XVII- Los olvidados
-Este maldito pasillo no se acaba nunca- murmuró Luke por séptima vez consecutiva, ganándose otra mirada fulminante de Tear, que iba delante de él sin hacer ni un ruido.
Llevaban un buen rato caminando por el corredor de paredes blancas y no habían encontrado nada. Ni puertas, ni ventanas, ni muebles, ni siquiera un triste desconchón en la pintura de la pared que les indicase que estaban avanzando realmente. La curvatura del pasillo hacía que resultase imposible ver el final, y Luke empezaba a pensar que estaban andando en círculos.
-Es una verdadera lástima que no tengáis la conexión de antaño- susurró Tear de repente, distrayéndole-. En este momento sería de lo más útil.
-Ya, bueno, supongo que si la tuviéramos acabaríamos ambos con un problema mayor a la larga- respondió el pelirrojo nerviosamente-. Ya hemos estado así de enfermos dos veces y dicen que a la tercera va la vencida, ¿no?
-Muy cierto- aceptó Tear, volviendo la vista al frente. Luke suspiró. Agradecía los intentos de su amiga por distraerle, pero no estaban sirviendo de mucho. Hasta que encontrasen a Asch, la tensión que le agarrotaba los músculos no iba a desvanecerse. Y para eso primero tenían que dar con el final de aquel condenado pasillo interminable.
-Si me oyes, parpadea dos veces.
Se detuvo de golpe, sobresaltado. Le había parecido oír algo... No, estaba seguro de que había oído algo. Se giró, pero no había nadie tras ellos y desde luego no había sido la voz de Tear.
-Reacciona de forma más discreta o Grants sospechará. Y si ella sospecha, alguien morirá.
Luke tragó saliva. Había identificado la voz que parecía estar hablándole al oído, pero no se atrevía a contestar en voz alta. Siguió caminando detrás de Tear, que no parecía haber oído nada, y esperó más instrucciones con un nudo empezando a formarse en su cuello.
-Perfecto. Dentro de unos momentos llegaréis a una puerta cerrada pero no bloqueada. Debes convencer a Grants de que siga adelante y entrar por esa puerta. Si me has entendido, parpadea dos veces.
Luke cerró los ojos con fuerza, pero no obedeció. Si aquello era una treta para atacarles por separado, no iba a funcionar.
-Quien quiera que entre por esa puerta morirá. Si no entra nadie, arrojaré al Errante por ella. Os estáis acercando, decide.
El joven pelirrojo apretó los dientes, se le acababan las opciones. Empezaba a arrepentirse de haber arrastrado a los demás a aquello, pero ahora no había vuelta atrás. Tear tenía razón, les habían tendido una trampa... y habían caído en ella totalmente.
"Maldita sea..."
-Luke, mira, aquí hay algo- dijo de repente Tear, deteniéndose. El pelirrojo salió de sus cavilaciones y el corazón se le saltó un latido. Tal y como la voz había dicho, en la pared había una puerta metálica que rompía totalmente la monotonía blanca del pasillo. No tenía picaporte ni cerradura, pero sí una especie de válvula a presión-. ¿Probamos suerte?
-Sí, claro- asintió Luke, nervioso. Enroscó las manos en la válvula y forcejeó con ella, logrando girar la rueda. La puerta hizo un ruido de succión y se desplazó hacia el otro lado unos centímetros, lo suficiente para que algo de niebla se escapara por la rendija.
-¿Niebla?- murmuró Tear-. ¿Cuánto tiempo llevamos aquí dentro para que haya niebla ahí fuera?
-Eso suponiendo que esto dé al exterior- replicó Luke en el mismo tono-. Voy a echar un vistazo, cúbreme las espaldas.
-De acuerdo.
Luke abrió del todo la pesada puerta metálica, con el corazón latiéndole a mil por hora en el pecho. Tenía que ser muy rápido si quería dejar atrás a Tear. Al otro lado la niebla era tan espesa que apenas se veía la arena en la que se hundieron sus pies nada más franquear el umbral. La luz de Rem se filtraba entre la neblina a duras penas, dándole a todo un aspecto irreal.
-¿Qué ves, Luke?- preguntó Tear.
-Nada que esté tres metros más allá de mis narices- confesó él-. Quédate aquí, tal vez necesite guiarme por tu voz para orientarme.
-¿Seguro que no quieres que salga también?
