XVIII- Hijo pródigo

Una miríada de cuartos fonones envolvió el eslabón de la cadena, recalentado previamente por quintos, hasta que el contraste de temperaturas abrió una grieta en el metal. Para enmascarar el crujido, Asch cambió de postura y el resto de cadenas tintinearon, atrayendo una mirada nerviosa de Dist pero no la atención del joven que les daba la espalda a ambos.

Llevaba días repitiendo el proceso con todas y cada una de las cadenas que lo apresaban. Sólo quedaban ya tres enteras para mantenerle en aquel oscuro rincón, pese a que la mayor parte del tiempo que llevaba allí lo pasaba inconsciente. A uno de sus captores parecía resultarle divertido dormirle con el primer himno fónico de Yulia cada vez que entraba en la sala, una costumbre que empezaba a hacer que odiase con todas sus fuerzas la canción pese a lo bonita que era. Otorgándose un momento para descansar tras romper el eslabón, Asch alzó la mirada hacia el susodicho captor, que seguía dándole la espalda.

Hyren Regnar mantenía la fija vista en el enorme cristal que tenía delante, que daba a un patio interior con el suelo lleno de arena. Sus ojos, tan azules y afilados como los de su padre, no le quitaban la mirada de encima a las dos figuras que combatían al otro lado del cristal. El largo cabello rubio heredado de su madre le caía libremente por los tensos hombros. Llevaba su uniforme de General Celestial, como de costumbre, y de su cinturón colgaba la delgada y ligera espada que tenía por arma. Hacía unos momentos la había utilizado para trazar un glifo fónico sobre el cristal que tenía ante sí, y Asch había descubierto que pese a lo que parecía, el arma de Hyren no era un sable de un solo filo sino un estoque. Mucho más rápido y ligero, algo que debía tener en cuenta si pensaba enfrentarse a él.

Claro que para eso necesitaría un arma. El pelirrojo desvió la mirada hacia una de las mesas, donde Dist había tumbado como había podido a Jade y a Guy y ahora revisaba cada cierto tiempo el pulso de ambos. La Joya de Gardios esperaba envainada en el cinturón de su noqueado dueño, a apenas tres metros y medio de Asch. Si consiguiese llegar hasta allí antes de que Hyren volviese a cantar...

El sonido de una inspiración honda devolvió su atención al otro General Celestial. El Tenaz se había cruzado de brazos y observaba con algo de preocupación la escena que se desarrollaba al otro lado del cristal, donde Notta y Luke se habían detenido y hablaban en vez de intercambiar golpes. El glifo fónico de la ventana permitía verles con claridad a pesar de la niebla, pero no podían oír lo que decían. Asch se obligó a apartar la mirada y concentrarse en seguir rompiendo las cadenas. Si sufría otra crisis nerviosa como hacía un momento cuando había visto a Luke entrar en el patio saturado de gas tóxico, Hyren volvería a dejarle fuera de combate. Y eso era algo que no podía permitirse, no con su contraparte encerrado allí con la Muerte Silenciosa. Tenía que liberarse como fuese, quitar de en medio a Hyren y dejarle vía libre a Dist para que desbloquease la puerta del patio como habían acordado en cuanto les habían dejado sin vigilancia unos minutos.

El eslabón que estaba rodeando ahora con quintos fonones estaba ya al rojo vivo. Asch tragó saliva y cambió de fonón, agrupando esta vez el cuarto.

-¿De verdad vas a dejar a Notta ahí metida respirando esa mierda?- dijo, enmascarando con su voz el crujido del metal. Uno menos, sólo quedaban dos. Se cambió de postura y agarró otra de las cadenas a su espalda, repitiendo el proceso.

-¿Y qué otra cosa puedo hacer?- murmuró Hyren-. Le di a elegir entre quedarse aquí vigilándote o enfrentarse a tu réplica. Fue su decisión.

