Epílogo: Un futuro incierto
La noche ya había caído hacía rato, pero Baticul seguía de fiesta. Las calles se habían llenado de emblemas de Kimlasca-Lanvaldear, guirnaldas de flores, canciones y alegría. Aunque no toda la ciudad compartía la misma dicha, pues apenas habían pasado cuatro meses desde que se terminase el luto oficial por la muerte del rey y el motivo de la celebración no era del gusto de todos, los que festejaban lo hacían con tales ánimos que bien compensaban por todos los demás.
En lo alto de la ciudad, bajo la luz de las estrellas y una miríada de piedras fónicas estratégicamente situadas, Luke fon Fabre se entretenía mirando a las dos mujeres que bailaban en el centro de la improvisada pista al aire libre que el personal de palacio había montado en el jardín. Natalia, la nueva soberana de Kimlasca, parecía flotar sobre las tablas de madera, tan deslumbrante con su vestido de boda en sus segundas nupcias como lo había estado en las primeras. Su acompañante, la ahora reina consorte, no le iba a la zaga: Tear también estaba espectacular en aquel enrevesado vestido que tanto recordaba al traje con el que siempre se representaba a Yulia Jue en grabados y cuadros. Luke sonrió al recordar lo mucho que les había costado a todos convencerla de que estaba muy guapa, que el vestido no era excesivamente provocativo para una boda (pese al hueco que tenía en el pecho, revelando "demasiado" para el gusto de quien lo llevaba) y que ya que lo había diseñado Peony y el Emperador era un invitado de honor a la boda, podía causar un conflicto internacional si no se lo ponía. Al final incluso había admitido que era cómodo y se había dejado peinar por lady Suzzane, que le había recogido la larga melena castaña en una trenza que le rodeaba la cabeza como si fuera una corona.
-Como sigas mirándolas así, alguien va a ponerse celoso.
Luke se giró y parpadeó, sorprendido. No se había dado cuenta de en qué momento había llegado Jade a su lado, pero ahí estaba el General de Malkuth, vestido con el uniforme de Estado mayor y con las manos enterradas en los bolsillos.
-Bah, no creo- replicó el joven Fabre encogiéndose de hombros-. ¿Dist no ha venido?
-No. Su Majestad todavía no le ha devuelto su pasaporte, pese a que su comportamiento este último año ha empezado a mejorar. Creo que tiene algo que ver con uno de sus cerdinejos intoxicándose con el aceite de sus máquinas fónicas, o algo así.
-Entiendo. Hay cosas que no cambian, ¿no?
-Exacto.
La mirada de Jade se perdió durante algunos momentos y Luke sonrió para sí. Habían pasado dos años desde lo ocurrido con Hyren Regnar, que ahora descansaba en Ciudad de Yulia junto a la lápida de su padre. Tiempo suficiente para cerrar heridas de batalla y que él se recuperase sin apenas secuelas (salvo por un ligero asma que sólo le molestaba de vez en cuando) de su breve pero peligrosa exposición al gas tóxico, pero también para llevar a cabo un proceso judicial. Dist había sido juzgado una vez más por su colaboración en las conspiraciones del Tenaz, pero Jade había abogado por él consiguiendo que su pena se redujese a trabajos comunitarios y vigilancia continua, una vigilancia para la que el propio General se había ofrecido voluntario. Se quejaba mucho de su nuevo trabajo de "niñera", como él decía, pero no engañaba a Luke. Por mucho que se quejase, empezaba a gustarle eso de vivir con su antiguo amigo de la infancia y quienes le conocían bien lo notaban.
-Oh, mira, pero si es tu otra mitad. Saludos, Comandante Fabre- comentó Jade de pronto. Luke sacudió la cabeza saliendo de sus ensoñaciones y siguió la dirección de su mirada. Asch acababa de llegar, vestido con el uniforme de General Dórico que correspondía a su nueva posición en los Caballeros del Oráculo. El traje era ligeramente distinto al que habían lucido Tear, Recard y Van antes que él: los bordados no eran marrones y dorados sino negros, y toda la ropa que llevaba por debajo de la larga tabarda blanca (túnica corta, pantalones, botas y mitones) era también de color antracita. Seguía recogiéndose el pelo en una apretada trenza de espiga, pero ahora que lo tenía más largo las puntas se le habían oscurecido a negro totalmente.
-Jade- saludó Asch con una inclinación de cabeza.
-¿Dónde te habías metido? Quería sacarte a bailar para hacerles competencia a Tear y Natalia- protestó Luke, cruzándose de brazos.