-Sí, sí, sin un punto de referencia no sé si alguno de los dos seríamos capaces de encontrar la puerta de nuevo, la niebla es muy densa. Mejor quédate mientras yo echo un vistazo- respondió Luke, deslizando una mano tras la puerta. En el lado de fuera no tenía ninguna válvula, sólo una palanca. Cuando estuvo seguro de que Tear estaba mirando para otro lado para asegurarse de que no venía nadie por el pasillo, el pelirrojo agarró la puerta y la cerró de golpe, tirando de la palanca que tal y como esperaba servía para cerrar la válvula de dentro. Un ruido de succión confirmó que estaba sellada y Luke se apoyó en el metal, respirando aceleradamente.
-No has hecho exactamente lo que esperaba- comentó una voz a su espalda, al mismo tiempo que seis piedras fónicas escondidas entre la arena se encendían, proyectando largas sombras. El pelirrojo se giró de golpe hacia la figura vestida de negro que había aparecido entre la niebla y lo observaba fríamente.
-Tú tampoco- replicó Luke-. Pensaba que me matarías en cuanto cerrase, Notta.
La expresión de Notta Irene no cambió ni un ápice. Seguía estando tan desprovista de sentimientos como siempre.
-Te equivocaste entonces. No te mataré aún, quería hablar contigo en privado.
-Pues esta charla va a ser poco privada en cuanto Tear averigüe cómo abrir la puerta.
-No lo hará.
-Notta, ¿por qué haces esto? ¿Por qué intentaste envenenar a mi madre, por qué te has llevado a Asch?- preguntó Luke, empezando a desesperarse. La Muerte Silenciosa no respondió, sólo se limitó a mirarle con aquel gesto inexpresivo, así que Luke cambió de táctica-: En el papel que me dejaste decías que no os quedaba tiempo. ¿A quiénes?
-A todos- respondió ella en tono monocorde-. Asch, Hyren, tú, yo... A todos se nos acaba el tiempo.
-¿Hyren? ¿Qué tiene que ver él con...?
-Todo.
-¿Pero por qué?
-Encontraste los documentos que guardaba en mi habitación- dijo la Muerte Silenciosa. No era una pregunta, pero Luke asintió de todos modos-. No son míos. Hyren me los dictó y me pidió que los guardase, ya que sabía que a él lo tenían bajo vigilancia.
Una horrible sospecha empezó a abrirse paso por el pecho de Luke. No se le ocurría ninguna razón por la que Hyren tuviese todo aquello... salvo que hubiese estado indagando sobre su padre.
-Hyren Musto Fende- dijo Notta en voz alta y clara-. El hijo olvidado de Vandesdelca Musto Fende y Gizelle Oslo, aquel que mantuvieron escondido en secreto en Ciudad de Yulia. Me cuesta asimilar que todos os creyeseis que no sabía quiénes eran sus padres.
Luke se tambaleó. Todo aquel tiempo... ¿Hyren lo sabía? ¿Por qué no había dicho nada? ¿Por qué hacerles creer que desconocía la identidad de sus progenitores? Todas las veces que había estado en su presencia, todas las palabras que habían cruzado volvieron en ese momento a su memoria. Hyren siempre le había parecido un buen chico, ¿cómo era posible que les hubiese engañado a todos tan bien?
-¿Por qué?- preguntó con voz débil. Notta ladeó la cabeza-. ¿Por qué habéis hecho todo esto?
-Apartaste a Hyren de su familia- respondió ella-. Ahora él hará lo mismo por ti.
Dos dagas aparecieron en las manos de Notta. Luke se sacudió el estupor de encima y desenvainó su espada, apretando la empuñadura hasta que los nudillos se le pusieron blancos.
-¿Y por qué haces esto tú? ¿Qué motivos tienes para intentar matar a mi madre y llevarte a Asch?- exclamó.
-La gente lucha por lo que le importa. Eso es lo que se dice, ¿no?- respondió la General Celestial serenamente-. Yo lucho por lo único que me importa en este mundo.
Luke apretó los dientes y alzó la guardia.
-Entonces no vamos a llegar a un acuerdo en la vida- masculló-, porque yo soy igual.
Y sin más, se lanzó al ataque.
Notta desapareció de su vista, fundiéndose con la niebla por completo y reapareciendo detrás de Luke, pero el susurro de la tela de su uniforme sobre la arena delató su posición y el pelirrojo se giró a tiempo de detener las dos dagas que de otro modo se habrían clavado en su espalda. El joven obligó a la General Celestial a retroceder con un empujón y volvió a lanzarse hacia ella, pero Notta volvió a desvanecerse y a reaparecer de la nada a su lado. Esta vez, el filo de una daga acarició el cuello de Luke antes de que un mandoble del pelirrojo volviese a hacer retroceder a su adversaria, que desapareció de nuevo.