-¿Eso es lo que te dices a ti mismo para no pensar que la condenaste a muerte en cuanto cerraste esa puerta?- Crack. Dos menos. Hyren se volvió a mirarle con un brillo gélido en sus ojos turquesa, pero Asch no se amilanó.

-Notta estaba condenada de todos modos. Lleva años muriéndose- murmuró, volviendo la vista hacia el cristal.

-Y no es la única- replicó Asch. Hyren lo miró de nuevo frunciendo el ceño-. No, no me pongas esa cara. La última vez que me dormiste tosiste sangre, lo vi antes de cerrar los ojos.- El rubio desvió la mirada y apretó los puños-. Es por el gas, ¿no?

-Sí- admitió el Tenaz a regañadientes-. Descubrí la bolsa hace un par de años y empecé a construir esto a su alrededor, pero a la hora de sacar el gas a la superficie cometí un error y hubo una filtración. No me di cuenta de hasta qué punto era peligroso hasta que empecé a sufrir mareos, por eso volví tan mal de Chesedonia la última vez.

El último eslabón estaba a punto de ponerse al rojo. Dist no dejaba de dedicarle miradas nerviosas y Asch temía que su impaciencia acabase delatándole, pero su antiguo compañero supo mantener la boca cerrada. Asch cerró los ojos y se centró en romper la última cadena, pero cuando fue a reunir los cuartos fonones necesarios se topó con que no había ni uno cerca de él.

-Eres el idiota con más imaginación que conozco, Asch. Oh, helados filos, derramaos- sonrió Hyren sin girarse hacia él-. ¡Carámbanos!

Todos los cuartos fonones que el General Celestial había retirado de su alrededor se volcaron sobre Asch en forma de una lluvia de gruesas lanzas de hielo. Aunque la mayoría se limitaron a pasarle rozando, una se clavó detrás de él abriéndole un profundo corte en el brazo izquierdo. El Errante apretó los dientes, pero no le dio a Hyren la satisfacción de escucharle hacer ruido alguno por el dolor.

-¿De verdad creías que no me estaba dando cuenta de dónde han estado concentrándose los fonones los últimos días?- dijo el rubio, volviéndose hacia Asch y acercándose hasta agacharse a su altura-. Yo también soy un fonista, estúpido.

-Tú eres el estúpido- masculló Asch. Acababa de notarlo, el carámbano que le había herido el brazo también había golpeado el eslabón al rojo, y el contraste de temperaturas había quebrado el metal-. Si fueses tan listo como te crees le habrías dicho a Notta que me matase en vez de raptarme. Y hablando de tu querida sicaria... deberías prestarle más atención.

Hyren se incorporó y se volvió hacia el cristal a tiempo de ver cómo Luke atravesaba con su espada el pecho de Notta. Abrió la boca, horrorizado, pero no le dio tiempo a gritar: Asch se levantó de golpe, sacudiéndose las cadenas ya sueltas, y lo apartó de un empujón.

-¡Dist, a los controles, rápido!- bramó, corriendo hacia la mesa donde yacían Guy y Jade y sacando la Joya de Gardios de su vaina. Sin detenerse ni por un momento, empuñó la espada con la mano derecha y se lanzó a por Hyren, pero éste lo recibió con el estoque ya desenfundado y en alto. La fina hoja metálica chocó con la de cristal de la Joya, produciendo un ruido estridente que ponía los pelos de punta. Asch retrocedió un paso y retomó el asalto, pero Hyren era más rápido que él y esquivaba cada mandoble que intentaba asestarle. Su estoque voló hacia él a toda velocidad y Asch apenas tuvo tiempo de bloquearlo.

El pelirrojo aprovechó el breve momento de empate para recuperar el aliento. Hyren era tan rápido como lo había sido Legretta, más incluso que Cres, el que se jactaba de ser el más veloz de los Seis en aquel momento. Pero aun con eso, era mucho más joven que Asch y sus músculos y arma estaban hechos para moverse rápido, no para descargar golpes potentes. Asch estaba seguro de superarle en fuerza, si tan solo consiguiese acertarle un mandoble...

