Luke, rojo como un tomate, pero Jade lo ignoró y echó a andar por el pasillo de la derecha. Guy soltó un bufido y le siguió.
-Tened cuidado- les dijo a sus dos amigos antes de perderlos de vista por la curvatura del pasillo. Siguió avanzando a zancadas, pero Jade lo esperaba más adelante-. Oye, lo que acabas de soltar ha estado fuera de lugar.
-Tal vez, pero ha funcionado- replicó Jade encogiéndose de hombros y retomando la marcha-. Además, tengo la esperanza de que encontraremos a quien busco antes de que lo hagan ellos, y preferiría que este asunto quedase dentro del Concilio.
Su gesto se había convertido en uno serio. Guy frunció el ceño, si había secretos de estado de por medio no podía ser nada bueno.
-¿Ha pasado algo?- preguntó. Jade asintió con la cabeza-. Podrías decirme el qué, ya que yo también estoy en el Concilio.
-Saphir ha desaparecido- murmuró el General simplemente, sin detenerse.
-¿Te refieres a Saphir Ortion Gneiss, alias Dist el Segador? Desconocía que siguiera con vida- comentó Guy, acelerando el paso para no quedarse atrás.
-Sólo Sus Majestades Imperiales, junto con Anise, Florian, Teodoro y yo lo sabíamos. Tres semanas después de la batalla de Eldrant unos exploradores lo encontraron cerca del peñón de Nebilim, en Sylvana- explicó Jade, manteniendo la mirada fija en el frente-. El Emperador juzgó que lo más conveniente sería mantenerle preso en una de las celdas de alta seguridad de Ciudad de Yulia, por su propio bien, y llegamos a un acuerdo con Daath para que su presencia allí se mantuviese en secreto. Hace unos meses mi hermana sugirió extraditarlo a Malkuth, ya que las cosas se han calmado lo suficiente como para que tenerle en el país sea seguro, pero cuando fui a por él ya no estaba.
-Pero eso es imposible. Quiero decir, ¿qué probabilidades hay de que se fugase de Ciudad de Yulia?
-¿Estando paralizado de cintura para abajo?- replicó Jade fríamente-. Absolutamente ninguna. Además, su vista cada vez va a peor. Dudo que fuese capaz de meter las llaves en su cerradura aunque se las pusieran en las manos.
Guy guardó silencio. Tampoco sabía que Dist no pudiese andar, y a juzgar por la frialdad con la que Jade había sacado el tema, seguramente el Nigromante tenía algo que ver en ello. Y por cómo seguía acelerando el paso, aquel era un buen momento para callarse y no seguir preguntando.
Aun así, el asunto de Dist seguía rondando por su mente. Tear a todas luces no sabía nada, y eso que era la General Dórica. Suponiendo que alguien hubiese ayudado al Segador a escapar, ¿quién podía haber sido, si ni siquiera la líder de los Caballeros del Oráculo sabía de su presencia en Ciudad de Yulia?
"Como Notta esté metida también en esto, me pego un tiro con la pistola de bengalas" bufó Guy para sí. Ya llevaban demasiadas coincidencias para su gusto.
Jade lo sacó de sus cavilaciones cuando al doblar un recodo del pasillo alzó un brazo, deteniéndole en seco. Habían llegado a una zona donde el estrecho corredor se ensanchaba en una habitación alargada, también de planta curva y repleta de cachivaches. Engranajes, cables, placas metálicas y todo tipo de piezas estaban esparcidas por un par de mesas de trabajo inusualmente bajas y numerosas estanterías pegadas a las paredes. Junto a uno de los muebles, en un rincón ensombrecido, había lo que parecía un maniquí enredado en cadenas, o al menos Guy esperaba que fuese un maniquí, porque estaba cubierto de algo que con la luz tan engañosa podría haber sido sangre. En algunos rincones había máquinas fónicas de distintos tamaños ya montadas cuyos diseños resultaban familiares, pero lo que atrajo la atención de los dos hombres en cuanto entraron fue la figura que, sentada en una silla de ruedas, ordenaba las herramientas de un panel que colgaba de una de las paredes.
-Buenas tardes, Saphir- murmuró Jade. El hombre se giró bruscamente, dejando caer un destornillador al suelo con un estridente ruido metálico, y se los quedó mirando como si fueran fantasmas.
Guy se tomó unos segundos para observarle. Tenía el pelo de color rosa pálido más largo que la última vez que lo vio y se lo recogía en una coleta baja no muy distinta a la de Jade. Vestía ropas normales, nada que recordase siquiera a sus llamativos trajes de General Celestial, y había adelgazado desde sus tiempos a las órdenes de Van. Aunque, eso sí, seguía llevando maquillaje.