El terreno convertido en campo de batalla permaneció en silencio unos segundos. Las seis sombras que proyectaban las piedras fónicas más allá de su cuerpo desconcentraban a Luke, que seguía sin ser capaz de ver nada en un radio mayor de tres metros, razón por la cual no consiguió esquivar a tiempo el pequeño cuchillo que salió aparentemente de la nada y se clavó detrás de su hombro derecho. El pelirrojo dejó escapar un grito de dolor y se arrancó el puñal, temiendo que pudiera estar envenenado, pero en la hoja no había nada aparte de su propia sangre. El siguiente fue a su pierna izquierda, pero esta vez estaba preparado y consiguió rechazarlo con un mandoble de la espada. Cada vez más rápido, más cuchillos salieron volando hacia distintos puntos de su cuerpo, cada uno procediendo de una dirección distinta. Notta parecía acribillarle desde todas partes al mismo tiempo, y aunque los reflejos de Luke eran excelentes, tarde o temprano cometería un error y ambos combatientes lo sabían.
Tenía que moverse e ir a buscar a Notta, no podía permitirse quedarse quieto y esperar sus ataques. También podía esperar a que se quedase sin armas que arrojarle, pero cuando uno de los cuchillos que tuvo que evitar llegó ya manchado de sangre, Luke comprendió que esperar que a Notta se le acabase el arsenal no era una opción. No sabía cómo, pero la General Celestial estaba recuperando incluso los puñales que acababan a sus pies.
Si al menos pudiera quitarse la niebla de encima y ganar visibilidad... Pero Luke no era un experto en artes fónicas y no se le ocurría ninguna que le ayudase a despejar el ambiente. Seguramente a Jade se le habría venido algo a la cabeza, pero el Nigromante no estaba allí, así que la única opción para torcer la pelea a su favor era descubrir el truco de Notta y evitar que lo utilizase.
Aquello resultó bastante difícil de llevar a cabo, ya que la susodicha no le daba un respiro para pensar, mucho menos para observar. Al principio Luke pensó que estaba manipulando el espacio de alguna forma, pero acabó descartando la idea. Si existiese un arte que permitiese hacer eso, Jade ya lo habría descubierto. No, tenía que ser otra cosa. Notta era muy rápida, desde luego, pero no más de lo que había sido Sync, y Luke había mejorado notablemente desde que se enfrentase por última vez a la Tempestad. Por más veloz que fuese su oponente ahora, debería poder ver sus movimientos. No, la General Celestial estaba haciendo algo más aparte de moverse deprisa.
Fue casualidad que descubriese el truco. Uno de los cuchillos le pasó rozando una pierna, dejándole un corte en la bota y un rasguño en la piel, y al tambalearse el pie de Luke dio con algo que no debería estar ahí. Algo que primero se apartó y luego le hundió unos pálidos dedos en la herida, arrancándole un alarido de dolor. Al girarse, el pelirrojo tuvo que contener un segundo grito, esta vez de pánico: de una de las sombras que él mismo proyectaba sobre la arena salía una mano con los dedos manchados de sangre, de su sangre.
-¡¿Pero qué demonios...?!
A la mano le siguió un brazo envuelto en vaporosa tela negra y azul tras el cual apareció el resto del cuerpo de Notta, que aprovechando que Luke había bajado la guardia, le propinó una patada en pleno rostro que lo derribó. La arena amortiguó el golpe contra el suelo, pero si aquella patada no le había desencajado la mandíbula era porque alguno de los siete fonones estaba cuidando de él ese día. El pelirrojo jadeó y cerró los ojos por el dolor que le cruzaba los huesos de la cara, pero se giró a tiempo de esquivar los dos cuchillos que se clavaron en la arena donde momentos antes estaba su cabeza. Trató de levantarse, pero Notta fue más rápida y se sentó a horcajadas sobre su pecho, inmovilizándole los brazos con las rodillas y enroscando una mano alrededor de su cuello, mientras que con la otra empuñaba una fina sica alargada. La punta de la delgada daga descendió a toda velocidad sobre el ojo izquierdo de Luke, pero éste consiguió girar la cabeza a tiempo de llevarse sólo un corte por encima de la oreja.