-¡Arde! ¡Lamento Abrasador!- exclamó de repente Hyren, y Asch tuvo que apartarse a un lado de un salto para que el arte no lo carbonizase en el sitio. Parecía que el rubio no sólo era rápido moviéndose, también lo era conjurando, así que el pelirrojo se apresuró a volver al ataque para no darle tiempo a reunir más fonones.

Las armas de ambos chocaron una y otra vez. Hyren parecía bailar a su alrededor con una gracia que le recordaba en parte a Tear; tal vez era un rasgo hereditario en la familia. Para la edad que tenía, además, el Tenaz exhibía un dominio de la espada más que admirable; no resultaba ningún misterio por qué se le había otorgado la posición de General Celestial. Pero Asch había tenido ese puesto desde mucho antes que él y no pensaba amedrentarse por estar peleando contra el último niño prodigio que se había hecho un hueco en los Caballeros del Oráculo.

Aun así, había algo en el estilo de lucha de Hyren que le resultaba inquietante. En más de una ocasión sus movimientos recordaban demasiado a los suyos propios o a los de Luke, lo cual le dejaba con la incógnita de quién le habría enseñado a pelear. Y en uno de aquellos movimientos, una finta que el mismo Asch había practicado miles de veces, Hyren logró romper su defensa y atravesarle el hombro izquierdo con el estoque peligrosamente cerca de una arteria importante. Asch jadeó y alzó su espada, pero el siguiente golpe de Hyren vino en forma de una patada que le acertó en el esternón y le arrancó el aire de los pulmones. El pelirrojo se estrelló contra el cristal, en el que apareció una telaraña de grietas.

-Mira quién es el estúpido ahora- comentó Hyren, agachándose a su lado y agarrándole del pelo para obligarle a alzar la mirada. Asch, respirando entrecortadamente, clavó los ojos en los suyos con gesto desafiante, pero Hyren le hizo girar la cabeza y le estampó la cara contra el cristal-. ¿Quién es el que debería prestar más atención a sus seres queridos, eh?

A Asch se le cortó la respiración, pero esta vez no fue por el golpe sino porque al otro lado de la ventana, sobre la arena, yacía Luke sin moverse. Estaba pálido y tenía los ojos cerrados.

-Da igual lo que hagas. No puedes salvarle- siseó Hyren en su oído-. En cuanto rompas del todo esta ventana, el complejo entero se sellará para evitar filtraciones de gas. Tus amigos, tu réplica y tú moriréis aquí encerrados... Y ni Lorelei será capaz de salvaros esta vez.

Asch seguía con la mirada clavada en Luke, incapaz de apartar la vista, temeroso de que si lo hacía, su réplica empezaría a desvanecerse... hasta que sus ojos captaron el débil movimiento de su pecho. Era irregular y lento, pero aun así, subía y bajaba.

Apretó los puños. Si Luke seguía vivo, aún había esperanza.

Gritó y se revolvió, logrando quitarse a Hyren de encima de un codazo en la cara. El rubio gruñó, sorprendido por la repentina resistencia, y el estoque se escurrió de entre sus dedos. Asch, a quien se le había caído la espada antes de estamparse contra el vidrio, cargó contra él con las manos desnudas, arremetiendo a puñetazos que Hyren no tuvo mucha dificultad en esquivar en cuanto se repuso del primer golpe. El más joven consiguió escabullirse detrás de Asch y retorcerle un brazo a la espalda, pero el pelirrojo se negó a dejar escapar alarido alguno esta vez.

-Te digo que es inútil- masculló Hyren.

-Me da igual lo que digas- replicó Asch, impulsándose hacia atrás y arreándole un cabezazo que arrancó un crack a algún hueso de la cara del rubio. Hyren soltó una maldición y la presión sobre el brazo de Asch se alivió, permitiéndole soltarse y apartarse. Recogió la Joya de Gardios del suelo y la alzó, sin poder evitar una mueca de dolor cuando el hombro resentido le pegó un crujido. Hyren se limpió el hilo de sangre que le resbalaba de la ceja rota por el cabezazo y recogió también su estoque. Por un momento, los dos se observaron, demasiado ocupados en recuperar el aliento para conjurar arte alguno.

