Los personajes son de Meyer.
Falsas Apariencias
«Cartas de ultramar»
Segunda
Desembocadura del Zambeze, enero 1895.
Mi amada reina venerada:
Muerte, no te enorgullezcas, aunque algunos te hayan llamado
poderosa y terrible, no lo eres;
porque aquellos a quienes crees poder derribar
no mueren, pobre Muerte; y tampoco puedes matarme a mí.
El reposo y el sueño, que podrían ser casi tu imagen,
brindan placer, y mayor placer debe provenir de ti,
y nuestros mejores hombres se van pronto contigo,
¡descanso de sus huesos y liberación de sus almas!
Eres esclava del destino, del azar, de los reyes y de los desesperados,
y moras con el veneno, la guerra y la enfermedad;
y la amapola o los hechizos pueden adormecernos tan bien
como tu golpe y mejor aún. ¿Por qué te muestras tan engreída, entonces?
Después de un breve sueño, despertaremos eternamente
y la Muerte ya no existirá. ¡Muerte, tú morirás!
Muerte no te enorgullezcas.
Death Be Not Proud, John Donne
¿Has visto, mi amor, todos aquellos libros que hablan sobre animales exóticos, repletos de secretos y misterios? los he matado a todos. Tengo en mis manos garras la sangre de todos los ser vivos de este mundo; en mis uñas, la carne de lo que he destazado, y en mis ojos, la agonía de lo que he aniquilado. Llámame Satanás y no te equivocarás, he peleado por el título y me lo he ganado. Te escribo desde el infierno, del corazón mismo de la maldad, de la furia, de la podredumbre y he sobrevivido. Mi nombre ahora es muerte, a fuerza de compartir con ella todos los minutos de mi salvaje travesía yo le pertenezco ¡te he sido infiel con ella! en mi afán de resistir, me dejé seducir por los oscuros llamados de lo bestial y es ignominioso ¿Podré mirar los ojos de mi hijo lleno de pureza cuando yo, su padre ha sido asesino y verdugo? ¿Me amarás corazón mío cuando veas mi cuerpo lleno de marcas como si fuera un lienzo? Si, soy una bestia ahora y si me vieras, no me reconocerías.
Te hable de aquel hombre lleno de tatuajes, su nombre es impronunciable, de modo que le llamo Tish ¡oh, reina de mi alma! de manos de aquel primitivo viajé a lo primitivo, si en la carta anterior te dije que abandoné al señorito ahora he de contarte que mi civilización es a quien he ignorado, mi sangre corrió por la tierra y derramé otras, también. En esta fiebre de muerte en que vivo ni siquiera recuerdo como me llamo ¿Fui alguna vez un hombre? Puede ser… ahora soy un asesino. En estas tierras alejadas de Dios la ley de nuestro glorioso imperio son ignoradas, los inescrupulosos se imponen por el poder de las armas, no existe el bien o el mal, solo hay vivos o muertos. Yo decidí vivir, aunque vivir en estas condiciones sea un acto moralmente reprochable.
Rápido, aprendí de Tish que ser generoso con la vida del enemigo era inaceptable y llegué a punto en que todo se me hizo incontrolable: más sangre, más violencia, más muerte. No me convertí en suicida, me convertí en asesino. Y no sentí culpa, me olvide de todo, hasta de ti, Isabella. ¡Oh, idolatrada esposa! Ruego que no me odies, pero si no cerraba mi corazón a tu recuerdo, me quedaba atrapado y exhalaba mi último aliento en esta selva maldita que es mi infierno. No pediré que seas fuerte —lo eres por antonomasia—, tampoco pediré que me perdones, este es el camino que recorro para aprender a vivir más allá de los cómodos salones, estoy en los peldaños más bajo de la moral y, aunque parezca, no me regocijo por ello más bien, comprendo y todo adquiere otra dimensión, y descubro mis potencialidades. Lo que si te voy a pedir es que seas mi confesor, que me permitas mediante estas cartas, conectarme con la humanidad que hay en mí y creer que me escuchas, aunque sea en lontananza.