-Persistente...- susurró Notta, apretándole más el cuello. Luke se retorció bajo su cuerpo, luchando por liberarse y respirar, y finalmente la diferencia de peso y altura jugó a su favor y consiguió quitarse de encima a su oponente de un violento empellón. Recogió su espada, que en algún momento se le había caído de la mano, y retrocedió jadeando y limpiándose el hilo de sangre que le resbalaba por detrás de la oreja. Notta se incorporó y en sus manos aparecieron otras dos dagas, pero no hizo ademán de atacar. Por un momento, ambos contrincantes se limitaron a observarse, evaluándose mutuamente con la mirada.
-Nunca había visto a nadie utilizar las sombras de esa manera- admitió Luke sin quitarle la vista de encima y sin bajar la espada-. ¿Qué clase de arte es ese?
-No es un arte- negó Notta-. Como ya sabrás, soy una réplica. Los séptimos fonones que unen mis células son inestables y se dispersan con facilidad, pero he aprendido a reunirlos de nuevo cuando eso ocurre. Mi cuerpo nunca está entero del todo y eso me permite estar en cuantos lugares desee al mismo tiempo. Las sombras sirven para enmascarar el truco.
-¿Fue así como hiciste que te oyera en el pasillo?
-Sí.
-Y supongo que también te escapaste del sótano donde os tenían a todos recluidos de esa forma.
-Sí.
-¿Y nadie salvo Hyren sabe que puedes hacer eso, no? Ni siquiera Tear, ¿verdad?
-Correcto.
Luke sonrió a su pesar. Por muy homicida que fuese, tenía que reconocerle el mérito a su oponente. Dominar una habilidad así no podía ser moco de pavo, eso estaba claro. Pero las palabras de Notta le habían recordado a algo familiar, y una de las piezas del puzzle que era el mensaje que habían encontrado en el cuarto de la Muerte Silenciosa acababa de encajar.
-Es impresionante. Si hubiese sabido que algo así se podía hacer, no veas lo bien que me habría venido tras lo de la Torre de Rem hace años- comentó-. Seguramente me habría ampliado la esperanza de vida a unos... seis años más, ¿no?
Notta lo miró con el semblante indescifrable, pero en sus ojos había una débil chispa de incomprensión.
-¿Qué quieres decir?
-Lo que quiero decir es que yo también he pasado por eso- replicó Luke-. Utilicé un poder demasiado grande para el cuerpo de una réplica como yo. No morí al instante como era de esperar, pero mis fonones empezaron a separarse. Me dijeron que sólo me quedaban unos meses de vida y desaparecería. ¿Cuánto tiempo te queda a ti?
Notta no respondió, pero aferró sus cuchillos con más fuerza.
-"A todos se nos acaba el tiempo"- citó Luke, recordando el mensaje-. A eso te referías, ¿no es así? Te estás muriendo, Notta.
-Correcto- admitió ella en su habitual tono frío-. Pero no veo cómo podría ser eso asunto tuyo.
Luke alzó su espada a tiempo de frenar la primera daga, pero para detener la segunda tuvo que agarrar de la muñeca a Notta. La General Celestial se le había lanzado en un ataque directo, pero ahora estaban en tablas.
-Tal vez no sea asunto mío, ¿pero qué pasa con Hyren, que tanto te importa?- masculló el pelirrojo, forcejeando con la morena-. ¿Se lo has dicho a él?
-Hyren lo sabe y no puede hacer nada al respecto. Esto no es algo que un séptimo fonista pueda arreglar, deberías saberlo- replicó ella. Luke le soltó la muñeca y se la apartó de encima con una patada en el vientre, pero Notta retomó el asalto con las dos dagas enseguida.
-¿Cuánto tiempo?- insistió Luke, fintando y bloqueando cada golpe de la General Celestial.
-Más o menos el mismo que a ti- respondió ella. Sus ataques, que tenían la misma fuerza viniesen de la mano que viniesen, estaban haciendo retroceder a Luke poco a poco hasta que su espalda dio con una pared. Impulsándose contra ella, el pelirrojo cargó contra Notta y esta vez fue la Muerte Silenciosa quien se vio obligada a bloquear el acero enemigo.
-¿Qué quieres decir? ¿El mismo que me quedaba a mí entonces?
-El mismo que te queda ahora mismo- siseó Notta. Una mueca parecida a una sonrisa se dibujó en sus finos labios, la expresión más terrorífica que Luke había visto jamás en su rostro de porcelana-. Incluso si me matas, no saldrás de aquí con vida. Desde que entraste por esa puerta hace un rato has estado respirando veneno.