-Mi padre... no exageraba... cuando hablaba de ti- comentó el rubio entre jadeos, sonriendo levemente. Asch tragó saliva.

-Y yo que creía que eras huérfano- replicó. En la sonrisa de Hyren se filtró algo de amargura.

-Y lo soy. Por tu culpa- siseó, arremetiendo contra Asch, que reaccionó justo a tiempo de detener la afilada hoja que de otro modo le habría atravesado el cuello.

-¿Cómo que por mi culpa?

-¡No te hagas el imbécil, Asch, lo sabes perfectamente! ¡Tu estúpida réplica y tus amigos mataron a mi madre hace casi seis años!- exclamó Hyren, tomando la delantera en el ataque y obligando a Asch a ponerse a la defensiva-. Fue en Eldrant, al norte de este mismo continente. ¡Ni se te ocurra fingir que no sabes de qué hablo!

Las estocadas del Tenaz se estaban volviendo cada vez más rápidas y Asch tenía que esforzarse por mantener su ritmo. Entre tanto bloquear, esquivar y fintar apenas tenía tiempo de pensar en lo que Hyren estaba diciendo, pero consiguió sacar algo en claro de todo aquello: el joven sabía quiénes habían sido sus padres exactamente, en contra de lo que toda la Orden creía.

-Pues sí, Luke y los demás acabaron con Legretta y Van, y sinceramente, los dos se lo tenían merecido- declaró Asch-. ¿Y sabes por qué?

-¡Porque luchaban por aquello en lo que creían, por un mundo realmente libre!- gritó Hyren-. ¡Por eso los matasteis! ¡Y no te atrevas a insultarme negándolo, fuiste tú quien acabó con mi padre!

-¿Qué?- murmuró Asch, desconcertado. El momento de vacilación le costó un corte en el costado, recordatorio de que no debía bajar la guardia.

-Deja de hacer eso. Te tenía por un hombre honesto, Asch- le espetó Hyren-. Saphir me lo contó todo. Luke fon Fabre se quedó atrás para contener al grueso del ejército de mi padre mientras tú le dabas el golpe de gracia, admite tu culpa de una vez.

Asch retrocedió y se arriesgó a echar una mirada de reojo a Dist, que se había refugiado en una esquina de la sala donde había un montón de pantallas y controles.

-¿Eso le dijiste?- preguntó, devolviendo enseguida la vista al frente para detener el estoque de Hyren.

-Así es. ¿Debería haberle dicho algo distinto?- replicó Dist sin levantar la mirada de los controles que estaba trasteando. Asch frunció el ceño. Si Dist había sobrevivido, aunque no hubiese estado allí, sin duda alguien le habría puesto al corriente de lo sucedido en Eldrant. ¿Cómo era posible que no supiese quién se había quedado atrás y quién había ido a por Van? Y aun así, tampoco era ningún secreto de estado cómo había muerto Asch exactamente, ¿no?

-Ya lo has oído. Confiesa, Asch, tú mataste a mi padre- siseó Hyren, retrocediendo unos momentos sólo para volver al ataque con renovadas fuerzas. Asch rechazó su ofensiva con un brutal golpe de su espada que a punto estuvo de desarmarle y sonrió levemente, tomando la iniciativa y pasando al contraataque antes de que lo hiciese Hyren.

-Ya entiendo de qué va todo esto- comentó entre golpe y golpe-. Arrastraste a la pobre Notta a tu plan de venganza contra nosotros, por eso intentasteis envenenar a mi madre y me trajisteis aquí. Así Luke vendría a buscarme y nos tendríais a los dos en un sitio donde estuviésemos en desventaja. Un plan brillante, si no fuera por un detalle: que te equivocas de Fabre.