-Jade- susurró. Su voz sonaba ronca pero esperanzada-. Has... ¿Has venido a por mí?
-He venido a que me expliques cómo saliste de Ciudad de Yulia. Si la respuesta me satisface, te llevaré de vuelta a casa. Si no... le diré a Su Majestad que lamentándolo mucho, no encontré nada que mereciera la pena salvar.
Dist se encogió sobre sí mismo y dirigió una mirada nerviosa a su alrededor.
-Me ayudaron a escapar- admitió finalmente. Jade se acercó a paso engañosamente tranquilo.
-Eso ya lo había deducido, gracias. ¿Quién te ayudó?
-Generales Celestiales- murmuró el Segador-. No eres el único que ha estado haciéndome visitas, Jade. Ellos también vinieron a verme varias veces. Sólo querían hablar, ¿sabes? No pensé que... No pensé que fuera nada importante. Sólo un par de chicos que querían saber cosas sobre lo que pasó hace cinco años con el Comandante. La chica casi nunca hablaba, pero el niño era simpático y... Jade, te juro que si hubiera sabido que planeaban todo esto, no les habría dicho nada y tampoco habría ido con ellos.
El corazón de Guy empezó a acelerarse con un mal presentimiento. Dist había hablado de Generales Celestiales, en plural. Si había más de uno en el complejo, y a Luke y Tear les daba por separarse para cubrir más terreno... Elevó una silenciosa plegaria a Yulia para que a sus dos amigos no se les ocurriera semejante idea y siguió escuchando.
-¿Quiénes te sacaron de prisión exactamente?- estaba preguntando Jade, que ya había llegado junto a su antiguo enemigo. Dist volvió a mirar a su alrededor, cada vez más nervioso, y se colocó bien las gafas, que se le estaban cayendo por el puente de la nariz.
-Tenéis que iros de aquí. Volverán en cualquier momento, pero si os vais ahora, no tienen por qué saber que habéis estado aquí- murmuró rápidamente-. Por favor, Jade, tienes que irte. No podrás contra él tú solo, es tan fuerte como su padre.
Algo debió de encajar en la mente del General de Malkuth, pues de repente retrocedió y sus ojos se dilataron por la sorpresa.
-Saphir- dijo a media voz, con una nota horrorizada-, ¿qué es lo que has hecho?
-Lo siento, Jade. Te juro que no sabía...
-¿Qué les has contado?
Dist alzó la mirada hacia él, derrotado.
-Todo- musitó-. Todo lo que querían saber.- Y entonces sus ojos se dirigieron hacia el maniquí de la esquina, y Guy tuvo que reprimir un grito ahogado. Sus hombros se movían. No era un muñeco, era una persona completamente cubierta de cadenas, y al acercarse y dejarse caer a su lado, el rubio descubrió que lo que en un principio le había parecido sangre por la engañosa iluminación era en realidad cabello. Una larga y ondulada melena de color carmesí con las puntas oscurecidas.
-¡Asch! ¡Asch, ¿estás bien?!- exclamó, apartándole los mechones pelirrojos de la cara. El Errante estaba inconsciente, pero no tenía heridas a la vista y respiraba con normalidad. Tras unas cuantas palmadas en la mejilla, sus ojos se entreabrieron y lucharon por enfocarse en el rostro que tenía delante.
-G... Guy- murmuró a duras penas-. Luke... ¿Dónde está Luke?
-Enseguida te llevaré con él, no te preocupes. ¿Estás herido? Tear ha venido con nosotros, si necesitas que te cure...
-Guy- repitió de pronto Asch, alarmado, mirando un punto por encima del hombro del rubio-, tápate los oídos.
-¿Qué...?
La advertencia de Asch llegó demasiado tarde. Una canción de sobra conocida se dejó oír de repente en toda la sala, una canción poderosa que con apenas la primera nota empezó a nublar los sentidos de Guy y arrastrarle al sueño. El joven Gardios se resistió, luchando contra el primer himno fónico de Yulia, pero en cuanto la voz que lo entonaba lo cantó por segunda vez, cualquier resistencia que pudiese presentar se vino abajo.
Su mente aún tuvo tiempo de procesar dos cosas antes de sumirse en la oscuridad. Una fue que Jade, a pocos metros, también había caído presa del himno y se derrumbaba sobre Dist. La otra fue que la voz que estaba cantando no era la de Tear, de hecho, era una voz masculina.