El barco que abordamos olía a carne podrida, a mierda seca, a orines que tercamente penetraban entre sus maderas, la sombra extraña de Tish que me protegía de todo, para los hombres curtidos por el mar y que vivían en aquella tumba pestilente de muerte tu esposo era una alimaña que no merecía vivir y podía hasta escuchar su deseo por destazarme. Yo, para ellos, era parte de un mundo que merecía ser masacrado ¡ay, amor! jamás en mi vida me sentí tan débil y cobarde, me la pasé noches enteras en vela con el machete y las pistolas preparadas, percibiendo en la oscuridad el animal que venía por mí y comencé a hacer de mi cuerpo un arma. La embarcación era pirata y se dedicaba al tráfico de esclavos. Si, querida esposa mía, en estas tierras sin dios todavía quedan resabios de esa práctica impía y te puedo jurar por mi alma que lo que leímos en los libros de historia no se compara: hombres, mujeres y niños encadenados, apilados, sumidos en sus excretas, matándose por un mendrugo o unas gotas de agua infectada me demostraron la insignificancia de nuestro imperio mundial y lo demagogia de los discursos que proclamaron la superioridad moral de nuestra raza cuando abolieron la esclavitud.
Fortuna o infortunio, pero un barco de la marina real atacó al carguero partiéndolo por la mitad, todos los esclavos se ahogaron y la tripulación que logró sobrevivir, fue apresada. Tish salvó mi pellejo cuando ya sentía la quemazón del agua salada entrando en mis pulmones, logró llevarme a la orilla donde pude recuperarme. Pelo y piel clara fueron mi salvoconducto y la sombra siniestra, mi guarda espalda, nos instalamos en una aldea provisoria, de esas que reunían a los esclavos que acarreaban desde la selva, y esta vez juro por Dios, Isabella amada, las cosas que vi jamás aparecerán en un libro de historia. Un hombre —debería decir animal— disparó en la sien de un niño de pecho porque obstruía el trabajo de la madre, los brazos gigantes de Tish evitaron que me tirara a la yugular del maldito, mi impulso respondió a la imagen de mi hijo dañado y a tus brazos ensangrentados, otra práctica habitual era probar el filo de los machetes en los cuellos de los esclavos malheridos, si cercenaban la cabeza al primer corte, el filo estaba aprobado. Pero la muerte y la violencia tienen un destino y es una maquinaria cruel, el dinero llegó a mis manos y rugí satisfecho, y la sangre se convirtió en mi rutina de vida, y te digo, mi amor, olvidé quien era.
A los meses el dinero ya no me importaba, era algo más, la violencia era opio para mí y estaba embriagado por esa sensación de estar más allá del bien y del mal, me erigí como un dios salvaje, y la selva y los diamantes me llamaron y fue hacia ellos como un amante enfermo de deseo. Tesoros y sangre, y toda la belleza del infierno mismo del centro de África, Tish y yo comandando grandes expediciones, el hijo mimado de Inglaterra definitivamente había quedado atrás y me vi caminando prepotente con mi látigo, cuchillo y primitivo amigo por los lugares más extraños de la tierra, y nada me detuvo. Isabella, eres mi confesora, pero lo que mis ojos vieron no puede ser narrado, si lo hiciera, amor mío, tu alma quedaría helada ante lo que en este continente fiebre puede hacerle a la razón humana, solo diré que el diablo fue mi amigo y que de esa manera, estando a su lado solo me quedó creer en Dios.
Vi el cólera y fui atrapado, estuve del otro lado, vomitando mis tripas en medio de la selva, convertido en un cadáver que respiraba, Tish se quedó conmigo y me cuidó hasta que me rescató de sus garras; una vez más sobreviví, con mis alforjas llenas de diamantes y sin recordar que alguna vez fui un ser humano, estoy aquí, escribiéndote, porque tengo dentro de mi tu espíritu de centauro indomable.