-¿Qué?

-Hace más de cinco años me enfrenté a Luke para decidir quién iría a por Van. Perdí y le dejé ir, quedándome atrás para frenar a las tropas- declaró Asch, haciendo retroceder mandoble a mandoble a Hyren-. Si lo que quieres es terminar en persona con el asesino de tu padre, te has equivocado de Fabre... porque para cuando Van cayó, yo ya llevaba un buen rato criando selenias. No llegué a salir con vida de esa maldita habitación donde Van nos encerró.

Un golpe especialmente fuerte y Hyren retrocedió de un salto. De su brazo dominante resbaló un hilo de sangre: la espada de su adversario había conseguido hacer mella en sus defensas.

-Estás mintiendo- musitó el rubio. Asch negó con la cabeza.

-Quien miente aquí es Dist, y bastante bien.

-¿Por qué iba a mentirme?

-Creo que puedo responder a eso- sonrió Asch, alzando la Joya-. Porque Dist sabía que preferirías ir personalmente a por quien creyeras que había matado a Van. Notta te cedería ese honor, no importa cuál fuese la alternativa. Y Luke es una buena persona, demasiado, a decir verdad. Seguramente él te habría dado el beneficio de la duda. Me venció aquel día y seguramente sea más fuerte que yo- admitió-, pero él no es un asesino. Y por mucho que lo niegue... yo lo soy. Seguramente Dist pensó que Luke te tomaría prisionero y te llevaría a juicio, pero yo te mataría sin dudarlo.

Hyren fulminó con la mirada al científico, que les dedicó un breve vistazo antes de seguir peleándose con los controles del complejo. Asch aprovechó la distracción para volver al ataque, pero Hyren, pese a estar herido, seguía teniendo unos reflejos envidiables y esquivó el golpe saltando hacia atrás.

-Ya veo. ¿Y tenía razón?- inquirió, cerrándose la herida del brazo derecho con un río de séptimos fonones. La sonrisa de Asch desapareció y el brillo triunfante de sus ojos fue reemplazado por hielo. El fonón del sonido empezó a arremolinarse a su alrededor.

-Por supuesto. Ya te lo he dicho... yo soy un asesino. Tu padre se encargó de convertirme en uno.

El Errante se lanzó de frente a por Hyren, que tal y como Asch esperaba, se echó hacia un lado para evitarle. El más mayor se giró hacia él y le propinó un golpe con el dorso del puño, sorprendiéndole durante el tiempo necesario para agarrarle del cuello. Con la otra mano clavó la Joya de Gardios en el suelo y los séptimos fonones que había convocado se vertieron en la hoja de cristal, extendiéndose por el piso en forma de un amplio y enrevesado glifo fónico.

-Lo que sigues siendo es un idiota- sonrió Hyren, clavando su propia espada en el suelo también y apropiándose de una buena parte de los fonones que había reunido el Errante. Un segundo glifo luminoso se dibujó por encima del de Asch, uno muy parecido pero ligeramente más complicado. El pelirrojo abrió mucho los ojos, pero no pudo evitar lo que ocurrió a continuación.

Los dos artes místicos estallaron a la vez, haciendo temblar la habitación entera e inundándolo todo con una luz cegadora. El alarido de Asch compitió en volumen con el de Hyren, y cuando el destello desapareció, el pelirrojo se encontró en el suelo incapaz de levantarse. Los oídos le zumbaban y el cuerpo le ardía de dolor. Apretó los dientes y se obligó a girarse hacia donde Hyren, en unas condiciones bastante similares a las suyas, luchaba también por ponerse en pie.

-Estás loco- masculló Asch. Hyren dejó escapar una carcajada que acabó en un violento ataque de tos.

-Mi padre no estuvo conmigo mucho tiempo, pero sí el suficiente para enseñarme a pelear- dijo, limpiándose la sangre que había escupido al toser-. Y lo poco que no le dio tiempo a enseñarme en persona me lo dejó en libros y notas para que lo aprendiese por mi cuenta. Los himnos de Yulia, sus artes más poderosos... Él me quería, igual que madre. Pero vosotros... Por vuestra culpa ya no están.