-Disculpa, la jefaza me raptó para asegurarse de que había hecho mi trabajo asegurando la zona- respondió el pelirrojo, señalando con la cabeza a Anise, que unos metros más allá paseaba hablando animadamente con Florian. Resultaba raro ver a la pequeña réplica de Ion con atuendo formal y a Anise vestida de Maestra Fónica, como si algo no terminase de encajar en el cuadro, pero la combinación le sacó otra sonrisa a Luke. Sobre todo porque ambos llevaban el mismo corte de pelo-. Desde que Tear renunció al puesto de Comandante para venir a Kimlasca, está hecha una furia. Andaos con ojo, cualquier día os declara la guerra por quitarle a su mejor Caballero del Oráculo.
-Ah, ¿sí? ¿Y qué harías tú si pasara eso?- preguntó Luke, poniendo los brazos en jarras. Asch fingió pensárselo.
-Se me ocurre que podría raptar a algún noble de por aquí y exigir la rendición de Kimlasca a cambio de su libertad. ¿Tú qué opinas, Jade?
Pero cuando se volvieron a mirarle, Jade se había ido. Una ojeada alrededor bastó para localizarle uniéndose a la conversación de Anise y Florian, que no tardaron en arrastrarle a la mesa del cóctel. Luke sonrió una vez más y apoyó la cabeza contra la de Asch, que le rodeó la cintura con un brazo.
-Estoy orgulloso de ellas, han sido muy valientes- murmuró el original, mirando a Tear y Natalia-. Apenas ha pasado medio año desde que el tío Ingobert aprobó la ley.
-Su último decreto antes del infarto- suspiró Luke-. Reconozco que sí, las dos han dado un gran paso. Me pregunto cuántos las seguirán.
-Más de los que crees- sonrió Asch, aunque su gesto se volvió serio enseguida-. Luke, no ha sido Anise quien me ha entretenido antes.
-¿No? ¿Y entonces?
-Ha sido Guy.
Luke se giró a mirarle, frunciendo el entrecejo. Asch parecía azorado.
-¿Te ha dicho algo incómodo?
-Me ha preguntado si vamos a ser los siguientes en estrenar la nueva ley de matrimonios.
El más joven de los Fabre se ruborizó y desvió la mirada. Era una idea que le había pasado por la mente en más de una ocasión, pero no se atrevía a ser él quien la sugiriera en voz alta. Asch era ahora Comandante, no podía alejarse de Daath tanto como antaño y empezaba a disfrutar de su nuevo puesto. Se le daba bien, sus subordinados le conocían y confiaban en él y la gente le respetaba. Y Luke no podía renunciar a sus responsabilidades en Kimlasca, no había ningún otro heredero al ducado. Aunque se casasen, ¿qué diferencia haría eso? Además... Tampoco es que necesitasen jurarse en voz alta fidelidad y amor eternos para saber que iban a cumplir esos votos, pues los dos sabían perfectamente que no serían capaces de funcionar con alguien que no fuese el otro. Tal vez algún día, cuando Asch se cansase de liderar a los Caballeros del Oráculo...
-Le he dicho que ya le gustaría a él saberlo.- La voz de Asch le devolvió a la realidad. Luke parpadeó y lo miró, intentando descifrar la mezcla de emociones que había en su rostro. Satisfacción, algo de vergüenza y un poco de inseguridad-. Bueno, eh... ¿qué decías de competir con las recién casadas?
-¡Ah, sí! Venga, vamos a enseñarles quién es la mejor pareja de esta fiesta, que se lo tienen muy subidito.
-Hombre, es que son las protagonistas.
-¡Precisamente! ¡Venga, antes de que se acabe esta canción!
Asch dejó escapar una carcajada y se dejó arrastrar hasta la pista de baile, entrelazando los dedos con los de Luke y reteniéndole unos segundos para murmurar apenas tres palabras en su oído:
-Te quiero, idiota.
Luke cerró los ojos.
-Te ha costado tres años decirme eso y vas y lo estropeas con un insulto- replicó, esbozando una sonrisa divertida. Asch puso los ojos en blanco y le agarró del cuello de la casaca de vizconde, interrumpiendo cualquier otra cosa que fuese a decir (y a pensar) con un largo beso que le apagó el cerebro por unos segundos.
Luke sonrió contra sus labios. ¿A quién le importaba lo que les deparase el futuro, las sombras de los tal vez o los y si? Fuera lo que fuese, lo recibiría con los brazos abiertos. Por más veces que creía haberlo perdido, ahora tenía un futuro por el que preguntarse. Un futuro en el que estaba Asch, en el que estaban sus amigos y su familia. Un futuro en el que habría problemas, desde luego, como siempre los había habido. Pero un futuro al fin y al cabo.
Cualquier cosa que el destino les deparase, estaban preparados para enfrentarla. Juntos.
FIN