Luke se quedó congelado unos segundos y un hilo de miedo empezó a filtrarse en su interior, helándole el pecho. De repente, la niebla había empezado a agobiarle.
-No puede ser- murmuró-. Tú... ¡Tú llevas aquí el mismo tiempo que yo!
-Correcto. Por eso los dos moriremos a la vez. Mi vida tenía un límite desde el momento en el que la máquina de fomicría falló mientras me creaba, otorgándome un cuerpo destinado a desaparecer prematuramente. Así que si voy a morir, al menos lo haré como, cuando y por lo que yo quiera- declaró Notta, alzando sus dagas. Luke miró a su alrededor, frenético, pero la niebla ocultaba cualquier posible salida de lo que, ahora estaba seguro, era un patio interior rodeado por los corredores curvos que habían estado recorriendo.
Sus ojos captaron un destello entre la neblina. Ahí debía de estar la puerta, pero se encontraba al otro lado del patio. Y Notta no le dejaría llegar hasta allí, desde luego. Iba a tener que quitársela de en medio, y sólo había una forma de hacer eso con un adversario como ella.
Tragó saliva. Era la primera vez en más de cinco años que se veía obligado a pelear a muerte, a plantearse de verdad que debía matar a su oponente. Y no era un pensamiento agradable, pero si no tenía otra forma de salvarse, si no tenía otro modo de encontrar a Asch y poner a salvo a sus amigos... que así fuera. No podía permitirse dudar.
El siguiente movimiento de Notta fue fulminantemente rápido, pero Luke lo vio a tiempo. Aun así, no se movió del sitio, sino que apretó los dientes y levantó el brazo derecho. La daga de Notta se hundió en su carne, sorprendiendo a la réplica que la empuñaba, que no esperaba aquello y dudó durante la fracción de segundo necesaria para que la espada de Luke se colase entre sus defensas y se enterrase en su pecho. La segunda daga cayó al suelo, haciendo un ruido sordo contra la arena, y un hilo de sangre resbaló de entre los labios de Notta.
Las rodillas de la General Celestial fallaron, pero antes de que tocaran el suelo, su cuerpo empezó a desvanecerse en brillantes fonones. Como todas las réplicas cuando mueren, no quedó de ella ni la sangre que había vertido en el suelo, sólo sus dos dagas y el susurro de sus últimas palabras flotando en el aire envenenado:
-Gracias... Hyren...
La espada, ahora limpia de sangre, se le resbaló a Luke de la mano. Ahora que el combate había terminado, la adrenalina empezaba a disiparse de sus venas y los efectos del gas comenzaban a notarse, pero se obligó a caminar hasta donde había visto el destello. Cuando llegó, sin embargo, el alma se le cayó a los pies.
No era la puerta lo que brillaba a la luz de las piedras fónicas que empezaban a extinguirse, sino un enorme espejo que le devolvía su propia mirada desesperada. Se arrancó la daga que le atravesaba el antebrazo con un grito de dolor y golpeó el cristal con ella, pero apenas consiguió hacerle un par de arañazos antes de que el arma se le escapase de entre los dedos. Cuando se miró la mano, descubrió que le temblaba y que su vista empezaba a difuminarse.
-No... No, no puede ser... No puede acabar así...
Estaba mareado y sus piernas empezaban a no ser capaces de sostenerle. Se apoyó en el espejo, jadeando, pero cuanto más hondo respiraba, más borrosa se volvía su visión, hasta que notó que caía sobre algo blando que identificó como arena. Trató de levantarse, a sabiendas de que si no lo hacía ahora, no lo haría nunca, pero las fuerzas le fallaron y volvió a caer al suelo.
No podía creerlo. Después de llegar tan lejos, después de todo lo que habían hecho, ¿de verdad iba a terminarse así? Ni siquiera la ira que le provocó aquel pensamiento le dio las fuerzas necesarias para levantarse, sin embargo, así que apretó los puños y golpeó débilmente la arena por pura frustración.
-Asch... Donde quiera que estés, perdóname- susurró, con una lágrima resbalándole por la mejilla-. Me temo... que voy a tener que dejarte solo. Lo siento... Te quiero.
Un pedazo de Rem, la reina poniente del día, se filtraba a través de la niebla tóxica. Su lejano brillo, nublado por el veneno y difuminado por su borrosa visión, fue lo último que vio Luke antes de que sus párpados se cerraran.