Hyren, tambaleante, se levantó y retiró su estoque del suelo, acariciando con su afilada punta el cuello de Asch, que no había conseguido ponerse en pie.

-¿De verdad te importa tanto la venganza como para hacer todo esto?- jadeó el pelirrojo, tragando saliva y notando el sabor metálico de la sangre en la garganta.

-No es sólo por venganza- negó el Tenaz-. Pero sí, me importa. Y no sólo es lo que ves aquí. Aunque hubieras conseguido matarme hoy, ya os he causado daño a ti y a tus amigos. ¿Quién te crees que empezó a esparcir esos rumores sobre la princesa Natalia?

Asch se quedó congelado, sin poder creer lo que estaba oyendo.

-Fui yo- asintió Hyren-. Notta descubrió a la Comandante con la princesa en una de las ocasiones que se vieron en privado en Daath, y si no dije nada de ella directamente fue sólo porque es mi tía. Y no sólo eso. ¿Recuerdas todas las veces que a lo largo de este último año han estallado disturbios en Daath alrededor del nombramiento de la Maestra Fónica? ¿O el chivatazo a Nerim sobre las cámaras selladas de Ciudad de Yulia? Todas las veces que se os han adelantado, todos los misterios que no conseguisteis resolver... Siempre éramos Notta y yo.

-¡Estás loco!

-No, Asch. No lo estoy- negó Hyren, con una sombra de tristeza en la voz-. Pero mi tiempo se acaba y había demasiadas cosas que quería hacer antes de morir.

Alzó el estoque, listo para hundirlo en el cuello de Asch, pero antes de poder hacerlo el color abandonó su rostro y otro violento ataque de tos le obligó a retroceder, llevándose una mano a la boca. Asch, desconcertado, entrecerró los ojos. Era demasiada casualidad que justo en ese momento le hubiese dado un ataque, y más con la cantidad de séptimos fonones que tenía alrededor. Pero al fijarse mejor pudo ver que los fonones no estaban curando sus heridas, como habría sido normal, sino todo lo contrario. Asch sólo había visto algo así una vez antes, cuando estaba encerrado en el cuerpo de Luke, pero aquella reacción era muchísimo más devastadora que la que habían sufrido ellos. Se quedó mirando a Hyren sin comprender hasta que una voz familiar le acarició los oídos:

"Levántate." No era como cuando hablaba con él a través de sus fonorranuras, esta vez parecía que le murmurase directamente en el oído. Pero habría reconocido esa voz en cualquier parte.

Una parte de los séptimos fonones se desvió hacia él, aliviando el dolor que recorría sus músculos y deteniendo la hemorragia de la herida de su hombro al mismo tiempo que algo cálido le empujaba hacia arriba. Asch apretó los dientes y le pegó una patada en los tobillos a Hyren, haciéndole caer al suelo. Se agarró a la empuñadura de la Joya de Gardios para levantarse y la retiró de donde estaba clavada, poniéndole una rodilla sobre el pecho a Hyren y pegando la hoja de cristal a su cuello.

-Lo siento, Hyren, pero te equivocaste en algo más- masculló el pelirrojo-. Lorelei sí podía ayudarme esta vez.

Hyren respiraba entrecortadamente. De entre sus labios se escapaban varios hilos de sangre y estaba bastante pálido, pero aún le quedaban fuerzas para alzar una mano y agarrarse a la muñeca de Asch.

-Lo que has dicho antes, ¿era verdad?- murmuró a duras penas-. ¿Me matarías?

-Sí. ¿Vas a rogarme por tu vida?

-Al contrario, voy a rogarte por mi muerte- replicó el rubio-. Me estoy muriendo de todos modos, Asch. Y no quiero hacerlo en una celda, o en la cama de un hospital.