Una expedición científica de hombres de Noruega fue nuestra salvación, pero aquí nada es lo que parece, reina de mi corazón, en el infierno la bondad es un desperdicio, si la crueldad fue mi sino en el último año, no fue nada a lo que tuve que presenciar y en lo que tuve que participar con esa expedición. Meses, y ya no hablaba, era un animal que gesticulaba y gruñía, que cuidaba las alforjas con mi vida y no trepidaba al comer entrañas de cualquier animal que se dejaba matar. El alma de lo salvaje tomó todo de mí, y te digo te fui infiel con ella. Jugaba con la muerte frente a frente, y como el tahúr que sabes que soy, la excité hasta que la última partida fue proclamada, cuando rusos expedicionarios se vinieron contra nuestro campamento y se desató la guerra.
No pienses, amor mío, en ejércitos, uniformes y banderas… eso es demasiado civilizado, acá no se lucha por el honor patrio, iban por los diamantes y por el mapa de las grandes minas, todavía tengo en mí el olor de la carne humana chamuscada y los sonidos secos del hacha destazando los cuerpos. No grites, amor mío, a esta altura de mi vida el miedo es un chiste que no me hace reír; es más, el cínico que habita en mi le dio la bienvenida a la batalla. Yo morí un poco y Tish dio su última pelea, lo demás murieron, todos, sobreviví porque mi amigo, con su cuerpo sangrando, descansó sobre el mío y así, unidos en carne y sangre, pasé inadvertido para los delirantes rusos. Al final, no diamantes y no Tish, me convertí en un hombre solo en medio de la selva que se quedó con un inesperado regalo de su leal amigo: el mapa de las grandes minas estaba impreso en su cuerpo y ahora lo tengo conmigo… no te diré en qué condiciones, pero te lo dije, no soy humano.
Regresé a la aldea de la costa empuñando un diente dado en honor de una amistad nacida en la violencia y le hice justicia a aquel que me salvó de morir. Te dije que mi nombre es muerte, bruja.
Hoy limpio la sangre de mis manos, y saco las costras de mi piel, y en mi retazos de lucidez, lloró como un niño pequeño porque Isabella Swan está lejos. No me importaron los diamantes que se llevaron los rusos —la pequeña fortuna que me hizo soñar con una vuelta pronto a casa—, me importó que no se llevaran mi libro de poemas, el guardapelo y la foto de la mujer más hermosa del mundo que beso todas las noches, y me siento de nuevo un hombre y me siento tu esposo… ¿puedes seguir siendo mía aún con este equipaje de horror que llevo en mi espalda? ¿Puedes?
Como siempre, eres mi faro, estuve ciego, seducido por el lado más lóbrego de la vida y he triunfado, mi reina venerada. He triunfado porque soy de ti y de mis hijos y eso es lo único que requiero para ser redimido. Tengo un nombre, porque tuve un padre y lo heredaré limpio, brillante, libre. Te amo, lo repito como una oración, te amo te amo te amo y en el infierno desde donde te escribo te grito ¡Espera por mí! ¡Espera por mí! porque volveré… volveré como un hombre nuevo… volveré para que mirando a mis ojos, me reconozcas como lo único que quiero ser: tu amante eterno.
Tuyo por siempre.
Edward A. Cullen
Editado por XBronte, el as de la edición tremenda.
Gracias a las lectoras silenciosas y fantasmas que siguen esta historia, las que la ha seguido por tantos años, gracias a cada una por dejar un poquito de su alma con esta historia que ha sido un oasis de diversión, donde mi parte más gótica se derrama de forma loca, gracias a las que comentan, a cada una, no hay palabras para decirles como agradezco que estén conmigo en mi caminar de narradora.