El corazón de Asch se encogió al oír aquellas palabras. Al mirarle a los ojos, la misma sombra de tristeza que había escuchado antes en su voz oscurecía también sus iris turquesa, la angustia de quien se sabe condenado y no puede hacer nada por evitarlo. Un sentimiento que a Asch le resultaba dolorosamente familiar. Tal vez, más allá de sus deseos de venganza, lo que Hyren realmente buscaba era alguien contra quien morir peleando.

Tragó saliva para deshacer el nudo de su garganta y se soltó del agarre de Hyren, levantándose. Después le alzó por el cuello del uniforme y le obligó a ponerse en pie, y para asegurarse de que no caía de nuevo, mantuvo una mano en su hombro. Con la otra alzó la Joya de Gardios hasta que su extremo se posó sobre el corazón de Hyren, que esperó en silencio. El arte místico primero y el ataque de tos después le habían dejado demasiado débil como para resistirse.

Fue piadosamente rápido. El Tenaz dejó escapar una exclamación ahogada y cayó hacia delante, pero Asch frenó su caída con el brazo que empuñaba la espada y permitió que su adversario se apoyara en él. Hyren se aferró con sus últimas fuerzas a la tela negra de su uniforme y tiró del Errante para obligarle a agacharse hasta que tuvo su oído junto a la boca. Estaba seguro de que intentaba decir algo así que aguzó el oído, pero lo único que consiguió oír fue cómo el más joven de los Fende exhalaba su último aliento.

Asch dejó el cuerpo ahora inerte en el suelo y le cerró los ojos con respeto. Extrajo la espada de su pecho y limpió la hoja en la manga de su propio uniforme, añadiendo una mancha más de sangre a las muchas que llevaba encima.

-Dist, ¿has conseguido abrir la puerta del patio?- preguntó en voz alta sin quitarle la vista de encima a Hyren. ¿Era su imaginación, o había caído con una sonrisa en los labios?

-No, el sistema de apertura está frito. No podemos sacar a Luke por ahí- negó el científico.

-Entonces tendré que sacarle por la ventana.

-No te dará tiempo. En cuanto se rompa el cristal el edificio se sellará, es imposible que salgamos todos de aquí antes de que se cierren las compuertas de emergencia. Pero tal vez si consiguiéramos deshacernos del gas...

-¿Y cómo esperas que hagamos eso?

-Pues mira, una hiperresonancia vendría de perlas ahora mismo, pero por lo que me han dicho ya no podéis utilizarla- suspiró Dist. A Asch, sin embargo, aquello le dio una idea.

-Dist, si pudiera causar una... ¿Me pasaría lo mismo que a Luke en la Torre de Rem?- preguntó, girándose hacia el cristal. Dist meditó unos segundos.

-No lo creo. El volumen de gas a desintegrar esta vez es mínimo en comparación con el miasma de entonces, no deberías tener ningún... ¿Qué diablos haces, insensato?

Pero Asch ya no escuchaba: había alzado la espada de Guy y golpeaba el cristal agrietado con la empuñadura, extendiendo la telaraña de fisuras. Y tras un golpe especialmente fuerte, la ventana cedió y el vidrio estalló, haciendo que la niebla se expandiese al interior de la habitación y que una alarma sonase en todo el edificio. Pero Asch ignoró el ruido, las luces rojas parpadeantes y el gas venenoso que empezaba a colarse en sus pulmones, y saltó al patio interior para dejarse caer junto a Luke.

El pecho de la réplica apenas se movía ya. Asch le agitó los hombros, pero su contraparte no reaccionó.

-Vamos, vamos, vamos... ¡Despierta, Luke, maldita sea!

Le incorporó contra su torso, apoyándose la cabeza del pelirrojo en un hombro y tomándole el pulso en el cuello. Era débil, extremadamente débil.

-Luke, por favor, despierta- murmuró-. Te necesito. Necesito tu ayuda. No puedes dejarme tirado ahora, maldición, abre los ojos...

Sus palabras no obtuvieron respuesta. Asch se aferró a él, cerrando los ojos con fuerza y clavándole las uñas en la carne.

-¡Estúpida réplica! ¡Despierta de una vez! ¡Necesito que vivas!- gritó, desesperado. Un par de lágrimas se deslizaron por sus mejillas. Si se había equivocado, si había llegado demasiado tarde... Todos morirían. Incluso los que les habían seguido hasta allí intentando ayudarles, y todo por su culpa.

-¿... Asch?

Abrió los ojos de golpe, rogando por que el susurro que había oído no hubiese sido producto de su imaginación, y miró a Luke a tiempo de verle abrir los ojos con dificultad. El joven lo observaba con los iris verdes nublados por los efectos del veneno, pero estaba despierto.

-¡Gracias a Lorelei!- suspiró Asch, abrazándole con más fuerza y arrancándole un quejido-. Luke, tienes que ayudarme. Creo que sé cómo deshacernos del gas.

-¿Qué dices?

-¡Cállate y escucha! Vamos a repetir lo de la Torre de Rem, ¿de acuerdo?

-Pero... Pero no tenemos la Espada, ni nuestra hiperresonancia, ni...

-¡Que te calles he dicho! Ahora hay menos gas que destruir, ¿vale? Y puede que no podamos causar una hiperresonancia por separado, pero seguimos siendo séptimos fonistas. Así que necesito que empieces a acumular fonones, ¡ya!

-No entiendo la mitad de lo que me dices- suspiró Luke, cerrando los ojos.

-¡No te duermas! ¡Luke, por favor, ayúdame!- Asch le sacudió por los hombros, empezando a desesperarse de nuevo, y Luke se llevó una mano a los ojos.

-Vale, de acuerdo, pero deja de sacudirme o vomito- gimoteó. Los séptimos fonones empezaron a reunirse alrededor de ellos, arremolinándose. Asch apoyó su frente contra la de Luke, concentrándose y atrayendo más y más fonones. Nunca había intentado causar una hiperresonancia así, pero no tenía tiempo de pararse a pensar en si lo estaba haciendo bien o no. Sólo podía confiar en que Lorelei siguiera dispuesto a echarle una mano si lo necesitaba.

El aire cargado de energía fue el primer signo de que iban bien. El segundo fueron las chispas que empezaron a bailar por la arena a su alrededor, y el tercero y definitivo, el brillo dorado que les envolvió cuando los fonones empezaron a chocar unos con otros a toda velocidad. Luke se aferró a su mano y Asch le devolvió el apretón, rezando por que Dist no se equivocase, que aquello funcionara y que no hubiera víctimas mortales en el proceso. Se concentró en el gas tóxico que se extendía lentamente por el complejo, que a aquellas alturas ya se habría sellado por completo, y se preparó.

-Asch- llamó Luke débilmente-. Si no lo conseguimos... gracias por todo.

-Idiota- gruñó él-. Es la segunda vez que me dices algo así, y otra vez te lo digo: saldremos de ésta y de todas las demás. Juntos.

Luke sonrió débilmente y su mano apretó la suya con más fuerza.

Juntos.

Asch respiró hondo, conteniendo los séptimos fonones unos últimos instantes... y cuando ya no pudo más, se aferró a Luke y dejó que la hiperresonancia se desatase a su alrededor.

El destello probablemente se vio a varias decenas de kilómetros de distancia, y cuando se desvaneció, la oscuridad invadió el campo de visión de Asch, que se derrumbó de puro agotamiento sobre su réplica. El corazón de éste parecía martillear contra el suyo propio, y sus latidos casi sincronizados arrojaron una oleada de alivio sobre el Errante. Alzó la mirada hacia el cielo, teñido de escarlata por el atardecer, y suspiró al no ver ni rastro de la niebla.

Lo habían conseguido. Con aquel pensamiento en mente, dejó que la inconsciencia se apoderara de él y cerró los ojos, arrullado por la pesada respiración de Luke junto a su oído.